Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 28 de mayo de 2016

Corpus Christi: Iglesia santa alaba a tu Señor


“ La Iglesia ha escogido, desde hace siglos, el jueves siguiente a la fiesta de la Santísima Trinidad como día dedicado a una especial veneración pública de la Eucaristía: el día del Corpus Domini. (En la Argentina hace años como el jueves es dia laborable la solemnidad se ha trasladado al sábado o domingo siguiente.)
La celebramos… deseando asociar a ella toda la fe y todo el amor de Pedro y de los Apóstoles, los cuales, el Jueves Santo, antes de Pascua, participaron en la última Cena, es decir, en la institución de este Sacramento, que fue siempre considerado en la Iglesia como el más santo: el sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor. El sacramento de la Pascua divina. El sacramento de la muerte y de la resurrección. El sacramento del Amor, que es más poderoso que la muerte. El sacramento del sacrificio y del banquete de la redención. El sacramento de la comunión de las almas con Cristo en el Espíritu Santo. El sacramento de la fe de la Iglesia peregrinante y de la esperanza de la unión eterna. El alimento de las almas. El sacramento del pan y del vino, de las especies más pobres, que se convierten en nuestro tesoro y en nuestra riqueza más grandes. "He aquí el pan de los ángeles, convertido en pan de los caminantes" (secuencia), "...no como el pan que comieron los padres y murieron; el que come de este pan vivirá para siempre" (Jn 6, 58).
¿Por qué ha sido escogido un jueves para la solemnidad del Corpus Domini?... Esta solemnidad se refiere al misterio ligado históricamente a ese día, al Jueves Santo. Y tal día es, en el sentido más estricto de la palabra, la fiesta eucarística de la Iglesia. El Jueves Santo se cumplieron las palabras que Jesús había pronunciado una vez en la sinagoga de Cafarnaún; al oírle, "muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían", mientras los Apóstoles respondieron por boca de Pedro: "¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 66-68). La Eucaristía encierra en sí el cumplimiento de esas palabras. En ella la vida eterna tiene su anticipo y su comienzo.
"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6, 54). Eso vale ya para el mismo Cristo, que inicia su triduo pascual el Jueves Santo con la última Cena, es condenado a muerte y crucificado el Viernes Santo, y resucitará al tercer día. La Eucaristía es el sacramento de esa muerte y de esa resurrección.
En ella, el Cuerpo de Cristo se transforma verdaderamente en comida y la Sangre en bebida para la vida eterna, para la resurrección. En efecto, el que come ese Cuerpo eucarístico del Señor y bebe en la Eucaristía la Sangre derramada por El para la redención del mundo, llega a esa comunión con Cristo, de la que el Señor mismo dice: "Permanece en mí y yo en él" (Jn 15, 4). Y el hombre, permaneciendo en Cristo, en el Hijo que vive del Padre, vive también, mediante El, de esa vida que constituye la unión del Hijo con el Padre en el Espíritu Santo: vive la vida divina.
Celebramos, por tanto, la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo el jueves después de la Santísima Trinidad, para poner de relieve precisamente esa Vida que nos da la Eucaristía. Mediante el Cuerpo y la Sangre de Cristo permanece en ella un reflejo más completo de la Santísima Trinidad, de modo que la Vida divina es participada, en este sacramento, por nuestras almas. Este es el misterio más profundo, más íntimo que asumimos con todo nuestro corazón, con todo nuestro "yo" interior. Y lo vivimos en la intimidad, en el recogimiento más profundo, sin encontrar ni las palabras justas, ni los gestos adecuados para corresponder a él. Las palabras más exactas quizá sean éstas: "Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo..." (Mt 8, 8), unidas a una actitud de adoración profunda.
Sin embargo, existe un único día —y un determinado tiempo— en el que nosotros queremos dar, a una realidad tan íntima, una especial expresión exterior y pública. Esto sucede precisamente hoy. Es una expresión de amor y de veneración.
Cristo pensando en su muerte, de la que dejó su propio memorial en la Eucaristía, ¿no dijo acaso una vez "Padre, glorifícame cerca de Ti mismo, con la gloria que tuve cerca de Ti antes que el mundo existiese" (Jn 17, 5)?
Cristo permanece en esa gloria después de la resurrección. El sacramento de su expoliación y de su muerte es al mismo tiempo el sacramento de esa gloria en la que permanece. Y aunque a la glorificación, de que goza en Dios, no corresponda ninguna expresión adecuada de adoración humana, es justo sin embargo, que con la Eucaristía del Jueves Santo se enlace también esa liturgia especial de adoración, que lleva consigo la fiesta de hoy. Este es el día en que no solamente recibimos la Hostia de la vida eterna, sino que también caminamos con la mirada fija en la Hostia eucarística, juntos todos en procesión, que es un símbolo de nuestra peregrinación con Cristo en la vida terrena.
Caminamos por las plazas y calles de nuestras ciudades, por esos caminos nuestros en los que se desarrolla normalmente nuestra peregrinación. Allí donde viviendo, trabajando, andando con prisas, lo llevamos en lo íntimo de nuestros corazones, allí queremos llevarlo en procesión y mostrárselo a todos, para que sepan que, gracias al Cuerpo del Señor, todos tienen o pueden tener en sí la vida (cf. Jn 6, 52 Y para que respeten esa nueva vida que hay en el hombre.
¡Iglesia santa, alaba a tu Señor! Amén.



