Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 9 de febrero de 2016

Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 2 de 3 Intrigas y despertares


“Nada de lo ideado e intentado logró impedir que aquellos nueve días entre el 2 y el 10 de junio de 1979 marcaran el momento crucial de los treinta años de forcejeo con el comunismo de Karol Wojtyla, nueve días durante los cuales la historia del siglo XX cambió su rumbo de manera fundamental,  gracias al encuentro religioso más multitudinario jamás visto en la parte del mundo controlado por un gobierno comunista. Mientras un nervioso Edward Gierek observaba desde lo alto del hotel sobre la Plaza de la Victoria en Varsovia, Juan Pablo II celebraba Misa ante una enorme multitud invocando el poder del Espíritu Santo para que “renovara la faz de la tierra – de esta tierra”. A partir de entonces y hasta el momento que en el aeropuerto secara sus lagrimas el 10 de junio al partir hacia Roma desde el aeropuerto de Balice, Karol Wojtyla se mostro en todo momento como el verdadero maestro de mentes y corazones de su gente a quienes devolvía  su autentica historia y cultura – su verdadera identidad.  Sin referirse jamás a temas de política o economía;  y fuera de las cortesías habituales  durante las ceremonias de bienvenida y despedida,  cumplió su misión como si las autoridades de la republica del pueblo polaco sencillamente no existieran, al menos no de manera significativa.  Pero restaurando la autentica identidad a un pueblo que había estado oprimido durante cuarenta años – devolviéndole Polonia y a los polacos  y devolviéndoles su propia identidad de polacos – creó nuevas herramientas de resistencia que el comunismo sencillamente no podría dominar.  

Encendiendo la chispa de una revolución moral entre el 2 y el 10 de junio de 1979 Juan Pablo II entrego en manos de su pueblo la llave de su propia liberación; la clave del despertar de las conciencias. Y lo pudo hacer porque logró captar la esencia del drama moderno polaco, que conocía desde adentro.   En su homilía en la Plaza de la Victoria recordó a sus compatriotas el heroísmo épico y la fe inquebrantable sustentada durante la insurrección de Varsovia en 1944 cuando Polonia fue abandonada por sus aliados occidentales y el ejército rojo se instalo a orillas del rio sin actuar. Y sin embargo, no obstante la destrucción de Varsovia después del alzamiento los polacos encontraron la figura de Cristo  cargando la cruz, hallada en la destruida iglesia de la Santa Cruz.  Y esa figura recordaba a Polonia lo que Juan Pablo II llamo “un solo criterio” – Jesucristo, la verdadera medida del hombre, de la libertad, de la historia.


Durante aquellos nueve días Juan Pablo II logró representar uno de los mayores acontecimientos de una figura pública durante el siglo veinte,  debido a sus dotes personales únicas, debido inclusive a su talento instintivo de hacerle sentir a cada miembro de esa enorme multitud que le estaba hablando a cada uno en particular.  Como aquella anécdota de Czestochowa ante una multitud de un millón de personas donde un minero al verse interrumpido por un colega le responde “cállate, no me hables cuando me está hablando mi Papa”.

George Weigel: El final y el principio (Planeta, 2011),  

lunes, 8 de febrero de 2016

Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 1 de 3 Intrigas y despertares

Aquellos 9 dias de 1979 del primer viaje a su patria, marcaron a fuego el destino de Polonia y cambiaron su rostro para siempre.

Asi comenta George Weigel en su libro El final y el principio (Planeta, 2011),  esos días tan particulares, en época del régimen comunista duro,  plagado de espías en Polonia y en el Vaticano mismo; lamentablemente alguno también entre los eclesiásticos. Épocas de misterios, traiciones y temores.  (traduzco de la versión en ingles)

“A Edward Gierek no le resultó dominar la economía,  pero este líder político comunista  perspicaz sabía leer los sentimientos de sus compatriotas.  Asi fue que,  aconsejado por Leonid Brezhnev a principios de 1979 en negarle el permiso al Papa para volver a su patria, Gierek le respondió que eso era sencillamente imposible “por razones políticas”. “Bien”, respondió Brezhnev, haga como le parezca, pero guárdese de no lamentarlo despues.”

La idea original de Juan Pablo II era volver a Polonia en mayo de 1979 para poder celebrar el festejo anual en honor a San Estanislao, su predecesor en Cracovia, y simultáneamente presidir la solemne clausura del Sínodo de Cracovia cuyo compromiso era poner en práctica el Vaticano II en Polonia. 
   
