Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta Epifania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Epifania. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de enero de 2026

Al llegar a Belén "abrieron sus cofres" y "... ofrecieron sus dones..."

 

(Raul Berzosa - Reyes Magos)

Con este gesto los tres Reyes Magos del Oriente realizaron la finalidad de su viaje. El les condujo por los caminos de esas tierras hacia las que también los acontecimientos actuales llevan frecuentemente nuestra atención. Para los tres Reyes Magos la guía en estos caminos fue la estrella misteriosa "que habían visto en Oriente" (Mt 2, 9), y que "les precedía, hasta que llegada encima del lugar en que estaba el Niño, se detuvo" (Mt 2, 9). A este Niño precisamente vinieron esos hombres únicos, llamados de fuera del círculo del Pueblo elegido hacia los caminos de la historia de este Pueblo. La historia de Israel les había dado la orden de detenerse en Jerusalén y preguntar ante Herodes: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?" (Mt 2, 2).

Efectivamente, los caminos de la historia de Israel habían sido marcados por Dios, y por esto era necesario buscarle en los libros de los profetas: esto es, de aquellos que habían hablado en nombre de Dios al Pueblo sobre su vocación especial. Y la vocación del Pueblo de la Alianza fue precisamente Aquel a quien conducía el camino de los Reyes Magos de Oriente. Apenas hubieron preguntado a Herodes, éste no tuvo duda alguna de quién —y de qué rey—se trataba, porque, como leemos, "reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías" (Mt 2, 4).

Así, pues, el camino de los Reyes Magos lleva al Mesías, a Aquel a quien el Padre "santificó y envió al mundo" (Jn 10, 56). Su camino es también el camino del Espíritu. Es sobre todo el camino en el Espíritu Santo. Al recorrer este camino —no tanto en las vías de las regiones del Oriente Medio, cuanto más bien a través de los misteriosos caminos del alma— el hombre es conducido por la luz espiritual que proviene de Dios, representada en esa estrella, a la que seguían los tres Reyes Magos.

Los caminos del alma humana, que conducen hacia Dios, hacen ciertamente, que el hombre vuelva a encontrar en sí un tesoro interior. Así leemos también de los tres Reyes Magos, que al llegar a Belén "abrieron sus cofres" (Mt 2, 11). El hombre toma conciencia de los dones enormes de naturaleza y de gracia con que Dios lo ha colmado, y entonces nace en él la necesidad de ofrecerse, de devolver a Dios lo que ha recibido, de hacer ofrenda de ello como signo de la dádiva divina. Este don asume una triple forma, como en las manos de los tres Reyes Magos: "abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra" (Mt 2, 11).

 (de la Homilía de Juan Pablo II en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, Domingo 6 de enero de 1980)

 


 

"Se pusieron en camino…y la estrella iba delante de ellos


 (Botticelli: Adoración de los Magos – imagen de Wikipedia)

"Se pusieron en camino" (Mt 2,9), cuenta el evangelista, lanzándose con coraje por caminos desconocidos y emprendiendo un largo viaje nada fácil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que habían visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2,2).

 "Y la estrella ... iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño" (Mt 2,9). Los Reyes Magos llegaron a Belén porque se dejaron guiar dócilmente por la estrella. Más aún, "al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría" (Mt 2,10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría acompañada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo dócilmente.

"Y postrándose le adoraron" (Mt 2,11). Si en el Niño que María estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucaristía y reconocerlo como nuestro Creador, único Señor y Salvador.

"Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra" (Mt 2,11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre.

Queridos jóvenes, ofreced también vosotros al Señor el oro de vuestra existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota.

Los Reyes Magos encontraron a Jesús en "Bêt-lehem", que significa "casa del pan". En la humilde cueva de Belén yace, sobre un poco de paja, el "grano de trigo" que muriendo dará "mucho fruto" (cfr. Jn 12,24). Para hablar de sí mismo y de su misión salvífica, Jesús, en el curso de su vida pública, recurrirá a la imagen del pan. Dirá: "Yo soy el pan de vida", "Yo soy el pan que bajó del cielo", "El pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo" (Jn 6,35.41.51).

¡Sed adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia!

