Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 15 de junio de 2026

El “desconocido” de Nazareth

 

(Mosaico de Cristo Pantocrátor de estilo bizantino en la Catedral de CefalùSicilia - imagen de Wikipedia)

En toda la zona se hablaba de un “Desconocido” de Nazareth.  En torno a Él se congregaban las muchedumbres. La persona de Jesús atraía a muchos curiosos llenos de euforia, amantes de los insólitos hechos que El realizaba y personas fascinadas por las palabras que escuchaban.   Pero era, sobre todo, la fuerza de su enseñanza lo que avivaba la curiosidad de mucha gente-. La persona misma de Jesús, su presencia, acrecentaba el entusiasmo por sus enseñanzas. La gente, escuchándolo, siguiéndolo, de repente descubriría en Él mucho más que a un joven hombre de Nazareth.

Han reconocido en Él al profeta,  al Mesías, el Dios esperado desde hacía mucho tiempo. El cumplimiento de las expectativas les animaba a perseverar a su lado, a pesar del hambre, del calor y de la oposición oficial de los exponentes religiosos y estatales. ¿Qué no se haría por quien teniendo plena autoridad se admira y ama?

Cerca de Jesús estaban también quienes no le dirigían la más mínima atención, quienes lo consideraban un hombre al que no valía la pena dedicar su tiempo.

Es unja postura común, antigua como el mundo. Y es propio en circunstancias como esta, en la que Jesús entra en el corazón de las personas haciendo sentir la llamada, la vocación. Se coloca ante el hombre, llama a una persona concreta que elige y a la cual dirige su palabra: “Sigueme”.

No toma en consideración la situación personal – el trabajo, la familia, los compromisos sociales, los negocios – y no obstante nuestra oposición, es insistente: “De Nazareth puede salir algo bueno?” La aventura de los Apóstoles, su vocación, empieza verdaderamente de esta manera: a partir del abandono de los deberes cotidianos como la pesca o la recaudación de los tributos, del propio “yo” y de la decisión de seguir a Jesús en la obediencia, a veces no sabiendo siquiera el motivo por el que algo se hace de una determinada manera y no de otra, a pesar de todo, a pesar de la dificultad, del riesgo de persecuciones y rechazo por parte de los hombres.

Entonces ¿Qué mueve al hombre hacia ese camino?

¿La sabiduría? No. Si los Apóstoles hubieran entendido la perspectiva de Jesús, probablemente habrían huido. Basta pensar en Getsemaní, y en el número de discípulos que permanecieron bajo la cruz.

¿Quizás mucho dinero? De ningún modo., Por el Evangelio sabemos cómo eran de pobres. A menudo les faltaba el pan, no tenían casa, aunque la gente se mostraba muy  benévola hacia ellos.

Jesús a menudo les avisaba del peligro de las riquezas, de la excesiva propiedad de bienes y del apego a ellos. Por lo tanto no era esto lo que les empujaba a permanecer al lado de Jesús.

¿Entonces qué?  Queremos fe, es decir, conocer a Jesús y tener confianza en Él. Queremos esperanza, es decir, dejar nuestra suerte en manos de Jesús.  Y, en fin, tenemos necesidad de enamorarnos de Él. Nadie podrá  obstaculizarnos para conseguirlo, o bien convertirnos en sacerdote o religiosa, en un buen marido y padre, una buena esposa y madre, y ante todo, en cristianos.

El éxito de todas las vocaciones depende del grado de familiaridad ocn Jesús. Parece fácil, pero es difícil de realizar.

¿Necesitas entonces escapar de este camino? No, orque a Dios no se le dice que no. Él quiere darnos lo  mejor. Es necesario mucho ánimo, la locura de la fe, de la esperanza y del amor que se da.

Es necesario volver, cada dia, con la mente, al primer instante en que nació este amor, cuidarlo cada día y alimentarlo: es la garantía para mantener la frescura de cada vocación humana.

Padre Zygmunt Kosowski (Director de la edición polaca de “Totus Tuus” la revista de la postulación en tiempos del proceso por la beatificación y canonización de Juan Pablo II) – artículo publicado en el Nro 5, año 2006


 

lunes, 19 de junio de 2023

La falta más grave del apóstol es el miedo

 


En la sexta parte de ¡Levantaos! ¡Vamos! titulada El Señor es mi fuerza, “Fuertes en la fe”  Juan Pablo II cita palabras del  cardenal Wyszynski extraídas de su Zapiski wiezienne, Paris 1982, p.251:

 La falta de fe en el poder del Maestro despierta el miedo, y el miedo oprime el corazón y aprieta la garganta. El apóstol deja entonces de profesar su fe. ¿Sigue siendo apóstol? Los discípulos que abandonaron al Maestro aumentaron el coraje de los verdugos. Quien calla ante los enemigos de una causa los envalentona. El miedo del apóstol es el primer aliado de los enemigos de la causa. «Obligar a callar mediante el miedo», eso es lo primero en la estrategia de los impíos. El terror que se utiliza en toda dictadura esta calculado sobre el mismo miedo que tuvieron los apóstoles. El silencio posee su propia elocuencia apostólica solamente cuando no se retira el rostro ante quien le golpea. Así callo Cristo. Y en esa actitud suya demostró su propia fortaleza. Cristo no se dejó atemorizar por los hombres. Saliendo al encuentro de la turba, dijo con valentía. «Soy yo».”

