Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

miércoles, 31 de enero de 2018

La Misericordia Divina en Juan Pablo II de Emilio Garcia Sanchez


La mejor recopilación de los más variados documentos de Karol Wojtyla/Juan Pablo II relacionados con la Divina Misericordia que he encontrado hasta ahora es la tesis doctoral de Emilio Garcia Sanchez titulada “LA MISERICORDIA DIVINA EN JUAN PABLO II”

No solo es una recopilación de referencias y fuentes sino que además, como buena tesis doctoral, analiza, explica y comenta el misterio de la Divina Misericordia que ha acompañado a Karol Wojtyla desde su misma cuna, comenzando en su familia, su niñez y adolescencia en Wadowice, más tarde su nuevo destino en Cracovia.  Se presentan modelos de Misericordia en su vida, escritos relacionados con la Misericordia Divina anteriores al pontificado y luego los documentos, intervenciones y escritos durante el pontificado mismo, con un detallado listado de Cartas encíclicas, exhortaciones apostólicas, cartas apostólicas, cartas, audiencias generales, mensajes y homilías, intervenciones y visitas pastorales y sus libros.

Citadas las fuentes se analiza el concepto de la Misericordia.

Una maravillosa fuente no solo de referencia sino de estudio para quien quiera analizar profundamente el misterio de la Misericordia en Juan Pablo II; de enorme riqueza.   

La tesis es accesible en estos dos enlaces:
  



Y en caso que no funcionaran los enlaces, buscando directamente García SánchezEmilio. La Misericordia Divina en Juan Pablo II se accede facilmente

miércoles, 24 de enero de 2018

Juan Pablo II y el Obispo Oscar Arnulfo Romero


La relación entre el Obispo Romero y Juan Pablo II paso por etapas muy diferentes,  basadas en mala información que el Sumo Pontífice había recibido de la cúpula de la Iglesia salvadoreña. Al Obispo Romero se lo habían presentado como simpatizante de la rama marxista de la teología de la liberación, mientras se ensalzaba el supuesto carácter católico del régimen, mientras el gobierno salvadoreño lo consideraba más bien un obispo de sacristía, alejado de la política. Pero todo dio un vuelco, según  comenta Luis Aranguren en su nuevo libro titulado San Romero de los derechos humanos (publicado por la Editorial San Pablo). Aranguren dice que al obispo se le «cayó la venda», como diría el Obispo mismo, con las matanzas de campesinos y asesinatos de sacerdotes perpetrados por la dictadura militar.

El 14 de octubre de 1984 decía Juan Pablo II en el Ángelus en la Plaza San Pedro. "Una noticia positiva se ha difundido estos días: está previsto para mañana lunes un encuentro del Presidente de la República del Salvador con exponentes de la oposición armada salvadoreña, con el fin de encontrar por medio del diálogo y del negociado, un acuerdo que ponga fin a la guerra civil.
Me siento muy cerca del querido pueblo de El Salvador, probado demasiado tiempo ya por muertos y violencias, y le deseo de corazón que al cabo de tantos sufrimientos llegue por fin a conseguir la paz a que aspira tan intensamente y una convivencia digna del hombre. Invito a todos a orar para que la paz tan deseada vuelva a El Salvador y a todos los otros países del mundo que están atormentados por violencias.

Gian Franco Svidercoschi escribe en su libro “Un Papa no muere” también de la Editorial San Pablo, 

«Reconocer los fracasos de ayer» - escribió el Papa en la Carta Apostólica Tertio millennio adveniente 
– es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy».
A fin de cuentas, también fue un acto de lealtad y de valentía la decisión de Juan pablo II de introducir el nombre de Mons. Oscar Arnulfo Romero en la ceremonia del Coliseo, en la oración por los cristianos que habían dado la vida por amor a Cristo y a sus hermanos en América.  Y esto porque inicialmente, quizás también por la información poco objetiva que se le había mandado, el Papa había tenido alguna reserva sobre el comportamiento del arzobispo de San Salvador, en cuanto a sus famosas denuncias contra el régimen militar.  Pero luego, habiendo conocido bien el caso, apareció su audacia evangélica, su obra en defensa de los pobres, de los perseguidos. Y quedó profundamente impresionado cuando supo que el obispo había sido asesinado ¡sobre el altar!
Por ese mismo motivo, mientras se estaba preparando el viaje a América Central y algunos miembros del CELAM (Consejo episcopal de America Latina) le habían sugerido que no fuera a la tumba de Mons. Romero porque se le consideraba una figura demasiado comprometida políticamente, Wojtyla rechazó de inmediato dicha propuesta.
«En pocas ocasiones – contaba el padre Roberto Tucci – vi al Papa reaccionar con tanta fuerza. Dijo: No el Papa tiene que ir; se trata de un obispo que fue herido recisamente en el corazón de su ministerio pastoral, durante la celebración de la santa Misa”. Y diciendo estas palabras, como para hacerse entender mejor, dio un golpe sobre la mesa.
Más tarde cuando llegó a El Salvador, Juan Pablo II se encontró con que el gobierno había prohibido la visita a la tumba, y para impedírselo, incluso había hecho atrancar la puerta de la catedral. «Pero el Papa – contaba también el padre Tucci, fue inamovible, y pidió qu se buscara al llae para poder abrir. Esperamos un poco, en la plaza no había un alma, ya que había sido despejada por la policía de modo que aquí no hubiera acogida al Papa, y finalmente el Papa pudo entrar, rezó largo tiempo sobre la tumba de Romero y pronunció una palabras muy bellas sobre el ministerio de este obispo que había sido martirizado»
En su visita a laCatedral expresó Juan Pablo II: “Reposan dentro de sus muros los restos mortales de monseñor Oscar Arnulfo Romero, celoso Pastor a quien el amor de Dios y el servicio a los hermanos condujeron hasta la entrega misma de la vida de manera violenta, mientras celebraba el Sacrificio del perdón y reconciliación.”

