Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 28 de febrero de 2015

Karol Wojtyla cuenta su vida (2 de 3)


“Trabaje en la fábrica que antes de la guerra se llamaba Solvay….en la cantera de Zakrzowek y especialmente en la sala de calderas, donde trabaje durante tres años.  Recuerdos aquellos años con emoción y una inmensa gratitud hacia mis compañeros de trabajo, gente sencilla, buena, que fueron tan amables conmigo, una persona con estudios (ellos sabían que yo era estudiante universitario) y a menudo me decían “señor, si ha hecho su trabajo, dedíquese a sus libros”. Y cuando trabajaba en el turno noche, a menudo me decían “Señor ya ha hecho su trabajo vaya échese una siesta y nosotros nos ocuparemos de todo”. Y cuando había que cubrir un segundo o tercer turno, esta buena gente venía con un pedazo de pan y leche y me decían “Señor, si usted se queda,  coma algo así puede aguantar”.  Son cosas pequeñas que no se olvidan.
Fue en esa época, cuando era operario,  que se afianzo en mi la temática profunda de la vida,  mi interés por las humanidades, la lengua y literatura polaca, y el teatro.  Yo había mantenido un estrecho contacto desde antes de la guerra con Mieczyslaw Kotlarczyk (eramos de la misma ciudad) y colaboramos durante la ocupación….en crear un teatro, un nuevo teatro. Cuando mi vocación demando que me alejara del teatro, el teatro continuó afianzándose y él quedo como director.
Mi interés por la literatura y el teatro – de alguna manera se fueron filtrando en mi alma y desembocaron en mi vocación. No puedo dejar de mencionar aquí a Jan Tyranowski.  Un intelectual pero también un hombre de negocios que había elegido su profesión para poder comulgar con Dios, un hombre que podía ejercer una innegable influencia en los jóvenes.  Yo no sé si le debo a él mi vocación, pero de cualquier manera mi vocación surgió en el entorno que el engendraba, en aquel clima de misterio de la vida sobrenatural que el sabia transmitirnos. No dudaba en debatir con nosotros hasta sobre San Juan de la Cruz.
Yo comencé mi seminario clandestino, o sea mis estudios en el departamento de teología clandestino de la Universidad Jaguellonica en 1942. Debo recordar aquí a mis maestros y profesores ante todo el Rev. Rector Jan Piwowarczyk. Mas tarde después del fin de la ocupación Mons. Karol Kozlowski, canónigo del distrito metropolitano,  Mons. Stanislaw Smolenski, los prefectos en especial el Rev. Prof. Kazimierz Klosak. En realidad el fue el único profesor quien me acerco a la filosofía durante mis estudios.  Porque esta filosofía fue muy especial….Yo soy profesor en el Departamento de Filosofia pero casi no asistí a ninguna clase de filosofía, o sea soy un filosofo que se hizo solo. Luego vino la teología. Debo admitir que ambas materias tanto filosofía como teología me fascinaban.  Aquí en el Departamento de Teología de la Universidad Jaguellonica  he tenido profesores de gran reputación y un inmenso amor a su profesión. ..
También quisiera mencionar a Mons. Wladyslaw Wicher, profesor de teología moral, quien me acepto en su departamento y al Rev. Prof. Ignacy Rozycki a quien le debo tanto en esa etapa de mi vida. Le estoy agradecido ante todo por enseñarme como llevar a cabo una investigación académica en teología ….y al padre Ignacy Rozycki le debo algo más…. Cuando después de varios años de trabajo pastoral, fui designado para llevar a cabo tareas exclusivamente académicas on el fin de preparar mi disertación para ser admitido como profesor auxiliar el Rev Prof. Rozycki me invito a vivir con el, lo que hice durante siete años….

