Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 27 de abril de 2019

A cinco años de la canonización de Juan Pablo II



Han pasado ya cinco años de aquel día de fiesta. Fiesta de polacos porque sería canonizado su santo pastor, y fiesta de los argentinos porque la ceremonia era presidida por un Papa argentino. Profunda emoción para todos.
Recuerdos imborrables de aquel día y previamente del día de la beatificación. Y experiencia que nunca olvidare en mi colaboración en la revista de la Postulación.
Nada podría agregar en palabras a aquellos días de la canonización,  ni tampoco a los de la beatificaciónque no haya escrito en mis diarios publicados completos en este blog.
La única palabra que no me canso de repetir y que repito a diario es GRACIAS, gracias por tanto! Gracias por todo!
Juan Pablo II intercede por nuestra patria, por la paz, por la unidad, por la concordia entre todos. Intercede también por la paz en todo el mundo! Tu que supiste ser pacificador en tiempos difíciles y has pregonado la Misericordia Divina desde joven;  los tiempos han cambiado pero la paz sigue tambaleando en tantos lados. Intercede por nosotros todos y el mundo entero ante Jesus Misericordioso. Tú que ante cualquier dificultad no dudaste de tu lema Totus Tuus intercede ante nuestra Madre Maria por nosotros y el mundo entero.

viernes, 26 de abril de 2019

Camilo Ruini: Breve biografia de Karol Wojtyla (1 de 4)



(presentada en la Sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II, en la Basílica de San Juan de Letrán el 28 de junio de 2005)

Los primeros veinte años: un talento extraordinario que va madurando a través de experiencias durísimas. 
Karol Józef Wojtyła nace en Wadowice el 18 de mayo de 1920, hijo de Karol y de Emilia Kaczorowska, padres profundamente católicos, y es bautizado el 20 de junio del mismo año en la iglesia parroquial de Wadowice.
Hacía poco que Polonia había recobrado su unidad e independencia y tan solo dos meses después, el 16 y 17 de agosto, supo defenderla victoriosamente para si y para Europa, rechazando la invasión de la Armada roja en la batalla llamada “milagro del Vistola”  (Wisła). Menciono este hecho porque le permite al niño y adolescente Karol crecer y formarse en un contexto social y cultural serenamente inclinado al catolicismo, y porque personalmente he escuchado a Juan Pablo II recordar en múltiples ocasiones, conmovido y con  inmensa gratitud,  el “milagro del Vistola”.  
En septiembre de 1926 Karol, llamado familiarmente Lolek, comienza a frecuentar la escuela elemental. Más tarde,  s sus nueve años, el 13 de abril de 1929, pierde la madre, fallecida por una enfermedad a tan solo 45 años de edad. Un mes más tarde recibe la primera comunión. En 1930 pasa a la escuela media, en el colegio secundario estatal de Wadowice y elige la rama neoclásica. El 5 de diciembre de 1932 Karol sufre otra perdida, con la muerte de su hermano mayor Edmund, joven médico que fallece curando enfermos durante una epidemia de escarlatina. Queda solo con el padre y a partir de allí guiado por una vida en la cual la oración ocupa un lugar preponderante mientras va creciendo en el estudio, pero también en el juego, la alegría y el deporte.  Otra persona que contribuirá en la formación cristiana de Karol fue el padre Kazimierz Figlewicz, un joven sacerdote que a partir de 1930 enseñaba catecismo en la escuela de Wadowice y en la parroquia reunia a los monaguillos, entre ellos a Karol.   El pequeño Karol se confesaba con el.  Karol lo admiraba y llegaron a entablar una estrecha relación.  El sacerdote lo consideraba un joven muy vivaz, de gran talento, muy lúcido y buenísimo.
Karol es formado con particular amor a la Virgen Maria y una profunda devoción al Espiritu Santo, características que quedaran grabadas profundamente en su alma y a las cuales permanece fiel durante toda su vida.  Su vida religiosa es fortalecida con una asidua oración personal, la frecuencia a los sacramentos, diferentes practicas de piedad y en particular los peregrinaciones a los santuarios marianos, pero también  con su participación en las asociaciones católicas: en la vigilia de la Asunción del 1934 entra a formar parte del Sodalicio Mariano de su parroquia y dos años más tarde es nombrado presidente.
Por otra parte ya a partir de 1934 Karol comienza a participar de las representaciones dramáticas, y dos años más tarde comienza una intensa colaboración con el Director teatral de vanguardia Mieczysław Kotlarczyk,  un enamorado del teatro y profundamente creyente.
EL 3 de mayo de 1938 Karol recibe el sacramento de la confirmación, y el 27 del mismo mes se recibe en el liceo: para la ceremonia de entrega de diplomas es invitado a pronunciar el discurso de despedida.  En agosto del mismo año se muda con el padre a Cracovia, para inscribirse en la facultad de filosofía de la Universita Jaguellonica, y seguir los cursos de filología polaca. Como escribe el mismo en su libro Don y Misterio, esta etapa de su vida introduce al futuro Juan Pablo II en el “misterio mismo de la palabra”.
El estallido de la II Guerra Mundial, iniciada con la invasión a Polonia, el 1 de septiembre de 1939, cambia sin embargo radicalmente el curso de la vida de Karol. En la primavera de aquel año ya había terminado de escribir el volumen de poesía, entonces inéditas, Salmo rinascimental/Libro eslavo, del cual forma parte el himno Magnificat, en el cual decia: 
Apuro hasta los bordes cáliz de rojo vino
En la mesa celeste – tu servidor orante –
Gracias te rinde, Padre, mi juventud bendita,
Tus manos la formaron del corazón de un tilo.
Tu el mas prodigioso escultor de santos.
Son palabras profundamente emotivas y nos hablan mucho de su vida, de su profundidad espiritual,  la comprensión de si mismo y el genio poético del joven Wojtyla, pero también proféticamente, como la Providencia, fue esculpiendo su figura y su persona a través de los dramas e imprevistos de la historia.
La Universidad Jaguellonica fue obligada a interrumpir los cursos en septiembre de 1940. Para evitar su deportación a Alemania el joven Karol comenzó a trabajar como operario en una cantera de piedra asociada con el establecimiento químico Solvay; establecimiento que lo emplearía directamente un año más tarde.  En La cantera de piedra, poema escrito en 1956,  describe esta experiencia que influyo profundamente en el y en el conocimiento de la realidad y las dificultades de la vida y la solidaridad entre los hombres. Allí escribe “toda la grandeza del trabajo bien hecho es grandeza del hombre”.
El 18 de febrero de 1941 muere el padre, que había estado enfermo hacia tiempo..  Karol pierde asi la ultima, y fuertísima relación y afecto familiar.  Mas tarde recordara:  “Nunca me había sentido tan solo como en aquella noche en vela y oración” no obstante la presencia de un amigo.
La vida en la Polonia ocupada era terriblemente dura, la Iglesia era sistemáticamente perseguida y muchísimos sacerdotes fueron asesinados o llevados prisioneros. Sin embargo, aun en tal situación, el joven Wojtyla no solo continúa escribiendo sino que compone dramas que se leerían en el “teatro rapsódico” clandestino, fortaleciendo así la resistencia moral a la opresión nazi y la identidad espiritual y cultural polaca. Pero la experiencia religiosa la profundiza en contacto con Jan Tyranowski, un santo de fina espiritualidad y un autentico formador de jóvenes, quien lo introduce en la lectura de los grandes místicos carmelitas san Juan de la Cruz y santa Teresa de Avila, y el encuentro con el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen de san Luis Maria Grignion de Montfort, que lo lleva a comprender más profundamente el vinculo entre Maria y Cristo.  De allí su moto de confianza mariano Totus Tuus, autentico emblema de toda su vida,  no solo de su episcopado. Los peregrinos al santuario mariano de Kalwaria contribuyeron a delinear este itinerario de oración y de contemplación, que habrían orientado los pasos del joven Karol hacia el sacerdocio.
(traducido de: Camillo Ruini  Alla sequela di Cristo Giovanni Paolo II il Servo dei Servi di Dio, Cantagalli, Siena, feb 2007)

