miércoles 1 de febrero de 2012
martes 31 de enero de 2012
Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (3 de 4)
La última etapa
El destino de Jerzy Popieluszko se detuvo aquel trágico
viernes 19 de octubre en la ruta de Bydgoszcz a Varsovia, en algún lugar
cercano de Torun. Como tan a menudo, el joven vicario de San Estanislao Kostka,
iglesia situada en Zoliborz, afueras de Varsovia, había sido invitado a hablar
fuera de sus fronteras parroquiales. Para los polacos, la palabra de ese
pequeño sacerdote de 37 años, porte frágil y rostro dulce, era desde hacía
cuatro años un soplo de libertad y esperanza.
Crueldad del destino: ese 19 de octubre, en Bydgoszcz, el
tema de su sermón, de sus últimas palabras en público, fue el siguiente: “Se
debe vencer el mal por medio del bien”…
Tras la misa y un breve almuerzo, Jerzy Popieluszko sube
a su automóvil, un Volkswagen matriculado WUL 2473, conducido por el chofer de
la parroquia, Waldemar Chrostowski.
Desde que parten son seguidos por un automóvil,
estacionado hasta ese momento, con todos los faros encendidos, según un
testigo. El drama, a la manera de una pésima novela policial, se anuda un poco
más lejos, sobre la ruta Bydszcz-Torun, en el paraje donde el camino atraviesa
un bosque, a la altura de la aldea de Przysieki.
El Fiat Polski de los “desconocidos” alcanza al
Volkswagen del padre Popieluszko. Un policía de uniforme ordena al chofer
detenerse y le pide que baje para someterse a un dosaje de alcohol. Waldemar
Chrostowski obedece. Es inmediatamente aferrado y arrojado al asiento delantero
del Fiat, donde los agresores lo esposan.
Tras amordazarlo, lo amenazan con la muerte si se da
vuelta. Chrostowskioyeruidos de lucha y la voz de Jerzy Popieluszko, que
exclama. “Pero, señores, ¿Qué hacen ustedes?
Después oye abrirse el baúl de un auto, donde arrojan un bulto pesado;
el baúl se cierra. Y el coche parte como una tromba.
Algunos kilómetros más allá, llega la voz de los “desconocidos”
desde la parte trasera: “Después de la aldea, el primer camino a la derecha”.
Waldemar Chrostowski se juega el todo por el todo. Cuando el automóvil se
desvía para pasar a otro en un sitio donde el tráfico se mezclan algunos
transeúntes, salta del vehículo en marcha, rebota varias veces sobre la
calzada, pero no pierde el conocimiento. Por efecto del impacto las esposas se
sueltan - ¿imprevisión de los
secuestradores? – y queda libre de trabajas.
Dos hombres atareados en reparar una motocicleta lo
levantan y lo llevan a un restaurante. Se pide socorro a la policía y al
hospital más cercano. Llega en primer término la ambulancia. El médico accede
al deseo de Waldemar Chrostowski de ser llevado ante todo a Torun, a casa de un
sacerdote amigo, el padre Nowakowski, y después, junto con éste, al servicio de
emergencia del hospital, donde ya lo esperan policías, unos de uniforme, otros
de civil. Los médicos del hospital exigen prestarle los primeros auxilios antes
de que sea llevado al interrogatorio. Waldemar
Chrostowski pasa por su p primer interrogatorio en el hospital mismo, durante
dos horas, antes de ser transferido al hospital regional, dependiente del
Ministerio de Interior. Gracias a èl se sabe todo lo que se sabe del secuestro
del padre Popieluszko.
Al dìa siguiente reina intensa emoción en Polonia, al
conocerse la noticia en Varsovia. En la iglesia de San Estanislao, miles de
fieles se congregan para rezar. Aùn todos esperan que Jerzy les sea devuelto.
Pronto se crea una comisión, de la que forman parte los principales
responsables varsovianos de Solidaridad, como Seweryn Jaworski y Bronislaw
Geremek.
De toda Polonia afluyen a San Estanislao testimonios de
amistad y apoyo. En Gdansk, el padre Henryk Kankowski – o otra bestia negra
para los poderosos de Varsovia, capellán de los Astilleros Lenin y amigo de
Lecha Walesa declara: “Acaba de ocurrir
algo inaudito en la historia de Polonia, un acto extraño a nuestro pueblo”.