(de Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Adam Boniecki, Marians of the Immaculate Conception, 2000) 
     

viernes, 27 de febrero de 2015

Karol Wojtyla cuenta su vida (1 de 3)


En la tarde del 8 de marzo de 1964 durante los ejercicios espirituales antes de su “presentación en sociedad” como Arzobispo de Cracovia en la catedral de Wawel, el Obispo Karol Wojtyla abría su corazón a amigos sacerdotes y laicos presentes presentando una breve retrospectiva de su vida:

…”Lamento que el padre Pawela, mi maestro de religión de la escuela primaria ya no esté con nosotros. Debemos tener presente a aquellos que ya se han ido y recordarlos ante Dios, por eso recuerdo al padre Leonard Prochownik, al canónigo Rospond, al canónigo Tadeusz Wlodyga…todos ellos sacerdotes de Wadowice, quienes con su vida sacerdotal y su actitud de alguna manera influyeron en mi vocación.  También debo mencionar a Mons. Kazimierz Figlewicz, quien fue mi maestro de religión al comenzar mi escuela secundaria…y mas que maestro fue el director de mi alma joven y algo difícil.  Y que Dios bendiga al catequista Rev. Dr. Edward Zacher,  siempre fue fiel a Wadowice.
….los 25 años que nos separan de la graduación de la escuela secundaria no nos han cambiado mucho, aunque muy pronto después de la graduación atravesamos una experiencia historica mayor – muchos de mis amigos y compañeros de escuela fueron héroes de la guerra de 1939, muchos murieron en el frente, otros atravesaron las líneas de batalla…..cuando nos encontramos después de 25 años para una reunión el año pasado tuve la impresión que esta guerra no nos destruyo sino que nos fortaleció.
….Yo ya me encontraba en Cracovia en el otoño de 1938 como estudiante  del Departamento de Filologia polaca de la Facultad de Filosofía de Universidad Jaguellonica.   Lamento muchísimo que mi profesor Stanislaw Pigon no pueda estar aquí con nosotros hoy debido a su delicado estado de salud.  Hubiese sido un eslabón importante en aquel periodo de mi vida corto, pero tan importante ….
En 1939 mis estudios de filología polaca fueron interrumpidos por la guerra y el arresto de los profesores.  Entonces empezó un periodo de mi vida que fue un verdadero desafío – pero cuando pienso en ello me doy cuenta que fue mucho más llevadero que para muchos de mis colegas…..
Recuerdo esto con orgullo y gratitud hacia Dios – que proveyó que trabajara como operario durante cuatro años. Fue en ese periodo de mi vida que se despertaron y cristalizaron en mi las cuestiones más importantes de mi vida y cuando decidí acerca de mi vocación.”


(de Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Adam Boniecki, Marians of the Immaculate Conception, 2000)  

viernes, 20 de febrero de 2015

Caminemos juntos hacia la cruz del Señor


“Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre. Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la cruz el hombre ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. Ha descubierto, y descubre continuamente, a la luz de la fe, cuán grande sea el propio valor. Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16).


miércoles, 18 de febrero de 2015

«Convertíos a mí de todo corazón, en ayuno... Convertíos a Yavé, vuestro Dios» (Jl 2, 12. 13)


