Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 15 de septiembre de 2020

La fuerza y el misterio de la Santa Cruz

 


La nueva cruz, que ha surgido no lejos de la antiquísima reliquia de la Santa Cruz en la abadía de los cistercienses, ha anunciado el nacimiento de la nueva iglesia. Este nacimiento se ha grabado profundamente en mi corazón, y yo, dejando la sede de San Estanislao por la de San Pedro, la he llevado conmigo como una nueva reliquia, como una reliquia preciosa de nuestros días.

 La nueva cruz ha aparecido, cuando sobre el terreno de la antigua campiña de los alrededores de Kraków, que es ahora terreno de Nowa Huta, han llegado hombres nuevos para comenzar un nuevo trabajo. Antes se trabajaba aquí duramente, se trabajaba en los campos y la tierra era fértil, se trabajaba pues con agrado. Desde hace unos decenios se ha implantado la industria; la gran industria, la industria pesada. Han llegado aquí hombres procedentes de diversas partes, han venido para gastar sus energías como trabajadores siderúrgicos.

 Precisamente ellos han traído consigo esta nueva cruz. Han sido ellos mismos quienes la han levantado como signo de la voluntad de construir una nueva iglesia. Precisamente esta cruz, ante la que nos encontramos en estos momentos. He tenido la gran suerte, como arzobispo vuestro y cardenal, de bendecir y consagrar, el año 1977, esta iglesia surgida a la sombra de una nueva cruz.

 Esta iglesia es fruto del trabajo nuevo. Osaría afirmar que ha nacido de Nowa Huta. Todos, en efecto, sabemos que en el trabajo del hombre está profundamente grabado el misterio de la cruz, la ley de la cruz. ¿No se verifican tal vez en ella las palabras del Creador pronunciadas después de la caída del hombre: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan" (Gén 3, 19)? Tanto el antiguo trabajo en el campo que hace nacer el trigo, pero también espinas y cardos, como el nuevo trabajo en los altos hornos y en las nuevas fundiciones, siempre se efectúa "con el sudor de la frente". La ley de la cruz está inscrita en el trabajo humano. Con el sudor de la frente ha trabajado el labrador. Con el sudor de la frente trabaja el obrero de la industria. Y con el sudor de la frente (con el tremendo sudor de la muerte) agoniza Cristo en la cruz.

 No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización, en los albores del nuevo milenio del cristianismo en Polonia. Este nuevo comienzo lo hemos vivido juntos y lo he llevado conmigo, desde Kraków a Roma, como una reliquia.

 El cristianismo y la Iglesia no tienen miedo del mundo del trabajo. No tienen miedo del sistema basado sobre el trabajo. El Papa no tiene miedo a los hombres del trabajo. Los ha sentido siempre muy cerca de él. Ha salido de su ambiente. Ha salido de las canteras de piedra de Zakrowek, de las calderas de Solvay en Borek Falecki, después de Nowa Huta. A través de todos estos ambientes, a través de las experiencias personales de trabajo —me permito decir—, el Papa ha aprendido nuevamente el Evangelio. Se ha dado cuenta y se ha convencido de cuán profundamente está grabada en el Evangelio la problemática contemporánea del trabajo humano. De cómo sea imposible resolverla a fondo sin el Evangelio.

 De hecho, la problemática contemporánea del trabajo humano (¿sólo la contemporánea, realmente?), en última instancia, no se reduce —me perdonen todos los especialista,— ni a la técnica ni tanto menos a la economía, sino a una categoría fundamental, a saber, a la categoría de la dignidad del trabajo, o sea, de la dignidad del hombre. La economía, la técnica y tantas otras especialidades y disciplinas, tienen su razón de ser en esa única categoría esencial. Si no se inspiran en ella y se forman fuera de la dignidad del trabajo humano, están en error, son nocivas y van contra el hombre.

 Esta categoría fundamental es humanista. Me permito decir que esta categoría fundamental: categoría del trabajo como medida de la dignidad del hombre, es cristiana. La encontramos, en su más alto grado de intensidad, en Cristo.

Baste esto, amadísimos hermanos. Más de una vez me he encontrado aquí con vosotros, como obispo, y he tratado más ampliamente todos estos temas. Hoy, como huésped vuestro, debo hablar de manera más concisa. Pero recordad esta antigua cosa: Cristo no aprobará jamás que el hombre sea considerado —o que se considere a sí mismo— únicamente como instrumento de producción, que sea apreciado, estimado y valorado según este principio. ¡Cristo no lo aprobará jamás! Por esto se dejó clavar en la cruz, como sobre el gran umbral de la historia espiritual del hombre, para oponerse a cualquier degradación del hombre, incluso la degradación mediante el trabajo. Cristo permanece ante nuestros ojos en su cruz, para que todo hombre sea consciente de la fuerza que él le ha dado: "Dioles poder de venir a ser hijos de Dios" (Jn 1, 12).

De esto debe acordarse tanto el trabajador como el patrón, el sistema del trabajo y el de la retribución; lo deben recordar el Estado, la nación y la Iglesia.

 ( de la homilía de Juan Pablo II en  la Santa Misa en el Santuario de la Santa Cruz, Mogila el 8 de junio de 1979 durante su primera peregrinación apostólica a Polonialeer completa) 

martes, 16 de agosto de 2016

La cruz de Nowa Huta y la nueva evangelización

(fotografia de Magicny Krakow)

