Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 30 de mayo de 2020

Pentecostés Fiesta de la Evangelización


 “Ya en las primeras frases de los Hechos de los Apóstoles leemos que Jesús, después de su pasión y resurrección, "se presentó a ellos vivo... con muchas pruebas evidentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios" (Act 1, 3). Entonces anunció que, pasados no muchos días, serían "bautizados en el Espíritu Santo" (Act 1, 5). Y antes de la separación definitiva, como observa el autor de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas, pero ahora en su Evangelio, les ordenó "...permanecer en la ciudad, hasta que seáis revestidos del poder de lo alto" (Lc 24, 49). Por eso, los Apóstoles, después que Él los dejó, subiendo al cielo, "volvieron a Jerusalén" (Lc 24, 52), donde —como informan de nuevo los Hechos— "perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús" (Act 1, 14). Ciertamente el lugar de esta oración común, recomendada explícitamente por el Maestro, era el templo de Jerusalén, como leemos al final del Evangelio de San Lucas (24, 53). Pero era también el Cenáculo, como se deduce de los Hechos de los Apóstoles. El Señor Jesús les había dicho; "pero recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el extremo de la tierra" (Act 1, 8).
Año tras año, la Iglesia en su liturgia celebra la Ascensión del Señor cuarenta días después de la Pascua. Año tras año, también ese período de diez días, que van de la Ascensión a Pentecostés, transcurre en oración al Espíritu Santo. En cierto sentido la Iglesia, año tras año se prepara al aniversario de su nacimiento

. Ella —como enseñan los Padres— nació en la cruz el Viernes Santo; pero manifestó su nacimiento ante el mundo el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles fueron "revestidos del poder de lo alto" (Act 1, 5). "Ubi enim Ecclesia, ibi et Spiritus Dei; et ibi Spiritus Dei, illic Ecclesia at omnis gratia: Spiritus autem veritas" (Donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia: el Espíritu es la verdad) (S. Ireneo, Adversus haereses III, 24, 1: PG 7, 966).”



(imagen de Wikipedia: El Greco Pentecostes)



viernes, 29 de mayo de 2020

Papa Francisco: Juan Pablo II era un hombre de Dios



«El Señor ama a su pueblo» (Sal 149,4), hemos cantado, era el estribillo del canto interleccional. Y también una verdad que el pueblo de Israel repetía, que le gustaba repetir: «El Señor ama a su pueblo». Y en los malos tiempos, siempre «el Señor ama»; hay que esperar cómo se manifestará este amor. Cuando el Señor enviaba, por este amor, a un profeta, a un hombre de Dios, la reacción del pueblo era: “El Señor ha visitado a su pueblo” (cf. Ex 4, 31), porque lo ama, lo ha visitado. Y lo mismo decía la multitud que seguía a Jesús al ver las cosas que hacía Jesús: “El Señor ha visitado a su pueblo” (cf. Lc 7,16).
Y hoy aquí podemos decir: hace cien años, el Señor visitó a su pueblo. Envió a un hombre, lo preparó para ser obispo y dirigir la Iglesia. Recordando a san Juan Pablo II, repetimos esto: “El Señor ama a su pueblo”, “el Señor ha visitado a su pueblo”; ha enviado a un pastor.
¿Y cuáles son, digamos, las “huellas” de buen pastor que podemos encontrar en san Juan Pablo II? ¡Muchas! Pero señalamos solo tres. Como dicen que los jesuitas señalan siempre tres aspectos, digamos tres: oración, cercanía a la gente, amor a la justicia. San Juan Pablo II era un hombre de Dios porque rezaba y rezaba mucho. Pero, ¿cómo es que un hombre que tiene tanto que hacer, tanto trabajo para guiar a la Iglesia..., tiene tanto tiempo de oración? Sabía bien que la primera tarea de un obispo es rezar. Y esto no lo ha dicho el Vaticano II, lo dijo san Pedro, cuando eligieron a los diáconos, dijeron: “Y a nosotros, los obispos, la oración y la proclamación de la Palabra” (cf. Hch 6,4). La primera tarea de un obispo es rezar, y él lo sabía, y lo hizo. Modelo de obispo que reza, la primera tarea. Y nos enseñó que cuando un obispo hace un examen de conciencia por la noche debe preguntarse: ¿cuántas horas he rezado hoy? Hombre de oración.
Segunda huella, hombre de cercanía. No era un hombre separado del pueblo, por el contrario iba a buscar al pueblo; y viajó por todo el mundo, reuniéndose con su pueblo, buscando a su pueblo, acercándose. Y la cercanía es uno de los rasgos de Dios con su pueblo. Recordemos que el Señor le dice al pueblo de Israel: “Mira, ¿hay algún pueblo que tenga a sus dioses tan cerca como yo estoy contigo?” (cf. Dt 4,7). Una cercanía de Dios con el pueblo que luego se estrecha en Jesús, se fortalece en Jesús. Un pastor está cerca del pueblo, por el contrario, si no lo está, no es un pastor, es un jerarca, es un administrador, quizás bueno, pero no es un pastor. Cercanía al pueblo. Y san Juan Pablo II nos dio el ejemplo de esta cercanía: cercano a los grandes y a los pequeños, a los cercanos y a los lejanos, siempre cerca.
Tercera huella, el amor por la justicia. ¡Pero la justicia plena! Un hombre que quería la justicia, la justicia social, la justicia de los pueblos, justicia que rechaza las guerras. ¡Pero la justicia plena! Es por esto por lo que san Juan Pablo II era el hombre de la misericordia, porque la justicia y la misericordia van juntas, no se pueden distinguir [en el sentido de separar], están juntas: justicia es justicia, misericordia es misericordia, pero no se halla la una sin la otra. Y hablando del hombre de justicia y misericordia, pensamos en lo que hizo san Juan Pablo II para que la gente entendiera la misericordia de Dios. Pensamos en cómo llevó a cabo la devoción a santa Faustina [Kowalska] cuya memoria litúrgica desde hoy será para toda la Iglesia. Había sentido que la justicia de Dios tenía este rostro de misericordia, esta actitud de misericordia. Y este es un don que nos ha dejado: la justicia-misericordia y la misericordia justa.
Pidámosle hoy que nos dé a todos, especialmente a los pastores de la Iglesia, pero a todos, la gracia de la oración, la gracia de la cercanía y la gracia de la justicia-misericordia, misericordia-justicia.