Mons. Oscar Arnulfo Romero había nacido el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel.     El 24 de marzo de 1980 fue asesinado de un disparo celebrando la Santa Misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia.
El 4 de septiembre de 2015 fue beatificado en una ceremonia en la Plaza Salvador del Mundo, en la ciudad de San Salvador ante una presencia de mas de 300.000 personas, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, enviado especial del Papa Francisco.  
El proceso para la beatificación había comenzado el 24 de marzo de 1990, pero la solicitud formal fue presentada el 12 de mayo de 1994.   Tras concluir la fase diocesana en noviembre de 1996, un año después la Santa Sede aceptó la causa como válida, pero después quedo estancada. Fue recién en 2005 cuando la Congregación para la Causa de los Santos dio el visto bueno para que continuase el proceso. El Papa Francisco se reunió con el Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Cardenal Angelo Amato, para aprobar el Decreto que el 9 de Enero de 2015, nombrando a  Monseñor como Mártir In Odium Fidei (En Odio a la Fe).



sábado, 20 de enero de 2018

Papa Francisco : Estar unidos como comunidad


“Estas tierras tienen sabor a Evangelio. Todo el entorno que nos rodea, con este inmenso mar de fondo, nos ayuda a comprender mejor la vivencia que los apóstoles tuvieron con Jesús; y hoy, también nosotros, estamos invitados a vivirla. Me alegra saber que han venido desde distintos lugares del norte peruano para celebrar esta alegría del Evangelio.
Los discípulos de ayer, como tantos de ustedes hoy, se ganaban la vida con la pesca. Salían en barcas, como algunos de ustedes siguen saliendo en los «caballitos de totora», y tanto ellos como ustedes con el mismo fin: ganarse el pan de cada día. En eso se juegan muchos de nuestros cansancios cotidianos: poder sacar adelante a nuestras familias y darles lo que las ayudará a construir un futuro mejor.
Esta «laguna con peces dorados», como la han querido llamar, ha sido fuente de vida y bendición para muchas generaciones. Supo nutrir los sueños y las esperanzas a lo largo del tiempo.
Ustedes, al igual que los apóstoles, conocen la bravura de la naturaleza y han experimentado sus golpes. Así como ellos enfrentaron la tempestad sobre el mar, a ustedes les tocó enfrentar el duro golpe del «Niño costero», cuyas consecuencias dolorosas todavía están presentes en tantas familias, especialmente aquellas que todavía no pudieron reconstruir sus hogares. También por esto quise estar y rezar aquí con ustedes.
A esta eucaristía traemos también ese momento tan difícil que cuestiona y pone muchas veces en duda nuestra fe. Queremos unirnos a Jesús. Él conoce el dolor y las pruebas; Él atravesó todos los dolores para poder acompañarnos en los nuestros. Jesús en la cruz quiere estar cerca de cada situación dolorosa para darnos su mano y ayudar a levantarnos. Porque Él entró en nuestra historia, quiso compartir nuestro camino y tocar nuestras heridas. No tenemos un Dios ajeno a lo que sentimos y sufrimos, al contrario, en medio del dolor nos entrega su mano.
Estos sacudones cuestionan y ponen en juego el valor de nuestro espíritu y de nuestras actitudes más elementales. Entonces nos damos cuenta de lo importante que es no estar solos sino unidos, estar llenos de esa unión que es fruto del Espíritu Santo...

El alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad, para mantener viva la esperanza. Con esa actitud dan el mayor testimonio evangélico. El Señor nos dice: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35). Porque la fe nos abre a tener un amor concreto, no de ideas, concreto, de obras, de manos tendidas, de compasión; que sabe construir y reconstruir la esperanza cuando parece que todo se pierde. Así nos volvemos partícipes de la acción divina, esa que nos describe el apóstol Juan cuando nos muestra a Dios que enjuga las lágrimas de sus hijos. Y esta tarea divina Dios la hace con la misma ternura que una madre busca secar las lágrimas de sus hijos. Qué linda pregunta la que nos puede hacer el Señor a cada uno de nosotros al final del día: ¿cuántas lágrimas has secado hoy?...”


(Papa Francisco Homilia Explanada de la playa de Huanchaco (Trujillo), 20 de enero 2018)


Papa Francisco: Busquen sus raíces y abran los ojos a lo novedoso

“Algunos de ustedes, jóvenes que nos acompañan, proceden de las comunidades nativas. Con tristeza ven la destrucción de los bosques. Sus abuelos les enseñaron a descubrirlos, en ellos encontraban su alimento y la medicina que los sanaba - lo representaron bien al principio aquí-. Hoy son devastados por el vértigo de un progreso mal entendido. Los ríos que acogieron sus juegos y les regalaron comida hoy están enlodados, contaminados, muertos.