“De nuevo estoy aquí, ante esta cruz, junto a la cual he estado tantas veces como peregrino; ante la cruz que sigue siendo para todos nosotros como la más preciada reliquia de nuestro Redentor.
Cuando, en los alrededores de Kraków (Cracovia), surgía Nowa Huta —enorme complejo industrial y una nueva gran ciudad: nueva Kraków—, tal vez nadie se daba cuenta de que estaba surgiendo de hecho al lado de esta cruz, el lado de esta reliquia que, junto a la antiquísima abadía de los cistercienses, hemos heredado desde la época de los Piast. Corría el año 1222, la época del Príncipe Leszek Bialy, la época del obispo Ivo Odrowaz, en el período antecedente a la canonización de San Estanislao. En aquel tiempo, en el 111 centenario de nuestro bautismo, fue fundada aquí la abadía de los cistercienses, y después fue traída la reliquia de la santa cruz, que desde hace siglos se ha convertido en meta de peregrinaciones de la región de Kraków: del Norte. de la parte de Kielce; del Este, de la parte de Tarnów, y del Oeste, de Slesia. Todo ello ha tenido lugar en un territorio sobre el cual, según la tradición, se levantaba antaño Stara Huta, casi la antigua madre histórica de la actual Nowa Huta.'
Deseo hoy saludar aquí, una vez más, a los peregrinos de Kraków, a los de Slesia y a los de la diócesis de Kielce.
Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre. Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la cruz el hombre ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. Ha descubierto, y descubre continuamente, a la luz de la fe, cuán grande sea el propio valor. Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16).
Aunque cambian los tiempos, aunque en lugar de los campos de antaño, en las cercanías de Kraków ha surgido un enorme complejo industrial, aunque vivimos en una época de vertiginoso progreso de las ciencias naturales y de un progreso tan sorprendente de la técnica, sin embargo la verdad de la vida del espíritu humano —que se expresa a través de la cruz— no decae, es siempre actual, no envejece nunca. La historia de Nowa Huta está escrita también por medio de la cruz; primero, a través de aquella antigua de Mogila, heredada desde siglos, después por medio de otra, nueva... que se ha levantado no lejos de aquí.
Donde surge la cruz, se ve la señal de que ha llegado la Buena Noticia de la salvación del hombre mediante el amor. Donde se levanta la cruz, está la señal de que ha iniciado la evangelización. Tiempos atrás, nuestros padres levantaban, en diversos lugares del territorio polaco, la cruz como signo de que ya había llegado el Evangelio, de que va se había iniciado la evangelización, la cual debía continuarse ininterrumpidamente hasta hoy. Con este pensamiento se levantó también la primera cruz en Mogila, en los alrededores de Kraków, en las cercanías de Stara Huta.
La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.
Agradecemos hoy, ante la cruz de Mogila, ante la cruz de Nowa Huta, este nuevo comienzo de evangelización, que aquí se ha efectuado. Pidamos todos que fructifique, al igual que la primera —o si se quiere, todavía más—“


(de la homilía del Papa Juan Pablo II en la Santa Misa en el Santuario de la Santa Cruz, Mogila el 8 de junio de 1979 durante su peregrinación apostólica a Polonia – leer completa en el sitio oficial de la Santa Sede)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II (8) Benedicto XVI y el Año de la Fe




El 11 de octubre de 2011  el Santo Padre Benedicto XVI daba a conocer su Carta Apostólica en forma de Motu Proprio PORTA FIDEI, con la que se convoca el Año de la Fe, un año que llama a la renovación, a la conversión y a la caridad.  Allí el Santo Padre confirmaba que el 11 de octubre también se recuerdan “los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica,   promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II,[3] con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis[4], realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica”
"He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[9].
  “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”. En ella el Santo Padre subraya especialmente la caridad  “El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13)”  “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino.”.

El 12 de diciembre de 2011 en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe en la Santa Misa por América Latina el PapaBenedicto decía:  “Cuando la Iglesia se preparaba para recordar el quinto centenario de la plantatio de la Cruz de Cristo en la buena tierra del continente americano, el beato Juan Pablo II formuló en su suelo el programa de una evangelización nueva, nueva «en su ardor, en sus métodos, en su expresión» (cf. Discurso a la Asamblea del CELAM, 9 marzo 1983, III: AAS 75, 1983, 778). Desde mi responsabilidad de confirmar en la fe, también yo deseo animar el afán apostólico que actualmente impulsa y pretende la «misión continental» promovida en Aparecida, para que «la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo» (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento conclusivo, 13).

En el Instrumentum Laboris  del 19 de junio 2012  para la XIII Asamblea General Ordinaria “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana” comenzada el 7 de octubre pasado y que durara hasta el próximo 28 de octubre,   leemos “Si el plan de una nueva promoción de la acción evangelizadora de la Iglesia tiene sus últimas expresiones en las decisiones del Papa Benedicto XVI que hemos apenas evocado, los orígenes de dicho programa son más profundos y fundados: este plan ha animado el magisterio y el ministerio apostólico del Papa Pablo VI y del Papa Juan Pablo II. Más aún, el origen de todo este programa se encuentra en el Concilio Vaticano II” . Este Instrumentum Laboris se compone  de un Prefacio una Introducción, cuatro capítulos y una Conclusión. Allí se  “reafirma que “nueva evangelización significa dar razón de nuestra fe, comunicando el Logos de la esperanza al mundo que aspira a la salvación”.

La Presentación del Año dela Fe tuvo lugar el 21 de junio de este año  por parte de Mons. Rino Fisichella, presidente del Pontifico Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelizacion.  Mons. Fisichella, señaló que “Benedicto XVI en su Carta Apostólica “Porta fidei”, ha escrito que desde el inicio de su ministerio como Sucesor de Pedro ha tenido como máxima exigencia “redescubrir el camino de la fe para iluminar y poner cada vez en mayor evidencia la alegría y el renovado entusiasmo del encuentro con Cristo”. Es a la luz de este pensamiento que se ha convocado el año de la Fe, que coincide con el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y el 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.  “La fe” y “la nueva evangelización”, son precisamente los pilares y los grandes desafíos que serán puestos a debate durante la XIIIª Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos.”Durante la intervención de MOns. Fischitella fue presentado el logo y el himno del evento e inaugurado el sito del Nuevo Año de la Fe, sitio con abundantes enlaces y detalles completos de los eventos que tendrán lugar durante el Año de la Fe. 

