Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 16 de noviembre de 2019

Juan Pablo II Doctor de la Iglesia y Patrono de Europa?



En representación de la Conferencia de Obispos Polacos, el arzobispo Stanislaw Gadecki de Poznan, Presidente del Episcopado Polaco, le pidió formalmente al Papa Francisco que proclame a San Juan Pablo II Doctor de la Iglesia y Patrono de Europa, pedido apoyado por el Cardenal Stanislaw Dziwisz el 22 de octubre de 2019 durante el Congreso del Movimiento “Europa Christi” en Varsovia.

El año próximo, 2020, se celebrara el 100 aniversario del nacimiento de San Juan Pablo II y los14 años de su muerte. Teniendo en cuenta estos dos importantes aniversarios para la Iglesia polaca y la Iglesia universal, el Arzobispo Stanislaw Gadecki subrayo que “el pontificado del Papa de Polonia se caracterizo por decisiones innovadoras y eventos significativos que cambiaron el rostro del papado e influenciaron el curso de la historia Europea y universal.” En su pedido al Papa Francisco el Arzobispo Gadecki agrego además que : “ la riqueza del pontificado de San Juan Pablo II – referido como San Juan Pablo II el Grande por muchos historiadores y teólogos – emerge de la riqueza de su personalidad – poeta, filosofo, teólogo y místico,  desarrollando su trabajo en variadas  dimensiones desde el trabajo pastoral y docente a liderar la iglesia universal y al testimonio personal de la sacralidad de la vida” . También mencionó que el gran logro del pontificado de San Juan Pablo II fue su contribución a la restauración de la unidad europea, después de más de cincuenta años de división, simbolizada por la cortina de hierro y agrego:  “Después de la proclamación unificadora y promoción cultural de los Evangelios por los santos Cirilo y Metodio,  y San Adalberto, mas de mil años más tarde, fruto de sus actividades,  – no solamente sociales sino también en términos religiosos,  encontraron su protector y continuador en la persona del Papa polaco.

El fiel secretario personal del Papa San Juan Pablo II, el Cardenal Stanislaw Dziwisz, durante su conferencia en ell Congreso del Movimiento “Europa Christi” celebrado  en la Universidad Stefan Wyszynski de Varsovia apoyó la solicitud del Arzobispo Stanislaw Gadecki al Papa Francisco con estas palabras:

“El legado del Papa Wojtyla es una síntesis creativa,  rica y versátil de múltiples senderos del pensamiento humano. No hay dudas que aún permanece y seguirá permaneciendo durante mucho tiempo como un proyecto cultural cabal,  a escala global. Estas son algunas de las razones, en mi opinión, mas importantes porque Juan Pablo II debería ser declarado Doctor de la Iglesia y co patrono de nuestro hogar Europeo”.
Refiriendose a la actual crisis cultural, el Cardenal  dijo que “el renacimiento, que todos esperamos, solo puede lograrse con una reconsideración y adopción de la visión clásica del hombre y del mundo. No hay dudas que en este contexto, el legado del Santo Papa Juan Pablo II el Grande posee significativo valor de construcción cultural.    El cardenal Dziwisz hizo notar que este proyecto no es un llamado a un simple regreso al pasado. “El pensamiento de Juan Pablo II de hecho es absolutamente moderno,  original y creativo, permaneciendo a su vez notablemente clásico. Este difícil equilibrio entre tradición y modernidad ha traído un soplo de aire fresco a la vida de la Iglesia, y por su intermedio se ha hecho extensivo a espacios universales más amplios de cultura, política y ciencia. A este respecto el santo Padre fue un verdadero maestro y Doctor de la Iglesia y dentro de ella un guardián importante de los valores europeos, bases indelebles de la civilización moderna.” “ El papa Wojtyla no es tan solo un notable Doctor de la Iglesia contemporáneo, sino que también es un prominente patrón de Europa – concluyo el Cardenal Dziwisz – con mucho que decir a todos, tanto creyentes como no creyentes. En  tiempos difíciles y complejos como los nuestros su intercesión ante Dios, que tan bellamente nos aseguro el cardenal Ratzinger in la homilía de las exequias, constituye un fuerte apoyo a toda la gente de buena voluntad,  y el legado que nos ha dejado con sus escritos un mapa para el camino con claras  directivas del viaje común hacia un mundo mejor.” 


jueves, 14 de noviembre de 2019

Benedicto XVI : La resurrección de Cristo

(imagen de Wikipedia)

