Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 19 de julio de 2019

Las imágenes de Jesus Misericordioso



(imagen de Adolf Hyła en el Santuario de Cracovia)



Sor Faustina Kowalska llegó a Płock en 1930. Trabajó en la panadería del convento vendiendo pan, y a veces también en la cocina y en el horno donde se hacía el pan. También viajó varias veces a la “casa – granja” que tenía la congregación en el pueblo de Biała, cerca de Płock (en aquellos días era una filial del convento de Płock), donde las hermanas realizaban las labores típicas de una granja.

En las notas que encontramos en su „Diario” espiritual, en el número 48 y siguientes, escribió cómo se le apareció el Señor, el día 22 de febrero de 1931, vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido…

Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero (Diario 47).

Desde este mismísimo momento se inició en Płock, en un sentido estricto, la misión de santa Faustina como Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia, que consiste en transmitir el mensaje de Jesús, el mensaje de la Misericordia para todo el Mundo.

Unos días más tarde, después de la confesión, el Señor Jesús manifestó a Sor Faustina otro deseo: el establecimiento de la Fiesta de la Misericordia.

Yo deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia (Diario 49).

Cumplimiento de las peticiones de Jesús

La imagen. Los esfuerzos de Sor Faustina para hacer pintar la imagen que Jesús le pedía, empezaron a dar resultado en Vilna, gracias a la ayuda del beato Padre Miguel Sopoćko y a la Madre Irena Krzyzanowska. En 1934, el artista Eugeniusz Kazimirowski pintó la primera imagen de la Divina Misericordia.

La imagen milagrosa que se halla en el Santuario de Cracovia, fue pintada por el artista Adolf Hyła durante la Segunda Guerra Mundial. Ambas imágenes, la de Vilna y la de Cracovia, son las más conocidas, pero no son las únicas.

En el Santuario de Płock se halla una imagen, obra del pintor Hofman-Plewa. El cuadro con la imagen peregrinó por toda la diócesis de Płock entre los años 1992 y 2000.
Fiesta de la Misericordia. Esta fiesta se inscribió primero en el calendario litúrgico de la diócesis de Cracovia, en el año 1985, y a continuación algunos obispos polacos lo hicieron en sus diócesis. A petición del Episcopado de Polonia, el Papa Juan Pablo II, en el año 1995, instituyó esta fiesta en todas las diócesis de Polonia. El día de la canonización de Sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa instituyó esta fiesta para toda la Iglesia.


Más información en la Web pagina oficial de Congregación de las Hermanas de la Madrede Dios de la Misericordia 



miércoles, 17 de julio de 2019

El Espíritu Santo en las catequesis de Juan Pablo II



Completado el ciclo cristológico de las Audiencias Generales el 26 de abril de 1989 el Papa Juan Pablo II abria el  neumatológico, “que el Símbolo de los Apóstoles expresa con una fórmula concisa: “Creo en el Espíritu Santo”.

