Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 17 de agosto de 2019

Karol Wojtyla: Aqui en Borek Falecki he aprendido a ser devoto de Maria



En mis frecuentes visitas a las parroquias  suelo comenzar o finalizar mi visita ante la imagen de Nuestra Señora de Jasna Gora.  Hablo como obispo,  pues para un obispo una parroquia es como su casa, al igual que para el párroco. Pero en esta parroquia quiero  hablarles no como obispo sino como parroquiano. Tan profundos son los lazos creados entre nosotros en el pasado. Por eso  -  y de modo muy particular – quiero hoy  hablar  ante ustedes como parroquiano.

 Ustedes saben que si bien nunca viví aquí he trabajado aquí. Esa enorme fábrica de productos químicos sobre la cual les  ha hablado el padre párroco, fue mi lugar de trabajo durante los cuatro años de la ocupación. Y durante esos cuatro años fue justamente aquí que nació mi vocación sacerdotal. Por eso mis lazos tan especiales con esta parroquia. Mi vocación comenzó a formarse mientras trabajaba en la cantera de piedra y terminó de madurar en esta fábrica de soda, en el predio donde se encuentra esta iglesia.  Digo “esta iglesia” pero pienso en aquella otra que ya no existe  y que vuestros hijos seguramente no podrán recordar.  Era una vieja capilla de madera, prácticamente una barraca, que servía como casa de Dios, antes que se terminara de construir esta hermosa, moderna y grande iglesia.  Como parroquiano hoy deseo saludar a Maria Santisima y deseo agradecerle  como vuestro obispo por la gracia sacerdotal que maduró justamente en esta parroquia.
Estos son los profundos lazos que me unen a ustedes. Estos lazos también me unen para siempre con nuestra Madre Santísima. Siempre que paso cerca de esta fabrica, especialmente cuando paso cerca de la Sala de calderas recuerdo el curso y los momentos decisivos de mi vida. A menudo veo ante mis ojos un pequeño librito de tapas celestes. Cuando era operario de Solvay lo llevaba siempre conmigo, junto al pedazo de pan, para el turno de la tarde o de la noche. Durante el turno de mañana era más difícil encontrar un momento para leer.  El librito se titulaba Tratado sobre la devoción a la Santísima Virgen Maria. El autor era - en aquellos tiempos era beato y fue elevado a los altares como santo -  Ludovico Maria Grignon di Monfort.  Permítanme mencionarlo el dia que Nuestra señora inicia su peregrinación en visita a vuestra parroquia.
Aquel pequeño librito de tapas celestes parecía un librito de Misa, y me sirvió de lectura durante muchos días y semanas. No solo lo leía entonces, aún lo conservo. Lo leía, en realidad desde el comienzo al final y lo volvia a empezar.   De este librito he aprendido la devoción a Nuestra Señora.   Ya  traía yo esa devoción de niño,  después como escolar, finalmente como universitario. Pero el verdadero sentido y la profundidad de esta devoción me lo ha enseñado este librito leído durante los turnos de trabajo, en esta fábrica de soda.  Lo he leído tantas veces que tanto por fuera como por dentro estaba impregnado de soda. Recuerdo muy bien aquellas manchas de soda porque justamente esas manchas son con una parte importante de toda mi vida interior. Quería recordarles esto hoy. Les recuerdo este hecho, carísimos hermanos y hermanas, pero ante todo quería recordarte a ti, Madre santísima de cuando venia aquí a la parroquia de Borek Falecki parroquia a la cual debo mi vocación, durante esa particular experiencia de trabajo manual.  Recordándolo quiero agradecértelo Madre Santísima.  Deseo además aparte de mi testimonio personal representar el testimonio de toda la  comunidad. Por eso, Madre Santísima ven a nosotros, que te acogemos en espíritu de perfecta devoción, de completa confianza en ti. Hemos puesto en tus manos nuestro pasado.  Hemos puesto en tus manos nuestro pasado una memorable tarde de aniversario del milenio de la conversión de Polonia, cuando nos visitaste en tu imagen errante. Has estado en la Catedral de Wawel y después en la procesión de Wawel a Skalka y después nuevamente de Skalka a Wawel,  allí en la pared de la capilla de Segismundo. A tu alrededor se encontraban centenares de miles, tus fieles, confesores de Cristo en esta maravillosa capital polaca. Recuerdo en aquel tiempo ante tu imagen pusimos en tus manos todo nuestro pasado. Yo he puesto en tus manos todo nuestro pasado  y  he aprendido a ser tu devoto justamente aquí en Borek Falecki. Ahora que Maria,  carísimos, sin su imagen, se encuentra entre nosotros (1), se eleva aun más la fuerza de nuestra fe. Y además se confirma nuestro acercamiento a la Santa Virgen. La ausencia de su imagen llena nuestros ánimos de desilusiones  viendo como se violan nuestros sentimientos religiosos.  No obstante en esta parroquia queremos confiarte, Madre de Cristo, todo nuestro futuro. Lo hacemos con todo nuestro esmero,  parroquia por parroquia, familia por familia, en especial porque queremos formar una base solida para el  futuro de nuestro pueblo, para el futuro de la Iglesia de Cristo en nuestra nación.  Esta base solida la encontramos en la más completa devoción a a ti, Madre de Cristo, Virgen Santísima porque es profunda nuestra veneración, nuestro amor a ti.  Un poeta polaco J. Lechon, dijo.« Porque aun aquel que en nada cree, cree en ti»   Nuestra fe es la base sobre la cual construimos y a la cual confiamos nuestro futuro.  Te confiamos aquellos que vendrán después de nosotros, para que gocen de unidad de espíritu con nosotros, para que este espíritu no se apague jamás; para que sientan dentro de si al Espíritu Santo cuya esposa eres.
Nos volvemos a ti, Madre santísima, esposa del Espíritu Santo, para que tu solicites y obtengas que el Espiritu Santo sea el Espíritu de nuestra juventud, de nuestros ancianos, de nuestros esposos, de nuestras familias; para que sea el Espíritu de nuestro trabajo, nuestras fabricas, nuestros campos y nuestras casas. Ora por nosotros y obtiene para nosotros el Espíritu Santo cuya esposa eres, o Madre de la divina gracia, Reina de Polonia, Sostén de los fieles, Madre nuestra de Jasna  Gora. Ruega por nosotros y guíanos. En tus manos está todo nuestro pasado, y en tus manos, todo nuestro futuro.  