Lech Walesa siente una fuerte conmoción. Se reúne con los delegados de las
acerìas de Varsovia y otras empresas de la capital. Sin reflejar en el rostro
la cólera y la emoción que lo embargan, exhorta a la calma y a la dignidad.
Se sigue siempre sin noticias de Jerzy Popieluszko…
El 22 de octubre, el secretario del episcopado polaco publica
un comunicado: “El secuestro del padre Popieluszko suscita la más honda
inquietud. Así como se teme por su vida, se teme que el secuestro se convierta
en un arma en la lucha política. Las informaciones de que disponemos sobre las
circunstancias del secuestro hacen pensar que sus autores obraron por motivos políticos.”
Precisamente por el lado político hay malestar, signo de
que, en los estratos del poder, este pequeño episodio provoca una crisis. La televisión
polaca ha anunciado el secuestro:
imposible silenciarlo por más tiempo.
El 23 de octubre, durante una conferencia de prensa, el
vocero del gobierno, Jerzy Urban, declara que toda la policía de Polonia está
en busca del padre Popieluszko.
El drama es llevado al plenario del Comité Central del
Partido Obrero que se reúne días después. El general Jaruzelski promete: “Se hará
toda la luz”.
El 25 de octubre, el cardenal primado Glemp, que acaba de
efectuar una visita de tres días de duración a Berlín Oriental, que a pesar de
todo no anuló, toma la palabra.”Sin noticias del padre Popieluszko, tememos que
Polonia se haya convertido en teatro de
un asesinato análogo a los que se perpetraron en los países heridos por
el terrorismo. Pedimos que no se omitan recursos para que se haga la luz sobre
las causas, los instigadores y las
circunstancias de ese acto abominable”.
Que se haga la luz…..Al dìa siguiente, Jerzy Urban
declara que ha sido arrestado un funcionario del Ministerio de Interior,
Grzegorz P. El vocero gubernamental se vale de la ocasión para atacar a todos
los que quieren, dice, explotar este asunto. Y para acusar a los ex dirigentes
de Solidaridad de servirse del secuestro del padre Popieluszko para fines políticos
adversos a las autoridades.
El sábado 27 de octubre, en el telenoticioso polaco de
las 19.30, hay una sorpresa para Varsovia: el propio Ministerio de Interior,
general Kiszczak, uno de los fieles al general Jaruzelski, aparece en pantalla.
Tenso y crispado, revela los hombres de quienes secuestraron al sacerdote,
sobre cuya suerte ya nadie se hace ilusiones. Sin embargo, hasta que sea
encontrado el cadáver….
Los tres hombres no son oscuros esbirros: son tres
funcionarios del servicio de seguridad del Ministerio de Interior, el
ministerio mismo del general Kiszczac: el conocido Grzegorz P. ya anunciado por
el vocero gubernamental, es el capitán Grzegorz Piotrowski, 33 años, jefe de
servicio en el Departamento de Cultos del Ministerio, quien habrìa confesado
que dio muerte al padre Popieluszko; el teniente Waldemar Chmielowski, 29 años,
y el teniente Leszek Pekala,. 32 años. Es igualmente inculpado su jefe, el
coronel Adam Pietruszka, vicedirector del Departamento de Cultos: se lo ha
considerado instigador del crimen.
Inmediatamente se emprenden búsquedas en la región de
Torun y de Wloclawek. El martes 30 de octubre cae la noticia como un machetazo:
ha sido hallado el cadáver de Jerzy Popieluszko, no lejos de Wloclawek, en una
esclusa del Vístula, esa arteria de sudor y sangre que irriga el cuerpo de
Polonia.
Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial
Atlántida, Buenos Aires, 1985
domingo 29 de enero de 2012
Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (2 de 4)
El camino de su cruz
“Cuando algunos le recomiendan cuidarse, tanto más a causa de su salud frágil, carcomida desde muchos meses atrás por la enfermedad, tanto más trabaja Jerzy, como si supiera que, de todos modos, no tiene nada que perder. El mismo lo decía: “Sí, a veces estoy fatigado. Me falta tiempo para servir a todos. Jamás tengo tiempo libre para mí mismo. Pero no siento ningún desánimo. Ya no podría limitar más mi acción pastoral a los confines de mi iglesia, por más que tantos “consejeros” me digan que un verdadero sacerdote polaco no debe abandonar los límites de su iglesia. Seguiré junto a los obreros tanto tiempo como pueda”.
