Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 19 de febrero de 2016

Juan Pablo II y sus “Cartas secretas” por George Weigel


En realidad la BBC no aporta nada acerca del papa, pero si nos dice  mucho de ellos.  El “documental” difundido por la BBC el 15 de febrero titulado Las cartas secretas del Papa Juan Pablo II en realidad no nos revela nada del Papa, pero nos dice mucho de la decadencia de la BBC como una fuente seria de información televisiva. 
El programa del presentador Edward Stourton se basa en un puñado de cartas de Karol Wojtyla/Juan Pablo II a Anna Teresa Tymieniecka, una filosofa polaca que fue, tal como se sabe,  amiga de Wojtyla. Las cartas reflejan una profunda amistad tal como lo hacen otras cartas de Wojtyla,  algunas de las cuales fueron citadas en la primer parte de mi biografia del papa Testigo de esperanza.  Stourton, sin embargo, toma cartas de Wojtyla a Tymieniecka (quien murió en 2014) las bate en un mixer freudiano con correspondencia ya publicada entre Wojtyla/Juan Pablo II y otra antigua amiga, la psicóloga Wanda Poltawska,  y sugiere que aquí existió algo intrigante, algo quizás no del todo inapropiado,  pero que debería cambiar nuestras percepciones de Juan Pablo II. Cualquier persona conocedora del tema diría “es todo basura”. 
El hecho de que Karol Wojtyla mantuviera muchas amistades, inclusive muy profundas, también con mujeres durante toda su vida es ampliamente conocido y no sorprende a  nadie.   Yo analice cuidadosamente algunas de etas amistades en mi libro Testigo de esperanza y en el segundo tomo de la biografía de Juan Pablo II El final y el principio. Muchas de estas relaciones datan de los años que Wojtyla era capellan universitario durante la Polonia estalinista.  Otras se entablaron cuando ya era arzobiso de Cracovia.  Y otras ya cuando fuera nombrado papa.    Juan Pablo II cuidó mucho a sus amistades, las mantuvo activas durante el tiempo y fue intensamente fiel a sus amigos.  Esa lealtad fue puesta a prueba con Annna-Teresa Tymieniecka y sobre ella me permito  hacer algunos comentarios. 
 Anna-Teresa Tymieniecka, fenomenóloga polaca que trabajaba en Boston y activa en el circulo mundial de fenomenólogos, publico varios artículos escritos por Wojtyla en el periodico que supervisaba, Analecta Husserliana, acercando de esta manera su trabajo a los colegas filósofos por el mundo.  (Que esto tuviera algo que ver con la elección de Wojtyla como papa, tal como continua sugiriendo Carl Bernstein es absolutamente falso)  Ella se sintió indudablemente impresionada por la primera edición polaca de una obra monumental de Wojtyla  Osoba y czyn (“Persona y accion”)  y propuso adaptar, revisar y traducir la versión del libro al inglés. El entonces cardenal Wojtyla dio su acuerdo y trabajo con ella en una revisión cuidadosa de la mayor parte de sus textos. Todos los participantes acordaron que era una versión mejorada de los textos pero considerando a su vez que se trataba de una versión sin pulir e inconclusa.  El texto revisado por Tymieniecka fue luego traducido al inglés por Andrzej Potocki y enviado a Tymieniecka a Estados Unidos para su publicación. Tymieniecka alteró significativamente la traducción de Potocki, desordenando el lenguaje técnico del libro e inclinando el texto hacia sus propias inquietudes filosóficas de tal manera que el lector a veces se encuentra que en realidad no está en contacto con el pensamiento de Wojtyla sino con el de Tyemienecka. Tymieniecka hasta llegó a cambiar el titulo en ingles traduciendo  “Osoba i czyn” como “The Acting Person,” cuando en realidad debiera haber sido  “Person and Act.”  El titulo de Wojtyla sugiere la tensión entre la acción moral objetiva  (lo que hacemos)  y nuestra  conciencia subjetiva  (lo que pensamos que hacemos y lo que aprendemos haciéndolo), que es la matriz de sus reflexionas. El titulo de Tymieniecka afloja esa tensión y le da importancia al análisis subjetivo o fenomenológico de Wojtyla que de alguna manera curiosamente desvela la severa crítica dirigida hacia la adaptación del texto de  Tymieniecka por parte de aquellos que trabajaron con Karol Wojtyla filósofo.   Estos problemas solo salieron a la superficie después que Wojtya fuera electo papa – cuando ya no disponía de tiempo para chequear cientos de páginas de sus textos en una lengua que no le era particularmente familiar. Fue así que Juan PabloII nombro una comisión – compuesta por sus principales discípulos de filosofía, el padre  Tadeusz Styczeń;  antiguo amigo,  y su colega filosofo el sacerdote  Marian Jaworski; y Andrzej Połtawski, otro filosofo y esposo de  Wanda Połtawska – para revisar y corregir el texto ingles preparado por Tymieniecka. Pero ella no solo  rechazo correcciones de cualquiera que no fuese Wojtyla, sino que además acelero la entrada en imprenta del libro para tomar ventaja de la nueva fama mundial del autor.  