 Jóvenes, no se conformen con lo que está pasando. No renuncien al legado de sus abuelos, no renuncien a su vida ni a sus sueños. Me gustaría estimularlos a que estudien; prepárense, aprovechen la oportunidad que tienen para formarse, esta oportunidad que les da esta Fundación Apronia. El mundo los necesita a ustedes, jóvenes de los pueblos originarios, y los necesita no disfrazados sino tal y cual son. No disfrazados de ciudadanos de otro pueblo, no, como son ustedes, así los necesitamos.
 ¡No se conformen con ser el vagón de cola de la sociedad, enganchados y dejándose llevar! No, no, nunca sean vagón de cola. Los necesitamos como motor, empujando. Y les recomiendo una cosa, escuchen a sus abuelos, valoren sus tradiciones, no frenen su curiosidad. Busquen sus raíces y, a la vez, abran los ojos a lo novedoso, sí… y hagan su propia síntesis. Devuélvannos al mundo lo que aprenden porque el mundo los necesita originales, como realmente son, no como imitaciones. Los necesitamos auténticos, jóvenes orgullosos de pertenecer a los pueblos amazónicos y que aportan a la humanidad una alternativa de vida verdadera. Amigos, nuestras sociedades tantas veces, necesitan corregir el rumbo y ustedes, los jóvenes de los pueblos originarios —estoy seguro—, pueden ayudar muchísimo con este reto, sobre todo enseñándonos un estilo de vida que se base en el cuidado y no en la destrucción de todo aquello que se oponga a nuestra avaricia.”

(papa Francisco Visita al Hogar “El Principito”, Puerto Maldonado, 19 de enero 2018)

Papa Francisco: La cultura del descarte

“Queridos hermanos, lo primero que me gustaría transmitirles —y lo quiero hacer con fuerza— es que ¡esta no es una tierra huérfana, es la tierra de la Madre! Y, si hay madre, hay hijos, hay familia y hay comunidad. Y donde hay madre, familia y comunidad, no podrán desaparecer los problemas, pero seguro que se encuentra la fuerza para enfrentarlos de una manera diferente.
Es doloroso constatar cómo hay algunos que quieren apagar esta certeza y volver a Madre de Dios una tierra anónima, sin hijos, una tierra infecunda. Un lugar fácil de comercializar y explotar. Por eso nos hace bien repetir en nuestras casas, comunidades y en lo hondo del corazón de cada uno: ¡Esta no es una tierra huérfana! ¡Tiene Madre! Esta buena noticia se va transmitiendo de generación en generación gracias al esfuerzo de tantos que comparten este regalo de sabernos hijos de Dios y nos ayuda a reconocer al otro como hermano.


En varias ocasiones me he referido a la cultura del descarte. Una cultura que no se conforma solamente con excluir, como estábamos acostumbrados a ver, sino que avanzó silenciando, ignorando y desechando todo lo que no le sirve a sus intereses; pareciera que el consumismo alienante de algunos no logra dimensionar el sufrimiento asfixiante de otros. Es una cultura anónima, sin lazos y sin rostros, la cultura del descarte. Es una cultura sin madre que lo único que quiere es consumir. Y la tierra es tratada dentro de esta lógica. Los bosques, ríos y quebradas son usados, utilizados hasta el último recurso y luego dejados baldíos e inservibles. Las personas son tratadas también con esta lógica: son usadas hasta el cansancio y después dejadas como «inservibles». Esta es la cultura del descarte, se descarta a los chicos, se descarta a los ancianos. Allí, saliendo, cuando hice el recorrido hay una abuela de 97 años, ¿vamos a descartar a la abuela, qué les parece? No, porque la abuela es la sabiduría de un pueblo. ¡Un aplauso a la abuela de 97 años!
Pensando en estas cosas permítanme detenerme en un tema doloroso. Nos acostumbramos a utilizar el término «trata de personas». Al llegar a Puerto Maldonado, en el aeropuerto vi un cartel que me llamó la atención gratamente: “Está atento contra la trata”. Se ve que están tomando conciencia. Pero en realidad deberíamos hablar de esclavitud: esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual, esclavitud para el lucro. Duele constatar cómo en esta tierra, que está bajo el amparo de la Madre de Dios, tantas mujeres son tan desvaloradas, menospreciadas y expuestas a un sinfín de violencias. No podemos «naturalizar» la violencia, tomarla como algo natural. No, no se naturaliza la violencia hacia las mujeres, sosteniendo una cultura machista que no asume el rol protagónico de la mujer dentro de nuestras comunidades. No nos es lícito mirar para otro lado, hermanos, y dejar que tantas mujeres, especialmente adolescentes sean «pisoteadas» en su dignidad.
Varias personas han emigrado hacia la Amazonia buscando techo, tierra y trabajo. Vinieron buscando un futuro mejor para sí mismas y para sus familias. Abandonaron sus vidas humildes, pobres pero dignas. Muchas de ellas, por la promesa de que determinados trabajos pondrían fin a situaciones precarias, se basaron en el brillo prometedor de la extracción del oro. Pero no olvidemos que el oro se puede convertir en un falso dios que exige sacrificios humanos.
Los falsos dioses, los ídolos de la avaricia, del dinero, del poder lo corrompen todo. Corrompen la persona y las instituciones, también destruyen el bosque. Jesús decía que hay demonios que, para expulsarlos, exigen mucha oración. Este es uno de ellos. Los animo a que se sigan organizando en movimientos y comunidades de todo tipo para ayudar a superar estas situaciones; y también a que, desde la fe, se organicen como comunidades eclesiales de vida en torno a la persona de Jesús. Desde la oración sincera y el encuentro esperanzado con Cristo podremos lograr la conversión que nos haga descubrir la vida verdadera. Jesús nos prometió vida verdadera, vida auténtica, vida eterna. No vida ficticia, como las falsas promesas deslumbrantes que, prometiendo vida, terminan llevándonos a la muerte.”

(Papa Francisco en su encuentro con la población, Instituto Jorge Basadre Grohmann, Puerto Maldonado 19 de enero 2018)




jueves, 18 de enero de 2018

Papa Francisco: No tengamos miedo a «dar una mano»

“Hermanos, Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas. Gente que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son imagen de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida.

Esta tierra es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad. Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16,19-31).