jueves, 28 de mayo de 2020

Carta del Papa Benedicto XVI por los 100 años del Papa Juan Pablo II

4 de mayo del 2020
El 18 de mayo, se cumplirán 100 años desde que el papa Juan Pablo II nació en la pequeña ciudad polaca de Wadowice.
Polonia, dividida durante más de 100 años por las tres grandes potencias vecinas – Prusia, Rusia y Austria –, había recuperado su independencia al final de la Primera Guerra Mundial. Fue una época llena de esperanza, pero también de dificultades, ya que la presión de las dos grandes potencias, Alemania y Rusia, siguió pesando sobre el Estado que se estaba reorganizando. En esta situación de angustia, pero sobre todo de esperanza, creció el joven Karol Wojtyla, que perdió muy pronto a su madre, a su hermano y, finalmente, a su padre, de quien había aprendido una piedad profunda y cálida. El joven Karol era particularmente apasionado de la literatura y el teatro, y después de estudiar para sus exámenes de secundaria, comenzó a dedicarse más a estas materias.
«Para evitar la deportación, en el otoño de 1940, comenzó a trabajar en una cantera que pertenecía a la fábrica química de Solvay» (cf. Don y Misterio). «En Cracovia, había ingresado en secreto en el Seminario. Mientras trabajaba como obrero en una fábrica, comenzó a estudiar teología con viejos libros de texto, para poder ser ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946» (cf. Ibid.). Por supuesto, no solo estudió teología en los libros, sino también a partir de la situación específica que pesaba sobre él y su país. Es una especie de característica de toda su vida y su trabajo. Estudia con libros, pero experimenta y sufre las cuestiones que están detrás del material impreso. Para él, como joven obispo – obispo auxiliar desde 1958, arzobispo de Cracovia desde 1964 – el Concilio Vaticano II se convirtió en una escuela para toda su vida y su trabajo. Las grandes preguntas que surgieron especialmente sobre el llamado Esquema 13 – luego Constitución Gaudium et Spes – fueron sus preguntas personales. Las respuestas desarrolladas en el Concilio le mostraron el camino a seguir para su trabajo como obispo y luego como Papa.
Cuando el cardenal Wojtyla fue elegido sucesor de San Pedro el 16 de octubre de 1978, la Iglesia estaba en una situación desesperada. Las deliberaciones del Concilio se presentaban al público como una disputa sobre la fe misma, lo que parecía privarla de su certeza indudable e inviolable. Un pastor bávaro, por ejemplo, comentando la situación, decía: «Al final, hemos acogido una fe falsa». Esta sensación de que no había nada seguro, de que todo estaba en cuestión, fue alimentada por la forma en que se implementó la reforma litúrgica. Al final, todo parecía factible en la liturgia. Pablo VI había cerrado el Concilio con energía y determinación, pero luego, una vez terminado, se vio confrontado con más asuntos, siempre más urgentes, lo que finalmente puso en tela de juicio a la Iglesia misma. Los sociólogos compararon la situación de la Iglesia en ese momento con la de la Unión Soviética bajo Gorbachov, cuando toda la poderosa estructura del Estado finalmente se derrumbó en un intento de reformarla.
Una tarea que superaba las fuerzas humanas esperaba al nuevo Papa. Sin embargo, desde el primer momento, Juan Pablo II despertó un nuevo entusiasmo por Cristo y su Iglesia. Primero lo hizo con el grito del sermón al comienzo de su pontificado: «¡No tengan miedo! ¡Abran, sí, abran de par en par las puertas a Cristo!» Este tono finalmente determinó todo su pontificado y lo convirtió en un renovado liberador de la Iglesia. Esto estaba condicionado por el hecho de que el nuevo Papa provenía de un país donde el Concilio había sido bien recibido: no el cuestionamiento de todo, sino más bien la alegre renovación de todo.
El Papa ha viajado por el mundo en 104 grandes viajes pastorales y proclamó el Evangelio en todas partes como una alegría, cumpliendo así su obligación de defender el bien, de defender a Cristo.
En 14 encíclicas, volvió a exponer completamente la fe de la Iglesia y su doctrina humana. Inevitablemente, al hacerlo, provocó oposición en las iglesias del Occidente llenas de dudas.
Hoy, me parece importante enfatizar sobre todo el verdadero centro desde el cual debe leerse el mensaje de sus diferentes textos. Este centro vino a la atención de todos nosotros en el momento de su muerte. El Papa Juan Pablo II murió en las primeras horas de la nueva fiesta de la Divina Misericordia. Permítanme agregar primero un pequeño comentario personal que revela un aspecto importante del ser y el trabajo del Papa. Desde el principio, Juan Pablo II se sintió profundamente conmovido por el mensaje de Faustina Kowalska, una monja de Cracovia, que destacó la Divina Misericordia como un centro esencial de la fe cristiana y deseaba una celebración con este motivo. Después de todas las consultas, el Papa había escogido el domingo in albis. Sin embargo, antes de tomar la decisión final, le pidió a la Congregación de la Fe su opinión sobre la conveniencia de esta fecha. Dijimos que no porque pensamos que una fecha tan antigua y llena de contenido como la del domingo in albis no debería sobrecargarse con nuevas ideas. Ciertamente no fue fácil para el Santo Padre aceptar nuestro no. Pero lo hizo con toda humildad y aceptó el no de nuestro lado por segunda vez. Finalmente, hizo una propuesta dejando el histórico domingo in albis, pero incorporando la Divina Misericordia en su mensaje original. En otras ocasiones, de vez en cuando, me impresionó la humildad de este gran Papa, que renunció a las ideas de lo que deseaba porque no recibió la aprobación de los organismos oficiales que, según las reglas clásicas, había de consultar.