No se puede dar la espalda a la verdad, dejar de anunciarla, esconderla, aunque se trate de una verdad difícil, cuya revelación lleve consigo un gran dolor: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta es nuestra tarea, y al mismo tiempo, nuestro apoyo! No hay sitio para compromisos ni para un oportunista recurso a la diplomacia humana. Hay que dar testimonio de la verdad, aun al precio de ser perseguido, a costa incluso de la sangre, como hizo Cristo mismo…


¡Levantaos! ¡Vamos!,p164, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004

lunes, 26 de julio de 2010

El mundo actual es una gran tierra de misión

video descubierto en Ecclesia Digital


“El mundo actual es una gran tierra de misión, incluso en los países de antigua tradición cristiana” decía el Santo Padre Juan Pablo II en su Mensaje para la IV Jornada Mundial de la Juventud, mensaje que no ha perdido vigencia y que cobra mayor actualidad en este año Santo compostelano aproximándose a la 2da Jornada Mundial de la Juventud que se realizará próximamente en España.

“En todas partes – agregaba - , hoy, el neopaganismo y el proceso de secularización constituyen un gran desafío al mensaje evangélico. Pero al mismo tiempo, se presentan ―también en nuestros días― nuevas ocasiones para anunciar el Evangelio: se nota, por ejemplo, una creciente nostalgia de lo sagrado, de los valores auténticos, de la oración. Por esto, el mundo de hoy tiene necesidad de muchos apóstoles, sobre todo de apóstoles jóvenes y valientes. A vosotros, jóvenes, incumbe ―de especial manera― dar testimonio de la fe, hoy, y comprometeros a llevar a los demás el Evangelio de Cristo ―camino, verdad y vida― en el tercer milenio cristiano; como también construir una nueva civilización que sea la civilización del amor, de la justicia y de la paz.Cada nueva generación necesita nuevos apóstoles. Es aquí donde surge una misión especial para vosotros. Sois los primeros apóstoles y evangelizadores del mundo juvenil, atormentado, hoy, por tantos retos y amenazas (cf. Apostolicam actuositatem, 12). Ante todo vosotros podéis serlo y nadie puede reemplazaros en vuestro ambiente de estudio, de trabajo y de recreo. Son muchos vuestros coetáneos que no conocen a Cristo, o no lo conocen lo suficiente. Por consiguiente, no podéis permanecer callados e indiferentes. Debéis tener el valor de hablar de Cristo, de dar testimonio de vuestra fe a través de vuestro estilo de vida inspirado en el Evangelio. San Pablo escribe: «¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor 9, 16). Ciertamente, la mies es mucha y se necesitan obreros en abundancia. Cristo confía en vosotros y cuenta con vuestra colaboración.

Os invito, pues, con ocasión de la próxima Jornada de la Juventud, a renovar vuestro compromiso apostólico.¡Cristo tiene necesidad de vosotros!

¡Responded a su llamamiento con el valor y el entusiasmo característicos de vuestra edad”

domingo, 30 de agosto de 2009

El cristiano-apóstol - formación y comunión


"Todo cristiano, en efecto… es esencialmente un apóstol decía el Siervo de Dios Juan Pablo II en el Ángelus del 2 de agosto de 1987.

Lo consideraba un “noble privilegio” que lo “compromete a cumplir personal y comunitariamente todo esfuerzo para que se realice lo que invoca cuando reza: "Venga a nosotros tu reino".

Y agregaba que ya el Concilio Vaticano II había “puesto claramente de relieve el valor del apostolado asociado, subrayando que "responde adecuadamente a las exigencias humanas y cristianas de los fieles y es al mismo tiempo signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia" (Apostolicam actuositatem, 18)”

Continuaría aclarando que “ el Concilio ha tratado ampliamente sobre la necesidad y sobre las características de la formación para el apostolado que "exige no sólo el continuo progreso espiritual y doctrinal del mismo seglar, sino también las diversas circunstancias, personas y deberes a los que tiene que acomodar su actividad" (Apostolicam actuositatem, 28).

Y señalaba que “la asociación de los fieles laicos con finalidad apostólica no tiene nada que ver con una táctica pasajera, sino que constituye fundamentalmente la respuesta obligada, personal y comunitaria, a la vocación cristiana”.
En el Angelus del domingo 30 de agosto de 1987 resaltaba nuevamente la importancia de esta comunión citando el documento conciliar "La acción de los seglares dentro de las comunidades de la Iglesia ―leemos en el Decreto sobre el Apostolado de los laicos― es tan necesaria, que sin ella el propio apostolado de los Pastores no puede conseguir la mayoría de las veces plenamente su efecto" (Apostolicam actuositatem, 10). Se trata, por así decir, de una prolongación indispensable del servicio que prestan los presbíteros”

El Siervo de Dios Juan Pablo II habia desarrollado una serie de catequesis durante el año a partir de febrero de 1987 sobre la importancia de los laicos en la Iglesia. Los Obispos continuarían reflexionando durante todo un mes en el Sínodo de 1987 bajo el tema “Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo a los veinte años del Concilio Vaticano II, Sinodo que el Siervo de Dios Juan Pablo II ya habia confirmado publicamente en el Angelus del 1ro de febrero.