(1)   En 1966 la imagen en peregrinación es confiscada y enviada al Santuario de Jasna Gora, pero los fieles polacos siguen con las peregrinaciones con  tan solo el marco del cuadro por toda Polonia.  

(Homilia del Obispo Karol Wojtyla en Borek Falecki 8 de noviembre de 1968) 

jueves, 15 de agosto de 2019

"Bienaventurada eres tú que has creído".


En el Evangelio de la festividad de hoy vemos a María cuando, después de la Anunciación, llena del Espíritu Santo y llena del misterio que se había realizado en su seno por obra de ese mismo Espíritu, entra en casa de Zacarías.

Traspasa el umbral de la casa de una familia que le es muy cercana por espíritu y por parentesco. Y ya en el umbral, recibe el saludo de Isabel la cual exalta su fe: "Bienaventurada tu que has creído" (cf. Lc 1, 45). Y saluda a María con las mismas palabras con que ahora la saludamos todos constantemente cuando rezamos el "Ave María".

María traspasa el umbral de una casa, entra en el círculo de una familia... ¡Cómo nos enlaza ese acontecimiento con el asunto para el que se prepara el Episcopado del mundo entero en relación con el Sínodo de los Obispos de este año! El tema del Sínodo "Misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo" dirige nuestra atención hacia todas las familias que viven en el mundo contemporáneo, hacia las familias a las que es enviada la Iglesia y a través de las cuales desea cumplir su misión. Pensemos en las grandes tareas de la familia, ligadas a la transmisión de la vida y a la gran obra de la educación del nuevo hombre. Pensemos en las alegrías, pero también en las fatigas de ese amor, sobre el cual se construye la vida de los cónyuges y de las familias. Pensemos también en los sufrimientos, en las crisis, en los dramas que a veces acompañan la vida familiar. A través de los trabajos del Sínodo de los Obispos, deseamos entrar en el ámbito de todo esto con absoluto respeto, pero también con la fe y el amor con que la Iglesia rodea a la familia cristiana, construida sobre el fundamento del sacramento del matrimonio.

Y por eso invitamos a María a traspasar el umbral de todas las familias, igual que, en un tiempo, traspasó el de la casa de Zacarías. Le rogamos que lleve a todos el mismo mensaje de fe materna y de amor. Le pedimos también que visite los trabajos del Sínodo que se prepara, cuyos miembros, con los ojos puestos en Ella, desean repetir lo que Isabel dijo entonces: "Bienaventurada eres tú que has creído". El Sínodo, por su parte, siguiendo el ejemplo de esta Madre, desea dejarse guiar de la fe y del amor hacia todas las familias, a las que dirigirá próximamente su especial servicio.

sábado, 10 de agosto de 2019

Santa Faustina Kowalska, el puente al tercer milenio (2 de 2)



De esta manera la visión de la Hermana Faustina se transformo en el ”puente” al tercer milenio: un “un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.” Nadie sabía que traerían los aires del tercer milenio, pero sin dudas  los nuevos progresos no estarían exentos de experiencias penosas. Tanta mas entonces la necesidad de una “ luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio.”. Por lo tanto el Papa explico que el Segundo Domingo de Pascua seria a partir de entonces conocido como el Domingo de la Divina Misericordia, porque quiso donar al tercer milenio el mensaje que le había sido confiado a la Hermana Faustina, ahora Santa Faustina.

