Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 27 de septiembre de 2014

"El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?" (Sal 27, 1).



"El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, quién me hará temblar?... 
Escúchame, Señor, que te llamo, ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: 'Buscad mi rostro'. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio. No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor" (Sal 26 [27], 1. 7-9. 13-14).

 


Acabo de escucharlo en la voz de Juan Pablo II en Alza la voce con forza. Emocionante!

viernes, 26 de septiembre de 2014

Juan Pablo II y Albania (3 de 3)


"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24).

Con ocasión de la visita del Papa Francisco a Albania recuerdo aquí un trozo del texto del papa Juan Pablo II de su Conmemoraciòn ecuménica de los testigos de la fe del SigloXX celebrada el tercer domingo de Pascua 7 de mayo del año 2000.
La experiencia de los mártires y de los testigos de la fe no es característica sólo de la Iglesia de los primeros tiempos, sino que también marca todas las épocas de su historia. En el siglo XX, tal vez más que en el primer período del cristianismo, son muchos los que dieron testimonio de la fe con sufrimientos a menudo heroicos. Cuántos cristianos, en todos los continentes, a lo largo del siglo XX, pagaron su amor a Cristo derramando también la sangre. Sufrieron formas de persecución antiguas y recientes, experimentaron el odio y la exclusión, la violencia y el asesinato. Muchos países de antigua tradición cristiana volvieron a ser tierras donde la fidelidad al Evangelio se pagó con un precio muy alto. En nuestro siglo "el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes" (Tertio millennio adveniente, 37).
[…]
Los nombres de muchos no son conocidos; los nombres de algunos fueron manchados por sus perseguidores, que añadieron al martirio la ignominia; los nombres de otros fueron ocultados por sus verdugos. Sin embargo, los cristianos conservan el recuerdo de gran parte de ellos.
[…]
Muchos rechazaron someterse al culto de los ídolos del siglo XX y fueron sacrificados por el comunismo, el nazismo, la idolatría del Estado o de la raza. Muchos otros cayeron, en el curso de guerras étnicas o tribales, porque habían rechazado una lógica ajena al Evangelio de Cristo. Algunos murieron porque, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, quisieron permanecer junto a sus fieles a pesar de las amenazas. En todos los continentes y a lo largo del siglo XX hubo quien prefirió dejarse matar antes que renunciar a la propia misión. Religiosos y religiosas vivieron su consagración hasta el derramamiento de la sangre. Hombres y mujeres creyentes murieron ofreciendo su vida por amor de los hermanos, especialmente de los más pobres y débiles. Tantas mujeres perdieron la vida por defender su dignidad y su pureza.
[…]

la preciosa herencia que estos valientes testigos nos han legado es un patrimonio común de todas las Iglesias y de todas las Comunidades eclesiales. Es una herencia que habla con una voz más fuerte que la de los factores de división. El ecumenismo de los mártires y de los testigos de la fe es el más convincente; indica el camino de la unidad a los cristianos del siglo XXI. Es la herencia de la Cruz vivida a la luz de la Pascua: herencia que enriquece y sostiene a los cristianos mientras se dirigen al nuevo milenio.”

jueves, 25 de septiembre de 2014

Juan Pablo II y los santuarios marianos de Emilia Romagna

El domingo 5 de junio el Papa Juan Pablo II visitaba Emilia Romagna, y como acostumbraba hacerlo durante los Ángelus/Regina Caeli del año Mariano 1987-1988 también este domingo, además de estar presente en la región, hacia su peregrinación espiritual a los demás santuarios marianos de la región, donde no podía presentarse personalmente. Entre ellos "peregrinaba" en el Ángelus a los Santuarios de :

 LaVirgen de Ponticelli  en Carpi del siglo XVI, restaurada varias veces en los siglos siguientes, donde se venera la Virgen de Ponticelli sentada con el Niño en brazos.

LaVirgen del Castillo, en Fiorano  parroquia que el 27 de septiembre de 1989 fue elevada al título de Basilica Menor por el Papa Juan Pablo II.


La Virgen de los Dolores, en San Pedretto,   construida por iniciativa del Arzobispo Carlos Borromeo, santo patrono de Karol Wojtyla.

Nuestra Señora de la Consolación,  en Bedonia, nominada, a pedido del Obispo de Piacenza,  a la dignidad de Basilica Menor en 1978 por el Papa Juan Palbo II.