Hasta último momento, hasta el momento en que los culpables confesaron, todos los que conocían a Jerzy Popieluszko seguían esperando. Y se preguntaban: pero, porque?
Para el poder del general Jaruzelski, esa muerte es una bofetada. Es el reconocimietno de que no controla a todas las fuerzas policiales, que, aprovechándose del estado de guerra y sus consecuencias, han constituido sus imperios particulares.
Para la Iglesia polaca, la muerte de Jerzy Popieluszko es una dura prueba. Todos los esfuerzos del cardenal Glemp por la moderación y la negociación son cada vez más controvertidos.
Para Solidaridad, el pare Popieluszko, fiel sostén moral y espiritual, ya es un mártir. Lech Walesa ha exhortado a sus amigos a la calma. Paradoja de la situación polaca: él, un simple particular a los ojos del gobierno, es quien junto con Solidaridad, un sindicato que oficialmente ya no existe, acude en ayuda del poder en apuros.
¿Quién entonces, gobierna en Varsovia? Hoy (* se plantea más que nunca esta pregunta brutal. Se planteará mientras el pueblo polaco, como todo otro pueblo que vive una situación similar, no pueda elegir libremente su destino.
Con motivo de las exequias de Jerzy Popieluszko, el sábado 3 de noviembre, gran número de leales a Solidaridad se congregaron en la iglesia de San Estanislao. El primado de Polonia cedió al pedido de los amigos de Jerzy, quien así recibió sepultura en el jardín cercano a su iglesia, tierra que ya es sitio de peregrinación. Las quinientas mil personas que asistieron a esa inhumación, con las banderas de Solidaridad y otras insignias al frente, tenían lágrimas en los ojos y apretaban los puños.
Multitud impresionante por su calma y su dignidad. “San Jorge, tu nos ayudarás a vencer al dragón rojo”, se leía en algún cartel. Alusión, desde luego, a la alegoría de San Jorge – Jerzy en polaco – que derrota al monstruo y es venerado desde entonces en todos los altares; esperanza de que también, algún día, sea beatificado Jerzy Popieluszko, pues el camino de su vida fue el de la rectitud y el de una fe profunda.
Jerzy Popieluszko murió atrozmente torturado y humillado en su carne. Cobarde crimen que jamás será olvidado.
Te mataron Jerzy, pero siempre sigues vivo.
Eras un hombre enamorado de la verdad.
Hicieron de ti un mártir de la libertad.
Peor para ellos.
Adiós, Jerzy.”
Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1985
(*) tener en cuenta que el original del libro fue escrito inmediatamente después del asesinato de Popieluszko
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sábado 28 de enero de 2012
La reliquia de Juan Pablo II en Colombia
“Casi inmediatamente después de la beatificación, en el verano del año pasado, comenzó espontáneamente el fenómeno de la pellegrinatio de las reliquias del Beato en diversas realidades eclesiales. Las reliquias son un signo tangible de la presencia de los santos entre nosotros. La Iglesia permite su veneración porque son instrumentos que nos ayudan a orientar nuestras oraciones a Dios por intercesión de nuestros amigos los santos. De septiembre a diciembre de 2011 la cápsula que contiene un poco de sangre del Beato ha visitado la diócesis de Mexico.
Ahora la misma reliquia llega a Colombia. La sangre es símbolo de la vida, la vida donada por Dios y los hermanos. Su presencia nos recuerda la vocación de los cristianos a vivir gastándose en el amor por Dios y por el prójimo.”
Más noticias sobre la peregrinación de la reliquia de Juan Pablo II a Colombia en la página de la Causa de Postulación y Canonización de Juan Pablo II
y en mi post
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La Diócesis de Ávila recibe la reliquia del Beato Juan Pablo II
Hoy sábado 28 de Enero 2012 la Diócesis de Ávila está de fiesta!
“Hoy sábado 28 enero 2012, Mons. Slawomir Oder tendrá en el Auditorio de la Caja Ávila (Pasaje Reyes Católicos) a las 17,30 h., una conferencia de preparación sobre “La nueva Evangelización en la vida y en el pensamiento de Juan Pablo II”
A las 19.00 h., S.E. Mons. Jesús García Burillo (Obispo de Ávila) presidirá la Santa Misa, en la S.A.I. Catedral del Salvador al término de la cual será posible venerar la Reliquia del Beato Juan Pablo II.
