Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

martes, 30 de julio de 2019

El Santuario de Jasna Gora - Reina de Polonia



En su peregrinar espiritual por los  santuarios de la Madre de Dios en toda la tierra,el ultimo domingo de agosto de 1988 Juan Pablo II viajaba a Czestochowa en su patria.  La fecha no era menor pues el 26 de agosto la Iglesia en Polonia celebra la solenidad de la Virgen de Czestohowa. 

Decia el Papa : Al acudir espiritualmente a Jasna Góra, centro espiritual de la piedad mariana de mi patria, deseo visitar y saludar al mismo tiempo todos los santuarios marianos de Polonia.
Hoy nombraré sólo dos: la Madre de Dios de Kalwaria Zebrzydowskaa la que he acudido en peregrinación desde mi infancia, y a la Madre de la Justicia y del Amor social de Piekary,  en Silesia. Sin embargo. Llevo en lo más profundo de mi corazón todos los lugares de la presencia de la Madre, en los que los fieles han aprendido, y siguen aprendiendo, el gran misterio de la filiación divina.
2. Jasna Góra ―Clarus mons: Monteclaro― es el santuario de la Reina de Polonia. Es, desde hace seis siglos, el lugar de la presencia especial de la Madre de Dios, lugar de las grandes celebraciones y de las peregrinaciones, no sólo de los polacos y de las naciones eslavas, sino además de fieles provenientes de numerosos países de Europa Occidental y de todo el mundo. Lo conocen también muchos italianos que peregrinan allí todos los años.

3. La circunstancia que dio comienzo a este gran encuentro de la Madre de Dios con su pueblo, acaeció en 1382, año en que la imagen de la Madre de Dios, gran obra de arte, fue llevada allí desde Oriente y confiada a los padres paulinos.

Esta antigua efigie, que lleva en sí signos de elementos del cristianismo de Oriente y Occidente, es un símbolo de la unión de estos dos mundos, de las riquezas y de las culturas que mediante el bautismo se encontraron y unieron en Cristo.

4. Con Jasna Góra y con la imagen de la Madre de Dios, están vinculados importantes acontecimientos, tales como la defensa de Jasna Góra, de Polonia y de la libertad de conciencia, ocurrida a mediados del siglo XVI, durante la invasión sueca, llamada "el diluvio". El santuario ha desempeñado incluso el papel de la defensa de la fe, de la cultura y de la conservación de la identidad nacional, sobre todo durante el largo periodo de la división de Polonia.
Durante la segunda guerra mundial, el Papa Pío XII afirmó: Polonia no ha perecido ni perecerá porque Polonia crece, ora: Polonia tiene Jasna Góra.

5. En los difíciles años de la postguerra, durante los años de la ateización organizada y sistemática, Jasna Góra se convirtió para la Iglesia y el Episcopado polaco, bajo la guía del primado, cardenal Stefan Wynszynski, en un lugar de encuentro para la creación de eficaces programas y de iniciativas pastorales. Fue, además, punto de referencia para la regeneración social, como la solidaridad, u otros grupos y movimientos de renovación social. Nacen de ello las definiciones lapidarias y justas, como por ejemplo: "Aquí late el corazón inmortal de Polonia", "Aquí hemos sido libres siempre", "Jasna Góra, capital espiritual de Polonia". Y con frecuencia se llama a la efigie "la imagen de la libertad" y el "signo de la unidad del Oriente y el Occidente cristianos".

Muchos Papas han demostrado veneración y amor a la imagen de Jasna Góra. En nuestro siglo, Pío X le ofreció coronas de oro. Pío XI hizo, en Castelgandolfo, una capilla con una reproducción de la Virgen Negra. Son conocidas las expresiones de amor hacia la Señora de Jasna Góra por parte de Juan XXIII; Pablo VI quiso ir en peregrinación a su santuario, pero no le fue posible.

Dios ha permitido que yo, hijo de esa tierra y de esa nación, haya podido realizar tres veces la peregrinación apostólica a Jasna Góra y llevar a la Reina de Polonia la Rosa de Oro que el mismo Pablo VI hubiera querido ofrecerle personalmente, orar por la Iglesia y dejar a mis compatriotas el mensaje de fe y de esperanza.