Mientras Juan Pablo II vivió sus últimos momentos en este mundo, la Fiesta de la Divina Misericordia acababa de comenzar tras la oración de las primeras vísperas. Esta celebración iluminó la hora de su muerte: la luz de la misericordia de Dios se presenta como un mensaje reconfortante sobre su muerte. En su último libro, Memoria e Identidad, publicado en la víspera de su muerte, el Papa resumió una vez más el mensaje de la Divina Misericordia. Señaló que la hermana Faustina murió antes de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero que ya había dado la respuesta del Señor a este horror insoportable. Era como si Cristo quisiera decir a través de Faustina: «El mal no obtendrá la victoria final. El misterio pascual confirma que el bien prevalecerá, que la vida triunfará sobre la muerte y que el amor triunfará sobre el odio».
A lo largo de su vida, el Papa buscó apropiarse subjetivamente del centro objetivo de la fe cristiana, que es la doctrina de la salvación, y ayudar a otros a apropiarse de ella. A través de Cristo resucitado, la misericordia de Dios es para cada individuo. Aunque este centro de la existencia cristiana solo nos lo da la fe, también es importante filosóficamente, porque si la misericordia de Dios no es un hecho, debemos encontrar nuestro camino en un mundo donde el poder último del bien contra el mal es incierto. Después de todo, más allá de este significado histórico objetivo, es esencial que todos sepan que, al final, la misericordia de Dios es más fuerte que nuestra debilidad. Además, en esta etapa actual, también se puede encontrar la unidad interior entre el mensaje de Juan Pablo II y las intenciones fundamentales del Papa Francisco: Juan Pablo II no es un rigorista moral, como algunos lo intentan dibujar en parte. Con la centralidad de la misericordia divina, nos da la oportunidad de aceptar el requerimiento moral del hombre, aunque nunca podemos cumplirlo por completo. Sin embargo, nuestros esfuerzos morales se hacen a la luz de la divina misericordia, que resulta ser una fuerza curativa para nuestra debilidad.
Cuando murió el Papa Juan Pablo II, la Plaza de San Pedro estaba llena de personas, especialmente jóvenes, que querían encontrarse con su Papa por última vez. No puedo olvidar el momento en que Mons. Sandri anunció el mensaje de la partida del Papa. Sobre todo, el momento en que la gran campana de San Pedro repicó, hizo que este mensaje resultara inolvidable. El día del funeral, había muchas pancartas diciendo «¡Santo súbito!». Eso fue un grito que, de todos lados, surgió a partir del encuentro con Juan Pablo II. No solo en la plaza, sino también en varios círculos intelectuales, se discutió la idea de darle el título de «Magno» a Juan Pablo II.
La palabra «santo» indica la esfera de Dios y la palabra «magno» la dimensión humana. Según el reglamento de la Iglesia, la santidad puede ser reconocida por dos criterios: las virtudes heroicas y el milagro. Los dos criterios están estrechamente vinculados. La expresión «virtud heroica» no significa una especie de hazaña olímpica; al contrario, en y a través de una persona se revela algo que no proviene de él, sino que se hace visible la obra de Dios en y a través de él. No es una competencia moral de la persona, sino renunciar a la propia grandeza. El punto es que una persona deja que Dios trabaje en ella, y así el trabajo y el poder de Dios se hacen visibles a través de ella.
Lo mismo se aplica a la prueba del milagro: aquí tampoco se trata de un evento sensacional sino de la revelación de la bondad de Dios que cura de una manera que va más allá de las meras posibilidades humanas. El santo es un hombre abierto a Dios e imbuido de Dios. El que se aleja de sí mismo y nos deja ver y reconocer a Dios es santo. Verificar esto legalmente, en la medida de lo posible, es el significado de los dos procesos de beatificación y canonización. En los casos de Juan Pablo II, ambos procesos se hicieron estrictamente de acuerdo a las reglas aplicables. Por lo tanto, ahora se nos presenta como el padre que nos deja ver la misericordia y la bondad de Dios.
Es más difícil definir correctamente el término «magno». Durante los casi 2.000 años de historia del papado, el título «Magno» solo prevaleció para dos papas: León I (440-461) y Gregorio I (590-604). La palabra «magno» tiene una connotación política en ambos, en la medida en que algo del misterio de Dios mismo se hace visible a través de la actuación política. A través del diálogo, León Magno logró convencer a Atila, el Príncipe de los Hunos, para que perdonara a Roma, la ciudad de los príncipes de los apóstoles Pedro y Pablo. Desarmado, sin poder militar o político, sino por el solo poder de la convicción por su fe, logró convencer al temido tirano para que perdonara a Roma. El espíritu demostró ser más fuerte en la lucha entre espíritu y poder.
Aunque Gregorio I no tuvo un éxito tan espectacular, también logró proteger a Roma contra los lombardos, de nuevo al oponerse el espíritu al poder y alcanzar la victoria del espíritu.
Si comparamos la historia de los dos Papas con la de Juan Pablo II, su similitud es evidente. Juan Pablo II tampoco tenía poder militar o político. Durante las deliberaciones sobre la forma futura de Europa y Alemania, en febrero de 1945, se observó que la opinión del Papa también debía tenerse en cuenta. Entonces Stalin preguntó: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?». Es claro que el Papa no tiene divisiones a su disposición. Pero el poder de la fe resultó ser un poder que finalmente derrocó el sistema de poder soviético en 1989 y permitió un nuevo comienzo. Es indiscutible que la fe del Papa fue un elemento esencial en el derrumbe del poder comunista. Así que la grandeza evidente en León I y Gregorio I es ciertamente visible también en Juan Pablo II.
Dejamos abierto si el epíteto «magno» prevalecerá o no. Es cierto que el poder y la bondad de Dios se hicieron visibles para todos nosotros en Juan Pablo II. En un momento en que la Iglesia sufre una vez más la aflicción del mal, este es para nosotros un signo de esperanza y confianza.
Querido San Juan Pablo II, ¡ruega por nosotros!
Benedicto XVI
(Aciprensa