Juan Pablo II llegó a Ávila el 1 de noviembre de 1982 “para adorar la Sabiduría de Dios. Al final de este IV centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús, que fue hija singularmente amada de la Sabiduría divina”. Y se alegraba de poder hacerlo “en esta Ávila de Santa Teresa que la vio nacer y que conserva los recuerdos más entrañables de esta virgen de Castilla” para estrechar “todavía más mis vínculos de devoción hacia los Santos del Carmelo nacidos en estas tierras, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. En ellos no sólo admiro y venero a los maestros espirituales de mi vida interior, sino también a dos faros luminosos de la Iglesia en España, que han alumbrado con su doctrina espiritual los senderos de mi patria, Polonia, desde que al principio del siglo XVII llegaron a Cracovia los primeros hijos del Carmelo teresiano”. Un viaje que el Papa deseaba realizar desde hacía tiempo, y en el que repitió las palabras que escribió al principio de aquel año centenario: “Santa Teresa de Jesús está viva, su voz resuena todavía hoy en la Iglesia”.
Los abulenses y la diócesis de Ávila, en pleno camino hacia el V centenario del nacimiento de la Santa, reciben con agradecimiento este don de la reliquia del Beato Juan Pablo II que Mons. Oder ha querido hacer a esta diócesis, tierra de Santa Teresa y custodia de su Sabiduría. De este modo, la sangre del Beato continuará hablándonos del amor que animó toda su vida y que él nos ha dejado como testamento.”
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viernes 27 de enero de 2012
Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (1 de 4)
Recuerdos de Jean Offredo (1 de 4)
“En Polonia es antigua la tradición de las “misas por la Patria”. Sobre todo en el siglo pasado, cuando Polonia era una “Nación sin Estado” y la Iglesia el último baluarte de la libertad y el último refugio de la condición polaca. La tradición sobrevivió, muy a menudo con un carácter clandestino, pues bajo la apariencia de las “plegarias” había también llamamientos a la lucha por la independencia del pueblo polaco. Esa tradición fue vivida abiertamente durante un verano polaco en que recibió, si asì puede decirse, la bendición del papa Juan Pablo II, cuando proclamó en Cracovia el 10 de junio de 1979, en el curso de su primer viaje pontificio a Polonia: “Os ruego asumir toda esa herencia espiritual que lleva el nombre de Polonia: no dudar jamás, no desfallecer jamás, no renunciar jamás”.
Fue todo ello lo que condujo a monseñor Teofil Bogucki (*), cura de San Estanislao Kostka, a organizar desde octubre de 1980 en adelante, el último domingo de cada mes, una “misa por la Patria”. Iniciativa calurosamente recibida no sólo por los parroquianos habituales, sino también por toda la Polonia solidaria. Proclamado el estado de guerra, el padre Bogucki, confió a su joven vicario Jerzy Popieluszko la misión de animar estas misas, que adquirirían, sin duda alguna otra dimensión. Cada mes el padre Popieluszko, ayudado por sus amigos de la parroquia y la acería ofició pues esa “misa por la Patria. No sólo pronunciaba la homilía, sino que él mismo elegía los textos bíblicos y textos poéticos que eran leídos, en el curso del oficio, por actores célebres. Selección de textos que no era, por cierto, neutral.
Para comprender el pensamiento de Jerzy Popieluszko no hay que leer solamente sus homilías, pues éstas forman un todo con el resto de los textos escogidos para la liturgia. Por ello es que, al menos en lo que corresponde a un lapso de varios meses, en relación con los cuales ello nos pareció fundamental, ofrecemos en este libro el texto íntegro de las “misas por la Patria” de Jerzy Popieluszko, aunque pueda parecer recargado; yo lo apreciaba demasiado como para traicionarlo, o como para edulcorar lo que fue para él una razón de vivir. Y que terminó por ser también la razón de su muerte.
