Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 12 de octubre de 2019

La música sacra



“Impulsado por el vivo deseo de "mantener y procurar el decoro de la casa de Dios", mi predecesor san Pío X publicó, hace cien años, el motu proprio Tra le sollecitudini, que tenía como objeto la renovación de la música sagrada en las funciones del culto. Con él quiso dar a la Iglesia indicaciones concretas en ese sector vital de la liturgia, presentándolas "como código jurídico de la música sagrada"[1]. También esa intervención formaba parte del programa de su pontificado, que había sintetizado en el lema: "Instaurare omnia in Christo".

El centenario de ese documento me brinda la oportunidad de recordar la importante función de la música sagrada, que san Pío X presenta como medio de elevación del espíritu a Dios y como valiosa ayuda para los fieles en la "participación activa en los sacrosantos misterios y en la pública y solemne oración de la Iglesia"[2].

La especial atención que se ha de dedicar a la música sagrada, recuerda el santo Pontífice, deriva del hecho de que "como parte integrante de la liturgia solemne, la música sagrada tiende a su mismo fin, el cual consiste en la gloria de Dios y la santificación y edificación de los fieles"[3]. Interpretando y expresando el sentido profundo del texto sagrado al que está íntimamente unida, es capaz de "añadir más eficacia al texto mismo, para que (...) los fieles se preparen mejor a recibir los frutos de la gracia, propios de la celebración de los sagrados misterios"[4].

2. El concilio Vaticano II utilizó este enfoque en el capítulo VI de la constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, donde se recuerda con claridad la función eclesial de la música sagrada: "La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne"[5]. El Concilio recuerda, asimismo, que "los cantos sagrados han sido alabados tanto por la sagrada Escritura como por los Santos Padres y los Romanos Pontífices, quienes en los últimos tiempos, empezando por san Pío X, han expuesto con mayor precisión la función ministerial de la música sagrada en el servicio divino"[6].

En efecto, continuando la antigua tradición bíblica, a la que se atuvieron el mismo Señor y los Apóstoles (cf. Mt 26, 30; Ef 5, 19; Col 3, 16), la Iglesia, a lo largo de toda su historia ha favorecido el canto en las celebraciones litúrgicas, proporcionando, según la creatividad de cada cultura, estupendos ejemplos de comentario melódico de los textos sagrados en los ritos tanto de Occidente como de Oriente.

También ha sido constante la atención de mis predecesores a este delicado sector, con respecto al cual han recordado los principios fundamentales que deben animar la producción de música sagrada, especialmente si está destinada a la liturgia. Además del Papa san Pío X, hay que recordar, entre otros, a los Papas Benedicto XIV, con la encíclica Annus qui (19 de febrero de 1749), Pío XII, con las encíclicas Mediator Dei (20 de noviembre de 1947) y Musicae sacrae disciplina (25 de diciembre de 1955), y por último Pablo VI con sus luminosos pronunciamientos diseminados en múltiples intervenciones.

Los padres del concilio Vaticano II no dejaron de reafirmar esos principios, con vistas a su aplicación a las nuevas condiciones de los tiempos. Lo hicieron en un capítulo específico, el sexto, de la constitución Sacrosanctum Concilium. El Papa Pablo VI proveyó después a la traducción de esos principios en normas concretas, sobre todo por medio de la instrucción Musicam sacram, publicada, con su aprobación, el 5 de marzo de 1967 por la entonces Sagrada Congregación de Ritos. Es necesario referirse constantemente a esos principios de inspiración conciliar para promover, en conformidad con las exigencias de la reforma litúrgica, un desarrollo que esté, también en este campo, a la altura de la tradición litúrgico-musical de la Iglesia. El texto de la constitución Sacrosanctum Concilium, en el que se afirma que la Iglesia "aprueba y admite en el culto divino todas las formas artísticas auténticas dotadas de las debidas cualidades"[7], encuentra los criterios adecuados de aplicación en los números 50-53 de la instrucción Musicam sacram que he mencionado[8].

3. En varias ocasiones también yo he recordado la valiosa función y la gran importancia de la música y del canto para una participación más activa e intensa en las celebraciones litúrgicas[9], y he destacado la necesidad de "purificar el culto de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados, y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra"[10], para asegurar dignidad y bondad de formas a la música litúrgica. Desde esta perspectiva, a la luz del magisterio de san Pío X y de mis demás predecesores, y teniendo en cuenta en particular los pronunciamientos del concilio Vaticano II, deseo proponer de nuevo algunos principios fundamentales para este importante sector de la vida de la Iglesia, con la intención de hacer que la música litúrgica responda cada vez más a su función específica.

4. De acuerdo con las enseñanzas de san Pío X y del concilio Vaticano II, es preciso ante todo subrayar que la música destinada a los ritos sagrados debe tener como punto de referencia la santidad: de hecho, "la música sagrada será tanto más santa cuanto más estrechamente esté vinculada a la acción litúrgica"[11]. Precisamente por eso, "no todo lo que está fuera del templo (profanum) es apto indistintamente para franquear sus umbrales", afirmaba sabiamente mi venerado predecesor Pablo VI, comentando un decreto del concilio de Trento[12], y precisaba que "si la música -instrumental o vocal- no posee al mismo tiempo el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza, se impide a sí misma la entrada en la esfera de lo sagrado y de lo religioso"[13]. Por otra parte, hoy la misma categoría de "música sagrada" ha ampliado hasta tal punto su significado, que incluye repertorios que no pueden entrar en la celebración sin violar el espíritu y las normas de la liturgia misma.”


viernes, 20 de septiembre de 2019

Para comprender a Wojtyla




Sergio Lozano Arco comenta el libro de Juan Manuel Burgos, titulado Para comprender a Wojtyla, publicado por BAC, Madrid 2014, 144 pags.

(JUAN MANUEL BURGOS, Para comprender a Wojtyla, BAC, Madrid 2014, 144 págs. ISBN: 978-84-220-1714-1)
   
 El autor es un reconocido especialista internacional en la filosofía de Karol Wojtyla, sobre la que ha publicado La filosofía personalista de Karol Wojtyla y ha dirigido, además, la edición de las obras del pensador polaco en castellano, incluida la muy reciente publicación de un texto inédito en lengua hispana como Lecciones de Lublin (Palabra, Madrid 2014).

El autor ha dividido el libro Para comprender a Wojtyla, una introducción a su filosofía, en siete capítulos. El primer capítulo, denominado “El itinerario intelectual”, hace las veces de introducción a toda la obra y, por tanto a los capítulos posteriores. Burgos va a desarrollar este capítulo y, en realidad, algunos de los capítulos posteriores, de un modo que podríamos calificar de “histórico”. Siguiendo la estela de las obras principales del Wojtyla, Burgos puede poner así de manifiesto que, de hecho, en el pensamiento del autor polaco hay una cierta evolución. Así, pone como ejemplo, entre otros, la visión que Wojtyla tiene del método fenomenológico, que es “secundario y meramente auxiliar” al principio (p. 7) y que, al final, “se ha convertido en el modo de acceso a la realidad ya que posee un alcance trans-fenoménico” (p. 8). En efecto, hay un desarrollo de su pensamiento entre la época de la escuela ética de Lublin (capítulo II), el libro Amor y responsabilidad (capítulo III) y el libro Persona y acción (capítulo IV).