sábado, 23 de mayo de 2020

El Espíritu Santo, “alma de la Iglesia”




El Espíritu Santo, “alma de la Iglesia”, “corazón de la Iglesia”: es un dato hermoso de la Tradición, sobre el que conviene investigar.
Es evidente que, como explican los teólogos, la expresión “el Espíritu Santo, alma de la Iglesia” se ha de entender de modo analógico, pues no es “forma sustancial” de la Iglesia como lo es el alma para el cuerpo, con el que constituye la única sustancia “hombre”. El Espíritu Santo es el principio vital de la Iglesia, íntimo, pero transcendente. Él es el Dador de vida y de unidad de la Iglesia, en la línea de la causalidad eficiente, es decir, como autor y promotor de la vida divina del Corpus Christi. Lo hace notar el Concilio, según el cual Cristo, “para que nos renováramos incesantemente en él (cf. Ef 4, 23), nos concedió participar de su Espíritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la función que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano” (Lumen gentium, 7).
Siguiendo esta analogía, todo el proceso de la formación de la Iglesia, ya en el ámbito de la actividad mesiánica de Cristo en la tierra, se podría comparar con la creación del hombre según el libro del Génesis, y especialmente con la inspiración del “aliento de vida” por el que “resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2, 7). En el texto hebreo, el término usado es nefesh (es decir, ser animado por un soplo vital); pero, en otro pasaje del mismo libro del Génesis, el soplo vital de los seres vivientes es llamado ruah, o sea, “espíritu” (Gn 6, 17). Según esta analogía, se puede considerar al Espíritu Santo como soplo vital de la “nueva creación”, que se hace concreta en la Iglesia.
El Concilio nos dice también que “fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés a fin de santificar indefinidamente la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Espíritu (cf. Ef 2, 18)” (Lumen gentium, 4). Esta es la primera y fundamental forma de vida que el Espíritu Santo, a semejanza del “alma que da la vida”, infunde en la Iglesia: la santidad, según el modelo de Cristo “a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo” (Jn 10, 36). La santidad constituye la identidad profunda de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, vivificado y partícipe de su Espíritu. La santidad da la salud espiritual al Cuerpo. La santidad determina también su belleza espiritual; la belleza que supera toda belleza de la naturaleza y del arte; una belleza sobrenatural, en la que se refleja la belleza de Dios mismo de un modo más esencial y directo que en toda la belleza de la creación, precisamente porque se trata del Corpus Christi. Sobre el tema de la santidad de la Iglesia volveremos aún en una próxima catequesis.
El Espíritu Santo es llamado “alma de la Iglesia” también en el sentido que él aporta su luz divina a todo el pensamiento de la Iglesia, que “guía hasta la verdad completa”, según el anuncio de Cristo en el Cenáculo: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga (...), recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn 16, 13. 15).
Por consiguiente, bajo la luz del Espíritu Santo se proclama en la Iglesia el anuncio de la verdad revelada y se realiza la profundización de la fe en todos los niveles del Corpus Christi: el de los Apóstoles, el de sus sucesores en el Magisterio, y el del “sentido de la fe” de todos los creyentes, entre los que se encuentran los catequistas, los teólogos y los demás pensadores cristianos. Todo está y debe estar animado por el Espíritu.



El Espíritu Santo en las catequesis de Juan Pablo II



Completado el ciclo cristológico de las Audiencias Generales el 26 de abril de 1989 el Papa Juan Pablo II abria el  neumatológico, “que el Símbolo de los Apóstoles expresa con una fórmula concisa: “Creo en el Espíritu Santo”.

Fue una serie extensa de catequesis que comenzarían ese 26 de abril de 1989   y durarían el resto del año 1989,  con solo algunas breves interrupciones para comentar viajes o reflexionar sobre festividades, y se extenderían luego en 1990 hasta el 28 de noviembre de 1990 cuando el Papa anunciaría “Hoy comenzamos una nueva serie de catequesis del ciclo pneumatológico, en el que he querido atraer la atención de los oyentes, cercanos y lejanos, sobre la verdad fundamental cristiana del Espíritu Santo… Hablemos, ante todo, del Espíritu Santo como principio vivificante de la Iglesia.”   
Esta serie finalmente concluiría el 20 de marzo de 1991 (en total dos años dedicados al Espiritu Santo, a lo cual debemos agregar las diez catequesis adicionales sobre los dones) en una catequesis que introduciría con estas palabras   “En una catequesis precedente había anunciado que volvería a tocar temas relacionados con la presencia y la acción del Espíritu Santo en el alma. Temas fundados teológicamente y ricos desde el punto de vista espiritual, que ejercen un atractivo e, incluso una cierta fascinación sobrenatural sobre aquellas personas que desean profundizar en su vida interior, atentas y dóciles a la voz de Aquel que habita en ellas como en un templo y que, desde su interior, las ilumina y las sostiene por el camino de la coherencia evangélica. En estas almas pensaba mi predecesor León XIII cuando escribió la Encíclica Divinum illud acerca del Espíritu Santo (9 de mayo de 1897) y, luego la carta Ad fovendum sobre la devoción del pueblo cristiano hacia su divina Persona (18 de abril de 1902), estableciendo en su honor la celebración de una novena especial, dirigida de modo particular a obtener el bien de la unidad de los cristianos («ad maturandum christianae unitatis bonum»). El Papa de la Rerum novarum era también el Papa de la devoción al Espíritu Santo, pues sabía a qué fuente era preciso acudir para obtener la energía a fin de realizar el bien verdadero, incluso en el ámbito social. Hacia esa misma fuente quise atraer la atención de los cristianos de nuestro tiempo con la encíclica Dominum et vivificantem (16 de mayo de 1986), y a ella quiero dedicar la parte conclusiva de la catequesis pneumatológica.
A continuación,  a partir del 3 de abril de 1991 Juan Pablo II  seguirian las otras diez catequesis relacionadas con los dones del Espíritu Santo que recibe el hombre, aclarando que “En las catequesis anteriores, dedicadas a la influencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia, hemos subrayado la multiplicidad de los dones que él concede para el desarrollo de toda la comunidad. La misma multiplicidad se realiza en la vida cristiana personal: todo hombre recibe los dones del Espíritu Santo en la condición existencial concreta en que se halla, en la medida del amor de Dios, del que derivan la vocación, el camino y la historia espiritual de cada uno.