"¡María, Reina de Polonia, estoy contigo; recuerdo, velo!"





sábado, 27 de julio de 2019

Anécdotas de la vida de Juan Pablo II


Durante su viaje a Israel, se le acerca  un hombre y le ofrece una reliquia «preciosa» : Un ladrillo de la casa de Abraham. Y el Papa «Pero creía que Abraham….vivía bajo una carpa!»

La priora general de una Nueva Comunidad asiste a la Misa del Papa. En el momento de los saludos, el Papa se asombra de su juventud. La religiosa le responde con una sonrisa luminosa. «Soy de la generación de Juan Pablo II!» y el Papa le responde: «Oh,! ¡Pero la generación de Juan Pablo II es de 1920».

Sentados a la mesa durante un almuerzo con Monseñor Gérard Dancourt, cuando era obispo de Orleans, Juan Pablo II le pregunta. «Tiene algún problema grave en su diócesis?», «Si, santo Padre, un problema grave que no se cómo resolver» . «De que se trata?«De la conversión de su obispo». «ah, tenemos el mismo problema en la diócesis de Roma».

En una ocasión, un niño del coro le pregunta. «Porque das vuelta al mundo?» Y él le responde: «Has leído que Jesus dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio?» 

Hacia un tiempo que el estado de salud de Juan Pablo II era centro de atención de los medios que repetían todo rumor que tratase el tema. Y el Papa, a cuantos le preguntaban sobre su salud, respondía: «No se, aun no he tenido tiempo para leer los matutinos».

Durante un encentro romano con las religiosas, todas muy entusiasmadas, Juan Pablo II les dice: «Pensaba que las monjas eran tranquilas, y sin embargo hacen tanto alboroto que han hecho pedazos al Papa durante el primer encuentro.»

Durante uno de los viajes apostólicos por África hacia tanto calor que las personas que acompañaban al Santo Padre “ya habían agotado sus fuerzas y los periodistas estaban rendidos. Solo el Papa no daba señales de cansancio – escribía el corresponsal de DPA – cuando desciende del avión en Kisangani, corazón del infierno verde de la jungla en el sur del Zaire, se presenta tan fresco como al partir de Roma.” En cierto momento – cuenta George Weigel – pasando cerca de un equipo de la televisión alemana, les saluda diciendo «Que pasa muchachos, siguen vivos?»

(de Totus Tuus  Nr 7-8 julio agosto 2008)


jueves, 25 de julio de 2019

Él, el primer vidente



« En El vivimos, nos movemos y existimos»
Dice Pablo en el Areópago de Atenas
¿Quién es Él?
Es como un especio inexpresable que abarca todo –
Èl es el Creador:
Abarca todo llamando a la existencia a partir de la nada,
no sólo en el principio sino para siempre.
Todo permanece, cambiando continuamente –
«En el principio fue el Verbo y por Él todo se hizo».
El misterio del principio nace junto con el Verbo, emana del Verbo.
El Verbo – la eterna vision y la eterna expresión.
El que creó, vio – vio «que era bueno»,
Vio con la visión distinta de la nuestra.
Él – el primer vidente –
Vio, hallaba en todo alguna huella de su Ser, de su plenitud –
Vio: Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius
Desnudo y transparente –
Verdadero, bueno y bello –

Karol Wojtyla

Primer vidente, Meditaciones sobre el Libro del Génesis en el umbral de la Capilla Sixtina, Triptico Romano

martes, 23 de julio de 2019

El pecado contra el Espíritu Santo (2 de 2)