No bien empieza a hablar desde lo alto del púlpito, en febrero de 1982, atrae sobre sí mismo las iras de un poder que ve en él un “agitador y un excitado”, que señala “sesiones de odio”, en esas misas. En varias oportunidades, en la prensa polaca, incluso el vocero del gobierno, escribiendo con seudónimos, lo ataca sin ambages. Es que las misas de Jerzy atraen a multitudes. Rápidamente, millares de personas, fascinadas por la palabra sencilla y enérgica de ese joven vicario, se reúnen en Zoliborz el último domingo de cada mes. Parientes y amigos de confinados, militantes ocultos de Solidaridad ahora prohibida, jóvenes cristianos – y otros que no lo son – están allí en la iglesia, y también en el exterior, pues adentro el lugar no es suficiente, unidos por un mismo amor a una Polonia fraternal y libre. Jerzy Popieluszko denuncia los atentados contra los derechos humanos, la arbitrariedad de los confinamientos y las detenciones.
Sus homilías son grabadas en casetes y circulan de parroquia en parroquia, mucho más allá de Varsovia. La prensa clandestina de Solidaridad no tarda en retomar y difundir los textos de Jerzy Popieluszko, quien se asombra de la resonancia que tienen sus declaraciones y del furor que inspiran a las autoridades.
El 23 de septiembre de 1983, la cámara de justicia regional de Varsovia inicia una investigación: se lo acusa de abusar de la libertad de opinión y de religión, así como de “abuso del sacerdocio para fines políticos”. El 12 de diciembre es allanado su domicilio oficial, donde en realidad no vive, en la calle Chlodna, Varsovia. Encuentran panfletos clandestinos, explosivos, municiones! Lo ridículo de esa manipulación y el grosero montaje de esa provocación se vuelven finalmente contra sus autores. La verdad es que ese joven sacerdote es una molestia. El poder presiona también sobre la jerarquía católica y el cardenal Glemp para que se lo aparte de San Estanislao. Pero él no quiere irse: sabe que entre los allegados al primado de Polonia muchos piensan que va demasiado lejos. Pero Jerzy Popieluszko sabe que en Roma se lo aprecia, y persiste. Predica, allí donde lo invitan, En Gdansk, en Czestochowa y en otras ciudades de Polonia. En Bydgoszcz toma la palabra por última vez.”
del libro Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlantida, Buenos Aires, 1985
(*) mentor espiritual de Jerzy Popieluszko. Despues de la muerte de Popieluszko el sacerdote Bogucki continuo con las Misas por la Patria. Murio en septiembre de 1987 y su tumba se encuentra al lado de la de Popieluszko, en la Iglesia de San Estanislao Kotska, Varsovia.
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martes 24 de enero de 2012
Nuestra Señora de Piekary, “Madre de la justicia y del amor social” (1)
Piekary…..otro lugar mariano en Polonia, tan querido por el Papa Juan Pablo II, es el Santuario dedicado a Nuestra Señora en Piekary Śląskie, en la región de Silesia, al sur de Polonia, al sur de Czestochowa (Jasna Gora) y al oeste de Cracovia
La parroquia data de 1303, cuando había allí una iglesia de madera en honor a San Bartolomé Apóstol. En el altar lateral se encontraba una pintura de autor desconocido de la Madre de Dios apoyando al Niño en su brazo izquierdo y en su mano derecha sosteniendo una manzana.
Capital espiritual de Silesia del norte, Piekary una región altamente industrial y una de las más densamente pobladas de Polonia, se fue convirtiendo a través de los siglos en un lugar sagrado de peregrinación, culto y oración; tradicionales y famosas son las procesiones de hombres de todas las edades el último domingo de mayo de cada año.
El culto a Nuestra Señora comenzó relativamente tarde, recién a principios del siglo 17 cuando la imagen fue trasladada al altar principal. Entonces también comenzaron los milagros: retrocedió la peste de Tarnow, más tarde la de Praga. En 1680 el zar austriaco pidió que la imagen fuese trasladada a Praga donde se celebro una procesión por las calles de la ciudad. A partir de esa gracia el Arzobispo de Praga declaro el carácter sobrenatural de la pintura.
En 1683 el Papa Inocencio XI solicito al rey polaco Jan III Sobieski que interviniera para salvar a la Europa cristiana de las matanzas turcas. El rey, camino a Viena el 20 de agosto de 1683, se detuvo para orar en la iglesia de Piekary, participo de la Misa frente a la pintura de Nuestra Señora y pidió su intervención.