miércoles, 25 de mayo de 2016

25 de Mayo Oración por la patria

En su declaración de la 95ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (Pilar, 8 de abril de 2008) nuestros Obispos, compartiendo “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias del pueblo al que pertenecemos y servimos”, nos invitaban a retomar la “oración por la Patria” en aquella hora delicada y providencial de nuestra vida nacional:


Oración por la patria

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén

martes, 24 de mayo de 2016

Maria Auxiliadora - Marija Pomagaj Brezje, Eslovenia


“Me alegra rezar hoy con vosotros la oración mariana del Regina coeli al término de una celebración litúrgica tan solemne. Y junto con vosotros me dirijo con confianza a María, encomendándole a Eslovenia, que celebra el 1.250 aniversario de su evangelización. Estos son días de acción de gracias al Señor por el tesoro inestimable de la fe.
El cristianismo ha impreso en la cultura eslovena una huella indeleble, y el texto escrito más antiguo en lengua eslovena es, precisamente, una oración.
Eslovenia, ilustre nación situada en el centro de Europa, sé fiel al Evangelio que has recibido. Sé levadura de concordia y de convivencia pacífica entre los pueblos.”


In vito visitar posts etiquetados Marija Pomagaj (Maria Auxiliadora de los eslovenos)

viernes, 20 de mayo de 2016

La caricia de Dios - Testimonio


Domingo 2 de abril de 2006, primer aniversario de la muerte del Santo Padre Juan Pablo II. En una celebración privada en la parroquia de San Benedicto de Verona, yo, Adriana, renové mis promesas bautismales a la luz de una fe renacida en mi gracias al testimonio de vida y muerte que nos dejó el veneradísimo Juan Pablo II.
Desde aquel 2 de abril de 2005, mi vida ha comenzado un camino de fe y conversión, que ya ha producido en mi cambios importantes, cambios de los que me parece justo dar testimonio a favor de la canonización de Juan Pablo II.
Quiero decir que he esperado un tiempo antes de escribiros, porque quería estar segura de que el camino que he tomado no era fruto de una emotividad momentánea sino un efectivo estado de gracia que todavía permanece en mí, y,. si es posible, se ha hecho ás fuerte.  A lo largo de este camino me guían un Padre espiritual y una querida amiga en Cristo, Sor Gemma de la Eucaristía, carmelita.
Tan solo algunos datos sobre mi vida anterior. Nací en una familia de tradición católica, estoy casada, soy madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Soy periodista y he trabajado para varios periódicos y televisiones. En 1987 me encontré  con Juan Pablo II durante su visita a Verona. Debo aclararos que fui a aquel encuentro con más curiosidad mundana que fe o estimulo espiritual. Y añadir que a lo largo de mi vida no había sentido nunca la necesidad de profundizar  en mi Credo, por lo demás muy superficial, y que mi religiosidad se nutría de un interés de carácter oportunista con algún aliento de espiritualidad, intensa, sí, pero centrada en mis preocupaciones. Con ojos desencantados y en un momento de mi vida, ahora lo comprendo, en que me dominaban las fuerzas negativas, me encontré ante Su Santidad. ¿Pero sería más correcto decir que Juan Palbo II me encontró a mi! En realidad, con uno de esos gestos suyos que han hcho que fuera tan amado, pasó entre las vallas de seguridad, subió las escaleras del Recinto Ferial de Verona, vino derecho hacia mi ¿y me acarició! Me acarició y me miró con una dulzura….Todavía hoy no consigo describir aquella mirada.