Varios años mas tarde el Papa retomaría el tema del Espiritu Santo a partir de la Audiencia del 13 de mayo de 1998 ,  en preparación para el gran jubileo del año 2000,  año  particularmente dedicado al Espíritu Santo,  serie que seria anunciada con estas palabras: “Prosiguiendo por el camino iniciado por toda la Iglesia, después de haber concluido la temática cristológica, comenzamos hoy una reflexión sistemática sobre el Espíritu Santo, «Señor y dador de vida». De la tercera persona de la santísima Trinidad he hablado ampliamente en muchas ocasiones. Recuerdo, en particular, la encíclica Dominum et vivificantem y la catequesis sobre el Credo. La perspectiva del jubileo inminente me brinda la ocasión para volver una vez más a la contemplación del Espíritu Santo, a fin de escrutar, con espíritu de adoración, la acción que realiza en el decurso del tiempo y de la historia.


Esta serie se extendería hasta el 9 de diciembre de 1998 , Audiencia dedicada a “Maria, Madre animada por el Espiritu Santo”. En ella el Papa concluiría: “Como culminación de la reflexión sobre el Espíritu Santo, en este año dedicado a él durante el camino hacia el gran jubileo, elevamos la mirada hacia María. El consentimiento que dio en la Anunciación, hace dos mil años, constituye el punto de partida de la nueva historia de la humanidad. En efecto, el Hijo de Dios se encarnó y comenzó a habitar entre nosotros cuando María declaró al ángel: «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).

Y ya el 16 de diciembrede 1998  ya comenzaba una nueva serie de catequesis centrada en la figura de Dios Padre, siguiendo así las indicaciones temáticas sugeridas en la carta apostólica Tertio millennio adveniente con vistas a la preparación para el gran jubileo del año 2000”


jueves, 21 de mayo de 2020

Mater Ecclesiae en la Plaza San Pedro


 


«Recuerdo que, cuando a fines de octubre de 1981, tuvo su primera celebración en Plaza San Pedro después del atentado, al final bajó las escalinatas solo, a pie, para saludar a los enfermos uno por uno, y a la multitud. Esa noche yo estaba cenando con el Papa, y Don Estanislao refirió que por la tarde habían llamado tres o cuatro personas alarmadas por los riesgos que corría al acercarse de aquel modo a la multitud y recomendaban prudencia. Él reaccionó vigorosamente, diciendo con fuerza que estaba decidido a continuar su ministerio como antes y hasta el final, sin adoptar medidas que le impedían el contacto directo con la gente. Yo intervine con un razonamiento simple “Usted ha sido salvado por la Virgen. Ahora la Virgen debe conservarlo por muchos años de vida. Sería extraño que la Virgen hubiese intervenido para salvarle la vida sólo por un breve tiempo”. El Papa, con tono calmo, respondió: “Pero… los caminos de Dios a veces son diversos de los nuestros. El futuro está en las manos de Dios”. Luego, con tono muy decidido, añadió: “No estoy para nada atemorizado por los peligros que pueda correr. Quiero continuar en todo y para todo como he hecho hasta ahora”.


Él estaba convencido de que la Virgen lo había salvado. Cuando la Gobernación del Vaticano planteó la cuestión de cómo recordar en la Plaza San Pedro aquel dramático evento allí ocurrido, la respuesta del Papa fue inmediata: en recuerdo del atentado debía ser colocada una imagen de la Virgen. Estaba convencido de que el 13 de mayo la Virgen María había estado presente para guiar la bala de modo que el Papa pudiese sobrevivir. Así, desde el 8 de diciembre de 1981, quien llega a la Plaza San Pedro ve dominar, desde lo alto del Palacio Apostólico, un mosaico de la Virgen con el Niño Jesús en brazos, y a los pies el título “Mater Ecclesiae” y el escudo de Juan Pablo II, con el lema “Totus tuus”»

(De una entrevista al Cardenal Giovanni Battista Re, con ocasión del centenario de San Juan Pablo II)

martes, 19 de mayo de 2020

Oracion oficial a San Juan Pablo II






¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!
Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.

Cardenal Angelo Comastri 
Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano

lunes, 18 de mayo de 2020

Biografía Juan Pablo II



Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920. 



Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él. 


Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro. 

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.


A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino. 


Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda. 

En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin. 

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak. 

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967, con el título de San Cesareo en Palatio, Diaconía elevada pro illa vice a título presbiteral.
Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado. 

Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.
Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.
Entre sus documentos principales se incluyen: 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.Publicó también cinco libros como doctor privado: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994);"Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996); "Tríptico romano - Meditaciones", libro de poesías (marzo de 2003); “¡Levantaos! ¡Vamos!” (mayo de 2004) y “Memoria e identidad” (febrero de 2005). 

Realizó numerosas canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvieran de estímulo a los hombres de nuestro tiempo: celebró 147 ceremonias de beatificación -en las que proclamó 1338 beatos- y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Proclamó a santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia. Amplió notablemente el Colegio cardenalicio, creando 231 cardenales (más uno "in pectore", cuyo nombre no se hizo público antes de su muerte) en 9 consistorios. Además, convocó 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio. 


Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 general extraordinaria (1985) y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 (2) y 1999).
Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones: más de 17.600.000 peregrinos participaron en las 1166 Audiencias Generales que se celebran los miércoles. Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas [más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000] y los millones de fieles que el Papa encontró durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros. 

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a las 21.37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y domingo de la Misericordia Divina. Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje a Juan Pablo II, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la basílica de San Pedro. 



Thank you John Paul II / Gracias Juan Pablo II






El presidente de la Conferencia de los Obispos Polacos, Mons. Stanislaw Gadecki, animó a los fieles a participar en la iniciativa #ThankYouJohnPaul2 para conmemorar los cien años del nacimiento de San Juan Pablo II este 18 de mayo.
Karol Józef Wojtyła nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice (Polonia), fue el menor de los 3 hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska.
El 16 de octubre de 1978 hizo historia al ser elegido Papa, el primero no italiano desde 1522, tomando el nombre de Juan Pablo II.

Su incansable espíritu misionero, que lo llevó a realizar 104 viajes apostólicos por el mundo, le ganó el apelativo del “Papa Peregrino”.

Fue el iniciador de la Jornada Mundial de la Juventud y el Encuentro Mundial de las Familias. Falleció el 2 de abril de 2005 y fue canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril del 2014.
#ThankYouJohnPaul2 (Gracias, Juan Pablo II) es una iniciativa global impulsada por la Conferencia de Obispos de Polonia, donde se busca crear en redes sociales “un pastel de cumpleaños virtual hecho de mensajes, videos y fotos”.