47. La acción del Espíritu de la verdad, que tiende al salvífico « convencer en lo referente al pecado », encuentra en el hombre que se halla en esta condición una resistencia interior, como una impermeabilidad de la conciencia, un estado de ánimo que podría decirse consolidado en razón de una libre elección: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar « dureza de corazón ».184 En nuestro tiempo a esta actitud de mente y corazón corresponde quizás la pérdida del sentido del pecado, a la que dedica muchas páginas la Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia.185 Anteriormente el Papa Pío XII había afirmado que « el pecado de nuestro siglo es la pérdida del sentido del pecado » 186 y esta pérdida está acompañada por la « pérdida del sentido de Dios ». En la citada Exhortación leemos: « En realidad, Dios es la raíz y el fin supremo del hombre y éste lleva en sí un germen divino. Por ello, es la realidad de Dios la que descubre e ilumina el misterio del hombre. Es vano, por lo tanto, esperar que tenga consistencia un sentido del pecado respecto al hombre y a los valores humanos, si falta el sentido de la ofensa cometida contra Dios, o sea, el verdadero sentido del pecado
 ».187 La Iglesia, por consiguiente, no cesa de implorar a Dios la gracia de que no disminuya la rectitud en las conciencias humanas, que no se atenúe su sana sensibilidad ante el bien y el mal. Esta rectitud y sensibilidad están profundamente unidas a la acción íntima del Espíritu de la verdad. Con esta luz adquieren un significado particular las exhortaciones del Apóstol: « No extingáis el Espíritu », « no entristezcáis al Espíritu Santo ».188 Pero la Iglesia, sobre todo, no cesa de suplicar con gran fervor que no aumente en el mundo aquel pecado llamado por el Evangelio blasfemia contra el Espíritu Santo; antes bien que retroceda en las almas de los hombres y también en los mismos ambientes y en las distintas formas de la sociedad, dando lugar a la apertura de las conciencias, necesaria para la acción salvífica del Espíritu Santo. La Iglesia ruega que el peligroso pecado contra el Espíritu deje lugar a una santa disponibilidad a aceptar su misión de Paráclito, cuando viene para « convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio ».

48. Jesús en su discurso de despedida ha unido estos tres ámbitos del « convencer » como componentes de la misión del Paráclito: el pecado, la justicia y el juicio. Ellos señalan la dimensión de aquel misterio de la piedad, que en la historia del hombre se opone al pecado, es decir al misterio de la impiedad.189 Por un lado, como se expresa San Agustín, existe el « amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios »; por el otro, existe el « amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo ».190 La Iglesia eleva sin cesar su oración y ejerce su ministerio para que la historia de las conciencias y la historia de las sociedades en la gran familia humana no se abajen al polo del pecado con el rechazo de los mandamientos de Dios « hasta el desprecio de Dios », sino que, por el contrario, se eleven hacia el amor en el que se manifiesta el Espíritu que da la vida.

Los que se dejan « convencer en lo referente al pecado » por el Espíritu Santo, se dejan convencer también en lo referente a « la justicia y al juicio ». El Espíritu de la verdad que ayuda a los hombres, a las conciencias humanas, a conocer la verdad del pecado, a la vez hace que conozcan la verdad de aquella justicia que entró en la historia del hombre con Jesucristo. De este modo, los que « convencidos en lo referente al pecado » se convierten bajo la acción del Paráclito, son conducidos, en cierto modo, fuera del ámbito del « juicio »: de aquel « juicio » mediante el cual « el Príncipe de este mundo está juzgado ».191 La conversión, en la profundidad de su misterio divino-humano, significa la ruptura de todo vínculo mediante el cual el pecado ata al hombre en el conjunto del misterio de la impiedad. Los que se convierten, pues, son conducidos por el Espíritu Santo fuera del ámbito del « juicio » e introducidos en aquella justicia, que está en Cristo Jesús, porque la « recibe » del Padre,192 como un reflejo de la santidad trinitaria. Esta es la justicia del Evangelio y de la Redención, la justicia del Sermón de la montaña y de la Cruz, que realiza la purificación de la conciencia por medio de la Sangre del Cordero. Es la justicia que el Padre da al Hijo y a todos aquellos, que se han unido a él en la verdad y en el amor.

En esta justicia el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, que « convence al mundo en lo referente al pecado » se manifiesta y se hace presente al hombre como Espíritu de vida eterna.

El pecado contra el Espíritu Santo (1 de 2)



46. En el marco de lo dicho hasta ahora, resultan más comprensibles otras palabras, impresionantes y desconcertantes, de Jesús. Las podríamos llamar las palabras del « no-perdón »Nos las refieren los Sinópticos respecto a un pecado particular que es llamado « blasfemia contra el Espíritu Santo ». Así han sido referidas en su triple redacción:

Mateo: « Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro ».180
Marcos: « Se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno ».181

Lucas: « A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ».182

¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿Cómo se entiende esta blasfemia? Responde Santo Tomás de Aquino que se trata de un pecado « irremisible según su naturaleza, en cuanto excluye aquellos elementos, gracias a los cuales se da la remisión de los pecados ».183

Según esta exégesis la « blasfemia » no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre rechaza aquel « convencer sobre el pecado », que proviene del Espíritu Santo y tiene un carácter salvífico, rechaza a la vez la « venida » del Paráclito aquella « venida » que se ha realizado en el misterio pascual, en la unidad mediante la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. La Sangre que « purifica de las obras muertas nuestra conciencia ».