 

(Mensaje de Juan Pablo II para la JMJ 2005 presidida por el Papa BenedictoXVI) 

 


sábado, 4 de enero de 2025

Epifanía gran fiesta de la fe, fiesta del desafío de Dios

 


Hasta aquella “gruta-establo en Belén, al sur de Jerusalén, donde nació Cristo, en la que «el Verbo se hizo carne» (Jn 1, 14), llegaron del Oriente extraños peregrinos, los Reyes Magos. Atravesaron Jerusalén. Los guiaba una estrella misteriosa, luz exterior que se movía en el firmamento. Pero más aún los guiaba la fe, luz interior. Llegaron. No les asombró lo que encontraron: ni la pobreza, ni el establo, ni el hecho de que el Niño yacía en un pesebre. Llegaron y postrándose "lo adoraron". Después abrieron sus cofres y ofrecieron al Niño Jesús los dones de oro e incienso de los que habla precisamente Isaías, pero le ofrecieron también mirra. Y después de haber cumplido todo esto, regresaron a su país...


Por esta peregrinación a Belén los Reyes Magos han venido a ser el principio y el símbolo de todos los que mediante la fe llegan a Jesús. el Niño envuelto en pañales y colocado en un pesebre, el Salvador clavado en la cruz, Aquel que, crucificado bajo Poncio Pilato, bajado de la cruz y sepultado en una tumba junto al Calvario, resucitó al tercer día. Precisamente estos hombres, los Reyes Magos del Oriente, tres, como quiere la tradición, son el comienzo y la prefiguración de cuantos, desde más allá de las fronteras del Pueblo elegido de la Antigua Alianza, han llegado y llegan siempre a Cristo mediante la fe.

[,,,]


La Epifanía es la fiesta de la vitalidad de la Iglesia, es la gran fiesta de la fe….de los que ya han llegado… como los que se encuentran en camino …

¡A cuántos hombres es necesario llevar la fe también hoy!

A cuántos hombres es necesario reconquistar para la fe que han perdido, y esto, a veces, es más difícil que la conversión primera a la fe… la Iglesia, consciente de aquel gran don, del don de la Encarnación de Dios, no puede detenerse jamás, no puede cansarse jamás. Debe buscar continuamente el acceso a Belén para cada hombre y para cada época.

 

La Epifanía es la fiesta del desafío de Dios.”

 


Aquella solemnidad de la Epifanía no solo era la primera que Karol Wojtyla, el papa polaco celebraba como Obispo de Roma, sino que para la solemnidad habían venido a Roma muchos compatriotas suyos para “presentar a Jesús Niño un don: la ordenación episcopal de Mons. Franciszek Macharski , nuevo arzobispo de Cracovia,  un don de fe, de amor y de esperanza" y lo consagraba el sucesor de Pedro, primer papa polaco quien así se dirigia a sus compatriotas en su propia lengua en la homilía:


“Este dia cuando por tradición se celebran ordenaciones episcopales… Todos nosotros, polacos hijos de la Iglesia de Cristo desde hace un milenio, reunidos aquí tomamos parte hoy en la solemnidad de la Epifanía. Son circunstancias extraordinarias: hemos venido a Roma, a San Pedro, donde el primer Papa en la historia hijo de la nación polaca, celebra la Eucaristía y consagra al obispo sucesor suyo en la cátedra de San Estanislao en Cracovia. Sucede esto justamente al principio de 1979, cuando nos separan 900 años de la muerte del mártir San Estanislao, que, al principio del milenio, predicando a nuestros antepasados a Cristo nacido en Belén, crucificado bajo Poncio Pilato y resucitado, con la fuerza del Evangelio los llevó a la fe, tal como lo han hecho obispos y sacerdotes en nuestra patria, durante centenares de años, y lo hacen ahora también. Pienso, queridos hermanos y hermanas, mis amados compatriotas, pienso queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, que nuestra presencia aquí hoy debe ser un acto singular de gratitud por la fe que ilumina todos estos centenares de años y que no deja de iluminar a nuestros tiempos, tiempos extraordinarios en los que debe madurar especialmente la responsabilidad por la fe; por el gran don de Dios encarnado; por la Epifanía. Para esta gratitud debe madurar el nuevo fruto de esta Epifanía en las almas de las generaciones que nacen y que vendrán después de nosotros, gracias al servicio de cada uno de nosotros, gracias a tu servicio, Franciszek, metropolitano de Cracovia.”


Y en su saludo final agregaba:
“Y hoy, ¿qué más puede desear el Sucesor de Pedro en esta basílica, en esta su nueva Cátedra, sino que ella sirva a la Epifanía?, que en ella y por ella los hombres de todos los tiempos y de nuestro tiempo, los hombres provenientes del Oriente y del Occidente, del Norte y del Sur, logren llegar a Belén, llegar a Cristo mediante la fe.”.

viernes, 5 de enero de 2024

Al llegar a Belén "abrieron sus cofres" y "... ofrecieron sus dones..."