Mons. Gadecki indicó que esta iniciativa busca expresar el agradecimiento de las personas a San Juan Pablo II, “por lo que ha traído y trae a nuestra vida personal, familiar y social”.
“Por todos los encuentros con él en que tuvimos la suerte de participar, por sus palabras que más recordamos, por las inspiraciones que ha dado y suscita en nosotros”, agregó el Prelado.
Mons. Gadecki señaló que esta iniciativa también es una manera de mostrar a la generación joven, que no pudo conocer al Papa Peregrino, que él sigue presente en las redes sociales.
“Desde 2002, Juan Pablo II llamó a toda la Iglesia a ‘cruzar con valentía este nuevo umbral’ y navegar ‘en las profundidades del ciberespacio’ para la evangelización”, indicó.

Para participar de esta iniciativa se debe publicar en redes sociales un artículo, foto o video, donde se dé las gracias al Papa Peregrino por toda su influencia en la vida de cada fiel, con el hashtag #ThankYouJohnPaul2.

Juan Pablo II, hombre de oración, cercanía y justicia que es misericordia




El Papa celebra en la Basílica de San Pedro, en la capilla donde está la tumba de San Juan Pablo II, cien años después de su nacimiento.
Vatican News
En el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II (18 de mayo de 1920), el Papa Francisco presidió una misa en la capilla de la Basílica de San Pedro, donde se encuentra la tumba del Papa Wojtyla. Entre los concelebrantes se encontraban el Cardenal Angelo Comastri, Vicario General del Papa para la Ciudad del Vaticano y Arcipreste de la Basílica Vaticana, el Cardenal polaco Konrad Krajewski, Limosnero Apostólico, Monseñor Piero Marini, 18 años maestro de las celebraciones litúrgicas durante el pontificado de Juan Pablo II, y el Arzobispo polaco Jan Romeo Pawłowski, jefe de la Tercera Sección de la Secretaría de Estado que se ocupa del personal diplomático de la Santa Sede.

Esta es la última de las misas matutinas celebradas por Francisco y transmitidas en directo que comenzaron el 9 de marzo pasado, tras la suspensión de las celebraciones con la participación del pueblo a causa de la pandemia de Covid-19. Con la reanudación en Italia y en otros países de las celebraciones con los fieles, la emisión en directo de la misa de las 7 de la mañana desde la Casa Santa Marta cesará a partir de mañana 19 de mayo. El Papa espera que el Pueblo de Dios pueda volver a la comunidad la familiaridad con el Señor en los sacramentos, respetando siempre - como dijo ayer a la Reina Caeli - las prescripciones establecidas para la salud de todos. La Basílica de San Pedro fue desinfectada el viernes pasado.


El Papa comenzó la misa rezando a "Dios, rico en misericordia", que llamó a "San Juan Pablo II" para que guiara a toda la Iglesia, para que nos concediera, "fortalecidos por su enseñanza, abrir con confianza nuestros corazones a la gracia salvadora de Cristo, único Redentor del hombre".
El Señor -dijo el Papa en su homilía- ama a su pueblo, visitó a su pueblo: y hace cien años, llamó a un hombre para dirigir la Iglesia.

El Papa señaló tres rasgos que caracterizaron a Juan Pablo II: la oración, la cercanía al pueblo y el amor por la justicia. San Juan Pablo II era un hombre de Dios porque rezaba mucho: mucho tiempo de oración. Sabía que la primera tarea del obispo era rezar. El segundo rasgo: era un hombre cercano a la gente y recorrió el mundo buscando a su gente. Y la cercanía es uno de los rasgos de Dios: Dios está cerca de la gente. Una cercanía que se hace fuerte en Jesús. Un pastor está cerca de la gente, de lo contrario es sólo un administrador. Juan Pablo II nos dio el ejemplo de esta cercanía: a los grandes y a los pequeños, a los cercanos y a los lejanos... También era un hombre que quería justicia: justicia social, justicia del pueblo, la justicia que caza las guerras, pero justicia plena y para ello hablaba de la misericordia: porque no hay justicia sin misericordia, van juntas. Hizo tanto para que la gente entendiera la Divina Misericordia, especialmente con la devoción a Santa Faustina. Oremos hoy, concluyó, para que nos dé a todos la gracia de la oración, de la cercanía y de la justicia que es misericordia y de la misericordia que es justicia.

sábado, 16 de mayo de 2020

Slawomir Oder: la apertura de la causa de Beatificacion de Emilia e Karol Wojtyla es un gran gozo


  • Con la constitución de los tribulnales correspondientes se abriò el 7 de mayo en Wadowice, Polonia, la fase diocesana del proceso de Beatificación de la Sierva de Dios Emilia, nacida Kaczorowski y del Siervo de Dios Karol Wojtyla, padres de San Juan Pablo II.  La noticia fue comunicada por el Episcopado polaco. La primera sesiòn solemne de los tribunales tuvo lugar en la Basilica dela Presentacion de la Beata Virgen Maria en Wadowice en presencia de todos los decanos de la Arquidiocesis de Cracovia.  Iniciado el proceso el Arzobispo Marek Jędraszewski, Arzobispo de Cracovia celebro la Santa Misa.
La tarea de los tribunales sera demostrar que Emilia y Karol Wojtyla practicaron las virtudes de modo heroico, que gozan de fama de santidad y por su intercesion el pueblo pide a Dios una gracia.  El postulador de la causa es Mons. Slawomir Oder, quen fue postulador del proceso completo de Beatificacion y Canonizacion de Juan Pablo II fue entrevistado por  VaticanNews y expresò:.

Las figuras de los padres Emilia y Karol de San Juan Pablo II son figuras muy populares en Polonia por eso este inicio de la fase diocesana del proceso es una una enorme alegria no solo para los obispos,  sino para toda la Iglesia en Polonia.  Debo decir por experiencia directa y conocimiento, por cuanto tambien he sido postulador de la causa de Beatificacin de Juan Pablo II que las figuras de los padres que aparecen en este proceso son conocidas en toda Polonia. Por eso pienso que estea noticia es saludada con enorme gozo por todos los entusiastas y devotos admiradores del Papa Wojtyla.