Juan Pablo II recalco entonces en su homilía dos temas que ya eran característicos de su pontificado. Había hablado frecuentemente de la Ley del Don – la ley del donarse -  que lleva en si la persona humana; los enunciados de esta ley del Concilio Vaticano II que “el hombre puede descubrir su ser mas intimo tan solo dándose sinceramente” había sido una de los textos del Vaticano II mas mencionados en su magisterio.  La Ley del Don no era, sin embargo, fácil de llevar. Porque “no es fácil amar con un amor profundo, constituido por una entrega auténtica de sí. Este amor se aprende sólo en la escuela de Dios, al calor de su caridad. Fijando nuestra mirada en él, sintonizándonos con su corazón de Padre, llegamos a ser capaces de mirar a nuestros hermanos con ojos nuevos, con una actitud de gratuidad y comunión, de generosidad y perdón. ¡Todo esto es misericordia!”  Abrazar esa misericordia se hacia esencial si pretendíamos que al tercer milenio le fueran perdonadas las penurias del segundo.

“En este amor debe inspirarse la humanidad hoy para afrontar la crisis de sentido, los desafíos de las necesidades más diversas y, sobre todo, la exigencia de salvaguardar la dignidad de toda persona humana. Así, el mensaje de la misericordia divina es, implícitamente, también un mensaje sobre el valor de todo hombre. Toda persona es valiosa a los ojos de Dios, Cristo dio su vida por cada uno, y a todos el Padre concede su Espíritu y ofrece el acceso a su intimidad.
Este mensaje consolador se dirige sobre todo a quienes, afligidos por una prueba particularmente dura o abrumados por el peso de los pecados cometidos, han perdido la confianza en la vida y han sentido la tentación de caer en la desesperación. A ellos se presenta el rostro dulce de Cristo y hasta ellos llegan los haces de luz que parten de su corazón e iluminan, calientan, señalan el camino e infunden esperanza.” (homilía de la canonización de Santa Faustina) 

viernes, 9 de agosto de 2019

Santa Faustina Kowalska, el puente al tercer milenio (1 de 2)



El domingo 30 de abril de 2000, se congregaron en la Plaza San Pedro alrededor de 200.000 fieles para la ceremonia de canonización de la primer santa del tercer milenio.
Su trayectoria espiritual había impactado fuertemente en conventos polacos poco conocidos,  en el Index de libros prohibidos e innumerables parroquias alrededor del mundo.

Helena Kowalska,  nació el 25 de agosto de 1905 en el pueblo de Głogowiec, cerca de Łódź y  fue la tercera de diez hijos nacidos de padres tan pobres que pudieron costearle tan solo dos años de educación formal. Imposibilitada de entrar en el convento a los 17 años,  porque su familia necesitaba de sus modestos ingresos,  trabajo como ayudante domestica antes de su fracasado intento de entrar en un convento en Varsovia. Un año mas tarde, en 1925,  logro unirse a las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia donde vivió la experiencia de la visión de Cristo sufriente.  Adoptando el nombre religioso de Maria Faustina, completó su noviciado en Cracovia y realizo sus votos perpetuos en 1933. Los cinco años restantes de su vida, sirvió como hermana portera, jardinera, y cocinera en conventos de Cracovia, Płock y Vilnius (entonces parte de la Segunda Republica polaca)  
El 22 de febrero de 1931 en Płock, la Hermana Maria Faustina tuvo la visión en la cual se le apareció Jesus como un Salvador misericordioso de cuyo corazón emergían rayos rojos y blancos; el “Rey de la Divina Misericordia”  le pidió promover la instauración del Segundo Domingo o la Octava de Pascua como celebración de la divina misericordia y propagar la devoción de la misericordia de Dios con el mundo.   Después que un examen psiquiátrico confirmara que la Hermana Faustina no sufría de desordenes mentales, el padre Michał Sopocko  se hizo cargo de su dirección espiritual en 1933 y se contacto con un artista para que pintara  la imagen de la visión de Cristo que había visto la Hermana Faustina.  Sus visiones y las extraordinarias experiencias espirituales  (incluidas las estigmas escondidas) continuaron, conocidas tan solo por sus superiores religiosos y su director espiritual, y fueron debidamente registradas en el diario que ella llevaba. En 1935 ella tuvo una visión que dio origen a la coronilla de la Divina Misericordia. Al año siguiente la Hermana Faustina enfermo de tuberculosis y después de pasar un tiempo en  un sanatorio,  antes de regresar a su convento en Cracovia - Łagiewniki, murió en 1938.