 


Con este gesto los tres Reyes Magos del Oriente realizaron la finalidad de su viaje. El les condujo por los caminos de esas tierras hacia las que también los acontecimientos actuales llevan frecuentemente nuestra atención. Para los tres Reyes Magos la guía en estos caminos fue la estrella misteriosa "que habían visto en Oriente" (Mt 2, 9), y que "les precedía, hasta que llegada encima del lugar en que estaba el Niño, se detuvo" (Mt 2, 9). A este Niño precisamente vinieron esos hombres únicos, llamados de fuera del círculo del Pueblo elegido hacia los caminos de la historia de este Pueblo. La historia de Israel les había dado la orden de detenerse en Jerusalén y preguntar ante Herodes: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?" (Mt 2, 2).

Efectivamente, los caminos de la historia de Israel habían sido marcados por Dios, y por esto era necesario buscarle en los libros de los profetas: esto es, de aquellos que habían hablado en nombre de Dios al Pueblo sobre su vocación especial. Y la vocación del Pueblo de la Alianza fue precisamente Aquel a quien conducía el camino de los Reyes Magos de Oriente. Apenas hubieron preguntado a Herodes, éste no tuvo duda alguna de quién —y de qué rey—se trataba, porque, como leemos, "reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías" (Mt 2, 4).

Así, pues, el camino de los Reyes Magos lleva al Mesías, a Aquel a quien el Padre "santificó y envió al mundo" (Jn 10, 56). Su camino es también el camino del Espíritu. Es sobre todo el camino en el Espíritu Santo. Al recorrer este camino —no tanto en las vías de las regiones del Oriente Medio, cuanto más bien a través de los misteriosos caminos del alma— el hombre es conducido por la luz espiritual que proviene de Dios, representada en esa estrella, a la que seguían los tres Reyes Magos.

Los caminos del alma humana, que conducen hacia Dios, hacen ciertamente, que el hombre vuelva a encontrar en sí un tesoro interior. Así leemos también de los tres Reyes Magos, que al llegar a Belén "abrieron sus cofres" (Mt 2, 11). El hombre toma conciencia de los dones enormes de naturaleza y de gracia con que Dios lo ha colmado, y entonces nace en él la necesidad de ofrecerse, de devolver a Dios lo que ha recibido, de hacer ofrenda de ello como signo de la dádiva divina. Este don asume una triple forma, como en las manos de los tres Reyes Magos: "abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra" (Mt 2, 11).

 

(de la Homilía de Juan Pablo II en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, Domingo 6 de enero de 1980)

viernes, 6 de enero de 2023

"Hemos venido a adorarle" (Mt 2,2)

 


Celebramos hoy a Cristo, luz del mundo, y su manifestación a las naciones….Así, aquella luz, aun siendo pequeña cuando apareció en la tierra, se proyectaba con fuerza en los cielos. El nacimiento del Rey de los judíos había sido anunciado por una estrella que se podía ver desde muy lejos…” […].


"De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel" (Nm 24, 17), había anunciado el vidente pagano Balaam, llamado a maldecir al pueblo de Israel y que, al contrario, lo bendijo porque, como Dios le reveló, "ese pueblo es bendito" (Nm 22, 12). […]


La llegada de los Magos de Oriente a Belén, para adorar al Mesías recién nacido, es la señal de la manifestación del Rey universal a los pueblos y a todos los hombres que buscan la verdad. Es el inicio de un movimiento opuesto al de Babel: de la confusión a la comprensión, de la dispersión a la reconciliación. Por consiguiente, descubrimos un vínculo entre la Epifanía y Pentecostés: si el nacimiento de Cristo, la Cabeza, es también el nacimiento de la Iglesia, su cuerpo, en los Magos vemos a los pueblos que se agregan al resto de Israel, anunciando la gran señal de la "Iglesia políglota" realizada por el Espíritu Santo cincuenta días después de la Pascua. […].


"Espesa nube cubre a los pueblos" y nuestra historia. En efecto, no se puede decir que la globalización sea sinónimo de orden mundial; todo lo contrario. Los conflictos por la supremacía económica y el acaparamiento de los recursos energéticos e hídricos, y de las materias primas, dificultan el trabajo de quienes, en todos los niveles, se esfuerzan por construir un mundo justo y solidario.


Es necesaria una esperanza mayor, que permita preferir el bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos.

 

"Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, (...) pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano" (Spe salvi, 31), el Dios que se manifestó en el Niño de Belén y en el Crucificado Resucitado”.