“El rezo del "Ángelus", nos sitúa, dentro de Italia, en el horizonte marcado por la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo” comenzaba diciendo en su Ángelus dominical el Papa Juan Pablo II y continuaba : “Como he escrito en la Encíclica Redemptoris Mater, "la piedad del pueblo cristiano ha establecido siempre un profundo vínculo entre la devoción a la Virgen Santa y el culto de la Eucaristía (...). María guía a los fieles a la Eucaristía" (n. 44). Vuestra tierra, que estos días visito, tiene como una constelación de santuarios consagrados a María. “ y nombraba los santuarios descriptos mas arriba)
“Son oasis de oración, de penitencia, de reconciliación – decía el Papa - , donde los habitantes de Emilia hallan en María el consuelo y el vigor para poder caminar conforme con el Evangelio exigente y dulce de Jesús. María nos conduzca con maternal ternura a la Eucaristía: nos ayude a revivir sacramentalmente, en el sacrificio de la Misa, la muerte y resurrección de Cristo, a redescubrir la presencia real del Verbo encarnado y redentor, Sacerdote y Víctima por nosotros los hombres y por nuestra salvación. De la mediación materna de la Señora y de la Iglesia recibimos este don que hace soportable, alegre y constructiva nuestra existencia.

 “El rezo del "Ángelus", nos sitúa, dentro de Italia, en el horizonte marcado por la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo – decía Juan Pablo II en su ángelus – y agregaba “Como he escrito en la Encíclica Redemptoris Mater, "la piedad del pueblo cristiano ha establecido siempre un profundo vínculo entre la devoción a la Virgen Santa y el culto de la Eucaristía (...). María guía a los fieles a la Eucaristía" (n. 44).

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El obispo Slomšek, buen samaritano de su pueblo




Hoy Eslovenia celebra la memoria litúrgica del Beato Anton Martin Slomsek, obispo, al que el Papa Juan Pablo II proclamaba beato el  19 de septiembre de 1999; el primer hijo de la nación eslovena en ser elevado a la gloria de los altares.

“Él fue un sarmiento que dio frutos abundantes de santidad cristiana, de singular riqueza cultural y de notable amor a la patria. Por eso está hoy ante nosotros como espléndido ejemplo de vivencia concreta del Evangelio.

En el nuevo beato resplandecen, ante todo, los valores de la santidad cristiana. Siguiendo las huellas de Cristo, se hizo buen samaritano del pueblo esloveno. Atento a las exigencias de la formación del clero y de los fieles, con celo apostólico que sigue siendo hoy un ejemplo para nosotros, evangelizó incansablemente, animando las misiones populares, suscitando numerosas cofradías, predicando ejercicios espirituales y difundiendo cantos populares y escritos religiosos. Fue, en el sentido más genuino de la expresión, un pastor católico, al que los superiores eclesiásticos encomendaron importantes tareas pastorales, incluso en otras regiones del Estado de entonces.

Monseñor Slomsek, fiel y dócil a la Iglesia, estuvo profundamente abierto al ecumenismo y en Europa central fue uno de los primeros en trabajar por la unidad de los cristianos. Ojalá que su celo por la unidad estimule el compromiso ecuménico, para que los cristianos de esta Europa, a la que tanto amó, lleguen a cruzar el umbral del tercer milenio "si no del todo unidos, al menos mucho más próximos a superar las divisiones del segundo milenio" (Tertio millennio adveniente, 34).”

 (Juan Pablo II en la homilía de la Misa de beatificación – 19 de septiembre de 1999 en Maribor, Eslovenia)

martes, 23 de septiembre de 2014

Oración a San Pío de Pietrelcina de San Juan Pablo II


“Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino. Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Concédenos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.  Apoyanos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.   Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”




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sábado, 20 de septiembre de 2014

Juan Pablo II y Albania (2 de 3)

Súplica del Papa Juan Pablo II a Maria, Madre del Buen Consejo, durante el Regina Coeli, el domingo 25 de abril de 1993 en Escútari



"Deseo renovar ese acto de consagración filial, a fin de que el camino de Albania prosiga siempre bajo la protección especial de María.

¡Virgen del Buen Consejo, a ti se eleva la súplica de este pueblo, que te ama y honra desde tiempo inmemorial! Hoy Albania te entrega sus esperanzas y sus penas, sus deseos y sus necesidades, las abundantes lágrimas derramadas y el anhelo de un futuro mejor. Dirige tu mirada, oh Madre, hacia este pueblo, acoge sus propósitos generosos y acompáñalo en su camino hacia un porvenir de justicia, solidaridad y paz.

Y vosotros, queridos hermanos y hermanas, confiad en esta Madre. María conoce el camino de la vida y sabe muy bien lo que vuestro corazón desea. No os da ideologías falaces y transitorias, sino la persona de su hijo Jesús, camino, verdad y vida, en quien resplandece el misterio de Dios y del hombre.

¡Maria os proteja siempre! Proteja todos los rincones de vuestra tierra; llegue hasta los albaneses residentes en los Balcanes y hasta los que se hallan esparcidos por el mundo. Que la intercesión poderosa de María obtenga la paz sobre todo allí donde desde hace ya demasiado tiempo se libra una guerra absurda, que hace derramar sangre fraterna.