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II (7) Benedicto XVI y el Año de la Fe



Estamos viviendo las vísperas de una gracia de la cual creo que aún no somos conscientes: el comienzo del Año de la Fe,  tan directamente ligado a la nueva evangelización,   que el Santo Padre Benedicto XVI anunciaba con estas palabras en la  Santa Misa para la Nueva Evangelización elDomingo 16 de octubre de 2011:  

“Precisamente para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto —en el que a menudo se encuentran— hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quiero anunciar en esta celebración eucarística que he decidido convocar un «Año de la fe» que ilustraré con una carta apostólica especial. Este «Año de la fe» comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo.”

El Santo Padre Benedicto XVI “heredo” de Juan Pablo II el afán apostólico por la nueva evangelización,  que a su vez se había inspirado en Pablo VI y en el Concilio Vaticano II.

El entonces cardenal Joseph Ratzinger  había hablado sobre  estructura y métodos de una nuevaevangelización y contenidos esenciales con ocasión del Jubileo de loscatequistas en el año 2000.   “Nueva evangelización no puede querer decir atraer inmediatamente con nuevos métodos, más refinados, a las grandes mesas que se han alejado de la Iglesia. No; no es esta la promesa de la nueva evangelización. Nueva evangelización significa no contentarse con el hecho de que del grano de mostaza haya crecido el gran árbol de la Iglesia universal, ni pensar que basta el hecho de que en sus ramas pueden anidar aves de todo tipo, sino actuar de nuevo valientemente, con la humildad del granito, dejando que Dios decida cuándo y cómo crecerá (cf. Mc 4, 26-29).”

De esta manera se vivenciaba ya en vida de Juan Pablo II esa  colegialidad vital para la Iglesia  que tanto pregonó el mismo Beato Juan Pablo II.   Benedicto  XVI no dudo en recordarlo en diversas oportunidades durante su propio pontificado reiterando  la necesidad y premura de una nueva evangelización.  

El 21 de septiembre de 2010 el Santo Padre Benedicto XVI instituyó el  Consejo para la promoción de la NuevaEvangelización, mediante el Motu Propio UBICUMQUE ET SEMPER.    Allí explicaba la relación del Concilio con la nueva evangelización, y como el Papa Pablo VI “observaba con clarividencia  que el compromiso de la evangelización «se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días..”  Agregaba además Benedicto XVI “El venerable siervo de Dios Juan Pablo II puso esta ardua tarea como uno de los ejes en su vasto magisterio, sintetizando en el concepto de «nueva evangelización», que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones…”

En la lineamenta para el Sinodo de Obispos publicada el 2 de febrero de 2011 (XIII Asamblea General Ordinaria), además de las debidas instrucciones a los Obispos acerca de “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”   podemos encontrar abundantes enlaces a documentos papales de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. 

sábado, 18 de agosto de 2012

San Alberto Hurtado “signo preclaro de la nueva evangelización”



Hoy se celebra la memoria litúrgica del santo chileno Alberto Hurtado Cruchaga,  sacerdote jesuita (1901-1952) y se cumplen 60 años de su muerte. Patrono de los trabajadores de Chile fue canonizadopor el Santo Padre Benedicto XVI el 23 deoctubre de 2005. Había sido beatificado por el Beato Juan Pablo II el 16 de octubre de 1994, junto a otros cuatro religiosos. 

Preocupado por los niños y los pobres, su generosa obra se ha ramificado a todos los estratos sociales.  Ser sacerdote no era para él un modo de ser, sino su ser.   
Fue sacerdote jesuita y sin embargo decía de él la poetisa y escritora chilena Gabriela Mistral en su testimonio:   
“Era el Padre Hurtado una especie de franciscano natural. Yo no sé si el rondó en torno de la llama dulce de franciscanismo, pero su naturaleza era cierto franciscanismo trajinador y este trajín puede llamarse un correteo por los niños pobres. Del Santo de Asís tenía también el hablar con gracia, la expresión a la vez donosa y llana. Este don de su conversación más su llaneza le ganaba a todos y le servía a maravilla para limosnear en bien de sus pobres y de sus niños.”


«El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mc 10, 45) comenzaba diciendo el Beato Juan Pablo II al describirlo en la homilía dela ceremonia de beatificación (junto a otros cuatro religiosos) en 1994 .  El Beato Alberto Hurtado se hizo servidor para acercar los hombres a Dios. Su profunda vida interior dejaba en quienes le trataron la imagen imborrable de hombre de Dios siempre dispuesto a la ayuda generos.
En su ministerio sacerdotal, marcado por vivo amor a la Iglesia, se distinguió como maestro en la dirección espiritual y como predicador incansable, transmitiendo a todos el fuego de Cristo que llevaba dentro, especialmente en el fomento de vocaciones sacerdotales y en la formación de laicos comprometidos en la acción social.
La vida del nuevo Beato nos recuerda que el amor a Cristo no se agota en la sola persona del Verbo encarnado. Amar a Cristo es servir a todo su Cuerpo, especialmente a los más pobres: fue ésta una gracia singular que el Beato Alberto Hurtado recibió y que nosotros hemos de pedir incesantemente a Dios. Impactado por la situación de los pobres y movido por su fidelidad a la doctrina social de la Iglesia, trabajó por remediar los males de su tiempo, enseñando a los jóvenes que «ser católicos equivale a ser sociales». Hijo glorioso del continente americano, el Beato Alberto Hurtado aparece hoy como signo preclaro de la nueva evangelización, «una visita de Dios a la patria chilena».

La página del Centro deEstudios y Documentación Padre Hurtado de la Universidad Católica de Chile ofrece abundante material acerca de su vida, obra y escritos 

viernes, 10 de agosto de 2012

La gran novena de la nación polaca




Para mí una novena siempre fue una novena, o sea una seguidilla de oraciones, adoración o meditación durante nueve días consecutivos. Por eso cuando leí por primera vez de la gran novena polaca el impacto fue inmediato, no solo por lo excepcional de la “novena” (nueve años seguidos!), sino por los momentos que se estaban viviendo en Polonia, por la fe del pueblo en plena época de comunismo y la firmeza de su Pastor supremo el cardenal primado Stefan Wyszynski.