El convento de Łagiewniki se hallaba cerca de la planta química Solvay donde,  entre Octubre de 1941 y Agosto de 1944,  trabajó Karol Wojtyła. El joven operario solia detenerse,  en su camino a la planta o en su regreso,  en la capilla del convento a rezar.  Entonces ya habían  empezado a aparecer las imágenes de Jesus Misericordioso en las iglesias de Polonia, pero el trabajo póstumo de la Hermana Faustina transitó por caminos insospechados pues el Papa Juan XXIII,  poco después de ser elegido,  firmó un decreto preparado por la Oficina de la Santa Sede que establecida que el diario de la monja polaca fallecida debía ser incluido en el Index de libros prohibidos.  Durante el Concilio Vaticano II el Arzobispo Karol Wojtyła se ocupo de la causa de Faustina con las autoridades romanas convencido que la devoción de la Divina Misericordia poseía importante merito pastoral y que la condenación del diario se había basado en una mala traducción al italiano del original polaco. Wojtyła le pidió a uno de sus tutores en la tesis, el sacerdote Ignacy Róźycki, que preparara una edición crítica del diario como primer paso hacia la rectificación del estado de Faustina con la Santa Sede.  

Años de arduos trabajos finalmente lograron que se levantaran las sanciones; mientras tanto la coronilla de la Divina Misericordia se había extendido por todo el mundo, pues los pastores de la iglesia habían encontrado  en ella una notable herramienta para reavivar la vida devocional católica, algo apagada en mucho países después del Vaticano II.   

 La hermana Faustina Kowalska, apostol de la Divina Misericordia, fue beatificada por Juan Pablo II el 18 de abril de 1993.  El Papa quiso dejar anclado el recuerdo de su predecesora con el tercer milenio canonizándola como la primera santa del Gran Jubileo del año 2000.
   
(George Weigel, The end and the beginning, Doubleday, 2010)


martes, 6 de agosto de 2019

Monte Tabor, el monte de la oración


Los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas atestiguan de modo concorde el episodio de la transfiguración de Cristo. Los elementos esenciales son dos: en primer lugar, Jesús sube con sus discípulos Pedro, Santiago y Juan a un monte alto, y allí «se transfiguró delante de ellos» (Mc9, 2), su rostro y sus vestidos irradiaron una luz brillante, mientras que junto a él aparecieron Moisés y Elías; y, en segundo lugar, una nube envolvió la cumbre del monte y de ella salió una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo» (Mc 9, 7). Por lo tanto, la luz y la voz: la luz divina que resplandece en el rostro de Jesús, y la voz del Padre celestial que da testimonio de él y manda escucharlo.
El misterio de la Transfiguración no se debe separar del contexto del camino que Jesús está recorriendo. Ya se ha dirigido decididamente hacia el cumplimiento de su misión, a sabiendas de que, para llegar a la resurrección, tendrá que pasar por la pasión y la muerte de cruz. De esto les ha hablado abiertamente a sus discípulos, los cuales sin embargo no han entendido; más aun, han rechazado esta perspectiva porque no piensan como Dios, sino como los hombres (cf. Mt 16, 23). Por eso Jesús lleva consigo a tres de ellos al monte y les revela su gloria divina, esplendor de Verdad y de Amor. Jesús quiere que esta luz ilumine sus corazones cuando pasen por la densa oscuridad de su pasión y muerte, cuando el escándalo de la cruz sea insoportable para ellos. Dios es luz, y Jesús quiere dar a sus amigos más íntimos la experiencia de esta luz, que habita en él. Así, después de este episodio, él será en ellos una luz interior, capaz de protegerlos de los asaltos de las tinieblas. Incluso en la noche más oscura, Jesús es la luz que nunca se apaga. San Agustín resume este misterio con una expresión muy bella. Dice: «Lo que para los ojos del cuerpo es el sol que vemos, lo es [Cristo] para los ojos del corazón" (Sermo 78, 2: pl 38, 490). (Benedicto XVI Ángelus 4 de marzo de 2012) 
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Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo « escuchen » (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo.  (Juan Pablo II Carta Apostolica Rosarium Virginis Mariae ) 

sábado, 3 de agosto de 2019

Dominum et vivificantem




La Carta encíclica Dominum et vivificantem, sobre el Espiritu Santo en la Vida  de la Iglesia y del Mundo de S.S. Juan Pablo II fue promulgada el 18 de mayo y publicada el 30 de mayo de 1986. 

Decia Juan Pablo II:
En la Encíclica Dominum et Vivificantem he escrito: El Espíritu Santo, consubstancial al Padre y al Hijo en la divinidad, es amor y don (increado), del que deriva como de una fuente (fons vivus) toda dádiva a las criaturas (don creado): la donación de la existencia a todas las cosas mediante la creación; la donación de la gracia a los hombres mediante toda la economía de la salvación' (n. 10).
…….En el Espíritu Santo se halla, pues, la revelación de la profundidad de la Divinidad: el misterio de la Trinidad en el que subsisten las Personas divinas, pero abierto al hombre para darle vida y salvación. A ello se refiere San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, cuando escribe: 'El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios'.  Como leemos en la Encíclica Dominum et Vivificantem todo 'lo que dice (Jesús) del Padre y de sí como Hijo, brota de la plenitud del Espíritu que está en Él y que se derrama en su corazón, penetra su mismo 'yo', inspira y vivifica profunda mente su acción' (n. 21). Por eso el Evangelio puede decir que Jesús 'se llenó de gozo en el Espíritu Santo' (Lc 10,21). Así la 'plenitud' del Espíritu Santo, que se halla en Cristo, se manifestó el día de Pentecostés llenando de Espíritu Santo' a todos aquellos que estaban reunidos en el Cenáculo. Así se constituyó aquella realidad cristológico eclesiológica a que alude el apóstol Pablo: 'alcanzáis la plenitud en él, que es la Cabeza' (Col 2, 10). (1 Cor 2, 10).