En 1702, por razones de seguridad, la pintura fue trasladada a Opole, donde permanece hasta hoy. Pero Piekary ya se había afirmado como lugar de peregrinación y en el altar principal se coloco una réplica de la pintura. Los peregrinos se siguieron acercando y se conocen numerosas gracias obtenidas. Como el culto se iba extendiendo la antigua Iglesia ya resultaba pequeña. Entonces el párroco Fr. Jan Nepomuceno Alojzy Ficek decidió emprender la construcción de una nueva más grande, que fue consagrada el El 22 de agosto de 1849 por el cardenal Melchior Diepenbrock obispo de Wroclaw. Mientras se construía la iglesia entre los años 1844 a 1849 se levantaron cuatro pequeñas capillas en cada rincón del predio donde se construía la iglesia, una de ellas en honor a Nuestra Señora y allí donde fue colocada la réplica del siglo 17.
El 1 de diciembre de 1962 a a esta preciosa Iglesia le fue otorgado el titulo de Basílica Menor por el Papa Juan XXIII.
En 1965 el Arzobispo Karol Wojtyla fue invitado a predicar - por primera vez - el último domingo de mayo cuando se celebraba la procesión de hombres, y a partir de entonces tradicionalmente todos los años hasta 1978.
De la misma manera que lo hacía a partir de 1965 en su natal Polonia, durante su pontificado Juan Pablo II nunca olvidó la tradicional peregrinación de hombres, ni siquiera en mayo de 1981, enviando todos los años mensajes escritos o grabados, o telegramas. El 31 de mayo de 1981, después del intento de asesinato y en tiempos difíciles de Polonia cuando los obreros se jugaban la vida en defensa de la libertad, Juan Pablo II dirigió un mensaje radiofónico a esa comunidad que conocía tan bien y llevaba “en lo hondo del corazón”, y lo hacía con palabras que aquellos hombres polacos reunidos en el Santuario de Piekary sabrían leer muy bien, dada la particular situación de Polonia entonces.
En su primer viaje a Polonia en 1979 el Papa Juan Pablo II se encontró personalmente con estos “hombres del trabajo duro” - como el los llamaba - en Jasna Gora. Como recuerdo de ese encuentro, el Papa donó la estola papal a la Virgen de Piekary. El Obispo del lugar le dijo entonces: ” Esta estola la vamos a conservar para que Usted la use cuando venga a Piekary”.
Cuatro años más tarde en 1983 la promesa efectivamente se realizó pero el encuentro no pudo ser en Piekary porque no hubiese podido contener la multitud que se esperaba y tuvo lugar en Katowice, donde fue llevada la imagen de la Virgen. Durante la celebración el Santo Padre Juan Pablo II le otorgo a Nuestra Señora de Piekary el título de “Madre de la justicia y del amor social” y le ofreció un Rosario de oro.
En su viaje apostólico de 1999 a Polonia en su homilia en Gliwice Juan Pablo II (Silesia a unos 20 km al oeste de Katowice) recordaba con cariño a Piekary: “Todo el pueblo de Silesia me es muy querido. Como arzobispo metropolitano de Cracovia cada año iba en peregrinación a la Virgen de Piekary y allí nos reuníamos para orar en común. Apreciaba mucho cada invitación. Siempre era para mí una experiencia profunda.”
En Levantaos Vamos Juan Pablo II cuenta de sus visitas a los obispos de Silesia y recuerda que: “Les veía regularmente el último domingo de mayo, en el Santuario de Nuestra Señora de Piekary, donde precisamente aquel día confluía la gran peregrinación de los hombres. El obispo Bednorz me invitaba constantemente para las homilías. El último domingo de mayo era todo un acontecimiento: aquella peregrinación de mineros que se formaba era como un testimonio especial en la República Popular de Polonia. Los presentes esperaban el sermón y subrayaban con aplausos cada afirmación en la que advirtieran oposición a alguna línea discutible de la política que seguía el gobierno en materia religiosa o moral, por ejemplo, la línea sobre la cuestión del descanso festivo los domingos. A este propósito, en Silesia ha quedado el dicho del obispo Bednorz: El domingo es de Dios y nuestro. Al término de las celebraciones, el obispo Bernorz solía dirigirse a mí para decirme: Entonces, le esperamos el próximo año para otra homilía del mismo estilo. Los de Piekary, con su grandiosa peregrinación, son para mí un admirable testimonio que tiene en sí mismo algo de extraordinario.”
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