miércoles, 24 de abril de 2019

Benedicto XVI 24 de octubre 2005 ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo


En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el Papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la Plaza de San Pedro. Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!” El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe. Sí, él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa. Además, el Papa hablaba a todos los hombres, sobre todo a los jóvenes. ¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él–, miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? Y todavía el Papa quería decir: ¡no! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. 

(de la Homilia de Benedicto XVI el 24 de abril de 2005 -  Solemne inicio del Ministerio Petrino )

martes, 23 de abril de 2019

Juan Pablo II y los jóvenes – su experiencia en San Florian



Karol Wojtyla fue destinado a la parroquia de San Florián de Cracovia El 17 de marzo de 1949 . San Florian es una parroquia situada en la parte vieja de la ciudad de Cracovia, a solo 5 minutos del centro mismo de la ciudad, solo un poco más alla del histórico portón Florianska. 


En 1949 la parroquia de San Florian era una de las más activas de la ciudad con un fuerte impulso intelectual. Wojtyla llego a San Florian en un momento en que  las presiones del gobierno comunista iban en aumento y se habia fundado el movimiento “Pax” mediante el cual las autoridades intentaban crear, dentro de la Iglesia católica, un bloque de opiniones pseudos católicas que respondieran al régimen. (Una estrategia seguida entonces en todos los paises bajo el regimen comunista). Ante las fuertes presiones del régimen por promover un ateismo militante y tratando de imponerlo dentro y fuera de la universidad, Karol Wojtyla inició su propia campaña, introduciendo toda una serie de innovaciones en diversos terrenos: intelectual, litúrgico, cultural y pastoral en la parroquia.

Juan Pablo II dice en su libro Don y Misterio “En efecto, después de un año fui destinado a la parroquia de San Florián de Cracovia. El párroco, Mons. Tadeusz Kurowski, me encargó la catequesis en los cursos superiores del instituto y la acción pastoral entre los estudiantes universitarios. La pastoral universitaria de Cracovia tenía entonces su centro en la iglesia de Santa Ana, pero con el desarrollo de nuevas facultades se sintió la necesidad de crear una nueva sede precisamente en la parroquia de San Florián. Comencé allí las conferencias para la juventud universitaria; las tenía todos los jueves y trataban de los problemas fundamentales sobre la existencia de Dios y la espiritualidad del alma humana, temas de particular impacto en el contexto del ateísmo militante, propio del régimen comunista. Durante las vacaciones de 1951, después de dos años de trabajo en la parroquia de San Florián, el Arzobispo Eugeniusz Baziak, que había sucedido en el gobierno de la Archidiócesis de Cracovia al Cardenal Sapieha, me orientó hacia la labor científica. Debí prepararme para la habilitación a la enseñanza pública de la ética y de la teología moral. Esto supuso una reducción del trabajo pastoral, tan querido por mí. Me costó, pero desde entonces me preocupé de que la dedicación al estudio científico de la teología y de la filosofía no me indujera a "olvidarme'' de ser sacerdote; más bien debía ayudarme a serlo cada vez más.

El Cardenal Camillo Ruini comenta en “Alla Sequela di Cristo(Cantagalli, Siena, Feb 2007) refiriéndose al trabajo de Wojtyla entre la juventud en San Florián que “no obstante los obstáculos interpuestos por las autoridades del régimen comunista, da prueba de una extraordinaria capacidad educativa y creatividad pastoral y cultural: sabe interpretar las inquietudes del corazón de los jóvenes y entrar en profunda sintonía con ellos, iniciándolos al mismo tiempo en la verdad, la belleza y el compromiso de la persona, de la cruz y de la resurrección del Señor Jesús. Comienza así, ya entonces, a ejercitar esa maravillosa fascinación que nos hará conocer de Pontífice a través de Jornadas Mundiales de la Juventud.