Fue una serie extensa de catequesis que comenzarían ese 26 de abril de 1989   y durarían el resto del año 1989,  con solo algunas breves interrupciones para comentar viajes o reflexionar sobre festividades, y se extenderían luego en 1990 hasta el 28 de noviembre de 1990 cuando el Papa anunciaría “Hoy comenzamos una nueva serie de catequesis del ciclo pneumatológico, en el que he querido atraer la atención de los oyentes, cercanos y lejanos, sobre la verdad fundamental cristiana del Espíritu Santo… Hablemos, ante todo, del Espíritu Santo como principio vivificante de la Iglesia.”   
Esta serie finalmente concluiría el 20 de marzo de 1991 (en total dos años dedicados al Espiritu Santo, a lo cual debemos agregar las diez catequesis adicionales sobre los dones) en una catequesis que introduciría con estas palabras   “En una catequesis precedente había anunciado que volvería a tocar temas relacionados con la presencia y la acción del Espíritu Santo en el alma. Temas fundados teológicamente y ricos desde el punto de vista espiritual, que ejercen un atractivo e, incluso una cierta fascinación sobrenatural sobre aquellas personas que desean profundizar en su vida interior, atentas y dóciles a la voz de Aquel que habita en ellas como en un templo y que, desde su interior, las ilumina y las sostiene por el camino de la coherencia evangélica. En estas almas pensaba mi predecesor León XIII cuando escribió la Encíclica Divinum illud acerca del Espíritu Santo (9 de mayo de 1897) y, luego la carta Ad fovendum sobre la devoción del pueblo cristiano hacia su divina Persona (18 de abril de 1902), estableciendo en su honor la celebración de una novena especial, dirigida de modo particular a obtener el bien de la unidad de los cristianos («ad maturandum christianae unitatis bonum»). El Papa de la Rerum novarum era también el Papa de la devoción al Espíritu Santo, pues sabía a qué fuente era preciso acudir para obtener la energía a fin de realizar el bien verdadero, incluso en el ámbito social. Hacia esa misma fuente quise atraer la atención de los cristianos de nuestro tiempo con la encíclica Dominum et vivificantem (16 de mayo de 1986), y a ella quiero dedicar la parte conclusiva de la catequesis pneumatológica.
A continuación,  a partir del 3 de abril de 1991 Juan Pablo II  seguirian las otras diez catequesis relacionadas con los dones del Espíritu Santo que recibe el hombre, aclarando que “En las catequesis anteriores, dedicadas a la influencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia, hemos subrayado la multiplicidad de los dones que él concede para el desarrollo de toda la comunidad. La misma multiplicidad se realiza en la vida cristiana personal: todo hombre recibe los dones del Espíritu Santo en la condición existencial concreta en que se halla, en la medida del amor de Dios, del que derivan la vocación, el camino y la historia espiritual de cada uno.

Varios años mas tarde el Papa retomaría el tema del Espiritu Santo a partir de la Audiencia del 13 de mayo de 1998 ,  en preparación para el gran jubileo del año 2000,  año  particularmente dedicado al Espíritu Santo,  serie que seria anunciada con estas palabras: “Prosiguiendo por el camino iniciado por toda la Iglesia, después de haber concluido la temática cristológica, comenzamos hoy una reflexión sistemática sobre el Espíritu Santo, «Señor y dador de vida». De la tercera persona de la santísima Trinidad he hablado ampliamente en muchas ocasiones. Recuerdo, en particular, la encíclica Dominum et vivificantem y la catequesis sobre el Credo. La perspectiva del jubileo inminente me brinda la ocasión para volver una vez más a la contemplación del Espíritu Santo, a fin de escrutar, con espíritu de adoración, la acción que realiza en el decurso del tiempo y de la historia.

Esta serie se extendería hasta el 9 de diciembre de 1998 , Audiencia dedicada a “Maria, Madre animada por el Espiritu Santo”. En ella el Papa concluiría: “Como culminación de la reflexión sobre el Espíritu Santo, en este año dedicado a él durante el camino hacia el gran jubileo, elevamos la mirada hacia María. El consentimiento que dio en la Anunciación, hace dos mil años, constituye el punto de partida de la nueva historia de la humanidad. En efecto, el Hijo de Dios se encarnó y comenzó a habitar entre nosotros cuando María declaró al ángel: «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).

Y ya el 16 de diciembrede 1998  ya comenzaba una nueva serie de catequesis centrada en la figura de Dios Padre, siguiendo así las indicaciones temáticas sugeridas en la carta apostólica Tertio millennio adveniente con vistas a la preparación para el gran jubileo del año 2000”

sábado, 13 de julio de 2019

Significado religioso de los salmos


Podríamos introducirnos en la comprensión de los salmos por diversos caminos. El primero consistiría en presentar su estructura literaria, sus autores, su formación, los contextos en que surgieron. También sería sugestiva una lectura que pusiera de relieve su carácter poético, que en ocasiones alcanza niveles altísimos de intuición lírica y de expresión simbólica. No menos interesante sería recorrer los salmos considerando los diversos sentimientos del alma humana que manifiestan:  alegría, gratitud, acción de gracias, amor, ternura, entusiasmo, pero también intenso sufrimiento, recriminación, solicitud de ayuda y de justicia, que a veces desembocan en rabia e imprecación. En los salmos el ser humano se descubre plenamente a sí mismo.