En el capítulo II, denominado “La escuela ética de Lublin”, Burgos expone la posición ética de Wojtyla, que se distancia de la posición tanto de Ayer como de Kant como, también, hasta cierto punto, de Tomás de Aquino. En efecto, para Wojtyla la ética no se reduce, como sostiene Ayer, a la mera emoción (p. 11) ni a un puro deber formal sin contenidos, como en Kant (p. 11) ni a una deducción de la ciencia metafísica. En efecto, para Burgos “la comprensión tomista de lo real tiende a presentar un esquema de pensamiento en cascada que comienza por la metafísica. La ciencia del ente en cuanto ente genera las estructuras comunes a todos los seres, que después se despliegan analógicamente adaptándose a la diversidad de cada uno de los órdenes. Es decir, la ética depende de la metafísica” (p. 12). Para Wojtyla, sin embargo, lo central es la experiencia moral y la ética es la reflexión sobre esta experiencia y es, en este sen- Reseñas 178 QUIÉN • Nº 1 (2015): 177-179 tido, autónoma, pues no requiere de ninguna otra ciencia para acceder a su punto de partida (p. 12).

El capítulo III, se denomina con el mismo título de la primera obra de Karol Wojtyla: “Amor y responsabilidad”. El autor señala cómo en este periodo el pensador polaco comienza a adelantar algunas de las propuestas que llevará a cabo en Persona y acción, tales como la autodeterminación o la subjetividad personal, pero que no ha desarrollado todavía plenamente, como sí hará después. Amor y responsabilidad tiene el gran mérito de enmarcar la ética sexual en el contexto de la relación interpersonal entre varón y mujer y de presentar de modo positivo lo que se debe hacer, en orden al amor interpersonal. Hasta entonces era mucho más frecuente exponer qué es lo que no se debía hacer y, en algunas ocasiones, sin tan siquiera explicar el por qué.

El capítulo IV se dedica a la obra cumbre de Wojtyla: Persona y acción. En efecto, gracias a este texto el pensador polaco se convierte para Burgos en “uno de los grandes filósofos del siglo XX” (p. 54) porque se propone y lleva a cabo “la completa reconstrucción de los conceptos antropológicos básicos a partir de elementos tradicionales y modernos generando una nueva antropología de corte personalista” (p. 56). En efecto, en esta obra el filósofo polaco introduce la subjetividad personal, el autoconocimiento y la autoconsciencia, la autodeterminación, la autoposesión y el autodominio, la psique y el soma, etc. Wojtyla elabora una terminología propia (usa, por ejemplo, “acción” en lugar de “acto” o “soma” en lugar de “cuerpo”) porque lleva a cabo una antropología propia, partiendo, en cierto modo, de la antropología clásica y asumiendo algunos elementos de la antropología moderna. No usa una terminología moderna para “repetir” la antropología clásica ni cae en el eclecticismo entre clásicos y modernos. Sencillamente, elabora una filosofía propia partiendo de elementos comunes a unos y otros y, sin embargo, no identificándose con ninguno de ellos. En este sentido, Burgos da, en parte, la razón a Merecki cuando este afirma que Wojtyla “no pertenecía en sentido estricto a ninguna escuela” (pp. 82-83). El pensador polaco elabora, en cierto modo, una filosofía nueva, que Juan Manuel Burgos va a describir como “personalismo ontológico moderno cuyo objetivo es subrayar que existe un tipo de personalismo que, manteniendo unas bases profundamente realistas, advierte la necesidad imperiosa de reconstruir los conceptos clásicos a la luz de la filosofía moderna y desde un punto de vista personalista” (p. 84). Reseñas QUIÉN • Nº 1 (2015): 177-179 179

Los capítulos V, VI y VII los dedica Burgos a “algunas cuestiones particulares” (p. 85) como son el método filosófico de Wojtyla (capítulo V), la subjetividad personal (capítulo VI) y la persona femenina (capítulo VII). El autor del libro escoge estas cuestiones para poner de manifiesto la fuerza y la originalidad del pensamiento de Wojtyla. En efecto, el método filosófico de Wojtyla se distingue tanto del planteamiento clásico y medieval como también de la fenomenología moderna, si bien tiene puntos en común con ambas. A su vez, la importancia de la subjetividad personal y su integración con la dimensión objetiva de la persona, que Wojtyla no abandona nunca, es tal que merece ser estudiada aparte. Por último, Wojtyla se encuentra entre una serie de autores pioneros en el estudio de la persona femenina en el siglo XX, con Edith Stein, Julián Marías y otros. El autor de esta obra señala en más de una ocasión que “el objetivo de este libro es introductorio por lo que es probable que el lector considere insuficientes muchas de las explicaciones que vamos a proponer y desee ahondar llegar al fondo de las cuestiones” (p. 23). Su objetivo era “exponer, a trazos gruesos, las características centrales de la filosofía de Karol Wojtyla” (p. 84). Y, tras una lectura atenta, coconsidero que alcanza su objetivo. Expone de manera sencilla cuestiones profundas y el lector puede percibir con claridad que, efectivamente, el filósofo polaco tiene una filosofía propia, que se pone de manifiesto al compararla con el pensamiento de otros grandes autores.

SERGIO LOZANO ARCO

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma – Entrevista Juan Perez-Soba