Los comunistas conscientes de la fuerza simbólica  de la fiesta (Estanislao había sido martirizado mientras defendía la libertad de la Iglesia), resistieron a pie firme y negaron de plano esa posibilidad de peregrinación en mayo. Pero acordaron, sin embargo, que la visita podría tener lugar al mes siguiente. Y después de arduas negociaciones Juan Pablo II acepto gustoso los 9 días de junio a cambio de los dos días en mayo;  el programa incluía visitas a Gniezno y a Czestochowa, como así también  Varsovia y Cracovia y la Iglesia,  muy sabiamente,  postergó la celebración de San Estanislao a Junio.

No obstante este tremendo error estratégico el régimen comunista polaco hizo lo imposible para impedir la visita del Papa y minimizar el impacto, en lo que la SB (Servicio de Seguridad) y los grandes del partido consideraron una “gigantesca operación limitativa de daños”, código denominado LATA’79 (VERANO ’79). Se movilizaron y dividieron los informantes dentro de la iglesia católica y el laicado en ocho categorías.  El primer grupo, una elite que había tenido acceso al Cardenal Wojtyla en el pasado, incluía siete espías: DELTA, KAROL, MAREK, JUREKI, TUKAN, TRYBUN y LESZEK; JUREK un sacerdote, era miembro del comité que por parte de la Iglesia organizaba la peregrinación del Papa.  Estos informantes y aquellos en otras categorías no solo debían proveer  información. Su misión también era infiltrarse en los varios grupos católicos organizando comités para influir en sus decisiones en cuanto a la participación en la peregrinación del Papa.  (por ej. Tratando de limitar y controlar l número de participantes argumentando la preocupación por la seguridad) Esta importante operación anti papal continuó durante los eventos mismos y así fueron designados 480 agentes en el Servicio de Seguridad (SB)   para monitorear los eventos y  causar cuanta dificultad pudieran durante los días de la visita del Papa en Cracovia (Junio 6 al 10)

El Servicio de Seguridad coordinaba las actividades antipapales junto con la STASI  que había dispuesto varios cientos de agentes para monitorear a los visitantes extranjeros durante la visita del Papa. Se había organizado  un equipo de trabajo especial con sede en Frankfurt y la SB dispuso números de teléfono especiales en Varsovia y Cracovia de manera que los agentes de STASI pudieran estar conectados directamente con las oficinas centrales en Berlin Este.  Uno de los agentes de Stasi  sacerdote polaco, con el apodo de JUNGE,  quien tenía acceso directo al Papa y trabajaba mayormente para los servicios secretos de Berlin Este, más que para los servicios polacos.  Toda la operación estaba coordinada  por el principal de Stasi Joachim Wiegand, encargado de actividades anti católicas.   Al mismo tiempo el jefe Markus Wolf, poseía su propia fuente de información en el Vaticano, ignorada por  Wiegand: LICHTBLICK, el benedictino alemán Eugen Brammertz, registrado en la Stasi en 1960, pero que había tenido conexiones mucho antes. Brammertz trabajaba  en Roma en la edición alemana de Osservatore Romano, el diario vaticano, y ocasionalmente para la Secretaria de Estado y habría tenido acceso a algunos de sus archivos.
Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos ignoraban los detalles de LATA 79 y las actividades paralelas e otros servicios de inteligencia comunistas,  aunque seguramente presentían que sus viejos enemigos estarían al acecho. Años más tarde el secretario de Juan Pablo II recordaría sus preocupaciones.


“Las autoridades de Varsovia no actuaban como polacos: de eso estamos seguros. Su determinación en esforzarse por lograr el perfil más bajo posible de la visita, su manipulación de la cobertura televisiva, sus esfuerzos por producir los obstáculos mas ridículos, especialmente en cuanto al servicio del transporte …todo eso no tenía nada que ver con las tradiciones de hospitalidad de los polacos. No hay dudas que las autoridades obedecían órdenes de Moscú y Praga. En realidad se sentían aterrados.”