“He aquí que hoy anunciamos la Cuaresma con las palabras del Profeta Joel, y la comenzamos con toda la Iglesia. Anunciamos la Cuaresma con un rito que es aún más elocuente que las palabras del Profeta. La Iglesia bendice hoy la ceniza obtenida de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año pasado, para imponerla sobre cada uno de nosotros.  Inclinemos, pues, nuestras cabezas. y reconozcamos en el signo de la ceniza toda la verdad de las palabras dirigidas por Dios al primer hombre: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3, 19).
¡Sí! Recordemos esta realidad, sobre todo, durante el tiempo de Cuaresma, al que nos introduce hoy la liturgia de la Iglesia. Es un "tiempo fuerte". En este período las verdades divinas deben hablar a nuestros corazones con una fuerza muy particular. Deben encontrarse con nuestra experiencia humana, con nuestra conciencia. La primera verdad proclamada hoy recuerda al hombre su caducidad, la muerte, que es el fin de la vida terrena para cada uno de nosotros. La Iglesia insiste mucho hoy sobre esta verdad, comprobada por la historia de cada hombre: Acuérdate de que "al polvo volverás". Acuérdate de que tu vida sobre la tierra tiene un límite.
Pero el mensaje del miércoles de ceniza no acaba aquí. Toda la liturgia de hoy advierte: Acuérdate de aquel límite; pero al mismo tiempo: ¡No te quedes en ese límite! La muerte no es sólo una necesidad "natural". La muerte es un misterio. Ciertamente, entramos en el tiempo particular en el que toda la Iglesia, más que nunca, quiere meditar sobre la muerte como misterio del hombre en Cristo. Cristo-Hijo de Dios aceptó la muerte como necesidad de la naturaleza,  como parte inevitable de la suerte del hombre sobre la tierra. Jesucristo aceptó la muerte como consecuencia del pecado. Desde el principio, la muerte está unida al pecado: la muerte del cuerpo («al polvo volverás») y la muerte del espíritu humano a causa de la desobediencia a Dios, al Espíritu Santo. Jesucristo aceptó la muerte en señal de obediencia a Dios, para restituir al espíritu humano el don pleno del Espíritu Santo. Jesucristo aceptó la muerte para vencer al pecado. Jesucristo aceptó la muerte para vencer a la muerte en la esencia misma de su misterio perenne.
Por esto el mensaje del miércoles de ceniza se expresa con las palabras de San Pablo: «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortara por medio de nosotros. Por Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios. A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en El fuéramos justicia de Dios» (2Cor 5, 20-21).
¡Colaborad con El!
El significado del miércoles de ceniza no se limita a recordarnos la muerte y el pecado; es también una fuerte llamada a vencer el pecado, a convertirnos. Lo uno y lo otro expresan la colaboración con Cristo. ¡Durante la Cuaresma tenemos ante los ojos toda la "economía" divina de la gracia y de la salvación! En este tiempo de Cuaresma acordémonos de «no recibir en vano la gracia de Dios» (2Cor 6,1)”

sábado, 14 de febrero de 2015

Juan Pablo II peregrinacion espiritual a los santuarios marianos de la tierra de Calabria

 (Madonna di Ogitria)

En uno de sus itinerarios espirituales marianos durante el año Mariano 1987/88 el Papa Juan Pablo II rezo su Ángelus directamente in situ, en Reggio Calabria durante su visita apostólica a Messina y Reggio Calabria. 

En el Ángelus hacía mención a algunos Santuarios marianos de la región y asi los recordaba:

“Es la hora del Ángelus, la hora en la que el pueblo cristiano es invitado a dirigir su pensamiento a María. La tierra de Calabria está constelada de santuarios marianos, expresión evidente de una piedad profundamente sentida y vivida. Entre los más conocidos se pueden recordar los santuarios de la Virgende las Armas de la diócesis de Cassano Ionio, de la Virgen del Puerto de la diócesis de Catanzaro-Squillace, de la Virgen de la Cadena en la diócesis de Cosenza-Bisignano,  de la Virgende Copacolonna en la diócesis de Crotone-Santa Severina, de la Virgen del Socorro en la diócesis de Lamezia-Terme, de la Virgen de la Montaña en la diócesis de Locri-Gerace, de la Virgen de la Odigitria en la diócesis de Lungro,   Virgen de Montserrat en la diócesis de Mileto-Nicotera-Tronea, Virgen de los Pobres en la diócesis de Oppido-Palmi, Virgen Acheropita en la diócesis de Rossano-Cariati,  y Virgen del Pettoruto en la diócesis de San Marco-Scalea.

En la diócesis de Reggio - decia Juan Pablo II - son conocidos los santuarios de la Virgen de Módena  (que visitarìa esa misma tarde), de Porto Salvo, de las Gracias,  de laCapilla,   del Mar y de la Nieve.