Sabemos que un fruto de esta purificación es la remisión de los pecados. Por tanto, el que rechaza el Espíritu y la Sangre permanece en las « obras muertas », o sea en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisión, de la que el mismo Espíritu es el íntimo dispensador y que presupone la verdadera conversión obrada por él en la conciencia. Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque esta « no-remisión » está unida, como causa suya, a la « no-penitencia », es decir al rechazo radical del convertirse. Lo que significa el rechazo de acudir a las fuentes de la Redención, las cuales, sin embargo, quedan « siempre » abiertas en la economía de la salvación, en la que se realiza la misión del Espíritu Santo. El Paráclito tiene el poder infinito de sacar de estas fuentes: « recibirá de lo mío », dijo Jesús. De este modo el Espíritu completa en las almas la obra de la Redención realizada por Cristo, distribuyendo sus frutos. Ahora bien la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica un pretendido « derecho de perseverar en el mal » en cualquier pecado— y rechaza así la Redención El hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversión y, por consiguiente, también la remisión de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida. Esta es una condición de ruina espiritual, dado que la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados.

viernes, 19 de julio de 2019

Las imágenes de Jesus Misericordioso



(imagen de Adolf Hyła en el Santuario de Cracovia)



Sor Faustina Kowalska llegó a Płock en 1930. Trabajó en la panadería del convento vendiendo pan, y a veces también en la cocina y en el horno donde se hacía el pan. También viajó varias veces a la “casa – granja” que tenía la congregación en el pueblo de Biała, cerca de Płock (en aquellos días era una filial del convento de Płock), donde las hermanas realizaban las labores típicas de una granja.

En las notas que encontramos en su „Diario” espiritual, en el número 48 y siguientes, escribió cómo se le apareció el Señor, el día 22 de febrero de 1931, vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido…

Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero (Diario 47).

Desde este mismísimo momento se inició en Płock, en un sentido estricto, la misión de santa Faustina como Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia, que consiste en transmitir el mensaje de Jesús, el mensaje de la Misericordia para todo el Mundo.

Unos días más tarde, después de la confesión, el Señor Jesús manifestó a Sor Faustina otro deseo: el establecimiento de la Fiesta de la Misericordia.

Yo deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia (Diario 49).

Cumplimiento de las peticiones de Jesús

La imagen. Los esfuerzos de Sor Faustina para hacer pintar la imagen que Jesús le pedía, empezaron a dar resultado en Vilna, gracias a la ayuda del beato Padre Miguel Sopoćko y a la Madre Irena Krzyzanowska. En 1934, el artista Eugeniusz Kazimirowski pintó la primera imagen de la Divina Misericordia.

La imagen milagrosa que se halla en el Santuario de Cracovia, fue pintada por el artista Adolf Hyła durante la Segunda Guerra Mundial. Ambas imágenes, la de Vilna y la de Cracovia, son las más conocidas, pero no son las únicas.

En el Santuario de Płock se halla una imagen, obra del pintor Hofman-Plewa. El cuadro con la imagen peregrinó por toda la diócesis de Płock entre los años 1992 y 2000.
Fiesta de la Misericordia. Esta fiesta se inscribió primero en el calendario litúrgico de la diócesis de Cracovia, en el año 1985, y a continuación algunos obispos polacos lo hicieron en sus diócesis. A petición del Episcopado de Polonia, el Papa Juan Pablo II, en el año 1995, instituyó esta fiesta en todas las diócesis de Polonia. El día de la canonización de Sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa instituyó esta fiesta para toda la Iglesia.