martes, 2 de febrero de 2016

Lumen ad revelationem gentium


La liturgia de la fiesta de hoy nos recuerda en primer lugar las palabras del Profeta Malaquías: «He aquí que entrará en su templo el Señor a quien buscáis..., he aquí que viene». De hecho estas palabras se hacen realidad en este momento: entra por primera vez en su templo el que es su Señor. Se trata del templo de la Antigua Alianza que constituía la preparación de la Nueva Alianza. Dios cierra esta Nueva Alianza con su pueblo en Aquel que «ha ungido y enviado al mundo», esto es, en su Hijo. El templo de la Antigua Alianza espera al Ungido, al Mesías. Esta espera es, por así decirlo; la razón de su existencia.
Y he aquí que entra. Llevado por las manos de María y José. Entra como un niño de 40 días para cumplir las exigencias de la ley de Moisés. Lo llevan al templo como a tantos otros niños israelitas: el niño de padres pobres. Entra, pues, desapercibido y —casi en contraste con las palabras del Profeta Malaquías— nadie lo espera. «Deus absconditus: Dios escondido» (cf. Is 45, 15). Oculto en su carne humana. nacido en un establo en las cercanías de la ciudad de Belén. Sometido a la ley del rescate, como su Madre a la de la purificación.
Aunque todo parezca indicar que nadie lo espera en este momento, que nadie lo divisa, en realidad no es así. El anciano Simeón va al encuentro de María y José, toma al Niño en sus brazos y pronuncia las palabras que son eco vivo de la profecía de Isaías: «Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra: porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de los pueblos: luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 29-32; cf. Is 2, 2-5; 25, 7).
Estas palabras son la síntesis de toda la espera, la síntesis de la Antigua Alianza. El hombre que las dice no habla por sí mismo. Es Profeta: habla desde lo profundo de la revelación y de la fe de Israel. Anuncia el final del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo.


sábado, 30 de enero de 2016

El compromiso de Juan Pablo II por Solidarność


En realidad el desmantelamiento del telón de acero comenzó en 1979 en Gniezno.   La chispa había sido encendida en aquel viaje de Juan Pablo II  y ya no habría vuelta atrás;  años difíciles por cierto  hasta 1983 cuando fue levantada la ley marcial después del 2do viaje del Papa a su patria Polonia. Años de riesgos y compromisos continuos,  también de parte del Papa Juan Pablo II y a su vez de todos los polacos que ansiaban vivir en una Polonia libre, libre del yugo del comunismo.

Corría el año 1981…… cuenta Bernardo Lecomte en un capítulo de su libro Giovanni Paolo II, biografia, Baldini Castoldi Dalai editore.

“Habiendo decidido apoyar a Walesa y a sus amigos, que habían sido objeto de un golpe aplastante, con todo el aspecto de ser definitivo, el Santo Padre toma una decisión personal difícil. Es verdad que se trata del Papa, y no del vicario de alguna parroquia d Gdansk o del arzobispo de Cracovia. Pero la puesta en juego es muy importante y va más allá de la coyuntura polaca Si el poder comunista decide saldar cuentas con los polacos, como lo hizo con los alemanes en Berlín Este en 1953, con los húngaros en Budapest en 1956 y con los checoslovacos en Praga en 1968, la esperanza de poner fin a la pesadilla del totalitarismo cae derrumbada. Solidarność no es solo un sindicato con decenas de millones de afiliados, un movimiento social de una fuerza extraordinaria, sino también la forma más sofisticada, jamás concebida, de oposición en masa bajo un sistema comunista y prueba de que es posible obtener la victoria sin una contra-revolución armada, sin derramamiento de sangre. Si aquella forma de acción no violenta no tuviese éxito, en un futuro próximo, sólo serían concebibles actos de desesperación, de terrorismo, de muerte. La puesta en juego es, pues, tanto moral o ética, como política y va mas allá del espacio polaco.


Dimensión moral. Juan Pablo II nos habla reiteradamente con el ardor del mensaje natalicio: «¿Qué la fuerza del bien pueda triunfar sobre la fuerza del mal! ¿Qué la fuerza de la justicia, del respeto por el hombre, del amor por la patria pueda triunfar sobre las fuerzas del odio y de la destrucción física o moral!» El va más lejos. Encarando la lucha, no se limita a defender los valores morales, universales encarnados por el sindicato – el camino de la no-violencia, solidaridad, libertad – sino que busca salvar a Solidarność como socio en un futuro diálogo con el poder. Su línea política ha sido trazado y no cambiará más: es necesario un diálogo entre poder y sociedad, es necesario reencontrar el camino de un acuerdo nacional que no se transforme en mercado engañoso…. Diálogo y acuerdo nacional, un objetivo que no alcanzaba entones a comprenderse, pero triunfaría siete años después y llegaría a perdurar en el tiempo.”

miércoles, 27 de enero de 2016

Salarios adecuados y leyes contra la explotaciòn


“La sociedad y el Estado deben asegurar unos niveles salariales adecuados al mantenimiento del trabajador y de su familia, incluso con una cierta capacidad de ahorro. Esto requiere esfuerzos para dar a los trabajadores conocimientos y aptitudes cada vez más amplios, capacitándolos así para un trabajo más cualificado y productivo; pero requiere también una asidua vigilancia y las convenientes medidas legislativas para acabar con fenómenos vergonzosos de explotación, sobre todo en perjuicio de los trabajadores más débiles, inmigrados o marginales. En este sector es decisivo el papal de los sindicatos que contratan los mínimos salarios y las condiciones de trabajo.