Gianfranco Svidercoschi en su libro Historia de Karol (Ediciones Universitarias Madrid, 2003) nos cuenta que cuando a Karol Wojtyla le llegó la orden que debía dejar la parroquia de San Florian el intentó resistirse. No quería abandonar la parroquia de San Florian, ni a los grupos que dirigía desde hacia tiempo, los jóvenes, los universitarios, las parejas. Pero finalmente, tras conseguir que le dejaran seguir con aquellos contactos pastorales, aceptó, aunque muy a su pesar.


Es que le costaba dejar a los jóvenes, en realidad nunca los abandonó y fue una amistad que duró toda la vida, y desde aquellas inolvidables vivencias en su querida Cracovia se extendió a los jóvenes de todo el mundo años más tarde desde su Sede en Roma. En Cruzando el umbral de la Esperanza (Plaza & Janés, 1994) Juan Pablo II habla de aquella primera experiencia en Cracovia “lo principal de la experiencia de aquel período, cuando mi tarea pastoral se centraba sobre todo en ellos, fue el descubrimiento de la esencial importancia de la juventud. Que es la juventud? No es solamente un periodo de la vida correspondiente a un determinado número de años, sino que es, a la vez, un tiempo dado por la Providencia a cada hombre, tiempo que se le ha dado como tarea, durante el cual busca, como el joven del Evangelio, la respuesta a los interrogantes fundamentales: no solo el sentido de la vida, sino también un plan concreto para comenzar a construir su vida….”

sábado, 20 de abril de 2019

"La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular" (Sal 117,22).


(imagen de Wikipedia)

"La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular" (Sal 117,22). A la luz de la Resurrección de Cristo, ¡cómo sobresale en plenitud esta verdad que canta el Salmista! Condenado a una muerte ignominiosa, el Hijo del hombre, crucificado y resucitado, se ha convertido en la piedra angular para la vida de la Iglesia y de cada cristiano.

"Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" (Sal 117,23). Esto sucedió en esta noche santa. Lo pudieron constatar las mujeres que "el primer día de la semana... cuando aún estaba oscuro" (Jn 20,1), fueron al sepulcro para ungir el cuerpo del Señor y encontraron la tumba vacía. oyeron la voz del ángel: "No temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado" (cf. Mt 28,1-5).

Así se cumplieron las palabras proféticas del Salmista: "La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular". Ésta es nuestra fe. Ésta es la fe de la Iglesia y nosotros nos gloriamos de profesarla en el umbral del tercer milenio, porque la Pascua de Cristo es la esperanza del mundo, ayer, hoy y siempre.

FELICES PASCUAS DE RESURRECCION!!
Cristo resucitado aumenta nuestra fe!

Este es el día en que actuó el Señor


La palabra "muerte" se pronuncia con un nudo en la garganta. Aunque la humanidad, durante tantas generaciones, se haya acostumbrado de algún modo a la realidad inevitable de la muerte, sin embargo resulta siempre desconcertante. La muerte de Cristo había penetrado profundamente en los corazones de sus más allegados, en la conciencia de toda Jerusalén. El silencio que surgió después de ella llenó la tarde del viernes y todo el día siguiente del sábado. En este día, según las prescripciones de los judíos, nadie se había trasladado al lugar de la sepultura. Las tres mujeres, de las que habla el Evangelio de hoy, recuerdan muy bien la pesada piedra con que habían cerrado la entrada del sepulcro. Esta piedra, en la que pensaban y de la que hablarían al día siguiente yendo al sepulcro, simboliza también el peso que había aplastado sus corazones. La piedra que había separado al Muerto de los vivos, la piedra límite de la vida, el peso de la muerte. Las mujeres, que al amanecer del día después del sábado van al sepulcro, no hablarán de la muerte, sino de la piedra. Al llegar al sitio, comprobarán que la piedra no cierra ya la entrada del sepulcro. Ha sido derribada. No encontrarán a Jesús en el sepulcro. ¡Lo han buscado en vano! "No está aquí; ha resucitado, según lo había dicho" (Mt 28, 6). Deben volver a la ciudad y anunciar a los discípulos que El ha resucitado y que lo verán en Galilea. Las mujeres no son capaces de pronunciar una palabra. La noticia de la muerte se pronuncia en voz baja. Las palabras de la resurrección eran para ellas, desde luego, difíciles de comprender. Difíciles de repetir, tanto ha influido la realidad de la muerte en el pensamiento y en el corazón del hombre.

Desde aquella noche y más aún desde la mañana siguiente, los discípulos de Cristo han aprendido a pronunciar la palabra "resurrección". Y ha venido a ser la palabra más importante en su lenguaje, la palabra central, la palabra fundamental. Todo toma nuevamente origen de ella. Todo se confirma y se construye de nuevo: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Este es el día en que actuó el Señor. ¡Sea nuestra alegría y nuestro gozo!" (Sal 117/118, 22-24).