(de la homilía del Santo Padre Benedicto XVI en la solemnidad de la Epifania del Señor 6 de enero 2008)

 

Invito visitar el muy interesante blog dedicado a la historia del arte del español Gonzalo Durán (de alli tome ;) la fotografia de la pintura de GENTILE DA FABRIANO. Adoración de los Magos (1423). Galería Uffizi, Florencia)


Invito tambien visitar mi entrada Mensaje de Juan Pablo II para la JMJ XX 2005 en Colonia..

Benedicto xVI, JMJ 2005, Epifania, reyes Magos

martes, 5 de enero de 2021

El símbolo de la estrella

 


Hoy, solemnidad de la Epifanía, que significa "manifestación", se propone de nuevo con vigor el tema de la luz. Hoy el Mesías, que se manifestó en Belén a humildes pastores de la región, sigue revelándose como luz de los pueblos de todos los tiempos y de todos los lugares. Para los Magos, que acudieron de Oriente a adorarlo, la luz del "rey de los judíos que ha nacido" (Mt 2, 2) toma la forma de un astro celeste, tan brillante que atrae su mirada y los guía hasta Jerusalén. Así, les hace seguir los indicios de las antiguas profecías mesiánicas: "De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel..." (Nm 24, 17).

¡Cuán sugestivo es el símbolo de la estrella, que aparece en toda la iconografía de la Navidad y de la Epifanía! Aún hoy evoca profundos sentimientos, aunque como tantos otros signos de lo sagrado, a veces corre el riesgo de quedar desvirtuado por el uso consumista que se hace de él. Sin embargo, la estrella que contemplamos en el belén, situada en su contexto original, también habla a la mente y al corazón del hombre del tercer milenio. Habla al hombre secularizado, suscitando nuevamente en él la nostalgia de su condición de viandante que busca la verdad y anhela lo absoluto. La etimología misma del verbo desear —en latín, desiderare— evoca la experiencia de los navegantes, los cuales se orientan en la noche observando los astros, que en latín se llaman sidera.

3. ¿Quién no siente la necesidad de una "estrella" que lo guíe a lo largo de su camino en la tierra? Sienten esta necesidad tanto las personas como las naciones. A fin de satisfacer este anhelo de salvación universal, el Señor se eligió un pueblo que fuera estrella orientadora para "todos los linajes de la tierra" (Gn 12, 3). Con la encarnación de su Hijo, Dios extendió luego su elección a todos los demás pueblos, sin distinción de raza y cultura. Así nació la Iglesia, formada por hombres y mujeres que, "reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido el mensaje de la salvación para proponérselo a todos" (Gaudium et spes, 1).

(dela Homilía de Juan Pablo II para la solemnidad de la Epifanía 6 de enero de2002)

sábado, 6 de enero de 2018

"Entraron en la casa… vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron"

(Imagen de Wikipedia
La adoracion de los reyes - El Greco 


Los reyes ante el Rey para aprender el estilo de Dios

“Entraron en la casa (sobre  la  que  se  había detenido la estrella), vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). El camino exterior de aquellos hombres terminó. Llegaron a la meta. Pero en este punto comienza un nuevo camino para ellos, una peregrinación interior que cambia toda su vida….

El nuevo Rey ante el que se postraron en adoración era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de como acostumbramos a imaginarlo.
Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos. Debían cambiar su idea sobre el poder, sobre Dios y sobre el hombre y así cambiar también ellos mismos. Ahora habían visto:  el poder de Dios es diferente del poder de los grandes del mundo. Su modo de actuar es distinto de como lo imaginamos, y de como quisiéramos imponerlo también a él. En este mundo, Dios no le hace competencia a las formas terrenales del poder. No contrapone sus ejércitos a otros ejércitos. Cuando Jesús estaba en el Huerto de los olivos, Dios no le envía doce legiones de ángeles para ayudarlo (cf. Mt 26, 53). Al poder estridente y prepotente de este mundo, él contrapone el poder inerme del amor, que en la cruz -y después siempre en la historia- sucumbe y, sin embargo, constituye la nueva realidad divina, que se opone a la injusticia e instaura el reino de Dios. Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios. “



jueves, 5 de enero de 2017

«Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60, 1).


“En este día, solemnidad de la Epifanía, resuenan así las palabras del profeta. El antiguo y sugestivo oráculo de Isaías anuncia de algún modo la luz que, en la noche de Navidad, brilló sobre la cueva de Belén, anticipando el canto de los ángeles: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2, 14). El profeta, señalando la luz, en cierto sentido señala a Cristo. Como sucedió a los pastores que buscaban al Mesías recién nacido, hoy esta luz resplandece en el camino de los Magos llegados de Oriente para adorar al Rey de los judíos recién nacido.