El P. Juan Pérez-Soba, profesor de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las ciencias del matrimonio y la familia, concedió una entrevista a ACI Prensa en la que se refiere a los aportes de esta casa de estudios y en donde critica los cambios realizados recientemente y que también han sido señalados por su vicepresidente y más de 240 alumnos y exalumnos.
A continuación la entrevista.
ACI Prensa
El Papa Francisco ha insistido en una visión pastoral sobre la familia. ¿Estaba esta visión ya presente en Juan Pablo II y en el Instituto?
P. Pérez Soba
Podemos decir que el Instituto Juan Pablo II se adelantó a la conversión pastoral que ha pedido el Papa Francisco con las familias. Recordemos la frase de San Juan Pablo II: ¡La familia es el camino de la Iglesia!
Juan Pablo II indicó entre los fines del Instituto la formación de agentes de pastoral. Si se compara con otras universidades y facultades de teología, sorprende el gran número de iniciativas pastorales que el Instituto ha emprendido.
El ejemplo más claro es el master universitario en matrimonio y familia dirigido precisamente a las familias. Cientos de matrimonios han acudido a formarse, en varios países de Europa. Lo que aprendían no solo les permitía trabajar en sus parroquias y diócesis sino que, según sus testimonios, potenciaba su vocación familiar.
¡Al estudiar en el Juan Pablo II comprendían el gran don que habían recibido y cómo cultivarlo!
ACI Prensa
¿De dónde vino esa fecundidad pastoral de un Instituto universitario?
P. Pérez Soba
La raíz está en el mismo sacerdote y obispo Karol Wojtyla. “Como joven sacerdote”, decía, “aprendí a amar el amor humano”. Cuando salió la encíclica Humanae Vitae no se limitó a enseñarla, sino que creó grupos de apoyo y de espiritualidad para poder vivirla porque entendía la necesidad de acompañar el amor verdadero que describe la encíclica de Pablo VI (amor humano, total, fiel, exclusivo hasta la muerte, fecundo).
Wojtyla aprendió además que la clave estaba en la misericordia divina. Solo la misericordia puede vencer al mal y permite al hombre vivir su vocación con dignidad y plenitud. ¿Cuál es el peor mal que aqueja al hombre y del que Dios le libra con su misericordia? Wojtyla respondía: el peor mal es no tener familia o que la familia esté rota. Y la mayor misericordia es reedificar la familia según el plan del Creador. Para eso es necesario reflexionar sobre la verdad del amor, tarea que asignó al Instituto que él fundó.
Otra genialidad de Wojtyla fue su deseo de aprender la vocación de las mismas familias. Por eso no quería un Instituto formado solo por profesores y estudiantes sacerdotes. Incluyó a las familias entre quien enseñaba y quien aprendía.
ACI Prensa
Se ha dicho que el Instituto Juan Pablo II ha realizado una propuesta demasiado idealizada. ¿Es esto lo que muestra la experiencia con las familias estos casi 40 años?
P. Pérez Soba
Juan Pablo II dijo: Familia sé lo que eres. Esta expresión la entendieron algunos como la búsqueda de una familia idealizada. Pero no era así. Juan Pablo II quería transmitir ilusión a las familias. Les decía: el camino depende de vosotras mismas, nadie lo podrá hacer por vosotras. Sois vosotras las que podéis responder a la llamada de Dios.
Así Juan Pablo II se oponía a una pastoral centrada solo en resolver problemas, porque esta es una pastoral miope. Es la mirada de quien ve en primer plano la fragilidad de las familias, y ya no mira a más y, por tanto, trata de excusar los comportamientos. Juan Pablo II, por el contrario, nos ha dicho: hay que estar cercano a la fragilidad de las familias, pero antes de la fragilidad hay algo más importante. ¡Antes de la fragilidad está el don que Dios hace a las familias y la fuerza de Dios para sostener a la familia en su vocación! De esta forma se abría una pastoral atrevida, que no iba a remolque de los problemas de la familia. Se superaba la visión del “Manual de pastoral” de Arnold y Karl Rahner, que desconfiaba de la familia. Fíjese que este manual, de sus 3500 páginas, ¡solo dedicaba 70 a tratar de la familia!
ACI Prensa
Ha sido usted testigo desde los comienzos de esta fecundidad pastoral del Instituto. ¿Puede hablarnos de esta experiencia?
P. Pérez Soba
Familiaris consortio pidió a cada país que elaborara un Directorio de pastoral familiar. Pero esta advertencia cayó en el saco roto de las buenas intenciones. Los que hacían pastoral familiar se desesperaban al ver crecer los problemas, como la falta de preparación de los novios ante el matrimonio o el número de divorcios. Entonces el Instituto, de forma callada, fue pionero de un modo nuevo de presentar la pastoral.
Todo esto lo pude experimentar junto con los profesores José Noriega y Juan Andrés Talens desde 1997 en España. Comenzamos a enseñar directamente a los matrimonios para que empezasen a trabajar en diócesis y parroquias. Se han formado cientos de familias que han vitalizado la pastoral familiar en España. Las personas venían con problemas y después, instruidos en la formación completa del Instituto, salían como verdaderos apóstoles. El enfoque lo han recogido los Sínodos de la familia convocados por Francisco, cuando dicen que la misma familia es el principal agente de la pastoral familiar.
ACI Prensa
¿Cuál es la clave de esta visión pastoral?
P. Pérez Soba
La clave está en partir de la vocación al amor con que Dios llama al matrimonio y a cada familia. Así es como comienza el Evangelio. Hay que empezar siempre con Dios y sus proyectos, no con el análisis sociológico de nuestros problemas. El Papa Francisco ha hablado de esto cuando ha dicho que Dios nos “primerea”, es decir, él inicia la obra. El gran reto de la Iglesia nunca serán los problemas que le plantea el mundo, sino ante todo la gran llamada que Dios le hace, la llamada a una grandeza de vida, que contiene la fuerza para superar cualquier problema.
Hemos buscado siempre una pastoral familiar que llamamos “transversal”. Quiere decir que la pastoral familiar no es solo un sector de la pastoral, sino que “atraviesa” todos los demás ámbitos. Por ejemplo: la pastoral de jóvenes es pastoral familiar, pues los jóvenes desean formar una familia; la pastoral de ancianos es pastoral familiar porque los ancianos reciben cuidado en sus familias. Y así en todas las demás “pastorales”.
De esta visión brotó, mediante la ayuda y dirección del obispo Juan Antonio Reig Pla, el Directorio de Pastoral Familiar en España. A mí me tocó presentar este proyecto a la asamblea de los agentes pastorales de toda España. Mientras los anteriores borradores habían sido desechados, este se aceptó con entusiasmo. Recuerdo cómo todos preguntaban: ¿Por qué no se nos había dicho antes? Desde aquí recobraron los obispos la confianza en la pastoral familiar. Y es que contaban con personas que no les causaban problemas, y que tampoco aplicaban una pastoral rígida que impone normas. Al contrario, eran personas capaces de abrir caminos nuevos, pues acercaban a un amor verdadero capaz de vencer las debilidades humanas.
La verdad del amor es muy importante en esta pastoral, pues no todos los amores son iguales. Hay amores que destruyen y amores que edifican. Esto no significa que se idealice el matrimonio. Si un pastor olvida la verdad del matrimonio, se parece al médico de un hospital de campo que diga: no quiero saber qué es la salud, ni cómo es un cuerpo sano, porque esto me quitaría tiempo para ayudar a las personas. ¿No sería absurdo? Ningún médico obraría así. ¿Y los pastores?
ACI Prensa
¿Qué iniciativas concretas han surgido?
P. Pérez Soba
Han surgido muchas iniciativas pastorales, escuela de padres, formación afectivo-sexual, acompañamiento a novios, modos de educación integral y participativa, equipos itinerantes de pastoral familiar, estudios de políticas familiares que mostraban una creatividad enorme a partir de la luz que había recibido. Se ha conseguido la formación de modelos de Centros de Orientación Familiar evangelizadores de una atención integral y no solo centrados en los problemas.
Un momento precioso de experiencia pastoral fue la jornada mundial de la juventud de 2011, en Madrid, donde por vez primera llevamos a cabo con mucho éxito la formación en la teología del cuerpo a los jóvenes. Ellos descubrían así un lenguaje nuevo para expresar sus experiencias más prometedoras. De este modo la pastoral familiar aparecía en su conexión profunda con la pastoral juvenil y social.
La enseñanza de pastoral familiar desde el año 2006 con alumnos de más de 52 naciones ha sido para mí una experiencia inolvidable, por ver la profunda unidad de un plan de Dios en a diversidad fascinante de las diversas culturas.
De aquí han surgido iniciativas interesantes de estudio como la pastoral en los primeros años del matrimonio, la atención de las víctimas del aborto (las madres que abortan) y del divorcio (los hijos de los separados). Hemos visto también cómo las fragilidades humanas pueden ser, como en Caná, un momento de gracia: fidelidad de los esposos separados, adopción en el abandono, fecundidad en la infertilidad... Y, además, estudios sociales en las favelas de Salvador de Bahía, llevadas a cabo por el obispo mons. Giancarlo Petrini, la atención de la familia con padres que están el cárcel...
El Instituto ha extendido su obra a los más diversos países: China, Corea, la India en sus diversas culturas, el mundo árabe, Zambia, Angola y todo el amplio espectro de América Latina. Una riqueza enorme que promete frutos mejores. Es la comprobación de una fecundidad pastoral impresionante, cuyo alcance real es muy difícil de medir.
ACI Prensa
¿Cómo valora, desde la teología pastoral, los nuevos estatutos?
P. Pérez Soba
Es un plan de estudios que se nos ha impuesto desde fuera. A mí, que soy catedrático de pastoral, no digo que no hayan tenido en cuenta mi opinión, sino que ni siquiera me han consultado. Me enteré por la prensa de los nuevos estatutos. Me ha extrañado que en la nueva licencia en Ciencias del matrimonio y la familia la pastoral no aparezca en todo el itinerario académico. Eliminar la pastoral familiar es una carencia muy grave, contraria a lo que dice el Papa en el motu proprio Summa familiae cura.  Se refunda el Instituto para ser más fieles a Amoris Laetitia, ¡y se reduce la pastoral familiar, que es clave en Amoris Laetitia! 
 Espero que sea un error por la precipitación con que se han hecho las cosas. Es necesaria una pronta rectificación, si no se quiere que esta nueva licencia tenga esta extrema pobreza.
ACI Prensa
¿Cómo ha acogido el Instituto la enseñanza de Amoris Laetitia?
P. Pérez Soba
El instituto ha desarrollado las intuiciones del Papa desde las claves de acompañamiento, integración y discernimiento. Frente a muchos que han visto una ruptura, hemos leído el magisterio en la necesaria continuidad eclesial. Sin esta continuidad es imposible hacer ninguna reforma. Fíjese: somos la única institución académica que ha hecho y enseñado un comentario a las Catequesis del Papa Francisco sobre la familia. ¿No será que a mucha gente le interesan solo los cambios sociológicos, pero le interesa poco dar vida a las familias?
ACI Prensa
En su carta dirigida al Gran Canciller y al Presidente del Instituto, los estudiantes aprecian la visión pastoral del Instituto. ¿Cómo se ha vivido este interés por una pastoral adecuada entre los estudiantes del Instituto?
P. Pérez Soba
Los estudiantes han percibido siempre que el Instituto, precisamente al ofrecer enseñanza, ofrecía también una visión pastoral. Estos últimos años, como profesor de pastoral en el Juan Pablo II, he experimentado esto. Los estudiantes me pidieron organizar, en sus ratos libres, un Grupo de Acción Pastoral donde compartíamos los enfoques de los distintos países. Incluso acudían alumnos del Instituto Pastoral de la Universidad Lateranense a nuestras clases de pastoral, precisamente por la visión original del Instituto.
Este proyecto se puede ver en el libro preparado por Mons. Livio Melina: “Conversión pastoral, ¡sí! Pero, ¿cuál?” Allí, se profundizaba en la expresión “conversión pastoral” del Papa Francisco en Evangeliigaudium. 
Este libro ayudó durante el Sínodo 2015, que partía de un Instrumentum Laboris muy pobre desde el punto de vista pastoral. Faltaba sobre todo lo que tocaba a la preparación al matrimonio. Estaba redactado sin duda por alguien que nunca había trabajado en este ámbito. Precisamente en el Instituto se ha dado una riqueza grande de reflexión sobre la familia. Todo esto es la manifestación sencilla y asombrada de la fecundidad de una enseñanza que ha sido fermento de auténtica conversión pastoral dentro de la Iglesia. Y de esto son testigos miles de matrimonios y cientos de pastores.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma –ACI entrevista al P. Jose Granados, vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II (2 de 2)