viernes, 19 de abril de 2019

Mirad el árbol de la cruz



Palabras de Juan Pablo II al final del Via Crucis del Viernes Santo año 2003

Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit... Venite adoremus: «Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo... Venid a adorarlo».
Hemos escuchado estas palabras en la liturgia de hoy: «Mirad el árbol de la cruz...». Son las palabras clave del Viernes santo.
Ayer, en el primer día del Triduo sacro, el Jueves santo, escuchamos: Hoc est corpus meum, quod pro vobis tradetur: «Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros».
Hoy vemos cómo se han realizado esas palabras de ayer, Jueves santo: he aquí el Gólgota, he aquí el cuerpo de Cristo en la cruz. Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit.
¡Misterio de la fe! El hombre no podía imaginar este misterio, esta realidad. Sólo Dios la podía revelar. El hombre no tiene la posibilidad de dar la vida después de la muerte. La muerte de la muerte. En el orden humano, la muerte es la última palabra. La palabra que viene después, la palabra de la Resurrección, es una palabra exclusiva de Dios y por eso celebramos con gran fervor este Triduo sacro.
Hoy oramos a Cristo bajado de la cruz y sepultado. Se ha sellado su sepulcro. Y mañana, en todo el mundo, en todo el cosmos, en todos nosotros, reinará un profundo silencio. Silencio de espera. Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit. Este árbol de la muerte, el árbol en el que murió el Hijo de Dios, abre el camino al día siguiente: jueves, viernes, sábado, domingo. El domingo será Pascua. Y escucharemos las palabras de la liturgia. Hoy hemos escuchado: «Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit». Salus mundi!, ¡la salvación del mundo! ¡En la cruz! Y pasado mañana cantaremos: «Surrexit de sepulcro... qui pro nobis pependit in ligno». He aquí la profundidad, la sencillez divina, de este Triduo pascual.
Ojalá que todos vivamos este Triduo lo más profundamente posible. Como cada año, nos encontramos aquí, en el Coliseo. Es un símbolo. Este Coliseo es un símbolo. Nos habla sobre todo de los tiempos pasados, de aquel gran imperio romano, que se desplomó. Nos habla de los mártires cristianos que aquí dieron testimonio con su vida y con su muerte. Es difícil encontrar otro lugar donde el misterio de la cruz hable de un modo más elocuente que aquí, ante este Coliseo. «Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit». Salus mundi!
A todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, os deseo que viváis este Triduo sacro -Jueves, Viernes, Sábado santo, Vigilia pascual, y luego la Pascua- cada vez con más profundidad, y también que lo testimoniéis.
¡Alabado sea Jesucristo!

(Las meditaciones del Via Crucis, compuesto por Juan Pablo II con ocasión de los ejercicios espirituales que siendo cardenal arzobispo de Cracovia dirigió al Papa  Pablo VI y a la Curia Romana en el año 1976 – completas en el sitio oficial DirectorioFranciscano)