Como María en Caná, busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar; Los tristes de corazón. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir: «no tienen vino». El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos: no tienen vino, Señor.
Como los servidores de la fiesta aportemos lo que tengamos, por poco que parezca. Al igual que ellos, no tengamos miedo a «dar una mano», y que nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la justicia sean parte del baile o la canción que podamos entonarle a nuestro Señor. Aprovechemos también a aprender y a dejarnos impregnar por los valores, la sabiduría y la fe que los inmigrantes traen consigo. Sin cerrarnos a esas «tinajas» llenas de sabiduría e historia que traen quienes siguen arribando a estas tierras. No nos privemos de todo lo bueno que tienen para aportar.”

(Homilia Papa Francisco en la Santa Misa de la Virgen del Carmen, Campus Lobito, Iquique,  y Oración por Chile)

Papa Francisco: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

“…creo que ustedes tienen un gran santo que les puede hacer de guía, un santo que iba cantando con su vida: «contento, Señor, contento». Hurtado tenía una regla de oro, una regla para encender su corazón con ese fuego capaz de mantener viva la alegría. Porque Jesús es ese fuego al cual quien se acerca queda encendido.

Y la contraseña de Hurtado para reconectar, para mantener la señal es muy simple —seguro que ninguno de ustedes trajo un teléfono, ¿no? Me gustaría que la anotaran en el teléfono, a ver si se animan, yo se las dicto–.   Hurtado se pregunta –esta es la contraseña–: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Los que pueden anótenlo: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». «¿Qué haría Cristo en mi lugar, en la escuela, en la universidad, en la calle, en la casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Esa es la contraseña, esa es la batería para encender nuestro corazón y encender la fe y encender la chispa en los ojos que no se les vaya. Eso es ser protagonistas de la historia. Ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y de alegría. Protagonistas de la historia, porque queremos contagiar esa chispa en tantos corazones apagados, opacos que se olvidaron de lo que es esperar; en tantos que son «fomes» y esperan que alguien los invite y los desafíe con algo que valga la pena. Ser protagonistas es hacer lo que hizo Jesús. Allí donde estés, con quien te encuentres y a la hora en que te encuentres: «¿Qué haría Jesús en mi lugar?». ¿Cargaron la contraseña? (Los jóvenes responde: “Sí”). Y la única manera de no olvidarse de la contraseña es usarla, sino no va a pasar lo que… –claro esto es de mi época, no de la de ustedes, pero por ahí saben algo–, lo que les pasó a los tres chiflados en aquel film que arman un asalto, un robo, una caja fuerte, todo pensado, todo, y cuando llegan se olvidaron de la contraseña, se olvidaron de la clave. Si no usan la contraseña se la van a olvidar. ¡Cárguenla en el corazón! ¿Cómo era la contraseña? (R: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?») Esa es la contraseña. ¡Repítanla, pero úsenla, úsenla! –¿Qué haría Cristo en mi lugar?–. Y hay que usarla todos los días. Llegará el momento que se la van a saber de memoria y llegará el día en que, sin darse cuenta, y llegará el día en que, sin darse cuenta, el corazón de cada uno de ustedes latirá como el corazón de Jesús.”

(Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes, Santuario Nacional de Maipù, 17 de enero de 2018)


Papa Francisco: No confundir unidad con uniformidad

“Una de las principales tentaciones a enfrentar es confundir unidad con uniformidad. Jesús no le pide a su Padre que todos sean iguales, idénticos; ya que la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizadora. La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás. La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o culturas inferiores. Un bello «chamal» requiere de tejedores que sepan el arte de armonizar los diferentes materiales y colores; que sepan darle tiempo a cada cosa y a cada etapa. Se podrá imitar industrialmente, pero todos reconoceremos que es una prenda sintéticamente compactada. El arte de la unidad necesita y reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los «talleres» de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes. No es un arte de escritorio la unidad, ni tan solo de documentos, es un arte de la escucha y del reconocimiento. En eso radica su belleza y también su resistencia al paso del tiempo y de las inclemencias que tendrá que enfrentar.

La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos, que no significa tan sólo «recibir información sobre los demás… sino recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros»[3]. Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia; esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad.”

(De la Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa por el progreso de los  pueblos, aeródromo Maquehue, Temuco – 17 de enero de 2018)



(15-22 DE ENERO DE 2018)




Papa Francisco: El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra

“…ahora me viene al corazón la frase de Jesús: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra» (Jn 8,7). ¡La conocéis bien! ¿Y saben qué suelo hacer yo en los sermones cuando hablo de que todos tenemos algo adentro o por debilidad, o porque siempre caemos, o lo tenemos muy escondido? Le digo a la gente: A ver, todos somos pecadores, todos tenemos pecados. No sé, ¿acá hay alguno que no tiene pecados?. Levante la mano. Ninguno se anima a levantar la mano.  Él nos invita, Jesús, a dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos, para ingresar en esa otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, los límites e incluso el pecado, para ayudarnos a salir adelante…
…Estar privadas de la libertad… no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanzas. Es verdad, es muy duro, es doloroso, pero no quiere decir perder la esperanza, no quiere decir dejar de soñar. Ser privado de la libertad no es lo mismo que el estar privado de la dignidad, no, no es lo mismo. La dignidad no se toca a nadie, se cuida, se custodia, se acaricia. Nadie puede ser privado de la dignidad. Ustedes están privadas de la libertad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo. Como dice el tango argentino: “dale que va, que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar..”. No es todo lo mismo, no es todo lo mismo. Queridas hermanas, ¡no! Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor —aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto— siempre dará fruto y se verá recompensado..”