Vosotros, los redinos - agregaba -  veneráis a la Virgen con el título muy significativo de Madrede la Consolación. Y María lo es porque Ella ha sido consolada, antes que nadie, con el gozo de la maternidad divina y con el de la resurrección de su Hijo Jesucristo. Por esto es fuente de consolación y precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor. (Lumen gentium, 68). Se trata de consuelo en el sentido más profundo de la palabra: María no sólo consuela en los dolores físicos y morales, sino que restituye el vigor al espíritu humano, ilumina y conforta la fe, de modo que el Pueblo de Dios se haga cada vez más capaz de expresar con su palabra y traducir en su vida el designio de salvación y su dimensión liberadora en el plano de la existencia individual y social."

miércoles, 11 de febrero de 2015

11 de febrero Nuestra Señora de Lourdes – institución de la Jornada Mundial del Enfermo




“La comunidad cristiana ha dirigido siempre una atención particular a los enfermos y al mundo del sufrimiento en sus múltiples manifestaciones. En el surco de tan larga tradición, la Iglesia universal se prepara para celebrar, con espíritu de servicio renovado, la primera Jornada mundial del enfermo, en cuanto ocasión peculiar para crecer en la actitud de escucha, de reflexión y decompromiso real ante el gran misterio del dolor y de la enfermedad.
Esta Jornada, que desde el próximo mes de febrero se celebrará todos los años en la conmemoración de Santa María, Virgen de Lourdes, quiere ser para todos los creyentes "un momento fuerte de oración, participación y ofrecimiento del sufrimiento para el bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcan en el rostro del hermano enfermo el santo rostro de Cristo que, sufriendo, muriendo y resucitando, realizó la salvación de la humanidad" (Carta por la que se instituía la Jornada mundial del enfermo, 13 mayo 1992, n. 3).
La Jornada, además, pretende implicar a todos los hombres de buena voluntad, pues las preguntas de fondo que se plantean ante la realidad del sufrimiento y la llamada a aportar alivio, tanto desde el punto de vista físico como espiritual, a quien está enfermo, no afectan solamente a los creyentes sino que interpelan a toda la humanidad, marcada con los límites de la condición mortal.
2. Nos preparamos, lamentablemente, a celebrar esta primera Jornada mundial en circunstancias para algunos dramáticas: los acontecimientos de estos meses, al tiempo que subrayan la urgencia de la oración para implorar la ayuda del cielo, reclaman al deber de poner por obra iniciativas nuevas y urgentes de ayuda con respecto a los que sufren y no pueden esperar.
Ante todos están las tristísimas imágenes de personas y poblaciones que, destrozados por guerras y conflictos, sucumben bajo el peso de calamidades fácilmente evitables. ¿Cómo retirar la mirada de los rostros implorantes de tantos seres humanos, sobre todo niños, reducidos a espectros de sí mismos por las peripecias de todo tipo en las que, a pesar suyo, se ven envueltos a causa del egoísmo y la violencia? Y ¿cómo olvidar a los que en los centros de hospitalización y de asistencia -hospitales, clínicas, leproserías, centros de minusválidos, casas para ancianos- o en sus propios domicilios, conocen el calvario de padecimientos a menudo ignorados, no siempre aliviados adecuadamente y a veces incluso agravados por la carencia de una ayuda adecuada?
3. La enfermedad, que en la experiencia diaria se percibe como una frustración de la fuerza vital natural, se convierte para los creyentes en una invitación a "leer" la nueva y difícil situación, en la perspectiva propia de la fe. Fuera de ella, por otra parte, ¿cómo se puede descubrir, en el momento de la prueba, la aportación constructiva del dolor?, ¿cómo dar significado y valor a la angustia, a la inquietud, a los males físicos y psíquicos que acompañan a nuestra condición mortal?, y ¿qué justificación se puede encontrar para el declive de la vejez y para la meta final de la muerte que, a pesar de los progresos científicos y tecnológicos siguen subsistiendo inexorablemente?
Sí, solamente en Cristo, Verbo encarnado, redentor del hombre y vencedor de la muerte, es posible encontrar la respuesta satisfactoria para esas preguntas fundamentales.
A la luz de la muerte y resurrección de Cristo la enfermedad no aparece ya como hecho exclusivamente negativo: más bien, se contempla como una "visita de Dios", como una ocasión "para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo, para transformar toda la civilización humana en la civilización del amor" (Carta apostólica Salvifici doloris, 30; cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de febrero de 1984, p. 16).