Más información en la Web pagina oficial de Congregación de las Hermanas de la Madrede Dios de la Misericordia 



miércoles, 17 de julio de 2019

El Espíritu Santo en las catequesis de Juan Pablo II



Completado el ciclo cristológico de las Audiencias Generales el 26 de abril de 1989 el Papa Juan Pablo II abria el  neumatológico, “que el Símbolo de los Apóstoles expresa con una fórmula concisa: “Creo en el Espíritu Santo”.

Fue una serie extensa de catequesis que comenzarían ese 26 de abril de 1989   y durarían el resto del año 1989,  con solo algunas breves interrupciones para comentar viajes o reflexionar sobre festividades, y se extenderían luego en 1990 hasta el 28 de noviembre de 1990 cuando el Papa anunciaría “Hoy comenzamos una nueva serie de catequesis del ciclo pneumatológico, en el que he querido atraer la atención de los oyentes, cercanos y lejanos, sobre la verdad fundamental cristiana del Espíritu Santo… Hablemos, ante todo, del Espíritu Santo como principio vivificante de la Iglesia.”   
Esta serie finalmente concluiría el 20 de marzo de 1991 (en total dos años dedicados al Espiritu Santo, a lo cual debemos agregar las diez catequesis adicionales sobre los dones) en una catequesis que introduciría con estas palabras   “En una catequesis precedente había anunciado que volvería a tocar temas relacionados con la presencia y la acción del Espíritu Santo en el alma. Temas fundados teológicamente y ricos desde el punto de vista espiritual, que ejercen un atractivo e, incluso una cierta fascinación sobrenatural sobre aquellas personas que desean profundizar en su vida interior, atentas y dóciles a la voz de Aquel que habita en ellas como en un templo y que, desde su interior, las ilumina y las sostiene por el camino de la coherencia evangélica. En estas almas pensaba mi predecesor León XIII cuando escribió la Encíclica Divinum illud acerca del Espíritu Santo (9 de mayo de 1897) y, luego la carta Ad fovendum sobre la devoción del pueblo cristiano hacia su divina Persona (18 de abril de 1902), estableciendo en su honor la celebración de una novena especial, dirigida de modo particular a obtener el bien de la unidad de los cristianos («ad maturandum christianae unitatis bonum»). El Papa de la Rerum novarum era también el Papa de la devoción al Espíritu Santo, pues sabía a qué fuente era preciso acudir para obtener la energía a fin de realizar el bien verdadero, incluso en el ámbito social. Hacia esa misma fuente quise atraer la atención de los cristianos de nuestro tiempo con la encíclica Dominum et vivificantem (16 de mayo de 1986), y a ella quiero dedicar la parte conclusiva de la catequesis pneumatológica.
A continuación,  a partir del 3 de abril de 1991 Juan Pablo II  seguirian las otras diez catequesis relacionadas con los dones del Espíritu Santo que recibe el hombre, aclarando que “En las catequesis anteriores, dedicadas a la influencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia, hemos subrayado la multiplicidad de los dones que él concede para el desarrollo de toda la comunidad. La misma multiplicidad se realiza en la vida cristiana personal: todo hombre recibe los dones del Espíritu Santo en la condición existencial concreta en que se halla, en la medida del amor de Dios, del que derivan la vocación, el camino y la historia espiritual de cada uno.

Varios años mas tarde el Papa retomaría el tema del Espiritu Santo a partir de la Audiencia del 13 de mayo de 1998 ,  en preparación para el gran jubileo del año 2000,  año  particularmente dedicado al Espíritu Santo,  serie que seria anunciada con estas palabras: “Prosiguiendo por el camino iniciado por toda la Iglesia, después de haber concluido la temática cristológica, comenzamos hoy una reflexión sistemática sobre el Espíritu Santo, «Señor y dador de vida». De la tercera persona de la santísima Trinidad he hablado ampliamente en muchas ocasiones. Recuerdo, en particular, la encíclica Dominum et vivificantem y la catequesis sobre el Credo. La perspectiva del jubileo inminente me brinda la ocasión para volver una vez más a la contemplación del Espíritu Santo, a fin de escrutar, con espíritu de adoración, la acción que realiza en el decurso del tiempo y de la historia.