(Papa Francisco  en su breve visita al Centro Penitenciario Femenino, Santiago de Chile, 16 de enero de 2018)

miércoles, 17 de enero de 2018

La dormición de la Madre de Dios

La imagen más antigua conocida de María, sosteniendo a Jesús niño. Datada del siglo II,67​ Catacumbas de PriscilaRoma  - Wikipedia 

Sobre la conclusión de la vida terrena de María, el Concilio cita las palabras de la bula de definición del dogma de la Asunción y afirma: «La Virgen inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo» (Lumen gentium, 59). Con esta fórmula, la constitución dogmática Lumen gentium, siguiendo a mi venerado predecesor Pío XII, no se pronuncia sobre la cuestión de la muerte de María. Sin embargo, Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios.

En realidad, algunos teólogos han sostenido que la Virgen fue liberada de la muerte y pasó directamente de la vida terrena a la gloria celeste. Sin embargo, esta opinión era desconocida hasta el siglo XVII, mientras que, en realidad, existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste.

 ¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre. En este sentido razonaron los Padres de la Iglesia, que no tuvieron dudas al respecto. Basta citar a Santiago de Sarug († 521), según el cual «el coro de los doce Apóstoles», cuando a María le llegó «el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones», es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar «el cuerpo virginal de la Bienaventurada » (Discurso sobre el entierro de la santa Madre de Dios, 87-99 en C. Vona, Lateranum 19 [1953], 188). San Modesto de Jerusalén († 634), después de hablar largamente de la «santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios», concluye su «encomio», exaltando la intervención prodigiosa de Cristo, que «la resucitó de la tumba» para tomarla consigo en la gloria (Enc. in dormitionem Deiparae semperque Virginis Mariae, nn. 7 y 14: PG 86 bis, 3.293; 3.311). San Juan Damasceno († 704), por su parte, se pregunta: «¿Cómo es posible que aquella que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?». Y responde: «Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, él muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección» (Panegírico sobre la dormición de la Madre de Dios, 10: SC 80, 107).

 Es verdad que en la Revelación la muerte se presenta como castigo del pecado. Sin embargo, el hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación.
María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad. También para ella vale lo que Severo de Antioquía afirma a propósito de Cristo: «Si no se ha producido antes la muerte, ¿cómo podría tener lugar la resurrección?» (Antijuliánica, Beirut 1931, 194 s.). Para participar en la resurrección de Cristo, María debía compartir, ante todo, la muerte.

 El Nuevo Testamento no da ninguna información sobre las circunstancias de la muerte de María. Este silencio induce a suponer que se produjo normalmente, sin ningún hecho digno de mención. Si no hubiera sido así, ¿cómo habría podido pasar desapercibida esa noticia a sus contemporáneos, sin que llegara, de alguna manera, hasta nosotros?
Por lo que respecta a las causas de la muerte de María, no parecen fundadas las opiniones que quieren excluir las causas naturales. Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo. A este propósito, san Francisco de Sales considera que la muerte de María se produjo como efecto de un ímpetu de amor. Habla de una muerte «en el amor, a causa del amor y por amor», y por eso llega a afirmar que la Madre de Dios murió de amor por su hijo Jesús (Traité de l’Amour de Dieu, Lib. 7, cc. XIII-XIV).
Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una «dormición».
 Algunos Padres de la Iglesia describen a Jesús mismo que va a recibir a su Madre en el momento de la muerte, para introducirla en la gloria celeste. Así, presentan la muerte de María como un acontecimiento de amor que la llevó a reunirse con su Hijo divino, para compartir con él la vida inmortal. Al final de su existencia terrena habrá experimentado, como san Pablo y más que él, el deseo de liberarse del cuerpo para estar con Cristo para siempre (cf. Flp 1, 23).
La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida.

sábado, 13 de enero de 2018

El fundamento de la santidad de Maria: su profunda humildad

(Paolo de Matteis Anunciacion - Wikipedia)

La profunda fe de la Virgen en las palabras de Dios se refleja con nitidez en el cántico del Magnificat:  "Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava" (Lc 1, 46-48).

Con este canto María muestra lo que constituyó el fundamento de su santidad:  su profunda humildad. Podríamos preguntarnos en qué consistía esa humildad. A este respecto, es muy significativa la "turbación" que le causó el saludo del ángel:  "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28). Ante el misterio de la gracia, ante la experiencia de una presencia particular de Dios que fijó su mirada en ella, María experimenta un impulso natural de humildad (literalmente de "humillación"). Es la reacción de la persona que tiene plena conciencia de su pequeñez ante la grandeza de Dios. María se contempla en la verdad a sí misma, a los demás y el mundo.

Su pregunta:  "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?" (Lc 1, 34) fue ya un signo de humildad. Acababa de oír que concebiría y daría a luz un niño, el cual reinaría sobre el trono de David como Hijo del Altísimo. Desde luego, no comprendió plenamente el misterio de esa disposición divina, pero percibió que significaba un cambio total en la realidad de su vida. Sin embargo, no preguntó:  "¿Será realmente así? ¿Debe suceder esto?". Dijo simplemente:  "¿Cómo será eso?". Sin dudas ni reservas aceptó la intervención divina que cambiaba su existencia. Su pregunta expresaba la humildad de la fe, la disponibilidad a poner su vida al servicio del misterio divino, aunque no comprendiera cómo debía suceder.

Esa humildad de espíritu, esa sumisión plena en la fe se expresó de modo especial en su fiat:  "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Gracias a la humildad de María pudo cumplirse lo que cantaría después en el Magnificat:  "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:  su nombre es santo" (Lc 1, 48-49).