Emoción, estupor, perplejidad y tantos “¿Por qué a mi?” me asaltaron en aquel momento. Sobre todo aquel “porque a mi?” que, en mi superficialidad, no encontraba explicación más lógica que la posibilidad de que el Santo Pontífice hubiera visto en mi una terrible enfermedad o quizás, una muerte inminente. ¿Pasé una semana esperando morir!. Después,  visto que no sucedía nada, que estaba viva y mejor que nunca olvidé esos acontecimientos y volví a mi vida de siempre. Episodio finalizado y enterrado: quizás demasiado comprometido o incómodo de recordar. ¿No había pasado nada!. O así  lo creía. Seguramente no estaba aún preparada para comprenderlo, para leer “el signo de los tiempos” que representaba el Santo Padre, ¡ni el regalo que me estaba haciendo en aquel momento!
Transcurrieron 20 años de enfermedad pública del Santo Padre, de sufrimiento vivido bajo los focos de los medios de comunicación: un Vía Crucis en directo para todo el mundo, ¡incluso para mi!. Quizás ya empezaba yo a tambalearme pero aún no me daba cuenta. Ha sido necesario que muriera para hacerme comprender todo, y sobre todo, el por qué de aquella caricia.
Tras escuchar el anuncio de su muerte, salí a la terraza de mi casa, que da al mar, y me puse a llorar con una desesperación que nunca había sentido antes. Recuerdo que me doblé en dos del dolor y que me encontré mal, como mujer que está a punto de dar a luz. Esto fue exactamente lo que experimenté. En aquel instante, sólo entonces, volví a sentir de forma clarísima su caricia: ¡la caricia de Dios!. No puedo describir lo que sentí, lo que sucedió en mi. Para explicarlo, todavía hoy cito a San Pablo y digo que fui cegada por una luz camino de Damasco. Lo único que sé es que, volviendo a entrar en casa, dije a mi marido y a los allí presentes: “siento que mi vida ya no es la misma”: Y así ha sido hasta hoy.
No voy a describiros el camino recorrido ni los pequeños cambios experimentados, pero puedo decir que desde el 2 de abril de 2005 no he faltado un solo día a la Santa Misa diaria (a no ser por indisposición)  no he dejado de leer la Biblia cada día, de recitar el Rosario  ni de hacer meditación. He aprendido la importancia de la Eucaristía, de la Confesión, de la intercesión de la Virgen. Estoy aprendiendo a comprender la importancia de confiar en Dios, de esperar y confiar en Su Amor y en Su Misericordia. Pero, sobre todo, no he dejado de pedir a Juan Pablo II ayuda para abrir mi corazón y mis puertas a Cristo. ¡Ayuda para no tener miedo!
Y en  los momentos de duda y temor, que ha habido (y los habrá) Juan Pablo II siempre ha vendió en mi ayuda.

Testimonio de Adriana, publicado en Totus Tuus Nro 1 enero 2008)


jueves, 19 de mayo de 2016

Mentorella: La ermita secreta de Karol Wojtyła (2 de 2)

(continuación de 1 / 2)


¿Por qué Juan Pablo II se enamoró de este lugar?
Mentorella, en el período estivo o durante el fin de semana, está siempre lleno de peregrinos. Durante el otoño o el invierno e incluso durante la semana no hay nadie, se convierte en un eremitorio: muchas veces por la mañana dejamos la puerta de la iglesia entreabierta y por la tarde nos la encontramos como la dejamos, porque no ha venido nadie. EL Papa amaba este lugar, porque podía rezar tranquilamente. No hay ruido. Venìa cuando ya había terminado la estación de caza (en esta región se cazan jabalíes y pájaros) y entonces podía caminar tranquilamente por las montañas. Este era el único momento en que el Santo Padre podía descansar completamente. Por este motivo, el Santuario de la Mentorella se llama la ermita secreta de Juan Pablo II.
La característica particular del Santuario es esta: aquí no hay horario de apertura ni de cierre, este es el lugar donde el peregrino puede llamar siempre al timbre en cualquier momento y pedir confesión, o una conversación. Las visitas del Santo Padre a la Mentorella no estaban programadas, porque el sabía muy bien que aquí había siempre alguien para acoger al Pontífice. Aquí, el se sentía como en su casa.
Mentorella es un lugar difícil para quien no lo ama, porque aquí no es fácil trabajar. Pero de vez en cuando viene el Papa y esto compensa nuestros sacrificios y premia nuestra constancia.

Cuál es la particularidad de los santuarios construidos entre montañas?
El Papa venía aquí tras las huellas de Marìa para cantar su magníficat. Marìa fue a visitar a su prima Isabel atravesando las montañas – explica el padre Adam. Grandes hombres como Benito, Francisco y otros eligieron entre las montañas el lugar donde pudieron encontrar a Dios, lejos de la gente, pero al mismo tiempo cerca del mundo. En aquellas ermitas pudieron rezar y meditar para después volver al trabajo y poder transmitir a los demás todo lo que habían recibido de Dios. Precisamente por este motivo, aquí Juan Pablo II anunció su primer y trascendente mensaje como Papa, sobre la importancia de la oración en la vida cristiana. No olvidaremos nunca su visita oficial a la Mentorella, en octubre de 1978.

Después de la muerte de Juan Pablo, se ha notado un aumento de peregrinos a este santuario?
Si, al día siguiente a su muerte, la Mentorella se llenó de peregrinos, como atestigua el libro de recuerdos, que recoge millares de firmas:  agradecimientos, súplicas, pensamientos. Los peregrinos unen la visita a la tumba de Juan Pablo II a la visita a la Mentorella. Caminan sobre las huellas de Karol Wojtyła. Vienen para poder rezar por él pero también para poder vivir sus mismas emociones y preguntan por los lugares que más le gustaban. A menudo no tengo nada que explicar…


El 29 de octubre de 2005 vino el Papa Benedicto VI. Este es el inicio de la continuación de las visitas de los Papas a la Mentorella.

Paso las hojas amarillentas de los libros de recuerdos del Santuario de la Mentorella. Delicadamente me encuentro con la firma de Karol Wojtyła y leo su dedicatoria: “Vengo aquí todos los años y cada vez con más gusto. Santuario de la Virgen y maravilla de aquel lugar atraen…”
Sobre la Mentorella cae la sombra al atardecer, mientras sopla un viento fresco Con la mirada hacia las cimas de las montañas, les sonrío, como hacía Karol Wojtyla. Ligeramente abierta, la puerta del Santuario me invita a la oración ates de irme. Me arrodillo ante la imagen de la Virgen de las Gracias: “Dale, Señor, el descanso eterno”.

Aleksandra Zapotoczny

Totus Tuus, Nro 5, septiembre 2006

miércoles, 18 de mayo de 2016

Hoy cumpliría 96 años el santo Papa Juan Pablo II


Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en el pueblo de Wadowice, en el lugar donde ahora se levanta un precioso museo en su honor. 
Museo que también puede visitarse virtualmente en su página web

Lamentablemente el texto aun no está disponible en español, solo en polaco, francés, ingles e italiano.

Estos días recuerdo además con mucha nostalgia, emoción y cariño aquel viaje de hace10 años en el 2006 cuando junto a Jola, Petra y Karolina celebramos el cumpleaños de Juan Pablo II en Roma. 

Su cumpleaños nro 76 Juan Pablo II lo pasó en Eslovenia, 
Allí también se encontró en su día con los jóvenes en una jornada memorable donde lo escucharon leer en esloveno sus muy aplaudidas palabras. (video en 3 partes enesloveno) y lo homenajearon con una preciosa y larguísima "estola" de muguets.


La visita del Papa en esa ocasión tuvo además importantes connotaciones históricas para los eslovenos:  1200 años de cristianismo;  1200 años del sínodo de Aquilea (Oglej), que marcó la vida pastoral entre los eslovenos al sur del rio Drava y los 1111 años de la  muerte del apóstol eslavo San Metodio.  También se festejaban  los 1000 años de Manuscritos Freising (en esloveno Brižinski spomeniki) que son los primeros textos en caracteres latinos en lengua eslava y los más antiguos documentos en idioma esloveno.

lunes, 16 de mayo de 2016

Mentorella: La ermita secreta de Karol Wojtyła (1 de 2)



Vino aquí, y seguramente se enamoró enseguida del lugar, porque encontró un lugar lleno de un maravilloso amor, un lugar que se puede definir la Casa de María. Por eso volvía aquí a menudo, volvía a pie, subiendo por los senderos de la montaña después de haber dejado el coche a algunos km de distancia de Santuario. Volvía para estar con nuestra comunidad. Volvió aquí poco antes del Cónclave para pedir la protección y la bendición de la Virgen, para poder hacer una justa elección. Y cuando fue elegido Papa, enseguida, lo antes posible, solamente trece días después de la elección, vino para dar gracias y repetir: “Todo tuyo”.

Así recuerda el Padre Adam Otrebski de la Congregación de los Resurreccionistas – encargada desde 1997 de la custodia del Santuario de la Mentorella de las Gracias, a 35 kms de Roma – las muchas visitas de Juan Pablo II al Santuario.   Mentorella es un lugar estupendo y especial, donde el hombre se siente más cerca de Dios, de la naturaleza, de su prójimo y de si mismo.

Karol Wojtyla vino aquí más de 30 veces como cardenal – continúa el padre Adam – pero a la Mentorella vino también siendo obispo – consultor del Concilio Vaticano II. El Car. Stanislaw Dziwisz, su ex secretario, cuenta que cada vez que el Papa sentía la necesidad de una oración particular, por una intención especial, deseaba ir a rezar fuera del Vaticano, y venía precisamente aquí, a la Mentorella. Durante el cargo del padre Adam como custodio del Santuario, tuvieron lugar dos visitas privadas de Juan Pablo II a la Mentorella.
Siempre sin avisar previamente, sólo al último momento: “Padre Rector, tiene 45 minutos de tiempo? Porque el Papa está llegando al Santuario desde la montaña”, así ocurrió en 1997, cuando un policía anunció la excepcional visita al padre Adam, el cual había sido nombrado superior de la comunidad religiosa polaca de la Mentorella hacía solo un mes y medio.



Juan Pablo II venía al santuario después de  haber paseado por las montañas. Cuando era Cardenal, venía desde Capránica Prenestina, a doce km de distancia, o bien desde Pisoniano, recorriendo aquellos senderos de montaña, que hoy llevan su nombre. La visita a la Iglesia, un saludo a Jesús y María,y el encuentro con la Comunidad, pero después de haberse puesto otra vez sus zapatos, pues para recorrer las montañas llevaba calzado apropiado.

En qué momentos del día venía aquí el Papa?
Siempre durante la comida – esta hora es la mejor para un sacerdote – bromea el padre Adam – pero Karol Wojtyla no tenía ningún momento especial, porque aquí se sentía como un peregrino y como se sabe, un peregrino no necesita muchas coas. Acepta saciar el hambre con lo que encuentra en la mesa. La única vez que vino siendo cardenal y se quedó a dormir aquí era su onomástico, y comió una tortilla. Aquí hay siempre huevos, porque en los conventos es frecuente tener gallinas…..obviamente en el gallinero, no en el convento – precisa el padre Adam.

El Papa, divertido, al final de la cena añadió: “Hasta ahora nunca había festejado mi santo en un modo tan solemne….”

Con emoción observo la llave en la puerta, el padre Adam está abriendo la habitación donde se alojó Karol Wojtyla. Las fotos confirman el relato del padre Adam. Los mismos muebles, la ventana. Hay una preciosa imagen de Karol Wojtyla que está mirando desde la ventana, hacia las magníficas montañas a las que envía una sonrisa.

El padre Adam continúa su relato: obviamente el Papa transcurría la mayor parte del tiempo aquí, rezando en la Iglesia. Tenía el breviario, su libro y algo para escribir. Se sentaba ante la Virgen, y cuando podía no dejaba de arrodillarse. Aquí pasaba su tiempo. En esos momentos la iglesia permanecía cerrada a todos y nadie podría molestar la meditación del Pontífice.