jueves, 18 de abril de 2019

Jueves Santo - La triada de los tres santos oleos Benedicto XVI



En el centro de la liturgia de esta mañana está la bendición de los santos óleos, el óleo para la unción de los catecúmenos, el de la unción de los enfermos y el crisma para los grandes sacramentos que confieren el Espíritu Santo: Confirmación, Ordenación sacerdotal y Ordenación episcopal. En los sacramentos, el Señor nos toca por medio de los elementos de la creación. La unidad entre creación y redención se hace visible. Los sacramentos son expresión de la corporeidad de nuestra fe, que abraza cuerpo y alma, al hombre entero. El pan y el vino son frutos de la tierra y del trabajo del hombre. El Señor los ha elegido como portadores de su presencia. El aceite es símbolo del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, nos recuerda a Cristo: la palabra “Cristo” (Mesías) significa “el Ungido”. La humanidad de Jesús está insertada, mediante la unidad del Hijo con el Padre, en la comunión con el Espíritu Santo y, así, es “ungida” de una manera única, y penetrada por el Espíritu Santo. Lo que había sucedido en los reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento de modo simbólico en la unción con aceite, con la que se les establecía en su ministerio, sucede en Jesús en toda su realidad: su humanidad es penetrada por la fuerza del Espíritu Santo. Cuanto más nos unimos a Cristo, más somos colmados por su Espíritu, por el Espíritu Santo. Nos llamamos “cristianos”, “ungidos”, personas que pertenecen a Cristo y por eso participan en su unción, son tocadas por su Espíritu. No quiero sólo llamarme cristiano, sino que quiero serlo, decía san Ignacio de Antioquía. Dejemos que precisamente estos santos óleos, que ahora son consagrados, nos recuerden esta tarea inherente a la palabra “cristiano”, y pidamos al Señor para que no sólo nos llamemos cristianos, sino que lo seamos verdaderamente cada vez más.
En la liturgia de este día se bendicen, como hemos dicho, tres óleos. En esta triada se expresan tres dimensiones esenciales de la existencia cristiana, sobre las que ahora queremos reflexionar.
Tenemos en primer lugar el óleo de los catecúmenos. Este óleo muestra como un primer modo de ser tocados por Cristo y por su Espíritu, un toque interior con el cual el Señor atrae a las personas junto a Él. Mediante esta unción, que se recibe antes incluso del Bautismo, nuestra mirada se dirige por tanto a las personas que se ponen en camino hacia Cristo – a las personas que están buscando la fe, buscando a Dios. El óleo de los catecúmenos nos dice: no sólo los hombres buscan a Dios. Dios mismo se ha puesto a buscarnos. El que Él mismo se haya hecho hombre y haya bajado a los abismos de la existencia humana, hasta la noche de la muerte, nos muestra lo mucho que Dios ama al hombre, su criatura. Impulsado por su amor, Dios se ha encaminado hacia nosotros. “Buscándome te sentaste cansado… que tanto esfuerzo no sea en vano”, rezamos en el Dies irae. Dios está buscándome. ¿Quiero reconocerlo? ¿Quiero que me conozca, que me encuentre? Dios ama a los hombres. Sale al encuentro de la inquietud de nuestro corazón, de la inquietud de nuestro preguntar y buscar, con la inquietud de su mismo corazón, que lo induce a cumplir por nosotros el gesto extremo. No se debe apagar en nosotros la inquietud en relación con Dios, el estar en camino hacia Él, para conocerlo mejor, para amarlo mejor. En este sentido, deberíamos permanecer siempre catecúmenos. “Buscad siempre su rostro”, dice un salmo (105,4). Sobre esto, Agustín comenta: Dios es tan grande que supera siempre infinitamente todo nuestro conocimiento y todo nuestro ser. El conocer a Dios no se acaba nunca. Por toda la eternidad podemos, con una alegría creciente, continuar a buscarlo, para conocerlo cada vez más y amarlo cada vez más. “Nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”, dice Agustín al inicio de sus Confesiones. Sí, el hombre está inquieto, porque todo lo que es temporal es demasiado poco. Pero ¿es auténtica nuestra inquietud por Él? ¿No nos hemos resignado, tal vez, a su ausencia y tratamos de ser autosuficientes? No permitamos semejante reduccionismo de nuestro ser humanos. Permanezcamos continuamente en camino hacia Él, en su añoranza, en la acogida siempre nueva de conocimiento y de amor.
Después está el óleo de los enfermos. Tenemos ante nosotros la multitud de las personas que sufren: los hambrientos y los sedientos, las víctimas de la violencia en todos los continentes, los enfermos con todos sus dolores, sus esperanzas y desalientos, los perseguidos y los oprimidos, las personas con el corazón desgarrado. A propósito de los primeros discípulos enviados por Jesús, san Lucas nos dice: “Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos” (9, 2). El curar es un encargo primordial que Jesús ha confiado a la Iglesia, según el ejemplo que Él mismo nos ha dado, al ir por los caminos sanando a los enfermos. Cierto, la tarea principal de la Iglesia es el anuncio del Reino de Dios. Pero precisamente este mismo anuncio debe ser un proceso de curación: “…para curar los corazones desgarrados”, nos dice hoy la primera lectura del profeta Isaías (61,1). El anuncio del Reino de Dios, de la infinita bondad de Dios, debe suscitar ante todo esto: curar el corazón herido de los hombres. El hombre por su misma esencia es un ser en relación. Pero, si se trastorna la relación fundamental, la relación con Dios, también se trastorna todo lo demás. Si se deteriora nuestra relación con Dios, si la orientación fundamental de nuestro ser está equivocada, tampoco podemos curarnos de verdad ni en el cuerpo ni en el alma. Por eso, la primera y fundamental curación sucede en el encuentro con Cristo que nos reconcilia con Dios y sana nuestro corazón desgarrado. Pero además de esta tarea central, también forma parte de la misión esencial de la Iglesia la curación concreta de la enfermedad y del sufrimiento. El óleo para la Unción de los enfermos es expresión sacramental visible de esta misión. Desde los inicios maduró en la Iglesia la llamada a curar, maduró el amor cuidadoso a quien está afligido en el cuerpo y en el alma. Ésta es también una ocasión para agradecer al menos una vez a las hermanas y hermanos que llevan este amor curativo a los hombres por todo el mundo, sin mirar a su condición o confesión religiosa. Desde Isabel de Turingia, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, Camilo de Lellis hasta la Madre Teresa –por recordar sólo algunos nombres– atraviesa el mundo una estela luminosa de personas, que tiene origen en el amor de Jesús por los que sufren y los enfermos. Demos gracias ahora por esto al Señor. Demos gracias por esto a todos aquellos que, en virtud de la fe y del amor, se ponen al lado de los que sufren, dando así, en definitiva, un testimonio de la bondad de Dios. El óleo para la Unción de los enfermos es signo de este óleo de la bondad del corazón, que estas personas –junto con su competencia profesional– llevan a los que sufren. Sin hablar de Cristo, lo manifiestan.
En tercer lugar, tenemos finalmente el más noble de los óleos eclesiales, el crisma, una mezcla de aceite de oliva y de perfumes vegetales. Es el óleo de la unción sacerdotal y regia, unción que enlaza con las grandes tradiciones de las unciones del Antiguo Testamento. En la Iglesia, este óleo sirve sobre todo para la unción en la Confirmación y en las sagradas Órdenes. La liturgia de hoy vincula con este óleo las palabras de promesa del profeta Isaías: “Vosotros os llamaréis ‘sacerdotes del Señor’, dirán de vosotros: ‘Ministros de nuestro Dios’” (61, 6). El profeta retoma con esto la gran palabra de tarea y de promesa que Dios había dirigido a Israel en el Sinaí: “Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19, 6). En el mundo entero y para todo él, que en gran parte no conocía a Dios, Israel debía ser como un santuario de Dios para la totalidad, debía ejercitar una función sacerdotal para el mundo. Debía llevar el mundo hacia Dios, abrirlo a Él. San Pedro, en su gran catequesis bautismal, ha aplicado dicho privilegio y cometido de Israel a toda la comunidad de los bautizados, proclamando: “Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos. ahora sois objeto de compasión.” (1 P 2, 9-10). El Bautismo y la Confirmación constituyen el ingreso en el Pueblo de Dios, que abraza todo el mundo; la unción en el Bautismo y en la Confirmación es una unción que introduce en ese ministerio sacerdotal para la humanidad. Los cristianos son un pueblo sacerdotal para el mundo. Deberían hacer visible en el mundo al Dios vivo, testimoniarlo y llevarle a Él. Cuando hablamos de nuestra tarea común, como bautizados, no hay razón para alardear. Eso es más bien una cuestión que nos alegra y, al mismo tiempo, nos inquieta: ¿Somos verdaderamente el santuario de Dios en el mundo y para el mundo? ¿Abrimos a los hombres el acceso a Dios o, por el contrario, se lo escondemos? Nosotros –el Pueblo de Dios– ¿acaso no nos hemos convertido en un pueblo de incredulidad y de lejanía de Dios? ¿No es verdad que el Occidente, que los países centrales del cristianismo están cansados de su fe y, aburridos de su propia historia y cultura, ya no quieren conocer la fe en Jesucristo? Tenemos motivos para gritar en esta hora a Dios: “No permitas que nos convirtamos en no-pueblo. Haz que te reconozcamos de nuevo. Sí, nos has ungido con tu amor, has infundido tu Espíritu Santo sobre nosotros. Haz que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, para que demos testimonio de tu mensaje con alegría.


lunes, 15 de abril de 2019

“Perdónanos... como nosotros perdonamos”.