A la profundidad de la humildad corresponde la grandeza del don. El Poderoso realizó por ella "grandes obras" (Lc 1, 49), y ella supo aceptarlas con gratitud y transmitirlas a todas las generaciones de los creyentes. Este es el camino hacia el cielo que siguió María, Madre del Salvador, precediendo en él a todos los santos y beatos de la Iglesia.




viernes, 12 de enero de 2018

Comentarios del Profesor Seifert a la «Relectura de Humanae Vitae» del P. Chiodi


Nota: El siguiente texto es una declaración redactada por el profesor Josef Seifert, célebre filósofo austríaco y cofundador de la Academia Internacional de Filosofía (IAP), fiel colaborador de Juan Pablo II,  elegido por JPII como miembro vitalicio ordinario de la Pontificia Academia de la Vida (cargo que termino con la destitución de todos los miembros de la PAV en 2016)
El 14 de diciembre de 2017, el profesor P. Maurizio Chiodi pronunció, en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, un discurso titulado «Relectura de Humanae Vitae (1968) a la luz de Amoris Laetitia (2016. Ha sido nombrado como nuevo miembro de la PAV, la Pontificia Academia para la Vida, fundada por el Papa Juan Pablo II para explicar y defender las verdades que la Iglesia enseña sobre la vida humana en Humanae Vitae y otros documentos. Sin embargoChiodi no sólo rechaza abiertamente la enseñanza moral de la Iglesia acerca de la anticoncepción, magníficamente enunciada en Humanae Vitae, según la cual existe un vínculo maravilloso y profundo entre la unión conyugal amorosa y la procreación, por lo que todo acto de anticoncepción que establezca una separación entre el significado unitivo y procreador del acto conyugal es intrínsecamente malo en cualquier situación. Además de negar estas enseñanzasChiodi afirma que la anticoncepción es incluso obligatoria moralmente en ciertas circunstancias. En su opinión, la paternidad responsable puede obligar a un matrimonio a aplicar métodos artificiales de control de la natalidad.
Podría parecer así que el P. Chiodi pretende responder a dos de las cinco famosas dubia. La respuesta tácita de Chiodi podría formularse así: «No existen, en efecto, actos humanos que sean intrínsecamente malos en todas las circunstancias».
Chiodi invoca la exhortación apostólica del papa Francisco sobre la familia, Amoris Laetitia, como nuevo modelo y paradigma de la teología moral, que suprime el concepto (expuesto de forma solemne y magisterial en Humanae VitaeFamiliaris Consortio y Veritatis Splendor) de que la anticoncepción es un acto humano intrínsecamente malo, en todo lugar y en todo momento. Chiodi añade, en radical y directa contradicción con la enseñanza del Magisterio de la Iglesia contenida en Humanae Vitae, en virtud de la cual existen «circunstancias –me refiero al capítulo 8 de Amoris Laetitia– en las que, precisamente por motivos de responsabilidad, exigen la anticoncepción.» Chiodi señaló que «cuando los métodos naturales resulten imposibles o inviables, es preciso encontrar nuevas formas de responsabilidad».
(Leer completo en InfoCatolica)

jueves, 11 de enero de 2018

Opción preferencial por los pobres




“Quiero deciros desde el primer momento que admiro y aliento de todo corazón el trabajo abnegado de los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que, a ejemplo de Jesús y en comunión con toda la Iglesia, están dedicados a vuestro servicio y ayuda; dando testimonio de Cristo que, siendo rico se hizo pobre libremente, nació en la pobreza de un pesebre, anunció la liberación a los pobres, se identificó con los humildes, los hizo sus discípulos y les prometió su reino. Como lo expresé recientemente a vuestros obispos, la Iglesia quiere mantener su opción preferencial, no excluyente, por los pobres, y apoya el empeño de cuantos, fieles a las orientaciones de la jerarquía, se entregan generosamente en favor de los más necesitados (Cf.. IOANNIS PAULI PP. II Allocutio ad quosdam Peruviae Episcopos occasione oblata eorum visitationis «ad Limina», die 4 oct. 1984: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VII, 2 (1984) 737 ss.).”


martes, 9 de enero de 2018

Juan Manuel Burgos: Para comprender a Karol Wojtyla (6 de 6)