Esta serie se extendería hasta el 9 de diciembre de 1998 , Audiencia dedicada a “Maria, Madre animada por el Espiritu Santo”. En ella el Papa concluiría: “Como culminación de la reflexión sobre el Espíritu Santo, en este año dedicado a él durante el camino hacia el gran jubileo, elevamos la mirada hacia María. El consentimiento que dio en la Anunciación, hace dos mil años, constituye el punto de partida de la nueva historia de la humanidad. En efecto, el Hijo de Dios se encarnó y comenzó a habitar entre nosotros cuando María declaró al ángel: «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).

Y ya el 16 de diciembrede 1998  ya comenzaba una nueva serie de catequesis centrada en la figura de Dios Padre, siguiendo así las indicaciones temáticas sugeridas en la carta apostólica Tertio millennio adveniente con vistas a la preparación para el gran jubileo del año 2000”

sábado, 13 de julio de 2019

Significado religioso de los salmos


Podríamos introducirnos en la comprensión de los salmos por diversos caminos. El primero consistiría en presentar su estructura literaria, sus autores, su formación, los contextos en que surgieron. También sería sugestiva una lectura que pusiera de relieve su carácter poético, que en ocasiones alcanza niveles altísimos de intuición lírica y de expresión simbólica. No menos interesante sería recorrer los salmos considerando los diversos sentimientos del alma humana que manifiestan:  alegría, gratitud, acción de gracias, amor, ternura, entusiasmo, pero también intenso sufrimiento, recriminación, solicitud de ayuda y de justicia, que a veces desembocan en rabia e imprecación. En los salmos el ser humano se descubre plenamente a sí mismo.

Nuestra lectura buscará sobre todo destacar el significado religioso de los salmos, mostrando cómo, aun habiendo sido escritos hace muchos siglos por creyentes judíos, pueden ser usados en la oración de los discípulos de Cristo. Para ello nos serviremos de los resultados de la exégesis, pero a la vez veremos lo que nos enseña la Tradición, y sobre todo escucharemos lo que nos dicen los Padres de la Iglesia.

3. En efecto, los santos Padres, con profunda penetración espiritual, supieron discernir y señalar que Cristo mismo, en la plenitud de su misterio, es la gran "clave" de lectura de los salmos. Estaban plenamente convencidos de que en los salmos se habla de Cristo. Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los salmos, cuando dijo a los discípulos:  "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí" (Lc 24, 44). Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso que es Cristo mismo quien habla. Al decir esto, no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros.

Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos. De este modo se comprende que los salmos hayan sido tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios. Si en algunos períodos históricos prevaleció una tendencia a preferir otras plegarias, fue gran mérito de los monjes el que se mantuviera en alto la antorcha del Salterio. Uno de ellos, san Romualdo, fundador de la Camáldula, en el alba del segundo milenio cristiano, -como afirma su biógrafo Bruno de Querfurt- llegó a sostener que los salmos son el único camino para hacer una oración realmente profunda:  "Una via in psalmis" (Passio sanctorum Benedicti et Johannes ac sociorum eorumdem:  MPH VI, 1893, 427).





viernes, 12 de julio de 2019

Benedicto XVI : Jóvenes “No tengáis miedo de ser considerados diferentes”



Queridos jóvenes…  no sigáis el camino del orgullo, sino el de la humildad. Id contra corriente:  no escuchéis las voces interesadas y persuasivas que hoy, desde muchas partes, proponen modelos de vida marcados por la arrogancia y la violencia, por la prepotencia y el éxito a toda costa, por el aparecer y el tener, en detrimento del ser.

Vosotros sois los destinatarios de numerosos mensajes, que os llegan sobre todo a través de los medios de comunicación social. Estad vigilantes. Sed críticos. No vayáis tras la ola producida por esa poderosa acción de persuasión. No tengáis miedo, queridos amigos, de preferir los caminos "alternativos" indicados por el amor verdadero:  un estilo de vida sobrio y solidario; relaciones afectivas sinceras y puras; un empeño honrado en el estudio y en el trabajo; un interés profundo por el bien común.