………. En la Encíclica sobre el Espíritu Santo Dominum et Vivificantem escribí: 'Pentecostés es un nuevo inicio en relación con el primero, inicio originario de la donación salvífica de Dios, que se identifica con el misterio de la creación. Así leemos ya en las primeras páginas del libro del Génesis: 'En el principio creó Dios los cielos y la tierra... y el Espíritu de Dios (ruah Elohim) aleteaba por encima de las aguas' (1, 1 ss.). Este concepto bíblico de creación comporta no sólo la llamada del ser mismo del cosmos a la existencia, es decir, el dar la existencia, sino también la presencia del Espíritu de Dios en la creación, o sea, el inicio de la comunicación salvífica de Dios a las cosas que crea. Lo cual es válido ante todo para el hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios' (n. 12). En Pentecostés el 'nuevo inicio' del donarse salvífico de Dios se funde con el misterio pascual, fuente de nueva vida


Y el entonces Cardenal Joseph Ratzinger (ahora Santo Padre emérito Benedicto XVI) en su conferencia acerca de Las catorce enciclicas del Santo Padre Juan Pablo II con ocasión del Congreso “Juan Pablo II 25 años de Pontificado. La Iglesia al servicio del hombre” en la Pontificia Universidad Lateranense realizado entre el 8 y el 10 de mayo de 2003expresó, entre otros

…“Las encíclicas se deben dividir por grupos de temas afines. Conviene recordar ante todo el tríptico trinitario de los años 1979-1986, que abarca las encíclicas Redemptor hominisDives in misericordia y Dominum et vivificantem


Quiero dedicar también unas pocas palabras a la encíclica sobre el Espíritu Santo, en la cual se trata el tema de la verdad y de la conciencia. Según el Papa, el auténtico don del Espíritu Santo es "el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención" («Dominum et vivificantem», 31). Así pues, en la raíz del pecado está la mentira, el rechazo de la verdad. "La "desobediencia", como dimensión originaria del pecado, significa rechazo de esta fuente por la pretensión del hombre de llegar a ser fuente autónoma y exclusiva en decidir sobre el bien y el mal" (ib., 36). La perspectiva fundamental de la encíclica «Veritatis splendor» ya aparece aquí muy claramente. Es evidente que el Papa, precisamente en la encíclica sobre el Espíritu Santo, no se detiene en el diagnóstico de nuestra situación de peligro, sino que hace ese diagnóstico para preparar el camino a la curación. En la conversión, el afán de la conciencia se transforma en amor que sana, que sabe sufrir: "El dispensador oculto de esa fuerza salvadora es el Espíritu Santo" (ib., 5)”

martes, 30 de julio de 2019

El Santuario de Jasna Gora - Reina de Polonia



En su peregrinar espiritual por los  santuarios de la Madre de Dios en toda la tierra,el ultimo domingo de agosto de 1988 Juan Pablo II viajaba a Czestochowa en su patria.  La fecha no era menor pues el 26 de agosto la Iglesia en Polonia celebra la solenidad de la Virgen de Czestohowa. 

Decia el Papa : Al acudir espiritualmente a Jasna Góra, centro espiritual de la piedad mariana de mi patria, deseo visitar y saludar al mismo tiempo todos los santuarios marianos de Polonia.
Hoy nombraré sólo dos: la Madre de Dios de Kalwaria Zebrzydowskaa la que he acudido en peregrinación desde mi infancia, y a la Madre de la Justicia y del Amor social de Piekary,  en Silesia. Sin embargo. Llevo en lo más profundo de mi corazón todos los lugares de la presencia de la Madre, en los que los fieles han aprendido, y siguen aprendiendo, el gran misterio de la filiación divina.
2. Jasna Góra ―Clarus mons: Monteclaro― es el santuario de la Reina de Polonia. Es, desde hace seis siglos, el lugar de la presencia especial de la Madre de Dios, lugar de las grandes celebraciones y de las peregrinaciones, no sólo de los polacos y de las naciones eslavas, sino además de fieles provenientes de numerosos países de Europa Occidental y de todo el mundo. Lo conocen también muchos italianos que peregrinan allí todos los años.

3. La circunstancia que dio comienzo a este gran encuentro de la Madre de Dios con su pueblo, acaeció en 1382, año en que la imagen de la Madre de Dios, gran obra de arte, fue llevada allí desde Oriente y confiada a los padres paulinos.

Esta antigua efigie, que lleva en sí signos de elementos del cristianismo de Oriente y Occidente, es un símbolo de la unión de estos dos mundos, de las riquezas y de las culturas que mediante el bautismo se encontraron y unieron en Cristo.

4. Con Jasna Góra y con la imagen de la Madre de Dios, están vinculados importantes acontecimientos, tales como la defensa de Jasna Góra, de Polonia y de la libertad de conciencia, ocurrida a mediados del siglo XVI, durante la invasión sueca, llamada "el diluvio". El santuario ha desempeñado incluso el papel de la defensa de la fe, de la cultura y de la conservación de la identidad nacional, sobre todo durante el largo periodo de la división de Polonia.
Durante la segunda guerra mundial, el Papa Pío XII afirmó: Polonia no ha perecido ni perecerá porque Polonia crece, ora: Polonia tiene Jasna Góra.

5. En los difíciles años de la postguerra, durante los años de la ateización organizada y sistemática, Jasna Góra se convirtió para la Iglesia y el Episcopado polaco, bajo la guía del primado, cardenal Stefan Wynszynski, en un lugar de encuentro para la creación de eficaces programas y de iniciativas pastorales. Fue, además, punto de referencia para la regeneración social, como la solidaridad, u otros grupos y movimientos de renovación social. Nacen de ello las definiciones lapidarias y justas, como por ejemplo: "Aquí late el corazón inmortal de Polonia", "Aquí hemos sido libres siempre", "Jasna Góra, capital espiritual de Polonia". Y con frecuencia se llama a la efigie "la imagen de la libertad" y el "signo de la unidad del Oriente y el Occidente cristianos".

Muchos Papas han demostrado veneración y amor a la imagen de Jasna Góra. En nuestro siglo, Pío X le ofreció coronas de oro. Pío XI hizo, en Castelgandolfo, una capilla con una reproducción de la Virgen Negra. Son conocidas las expresiones de amor hacia la Señora de Jasna Góra por parte de Juan XXIII; Pablo VI quiso ir en peregrinación a su santuario, pero no le fue posible.

Dios ha permitido que yo, hijo de esa tierra y de esa nación, haya podido realizar tres veces la peregrinación apostólica a Jasna Góra y llevar a la Reina de Polonia la Rosa de Oro que el mismo Pablo VI hubiera querido ofrecerle personalmente, orar por la Iglesia y dejar a mis compatriotas el mensaje de fe y de esperanza.

"¡María, Reina de Polonia, estoy contigo; recuerdo, velo!"





sábado, 27 de julio de 2019

Anécdotas de la vida de Juan Pablo II


Durante su viaje a Israel, se le acerca  un hombre y le ofrece una reliquia «preciosa» : Un ladrillo de la casa de Abraham. Y el Papa «Pero creía que Abraham….vivía bajo una carpa!»

La priora general de una Nueva Comunidad asiste a la Misa del Papa. En el momento de los saludos, el Papa se asombra de su juventud. La religiosa le responde con una sonrisa luminosa. «Soy de la generación de Juan Pablo II!» y el Papa le responde: «Oh,! ¡Pero la generación de Juan Pablo II es de 1920».

Sentados a la mesa durante un almuerzo con Monseñor Gérard Dancourt, cuando era obispo de Orleans, Juan Pablo II le pregunta. «Tiene algún problema grave en su diócesis?», «Si, santo Padre, un problema grave que no se cómo resolver» . «De que se trata?«De la conversión de su obispo». «ah, tenemos el mismo problema en la diócesis de Roma».

En una ocasión, un niño del coro le pregunta. «Porque das vuelta al mundo?» Y él le responde: «Has leído que Jesus dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio?» 

Hacia un tiempo que el estado de salud de Juan Pablo II era centro de atención de los medios que repetían todo rumor que tratase el tema. Y el Papa, a cuantos le preguntaban sobre su salud, respondía: «No se, aun no he tenido tiempo para leer los matutinos».

Durante un encentro romano con las religiosas, todas muy entusiasmadas, Juan Pablo II les dice: «Pensaba que las monjas eran tranquilas, y sin embargo hacen tanto alboroto que han hecho pedazos al Papa durante el primer encuentro.»

Durante uno de los viajes apostólicos por África hacia tanto calor que las personas que acompañaban al Santo Padre “ya habían agotado sus fuerzas y los periodistas estaban rendidos. Solo el Papa no daba señales de cansancio – escribía el corresponsal de DPA – cuando desciende del avión en Kisangani, corazón del infierno verde de la jungla en el sur del Zaire, se presenta tan fresco como al partir de Roma.” En cierto momento – cuenta George Weigel – pasando cerca de un equipo de la televisión alemana, les saluda diciendo «Que pasa muchachos, siguen vivos?»