¡El perdón! Cristo nos ha enseñado a perdonar. Muchas veces y de varios modos Él ha hablado de perdón. Cuando Pedro le preguntó cuántas veces habría de perdonar a su prójimo, “¿hasta siete veces?”. Jesús contestó que debía perdonar “hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21 s.). En la práctica, esto quiere decir siempre: efectivamente, el número «setenta” por “siete” es simbólico, y significa, más que una cantidad determinada, una cantidad incalculable, infinita. Al responder a la pregunta sobre cómo es necesario orar, Cristo pronunció aquellas magníficas palabras dirigidas al Padre: “Padre nuestro que estás en los cielos”; y entre las peticiones que componen esta oración, la última habla del perdón: “Perdónanos nuestras deudas, como nosotros las perdonamos” a quienes son culpables con relación a nosotros (“a nuestros deudores”). Finalmente, Cristo mismo confirmó la verdad de estas palabras en la cruz, cuando, dirigiéndose al Padre, suplicó: “¡Perdónalos!”, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 32, 34).

“Perdón” es una palabra pronunciada por los labios de un hombre, al que se le habla hecho mal. Más aún, es la palabra del corazón humano. En esta palabra del corazón cada uno de nosotros se esfuerza por superar la frontera de la enemistad, que puede separarlo del otro, trata de reconstruir el interior espacio de entendimiento, de contacto, de unión. Cristo nos ha enseñado con la palabra del Evangelio y, sobre todo, con el propio ejemplo, que este espacio se abre no sólo ante el otro hombre sino, a la vez, ante Dios mismo. El Padre, que es Dios de perdón y de misericordia, desea actuar precisamente en este espacio del perdón humano, desea perdonar a aquellos que son capaces de perdonar recíprocamente, a los que tratan de poner en práctica estas palabras: “Perdónanos... como nosotros perdonamos”.

El perdón es una gracia, en la que se debe pensar con humildad y gratitud profundas. Es un misterio del corazón humano, sobre el cual es difícil explayarse. Sin embargo, quisiera detenerme sobre cuanto he dicho.


Perfiles de Cireneo


En su artículo Roca al rojo vivo publicado por el número 9 Septiembre 2007 de “Totus tuus” el critico literario jesuita padre Antonio Spadaro escribe sobre la poesía de Karol Wojtyla. Dice con respecto a Perfiles del Cireneo (escrito en 1957 y publicado en 1958 (el 23 de marzo?) bajo el seudónimo Andrzej Jawien por Tygodnik Powszechny, semanario católico polaco, impreso en Cracovia)

“Leyendo su producción desde 1946 al Tríptico Romano, podríamos escoger algunas posturas vitales y constantes. La primera apunta a la mirada del poeta. Un segundo tema se refiere a la obra del hombre en la historia y en la vida considerada en toda su complejidad. Un tercer tema fundamental nos habla de la relación con Cristo”.


“La obra está centrada en la figura de Simón el Cireneo visto como una poderosa imagen del hombre contemporáneo. En realidad el describe 14 perfiles de “cireneos” contemporáneos: el melancólico, el esquizoide, los ciegos, el actor, la muchacha decepcionada en su amor, los niños, dos operarios, un intelectual, un emotivo, un volitivo..... Wojtyla crea una fenomenología poética del hombre contemporáneo en pequeños pero densísimos cuadros. Cada perfil es el de un cireneo que carga a sus espaldas su propio yugo y escribe, su perfil se dibuja siempre al lado del otro Hombre”



PERFILES DE CIRENEO
Antes de discernir perfiles diferentes

….El que mejor conozco es el perfil del Cireneo,

En todos sus aspectos posibles.
Su perfil se dibuja siempre al lado del otro Hombre
Se desprende de sus hombros
Y se quiebra precisamente ahí
Donde el otro Hombre es más El mismo…

La vida me habla sin cesar
De ese perfil y de ese otro Hombre….

Toma el pensamiento que completa al hombre
O permite que el hombre comience de nuevo.
O también : déjate ayudar para que tú lo guíes…..

SIMON DE CIRENE
Cara a cara frente al Hombre. La calle. ¿Todos esos
Rostros!....
Mi camino es angosto. Dejadme seguir en paz.
Que nadie beba en mis aguas!....

Pero tu eres vasto, accesible a todos:
Tu contienes a todos los hombres….

(de Karol Wojtyla: POESIAS, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1993.
Invito visitar: pagina del padre Antonio Spadaro



sábado, 13 de abril de 2019

Domingo de Ramos de 1987 Clausura de la JMJ en Buenos Aires



En la homilía del Domingo de Ramos de 1987, día de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires, homilíaque sin dudas debe leerse completa, el Papa Juan Pablo II nos decía:
“Dejaos abrazar por el misterio del Hijo del hombre, por el misterio de Cristo muerto y resucitado. ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual
Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta.
El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo.
Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida.
Sólo acogiendo el misterio pascual en vuestras vidas podréis “responder a cualquiera que os pida razón de la esperanza que está en vosotros” (1P 3, 15). Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y nobles anhelos de vuestro corazón.
¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!
¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68)
Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna
Acoged sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.

jueves, 11 de abril de 2019

Juan Pablo II y la oración (4 de 4) – La Liturgia de las Horas (3) Salmos y cánticos