El cardenal Wyszynski fue “arrestado” la noche del 25-26 de septiembre de 1953, y recluido en diferentes lugares/monasterios (Rywald Royal, Stoczek Prudnik Warminski ,  Silesia , y por ultimo en el Monasterio de las Hermanas nazaretanas en Komancze , para su recuperación de los arrestos anteriores;  siempre bien custodiado, con muy pocos permisos de visitas, hasta su liberación en 1956. Dice George Weigel en “El final y el principio”  que el Primado no perdió tiempo durante su reclusión y se dedico a reflexionar y pensar en alguna iniciativa que apuntase a mantener una tensión moral sana ( tarea nada fácil) entre la Iglesia católica y la cúpula comunista en el poder; 1966 sería un año importante:  marcaria el Milenio polaco – los 1000 años del comienzo de lo que conocemos como “Polonia”.  Wyszynski sabia muy bien lo que pasaba por la mente de sus adversarios y daba por hecho que el régimen comunista utilizaría las celebraciones del milenio para reescribir la historia de Polonia de acuerdo a sus gustos ideológicos y al servicio de su futuro político.  Había que hacer algo. Y ese algo seria la Gran Novena – un programa de nueve años en preparación para el milenio del bautismo de Polonia con el objetivo de recatequizar todo el país. El centro simbólico seria una serie de peregrinaciones, - siguiendo la antigua tradición polaca -  a pie a los santuarios de KalwariaZebrzydowska,    PiekarySlaskiy Jasna Gora. 

Wyszynski continuaría con la tradición pero le daría a la peregrinación una fuerza adicional:  la Virgen Negra de Jasna Gora, el icono nacional más preciado, peregrinaría por  Polonia visitando casi todas las parroquias del país. Occidente dudaba y opinaba que era una exageración hacer algo semejante en el siglo XX, tradiciones antiguas se decía….. Sin embargo al régimen no le daba lo mismo,  sabía que la “amenaza” era grave porque un plan catequístico completo, con reuniones, adoración y sermones, agregado a las peregrinaciones atentaba contra toda una década de propaganda y adoctrinamiento…. pero el impertérrito  cardenal primado no se dejo vencer y una réplica de la Virgen de Jasna Gora peregrinó de ciudad en ciudad, y de pueblo en pueblo por toda Polonia y cuando los comunistas “arrestaron” el icono de Nuestra Señora de Jasna Gora y quisieron prohibir la peregrinación, ésta se llevo a cabo sin el icono; la peregrinación presidida por el marco. Si, tan solo el marco! Naturalmente el comienzo de la novena en 1958 fue también preludio de una avanzada de presión comunista sobre la Iglesia. 

A partir de 1962 la SB  reforzó  sus tácticas de espionaje a sacerdotes y religiosos e intensificó su penetración en instituciones católicas. Pero Polonia no sería tan fácil de dominar y conquistar, allí el comunismo se vio enfrentado por un pueblo fuerte en la fe donde las estrategias empleadas en otras partes no funcionaron y debieron ser repensadas.  No obstante la Iglesia no se amedrento ni debilito y a los historiadores les cuesta  comprender la situación de aquellos años en Polonia.  No todos coinciden que la Gran Novena pudo llegar a todos los corazones, pero la Iglesia resistió y no solo eso el cardenal Wyszinski llego a tener un aliado tan temido (y espiado) por el régimen como el mismo Primado:  Ya en 1959 el Obispo Karol Wojtyla celebraba la Misa de Nochebuena (una de tantas) a cielo abierto en Nova Huta, donde continuaría la historia de la “resurrección” de la Iglesia polaca . 

La reina de Polonia de Jasna Gora,   Wyszynski, La gran novena, Nowa Huta, Karol Wojtyla, Solidarnosc , Lech Walesa, Jerzy Popieluszko…… algunos de los paradigmas en la historia de Polonia.

“El cardenal primado, en el curso de la gran novena, se expresaba sobre el significado del santuario de Czestochowa en relación a la vida de la Iglesia con estas palabras: "¿Qué ha sucedido en Jasna Góra? Hasta este momento no estamos en disposición de dar una respuesta adecuada. Ha sucedido algo más de lo que se podía imaginar... Jasna Góra se ha revelado como un vínculo interno en la vida polaca, una fuerza que toca profundamente el corazón y tiene a toda la nación en humilde, pero fuerte actitud de fidelidad a Dios, a la Iglesia y a su jerarquía. Para todos nosotros ha sido una gran sorpresa ver la potencia de la Reina de Polonia manifestarse de modo tan magnífico".”  Juan Pablo II en el Santuario de Jasna Gora en su primer viaje a Polonia 1979) 

Tendrá alguna relación - quizás emblemático? -  con la gran Novena el de hecho que  ese primer viaje apostólico de Juan Pablo II a su patria como Pastor supremo de la Iglesia católica, durase 9 días?  

Inspirados por esta gran novena el pueblo de Filipinas se prepara para una gran novena en su tierra (“un viaje de nueve años hacia la Nueva Evangelización”) con vistas al año 2021 año que se recordara los 500 años de la llegada de la Palabra a las Filipinas.

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sábado, 21 de julio de 2012

Juan Pablo II : El reto de la Nueva Evangelización (2 de 2) «La Iglesia es por naturaleza misionera»




En el capitulo 18 de Cruzando el Umbral de la Esperanza, bajo el titulo "El reto de la nueva evangelización", Vittorio Messori le pide a Juan Pablo II que explique dos términos que aparecen con frecuencia en sus enseñanzas: “evangelización” y “nueva evangelización”.

El Papa responde extensamente explicando los términos y habla de la historia de la evangelización, las diferentes misiones y la vitalidad de la Iglesia, hasta llegar a la actualidad. 




Es sintomático que la Redemptoris missio hable de una nueva primavera de la evangelización, y es aún más significativo el hecho de que esta Encíclica haya sido acogida con gran satisfacción, incluso con entusiasmo, en tantos ambientes. Después de la Evangelii nuntiandi, se propone como una nueva síntesis de la enseñanza sobre la evangelización del mundo contemporáneo.