En una entrevista concedida el Grupo ACI, el P. José Granados, vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II expresó su preocupación por las consecuencias que tendrán en el futuro de esta institución los estatutos recién establecidos, la reducción de la enseñanza de la teología moral y el retiro de profesores de reconocida calidad académica y fidelidad a la doctrina católica como son Mons. Livio Melina y el P. José Noriega.


A continuación la entrevista completa (2da parte) concedida por el P. José Granados: (de Aciprensa)


Se ha prestado mucha atención al despido de los profesores Melina y Noriega, pero el comunicado oficial del instituto afirma que la decisión de no contratarlos en meramente procesal ¿Que opina al respecto?

Con respecto a la razón que se ha dado a Melina (es decir, que no hay sitio para él, pues se ha eliminado su cátedra) ya he mencionado la gravedad de suprimir esa cátedra, tras 38 años de existencia. ¿Por qué se quita la moral fundamental diciendo que es de primer ciclo, y no se quita la antropología teológica, también de primer ciclo? ¿Y por qué se añade una cátedra de teología fundamental de la fe, también de primer ciclo? Hasta que no se responda a estas preguntas (pero son preguntas que no tienen respuesta), solo queda una explicación. No es que Melina no esté, porque no hay cátedra; sino que no hay cátedra para que Melina no esté. Se ha eliminado la moral fundamental para liberarse de un profesor de fama reconocida, sin juicio ni derecho a defensa.
Con respecto a Noriega, se da como razón una incompatibilidad entre el cargo de profesor y su cargo de Superior General de la congregación religiosa de los discípulos de los Corazones de Jesús y María. Ahora bien el CIC 152 prohíbe solo que se asuman dos cargos incompatibles, y lo mismo recoge Veritatis Gaudium 29. ¿Son incompatibles en este caso, cuando la comunidad religiosa del P. Noriega cuenta solo con 24 miembros de pleno derecho? La respuesta requiere un juicio prudencial. Y las dos personas a las que correspondía hacerlo, es decir, los dos Presidentes anteriores del Instituto, Melina y Sequeri, no han juzgado incompatibles los dos cargos, pues han permitido al profesor Noriega enseñar durante 12 años, siendo pública y notoria su condición de superior. Además, el hecho de que no eran incompatibles se muestra claramente porque ambos presidentes han confiado a Noriega un encargo más, el de director editorial, que se sumaba a sus funciones de profesor. Es decir, no solo ha podido desempeñar su cargo de docente, sino que lo ha hecho asumiendo un trabajo añadido. Por último, el profesor Noriega termina su cargo como superior general dentro de cinco meses, algo que Mons. Paglia y Mons. Sequeri ya conocen. Si el problema es la incompatibilidad, y se aprecia su labor, ¿por qué no le conceden ahora algo previsto en el reglamento de la curia, una excedencia por seis meses, y así se elimina el problema? Si no se hace así, ¿qué otra explicación queda, sino que se trata de una excusa para poder liberar la cátedra de moral del amor y del matrimonio y desembarazarse del encargado de publicaciones. ¿Es acaso por la línea favorable a Humanae Vitae y a Veritatis Splendor que ha seguido?
Los dos casos son gravísimos en una institución académica. ¿Acaso había problemas doctrinales en la enseñanza de estos profesores? Como podrán testimoniar los estudiantes y mostraría un análisis de sus escritos, han sido siempre exquisitos en su respeto al Magisterio, incluido por supuesto el del Papa Francisco. Explicar el magisterio del Papa en continuidad con los Papas anteriores no es solo algo esencial a toda hermenéutica católica, sino algo que promueve el mismo Papa. Y en todo caso, si uno pensara, a pesar de todo, que había en sus enseñanzas problemas doctrinales, ¿por qué no se les juzga y se les da posibilidad de defenderse?
La cuestión, decía, es grave. Pues si este atropello se permite, queda amenazada la libertad de cátedra de todos los profesores. Aquí se nos toca a todos, pues se nos podría expulsar, no porque neguemos la doctrina de la fe, lo cual sería justo, sino por seguir líneas teológicas que no gustan a las autoridades de la universidad. Desde este punto de vista todos los que tenemos cátedra universitaria podemos decir: yo soy Melina y Noriega. A todos nos debería alarmar este ejercicio arbitrario del poder sobre lo propio de la labor universitaria: la discusión argumentativa en una búsqueda común de la verdad. ¿Y qué se pensará de este modo de proceder en el ámbito universitario europeo?