La historia de la Iglesia y de la espiritualidad cristiana ofrece un amplísimo testimonio de eso. A través de todos los siglos se han escrito páginas admirables de heroísmo en el sufrimiento aceptado y ofrecido en unión con Cristo. Y se han llenado páginas no menos espléndidas mediante el servicio humilde hacia los pobres y los enfermos, en cuya carne herida ha se ha reconocido la presencia de Cristo, pobre y crucificado.”


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viernes, 6 de febrero de 2015

Miroslav Mróz: Las alas de la verdad: fe y razón (2 de 2)


“La verdad – que se presenta en primer lugar con la pregunta acerca del sentido – ha de alcanzar a todos los filósofos, pero también al hombre común. Ésta puede, en la fase d investigación, tomar la forma de una verdad parcial. Pero luego llega el momento, cuando el hombre se plantea la cuestión de la relación entre verdad filosófico-religiosa y verdad revelada por Jesucristo. La fe cristiana se descubre ante el esfuerzo del hombre, pero sobre todo ante la razón humana, y su constante búsqueda, y revela la posibilidad de alcanzar la meta de sus deseos (FR 33). La verdad que Dios revela en Jesucristo no contradice las verdades de la razón del hombre. EL orden de la verdad filosófica y el orden de la verdad de fe se encuentran aquí, y “conducen a la verdad en su plenitud” (FR 34).
Por una parte, esta unidad de verdad se postula desde el principio de no contradicción de la razón misma: por otra, ésta es una certeza que se nos da en la Revelación, que indica que el Dios Creador es el Dios de la historia de la salvación.
La Iglesia ha apreciado siempre a los pensadores que combinaban el saber filosófico, en su búsqueda de la verdad absoluta, con la sabiduría de fe que conduce al fin último, es decir, a la revelación en Cristo Jesús. El Papa recuerda sobre todo a San Alberto Magno y a Santo Tomás de Aquino porque “fueron los primeros en reconocer la necesaria autonomía que necesitaban la filosofía y las ciencias, para emplearse eficientemente en sus respectivos campos” (FR 45), pero sin el hecho nefasto de separar estas dos columnas de la ciencia que son la filosofía y la teología.
Los modernos intentos de separar la razón de la fe son nocivos y peligrosos para ambas. “Es ilusorio pensar – sostiene Juan Pablo II  que la fe, ante una razón débil, tenga una incisividad mayor; por el contrario, ésta cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición”.  Por parte del conocimiento racional, la separación de la fe y la razón es un enemigo mortal del rango universal de la cultura y de la ciencia. A fin de evitarlo, Juan Pablo II pide que a la audacia de la razón se corresponda la valentía de la fe (FR 48).
El horizonte de un acercamiento sapiencial en busca de la verdad, donde la fe y la razón no se oponen sino que colaboraron juntas, da testimonio, según el Papa, de la dignidad del hombre y de la grandeza de la razón y de la cultura. Juan Pablo II está convencido de que esta es la ruta del hombre de hoy y del de  mañana. La misión de evangelizar, propia de los cristianos, comporta la acogida de este criterio del universalismo humana del espíritu para llegar a alcanzar a Cristo, la Verdad y el sentido último de la vida y de la cultura.”
(Totus Tuus, Nr 3 2010)