La Encíclica precisa cuáles son los principales problemas; llama por su nombre a los obstáculos que se acumulan en el camino de la evangelización; aclara algunos conceptos, de los que a veces se abusa, especialmente en el lenguaje eriodístico; finalmente señala las partes del mundo, por ejemplo los países poscomunistas, en las que la verdad del Evangelio es esperada de una manera especial. Para éstos, que son países de largo pasado cristiano, se impone una especie de «re-evangelización».

La nueva evangelización no tiene nada que ver con lo que diversas publicaciones han insinuado, hablando de restauración, o lanzando la palabra proselitismo en tono de acusación, o echando mano de conceptos como pluralismo y tolerancia, entendidos unilateral y tendenciosamente.  Una profunda lectura de la Declaraciónconciliar Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa ayudaría a esclarecer tales problemas, y también a disipar los temores que se intenta despertar, quizá con el fin de arrancar a la Iglesia el coraje y el empuje para acometer su misión evangelizadora. Y esa misión pertenece a la esencia de la Iglesia. El Concilio Vaticano II hizo una declaración de principios afirmando que «la Iglesia [...] es por naturaleza misionera» (Ad Gentes, 2).
[…]

Hoy se da, pues, la clara necesidad de una nueva evangelización. Existe la necesidad de un anuncio evangélico que se haga peregrino junto al hombre, que se ponga en camino con la joven generación. ¿Tal necesidad no es ya en sí misma un slntoma del ano 2000, que se está acercando? Cada vez más a menudo los peregrinos miran hacia Tierra Santa, hacia Nazaret, Belén y Jerusalén. El pueblo de Dios de la Antigua y de la Nueva Alianza vive en las nuevas generaciones y, al finalizar este siglo xx, tiene la misma conciencia de Abraham, el cual siguió la voz de Dios que lo llamaba a emprender la peregrinación de la fe. ¿Qué palabra oímos con más frecuencia en el Evangelio sino ésta?: «Sígueme» (Mateo 8,22). Esa palabra llama a los hombres de hoy, especialmente a los jóvenes, a ponerse en camino por las rutas del Evangelio en dirección a un mundo mejor.”

domingo, 15 de julio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (5) Una nueva evangelización con la fuerza de la cruz


(las dos fotografías pertenecen a Martin Hudacek, joven escultor eslovaco)


En la Vigilia de la JMJ 1987 en Buenos Aires  presidia el encuentro la gran cruz que había encabezado todas las ceremonias del Año Santo de la redención y que el Domingo de Resurrección el Papa entregara a los jóvenes, diciéndoles: “Queridísimos jóvenes, al final del Año Santo os confío el signo mismo de este Año Jubilar. ¡La cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención”.
En esa misma Vigilia el Papa respondía a los jóvenes:   “Me habéis preguntado cuál es el problema de la humanidad que más me preocupa. Precisamente éste: pensar en los hombres que aún no conocen a Cristo, que no han descubierto la gran verdad del amor de Dios. Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios o incluso negando su existencia. Una humanidad sin Padre, y por consiguiente, sin amor, huérfana y desorientada, capaz de seguir matando a los hombres que ya no considera como hermanos, y así preparar su propia autodestrucción y aniquilamiento. Por eso, mis queridos jóvenes  quiero de nuevo comprometeros hoy a ser apóstoles de una nueva evangelización para construir la civilización del amor”.
Juan Pablo II recordaba a los jóvenes que el  12 de octubre de 1984 en la Celebración de la Palabra en Santo Domingo  había entregado a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de este continente sendas reproducciones de aquella primera cruz, clavada en tierra americana.  Quería, con ese gesto, despertar una nueva evangelización, que demuestre la fuerza de la cruz en la renovación de todo hombre y de todas las realidades que forman parte de su existencia.


“Con la fuerza de la cruz que hoy es entregada a los obispos de cada nación; con la antorcha de Cristo en tus manos llenas de amor al hombre, parte, Iglesia de la nueva evangelización. Así podrás crear una nueva alborada eclesial. Y todos glorificaremos al Señor de la Verdad con la plegaria que recitaban al alba los navegantes de Colón:

“Bendita sea la luz 

y la Santa Veracruz 
y el Señor de la Verdad 
y la Santa Trinidad.

Bendita sea el alba 

y el Señor que nos la manda. 
Bendito sea el día 
y el Señor que nos lo envía”. Amén.”


Con motivo del V centenario del comienzo de la Evangelización en América se llevo a cabo en el Vaticano un Simposio acerca de la historia de la Evangelización del Nuevo Mundo. En su discurso ante este Simposio decía el papa Juan Pablo II: 

"Este Simposio tiene lugar antes de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que, durante el próximo mes de octubre, tratará en Santo Domingo sobre una nueva estrategia evangelizadora para el futuro. La citada Conferencia tendrá como tema «Nueva Evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana», poniendo al Redentor del hombre y Señor de la historia en el centro de su programa evangelizador: «Jesucristo ayer, hoy y siempre» (Cf. Heb 13, 8)…..El Simposio está encuadrado en el marco sugestivo de este venturoso año 1992, en el que se cumple el V Centenario del comienzo de la Evangelización de América.”