La “energía del Espiritu Santo”
En la Audiencia General del miércoles 4 de abril de 2001, antes de comentar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, el Siervo de Dios Juan Pablo II continuaba con la reflexión introductoria iniciada en la catequesis anterior invitándonos a redescubrir también nosotros como “la Iglesia fue definiendo progresivamente este compromiso específico suyo de oración realizada de acuerdo con las diversas fases del día” invitándonos para ello “remontarnos a los primeros tiempos de la comunidad apostólica”
“Al cantar los salmos – expresa Juan Pablo II - el cristiano experimenta una especie de sintonía entre el Espíritu presente en las Escrituras y el Espíritu que habita en él por la gracia bautismal.
 Más que orar con sus propias palabras, se hace eco de los "gemidos inenarrables" de los que habla san Pablo (cf. Rm 8, 26), con los cuales el Espíritu del Señor impulsa a los creyentes a unirse a la invocación característica de Jesús: "¡Abbá, Padre!" (Rm 8, 15; Ga 4, 6)”. “Tan seguros estaban los antiguos monjes de esta verdad – continuaba Juan Pablo II - que ni se preocupaban de cantar los salmos en su lengua materna, les bastaba la convicción de que eran, de algún modo, "órganos" del Espíritu Santo. Estaban convencidos de que por su fe los versículos de los salmos les proporcionaban una "energía" particular del Espíritu Santo.
Invito visitar el Directorio Franciscano con enlaces a todas las catequesis de la serie de  Salmos y cánticos de Juan Pablo II, con comentarios adicionales.

miércoles, 10 de abril de 2019

Juan Pablo II y la oración (3 de 4) – La liturgia de las Horas (2) oración de la Iglesia




“orar sin cesar”
Antes de comenzar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, en la Catequesis del 4 de abril de 2001 el Santo Padre Juan Pablo II completaba la reflexión introductoria iniciada en la  catequesis anterior  resaltando la importancia y presencia del Espíritu Santo. Además de la presencia del Espíritu Santo – expresa el Santo Padre - “otra dimensión importante es la de la acción sacerdotal que Cristo realiza en esta oración, asociando a sí a la Iglesia su esposa” y destaca que los discípulos de Jesús descubrieron algunos salmos particularmente adecuados para determinados momentos del día, de la semana o del año, viendo en ellos un sentido profundo en relación con el misterio cristiano. A este respecto cita luego palabras de san Cipriano "Es necesario orar al inicio del día para celebrar con la oración de la mañana la resurrección del Señor. Eso corresponde a lo que una vez el Espíritu Santo indicó en los Salmos con estas palabras: "Rey mío y Dios mío. A ti te suplico, Señor, por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando" (Sal 5, 3-4). (...) Luego, cuando se pone el sol y declina el día, es preciso hacer nuevamente oración. En efecto, dado que Cristo es el verdadero sol y el verdadero día, en el momento en que declinan el sol y el día del mundo, pidiendo en la oración que vuelva a brillar sobre nosotros la luz, invocamos que Cristo nos traiga de nuevo la gracia de la luz eterna" (De oratione dominica, 35: PL 39, 655).
Y continúa enfatizando y explicando la importancia y el sentido de la oración en cualquier momento del dia: “La oración cristiana nace, se alimenta y se desarrolla en torno al evento por excelencia de la fe: el misterio pascual de Cristo. De esta forma, por la mañana y por la tarde, al salir y al ponerse el sol, se recordaba la Pascua, el paso del Señor de la muerte a la vida. El símbolo de Cristo "luz del mundo" es la lámpara encendida durante la oración de Vísperas, que por eso se llama también lucernario. Las horas del día remiten, a su vez al relato de la pasión del Señor, y la hora Tertia también a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Por último, la oración de la noche tiene carácter escatológico, pues evoca la vigilancia recomendada por Jesús en la espera de su vuelta (cf. Mc 13, 35-37). Al hacer su oración con esta cadencia, los cristianos respondieron al mandato del Señor de "orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración.
A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesarqioen une oración a las obras y obras a la oración” (Sobre la oración XII,2: PG 11, 452 c).”



martes, 9 de abril de 2019

JUAN PABLO II y la oración (2 de 4) La Liturgia de las Horas – Salmos y Canticos


"orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración. A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesar quien une oración a las obras y obras a la oración”  (Sobre la oración XII, 2:PG 11, 452) Catequesis 4 de abril 2001)  
Al "arte de la oración" el Siervo de Dios Juan Pablo II lo consideraba un “compromiso”, llamando a prestarle mayor atención pastoral a la promoción de la Liturgia de las Horas, como “oración de todo el pueblo de Dios (cf. ib., 34)”.
Con la audiencia del 28 de marzo de 2001 comenzaba una serie de catequesis que se extendería durante todo un año (con algunas interrupciones) sobre los salmos y los cánticos propuestos en la oración matutina de las Laudes, deseando “estimular y ayudar a todos a orar con las mismas palabras utilizadas por Jesús y presentes desde hace milenios en la oración de Israel y en el de la Iglesia.”
En la audiencia Juan Pablo II explicaba que “podríamos introducirnos en la comprensión de los salmos por diversos caminos sugestivos y de niveles altísimos. Sin embargo, el objetivo era “destacar el significado religioso de los salmos, mostrando cómo, aun habiendo sido escritos hace muchos siglos por creyentes judíos, pueden ser usados en la oración de los discípulos de Cristo. Para ello nos serviremos de los resultados de la exégesis, pero a la vez veremos lo que nos enseña la Tradición, y sobre todo escucharemos lo que nos dicen los Padres de la Iglesia” quienes “con profunda penetración espiritual, supieron discernir y señalar que Cristo mismo, en la plenitud de su misterio, es la gran "clave" de lectura de los salmos. Estaban plenamente convencidos de que en los salmos se habla de Cristo.

Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los salmos, cuando dijo a los discípulos: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí" (Lc 24, 44). Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso que es Cristo mismo quien habla. Al decir esto, no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros. Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos….. tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios”.
fotos tomadas de la pagina del Directorio Franciscano con una preciosa y cuidadosa recopilacion de textos de los salmos enlazados con las catequesis de Juan Pablo II, que invito visitar.


sábado, 6 de abril de 2019

JUAN PABLO II y la oración (1 de 4)



Hablar de la vida de oración de Karol Wojtyla / Juan Pablo II requeriría analizar toda su vida desde su natal Wadowice hasta su despedida en Roma. Ese amor por la oración lo traía de la casa paterna y lo había aprendido de su padre, cuya vida después de la muerte prematura de su esposa, se transforma.... aún más en una vida de constante oración…. 
Cuando Karol despertaba de noche, veía a su padre de rodillas, tal como lo veía siempre en la iglesia parroquial…
Karol, al ejemplo de su padre,   durante los intervalos de estudio acostumbraba ir a otra habitación para rezar…. según nos confiaba el cardenal Dziwisz. La suya, agregaba su fiel secretario,  fue una 
“vida intensa y profunda de oración que incluía diversas formas de conversación con Dios: desde la oración más simple de niño hasta la oración de las horas de sacerdote, y la contemplación.
Tanto en Cracovia como en el Vaticano Karol Wojtyla fué fiel a las diversas prácticas de piedad: la meditación diaria, la adoración del Santísimo Sacramento, el rosario, el Angelus, las letanías al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen y a todos los Santos.  Jamás abreviaba, nunca las recitaba apurado; la oración tenia para él precedencia ante las demás ocupaciones. 
De Papa confesó que nunca había abandonado la oración del breviario. Le habían quedado profundamente grabadas en el corazón las palabras de San Anselmo: “"Os alimento con lo que yo mismo vivo". Como sacerdote era consciente que el “nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.”, que ” las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación.” (En el XXX aniversario del decreto Presbyterorum Ordinis, 27.10.1995)”
Desde pequeño oraba ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la nave lateral de la iglesia parroquial;  mas tarde en el convento de los padres carmelitanos allí “sobre la colina” de la calle Karmelicka, donde a los 10 años se inscribió en la cofradía y le fue impuesto el escapulario que llevó siempre, y cuando fue manchado con sangre aquel 13 de mayo de 1981 encargó uno nuevo a los padres carmelitanos de la Iglesia de Santa Maria in Traspontina en Roma.
Con su padre iba a orar al Santuario de Kalwaria Zebrzydowska ante la imagen de la Virgen y continuaban orando por los senderos del Calvario. Alli volvería a menudo como Arzobispo de Cracovia y mas tarde Cardenal.  Y al 
 Santuario de la Virgen Madre y Reina de todos los polacos de Jasna Gora. 
Despues de la mudanza, junto a su padre, de Wadowice a Cracovia,  cerca de la iglesia de San Estanislalo Kostka, donde conoció a Jan Tyranowski, comenzó su “Rosario viviente” y profundizó su devoción a la Virgen, cautivado por los escritos de Luigi Maria Grignon de Montfort.
Cuando era Obispo de Cracovia oraba en la capilla hasta las 11 y allí mismo escribía…
En sus poesías nos dejo preciosos versos que son un himno al Amor compuesto por suplicas, plegarias y meditaciones que nos llevan a unirnos a ese mundo tan suyo, pero que el supo compartir donándose por entero. Recordamos algunas: el Magnificat, la Canción sobre el Dios oculto, El Cántico al esplendor del agua, La Madre, La Iglesia, la Peregrinación a los Santos Lugares, las Meditaciones... que otra cosa son sino expresiones poéticas de aquella oración opus gloriae que se extendió durante todos los días y momentos de su vida!
Ante el Umbral de la esperanza (la conversación de Juan Pablo II con Vittorio Messori) contiene dos capítulos que se refieren a la oración (2 y 3) “Nosotros empezamos a rezar con la impresión de que es una iniciativa nuestra: en cambio, es siempre una iniciativa de Dios en nosotros” 
“Se puede y se debe rezar de varios modos, como la Biblia nos enseña…hay que rezar con “gemidos inefables”, para entrar en el ritmo de las súplicas del Espíritu mismo. 
Hay que implorar para obtener el perdón, integrándose en el profundo grito de Cristo Redentor Y a través de todo esto hay que proclamar la gloria. La oración siempre es un opus gloriae” “El hombre alcanza la plenitud de la oración no cuando se expresa principalmente a si mismo, sino cuando permite que en ella se haga mas plenamente presente el propio Dios” 
“La oración es una búsqueda de Dios pero es también revelación de Dios”
“En la raiz de su incansable acción apostólica esta claramente la intensidad y la profundidad de la oración” decía el cardenal Camilo Ruini en su discurso de apertura del proceso de investigación diocesana en San Giovanni in Laterano en Roma el 28 de junio de 2005 y recordaba lo que Juan Pablo II mismo había dicho el 29 de octubre de 1978 durante su visita al Santuario Della Mentorella. “La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.”
Y Joaquín Navarro-Valls decía en una entrevista “su relación especial con la oración, a la que diariamente dedicaba varias horas", "una parte fundamental de su vida", era “Uno de los rasgos de la personalidad de Juan Pablo II que más fascinaba” Y en otra entrevista al preguntársele “-¿Cómo reza el Papa?” respondía “ -A juzgar por la imagen exterior, con una intensidad de fe que explica muchas cosas de su pontificado”…
Finalmente es imposible no recordar su “paso de la vida a la vida” y aquella oración universal - que entre lágrimas y rezos se elevaba en un Magnificat de agradecimiento envolviendo la plaza San Pedro y extendiendo el eco a todos los rincones del mundo aquel primer sábado de mes vìsperas del Domingo de la Misericordia de 2005! Y las emotivas palabras de entonces cardenal Joseph Ratzinger en su homilía “ El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas; Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal