Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 15 de agosto de 2017

El privilegio de la Asunción


“San Germán, en un texto lleno de poesía, sostiene que el afecto de Jesús a su Madre exige que María se vuelva a unir con su Hijo divino en el cielo: «Como un niño busca y desea la presencia de su madre, y como una madre quiere vivir en compañía de su hijo, así también era conveniente que tú, de cuyo amor materno a tu Hijo y Dios no cabe duda alguna, volvieras a él. ¿Y no era conveniente que, de cualquier modo, este Dios que sentía por ti un amor verdaderamente filial, te tomara consigo?» (Hom. 1 in DormitionemPG 98, 347). En otro texto, el venerable autor integra el aspecto privado de la relación entre Cristo y María con la dimensión salvífica de la maternidad, sosteniendo que: «Era necesario que la madre de la Vida compartiera la morada de la Vida» (ib.PG 98, 348).

Según algunos Padres de la Iglesia, otro argumento en que se funda el privilegio de la Asunción se deduce de la participación de María en la obra de la redención. San Juan Damasceno subraya la relación entre la participación en la Pasión y el destino glorioso: «Era necesario que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y recibido en pleno corazón la espada del dolor (...) contemplara a ese Hijo suyo sentado a la diestra del Padre» (Hom. 2: PG 96, 741). A la luz del misterio pascual, de modo particularmente claro se ve la oportunidad de que, junto con el Hijo, también la Madre fuera glorificada después de la muerte.

El concilio Vaticano II, recordando en la constitución dogmática sobre la Iglesia el misterio de la Asunción, atrae la atención hacia el privilegio de la Inmaculada Concepción: precisamente porque fue «preservada libre de toda mancha de pecado original» (Lumen gentium, 59), María no podía permanecer como los demás hombres en el estado de muerte hasta el fin del mundo. La ausencia del pecado original y la santidad, perfecta ya desde el primer instante de su existencia, exigían para la Madre de Dios la plena glorificación de su alma y de su cuerpo.”

viernes, 4 de agosto de 2017

San Juan Maria Vianney - Oracion del Papa Benedicto XVI por los sacerdotes


(Oracion compuesta por el Papa Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario de la muerte de San Juan Maria Vianney, el Cura de Ars

"Señor Jesús

En San Juan María Vianney Tú has querido dar a la Iglesia la imagen viviente y una personificación de tu caridad pastoral.

Ayúdanos a bien vivir en su compañía, ayudados por su ejemplo en este Año Sacerdotal.

Haz que podamos aprender del Santo Cura de Ars delante de tu Eucaristía; aprender cómo es simple y diaria tu Palabra que nos instruye, cómo es tierno el amor con el cual acoges a los pecadores arrepentidos, cómo es consolador abandonarse confidencialmente a tu Madre Inmaculada, cómo es necesario luchar con fuerza contra el Maligno.

Haz, Señor Jesús, que, del ejemplo del Santo Cura de Ars, nuestros jóvenes sepan cuánto es necesario, humilde y generoso el ministerio sacerdotal, que quieres entregar a aquellos que escuchan tu llamada.

Haz también que en nuestras comunidades –como en aquel entonces la de Ars– sucedan aquellas maravillas de gracia, que tu haces que sobrevengan cuanto un sacerdote sabe ´poner amor en su parroquia´.

Haz que nuestras familias cristianas sepan descubrir en la Iglesia su casa –donde puedan encontrar siempre a tus ministros– y sepan convertir su casa así de bonita como una iglesia.

Haz que la caridad de nuestros Pastores anime y encienda la caridad de todos los fieles, en tal manera que todas las vocaciones y todos los carismas, infundidos por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados.

Pero sobre todo, Señor Jesús, concédenos el ardor y la verdad del corazón a fin de que podamos dirigirnos a tu Padre celestial, haciendo nuestras las mismas palabras, que usaba San Juan María Vianney:

Te amo, mi Dios, y mi solo deseo
es amarte hasta el último respiro de mi vida.
Te amo, oh Dios infinitamente amable,
y prefiero morir amándote
antes que vivir un solo instante si amarte.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido
es aquella de amarte eternamente.
Dios mío, si mi lengua
no pudiera decir que te amo en cada instante,
quiero que mi corazón te lo repita
tantas veces cuantas respiro.
Ti amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes acá crucificado por Ti.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo. Amén.


(Invito leer el texto de la Audiencia General del Papa Benedicto del 5 de agosto de 2009 sobre San Juan Maria Vianney)
  
(Todos los Mensajes del Papa Benedicto para el Año Sacerdotal en este sitio)



sábado, 29 de julio de 2017

Velad, vigilad y orad


Velar, vigilar, orar…. palabras sencillas pero tan llenas de vida que Juan Pablo II solía reiterar a menudo en su propia patria,  basándose en la frase evangélica (Mc 14, 38) y en las de Jesús mismo,  porque sabía de la imperante necesidad de estar siempre atentos, de velar y vigilar y no perderse momento para orar
Pero que significa velar?  y para que orar se preguntaba Juan Pablo II ante los jóvenes presentes en la Basilica de San Pedro el 14 de marzo de 1979.
  
«¿Qué quiere decir “velo”?» Quiere decir: me esfuerzo para ser un hombre de conciencia. No apago esta conciencia y no la deformo; llamo por su nombre al bien y al mal, no los confundo; hago crecer en mí el bien y trato de corregirme del mal, superándolo en mí mismo. Éste es el problema fundamental, que nunca se podrá disminuir, ni trasladar a un plano secundario. ¡No!, siempre y en todo lugar, se trata de un problema de primer plano. Tanto más importante, cuanto más numerosas son las circunstancias que parecen favorecer nuestra tolerancia del mal, y el hecho de que fácilmente nos absolvemos de él, particularmente si así hacen los demás... «Velo» quiere decir, además, veo a los otros… Velo quiere decir: amor al prójimo; quiere decir: fundamental solidaridad «interhumana».

Debemos orar, lo primero de todo, porque somos creyentes…. debemos orar como cristianos….debemos orar porque somos frágiles y culpables. — La oración da fuerza para los grandes ideales, para mantener la fe, la caridad, la pureza, la generosidad; — La oración da ánimo para salir de la indiferencia y de la culpa, si por desgracia se ha cedido a la tentación y a la debilidad..” 

A pocos meses después,  durante aquel emocionante y delicado primer viaje (1979) a su patria Polonia,  ante la querida Madre y Patrona de los polacos de Jasna Gora en Czestochowa lo recordaba 

“Vigilar significa custodiar un gran bien. hay que vigilar y cuidar con gran celo todo bien del hombre, porque ésa es la gran tarea que nos corresponde a cada uno de nosotros. No puede permitirse que se pierda nada de lo que es humano, polaco, cristiano sobre esta tierra….. "¡Sed sobrios y vigilad!"…. ¡No sucumbáis en la debilidad! “


Y “Estad atentos a no permitir que se debilite en vosotros el sentido de Dios. Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en El el rostro mismo de Dios.” Les decía a los jóvenes durante su visita a Chile en 1987.  

domingo, 16 de julio de 2017

Breve historia de Karol Wojtyla/Juan Pablo II y la orden carmelitana


Con ocasión de la canonización de Juan Pablo II en el 2014, el carmelita Emanuele Boaga describe brevemente la relación de Karol Wojtyla/Juan Pablo II con el Carmelo desde su natal Wadowice: (para leer la descripción completa invito visitar la pagina oficial de la Orden delos Carmelitas: Cito aquí solo una parte del escrito.

 "Otro factor más profundo e íntimo alimentó los lazos de Wojtyla con el Carmelo desde que era niño: la tierna devoción a María, Madre y Decoro del Carmelo, cuya protección y beneficios recibidos ha subrayado sobre todo a lo largo de su pontificado. El veía la expresión de esta protección en el escapulario, que había recibido siendo niño en el convento de los carmelitas descalzos de Wadowice.  Muchas veces se ha referido a esto, y también han sido frecuentes sus referencias a una intensa piedad mariana, reflejada -desde que ascendió al solio pontificio el 16 de octubre de 1978- en cada encuentro con los Carmelitas de ambas ramas de la Orden. Puede decirse que en su largo pontificado no ha desaprovechado ninguna ocasión, sobre todo en la fiesta anual de la Virgen del Carmen, para dirigir a la familia carmelitana y a todos los devotos del Carmen un pensamiento recordando la protección y los beneficios inherentes al oficio de la Virgen Madre dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia, estimulando así una actitud de agradecimiento filial como expresión de familiaridad hacia ella y de conformidad con la voluntad divina. En unas setenta veces, con ocasión del rezo dominical del Ángelus, de encuentros con diversos grupos durante sus viajes apostólicos y en las audiencias de los miércoles, quiso el Papa subrayar uno u otro aspecto de la devoción carmelitana a la Virgen y conducir a sus queridos hijos hacia la oración suplicante y  hacia la imitación de sus virtudes.


   Pero la enseñanza más profunda que Juan Pablo II ha ofrecido a todos los Carmelitas se encuentra sobre todo en la carta apostólica ElAcontecimiento Providencialenviada el 25 de marzo de 2001 con ocasión del Año Mariano Carmelitano. De hecho, su contenido va más allá de la circunstancia que la motivó, pasando a ser una reflexión sobre las grandes líneas de la espiritualidad mariana que el Carmelo vive y ha de cultivar.
   El Papa Juan Pablo II también ha beatificado y canonizado a  numerosas figuras de Carmelitas eminentes por su santidad.... 
   Más amplio resulta el número de beatificaciones y canonizaciones de Carmelitas descalzos.... .
   En este contexto se sitúan algunas cartas apostólicas escritas por el papa Juan Pablo II con motivo de aniversarios y de celebraciones específicas. Otras referencias a estas figuras eminentes del Carmelo las hizo Juan Pablo II durante audiencias y encuentros.
   Debemos recordar aún, como llamada a vivir los ideales y la vida del Carmelo, las palabras dirigidas por Juan Pablo II a los capítulos generales de las dos ramas de la Orden. Los Carmelitas han celebrado bajo su pontificado cuatro capítulos generales (1983, 1989, 1995, 2001). En los tres primeros se obtuvo el don de una audiencia especial; al último envió el Papa una carta. También los Carmelitas descalzos celebraron cuatro capítulos generales en el pontificado de Juan Pablo II (1985, 1991, 1997, 2003). A cada uno de ellos dirigió puntualmente su palabra paterna y su bendición. Tuvo igualmente palabras de estímulo paterno para las religiosas participantes en los capítulos generales de las diversas congregaciones carmelitanas, recibiéndolas en audiencia especial.
   Además de las celebraciones de los capítulos generales, que marcan el desarrollo de la vida, Juan Pablo II también se hizo presente con motivo de otras fiestas de la familia carmelitana. El 7 de octubre de 2002 dirigía una carta a los superiores generales de las dos ramas de la Orden con motivo del 550 aniversario de la bula Cum nulla, en la que resalta los abundantes frutos proporcionados al Carmelo y a la Iglesia por las monjas carmelitas con su “testimonio luminoso de mujeres ejemplares”, invitando también a los laicos de la familia del Carmelo a seguir el camino de la santidad a ejemplo de Elías y de María.
   En su acción pastoral en la diócesis de Roma es conocida la solicitud del Papa por las parroquias y las comunidades religiosas. Las visitas realizadas a las de los carmelitas se caracterizaban por un clima de gran simplicidad y familiaridad, abandonando muchas veces los discursos oficiales, y dando muestras de interés y de sincero afecto.
   Juan Pablo II nombró nueve obispos entre los Carmelitas de la Antigua Observancia mientras dos obispos carmelitas creados por Pablo VI pasaron a otras sedes. Sin embargo, los Carmelitas descalzos nombrados obispos por Juan Pablo II fueron catorce, mientras cinco creados por Pablo VI pasaron a otras sedes. El 22 de mayo de 1991 Juan Pablo II elevó a la dignidad cardenalicia a un Carmelita descalzo, Mons. Anastasio Ballestrero, arzobispo de Bari y luego de Torino.
   Entre las gracias y concesiones a fin de propagar la devoción a la Madre y Decoro del Carmelo se ha de recordar la elevación al rango de basílica menor de algunos santuarios e iglesias en las que la Virgen del Carmen es la titular, así como la coronación de algunas imágenes muy veneradas. Recordemos de manera particular la audiencia del 12 de septiembre de 2001 en la plaza de San Pedro, que se desarrolló sin las habituales muestras festivas al estar marcada por el dolor y el estupor de la catástrofe del día anterior en Nueva York con el atentado terrorista de las “torres gemelas”. En aquella ocasión el pontífice puso una nueva corona sobre la cabeza de la imagen de la Virgen del Carmen, llevada a tal propósito desde la iglesia vecina de Santa María in Traspontina como peregrinación que concluía el Año Mariano Carmelitano del 750 aniversario del escapulario.
   Estos gestos del crecimiento de la devoción mariana evocan una vez más el lazo profundo y tierno que unió el corazón de Juan Pablo II a la Madre de Dios y de los hombres, y -como si fuera su herencia- son una especie de invitación continua, como él repetía frecuentemente, “a dirigirle una humilde oración para que ella, con su intercesión, alcance para cada uno poder seguir seguro por el camino de la vida y llegar felizmente a la santa montaña, Jesucristo, nuestro Señor” (Ángelus, 21 de julio de 1988).


viernes, 14 de julio de 2017

Juan Pablo II sobre la indisolubilidad de la comunión conyugal


Unidad indivisible de la comunión conyugal

19. La comunión primera es la que se instaura y se desarrolla entre los cónyuges; en virtud del pacto de amor conyugal, el hombre y la mujer «no son ya dos, sino una sola carne»[46] y están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total.
Esta comunión conyugal hunde sus raíces en el complemento natural que existe entre el hombre y la mujer y se alimenta mediante la voluntad personal de los esposos de compartir todo su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son; por esto tal comunión es el fruto y el signo de una exigencia profundamente humana. Pero, en Cristo Señor, Dios asume esta exigencia humana, la confirma, la purifica y la eleva conduciéndola a perfección con el sacramento del matrimonio: el Espíritu Santo infundido en la celebración sacramental ofrece a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, que es imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo místico del Señor Jesús.
El don del Espíritu Santo es mandamiento de vida para los esposos cristianos y al mismo tiempo impulso estimulante, a fin de que cada día progresen hacia una unión cada vez más rica entre ellos, a todos los niveles —del cuerpo, del carácter, del corazón, de la inteligencia y voluntad, del alma[47]—, revelando así a la Iglesia y al mundo la nueva comunión de amor, donada por la gracia de Cristo.
Semejante comunión queda radicalmente contradicha por la poligamia; ésta, en efecto, niega directamente el designio de Dios tal como es revelado desde los orígenes, porque es contraria a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo mismo único y exclusivo. Así lo dice el Concilio Vaticano II: «La unidad matrimonial confirmada por el Señor aparece de modo claro incluso por la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, que debe ser reconocida en el mutuo y pleno amor»[48].

Una comunión indisoluble
20. La comunión conyugal se caracteriza no sólo por su unidad, sino también por su indisolubilidad: «Esta unión íntima, en cuanto donación mutua de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen la plena fidelidad de los cónyuges y reclaman su indisoluble unidad»[49].
Es deber fundamental de la Iglesia reafirmar con fuerza —como han hecho los Padres del Sínodo— la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio; a cuantos, en nuestros días, consideran difícil o incluso imposible vincularse a una persona por toda la vida y a cuantos son arrastrados por una cultura que rechaza la indisolubilidad matrimonial y que se mofa abiertamente del compromiso de los esposos a la fidelidad, es necesario repetir el buen anuncio de la perennidad del amor conyugal que tiene en Cristo su fundamento y su fuerza[50].
Enraizada en la donación personal y total de los cónyuges y exigida por el bien de los hijos, la indisolubilidad del matrimonio halla su verdad última en el designio que Dios ha manifestado en su Revelación: Él quiere y da la indisolubilidad del matrimonio como fruto, signo y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que el Señor Jesús vive hacia su Iglesia.
Cristo renueva el designio primitivo que el Creador ha inscrito en el corazón del hombre y de la mujer, y en la celebración del sacramento del matrimonio ofrece un «corazón nuevo»: de este modo los cónyuges no sólo pueden superar la «dureza de corazón»[51], sino que también y principalmente pueden compartir el amor pleno y definitivo de Cristo, nueva y eterna Alianza hecha carne. Así como el Señor Jesús es el «testigo fiel»[52], es el «sí» de las promesas de Dios[53] y consiguientemente la realización suprema de la fidelidad incondicional con la que Dios ama a su pueblo, así también los cónyuges cristianos están llamados a participar realmente en la indisolubilidad irrevocable, que une a Cristo con la Iglesia su esposa, amada por Él hasta el fin[54].
El don del sacramento es al mismo tiempo vocación y mandamiento para los esposos cristianos, para que permanezcan siempre fieles entre sí, por encima de toda prueba y dificultad, en generosa obediencia a la santa voluntad del Señor: «lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre»[55].
Dar testimonio del inestimable valor de la indisolubilidad y fidelidad matrimonial es uno de los deberes más preciosos y urgentes de las parejas cristianas de nuestro tiempo. Por esto, junto con todos los Hermanos en el Episcopado que han tomado parte en el Sínodo de los Obispos, alabo y aliento a las numerosas parejas que, aun encontrando no leves dificultades, conservan y desarrollan el bien de la indisolubilidad; cumplen así, de manera útil y valiente, el cometido a ellas confiado de ser un «signo» en el mundo —un signo pequeño y precioso, a veces expuesto a tentación, pero siempre renovado— de la incansable fidelidad con que Dios y Jesucristo aman a todos los hombres y a cada hombre. Pero es obligado también reconocer el valor del testimonio de aquellos cónyuges que, aun habiendo sido abandonados por el otro cónyuge, con la fuerza de la fe y de la esperanza cristiana no han pasado a una nueva unión: también estos dan un auténtico testimonio de fidelidad, de la que el mundo tiene hoy gran necesidad. Por ello deben ser animados y ayudados por los pastores y por los fieles de la Iglesia.”


viernes, 7 de julio de 2017

Juan Pablo II y los laicos


El obispo – y aun antes ya como novel sacerdote – Karol Wojtyla supo valorar la colaboración de los laicos; la descubrió, la valoró, y agradeció ese “don de los laicos”.  Fueron quizás aquellas primeras experiencias con los jóvenes que tan bien describe  Stanislaw Grygiel, discípulo y amigo de Karol Wojtyla,   aquellas vivencias tan particulares con los grupos de jóvenes y ese encuentro tan providencial con el obispo Jan Pietraszko, que dejaron marcados indeleblemente los dos años de sus vivencias en la querida parroquia de San Florián, su punta de lanza para valorar a pleno ese  don singular de los laicos.

Lo ratificaba en Don y Misterio  “porque cada uno de ellos ha ofrecido su propia aportación a la realización de mi sacerdocio. En cierto modo me han indicado el camino, ayudándome a comprender mejor mi ministerio y a vivirlo en plenitud….Entre ellos había simples obreros, hombres dedicados a la cultura y al arte, grandes científicos. En verdad, me ha acompañado siempre la profunda conciencia de la necesidad urgente del apostolado de los laicos en la Iglesia. Cuando el Concilio Vaticano II habló de la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, pude experimentar una gran alegría: lo que el Concilio enseñaba respondía a las convicciones que habían guiado mi acción desde los primeros años de mi ministerio sacerdotal.”

Con fecha 30 de diciembre de 1988 se dio a conocer su Exhortación apostólica post-sinodal  (Sinodo de Obispos 1987 – Roma 10 al 30 de octubre de 1987) Christifideles Laici  sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo en cuya introducción se lee:
“Los fieles laicos (Christifideles laici), cuya «vocación y misión en la Iglesia y en el mundo a los veinte años del Concilio Vaticano II» ha sido el tema del Sínodo de los Obispos de 1987, pertenecen a aquel Pueblo de Dios representado en los obreros de la viña, de los que habla el Evangelio de Mateo: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario, que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña» (Mt 20, 1-2). La parábola evangélica despliega ante nuestra mirada la inmensidad de la viña del Señor y la multitud de personas, hombres y mujeres, que son llamadas por Él y enviadas para que tengan trabajo en ella. La viña es el mundo entero (cf. Mt 13, 38), que debe ser transformado según el designio divino en vista de la venida definitiva del Reino de Dios.”

Juan Pablo II mantuvo una serie de audiencias dedicadas a los laicos, comenzando con la Audiencia General del 27 de octubre de 1993  La identidad eclesial de los laicos donde en la introducción explicaba la naturalidad de ocuparse del papel de los laicos :  “A lo largo de las catequesis eclesiológicas después de haber reflexionado sobre la Iglesia como pueblo de Dios, como comunidad sacerdotal y sacramental, nos hemos detenido en varios oficios y ministerios. Así, hemos pasado de los Apóstoles, elegidos y mandados por Cristo, a los obispos, sus sucesores, a los presbíteros, colaboradores de los obispos, y a los diáconos. Es lógico que nos ocupemos ahora de la condición y del papel de los laicos, que constituyen la gran mayoría del populus Dei. Trataremos este tema siguiendo la línea del concilio Vaticano II, pero también recogiendo las directrices y las orientaciones de la exhortación apostólica Christifideles laici, publicada el 30 de diciembre de 1988, como fruto del Sínodo de los obispos de 1987.”

A aquella primera Audiencia General introductoria sobre  los laicos, le siguieron cinco más:





l
En su homilía del26 de noviembre de 2000 con ocasión del Jubileo del apostolado de los laicos afirmaba:    “En la maduración de esta conciencia, el concilio ecuménico Vaticano II marcó una etapa decisiva. Con el Concilio, en la Iglesia llegó verdaderamente la hora del laicado, y numerosos fieles laicos, hombres y mujeres, han comprendido con mayor claridad su vocación cristiana, que, por su misma naturaleza, es vocación al apostolado (cf. Apostolicam actuositatem)

“Pero ¿qué implica esta misión? - Preguntaba allí mismo -   ¿Qué significa ser cristianos hoy, aquí y ahora?
Ser cristianos jamás ha sido fácil, y tampoco lo es hoy. Seguir a Cristo exige valentía para hacer opciones radicales, a menudo yendo contra corriente. "¡Nosotros somos Cristo!", exclamaba san Agustín. Los mártires y los testigos de la fe de ayer y de hoy, entre los cuales se cuentan numerosos fieles laicos, demuestran que, si es necesario, ni siquiera hay que dudar en dar la vida por Jesucristo y a modo de ejemplo citaba palabras del Papa Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi:  "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros (...), o si escucha a los maestros es porque son testigos" 

sábado, 1 de julio de 2017

Basílica de Nuestra Señora del Monte, Bandra, India


En aquel extenso  primer viaje (10 dias) deJuan Pablo II a la India,   considerando que la visita coincidía con el Año Mariano,  en el Ángelus del Domingo durante su visita no solo hacia una visita espiritual a un Santuario mariano como lo hacia todos los domingos de ese periodo 1986-1987, sino que esta ceremonia la llevaba a cabo personalmente en la Basílica de Nuestra Señora del Monte, en Bandra, Mumbai,  recordando la visita al santuario de supredecesor el Papa Pablo VI 
 El Papa recordaba a su vez otros santuarios marianos famosos en la India como el de Nuestra Señora de las Gracias en Sardhana,  Nuestra Señora de Lourdes en Vijayawada,  y Nuestra Señora de la Salud enVailankanni. 

En una visita extenuante y difícil el Santo Padre recordaba la unidad de los cristianos y el significado tan especial al que el Concilio Vaticano II le adjudicaba a Maria, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

“María de Nazaret – decia el Papa - es sin duda alguna digna de nuestra veneración y amor filial. "Cooperó de forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la y la ardiente caridad" (Lumen gentium, 61). Cambió toda la historia humana con su "Fiat", con su libre aceptación de la voluntad de Dios. Mediante este acto de fe y amor, Ella se dejó transformar por Dios. Sometiéndose totalmente a Dios, aceptó ser la Madre del Redentor del mundo: el Verbo eterno hecho carne, Dios se hizo hombre. Desde el momento de la Anunciación, se dedicó a su Hijo, a su persona y a su obra, al misterio de la redención que Él llevó a cabo. Desde ese día siempre asiste a su Hijo en su misión de salvación. En todas las épocas, María está cerca de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Y así, a Ella, se le llama acertadamente "Madre de la Iglesia"…...De forma especial, la Santísima Virgen nos asiste en nuestros esfuerzos de promover la reconciliación y la paz en el mundo y fortalecer la unidad de todos los cristianos. Hace esto guiando nuestra atención hacia su Divino Hijo e instruyéndonos como les instruyó a ellos en las bodas de Caná: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5). Si permanecemos fieles en hacer lo que Cristo nos dice, si continuamente decimos junto a María "hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38), habrá paz y reconciliación en el mundo, y seremos uno en Cristo. Precisamente teniendo presente el papel de María en la obra de la unidad de los cristianos, el Concilio Vaticano II exhortó a los fieles con las siguientes palabras: "Ofrezcan todos los fieles súplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que Ella, que ayudó con sus oraciones a la Iglesia naciente, también ahora, ensalzada en el cielo por encima de todos los ángeles y bienaventurados, interceda en la comunión de todos los santos ante su Hijo, hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el título de cristianos como los que todavía desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e Indivisible Trinidad" (Lumen gentium, 69).”

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La entonces capilla católica del Monte de Maria, fue construida alrededor de 1640 por los Portugueses y luego destruida en 1738 por los Marathas durante la invasión.  La estatua de Maria fue recuperada del mar por unos pescadores entre 1700 y 1760. y temporariamente instalada en la Iglesia de San Andres antes de ser nuevamente posicionada en la Iglesia de Maria del Monte en 1761. En ese año comenzó a celebrarse la fiesta de Nuestra Señora del Monte, conocida también como la Fiesta del Monte o la Fiesta de Bandra.  El arquitecto de la Iglesia de Maria del Monte fue Shahpoorjee Chandabhoy. La Basilica fue construida en 1904 y es visitada por fieles de todas las religiones y comunidades. La fiesta litúrgica de la Virgen se celebra el primer Domingo después del 8 de septiembre, dia que se recuerda el nacimiento dela Virgen Maria. La muy frecuentada fiesta dura toda la semana con celebraciones locales conocidas como la Feria de Bandra.


La Basílica está ubicada en una pequeña elevación de unos 80 mts con vistas al Mar de Arabia.  

Sitio oficial de la Basilica con abundantes fotografías..  

sábado, 24 de junio de 2017

Kazimierz Figlewicz “confesor y guía espiritual de Karol Wojtyla

Juan Pablo II recordaba muy a menudo a sus maestros, a aquellos quienes lo alentaron a dar sus primeros pasos espirituales en la familia, en su parroquia en la natal Wadowice y más tarde ya en Cracovia. Uno de aquellos fue sin duda el sacerdote Kazimierz Figlewicz quien desde Wadowice donde había sido destinado temporariamente, fue acompañándolo más tarde también en la catedral de Wawel.


Kazimierz Figlewiz, catequista y confesor de Karol Wojtyla,  nació el 6 de enero de 1903 en Krakow y murió el 23 de septiembre de 1983-Krakow.   Estudio teología en la Universidad Jaguellonica (1921-1926); y fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1925. Su primer destino fue la parroquia de  Ruszcza (1926-1930)  mas tarde Wadowice. (1930-1933). En el año 1933-1957 y desde 1957 fue vicario parroquial de la catedral de Wawel y desde 1957, canónigo y custodio.  Como tal debió afrontar intensos cuestionamientos e interrogaciones en épocas difíciles. En 1953 también fue detenido. Kazimierz Figlewicz fue catequista durante tres años en la escuela secundaria de Wadowice.  Ya en la catedaral de Wawel, en Cracovia se ocupo también de mantener al dia las actas de todas las reuniones realizadas y asi se mantuvieron valiosos testimonios y documentación,  también de la presencia de Karol Wojtyla en la catedral.


Juan Pablo II en su libro Don y Misterio describe asi su recuerdo del sacerdote.
  
“Durante aquellos años mi confesor y guía espiritual fue el P. Kazimierz Figlewicz. Me encontré con él la primera vez cuando cursaba el primer año de instituto en Wadowice. El P. Figlewicz, que era vicario de la parroquia de Wadowice, nos enseñaba religión. Gracias a él me acerqué a la parroquia, fui monaguillo y en cierto modo organicé el grupo de monaguillos. Cuando dejó Wadowice para ir a la catedral del Wawel, continué manteniendo contacto con él. Recuerdo que, durante el quinto curso del instituto, me invitó a Cracovia para participar en el Triduum Sacrum, que empezaba con el llamado "Oficio de Tinieblas" en la tarde del Miércoles Santo. Fue ésta una experiencia que dejó en mí una huella profunda.
Cuando, después del examen final, me trasladé con mi padre a Cracovia, intensifiqué la relación con el P. Figlewicz, que ejercía el cargo de vicecustodio de la catedral. Iba a confesarme con él y, durante la ocupación alemana, muchas veces lo visitaba.
Aquel 1 de septiembre de 1939 no se borrará nunca de mi recuerdo: era el primer viernes de mes. Había ido a Wawel para confesarme. La catedral estaba vacía. Fue, quizás, la última vez que pude entrar libremente en el templo. Después fue cerrado. El castillo real de Wawel se convirtió en la sede del Gobernador General Hans Frank. El P. Figlewicz era el único sacerdote que podía celebrar la Santa Misa, dos veces por semana, en la catedral cerrada y bajo la vigilancia de policías alemanes. En aquellos tiempos difíciles fue aún más claro lo que significaban para él la catedral, las tumbas reales, el altar de San Estanislao, obispo y mártir. El P. Figlewicz fue hasta la muerte fiel custodio de aquel particular santuario de la Iglesia y de la Nación, inculcándome un amor grande por el templo del Wawel, que un día llegaría a ser mi catedral episcopal.
El 1de noviembre de 1946 fui ordenado sacerdote. El día siguiente, en la "Primera Santa Misa" celebrada en la catedral, en la cripta de San Leonardo, el P. Figlewicz, estaba a mi lado y me hacía de asistente. El piadoso Prelado falleció hace algunos años (23 de septiembre de 1983). Sólo el Señor puede compensarlo por todo el bien que de él recibí.”

El padre Figlewicz por su parte lo recuerda asi a Karol Wojtyla:
“Cuando yo era joven sacerdote cumplí tareas de pastor asistente temporario en Wadowice durante tres años. En 1930 fui también sido asignado para enseñar  religion en la escuela secundaria local porque el programa del maestro titular estaba sobrecargado y necesitaba ayuda. Fue asi como me encontré dando clases en el primer año de la educación secundaria y allí conoci a Karol Wojtyla,  inciando asi una larga relación. Cualquiera que se haya encontrado con él en sus años jóvenes recordara que era alto y delgado y sería difícil imaginarlo a la edad de 10 años. Entonces era más bien alto pero algo gordito. Un niño muy talentoso, alegre, rápido y bueno y optimista,si bien  conociéndolo luego más a fondo te dabas cuenta de los efectos de haber quedado huérfano my temprano. Yo lo encontré por primera vez al poco tiempo de haber muerto su madre. Recuerdo su firme lealtad para con sus amigos y la falta de conflictos con los maestros.  Tenía buenas notas. Mi contacto con él en la escuela duro tan solo un año, pero no terminó allí. El servicio al altar fue lo que nos acercó mas.  Karol Wojtyla cumplía su tarea de monaguillo con absoluto celo. Quizás lo que más nos unió fue  el confesionario, nuestras charlas personales y visitas comunes. Fue por su intermedio que también conoció al Teniente Wojtyla, que había ejercido en la administración del Regimiento 12 de Infanteria radicado en Wadowice.  Nunca lo vi en uniforme, lo conocí después de su retiro.  Ya era un hombre entrado en años. Se ocupaba de la casa como viudo y cuidaba celosamente de sus dos hijos.  Recuerdo que comían en lo de sus vecinos.  Apenas llegaban a fin de mes. Su estilo de vida era muy frugal. Después de una corta estadía en Wadowice fui transferido como pastor asistente a la Catedral de Wawel.” (Fr. Kazimierz Figlewicz, Tygodnik Powszechny, 44/1978)

De la ordenación sacerdotal y primer Misa de Karol Wojtyla,  Figlewicz lo recuerda en breves palabras:
“El Cardenal Sapieha lo ordenó en su capilla privada el 1 de noviembre de 1946, fiesta litúrgica de Todos los Santos.  La ordenación tuvo lugar separadamente y antes que el del resto de los seminaristas,  debido a la inminente partida de Wojtyla a Roma, donde proseguiría sus estudios.  Así su primer Misa la celebro el Día de los Difuntos. Wojtyla me pidió que fuese su manuductor (del latin manus y ductor líder)  convirtiéndome asi en  testigo. El joven celebrante celebro tres  “primeras” Misas,  la primera para las almas de sus padres y hermano, en un sitio inusual: en la cripta románica de San Leonardo en Wawel;  entre tumbas de reyes y héroes nacionales. La primer misa solemne fue celebrada unos días más tarde en Wadowice” (Boniecki, Adam : The Making of the Pope of the Millennum, Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Marians of the Immaculate Conception, 2000)


sábado, 17 de junio de 2017

San Alberto (Adam) Chmielowski fundador de las Albertinas


Hoy la Iglesia de Polonia celebra la fiesta litúrgica de San Alberto Adam Chmielowksi (1845-1916), insurrecto, artista pintor, padre de los pobres y fundador de las Congregaciones de Hermanos y Hermanas de los pobres: los Albertinos y las Albertinas.  


"La Congregación de las Hermanas Albertinas fue fundada por el santo hermano Alberto en Cracovia con fin de ayudar a los más pobres y a los más abandonados. Su primera colaboradora fue Anna Lubańska - la hna. Francisca - origenal de Podlasie. Las primeras siete hermanas tomaron el habito el 15 de enero de 1891 en la capilla de los obispos de Cracovia en la presencia del santo hermano Alberto y del cardenal Albin Dunajewski.

Al principio las hermanas se alojaron en Cracovia en un albergue en la calle Skawińska y se hicieron cargo del cuidado de mujeres sin hogar. En consideración al numeroso desarrollo de la Congregación,  las hermanas abrían otros albergues en el territorio de Polonia. El más antiguo de los albergues que se conservan hasta hoy esta en la calle Krakowska 47, donde el santo hermano Alberto en el ańo 1908, trasladó el albergue principal para las mujeres.

El santo Hermano Alberto al principio dirigía la Congregación directamente. El 7 de abril de 1902 nombró oficialmente a la primera superiora general la hermana Bernardina - María Jabłońska quien por 38 ańos dirigió la comunidad hasta su muerte en el ańo 1940. Durante su servicio cuidó fielmente el carisma del Fundador. Después de la muerte de San Alberto escribió las Constituciones, lo que garantizó la estabilidad legal de la Congregación. En el momento de su muerte la Congregación tenía 56 comunidades y el número de las hermanas era alrededor de 500.   Actualmente la Congregación tiene actividades en 69 comunicades, 63 en Polonia y 16 en el extranjero: Inglaterra, Argentina, Bolivia, Rusia (Siberia) Eslovaquia, Estados Unidos, Ucrania, Vaticano e Italia."


sábado, 3 de junio de 2017

El corazón misericordioso de Jesús


“El mes de junio se caracteriza, de modo particular, por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Celebrar el Corazón de Cristo significa dirigirse hacia el centro íntimo de la persona del Salvador, el centro que la Biblia identifica precisamente con su corazón, sede del amor que ha redimido el mundo.

Si ya el corazón humano representa un misterio insondable que sólo Dios conoce, ¡cuánto más sublime es el Corazón de Jesús, en el que late la vida misma del Verbo! En él, como sugieren las hermosas letanías del Sagrado Corazón, haciéndose eco de las Escrituras, se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, y toda la plenitud de la divinidad.

Para salvar al hombre, víctima de su misma desobediencia, Dios quiso darle un "corazón nuevo", fiel a su voluntad de amor (cf. Jr 31, 33; Ez 36, 26; Sal 50, 12). Este corazón es el Corazón de Cristo, la obra maestra del Espíritu Santo, que comenzó a latir en el seno virginal de María y fue traspasado por la lanza en la cruz, convirtiéndose de este modo, y para todos, en manantial inagotable de vida eterna. Ese Corazón es ahora prenda de esperanza para todo hombre.

¡Cuán necesario es para la humanidad contemporánea el mensaje que brota de la contemplación del Corazón de Cristo! En efecto, ¿de dónde, si no es de esa fuente, podrá sacar las reservas de mansedumbre y de perdón necesarias para resolver los duros conflictos que la ensangrientan?

Al Corazón misericordioso de Jesús quisiera encomendarle hoy de modo especial a cuantos viven en Tierra Santa: judíos, cristianos y musulmanes. Ese Corazón que, colmado de afrentas, no albergó jamás sentimientos de odio y venganza, sino que pidió el perdón para sus asesinos, nos señala el único camino para salir de la espiral de la violencia: el de la pacificación de los ánimos, de la comprensión recíproca y de la reconciliación.

 Junto con el Corazón misericordioso de Cristo veneramos el Corazón inmaculado de María santísima, mediadora de gracia y de salvación.

A ella nos dirigimos con confianza ahora para implorar misericordia y paz para la Iglesia y para el mundo entero.”



jueves, 18 de mayo de 2017

El 18 de mayo de 1920 nacía Karol Jozef Wojtyla



Wadowice una pequeña ciudad casi aldea con una vida cultural intensa, donde todos las fiestas nacionales y religiosas, al igual que aniversarios y jubileos se festejaban como un acontecimiento, tuvo el privilegio de ver nacer el 18 de mayo de 1920 a Karol Jozef Wojtyla.

Wadowice con sus cafés y lugares de encuentro y reuniones. En la parroquia local el joven vicario Figlewicz, un artista Mieczislaw Kotlarczyk es profesor de polaco, tanto uno como otro marcarían la vida de Karol Jozef Wojtyla, continuando su amistad en Cracovia
Habia nacido junto con el milagro polaco, la cercana Cracovia recibía como vencedor al mariscal Jozef Pilsudski, que regresaba de la campaña militar en Ucrania. Después de un siglo de esclavitud, Polonia acababa de reconquistar su libertad.