Nuestra lectura buscará sobre todo destacar el significado religioso de los salmos, mostrando cómo, aun habiendo sido escritos hace muchos siglos por creyentes judíos, pueden ser usados en la oración de los discípulos de Cristo. Para ello nos serviremos de los resultados de la exégesis, pero a la vez veremos lo que nos enseña la Tradición, y sobre todo escucharemos lo que nos dicen los Padres de la Iglesia.

3. En efecto, los santos Padres, con profunda penetración espiritual, supieron discernir y señalar que Cristo mismo, en la plenitud de su misterio, es la gran "clave" de lectura de los salmos. Estaban plenamente convencidos de que en los salmos se habla de Cristo. Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los salmos, cuando dijo a los discípulos:  "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí" (Lc 24, 44). Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso que es Cristo mismo quien habla. Al decir esto, no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros.

Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos. De este modo se comprende que los salmos hayan sido tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios. Si en algunos períodos históricos prevaleció una tendencia a preferir otras plegarias, fue gran mérito de los monjes el que se mantuviera en alto la antorcha del Salterio. Uno de ellos, san Romualdo, fundador de la Camáldula, en el alba del segundo milenio cristiano, -como afirma su biógrafo Bruno de Querfurt- llegó a sostener que los salmos son el único camino para hacer una oración realmente profunda:  "Una via in psalmis" (Passio sanctorum Benedicti et Johannes ac sociorum eorumdem:  MPH VI, 1893, 427).





viernes, 12 de julio de 2019

Benedicto XVI : Jóvenes “No tengáis miedo de ser considerados diferentes”



Queridos jóvenes…  no sigáis el camino del orgullo, sino el de la humildad. Id contra corriente:  no escuchéis las voces interesadas y persuasivas que hoy, desde muchas partes, proponen modelos de vida marcados por la arrogancia y la violencia, por la prepotencia y el éxito a toda costa, por el aparecer y el tener, en detrimento del ser.

Vosotros sois los destinatarios de numerosos mensajes, que os llegan sobre todo a través de los medios de comunicación social. Estad vigilantes. Sed críticos. No vayáis tras la ola producida por esa poderosa acción de persuasión. No tengáis miedo, queridos amigos, de preferir los caminos "alternativos" indicados por el amor verdadero:  un estilo de vida sobrio y solidario; relaciones afectivas sinceras y puras; un empeño honrado en el estudio y en el trabajo; un interés profundo por el bien común.

No tengáis miedo de ser considerados diferentes y de ser criticados por lo que puede parecer perdedor o pasado de moda:  vuestros coetáneos, y también los adultos, especialmente los que parecen más alejados de la mentalidad y de los valores del Evangelio, tienen profunda necesidad de ver a alguien que se atreva a vivir de acuerdo con la plenitud de humanidad manifestada por Jesucristo.
Así pues, queridos jóvenes, el camino de la humildad no es un camino de renuncia, sino de valentía. No es resultado de una derrota, sino de una victoria del amor sobre el egoísmo y de la gracia sobre el pecado. Siguiendo a Cristo e imitando a María, debemos tener la valentía de la humildad; debemos encomendarnos humildemente al Señor, porque sólo así podremos llegar a ser instrumentos dóciles en sus manos, y le permitiremos hacer en nosotros grandes cosas.