(de Totus Tuus  Nr 7-8 julio agosto 2008)


jueves, 25 de julio de 2019

Él, el primer vidente



« En El vivimos, nos movemos y existimos»
Dice Pablo en el Areópago de Atenas
¿Quién es Él?
Es como un especio inexpresable que abarca todo –
Èl es el Creador:
Abarca todo llamando a la existencia a partir de la nada,
no sólo en el principio sino para siempre.
Todo permanece, cambiando continuamente –
«En el principio fue el Verbo y por Él todo se hizo».
El misterio del principio nace junto con el Verbo, emana del Verbo.
El Verbo – la eterna vision y la eterna expresión.
El que creó, vio – vio «que era bueno»,
Vio con la visión distinta de la nuestra.
Él – el primer vidente –
Vio, hallaba en todo alguna huella de su Ser, de su plenitud –
Vio: Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius
Desnudo y transparente –
Verdadero, bueno y bello –

Karol Wojtyla

Primer vidente, Meditaciones sobre el Libro del Génesis en el umbral de la Capilla Sixtina, Triptico Romano

martes, 23 de julio de 2019

El pecado contra el Espíritu Santo (2 de 2)


47. La acción del Espíritu de la verdad, que tiende al salvífico « convencer en lo referente al pecado », encuentra en el hombre que se halla en esta condición una resistencia interior, como una impermeabilidad de la conciencia, un estado de ánimo que podría decirse consolidado en razón de una libre elección: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar « dureza de corazón ».184 En nuestro tiempo a esta actitud de mente y corazón corresponde quizás la pérdida del sentido del pecado, a la que dedica muchas páginas la Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia.185 Anteriormente el Papa Pío XII había afirmado que « el pecado de nuestro siglo es la pérdida del sentido del pecado » 186 y esta pérdida está acompañada por la « pérdida del sentido de Dios ». En la citada Exhortación leemos: « En realidad, Dios es la raíz y el fin supremo del hombre y éste lleva en sí un germen divino. Por ello, es la realidad de Dios la que descubre e ilumina el misterio del hombre. Es vano, por lo tanto, esperar que tenga consistencia un sentido del pecado respecto al hombre y a los valores humanos, si falta el sentido de la ofensa cometida contra Dios, o sea, el verdadero sentido del pecado
 ».187 La Iglesia, por consiguiente, no cesa de implorar a Dios la gracia de que no disminuya la rectitud en las conciencias humanas, que no se atenúe su sana sensibilidad ante el bien y el mal. Esta rectitud y sensibilidad están profundamente unidas a la acción íntima del Espíritu de la verdad. Con esta luz adquieren un significado particular las exhortaciones del Apóstol: « No extingáis el Espíritu », « no entristezcáis al Espíritu Santo ».188 Pero la Iglesia, sobre todo, no cesa de suplicar con gran fervor que no aumente en el mundo aquel pecado llamado por el Evangelio blasfemia contra el Espíritu Santo; antes bien que retroceda en las almas de los hombres y también en los mismos ambientes y en las distintas formas de la sociedad, dando lugar a la apertura de las conciencias, necesaria para la acción salvífica del Espíritu Santo. La Iglesia ruega que el peligroso pecado contra el Espíritu deje lugar a una santa disponibilidad a aceptar su misión de Paráclito, cuando viene para « convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio ».

48. Jesús en su discurso de despedida ha unido estos tres ámbitos del « convencer » como componentes de la misión del Paráclito: el pecado, la justicia y el juicio. Ellos señalan la dimensión de aquel misterio de la piedad, que en la historia del hombre se opone al pecado, es decir al misterio de la impiedad.189 Por un lado, como se expresa San Agustín, existe el « amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios »; por el otro, existe el « amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo ».190 La Iglesia eleva sin cesar su oración y ejerce su ministerio para que la historia de las conciencias y la historia de las sociedades en la gran familia humana no se abajen al polo del pecado con el rechazo de los mandamientos de Dios « hasta el desprecio de Dios », sino que, por el contrario, se eleven hacia el amor en el que se manifiesta el Espíritu que da la vida.

Los que se dejan « convencer en lo referente al pecado » por el Espíritu Santo, se dejan convencer también en lo referente a « la justicia y al juicio ». El Espíritu de la verdad que ayuda a los hombres, a las conciencias humanas, a conocer la verdad del pecado, a la vez hace que conozcan la verdad de aquella justicia que entró en la historia del hombre con Jesucristo. De este modo, los que « convencidos en lo referente al pecado » se convierten bajo la acción del Paráclito, son conducidos, en cierto modo, fuera del ámbito del « juicio »: de aquel « juicio » mediante el cual « el Príncipe de este mundo está juzgado ».191 La conversión, en la profundidad de su misterio divino-humano, significa la ruptura de todo vínculo mediante el cual el pecado ata al hombre en el conjunto del misterio de la impiedad. Los que se convierten, pues, son conducidos por el Espíritu Santo fuera del ámbito del « juicio » e introducidos en aquella justicia, que está en Cristo Jesús, porque la « recibe » del Padre,192 como un reflejo de la santidad trinitaria. Esta es la justicia del Evangelio y de la Redención, la justicia del Sermón de la montaña y de la Cruz, que realiza la purificación de la conciencia por medio de la Sangre del Cordero. Es la justicia que el Padre da al Hijo y a todos aquellos, que se han unido a él en la verdad y en el amor.