El 12 de octubre de 1992 el Papa Juan Pablo II en su viaje apostólico a Santo Domingo (9 al 15 de octubre) inauguraba aquella IVConferencia General del Episcopado Latinoamericano que se reunía  “para perfilar las líneas maestras de una acción evangelizadora que ponga a Cristo en el corazón y en los labios de todos los latinoamericanos”,   “para celebrar a Jesucristo, para dar gracias a Dios por su presencia en estas tierras de América, donde hace ahora 500 a os comenzó a difundirse el mensaje de la salvación”. Aclaraba, sin embargo el Papa que “La evangelización propiamente dicha, sin embargo, comenzó con el segundo viaje de los descubridores, a quienes acompañaban los primeros misioneros.”  Agregaba tan bien elementos para las Conferencia: “En sus deliberaciones y conclusiones, esta Conferencia ha de saber conjugar los tres elementos doctrinales y pastorales, que constituyen como las tres coordenadas de la nueva evangelización: Cristología, Eclesiología y Antropología.”  El capitulo II de su discurso habla expresamente de la Nueva evangelización  

En el punto 10. Decía: “La novedad de la acción evangelizadora a que hemos convocado afecta a la actitud, al estilo, al esfuerzo y a la programación o, como propuse en Haití, al ardor, a los métodos y a la expresión.[30] Una evangelización nueva en su ardor supone una fe sólida, una caridad pastoral intensa y una recia fidelidad que, bajo la acción del Espíritu, generen una mística, un incontenible entusiasmo en la tarea de anunciar el Evangelio. En lenguaje neotestamentario es la «parresía» que inflama el corazón del apóstol.[31] Esta «parresía» ha de ser también el sello de vuestro apostolado en América. Nada puede haceros callar, pues sois heraldos de la verdad. La verdad de Cristo ha de iluminar las mentes y los corazones con la activa, incansable y pública proclamación de los valores cristianos.
  
Quien desee leer algo más sobre la historia del CELAM recomiendo leer estas dos conferencias del 17 de mayo del año 2005 en Lima:
Perspectiva teológica en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano en el marco de los 50 años del CELAM, una conferencia de S.E. Estanislao Esteban Karlic 17 de mayo de 2005. 
Recapitulando los 50 años del CELAM en el camino hacia la V Conferencia del Dr. GuzmánCarriquiry L

viernes, 8 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (2)



(la imagen es del sitio Moj Papiez)

La asi llamada “nueva evangelización” comienza “oficialmente” en Nowa Huta, pero como presentarla?   Nueva? antigua?   Ni lo uno, ni lo otro, sencillamente es continuidad y colegialidad pese a todos los embates de todos los tiempos,  la evangelización es el corazón de la Iglesia en diferentes momentos de la historia humana   yendo a las raíces mismas del cristianismo.  Sin embargo el término “nueva evangelización” fue “presentado”  como tal por el Beato Juan Pablo II,  enraizado en San Pablo, e inspirado en el  Concilio Vaticano II.   El cardenal Stanislaw Dziwisz en Mi vida con Karol cap. 23 “Una nueva evangelización”  dice:  “ Él era un hombre del Concilio. Siempre partía del Concilio para trazar las líneas de desarrollo de la vida y la misión de l Iglesia….más adelante dice “La nueva evangelización, que luego sería uno de los signos distintivos del pontificado de Juan Pablo II……era preciso regresar a las fuentes de la fe para que la misión evangelizadora volviese a ser dinámica e incisiva.  Pero además de esta obligación – que es el deber prioritario de la Iglesia y de todo cristiano, que debe evangelizar allá donde viva – existía también una especial predisposición de Karol Wojtyla que yo definiría como «frescura evangélica»”   Esa “frescura evangélica ya la había demostrado mucho antes en Cracovia, en su manera particular de ejerjcer la docencia, en su trabajo con los jóvenes, sus recorridas por la diócesis, sus “diálogos” con el poder sin claudicar de sus principios, su generosidad intelectual al compartir toda la información del Concilio con sus sacerdotes, instalando el Sínodo de Cracovia para que se extendiese a toda la Iglesia.”
“La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.
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No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización, en los albores del nuevo milenio del cristianismo en Polonia. Este nuevo comienzo lo hemos vivido juntos y lo he llevado conmigo, desde Kraków a Roma, como una reliquia.
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De la cruz en Nowa Huta ha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio. Esta iglesia lo testimonia y lo confirma. Ella ha nacido de una viva y consciente fe, y es necesario que continúe sirviendo a esta fe.”

Tal como lo confirma su secretario el Obispo Karol Wojtyla Obispo ya la traía consigo a la Sede de Pedro, solo que por algún motivo  se   “guardó” el término para anunciarlo en su patria, y nada menos que allí, en ese suburbio de Cracovia  donde “en 1949 los soviéticos decidieron construir ese “paraíso obrero”, planeado para ser un lugar sin Dios”  “Alli Karol Wojtyla  “se enfrentó al poder temporal con una fuerza divina, marcada a fuego, un espíritu casi aguerrido, que no menguaría, guiado por un obispo que sostenía que “la libertad le es dada al hombre como una tarea. No solo debe poseerla, sino también conquistarla” Y fue conquistada.(ver mis posts Nowa Huta) .
   Como decía el Santo Padre Benedicto XVI “esta ardua tarea fue uno de los ejes de su vasto magisterio”. La traía incorporada de su amada Cracovia consciente que su patria necesitaba un “aggiornamento” , una liberación de la carga que el comunismo iba dejando a su paso, y una firme puesta en marcha de los resultados del Sínodo de Obispos que el mismo había inaugurado el   8 de mayo de 1972 como “implementación local del Vaticano II…para llevar el Concilio a todas las parroquias e instituciones de su arquidiócesis, con el propósito de reproducir la experiencia del Concilio y brindar a los fieles la oportunidad de leer y analizar los documentos del Concilio”. Una expresión de  generosidad pastoral e intelectual sin límites.  Un Sìnodo cuya clausura fue luego presidida por el  Santo Padre Juan Pablo II el 22 de junio de 1983 en la Catedral de Wawel.   (de mis posts Sinodo de Cracovia) 

miércoles, 6 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II - Juan Pablo II (1)



Concilio es colegialidad :  Decia el Papa Juan Pablo II en su Audiencia general del 7 de febrero de 1979) “El Concilio es la expresión más plena de la colegialidad del ministerio episcopal en la Iglesia. “La Constitución Dogmática Lumen gentium utiliza precisamente la expresión corpus episcopale (cuerpo episcopal), cuando habla de la colegialidad de los obispos” 
Juan Pablo II hablo incansablemente de la imperiosa necesidad de colegialidad en la Iglesia. Lo reiteró en sus libros Cruzando el umbral de la esperanza (XXVI Una cualidad renovada) y en ¡Levantaos! ¡Vamos!  (3ª sección  compromiso ético y social) y le dedicó un capítulo entero a la colegialidad episcopal. Las visitas Ad limina Apostolorum y sus encuentros y contactos con los obispos eran para él  “un motivo de particular aliento”