miércoles, 10 de julio de 2019

Los símbolos de la fe – profesiones de la fe



1. El primero y fundamental punto de referencia de la presente catequesis son las profesiones de la fe cristiana universalmente conocidas. Se llaman también "símbolos de fe". La palabra griega "symbolon" significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, de un sello) que se presentaba como el signo de reconocimiento. Las partes rotas se juntaban para verificar la identidad del portador. De aquí provienen los ulteriores significados de "símbolo": la prueba de la identidad, las cartas credenciales e incluso un tratado o contrato cuya prueba era el "symbolon". El paso de este significado al de colección o sumario de las cosas referidas y documentadas era bastante natural. En nuestro caso, los "símbolos" significan la colección de las principales verdades de fe, es decir, de aquello en lo que la Iglesia cree. En la catequesis sistemática se contienen las instrucciones sobre aquello en lo que la Iglesia cree, esto es, sobre los contenidos de la fe cristiana. De aquí también el hecho de que los "símbolos de fe" son el primero y fundamental punto de referencia para la catequesis.
2. Entre los varios "símbolos de fe" antiguos, el más autorizado es el "símbolo apostólico", de origen antiquísimo y comúnmente recitado en las "oraciones del cristiano". En él se contienen las principales verdades de la fe transmitidas por los Apóstoles de Jesucristo. Otro símbolo antiguo y famoso es el "niceno-constantinopolitano": contiene las mismas verdades de la fe apostólica autorizadamente explicadas en los dos primeros Concilios Ecuménicos de la Iglesia universal: Nicea (325) y Constantinopla (381).El uso de los "símbolos de fe" proclamados como fruto de los Concilios de la Iglesia se ha renovado también en nuestro siglo: efectivamente, después del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI pronunció la "profesión de fe" conocida como el Credo del Pueblo de Dios (1968), que contiene el conjunto de las verdades de fe de la Iglesia teniendo en especial consideración los contenidos a los que había dado expresión el último Concilio, o aquellos puntos en torno a los cuales se habían planteado dudas en los últimos años.
Los símbolos de fe son el principal punto de referencia para la presente catequesis. Pero ellos nos remiten al conjunto del "depósito de la Palabra de Dios", constituido por la Sagrada Escritura y la Tradición apostólica, del que son una síntesis conocida. Por esto, a través de las profesiones de fe nos proponemos remontarnos también nosotros a ese "depósito" inmutable, guiados por la interpretación que la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, ha dado de él en el curso de los siglos.
3. Cada uno de los mencionados "símbolos" comienza con la palabra "creo". Efectivamente, cada uno de ellos nos sirve no tanto como instrucción, sino como profesión. Los contenidos de esta profesión son las verdades de la fe cristiana: todas están enraizadas en esta primera palabra "creo". Y precisamente sobre esta expresión "creo", deseamos centrarnos en esta primera catequesis.


martes, 9 de julio de 2019

Juan Pablo II en la Argentina. La moralidad publica.



Hoy 9 de Julio,  que celebramos en la Argentina el día de la Declaración de la Independencia   es oportuno recordar las palabras que el Papa Juan Pablo II dirigiera a los gobernantes argentinos en su discurso del 6 de abril de 1987 en la Casa Rosada.         