Los Magos representan a los pueblos de toda la tierra que, a la luz de la Navidad del Señor, avanzan por el camino que lleva a Jesús y constituyen, en cierto sentido, los primeros destinatarios de la salvación inaugurada por el nacimiento del Salvador y llevada a plenitud en el misterio pascual de su muerte y resurrección.

Al llegar a Belén, los Magos adoran al divino Niño y le ofrecen dones simbólicos, convirtiéndose en precursores de los pueblos y de las naciones que, a lo largo de los siglos, no cesan de buscar y encontrar a Cristo.”


miércoles, 6 de enero de 2016

En busca de la Estrella

(mosaico del artista Marko Ivan Rupnik en el Santuario Juan Pablo II de Cracovia)


“Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno. Este es el servicio de la Iglesia, con la luz que ella refleja: hacer emerger el deseo de Dios que cada uno lleva en si. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras, es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en los corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas – tenían el corazón inquieto – y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz – y la voz del Espíritu Santo, que obra en todas las personas –; y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. Sigamos la luz que Dios nos da – pequeñita…; el himno del breviario poéticamente nos dice que los Magos «lumen requirunt lumine»: aquella pequeña luz –,. la luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas en el mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz.”

sábado, 7 de enero de 2012

Benedicto XVI : Cristo es nuestra “Super Nova”, explosión de luz

“La Epifanía es una fiesta de la luz. «¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (Is 60,1)”

(imagen de Wikipedia)

“Los Magos siguieron la estrella. A través del lenguaje de la creación encontraron al Dios de la historia. Ciertamente, el lenguaje de la creación no es suficiente por sí mismo. Solo la palabra de Dios, que encontramos en la sagrada Escritura, les podía mostrar definitivamente el camino. Creación y Escritura, razón y fe han de ir juntas para conducirnos al Dios vivo. Se ha discutido mucho sobre qué clase de estrella fue la que guió a los Magos. Se piensa en una conjunción de planetas, en una Super nova, es decir, una de esas estrellas muy débiles al principio pero que debido a una explosión interna produce durante un tiempo un inmenso resplandor; en un cometa, y así sucesivamente. Que los científicos sigan discutiéndolo. La gran estrella, la verdadera Super nova que nos guía es el mismo Cristo. Él es, por decirlo así, la explosión del amor de Dios, que hace brillar en el mundo el enorme resplandor de su corazón. Y podemos añadir: los Magos de Oriente, de los que habla el evangelio de hoy, así como generalmente los santos, se han convertido ellos mismos poco a poco en constelaciones de Dios, que nos muestran el camino. En todas estas personas, el contacto con la palabra de Dios ha provocado, por decirlo así, una explosión de luz, a través de la cual el resplandor de Dios ilumina nuestro mundo y nos muestra el camino. Los santos son estrellas de Dios, que dejamos que nos guíen hacia aquel que anhela nuestro ser.”

jueves, 6 de enero de 2011

"Lumen gentium"


“1. En esta fiesta de la Epifanía del Señor, el evangelio de san Mateo habla de una misteriosa estrella, que guió a los Magos primero hasta Jerusalén y después hasta Belén, donde adoraron al Niño Jesús (cf. Mt 2, 2. 7. 9. 10).


La estrella que conduce a los Magos hacia Cristo evoca la rica simbología de la luz, muy presente en la Navidad. Dios es luz, y el Verbo hecho hombre es "luz del mundo" (Jn 8, 12), luz que guía el camino de las gentes: "lumen gentium"”.


Invito visitar posts etiquetados Epifania

lunes, 7 de enero de 2008

Fiesta de la Epifanía


“ En la festividad de la Epifanía la Iglesia da gracias a Dios por el don de la fe que han compartido y comparten tantos hombres, pueblos y naciones. Y precisamente, según la tradición, aquellos tres hombres de Oriente, los tres Magos que llegaron a Belén, se cuentan entre los primeros testigos y portadores de este don. En ellos la fe, entendida como apertura interior del hombre, como la respuesta a la luz, a la Epifanía de Dios, encuentra su expresión transparente. En esta apertura a Dios el hombre aspira eternamente a la realización de sí mismo. La fe es el comienzo de esta realización, y de ella es condición.

Al agradecer a Dios el don de la fe, le damos gracias a la vez por la luz: por el don de la Epifanía y por el don de la apertura de nuestro espíritu a la luz divina. Tal es asimismo el significado de la fiesta a través de la que la Iglesia expresa, por así decir, hasta el fin el gozo de Navidad, del nacimiento del Señor”….

Juan Pablo II - Angelus Domingo 7 de enero de 1979 Fiesta de la Epifanía