En fin, hay que garantizar el respeto por horarios «humanos» de trabajo y de descanso, y el derecho a expresar la propia personalidad en el lugar de trabajo, sin ser conculcados de ningún modo en la propia conciencia o en la propia dignidad. Hay que mencionar aquí de nuevo el papel de los sindicatos no sólo como instrumentos de negociación, sino también como   «lugares» donde se expresa la personalidad de los trabajadores: sus servicios contribuyen al desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y ayudan a participar de manera plenamente humana en la vida de la empresa.

Para conseguir estos fines el Estado debe participar directa o indirectamente. Indirectamente y según el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica, encausada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente y según el principio de solidaridad, poniendo en defensa de los más débiles, algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo, y asegurando en todo caso un mínimo vital al trabajador en paro.  (Centesimusannus, n.15)

martes, 26 de enero de 2016

La relación entre desarrollo y derechos del hombre



“Hoy, quizás más que antes, se percibe con mayor claridad la contradicción intrínseca de un desarrollo que fuera solamente económico.  Este subordina fácilmente a la persona humana y sus necesidades más profundas a las exigencias de la planificación económica o de la ganancia exclusiva.

La conexión intrínseca entre desarrollo auténtico y respeto de los derechos del hombre, demuestra una vez más su carácter moral: la verdadera elevación del hombre, conforme a la vocación natural e histórica de cada uno, no se alcanza explotando solamente la abundancia de bienes y servicios, o disponiendo de infraestructuras perfectas.


Cuando los individuos y las comunidades no ven rigurosamente respetadas las exigencias morales, culturales y espirituales fundadas sobre la dignidad de la persona y sobre la identidad propia de cada comunidad, comenzando por la familia y las sociedades religiosas, todo lo demás – disponibilidad de bienes, abundancia de recursos técnicos aplicados a la vida diaria, un cierto nivel de bienestar material – resultará insatisfactorio, y a la larga, despreciable. Lo dice claramente el Señor en el Evangelio, llamando la atención de todos sobre la verdadera jerarquía de valores: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?» (Mt 16,26) Sollicitudo rei socialis, n.33

sábado, 23 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II según Luigi Accattoli (2 de 2)

(Juan Pablo II con Lech Walesa)


“La Laborem exercens se convierte pronto en instrumento de lucha en manos de los sindicatos católicos en América Latina y en Polonia. El congreso de Solidarnosc elogió – el mismo día de su publicación, 16 de septiembre de 1981 – el enfoque «personalístico» y las etapas para la participación de los trabajadores en la gestión de las empreas.

Las otras dos encíclicas se leen juntas, porque Juan Pablo II ubicó la segunda – a distancia de tres años de la primera para completar su mensaje, actualizándola a la nueva situación creada con la caída del comunismo. La Sollicitudo rei socialis se  opone tanto al capitalismo como al comunismo y reclama una «corrección radical» de los dos sistemas; la Centesimus annus– ya debilitado el comunismo – se limita a proponer la corrección del capitalismo. En ella Juan Pablo II habla de la «positividad del mercado y de la empresa» siempre que estén «orientados hacia el bien común». Pero aclara que aquella orientación, en la etapa actual de «mundialización de la economía », aún no se da y sólo puede obtenerse mediante la «lucha».

En el n. 19 de la Centesimus annus el Papa sostiene que el capitalismo «converge» con el totalitarismo comunista al «rebajar al hombre a la esfera de lo económico» cada vez que «niega la existencia autónoma y valor a la moral y al derecho, a la cultura y a la religión». Es esta, pues, la conclusión: el capitalismo podrá ser propuesto al Estado y al tercer mundo, si la «lucha» por corregirlo logra «encuadrar» su «libertad económica» en un «sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral». De otra manera, los riesgos y los daños serían enormes.

La Centesimus annus señaló, por primera vez en la historia, como podría conformarse el anticapitalismo teóricamente profesado por los Papas. Y con el triunfo del Occidente ha vuelto a proponer a la Iglesia católica como única voz activamente anticapitalista en la escena mundial.

La actitud crítica frente al capitalismo se articulará en los albores del 2000, como crítica del proceso de globalización.  «La Iglesia seguirá colaborando con todas las personas de buena voluntad para asegurar que en este proceso triunfe la humanidad entera, y no sòlo una élite rica que controla la ciencia, la tecnología, la comunicación y los recursos  del planeta en detrimento de la gran mayoría de sus habitantes (27 de abril de 20001, discurso a la Academia Pontifica de ciencias Sociales).”


Luigi Accattoli: “La audacia de la misión en la opción por los pobres” publicado en Totus Tuus Nr 2 Mar/abr 2009