En esta justicia el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, que « convence al mundo en lo referente al pecado » se manifiesta y se hace presente al hombre como Espíritu de vida eterna.

El pecado contra el Espíritu Santo (1 de 2)



46. En el marco de lo dicho hasta ahora, resultan más comprensibles otras palabras, impresionantes y desconcertantes, de Jesús. Las podríamos llamar las palabras del « no-perdón »Nos las refieren los Sinópticos respecto a un pecado particular que es llamado « blasfemia contra el Espíritu Santo ». Así han sido referidas en su triple redacción:

Mateo: « Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro ».180
Marcos: « Se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno ».181

Lucas: « A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ».182

¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿Cómo se entiende esta blasfemia? Responde Santo Tomás de Aquino que se trata de un pecado « irremisible según su naturaleza, en cuanto excluye aquellos elementos, gracias a los cuales se da la remisión de los pecados ».183

Según esta exégesis la « blasfemia » no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre rechaza aquel « convencer sobre el pecado », que proviene del Espíritu Santo y tiene un carácter salvífico, rechaza a la vez la « venida » del Paráclito aquella « venida » que se ha realizado en el misterio pascual, en la unidad mediante la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. La Sangre que « purifica de las obras muertas nuestra conciencia ».

Sabemos que un fruto de esta purificación es la remisión de los pecados. Por tanto, el que rechaza el Espíritu y la Sangre permanece en las « obras muertas », o sea en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisión, de la que el mismo Espíritu es el íntimo dispensador y que presupone la verdadera conversión obrada por él en la conciencia. Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque esta « no-remisión » está unida, como causa suya, a la « no-penitencia », es decir al rechazo radical del convertirse. Lo que significa el rechazo de acudir a las fuentes de la Redención, las cuales, sin embargo, quedan « siempre » abiertas en la economía de la salvación, en la que se realiza la misión del Espíritu Santo. El Paráclito tiene el poder infinito de sacar de estas fuentes: « recibirá de lo mío », dijo Jesús. De este modo el Espíritu completa en las almas la obra de la Redención realizada por Cristo, distribuyendo sus frutos. Ahora bien la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica un pretendido « derecho de perseverar en el mal » en cualquier pecado— y rechaza así la Redención El hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversión y, por consiguiente, también la remisión de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida. Esta es una condición de ruina espiritual, dado que la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados.

viernes, 19 de julio de 2019

Las imágenes de Jesus Misericordioso



(imagen de Adolf Hyła en el Santuario de Cracovia)



Sor Faustina Kowalska llegó a Płock en 1930. Trabajó en la panadería del convento vendiendo pan, y a veces también en la cocina y en el horno donde se hacía el pan. También viajó varias veces a la “casa – granja” que tenía la congregación en el pueblo de Biała, cerca de Płock (en aquellos días era una filial del convento de Płock), donde las hermanas realizaban las labores típicas de una granja.

En las notas que encontramos en su „Diario” espiritual, en el número 48 y siguientes, escribió cómo se le apareció el Señor, el día 22 de febrero de 1931, vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido…

Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero (Diario 47).

Desde este mismísimo momento se inició en Płock, en un sentido estricto, la misión de santa Faustina como Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia, que consiste en transmitir el mensaje de Jesús, el mensaje de la Misericordia para todo el Mundo.

Unos días más tarde, después de la confesión, el Señor Jesús manifestó a Sor Faustina otro deseo: el establecimiento de la Fiesta de la Misericordia.

Yo deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia (Diario 49).

Cumplimiento de las peticiones de Jesús

La imagen. Los esfuerzos de Sor Faustina para hacer pintar la imagen que Jesús le pedía, empezaron a dar resultado en Vilna, gracias a la ayuda del beato Padre Miguel Sopoćko y a la Madre Irena Krzyzanowska. En 1934, el artista Eugeniusz Kazimirowski pintó la primera imagen de la Divina Misericordia.

La imagen milagrosa que se halla en el Santuario de Cracovia, fue pintada por el artista Adolf Hyła durante la Segunda Guerra Mundial. Ambas imágenes, la de Vilna y la de Cracovia, son las más conocidas, pero no son las únicas.

En el Santuario de Płock se halla una imagen, obra del pintor Hofman-Plewa. El cuadro con la imagen peregrinó por toda la diócesis de Płock entre los años 1992 y 2000.
Fiesta de la Misericordia. Esta fiesta se inscribió primero en el calendario litúrgico de la diócesis de Cracovia, en el año 1985, y a continuación algunos obispos polacos lo hicieron en sus diócesis. A petición del Episcopado de Polonia, el Papa Juan Pablo II, en el año 1995, instituyó esta fiesta en todas las diócesis de Polonia. El día de la canonización de Sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa instituyó esta fiesta para toda la Iglesia.


Más información en la Web pagina oficial de Congregación de las Hermanas de la Madrede Dios de la Misericordia