«Et resurrexit tertia die secundum Scripturas», «Resucitó al tercer día según las Escrituras». Cada domingo, en el Credo, renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de Cristo, acontecimiento sorprendente que constituye la clave de bóveda del cristianismo. En la Iglesia todo se comprende a partir de este gran misterio, que ha cambiado el curso de la historia y se hace actual en cada celebración eucarística.
Sin embargo, existe un tiempo litúrgico en el que esta realidad central de la fe cristiana se propone a los fieles de un modo más intenso en su riqueza doctrinal e inagotable vitalidad, para que la redescubran cada vez más y la vivan cada vez con mayor fidelidad: es el tiempo pascual. Cada año, en el «santísimo Triduo de Cristo crucificado, muerto y resucitado», como lo llama san Agustín, la Iglesia recorre, en un clima de oración y penitencia, las etapas conclusivas de la vida terrena de Jesús: su condena a muerte, la subida al Calvario llevando la cruz, su sacrificio por nuestra salvación y su sepultura. Luego, al «tercer día», la Iglesia revive su resurrección: es la Pascua, el paso de Jesús de la muerte a la vida, en el que se realizan en plenitud las antiguas profecías. Toda la liturgia del tiempo pascual canta la certeza y la alegría de la resurrección de Cristo.
Queridos hermanos y hermanas, debemos renovar constantemente nuestra adhesión a Cristo muerto y resucitado por nosotros: su Pascua es también nuestra Pascua, porque en Cristo resucitado se nos da la certeza de nuestra resurrección. La noticia de su resurrección de entre los muertos no envejece y Jesús está siempre vivo; y también sigue vivo su Evangelio.
«La fe de los cristianos —afirma san Agustín— es la resurrección de Cristo». Los Hechos de los Apóstoles lo explican claramente: «Dios dio a todos los hombres una prueba segura sobre Jesús al resucitarlo de entre los muertos» (Hch 17, 31). En efecto, no era suficiente la muerte para demostrar que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, el Mesías esperado. ¡Cuántos, en el decurso de la historia, han consagrado su vida a una causa considerada justa y han muerto! Y han permanecido muertos.
La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad, que vale también para nosotros, para todos los tiempos. Al resucitarlo, el Padre lo glorificó. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: «Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10, 9).

Es importante reafirmar esta verdad fundamental de nuestra fe, cuya verdad histórica está ampliamente documentada, aunque hoy, como en el pasado, no faltan quienes de formas diversas la ponen en duda o incluso la niegan. El debilitamiento de la fe en la resurrección de Jesús debilita, como consecuencia, el testimonio de los creyentes. En efecto, si falla en la Iglesia la fe en la Resurrección, todo se paraliza, todo se derrumba. Por el contrario, la adhesión de corazón y de mente a Cristo muerto y resucitado cambia la vida e ilumina la existencia de las personas y de los pueblos.
¿No es la certeza de que Cristo resucitó la que ha infundido valentía, audacia profética y perseverancia a los mártires de todas las épocas? ¿No es el encuentro con Jesús vivo el que ha convertido y fascinado a tantos hombres y mujeres, que desde los inicios del cristianismo siguen dejándolo todo para seguirlo y poniendo su vida al servicio del Evangelio? «Si Cristo no resucitó, —decía el apóstol san Pablo— es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1Co 15, 14). Pero ¡resucitó!

(Benedicto XVI de la Audiencia General del 26 de marzo de 2008 - continuar leyendo)



martes, 12 de noviembre de 2019

Juan Pablo II en Venezuela : Decir NO cuando corresponde




“Sed así vosotros los primeros en hacer lo que está en vuestro poder para mejorar vuestra situación. Dios quiere que os elevéis en lo humano y en lo espiritual. Para ello tened principios claros de comportamiento.
No vaciléis en decir NO a la explotación, venga de donde viniese, que os quiera convertir en objetos; 

NO al caciquismo que os quiera utilizar como simple clientela, en determinados momentos. Decid 

NO a la violencia que nada construye; 
NO a la hamponería, 
NO a la prostitución, 
NO a la pornografía, 
NO a la droga, 
NO al alcoholismo.

