Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 14 de febrero de 2015

Juan Pablo II peregrinacion espiritual a los santuarios marianos de la tierra de Calabria

 (Madonna di Ogitria)

En uno de sus itinerarios espirituales marianos durante el año Mariano 1987/88 el Papa Juan Pablo II rezo su Ángelus directamente in situ, en Reggio Calabria durante su visita apostólica a Messina y Reggio Calabria. 

En el Ángelus hacía mención a algunos Santuarios marianos de la región y asi los recordaba:

“Es la hora del Ángelus, la hora en la que el pueblo cristiano es invitado a dirigir su pensamiento a María. La tierra de Calabria está constelada de santuarios marianos, expresión evidente de una piedad profundamente sentida y vivida. Entre los más conocidos se pueden recordar los santuarios de la Virgende las Armas de la diócesis de Cassano Ionio, de la Virgen del Puerto de la diócesis de Catanzaro-Squillace, de la Virgen de la Cadena en la diócesis de Cosenza-Bisignano,  de la Virgende Copacolonna en la diócesis de Crotone-Santa Severina, de la Virgen del Socorro en la diócesis de Lamezia-Terme, de la Virgen de la Montaña en la diócesis de Locri-Gerace, de la Virgen de la Odigitria en la diócesis de Lungro,   Virgen de Montserrat en la diócesis de Mileto-Nicotera-Tronea, Virgen de los Pobres en la diócesis de Oppido-Palmi, Virgen Acheropita en la diócesis de Rossano-Cariati,  y Virgen del Pettoruto en la diócesis de San Marco-Scalea.

En la diócesis de Reggio - decia Juan Pablo II - son conocidos los santuarios de la Virgen de Módena  (que visitarìa esa misma tarde), de Porto Salvo, de las Gracias,  de laCapilla,   del Mar y de la Nieve.

Vosotros, los redinos - agregaba -  veneráis a la Virgen con el título muy significativo de Madrede la Consolación. Y María lo es porque Ella ha sido consolada, antes que nadie, con el gozo de la maternidad divina y con el de la resurrección de su Hijo Jesucristo. Por esto es fuente de consolación y precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor. (Lumen gentium, 68). Se trata de consuelo en el sentido más profundo de la palabra: María no sólo consuela en los dolores físicos y morales, sino que restituye el vigor al espíritu humano, ilumina y conforta la fe, de modo que el Pueblo de Dios se haga cada vez más capaz de expresar con su palabra y traducir en su vida el designio de salvación y su dimensión liberadora en el plano de la existencia individual y social."