¿Hay cambios en el cuerpo docente que le preocupen?

Aparte de la eliminación de Noriega y Melina, preocupa que se hayan quitado los cursos a casi todos los profesores polacos (Kupkcak, Kwiatkowski, Grygiel). Enseñaban cursos como expertos en K.Wojtyla / Juan Pablo II, que trataban precisamente de sus escritos, su espiritualidad familiar, su filosofía. ¿Qué cursos se ofrecerán ahora para profundizar en la herencia de san Juan Pablo II? Y, además, al no pedir a la profesora Maria Luisa di Pietro sus varios cursos, desaparece la principal representante de la aportación del cardenal Sgreccia, el cual fue profesor en el Instituto, muy apreciado por Juan Pablo II, y gran pionero de la bioética. Por último, si consulta el plan de estudios, verá que también la Antropología filosófica del amor humano, tan importante para Wojtyla, aunque existe bajo una cátedra (la que correspondería al profesor Kampowski), ostenta solo la mitad de créditos que las asignaturas de las otras cátedras.
Circulan luego rumores de que vendrá a enseñar el profesor Maurizio Chiodi, quien se abre a la licitud de la contracepción y acepta como “bien posible” en algunas situaciones los actos homosexuales. Si se promoviera a nuevos profesores estables en la misma línea (sin seguir los procedimientos normales, alegando una “urgencia” para la que no se dan motivos”) se crearía una tensión grande dentro del Instituto. Con los poderes que ahora tiene el Gran canciller, y las intenciones que revela al prescindir de Melina y Noriega, será cuestión de tiempo el reemplazo del cuerpo docente con otro ajeno a la visión de san Juan Pablo II. Pues para el gran Papa polaco en el centro estaba siempre la fidelidad de la Iglesia a la carne de Cristo, que asume en sí el proyecto del Creador, y de este modo puede curar y sanar las heridas y fragilidades del hombre.

Mons. Sequeri ha sugerido en una entrevista con Vatican News que las preocupaciones sobre el método utilizado para aplicar los cambios en el Instituto fundamentalmente provienen de fuera del instituto ¿Es correcto esto? ¿Cuál es el sentir de los profesores, alumnos y exalumnos sobre los cambios actuales?

Sobre el sentir de los estudiantes, es conocida la carta que han publicado. Están dolidos sobre todo por los dos profesores a los que no se les renueva la cátedra. Eran estimados como grandes pedagogos, siempre disponibles y de gran visión. Especialmente Mons. Melina, en sus años de presidente, ha creado en el Instituto un ambiente de familia, de búsqueda de la verdad en la comunión, que ha abierto horizontes a los estudiantes y ha comunicado pasión por llevar el Evangelio a las familias, incluyendo a aquellas con más dificultades.
Los alumnos han detectado los problemas serios de los que le he hablado. Con su acción común, respetuosa y valiente, nuestros estudiantes dan testimonio de su aprecio por el Instituto, porque han encontrado una comunión de profesores y alumnos donde se planteaban las grandes preguntas y se podía buscar la verdad del amor. Así, se les han abierto horizontes de grandeza y una vía fecunda en su ministerio pastoral con las familias. La carta se explica por sí sola e incluye las razones de su miedo a que no se conserve la identidad que san Juan Pablo II quiso dar al Instituto por él fundado y encomendado a la protección de la Virgen de Fátima.
Los profesores están también muy dolidos por la expulsión de nuestros colegas. Al profesor Grygiel le han dicho que continuará en la cátedra Wojtyla, pero a la vez le han privado de sus clases, es decir, de su presencia continua en el Instituto y en el consejo de profesores. Lo mismo sucede con la profesora Monika Grygiel, muy apreciada por los estudiantes, que estaba promoviendo iniciativas para formar a los sacerdotes en la ayuda psicológica a las familias, especialmente con dificultades. Y otras personas de gran valor y muy queridas por el cuerpo docente tampoco enseñarán el año próximo, cuando ya tenían los cursos preparados y el tiempo reservado desde que se les invitó en marzo a ofrecer cursos.

En una carta a Mons. Sequeri y al Arzobispo Vincenzo Paglia, un grupo de alumnos sostiene que los actuales cambios representan una peligrosa concesión a las tendencias predominantes en el mundo académico secular ¿Ud. cree que la identidad eclesial del Instituto, como lo había concebido originalmente San Juan Pablo II, está en riesgo?

Por los motivos que le he dicho, me parece que sí. Me parece que la identidad del Instituto está gravemente amenazada, por eso es necesario presentar, con respeto pero con claridad, las dificultades objetivas de este cambio y avisar del peligro para la misión originaria del Instituto, que el Papa Francisco ha dicho claramente que quiere preservar, no solo como algo del pasado, sino precisamente porque en ella hay una fuente de novedad y de camino para la Iglesia y su acompañamiento a las familias.

¿Es todavía posible una expansión del Instituto de una manera más constructiva y colaborativa? ¿Qué pasos tendrían que darse, en su opinión, para renovar el instituto según el deseo del Papa Francisco, pero considerando las inquietudes presentadas?

Durante tres años hemos trabajado en esa línea con Mons. Sequeri. Él podrá testimoniar que ha sido una relación cordial y fructuosa. Hemos encontrado lugar para novedades que respetaban la misión del Instituto, para una fecundidad nueva que recogía la herencia de nuestro fundador y la rica tradición católica. Numerosas veces Mons. Sequeri me ha asegurado que no teníamos que temer ante los rumores de despidos. Y que se respetaría la labor colegial de los profesores.
Inexplicablemente, al final, por sorpresa, ha sucedido lo contrario, con gran daño para el Instituto y para profesores y alumnos. ¿Es posible volver a ese camino constructivo? Mons. Paglia y Mons. Sequeri saben que los profesores y alumnos están dispuestos, como lo han mostrado ya. Pero es preciso desandar los pasos equivocados. La primera dificultad que hay que remover consiste en asumir de nuevo a los profesores que han sido despedidos. Nada sólido se construye sobre el despido injusto de colegas apreciados en toda la comunidad académica, no solo del Instituto, sino todo el mundo universitario católico.

¿Cuál ha sido la importancia del Instituto para la vida de la Iglesia y qué está en riesgo si esta identidad se pierde?