Hijo de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska, un niño como todos los demás, debió enfrentar el dolor de perder a su madre de pequeño, después a su hermano y a su padre y ser testigo de las injusticias de la persecución en su pueblo natal, un niño que más tarde se convertiría en estudiante aplicado, amigo fiel, apasionado actor y estudioso de la lengua - hasta descubrir su verdadera vacación el sacerdocio - filosofo, escritor, poeta...

"Quien quiera comprender a un poeta, debería ir a su pueblo". Del mismo modo, para comprender la vida y el ministerio de Juan Pablo II, era necesario venir a su ciudad natal. Él mismo confesó que aquí, en Wadowice, "comenzó todo: comenzó la vida, comenzó la escuela, los estudios, comenzó el teatro... y el sacerdocio" (Wadowice, 16 de junio de 1999) decía el Santo Padre Benedicto en su encuentro con la población de Wadowice el 27 de mayo de 2006 en el marco de su viaje a Polonia

Recomiendo leer esa preciosa homilía de Juan Pablo II al visitar su pueblo natal Wadowice el 16 de junio de 1999, donde vuelca sus entrañables afectos y sus conmovedores recuerdos.


(Este es un post ya publicado el 18 de mayo de 2010)

martes, 16 de mayo de 2017

Nuestra Señora de la Salud, “La Lourdes del Oriente”, Vailankanni

Continuando con las peregrinaciones en espíritu durante el Año Mariano 1987-1988 en el Ángelus del 31 de julio de 1988 el Papa Juan Pablo II invitaba a los fieles “visitar” el santuario mariano de la “Virgen de la Salud”, al sur de India,  y recordaba brevemente la historia del templo y la devoción:

“La tradición popular entre los fieles del Tamil Nadu – decia Juan Pablo II - cuenta que, hacia finales del siglo XVI, la Virgen Santa se apareció dos veces con el Niño en brazos a un chico tullido, el cual, para ayudar a su madre viuda y pobre, vendía junto a un árbol bebidas a los pasantes sedientos. La Virgen le pidió un poco de suero de leche para su Niño, y mandó después al chico que fuese a ver a un rico católico del pueblo para decirle que construyese una capilla junto al árbol. Sólo después de haber emprendido una carrera para cumplir el deseo de la bella Señora, el muchacho se dio cuenta de que había sido milagrosamente curado. Se construyó entonces una pequeña capilla con el techo de paja y se colocó en ella una imagen de la Virgen con el Niño en brazos. El pueblo la llamó la "Virgen de la Salud”. Un siglo más tarde, la Virgen se apareció, en la misma región, a navegantes portugueses que, zarandeados por una terrible tempestad habían invocado su nombre. Para cumplir la promesa hecha en el momento del peligro, los navegantes construyeron una iglesia de mampostería en el lugar de la cabaña de paja. Desde entonces el santuario de la "Virgen de la Salud" en Vailankanni se ha convertido en un lugar de peregrinaciones marianas no sólo para los fieles del Tamil Nadu, sino para toda la India.  La "Virgen de la Salud" se celebra cada año el 8 de septiembre Natividad de María, para recordar el día en el que los navegantes, milagrosamente salvados de la tempestad, pudieron llegar a la costa. La fiesta va precedida de una novena de oraciones y atrae hasta dos millones de fieles.
 En reconocimiento de la importancia del santuario, mi predecesor Juan XXIII concedió a la iglesia, en 1962, el título de basílica.
La "Virgen de la Salud", al mismo tiempo que concede la salud a los enfermos y salva a los fieles de los peligros, revela la naturaleza íntima del Padre celestial, que "no es Dios de muertos, sino de vivos" (Mt 22, 32) y de su Hijo que ha "venido para que tengan vida, y la tengan abundante" (Jn 10, 10). Pidamos a la "Virgen de la Salud" de Vailankanni la gracia de acoger la vida divina que su Hijo nos ofrece, y de testimoniar con coherencia la "novedad" y la riqueza de este don para contribuir a que venga el reino de Dios al mundo.
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En su viaje a la India en febrero de 1986 el Papa Juan Pablo II mencionada también este Santuario en su visita a la Basilica de Nuestra Señora del Monte en Bandra :  “Ya antes de venir, he oído hablar muchísimo de la devoción a Nuestra Señora, que es una característica del pueblo de la India. La basílica aquí en Bandra es un símbolo de esto. Además, existen otros santuarios marianos famosos, tales como el de Nuestra Señora de las Gracias en Sardhana, Nuestra Señora de Lourdes en Vijayawada, y Nuestra Señora de la Salud en Vailankanni. Cuando se escriba la historia de la Iglesia en India, este aspecto mariano de vuestras vidas espirituales ocupará un lugar de honor y renombre.

La Basílica de Nuestra Señora de la Salud esta ubicada en la costa sudeste de India, a 10 kms al sur de Nagapattinam y a 350 kms al sur de Chennai, la capital de Tamilnadu.  En el Santuario hay una capilla de adoración perpetua y los sacerdotes están disponibles para el sacramento de la reconciliación durante todo el dia desde la mañana a la noche.  Las oraciones, Misas y Adoracion son en idiomas tamil, malayalam, konkani, telugu, hindi, e ingles. Acuden allí unos 20 millones de peregrinos por año. Comenta el Rector de la Basìlica que losperegrinos acuden a pie desde 100, 200 y también 300 kms. 

sábado, 13 de mayo de 2017

Fátima: “Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz”


“En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados.

Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.”