Vatican News
Usted ha sdo tambien postulador del proceso de Beatificaciòn y Canonizaciòn de JuanPablo II el ultimo de sus tres hijos, que mas tarde se convirtio en el Papa que todos conocemos.   Ahora este mismo camino se abre tambien para sus padres…..En fin una familia santa?

Slawomir Oder
En efecto ante este hecho me vienen a la mente las palabras de Juan Pablo II pronuncio durante la  Misa de Canonizaciòn de Santa Kinga, conocida como Kunigunda, celebrada en Polonia en Stary Sącz, cuando dijo que los Santos nacen Santos, se nutren de los Santos, viven de los Santos y llaman a la santidad. Y en ese contexto hablò propiamente de la familia, como lugar privilegiado donde la santidad encuentra sus raices, la fuente primera para madurar luego en la vida.   Por lo tanto no es de asombrar la  idea de una santidad que Juan Pablo II ha vivido en su ambiente hogareño y luego testimoniado con sus obras.

Vatican News
Despues del inicio formal del proceso, el arzobispo de la ciudad Marek Jędraszewski, presidio la Santa Misa por el buen desarrollo de la causa y la invocacion de las gracias por intercesion de los Siervos de Dios, obviamente con las restriciones ligadas a la emergencia sanitaria que todo el mundo conoce. Por eso debemos decir que la santidad es mas fuerte que cualquier pandemia. 

Slawomir Oder
Absolutamente. La pandemia no detiene, sino que fortalece la santidad. La dinamica de la Iglesia no puede detenerse ante esta emergencia.  Es verdad que todos vivimos respetando las normas sanitarias pero el Espiritu sopla,  actua donde y como quiere, no se detiene y pienso que tambien en este clima de opresion podemos decir que de esa tristeza que comportan los cierres y restricciones de la pandemia, este mensaje  trae gran consuelo y  tamben esperanza para muchos. 

Comienza en Polonia el proceso de beatificación de los padres de Juan Pablo II






La fase diocesana del proceso de beatificación de los padres de San Juan Pablo II: la Sierva de Dios Emilia Wojtyla, nacida Kaczorowska y el Siervo de Dios Karol Wojtyla fue abierta en Wadowice y la noticia publicada en el sitio web del episcopado polaco.
La tarea de los tribunales será la de demostrar que Emilia y Karol Wojtyla han practicado las virtudes de manera heroica, que disfrutan de la reputación de santidad, y que a través de su intercesión la gente le pide una gracia al Señor. El postulador de la causa es el padre Sławomir Oder, quien también fue postulador del proceso de beatificación y canonización de Juan Pablo II.

Emilia Kaczorowska

Emilia Kaczorowska, que provenía de una familia de artesanos, era hija de Feliks Kaczorowski y Maria Scholz. Tenía ocho hermanos y hermanas. Nació el 26 de marzo de 1884 en Cracovia y fue bautizada en la iglesia de San Nicolás. En 1890, Emilia comenzó su educación en la escuela primaria. Su madre murió cuando solo tenía 13 años.

Karol Wojtyla

Karol Wojtyla nació el 18 de julio de 1879 en Lipnik, cerca de Biala, hijo de Maciej Wojtyla y Anna Przeczek: una familia de sastres. Fue bautizado en la Iglesia de la Divina Providencia en Biala. En el segundo año de vida perdió a su madre. Entre los años 1885-1890 asistió a una escuela popular alemana en Biala, luego en 1890 comenzó a estudiar en una escuela secundaria alemana en Bielsko. En 1900 fue llamado al servicio militar básico en Wadowice. Después de un año, se desempeñó como cabo y fue dirigido a la Escuela de Cadetes de Infantería de Lviv. En 1903 terminó su servicio militar con el rango de sargento de pelotón y pudo regresar a casa. Sin embargo, decidió permanecer en el ejército como soldado profesional y sirvió como suboficial de línea con el ayudante principal en Cracovia y como suboficial en Wadowice.

La familia Wojtyla

Los dos se casaron el 10 de febrero de 1906 en la iglesia de San Pedro y Pablo en Cracovia y tuvieron tres hijos: Edmund (nacido en 1906), Olga, quien murió ni bien nacida y bautizada, (1916) y Karol (nacido en 1920), luego Papa. Hasta 1913 vivieron en Krowodrza, luego se mudaron a Wadowice. Emilia murió el 13 de abril de 1929, después de recibir los últimos sacramentos en presencia de su esposo junto a su lecho,  y fue enterrada en el cementerio Rakowicki en Cracovia. Desde entonces, el viudo se ocupó de la casa y los niños, mudándose, junto con su hijo Karol, a Cracovia en 1938. Finalmente, murió en 1941, a los 63 años, debido a una insuficiencia cardíaca. Tenía 63 años de edad. Está enterrado junto a su esposa.

Vatican News Roberta Barbi – Ciudad del Vaticano


 

miércoles, 13 de mayo de 2020

Juan Pablo II y Fátima

“He venido en peregrinación a Fátima, como la mayoría de ustedes, amados peregrinos, con el rosario en la mano, el nombre de Maria en los labios y el canto de la misericordia de Dios en el corazón: el también “a mí me ha hecho grandes cosas…..su misericordia se extiende de generación en generación” (Lc 1,49-50)” decía el Papa Juan Pablo II en su saludo a los presentes en la capilla de las apariciones en Fátima el 12de mayo de 1982  y les confiaba que “hace ya mucho tiempo que tenía intención de venir a Fátima…desde que ocurrió el atentado en la Plaza San Pedro, hace un año al tomar conciencia mi pensamiento se dirigió de inmediato a este Santuario, para colocar en el corazón de nuestra Madre celeste mi agradecimiento por haberme salvado del peligro. He visto en todo lo que estaba sucediendo – no me canso de repetirlo -  una protección maternal especial de Nuestra Señora. Y en la coincidencia – no existen las simples coincidencias en los diseños de la divina Providencia – he visto también un llamado, quizás un clamor a prestarle atención al mensaje que partiera desde aquí hace 65 años transmitido por intermedio de tres pequeños, hijos de humildes pobladores del lugar, los pastorcitos de Fátima,  como son conocidos universalmente.