No tengáis miedo de ser considerados diferentes y de ser criticados por lo que puede parecer perdedor o pasado de moda:  vuestros coetáneos, y también los adultos, especialmente los que parecen más alejados de la mentalidad y de los valores del Evangelio, tienen profunda necesidad de ver a alguien que se atreva a vivir de acuerdo con la plenitud de humanidad manifestada por Jesucristo.
Así pues, queridos jóvenes, el camino de la humildad no es un camino de renuncia, sino de valentía. No es resultado de una derrota, sino de una victoria del amor sobre el egoísmo y de la gracia sobre el pecado. Siguiendo a Cristo e imitando a María, debemos tener la valentía de la humildad; debemos encomendarnos humildemente al Señor, porque sólo así podremos llegar a ser instrumentos dóciles en sus manos, y le permitiremos hacer en nosotros grandes cosas.


miércoles, 10 de julio de 2019

Los símbolos de la fe – profesiones de la fe



1. El primero y fundamental punto de referencia de la presente catequesis son las profesiones de la fe cristiana universalmente conocidas. Se llaman también "símbolos de fe". La palabra griega "symbolon" significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, de un sello) que se presentaba como el signo de reconocimiento. Las partes rotas se juntaban para verificar la identidad del portador. De aquí provienen los ulteriores significados de "símbolo": la prueba de la identidad, las cartas credenciales e incluso un tratado o contrato cuya prueba era el "symbolon". El paso de este significado al de colección o sumario de las cosas referidas y documentadas era bastante natural. En nuestro caso, los "símbolos" significan la colección de las principales verdades de fe, es decir, de aquello en lo que la Iglesia cree. En la catequesis sistemática se contienen las instrucciones sobre aquello en lo que la Iglesia cree, esto es, sobre los contenidos de la fe cristiana. De aquí también el hecho de que los "símbolos de fe" son el primero y fundamental punto de referencia para la catequesis.
2. Entre los varios "símbolos de fe" antiguos, el más autorizado es el "símbolo apostólico", de origen antiquísimo y comúnmente recitado en las "oraciones del cristiano". En él se contienen las principales verdades de la fe transmitidas por los Apóstoles de Jesucristo. Otro símbolo antiguo y famoso es el "niceno-constantinopolitano": contiene las mismas verdades de la fe apostólica autorizadamente explicadas en los dos primeros Concilios Ecuménicos de la Iglesia universal: Nicea (325) y Constantinopla (381).El uso de los "símbolos de fe" proclamados como fruto de los Concilios de la Iglesia se ha renovado también en nuestro siglo: efectivamente, después del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI pronunció la "profesión de fe" conocida como el Credo del Pueblo de Dios (1968), que contiene el conjunto de las verdades de fe de la Iglesia teniendo en especial consideración los contenidos a los que había dado expresión el último Concilio, o aquellos puntos en torno a los cuales se habían planteado dudas en los últimos años.
Los símbolos de fe son el principal punto de referencia para la presente catequesis. Pero ellos nos remiten al conjunto del "depósito de la Palabra de Dios", constituido por la Sagrada Escritura y la Tradición apostólica, del que son una síntesis conocida. Por esto, a través de las profesiones de fe nos proponemos remontarnos también nosotros a ese "depósito" inmutable, guiados por la interpretación que la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, ha dado de él en el curso de los siglos.
3. Cada uno de los mencionados "símbolos" comienza con la palabra "creo". Efectivamente, cada uno de ellos nos sirve no tanto como instrucción, sino como profesión. Los contenidos de esta profesión son las verdades de la fe cristiana: todas están enraizadas en esta primera palabra "creo". Y precisamente sobre esta expresión "creo", deseamos centrarnos en esta primera catequesis.


martes, 9 de julio de 2019

Juan Pablo II en la Argentina. La moralidad publica.



Hoy 9 de Julio,  que celebramos en la Argentina el día de la Declaración de la Independencia   es oportuno recordar las palabras que el Papa Juan Pablo II dirigiera a los gobernantes argentinos en su discurso del 6 de abril de 1987 en la Casa Rosada.         