No obstante tantas malas interpretaciones y dificultades pre, durante y post conciliares tanto la evangelización como la  “nueva evangelización” están íntimamente ligadas con la colegialidad  y el Concilio Vaticano II. Es más casi podríamos decir que su éxito en gran medida depende de ello: colegialidad y continuidad iluminada por el Espíritu Santo, algo que no siempre se tiene presente y sin embargo es fundamental.   Fortalecer, transformar, renovar el alma, darle nueva vida al espíritu de la Iglesia era y sigue siendo una tarea ciclópea, con mayor o menor grado de éxito según la época y las personas.  Las últimas etapas históricas de alguna manera se fueron dando naturalmente siempre “dirigidas” por la Providencia: la inspiración divina del Papa  Juan XXIII en llamar a un Concilio cuando se lo creía demasiado anciano  para gobernar a la Iglesia:  su desafío desbordó toda expectativa. Si bien no pudo concluirlo,  el Concilio encontró en el Papa Pablo VI un fiel continuador y maestro inspirador del beato Juan Pablo II. Para el Obispo Wojtyla,  férreo defensor del Concilio,  además fuente inspiradora para que mediante su proverbial generosidad intelectual aplicara la metodología en la Iglesia polaca: extrapoló lo vivido en el Concilio a su patria. Una tarea en general poco conocida :el  Sínodo de Cracovia. 
Para sorpresa dentro de círculos eclesiásticos y de la Curia romana misma, en febrero de 1962 el Beato Juan XXIII por inspiración divina anunciaba el Concilio Vaticano II  y el 11 de octubre del mismo año  mediante un Motu proprio fija la fecha de la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II :   algo que había estado “largo tiempo madurando en nuestra alma”. Era el pre anuncio de esta “nueva evangelización “:  “Los frutos que ardientemente deseamos de esta celebración son, sobre todo, éstos – decía - : Que la Iglesia, esposa de Cristo, pueda vigorizar aún más sus divinas energías y extender su benéfica influencia sobre las almas de los hombres en la máxima extensión”.
Durante el Concilio hubo indudablemente  momentos difíciles,  dudas,  controversias…entre obispos de todo el mundo procedentes de diferentes culturas no era de extrañar. Además Europa recién se recuperaba  de las postrimerías de una guerra que la había dejado debilitada y a occidente no le resultaba  fácil  imaginarse lo que ocurría del otro lado de la cortina ni dentro ni fuera de la Iglesia. El Concilio fue ocasión de descubrimiento, conocimiento y aceptación entre oriente y occidente, aunque las etapas fueron lentas,  se fueron dando paulatinamente y aún continúan.   Pero, sin lugar a dudas,  fue un momento en que dos polos europeos se encontraron y se encontraron de tal manera que pasados algunos años de experiencias domesticas tenaces y audaces el 16 de octubre de 1978 fue elegido un Papa “llamado de un país lejano..., lejano pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y tradición cristiana.”  Un papa eslavo : Juan Pablo II.
Tampoco faltaron incomprensiones y malas interpretaciones de este lado del Atlántico: el tercer mundo, la teología de la liberación……pero seguía vigente  el sueño del Santo Padre Pablo VI en Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975 (Encíclica sobre la Evangelización de los Pueblos) donde en brevísimas palabras resumía los objetivos del Concilio Vaticano II :   “hacer a la Iglesia del siglo XX más apta todavía para anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo.”
“Edificando sobre el trabajo del Concilio, el Papa Pablo VI dedicó los largos y con frecuencia difíciles años de su pontificado a la tarea de evangelización.  Dice Mons. James P. Keleher, Arzobispo de Kansas,  en su presentación sobre la Misión evangelizadora de la Iglesia y agrega que hay tres elementos en esta misión:  Una misión ad intra, dirigida a los católicos, una segunda: ad extra, invitando a todos, cualquiera sea su origen y condición… y una tercera a todas las culturas humanas. 
Resumiendo brevemente la “historia”  de la evangelización dice Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la esperanza . “La evangelización  no es solamente la enseñanza viva de la Iglesia, el primer anuncio de la fe (kérygma) y la instrucción, la formación en la fe (la catequesis), sino que es también todo el vasto esfuerzo de reflexión sobre la verdad revelada, que se ha expresado desde el comienzo en la obra de los Padres de Oriente y de Occidente y que, cuando hubo que confrontar esa verdad con las elucubraciones gnósticas y con las varias herejías nacientes, fue polémica.    Evangelización ha sido la actividad de los diversos concilios. Probablemente, en los primeros siglos, si no hubiese tenido lugar el encuentro con el mundo  helénico, habría bastado con el Concilio de Jerusalén, que celebraron los mismos apóstoles hacia el año 50 (cfr. Hechos de los Apóstoles, 15). Los sucesivos concilios ecuménicos surgieron de la necesidad de expresar la verdad de la fe revelada con un lenguaje comunicativo y convincente para los hombres que vivian en el ámbito de la civilización helénica. Todo esto forma parte de la historia de la evangelización, una historia que se ha desarrollado en el encuentro con la cultura de cada época. A los Padres de la Iglesia debe reconocérseles un papel fundamental en la evangelización del mundo, además de en la formación de las bases de la doctrina teológica y filosófica durante el primer milenio. Cristo había dicho: «Id y predicad por todo el mundo» (Marcos 16,15). A medida que el mundo conocido por el hombre se engrandecía, también la Iglesia afrontaba nuevas tareas de evangelización.