El año del Jubileo 2000 en su última visita a Fátima el Papa Juan Pablo II después de la oración en alabanza a la Virgen, en la Capilla de las Apariciones, “entregó”  un anillo a Nuestra Señora, dejando escrito su mensaje: “Este anillo, con la efigie de Nuestra Señora y las palabras “Totus Tuus”, me lo dio el Cardenal Stefan Wyszynski, en los primeros días de mi Pontificado. Con mucha alegría, lo ofrezco a Nuestra Señora de Fátima en señal de mi profunda gratitud por la protección que me tiene concedida”.
Recuerdo con cariño y nostalgia (porque no he vuelto a ir) mi viaje, casi accidental a Fátima hace muchos años. Estaba haciendo un curso en Londres y quería aprovechar para visitar Fátima. Partí el viernes a la noche a Lisboa. Tenía dos días libres y el domingo lo dedique a visitar el  Santuario de Fátima. Resultó ser una visita muy especial porque – sin saberlo – en Fátima celebraban los 100 años de la llegada de los claretianos a Portugal. Había llegado temprano y pude visitar la capilla de las apariciones después de insistir fuertemente que venía de lejos, porque – argumentaban – ese día solamente podrían pasar quienes hubieran hecho una promesa. Yo no venia por una promesa pero con muchas súplicas. Sin saberlo de antemano me vi envuelta en una multitud que participaba con profunda devoción y emoción,  mucha gente humilde con el rostro curtido por el sol llenaba por completo la explanada delante del Santuario para la celebración de la Misa.  Una visita inolvidable. Por la tarde me dedique a visitar los lugares santos cercanos. 
Hoy buscando el enlace al Santuario de Fátima me encontré en el sitio del Santuario - transmisiones envivo- con preparativos para una celebración y pude “presenciar” la Misa en la Capelinha  presidida por el obispo emérito de Mercedes, Rubén Héctor Di Monte con quien concelebraban sacerdotes de Argentina, Colombia y Mozambique. En su saludo final el Obispo Di Monte invitó a rezar la oración a San Miguel Arcángel,  recordando que hace algo más de un año cuando un Papa llegaba y otro se iba inauguraron juntos en los jardines vaticanos una estatua en su honor. Ambos sabían – dijo entre otros – del poder de Satanás y de la urgente necesidad de oración en el mundo de hoy para luchar contra su influencia maligna.

Invito ver posts etiquetados Fátima.

sábado, 9 de mayo de 2020

Beatificación Juan Pablo II – Mi diario de viaje (6) 2 de mayo 2011 Misa de Acción de gracias - Republicacion



El Lunes 2/5 día de la Santa Misa de Acción de gracias por la beatificación de Juan Pablo II quedamos que no iríamos tan temprano. Hicimos bien porque no había tanta gente. El movimiento era ya mas normal, comenzaba la semana y muchos europeos se habian ido.

Unos quince minutos antes de comenzar la misa divise cerca mío una bandera española, una francesa y las demás eran todas polacas, mas tarde también una uruguaya y una eslovaca. La ceremonia comenzaba con poesías de Karol Wojtyla leídas en polaco y en italiano, pero los micrófonos no funcionaban bien y se hacia difícil escuchar. No pudimos conseguir el librito de la ceremonia, que tampoco esta en el sitio de la Santa Sede. En general la organización no era como la del domingo, tampoco para la distribución de la comunión. No se, me pareció que algo no funciono ;)

Estaba nublado y hacia frio. Amenazaba llover.


Si bien había muchas banderas polacas creo que muchos ya habrían partido para celebrar la fiesta en su patria, pues el 3 de mayo es el Día de la Constitución polaca pero también el día de la Reina de Polonia, Nuestra Señora de Jasna Gora.

Asi lo recordaba el Beato Juan Pablo II en sus palabras ante la Gruta de Lourdes de los jardines vaticanos el Domingo 3 de mayo de 1981:
“La jornada de hoy nos trae el recuerdo del importante hecho histórico acaecido en el siglo XVIII, que pareció señalar los comienzos de una vida nueva; y así fue, si bien nos vimos privados luego de esta vida durante cien años. En efecto, estamos recordando la Constitución del 3 de mayo; es ésta la razón de la celebración histórica de hoy. En todas las vicisitudes históricas, acontecimientos grandiosos y momentos difíciles, la Madre de Cristo crucificado y resucitado sigue estando en Jasna Góra cual signo de nuestra esperanza, cual signo de la resurrección espiritual a que está llamado el hombre en el misterio de la resurrección de Cristo, y a la que están llamadas la sociedad y las naciones.” Lo decía en momentos muy difíciles para Polonia, ya en medio de grandes conflictos y huelgas reafirmando que “nuestra esperanza es la renovación, la reconstrucción de la nación a partir de sus fundamentos espirituales y morales, hasta abarcar también lo que forma la totalidad de su existencia temporal.”

La Misa de Acción de gracias fue celebrada por el Cardenal Tarcizio Bertone, que entre otros, decía en su homilía refiriéndose al Beato Juan Pablo II:
“Su vida era una oración continua, constante, una oración que abrazaba con amor a cada uno de los habitantes de nuestro planeta, creado a la imagen y semejanza de Dios, y por esto digno de todo respeto; redimido con la muerte y resurrección de Cristo, y por eso transformado verdaderamente en gloria viva de Dios («Gloria Dei vivens homo», san Ireneo). Gracias a la fe, que expresaba sobre todo en su oración, Juan Pablo II era un auténtico defensor de la dignidad de todo ser humano y no un mero luchador por ideologías político-sociales. Para él, toda mujer, todo hombre, era una hija, un hijo de Dios, independientemente de la raza, del color de la piel, de la proveniencia geográfica y cultural, e incluso del credo religioso. Su relación con cada persona se sintetiza en la estupenda frase que él escribió: «El otro me pertenece».”

Por la tarde tuvimos el Encuentro de blogueros.

(El resto de mis inolvidables recuerdos de aquellos dias pueden leerlos clickeando etiqueta Diario Roma beatificacion o 1 de mayo 2011)