“Ante quienes rigen los destinos del país y están dedicados de lleno a la actividad política, judicial y administrativa, quisiera hoy atestiguar que la Iglesia tiene en gran aprecio tan importante tarea El Concilio Vaticano II afirma que la política es un arte “difícil y nobilísimo” (Gaudium et spes, 75), Esta dignidad del quehacer político se pone de relieve por sí sola; basta considerar su finalidad propia, esto es, servir al hombre y a la comunidad, y promover sin cesar sus derechos y legítimas aspiraciones. De aquí se sigue la preeminencia de los valores morales y de la dimensión ética, que ha de ser salvaguardada, no obstante las contingencias del obrar humano o de los intereses contrapuestos.
El poder político que constituye el vínculo natural y necesario para asegurar la cohesión del cuerpo social, debe tener como finalidad la realización del bien común.
Es verdad que no todos los ámbitos de la vida personal y social caen bajo la competencia directa de la política; pero no es menos cierto que uno de los deberes no eximibles de esta actividad específica, además de observar el debido respeto a las legítimas libertades de los individuos, de las familias y de los grupos subsidiarios, es crear y potenciar en provecho de todas las condiciones sociales que favorezcan el bien auténtico y completo de la persona, sola o asociada, obviando al mismo tiempo cuanto se oponga u obstaculice a la expresión de sus auténticas dimensiones o al ejercicio de sus legítimos derechos (Mater et Magistra, 65).
Dentro de ese amplio marco de condiciones que configuran el bien común de la sociedad civil, corresponde ciertamente al Estado prestar una particular atención a la moralidad pública, a través de oportunas disposiciones legislativas, administrativas y judiciales, que aseguren un ambiente social de respeto de las normas éticas, sin las cuales es imposible una digna convivencia humana. Es ésta una tarea particularmente urgente en la sociedad contemporánea, ya que se ve afectada en lo vivo por una grave crisis de valores que repercute negativamente en amplios sectores de la vida personal y de la misma sociedad. La exigencia inmediata de valores morales, que a su vez han de informar la gestión de los poderes públicos, es una decidida opción por la verdad y la justicia en la libertad, lo cual ha de reflejarse en los instrumentos institucionales y legales que ordenan la vida ciudadana. Por ello, será siempre deber insoslayable de la autoridad pública la tutela y promoción de los derechos humanos, incluso en situaciones de extrema conflictividad, huyendo de la frecuente tentación de responder a la violencia con la violencia.
Por otra parte, el fomento ininterrumpido de la moralidad pública es inseparable de las demás funciones del Estado. En efecto, sabemos muy bien que un deterioro progresivo de la moralidad pública crea peligros más o menos latentes contra los derechos y libertades del hombre, incluso contra la seguridad ciudadana; además pone en entredicho importantes valores de la educación y de la cultura común y. en definitiva, debilita los ideales que dan cohesión y sentido a la vida nacional.”

FELIZ DIA DE LA PATRIA!!!!!

sábado, 6 de julio de 2019

Juan Pablo II y la Providencia Divina



El miércoles 30 de abril de 1986 el Papa Juan Pablo II comenzaba con una serie de catequesis sobre la Divina Providencia con esta introducción:

“Comenzamos hoy, dentro de la reflexión sobre la creación, una serie de catequesis cuyo tema central está justamente en el corazón de la fe cristiana y en el corazón del hombre llamado a la fe: el tema de la Providencia Divina, o de Dios que, como Padre omnipotente y sabio está presente y actúa en el mundo, en la historia de cada una de sus criaturas, para que cada criatura, y específicamente el hombre, su imagen, pueda realizar su vida como un camino guiado por la verdad y el amor hacia la meta de la vida eterna en Él.”

Y continuaría con las siguientes ocho reflexiones en las Audiencias Generales de los miercoles:

Miércoles 7 de mayo de 1986 La Divina Providencia: afirmación bíblica ligada a la obra de la creación 
Miércoles 14 de mayo de 1986 La Divina Providencia: Sabiduría trascendente que ama 

Miércoles 21 demayo de 1986 La Divina Providencia y la libertad del hombre


Miércoles 28 de mayo de 1986 La Providencia Divina y el destino del hombre: 

el misterio de la predestinación en Cristo 


Miércoles 4 dejunio de 1986 La Divina Providencia y la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo l

Miércoles 11 dejunio de 1986 La Divina Providencia supera el mal en Jesús redentor 


Miércoles 18 dejunio de 1986 La Divina Providencia y la condición histórica del hombre de hoy a la luz del Concilio Vaticano II

 (frecuentes referencias a la Constitucion Pastoral Gaudium et Spes)


Miércoles 25 dejunio de 1986 La Divina Providencia y el crecimiento del Reino de Dios con frecuentes referencias a la Constitucion Pastoral Gaudium et Spes