 Evitad la sensualidad y el desenfreno; recordad que sólo la familia monógama y la paternidad responsable según las normas de la Iglesia son cimientos de una sociedad ordenada. No olvidéis las viejas tradiciones de austeridad, de religiosidad, de trabajo esforzado de vuestros hogares. 
Tened a Dios presente en vuestra vida. Educad cristianamente a vuestros hijos. Rechazad la indiferencia religiosa, las ideologías extremistas que predican odio, venganza y ateísmo o que, desde otro ángulo, se ponen al servicio de despotismos, de la concupiscencia del poder o del dinero.”


domingo, 10 de noviembre de 2019

Cuando yo pienso : Patria



Cuando yo pienso : Patria

Cuando yo pienso, cuando digo: Patria,
Me estoy expresando a mí mismo, y me enraizo,
Y el corazón me dice que ella es la frontera oculta
Que va de mí hacia los otros hombres
Para abrazarlos a todos en un pasado
Más antiguo que cada uno de nosotros…

Y de ese pasado – cuando yo pienso: Patria
Emerjo para encerrarla en mí como un tesoro,
Y sin cesar me acucia el ansia
De cómo engrandecerla,
De cómo ensanchar el espacio
Que mi patria habita.

Karol Wojtyla: Cuando pienso en la patria, Poesias, BAC, 1979

jueves, 7 de noviembre de 2019

Maria elevada al cielo en cuerpo y alma


(imagen de Wikipedia)


María fue elevada al cielo en cuerpo y alma:  en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros:  "He aquí a tu madre". En el cielo tenemos una madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.

[…]

María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está "dentro" de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios. Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como "madre" -así lo dijo el Señor-, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros.

(Benedicto XVI – Homilía en la Solemnidad de la Asunción dela Santisima Virgen Maria, Parroquia Pontificia de Santo Tomás de Villanueva, Castelgandolfo, 15 de agosto de 2005

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Jan Tyranowski, el sastre místico, inspirador de Karol Wojtyla



Grandes cosas se le revelaron al joven Wojtyla cuando sus oídos se prestaron a la escucha de las palabras del sastre Jan Tyranowski y sus ojos se fijaron en el brillo de aquellos otros ojos.

Ya como sacerdote maduro Karol Wojtyla lo cuenta en sus textos hablando no solo del sastre sino también del estudiante que lo escuchaba. La ciencia de Jan Tyranowski no estaba a la altura del joven Wojtyla, y sin embargo no era Wojtyla el maestro de Jan, sino Jan de Wojtyla. Jan comprendía sobre todo aquello que el hombre solamente recibe de Dios, o sea aquello que no se aprende en los libros.  Jan era un arbusto que ardia para Dios.  Miraba a Dios y Dios lo miraba a el.  La labor de Jan no sobresalía, pero  muy grande era la importancia de su ser de donde emanaba su forma de actuar, o sea el gran amor y la profundidad del conocimiento del hombre.  Ese sastre de un barrio periférico de Cracovia educaba a los jóvenes sin tener la mas mínima idea de que se trataba la educación.  Les daba a ellos aquello mismo que el experimentaba buscando a Dios. Les hablaba de su vida con Dios y en Dios. Les hablaba  - como escribe Wojtyla -  de una manera que nada tenía que ver con la perfección, y sin embargo sus palabras eran más adecuadas al misterio del hombre y de Dios que muchos elucubraciones académicas. No debe maravillarnos entonces que Jan haya influenciado tanto la manera de pensar y filosofar de Wojtyla. La persona y los actos de Jan Tranowski fueron la primera fuente inconsciente de inspiración para Persona y acto. Meditando junto a el sobre el hombre y sobre Dios, Karol Wojtyla vio como el hombre-persona es un evento del amor divino humano y de la verdad divino humana.  Es justamente esto que vemos de lejos y nunca directamente.

Karol Wojtyla tomaba conocimiento de Jan y aprendía de él en momentos particulares, como por ejemplo aquella noche en la cual se quedaron,  junto a otros jóvenes,  para escucharlo mientras hablaba con expresiones poco sofisticadas de la intimidad del hombre con Dios. Aquella noche el estudiante Wojtyla escuchaba las “voces” que le llegaban mediante frases torpes en gramática pero con las cuales Jan Tyranowski se abria y se daba por entero.   Prestando oídos a las palabras de Jan sobre la convivencia con Dios, vio que le hombre es grande solo cuando es Epifanía de Dios.