Juan Pablo II tuvo una gran intuición que venía de su experiencia de vida. “De joven sacerdote”, escribió, “aprendí a amar el amor humano”. Fue su trabajo con jóvenes matrimonios el que le permitió descubrir que la familia es el camino de la Iglesia. Pues allí se cultivan las experiencias básicas que Cristo asumió, redimió, plenificó.
Para recuperar estas experiencias originarias, cuya pérdida es la gran miseria del hombre de hoy, Juan Pablo II entendió que era necesario iluminar la verdad del amor. Fundó el Instituto como comunidad académica que pudiese investigar esta verdad del amor, a partir del plan de Dios para el matrimonio y la familia. Pues la luz para nuestra noche no viene primeramente de un análisis de los problemas del hombre, sino de algo más originario: el don que Dios ha dado al hombre y a la Iglesia en cada matrimonio y en cada familia. Aquí está incluida la intuición de la misericordia, que tanto ha promovido el Papa Francisco: la primera misericordia de Dios con el hombre ha sido la de darle una familia y la de salvar la familia, pues a partir de ahí es posible reconstruir todo el sujeto humano y devolverle la capacidad de obrar. Precisamente en este punto se sitúa también la importancia de la moral, que el Instituto ha cultivado desde la luz del amor, como camino para cumplir nuestra vocación a amar, y como capacidad de alcanzar una vida bella y plena. Como en este camino del amor es esencial recuperar el lenguaje del cuerpo, Juan Pablo II confió al Instituto sus Catequesis sobre el amor humano, donde esbozó una teología del cuerpo que se ha seguido desarrollando en estos años con gran fecundidad. Allí nos llama a releer en verdad el lenguaje del cuerpo, un lenguaje inscrito en nosotros por el Creador, y que se basa sobre la diferencia sexual de hombre y mujer abierta a la vida. A partir de esta visión unitaria antropológica, se ha ido cultivando y enriqueciendo un cuerpo docente, expandido por todos los continentes en diferentes secciones, donde el estudio de cada disciplina enriquece a las otras, evitando esa fragmentación tan propia del trabajo universitario hoy. El corte brusco que observamos estos días, difuminando la memoria de esta tradición viva, que se conserva especialmente en las personas, pone en peligro esta rica herencia.
La labor del Instituto y su fruto ha sido enorme, y puede verse en el número de estudiantes formados (sacerdotes, laicos, familias) que trabajan en la enseñanza y en la pastoral familiar; de congresos al que han sido invitados tantos expertos de categoría en las distintas disciplinas; de publicaciones luminosas para los operadores de pastoral; de iniciativas pastorales concretas para ayudar a las familias, trayendo, como el Buen Samaritano, óleo para sus heridas y el vino de la alegría de su vocación al amor.


Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma –ACI entrevista al P. Jose Granados, vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II (1 de 2)


En una entrevista concedida el Grupo ACI, el P. José Granados, vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II expresó su preocupación por las consecuencias que tendrán en el futuro de esta institución los estatutos recién establecidos, la reducción de la enseñanza de la teología moral y el retiro de profesores de reconocida calidad académica y fidelidad a la doctrina católica como son Mons. Livio Melina y el P. José Noriega.



A continuación la entrevista completa (1ra parte) concedida por el P. José Granados: (de Aciprensa)

El Papa Francisco ya había anunciado a través del Motu Proprio Summa Familiae Cura de Setiembre del 2017 que el Instituto debía refundarse y ampliar su horizonte académico ¿Por qué la sorpresa ante los actuales cambios?

Desde la aprobación del motu propio hemos estado trabajando por una renovación en la continuidad, como indicaba el Santo Padre Francisco. El deseo del Papa ha sido acoger el Instituto, ampliarlo, promoverlo, como nos dijo desde el principio Mons. Sequeri. Pero en el último momento ha aparecido algo que no tenía que ver con el trabajo común realizado, por sorpresa y en pleno verano, con el singular dolor añadido de que algunos colegas, de una gran importancia en la historia del Instituto, eran despedidos sin justificación. Nos ha dejado estupefactos.
Esto se ha unido a la sorpresa por los estatutos. A quien compara los estatutos antiguos y los nuevos se le hacen claras al menos dos cosas: la primera, disminuye la presencia del consejo de profesores (los profesores estables tienen ahora solo dos representantes, mientras antes participaban todos, desde sus diferentes cátedras). Esto se aplica a toda la vida académica del Instituto: disminuye la aportación colegial de los profesores estables para aprobar las tesis doctorales o el plan de estudios.
La segunda: el nombramiento de nuevos profesores, decisivo para una comunidad académica, queda ahora bajo el influjo directo del Gran Canciller. Si se examina con cuidado el procedimiento se verá que es casi imposible que el claustro de profesores pueda oponerse a un candidato que el Gran Canciller promueva. Antes se requería que el consejo, donde estaban todos los profesores estables, diese su consenso al candidato, lo que se hacía después de un examen de las publicaciones del candidato por tres profesores externos al Instituto. El Gran Canciller se limitaba a aprobar la persona que le presentase el presidente tras obtener el consenso del consejo.
Sobre todo suscita asombro la pérdida de colegialidad, porque en un instituto interdisciplinar, que se caracteriza por estudiar el mismo objeto (matrimonio y familia) desde los distintos puntos de vista de cada materia, se necesita la aportación de todos los profesores en las diferentes cátedras, sea para examinar el plan de estudios, sea para aprobar las tesis doctorales, sea para la elección de los nuevos miembros del claustro. Y esto debería estar reconocido como un derecho en los mismos estatutos, por ser un punto vital de la institución.
Además, en los nuevos estatutos hay un cambio decisivo: la reducción drástica de la teología moral. En el comunicado oficial del Instituto emitido el 29 de Julio se dice que la teología moral encuentra una colocación nueva y se señala que hay dos cátedras de moral, la moral del amor y del matrimonio, por un lado, y la ética de la vida, por otro. Lo que no se dice es que, según los antiguos estatutos, había ya dos cátedras que cubrían estas materias (una cátedra de moral especial, para sexualidad y matrimonio, y una de bioética). Tampoco se dice que en el plan de estudios la moral del matrimonio (equivalente a la moral especial) tiene ahora solo 3 créditos, la mitad que la mayoría de las demás cátedras. La moral, por tanto, se ha reducido a la mitad y no solo eso: se han echado a los profesores que la enseñaban: Melina, Noriega y, para la bioética, Maria Luisa di Pietro.
Especialmente preocupante es la supresión de la cátedra de moral fundamental, la que ocupaba Mons. Melina. Es una cátedra activa desde hace 38 años, en la que enseñó el Cardenal Caffarra, y podríamos decir que es esencial para la labor del Instituto, si tenemos en cuenta que Wojtyla era moralista y que se la confió al primer presidente del Instituto.
Se trata de una cátedra decisiva. Si no se conocen los fundamentos de la moral, si estos no se colocan bien, la moral matrimonial queda en el aire. Según uno se sitúe ante Veritatis Splendor, así se situará ante las cuestiones de moral especial, como la moralidad de la contracepción o de los actos sexuales fuera del matrimonio. Así se situará también ante la grandeza de la vocación a la que Dios llama el hombre y ante la dignidad de la misericordia con que lo regenera en Cristo para que pueda obrar el bien y alcanzar una vida grande y bella. Piénsese que el entonces Cardenal Ratzinger alabó el papel clave del Instituto en el desarrollo de esta disciplina de moral fundamental. Hasta tal punto, que en los estatutos aprobados en 2011 se menciona la moral fundamental entre los fines primordiales del Instituto, algo que ahora se elimina. En efecto, en el artículo 2 de los estatutos de 2011, donde se habla de los fines del Instituto se incluye: “Investigación teológica en el ámbito de los fundamentos de la vida moral cristiana”.
¿Por qué se elimina la cátedra? La razón que da el comunicado de prensa del Instituto es inconsistente. Se dice que es una asignatura de primer ciclo de teología, que los estudiantes tienen que tener ya sabida. Ahora bien, entre las cátedras hay al menos otras dos (antropología teológica, teología fundamental) que están en el mismo caso, y que no parecen crear problemas. Además, es sabido que una cátedra de carácter general, cuando se da al nivel superior de la licencia, no se limita a repetir lo aprendido en el ciclo institucional. Se trata de profundizar en distintos aspectos, como podrá ver quien eche una ojeada a los cursos ofrecidos por Melina en los últimos años. Melina ha profundizado en aspectos concretos de la moral fundamental para iluminar desde allí la moral conyugal y familiar. ¿Y por qué este argumento no ha sido objeción en los 38 años de vida de la cátedra? La razón que se da solo puede explicarse, pues, como una cortina de humo. ¿La razón verdadera y triste? ¿No será que Melina, como titular de la cátedra, ha permanecido fiel a Humanae Vitae y a Veritatis Splendor, y se elimina la cátedra para poder eliminar a Melina?
Y hay otra pregunta: ¿Qué sucederá con el Área de investigación en teología moral fundamental, una vez que falta la cátedra? Es un área instituida por el Cardenal Scola, fue presidida primero por Melina y luego por el profesor Pérez Soba, y ha organizado ya casi veinte coloquios internacionales, con numerosas publicaciones de prestigio, invitando entre otros teólogos a Ratzinger, además de a los moralistas más famosos de los últimos años y de muy variadas tendencias teológicas.