Madre del Buen Consejo, ¡abre las mentes y los corazones, y asegura a Albania y a toda la humanidad el don de la concordia y la paz!


Oh Señora de Escútari, patrona del pueblo albanés, ¡ruega por nosotros!"

Juan Pablo II y Albania (1 de 3)

El 22 de abril de 1993  presentaba sus credenciales el primer embajador de Tirana (Albania) ante la Santa Sede.

En su discurso el Papa reconocia que  Albania atravesaba un momento nada fácil debido a la pesada herencia dejada por el viejo régimen.  Y llamaba a la joven democracia a abrazar con ambición y orgullo el objetivo de superar la estrechez de la estructura reinante hasta entonces y a resolver los graves problemas que atravesaban,  para asi consolidar nuevas estructuras dentro del marco de las convenciones internacionales.


El mismo 22 de abril el Papa Juan Pablo II visitaba 
el Santuario Madre del BuenConsejo  de Genazzano, considerado también el Santuario del pueblo albanes porque la tradición cuenta que la misma imagen que se venera en Scutari (Albania) apareció prodigiosamente en Genazzano el 25 de abril de 1467.  Alli concurría asiduamente también la Madre Teresa de Calcuta, la última vez el 10 de junio de 1993.  Una copia fiel de la imagen de este Santuario fue bendecida por el Papa Juan Pablo II y entronizada por él mismo durante su visita a Scutari el 25 de abril de 1993.


Y asi el  25 de abril de 1993 el Papa Juan Pablo II  visitaba Albania,  un país básicamente ateo, tras casi cincuenta años de régimen comunista.  Fue una visita de tan solo un dia, y era el primer Papa que visitaba el país.  El programa incluía la visita a Scutari (un 40% de católicos) y donde se encontraba el único seminario del país, que alojaba entonces 52 seminaristas. En Tirana, en cambio los católicos eran unos 10.000 sobre una población de 250.000 habitantes.  Toda Albania contaba entonces con tan solo 16 sacerdotes diocesanos, 45 religiosos y 155 religiosas.  

En la catedral de Scutari, que los comunistas habían transformado en un centro deportivo, el Papa consagró a cuatro obispos albaneses, entre ellos los de Scutari y Tirana.  Después, antes de volver a Roma, se dirigió a la nación albanesa en la plaza Scanderbeg de Tirana. Radio Vaticano rememoraba este momento:



“El sol se había ya puesto en Tirana cuando Juan Pablo II comienza a hablar. Pero las personas que llenan la plaza Scanderbeg saben que hay una luz más grande que les ilumina. Y que no se puede apagar. Es la luz de la fe el Cristo, que ha resistido en el corazón de los albaneses a los largos y fríos días oscuros del invierno comunista. Karol Wojtyla, el Papa venido de Polonia, que sabe bien qué sufrimientos han atravesado los cristianos albaneses, ha querido estar en Albania para compartir la alegría por la libertad reencontrada y para honrar la fe indestructible del pueblo albanés.”


Era la víspera de la festividad de Nuestra Señora del Buen Consejo,  y en el Ángelus Juan Pablo II expresaba “En la solemne celebración, que acabamos de concluir en la catedral, se bendijo la primera piedra del nuevo santuario dedicado a la Virgen del Buen Consejo. Destruido dos veces en el curso de la historia, volverá a surgir como símbolo de la fe indestructible del pueblo albanés. La ordenación de vuestro arzobispo y la primera piedra de vuestro santuario, punto de referencia de la fe de todos los creyentes de Albania, constituyen de este modo dos signos alentadores de una comunidad que reanuda su camino con nuevo vigor y con responsabilidad más consciente.
También recordaba a los fieles que hacía un año, el 26 de abril de 1992 en ese mismo lugar el  nuncio apostólico, mons. Ivan Dias, en presencia de eclesiásticos, sacerdotes, religiosas, autoridades civiles y un gran número de fieles, consagraba a Albania a la Virgen del Buen Consejo. 



Se cumplia casi una utopia: la visita de un Papa a  un país que había inscrito el ateísmo a fuego en su Constitución y en su gente. Un país que había impuesto el ateísmo de estado, con una persecución activa y violenta de todas las religiones,  instituciones, líderes y  creyentes. Aun desde la antigua Yugoslavia con un régimen comunista Albania era vista como un país que vivía en ostracismo, aislado del resto del mundo con las historias de terror más increíbles. Yo misma recuerdo la impresión que me causó cuando – estando en el lago Ohrid, aun durante el gobierno comunista en Yugoslavia – nos comentaron que el lago dividía esa parte de Yugoslavia que era Macedonia y Albania, que la parte albanesa estaba minada y por el limite corría un cerco electrificado.