El sastre Tyranowski introdujo al joven Wojtyla en el mundo de la mística, en un tiempo en el cual arreciaba con furia y calculada precisión  la mentira del  nazismo alemán,  y el azote ruso ya había comenzado a pesar sobre los polacos. Tyranowski infundía en los jóvenes las fuentes místicas, en busca de  la libertad.  Con la ayuda de grandes místicos como San Juan de la Cruz y Luis Maria Grignon de Montfort, les enseñaba a conquistar la libertad a diario,  sin importar el precio a apagar. En el espacio de la experiencia de las personas, en comunión con otras, les enseñaba a leer la Biblia, la poesía y las obras de grandes pensadores. Sin recurrir a manuales. Iba por delante de ellos, aferrándose a la persona de Cristo, en el cual encontraban el «agua viva» (Jn 4,10),  que  apagaba su deseo de la realidad más lejana y al mismo tiempo la mas cercana al hombre.

Con su sola presencia, el sastre Jan le mostro a Wojtyla el sentido de estar ante el hombre. Como sacerdote, como obispo y después como Papa, Karol Wojtyla siempre tuvo presente este dialogo de los dones recibidos en aquel cuartito del sastre, en la convivencia pastoral con los estudiantes y con los profesores de Cracovia, de los cuales nació el así llamado “ambiente” (środowisko).

(traducido de Stanislaw Grygiel: Dialogando con Giovanni Paolo II, Cantagalli, 2013)

sábado, 2 de noviembre de 2019

Primera Misa de Karol Wojtyla


(cripta San Leonardo)

En nuestras mentes suele rondar la la idea que la “carrera” de Dios y en Dios de Karol Wojtyla fue meteórica, y en verdad lo fue. Pero es bueno recordar que ya su preparación al sacerdocio a partir de su “seminario domestico” fue una escuela espiritualmente rica e integra, hasta el sufrimiento a tan temprana edad; primer peldaño y base firme hacia su personalidad especial, su vida de oración, su pasión por los estudios, su etapa de “seminarista-obrero”, prueba certera que : “en los planes de Dios nada es casual…” y que “La vocación es el misterio de la elección divina: “No me habéis elegido vosotros a mi, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca (Jn, 15,16)”, testimoniando que abrir de par en par las puertas a Cristo vale la pena.  
  
Nada mejor que sus propias palabras en DON Y MISTERIO  para expresar la austeridad, la intimidad, la grandiosidad solemne de su Primer Misa, el primer paso por ese sendero estrecho y amplio a la vez que llevara a este testigo de esperanza a peregrinar y evangelizar a todos los pueblos y naciones, entre todos los estratos sociales para defender con precisión y claridad la vida  y la verdad….a sentirse tanto Obispo de Roma, como Pastor universal, hermano entre hermanos, testigo que «la Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo, la misión  del Espíritu Santo, según plan de Dios Padre.» (Ad gentes, 2)

“Habiendo sido ordenado sacerdote en la fiesta de Todos los Santos, celebré la Primera Misa el día de los fieles difuntos, el 2 de noviembre de 1946. En este día cada sacerdote puede celebrar para provecho de los fieles tres Santas Misas. Mi primera Misa tuvo por tanto – por así decir – un carácter triple.  Fue una experiencia de especial intensidad. Celebré las tres Santas Misas en la cripta de San Leonardo, que ocupa, en la Catedral del Wawel, en Cracovia, la parte anterior de la llamada cátedra episcopal de Herman… Al elegirla como el lugar de mis Primeras Misas quise expresar un vínculo espiritual particular con los que reposan en esa catedral que, por su misma historia, es un monumento sin igual. Está impregnada, más que cualquier otro templo de Polonia, de significado histórico y teológico. Reposan en ella los reyes polacos…allí coronados y en ella eran también sepultados. Quien visita ese templo se encuentra cara a cara con la historia de la Nación.

Precisamente por esto….elegí celebrar mis primeras Misas en la cripta de San Leonardo. Quería destacar mi particular vinculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática…
Fueron pocos los participantes en aquellas primeras Misas…el P. Figlewicz estaba a mi lado….estaba presente mi madrina Maria Wiadrowska, hermana mayor de mi madre. Me asistía en el altar Mieczyslaw Malinski, que hacia presente de algún modo el ambiente y la persona de Jan Tyranowski, ya entonces gravemente enfermo.  Después hubo otras “primeras Misas: en la iglesia parroquial de San Estanislao de Kostka en Debniki, y el domingo siguiente en la iglesia de la Presentación de la Madre de Dios en Wadowice. Celebré también una Misa en la Confesión de San Estanislao, en la catedral del Wawel, para los amigos del teatro rapsódico y para la organización clandestina “Unia (Union”, a la cual estuve vinculado durante la ocupación”.