¿En qué medida fue consultado el cuerpo docente del Instituto en el desarrollo de los estatutos, los nuevos profesores y la nueva currícula?

Por desgracia los estatutos no se pueden considerar fruto de un trabajo común con el resto de los consejos del Instituto. Me siento obligado a decirlo, porque se han dado otras informaciones: como vicepresidente de la sede de Roma durante este tiempo de transición, quiero negar cualquier responsabilidad con respecto a los nuevos estatutos, que conocí el mismo día de su publicación. Veo, no solo en los estatutos, sino sobre todo en los cambios de profesorado (y especialmente en los despidos) un peligro para mantener la herencia de san Juan Pablo II.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma – Origen de los cambios Carta Apostólica Papa Francisco



Traducción en español (no oficial) Fuente Oficina de Prensa de la Santa Sede)
CARTA APOSTÓLICA  Papa Francisco
EN FORMA DE MOTU PROPRIO
QUE INSTITUYE EL PONTIFICIO INSTITUTO TEOLÓGICO JUAN PABLO II
PARA LAS CIENCIA DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA

Animado por la mayor atención a la familia, San Juan Pablo II, como seguimiento del Sínodo de los Obispos de 1980 sobre la familia y de la exhortación apostólica postsinodal Familiaris Consortio de 1981, con la Constitución apostólica Magnum Matrimonii sacramentum confirió una forma jurídica estable al Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, que opera en la Universidad Pontificia Lateranense. Desde entonces, éste ha desarrollado un proficuo trabajo de profundización teológica y de formación pastoral tanto en su sede central de Roma, como en las secciones extraurbanas, presentes ya en todos los continentes.

Más recientemente, la Iglesia ha dado un paso ulterior en el camino sinodal poniendo nuevamente en el centro de la atención la realidad del matrimonio y la familia, en primer lugar en la Asamblea extraordinaria de 2014, dedicada a "Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización" y, después, en la ordinaria de 2015 sobre "La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo ". La culminación de este intenso recorrido ha sido la Exhortación apostólica post-sinodal Amoris Laetitia, publicada el 19 de marzo de 2016.

Esta estación sinodal ha llevado a la Iglesia a una renovada conciencia del Evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a responder. La centralidad de la familia en los caminos de "conversión pastoral"[1] de nuestras comunidades y de "transformación misionera de la Iglesia"[2] requiere que - incluso en el ámbito de la formación académica - en la reflexión sobre el matrimonio y la familia no falten nunca la perspectiva pastoral y la atención a las heridas de la humanidad. Si no se puede llevar a cabo una fecunda profundización de la teología pastoral sin tener en cuenta el peculiar perfil eclesial de la familia[3], por otro lado, no escapa a la misma solicitud pastoral de la Iglesia el valioso aporte del pensamiento y de la reflexión que indagan, del modo más profundo y riguroso, la verdad de la revelación y la sabiduría de la tradición de la fe, con el fin de su mayor inteligencia en el tiempo presente. "El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia. [...]Es sano prestar atención a la realidad concreta, porque «las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia», a través de los cuales «la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia ".[4]
El cambio antropológico y cultural, que influye hoy en todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado, no nos permite limitarnos a prácticas de la pastoral y de la misión que reflejan formas y modelos del pasado. Debemos ser intérpretes conscientes y apasionados de la sabiduría de la fe en un contexto en el que los individuos están menos sostenidos que en el pasado por las estructuras sociales, en su vida afectiva y familiar. Con el límpido propósito de permanecer fieles a las enseñanzas de Cristo debemos, por lo tanto, mirar con intelecto de amor y con sabio realismo, la realidad de la familia, hoy, en toda su complejidad, en sus luces y sombras.[5]

Por estas razones he considerado oportuno ofrecer un nuevo marco jurídico al Instituto Juan Pablo II, para que "la intuición clarividente de San Juan Pablo II, que quiso firmemente esta institución académica, hoy [pueda] ser todavía mejor reconocida y apreciada en su fecundidad y actualidad"[6]. Por lo tanto, he tomado la decisión de instituir un Instituto Teológico para Ciencias del Matrimonio y la Familia, ampliando su campo de interés, sea por las nuevas dimensiones de la tarea pastoral y de la misión eclesial, sea en referencia al desarrollo de las ciencias humanas y de la cultura antropológica en un campo tan fundamental para la cultura de la vida.

ART. 1

Con el presente Motu Proprio instituyo el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para Ciencias del Matrimonio y la Familia, que, vinculada a la Pontificia Universidad Lateranense, suceda, sustituyéndolo al Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, establecido por la Constitución apostólica Magnum Matrimonii sacramentum, que por lo tanto cesa. Será debido, sin embargo, que la inspiración original que dio origen al cesado Instituto para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia siga fecundando el campo más amplio de compromiso del nuevo Instituto Teológico, contribuyendo eficazmente a que sea plenamente compatible con las exigencias actuales de la misión pastoral de la Iglesia .