1.5 El camino truncado: la filosofía interpersonal y social
Concluida la magna obra de Persona y acción, Wojtyla comenzó a adentrarse hacia un nuevo tema anunciado en el último capítulo de este libro, titulado Apuntes para una teoría de la participación, la filosofía interpersonal y social. Una vez comprendido a fondo qué es una persona y cuáles son sus estructuras internas, sus rasgos determinativos, Wojtyla quería avanzar hacia la interrelación de las personas. En primer lugar, hacia la relación yo-tú, la relación interpersonal por excelencia y, dando un paso más, hacia el nosotros, hacia las estructuras sociales colectivas.
Algunos han entendido que este camino intelectual supondría que Karol Wojtyla habría infravalorado la importancia de la interpersonalidad o que incluso tendría una visión algo individualista del sujeto humano, pero esta perspectiva carece de toda lógica. Recordemos, sin ir más lejos, que Amor y responsabilidad es un estudio sobre el amor entendido como relación interpersonal entre el hombre y la mujer. Lo que ocurre es que la potencia intelectual de Amor y responsabilidadno es comparable a la de Persona y acción y, en esta obra, no encontramos un tratamiento sistemático de la interpersonalidad (aunque sí los apuntes finales que hemos mencionado). ¿Por qué?
El asunto no es ningún misterio ya que el mismo Wojtyla lo explica respondiendo a una crítica en este sentido que le planteó L. Kuc en un debate realizado en Polonia sobre Persona y acción. “En la discusión que se publicó en ‘Analecta Cracoviensia’ (…) se presentó una contrapropuesta a Persona y acción tanto en su contenido como en el método. Según el planteamiento de esta contrapropuesta, el conocimiento fundamental del hombre en cuanto persona es lo que emerge en su relación con otras personas. El autor aprecia el valor de este tipo de conocimiento, sin embargo, después de repensar los contraargumentos sigue manteniendo la posición de que el conocimiento básico del sujeto en sí mismo (de la persona mediante la acción) abre un camino para comprender en profundidad la intersubjetividad humana. Sin categorías como la ‘auto-posesión’ y ‘auto-dominio’ nunca llegaremos a comprender a la persona en su relación con otras personas en la medida adecuada”[26]. En definitiva, Wojtyla entiende que sólo podemos comprender a fondo al ‘tú’ si primero entendemos al “yo”, porque, para nosotros, el tú es un “otro yo”, en el sentido de alguien similar a mí, pero yo no puedo penetrar en su interioridad como penetro en la mía y, por eso, solo a través de un análisis profundo de mi interioridad, de mi estructura como persona, voy a poder llegar a entender realmente cuál es la estructura del tú, pero no al revés. Por eso, si bien Wojtyla ya había afrontado el tema de la interpersonalidad en Amor y responsabilidad, ahora desea volver de nuevo sobre él desde la altura conceptual y metodológica alcanzada en Persona y acción.
Los desarrollos más interesantes sobre esta cuestión se encuentran expuestos en el importante artículo: La persona: sujeto y comunidad[27]. Wojtyla parte en este texto del dato de la persona-sujeto, y estudia cómo se constituye de modo más pleno a través de la relación interpersonal utilizando el instrumento metodológico que tanto resultado le dio en Persona y acción: la revelación de la persona a través de la acción. Ahora lo que va a indagar, en dos momentos, es cómo la acción interpersonal repercute en los sujetos y construye las realidades interpersonales. El primero lo constituye la relación Yo-tú, la dimensión interpersonal de la comunidad. Su idea básica es que el yo se constituye como sujeto (no como suppositum) a través del tú y, por eso, el tú no es sólo la expresión de una separación sino la constitución de una unidad. La versión negativa o enferma de esta relación es la alienación, concepto muy en boga en esos momentos por la influencia marxista, que analiza en otros lugares[28]. El segundo momento es la constitución del “nosotros” o dimensión social de la comunidad, que va más allá de la mera relación entre dos personas. Wojtyla entiende que existe, de algún modo, un sujeto colectivo diferente de los sujetos individuales, y para caracterizarlo realiza una nueva transferencia metodológica de los resultados de Persona y acción. Lo que busca, en este caso, es que ese “nosotros” no se convierta en una entidad opaca y abstracta y, para lograrlo, trasfiere la idea de subjetividad personal –que evitaba ese problema en la antropología individual- al “nosotros” colectivo, dotándole de una cierta interioridad, personalidad o subjetividad social[29].
En este marco de reflexión encontramos también en este último periodo artículos importantes sobre la familia entendida como “communio personarum”[30], sobre la cultura[31], etc., lo que refuerza nuestra tesis de que, Wojtyla, una vez sentados los fundamentos antropológicos y éticos, estaba desplazando su atención al tratamiento de la interpersonalidad y de la filosofía social. Pero no hubo lugar para más.  Su elección como Papa dio fin a la aventura filosófica de Karol Wojtyla.


sábado, 6 de enero de 2018

"Entraron en la casa… vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron"

(Imagen de Wikipedia
La adoracion de los reyes - El Greco 


Los reyes ante el Rey para aprender el estilo de Dios

“Entraron en la casa (sobre  la  que  se  había detenido la estrella), vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). El camino exterior de aquellos hombres terminó. Llegaron a la meta. Pero en este punto comienza un nuevo camino para ellos, una peregrinación interior que cambia toda su vida….

El nuevo Rey ante el que se postraron en adoración era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de como acostumbramos a imaginarlo.
Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos. Debían cambiar su idea sobre el poder, sobre Dios y sobre el hombre y así cambiar también ellos mismos. Ahora habían visto:  el poder de Dios es diferente del poder de los grandes del mundo. Su modo de actuar es distinto de como lo imaginamos, y de como quisiéramos imponerlo también a él. En este mundo, Dios no le hace competencia a las formas terrenales del poder. No contrapone sus ejércitos a otros ejércitos. Cuando Jesús estaba en el Huerto de los olivos, Dios no le envía doce legiones de ángeles para ayudarlo (cf. Mt 26, 53). Al poder estridente y prepotente de este mundo, él contrapone el poder inerme del amor, que en la cruz -y después siempre en la historia- sucumbe y, sin embargo, constituye la nueva realidad divina, que se opone a la injusticia e instaura el reino de Dios. Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios. “



viernes, 5 de enero de 2018

Juan Manuel Burgos: Para comprender a Karol Wojtyla (5 de 6)



1.4 Persona y acción (1969)
Persona y acción[22] es sin duda su obra maestra y un escrito riquísimo que puede interpretarse desde dos puntos de vista. El primero lo percibe como la deriva natural de sus investigaciones éticas que le fueron conduciendo poco a una convicción profunda: la ética necesitaba un poderoso sustrato antropológico. La cuestión era diáfana. No era posible elaborar una concepción potente de la moral, es decir, del bien de la persona, sin tener, simultáneamente, una concepción antropológica igualmente potente de la persona ya que ambas –aún manteniendo la originalidad epistemológica de la ética- se coimplican muy profundamente. Y esto significaba que el repensamiento de la ética que Wojtyla había comenzado sólo podía llevarse a cabo de manera radical a través de un repensamiento de la antropología. Si no, el proyecto quedaría inconcluso.

