Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 9 de agosto de 2014

Santiago de Compostela – el grito de amor por Europa (2 de 2)



La experiencia vivida con el Santo Padre y con la juventud de todo el mundo en el mes de agosto de 1989    ha dejado una huella imborrable en la ciudad y en la archidiócesis de Santiago. Aquello fue, como había definido el entonces arzobispo Mons. Rouco, “el Pentecostés de Compostela”. Más de medio millón de jóvenes! Puede decirse que se encontró con la juventud más pura y alegre del mundo, con la nota sorprendente de todas las fuerzas del orden en ocio completo: nadie podía imaginarse la carencia absoluta de todo incidente.

La impresión de tan desbordada concurrencia de jóvenes, arrancó de labios de Mons. Rouco la frase más feliz: “Palidecen las mejores páginas del Calixtino”. Se refería al famoso códice del siglo XII, atribuido al Papa Calixto II, en el que se describen las grandes concentraciones de peregrinos en la basílica Compostelana en los siglos XI y XII.

El escenario elegido fue el Monte del Gozo, lugar donde los antiguos peregrinos saltaban de júbilo al divisar las torres de la Catedral. En esta ocasión el monte recobró definitivamente su sentido, tras laboriosos trabajos de acomodación: expropiaciones, rampas, edificios pensados para la acogida de los peregrinos….

La jornada se vio precedida de una semana intensa de preparaciones, repartidos los jóvenes por distintos centros: coloquios, lecciones, celebraciones litúrgicas. El lema señalado por el Papa: “Yo soy el Camino, la verdad y la vida” fue expuesto y meditado con gran provecho espiritual.

Sabido es que el Papa Juan Pablo II era un poderoso imán para atraer multitudes y especialmente de jóvenes. El Papa mantenía entonces el mismo vigor y agilidad juvenil que había mostrado en su primera venida a Santiago siete años antes. A esta fuerza de atracción del papa correspondió la preparación esmeradísima de todos los detalles. A D. Salvador Domato, hoy canónigo de la Catedral y Protonotario Apostólico, corresponde el mérito principal de la inmensa tarea preparatoria.

Refiriéndonos directamente a la presencia del Papa recordamos vivamente su llegada como peregrino, desde el convento de San Francisco a pie hasta la fachada del Obradoiro, bordón en mano y con la parda esclavina de los peregrinos.  “Vengo comoun peregrino más, dijo ya al comienzo de su primer discurso, dispuesto aanunciar a Cristo, camino, verdad y vida”. 

Antes de reunirse en el Monte del Gozo con los jóvenes tuvo el gesto humanísimo de un primer encuentro con los enfermos incapacitados  para caminar. Fue quizás el más bello discurso: “El Calvario es la colina de la verdadera alegría…”. Vosotros, imágenes vivas de Cristo doliente”.

La Vigilia con los jóvenes en el Monte del Gozo,  tuvo un desarrollo literario y musical bellísimo. El largo discurso del Papa fue, naturalmente, lo principal, centrado en los tres puntos del lema: Camino, Verdad, Vida. La inmensa mayoría de los jóvenes permaneció  luego en el monte a la espera de la celebración eucarística con el Papa. Llegó cuando salían los primeros rayos del sol, e improvisó, de cara a los jóvenes, una bellísima salutación, haciendo que dirigiesen los ojos hacia el astro rey para referirse a Jesucristo, sol de gloria.

La Eucaristía fue el punto finalAmanecer de medio millón de corazones de oro, orientados hacia el altar. Aquello fue una invasión plena de la presencia del Señor. “Aquí, lo que sucedió – habría de repetir después reiteradamente el Arzobispo Rouco – fue un encuentro de los jóvenes con Jesucristo”. El Pontífice en supeditación fiel al gran Misterio, guiaba las mentes y los corazones a Jesucristo. Los jóvenes peregrinos, como en un nuevo Emaús, sentían en la fe la presencia de Jesús al partir el pan.
Cuando, terminada la misa, se dispersaban alegres y ordenados, llevaban grabadas en los corazones las palabras del Papa en su homilía:  “Resplandezca ante vosotros el rostro de Dios, que se refleja en el rostro humano de Cristo, Redentor del hombre. Que vuestros coetáneos, al contemplar vuestra peregrinación puedan exclamar con el profeta: queremos ir con vosotros, pues hemos visto que Dios está con vosotros”.

Jose Maria Diaz
Totus Tuus, Boletín mensual de la Postulación de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II, Nr. 3 marzo 2007, año II


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