ART. 2

El nuevo Instituto será, en el contexto de las instituciones pontificias, un centro académico de referencia, al servicio de la misión de la Iglesia universal, en el campo de las ciencias relacionadas con el matrimonio y la familia y respecto a los temas asociados con la alianza fundamental del hombre y de la mujer para el cuidado y la generación de la creación.
ART. 3
La relación especial del nuevo Instituto Teológico con el ministerio y el magisterio de la Santa Sede se verá respaldada (o supervisada?) además por la relación privilegiada que establecerá, en las formas que serán mutuamente concordadas, con la Congregación para la Educación Católica, el Pontificio Consejo para los Laicos, la Familia y la Vida y con la Pontificia Academia para la Vida.
ART 4
§ 1. El Pontificio Instituto Teológico, así renovado, adaptará sus estructuras y dispondrá de las herramientas necesarias - cátedras, profesores, programas, personal administrativo - para realizar la misión científica y eclesial que se le asigna.
§ 2. Las autoridades académicas del Instituto Teológico son el Gran Canciller, el Presidente y cl Consejo del Instituto.
§ 3. El Instituto Teológico tiene la facultad de conferir iure proprio a sus alumnos los siguientes títulos académicos: Doctorado en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; la Licencia en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia; el Diploma en Ciencias sobre el Matrimonio y la Familia.
ART. 5
Lo que establece el presente Motu proprio será profundizado y definido en sus propios estatutos aprobados por la Santa Sede. En particular, se identificarán las formas más adecuadas para promover la cooperación y la confrontación, en los ámbitos de la enseñanza y la investigación, entre las autoridades del Instituto Teológico y las de la Pontificia Universidad Lateranense.
ART. 6
Hasta la aprobación de los nuevos Estatutos, el Instituto Teológico se regirá temporalmente por las normas estatutarias hasta ahora vigentes en el Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, comprendidas la estructuración en secciones y las respectivas normas, en la medida en que no se opongan al presente Motu proprio.
Todo lo deliberado con esta Carta apostólica en forma de Motu proprio, ordeno que se observe en todas sus partes, a pesar de cualquier disposición en contrario, aunque digna de mención especial, y establezco que sea promulgado mediante la publicación en el diario L'Osservatore Romano, entrando en vigor el día de la promulgación, y que se inserte sucesivamente en Acta Apostolicae Sedis.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma –Aldo Maria Valli entrevista a Stanisław Grygiel (2 de 2)


(El Profesor Grygiel y su esposa Ludmila)


A la luz de lo que está sucediendo en el Instituto Juan Pablo II, muchos tienen la impresión de que el magisterio del papa Wojtyła, sobre todo en lo que atañe a las cuestiones de moral familiar, ha quedado arrinconado en la buhardilla, donde se ponen las cosas que ya no sirven. ¿Comparte este juicio?

No lo comparto, aunque humanamente podría parecer así. La Iglesia vive de la fe del pueblo, de la que cada Pedro es custodio. Los teólogos pueden ayudarle o no a comprender esta fe, pero él es el garante de la fidelidad de la Iglesia a la Palabra del Hijo del Dios vivo. Los teólogos pueden interrumpir la Tradición e intentar hacerlo todo desde el inicio. Alejados del Principio en el que se basa el Evangelio, pueden inventar nuevas interpretaciones del propio Evangelio para que sea aceptable para el mundo posmoderno. Sin embargo, antes o después, el corazón del hombre orientado al Amor que es Dios se despertará, y gritará que ya no puede vivir lejos de la casa del Padre.
La sabiduría que procede de Dios permanece para siempre. La estupidez que procede del hombre pasa, dejando que el hombre dependa no de la verdad, sino de los vientos. Una tarde, el santo padre Juan Pablo II me puso entre las manos la carta que le había escrito un teólogo moralista muy conocido en el mundo. Este teólogo le pedía al papa que cambiara la ética de la vida matrimonial, en caso contrario, según este teólogo, la Iglesia perdería fieles. «¿Qué piensas de esto?», me preguntó el papa. Le respondí, tal vez demasiado bruscamente: «Ha escrito una estupidez». El papa me miró y al cabo de unos instantes me dijo: «Es verdad, pero ¿quién se lo dice?».

Es una opinión bastante difundida que Amoris laetitia representa un alejamiento verdadero de la enseñanza precedente. El profesor Seifert ha hablado incluso de una «bomba atómica» que corre el riesgo de destruir todo el edificio moral católico. ¿Cuál es su opinión a este respecto?

Al no ser teólogo, no quiero dar un juicio. Soy un simple creyente y como tal puedo y debo confesar que me siento identificado con este texto sólo parcialmente. Mi experiencia del amor es más evangélica que sociológica y psicológica. El que desea conocer la naturaleza humana, es decir, su ser orientado a Dios, debe contemplar a los santos y, sobre todo, al Hijo del Dios vivo, convertido en hombre en el seno de la Virgen Madre, María. Describir los trastornos matrimoniales y sexuales no es cumplir el mandamiento que dice «Id al mundo y predicad el Evangelio».
En estos días me vienen a la mente a menudo las palabras de Cristo, según las cuales «cualquiera» que abandone a su esposa y tome otra mujer comete adulterio (cf. Jn 2, 25). Él lo dice de cada hombre, sin excepción. Lo dice porque sabe qué hay dentro del hombre. Si es verdad que hoy en algunos casos no es adulterio, como algunos doctos teólogos afirman, significa que Cristo no sabe qué hay dentro del hombre. Por lo tanto, no es Dios. «Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8).  Este documento, si fuera más breve, sería más expresivo y tal vez más claro y adecuado a las palabras del Evangelio: «Sì, sì – no, no». En cambio, una nota a pie de página ofusca todo su contenido.
Si tuviera que hablar de Juan Pablo II a un joven de hoy, ¿cómo presentaría, en pocas palabras, al papa santo?

Juan Pablo II le diría a un joven de hoy las mismas palabras que dijo al pueblo en la plaza de San Pedro el día de su entronización: «¡No tengáis miedo!». Le llevaría al acto de la creación y al acto del Juicio Final, porque sólo a la luz del Principio y del Fin el hombre puede entrever la verdad a la que está orientado. Contemplaría junto al joven de hoy la belleza del Amor que es Dios e intentaría despertar en él el amor, para que este joven pueda ponerse en manos de Dios. Creo que la experiencia de la belleza de la persona humana, de la belleza de su amor, indica el camino que puede llevar a un joven de hoy a Dios. Tal vez por esto el maligno intenta golpear mortalmente el amor humano y a todos aquellos que, atraídos por él, con valentía, sin miedo, revelan su verdad. El maligno espera (es su única esperanza) destruir el fundamento del matrimonio y de la familia y, a fin de cuentas, también el de la Iglesia, atacando al amor divino-humano. La carta de sor Lucía al cardenal Carlo Caffarra habla de esto de manera clara y contundente.
Profesor, ¿tiene futuro la familia cristiana, fundada en el matrimonio?
Cada hombre, cada matrimonio, cada familia tiene ante sí un futuro a condición de que confíen en la verdad. «La verdad os hará libres», dijo Cristo. La libertad, que es el resultado de confiar en la verdad, representa el futuro hacia el que anhela el corazón humano. No hay que defender la verdad. Esta se defiende sola. Los que se confían en los juegos y los cálculos humanos perderán todo, aunque primero parezca que han ganado todo. Los hombres que confían en la verdad no buscan los éxitos de este mundo. Buscan la victoria eterna. Por ello, ya desde hoy participan en ella. La persona humana puede ser eliminada, la comunión en la que vive puede ser a veces destruida, pero la verdad nunca será vencida, porque es invencible.

Publicado por Aldo Maria Valli en su blog Duc in altum.
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.