“Ante quienes rigen los destinos del país y están dedicados de lleno a la actividad política, judicial y administrativa, quisiera hoy atestiguar que la Iglesia tiene en gran aprecio tan importante tarea El Concilio Vaticano II afirma que la política es un arte “difícil y nobilísimo” (Gaudium et spes, 75), Esta dignidad del quehacer político se pone de relieve por sí sola; basta considerar su finalidad propia, esto es, servir al hombre y a la comunidad, y promover sin cesar sus derechos y legítimas aspiraciones. De aquí se sigue la preeminencia de los valores morales y de la dimensión ética, que ha de ser salvaguardada, no obstante las contingencias del obrar humano o de los intereses contrapuestos.
El poder político que constituye el vínculo natural y necesario para asegurar la cohesión del cuerpo social, debe tener como finalidad la realización del bien común.
Es verdad que no todos los ámbitos de la vida personal y social caen bajo la competencia directa de la política; pero no es menos cierto que uno de los deberes no eximibles de esta actividad específica, además de observar el debido respeto a las legítimas libertades de los individuos, de las familias y de los grupos subsidiarios, es crear y potenciar en provecho de todas las condiciones sociales que favorezcan el bien auténtico y completo de la persona, sola o asociada, obviando al mismo tiempo cuanto se oponga u obstaculice a la expresión de sus auténticas dimensiones o al ejercicio de sus legítimos derechos (Mater et Magistra, 65).
Dentro de ese amplio marco de condiciones que configuran el bien común de la sociedad civil, corresponde ciertamente al Estado prestar una particular atención a la moralidad pública, a través de oportunas disposiciones legislativas, administrativas y judiciales, que aseguren un ambiente social de respeto de las normas éticas, sin las cuales es imposible una digna convivencia humana. Es ésta una tarea particularmente urgente en la sociedad contemporánea, ya que se ve afectada en lo vivo por una grave crisis de valores que repercute negativamente en amplios sectores de la vida personal y de la misma sociedad. La exigencia inmediata de valores morales, que a su vez han de informar la gestión de los poderes públicos, es una decidida opción por la verdad y la justicia en la libertad, lo cual ha de reflejarse en los instrumentos institucionales y legales que ordenan la vida ciudadana. Por ello, será siempre deber insoslayable de la autoridad pública la tutela y promoción de los derechos humanos, incluso en situaciones de extrema conflictividad, huyendo de la frecuente tentación de responder a la violencia con la violencia.
Por otra parte, el fomento ininterrumpido de la moralidad pública es inseparable de las demás funciones del Estado. En efecto, sabemos muy bien que un deterioro progresivo de la moralidad pública crea peligros más o menos latentes contra los derechos y libertades del hombre, incluso contra la seguridad ciudadana; además pone en entredicho importantes valores de la educación y de la cultura común y. en definitiva, debilita los ideales que dan cohesión y sentido a la vida nacional.”

FELIZ DIA DE LA PATRIA!!!!!

sábado, 6 de julio de 2019

Juan Pablo II y la Providencia Divina



El miércoles 30 de abril de 1986 el Papa Juan Pablo II comenzaba con una serie de catequesis sobre la Divina Providencia con esta introducción:

“Comenzamos hoy, dentro de la reflexión sobre la creación, una serie de catequesis cuyo tema central está justamente en el corazón de la fe cristiana y en el corazón del hombre llamado a la fe: el tema de la Providencia Divina, o de Dios que, como Padre omnipotente y sabio está presente y actúa en el mundo, en la historia de cada una de sus criaturas, para que cada criatura, y específicamente el hombre, su imagen, pueda realizar su vida como un camino guiado por la verdad y el amor hacia la meta de la vida eterna en Él.”

Y continuaría con las siguientes ocho reflexiones en las Audiencias Generales de los miercoles:

Miércoles 7 de mayo de 1986 La Divina Providencia: afirmación bíblica ligada a la obra de la creación 
Miércoles 14 de mayo de 1986 La Divina Providencia: Sabiduría trascendente que ama 

Miércoles 21 demayo de 1986 La Divina Providencia y la libertad del hombre


Miércoles 28 de mayo de 1986 La Providencia Divina y el destino del hombre: 

el misterio de la predestinación en Cristo 


Miércoles 4 dejunio de 1986 La Divina Providencia y la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo l

Miércoles 11 dejunio de 1986 La Divina Providencia supera el mal en Jesús redentor 


Miércoles 18 dejunio de 1986 La Divina Providencia y la condición histórica del hombre de hoy a la luz del Concilio Vaticano II

 (frecuentes referencias a la Constitucion Pastoral Gaudium et Spes)


Miércoles 25 dejunio de 1986 La Divina Providencia y el crecimiento del Reino de Dios con frecuentes referencias a la Constitucion Pastoral Gaudium et Spes