En un artículo dedicado a la enseñanza paulina, titulado La evangelización y el hombreinterior,  escrito cuando aún era Arzobispo de Cracovia,  Karol Wojtyla decía que la epístola de San Pablo a los Corintios constituye un magnífico documento sobre la evangelización en los primeros tiempos…un texto que permite además identificar la problemática humana que se encuentra en la base de la obra de la Evangelización”  “La evangelización - agregaba - está siempre orientada al Reino que no es de este mundo, y que al mismo tiempo da el sentido definitivo al desarrollo del mundo y a la historia del hombre” y afirmaba que “el verdadero centro de la evangelización es fortalecer el hombre interior por medio de la fe y del amor de Cristo.”

“La Iglesia existe para evangelizar, es decir, para anunciar a todos que «Dios es amor» y hacer que cada uno se pueda encontrar con él. El segundo Sínodo plenario renovó este compromiso en la línea del concilio Vaticano II y a la luz de los signos de los tiempos, llamando a todos los creyentes a una generosa corresponsabilidad. La evangelización no es creíble si, como cristianos, no nos amamos los unos a los otros, según el mandamiento del Señor. “ (JPII Audiencia General 23 de junio de 1999 después de su viaje a Polonia – una audiencia que merece leerse completa, no tiene desperdicio. Juan Pablo II despliega allí el innegable amor que conserva por su tierra natal y los lazos que lo unen a ella) 

viernes, 25 de noviembre de 2011

Hace 130 años nacía el niño Angelo Giuseppe Roncalli, el Papa Juan




“El viernes 25 de noviembre de 1881— abría los ojos a la vida en Sotto il Monte el niño Angelo Giuseppe Roncalli. Ese mismo día, al atardecer, se convertía en cristiano aquel que, en el curso de su larga vida, singularmente rica de gracia, sería después sacerdote, obispo y finalmente Sucesor de Pedro”. Son palabras con las cuales comenzaba su Audiencia General el Beato Juan Pablo II el miércoles 25 de noviembre de 1981. Entonces se cumplían 100 años del nacimiento del “Papa Juan, el Papa bueno, el Papa del Concilio, el Papa del ecumenismo, de las misiones.”
Hoy recordamos los 130 años de aquella “fecha tan significativa” del nacimiento de “aquel que, siguiendo el hilo de oro de la "buena Providencia" —como a él le gustaba llamarla—, dejaría un signo indeleble en la historia de la Iglesia de nuestro tiempo” “Quisiera, juntamente con vosotros,” resaltaba Juan Pablo II - fijar la atención en el significado, la importancia, la grandeza que ha tenido para la Iglesia y el mundo la presencia de ese hombre entre nosotros, ”



“El Papa Juan ha sido un gran don de Dios a la Iglesia, - continuaría en su Audiencia Juan Pablo II - . No sólo porque —y bastaría esto para hacer su recuerdo imperecedero— vinculó su nombre al acontecimiento más grande y transformador de nuestro siglo: la convocación del Concilio Ecuménico Vaticano II, intuido por él —así lo confesó— como por una misteriosa e irresistible inspiración del Espíritu Santo; no sólo porque celebró el Sínodo Romano y quiso comenzar la revisión del código de derecho canónico. Ha sido un gran don de Dios porque ha hecho sentir viva la Iglesia al hombre de hoy. Fue, como el Bautista, un precursor. Indicó los caminos de la renovación, en el gran surco de la Tradición, como he desarrollado ampliamente en mis discursos de Sotto il Monte y de Bérgamo. Quiso "ser voz" (Jn 1, 23) para preparar a Cristo un nuevo adviento en la Iglesia y en el mundo. En su mensaje de Pascua de 1962 dijo: "Es todavía Pedro, en su más reciente y humilde sucesor quien, rodeado de una inmensa corona de obispos se dispone, temeroso pero confiado, a hablar a las multitudes. Su palabra viene del fondo de 20 siglos, y no es suya: es de Jesucristo, Verbo del Padre y Redentor de todas las gentes, y es todavía El quien enseña a la humanidad los caminos maestros que llevan a la convivencia en la verdad y en la justicia" (21 de abril de 1962: Discorsi, IV, 221)
Esa voz sacudió al mundo. Por su sencillez y por lo directa que era, por su humildad y discreción, por su valentía y su fuerza. Por medio de esa voz se oyó netamente la Palabra de Cristo: en su llamada a la verdad, a la justicia, al amor y a la libertad, en las cuales habían de inspirarse las relaciones entre los hombres y entre los pueblos, según las líneas maestras de la gran Encíclica "Pacem in terris"; se oyó en el subrayado, tanto de los valores de la persona, núcleo único e irrepetible en el que se refleja directamente la gloria del rostro de Dios creador, redentor, como en los de la familia, núcleo social fundamental para la vida de la sociedad y de la Iglesia, a la que ofrece sus propios hijos como signo de esperanza y de promesa, especialmente en las vocaciones sacerdotales y religiosas; y se oyó al proponer de nuevo a los hombres los caminos de la oración y de la santidad. "Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan".”
Invito leer el texto completo de la Audiencia que emana un impresionante cariño, respeto y reconocimiento hacia su antecesor, pero ante todo agradecimiento por su optimismo, su anhelo de unidad, la “lozanía e intrepidez de sus iniciativas, la confianza en los jóvenes, “su anhelo misionero que le hacía abrazar al mundo con amor apasionado, que se transformaba en oración”.



Leyendo las palabras de Juan Pablo II acerca de quien supo


mirar al futuro con esperanza inquebrantable; esperaba para la Iglesia y para el mundo la floración de una era nueva, confiada a la buena voluntad y a la recta intención de una nueva humanidad, más justa, más recta, más buena” y “El Concilio debía señalar una nueva primavera. cuando él solía repetir, debía ser un "nuevo Pentecostés"; una "nueva Pascua", esto es, "un gran despertar, una reanudación de camino más animoso" (Mensaje citado: Discorsi, IV, 221)”


me hace pensar que fue realmente el Papa Juan XXIII el iniciador de lo que Juan Pablo II llamó “nueva evangelización”, reconociendo en el Pablo VI el espíritu de ese “inicio”, que continúa el Santo Padre Benedicto XVI.