Pero hay también una segunda lectura posible de Persona y acción o bien, si se prefiere, una radicalización de esta primera. Junto a la necesidad de construir una antropología potente y novedosa, en la mente de Wojtyla se afirmaba también cada vez con más fuerza la necesidad de unificar tomismo y fenomenología. Sólo de la fusión de ambas podía surgir la filosofía del futuro ya que ambas se complementaban. Una de ellas proporcionaba la base realista y ontológica sobre la que se podía construir una sólida visión del ser humano, y la otra proporcionaba la conexión con los temas que había aportado la filosofía moderna –yo, autoconciencia, subjetividad, etc.- y que, desactivada la espoleta idealista, no solo podían sino que debían ser integrados en la filosofía ya que, de otro modo, esta quedaría incompleta y por debajo de la altura de los tiempos. ¿Y qué mejor oportunidad para afrontar ese proyecto que la búsqueda de una nueva fundamentación antropológica? De este modo, ambos proyectos se acabaron unificando. Persona y acción, por tanto, responde a un doble objetivo: solventar una necesidad de sus investigaciones éticas y fundir tomismo y fenomenología en una nueva formulación antropológica de cuño personalista. Wojtyla afrontó el tema con su característica radicalidad y profundidad que, por otro lado, era imprescindible, pues no pretendía meramente innovar, sino refundar la arquitectura de la antropología con sus correspondientes conceptos. Por eso, Persona y acción es una empresa titánica.

Algunas de las principales novedades temáticas de este texto –sobre el que volveremos con más detalle en el cap. 4- son las siguientes:

1. Wojtyla pretende llegar a la persona a través de la acción; es la acción la que revele a la persona, y no al revés. Esta cambio de perspectiva está fundado en su concepción dinámica de la persona, en la conexión intrínseca entre la persona y la acción que realiza, pero al mismo tiempo le va a servir para reestructurar con más libertad la antropología puesto que al no seguir el camino clásico ni el fenomenológico se desembaraza con más facilidad de los conceptos y estructuras propios de esas concepciones.
2. El concepto de experiencia es muy rico en Wojtyla, y un aspecto particularmente interesante es su empleo como instrumento metodológico para acercar, integrar y superar las posiciones enfrentadas del objetivismo (verdad sin sujeto) y de la filosofía de la conciencia (sujeto sin verdad). “Me atrevería a decir aquí que la experiencia del hombre con la característica escisión del aspecto interior y exterior se encuentra en la raíz de la división de esas dos potentes corrientes de pensamiento filosófico, la corriente objetiva y la subjetiva, la filosofía del ser y la filosofía de la conciencia”. Por eso, “se debe generar la convicción de que, en lugar de absolutizar cualquiera de los dos aspectos de la experiencia del hombre, es necesario buscar su recíproca interrelación”[23].
3. El proyecto de integración antropológico que supone Persona y acto incluye una transición del actus humanus tomista al acto de la persona, en el que se integran todas las dimensiones antropológicas del sujeto.
4. La conciencia se extiende del mero conocimiento de las propias acciones (posición clásica) a la vivencia de tales acciones (modernidad). Una muestra más de su proyecto de integración entre clasicismo y modernidad en la estructura de la persona.
5. Uno de las grandes contribuciones de Persona y accion es la tematización de la subjetividad. Wojtyla intenta formalizar intelectualmente su vívida percepción de la interioridad del sujeto, una cuestión que se retrotrae a su primer encuentro con la filosofía en el que se enfrentaron su sensibilidad poético-literaria y el objetivismo tomista. Aquí, la conciencia como autovivencia genera la vía para la elaboración temática de la subjetividad, y esta, a su vez, despeja el camino para la consideración del yo como centro unificador del sujeto, todo ello, por supuesto, sin renunciar a la plataforma óntica realista que proporciona el tomismo.
6. La libertad no es sólo elección, sino autodeterminación de la persona a través de sus elecciones, lo cual resulta antropológicamente posible por la estructura de autodominio y autoposesión característica de la persona. Otra de las grandes aportaciones de la antropología wojtyliana.
7. Cuerpo, psique, sentimientos. Son otros de los muchos temas –propios de la tradición  personalista- que incorpora Wojty?a a la reflexión clásica. El hombre es un ser corporal (Marcel, Mounier, Marías), lo que significa que la estructura de la persona está mediada por el cuerpo; la tematización de la psique, por su parte, favorece la consideración activa de la corporalidad y elimina el riesgo de un dualismo fáctico (alma-cuerpo) al incorporar una dimensión intermedia que modula a ambas. La afectividad (en la línea de von Hildebrand y Scheler) se asume desde una perspectiva positiva. No se trata simplemente de un mecanismo antropológico irredento que deban controlar las facultades superiores (inteligencia, voluntad) sino del modo en que el sujeto se vive a sí mismo.

Cabe reseñar, por último, que Wojtyla publicó posteriormente a Persona y acción algunos estudios antropológicos novedosos en los que insistía en puntos especialmente significativos para él como lo irreductible en el hombre[24], en el que reivindica la radical especificidad de lo personal (y que analizaremos en el cap. 6), o la profundización en el concepto, sugerente pero poco explorado, de la autoteleología[25].

[22] K. Wojty?a, Persona y acción, Palabra, Madrid 2013 (en adelante PyA).
[23] PyA 53.
[24] K. Wojtyla, La subjetividad y lo irreductible en el hombre (1978), en El hombre y su destino, cit., pp. 25-39.

[25] K. Wojtyla, Trascendencia de la persona en el obrar y autoteleología del hombre (1976), en El hombre y su destino, cit., pp. 133-151.