Argumentó además que contaba con el permiso de Wojtyła para publicar su versión del libro como “versión definitiva” aunque nos preguntamos porque un texto “definitivo” tiene dos capítulos nro siete,  uno de ellos titulado “sin revisar”, lo cual continua siendo un misterio; no estaba claro entonces y no lo está hoy.  De manera que Tymieniecka siguió adelante con su intención, hizo publicar el libro por  Reidel, una editorial holandesa de libros de filosofía, exasperando a muchos colegas de filosofía de Wojtyła y tambien a el mismo.  Tymieniecka siguió insistiendo hasta el final que la suya era la edición definitiva de  Osoba i czyn, una declaración que ninguno de los estudiosos serios del trabajo filosófico de Wojtyła ha aceptado.  En cuanto a Juan Pablo II, cuya generosidad fuera tan sorprendente como su notable despreocupación acerca del destino de sus textos filosóficos, me dijo a mí el 30 de septiembre de 1997, que a pesar de todas las dificultades (que admitía) debe reconocérsele a Tymieniecka haberse dedicado a la traducción.  De  manera que la relación  Wojtyla–Tymieniecka fue una relación compleja.  Que la haya visitado en su casa de Vermont en 1976, cuando Wojtyła diera  una conferencia en la escuela de verano de Harvard no es sorprendente, y fue ampliamente conocido pues además figura en el libro de referencia sobre la vida pre papal de Wojtyla. Pero sugerir que su relación involucrara alguna clase de romance secreto es mera especulación, en la cual - desafortunadamente - Edward Stourton no duda en dejarse enredar (aunque describe sus andanzas en las abrumadoras excitaciones psicoanalíticas como “antiguos trabajos periodísticos detectivescos”). 
Karol Wojtyla mantuvo muchas amistados muy estrechas;  analizando a menudo estas amistades en su correspondencia con amigos.  En mi propia correspondencia con el, es posible “escuchar” su pensamiento en el desarrollo de un problema o un tema.  Que hiciera lo mismo con amigos como  Anna-Teresa Tymieniecka o Wanda Połtawska no debiera sorprender – excepto a aquellos que llevan la carga de falsas conjeturas acerca del amor, el celibato y su relación.  En una oportunidad le pregunte a su director espiritual Stanisław Smoleński (mas tarde su Obispo auxiliar en Cracovia) como me sintetizar´`ia el carácter del joven Karol Wojtyła aquel que el conociera durante la larga noche de la ocupación nazi.  El era – me respondió el obispo Smolenski, un hombre “facil de amar”. En su juventud Karol Wojtyła mantuvo relaciones y amistades completamente normales tanto con hombres como con mujeres. En su madurez tomo la decisión de expresar su capacidad de amar en su celibato en el sacerdocio de la Iglesia Católica. No eligió ser “soltero”. Eligio expresar su amor y su instinto paternal espiritualmente,  por medio del don de la vida y servicio a los demás.  Todo esto es, lamentablemente, incomprensible para aquellos que aparentemente solo piensan en el celibato como represión en el servicio del poder clerical. Ese celibato no lo convirtió en eunuco, carente de emociones. Por cierto tampoco lo convirtió en la clase de hombre que no soportaba la compañía de mujeres. Karol Wojtyła, Pope John Paul II, canalizaba sus pasiones, incluida la Fortaleza de sus amistades, en un sacerdocio de servicio a los demás, un episcopado en el cual defendía los derechos de los polacos por sus libertades, y un papado que revitalizó la Iglesia y cambió el curso de la historia mundial en una dirección mas humana.  En todo su camino como sacerdote, Obispo y papa fue acompañado por amigos y amigas, quienes lo conocieron como un hombre de particular bondad e integridad.  Todo esto incomprensible – lamentablemente – a aquellos – incluidos algunas experimentadas figures de la BBC – quienes aparentemente no pueden pensar en un celibato sano.  También es incomprensible a aquellos que no pueden imaginar cómo un hombre que defendió y promociono la ética sexual cristiana clásica puede cultivar amistades, incluidas  amistades estrechas con mujeres. Y sin embargo, fueron precisamente estas amistades, vividas en una intimidad que no era sexual pero era real, que ayudaron a Karol Wojtyła/John Paul II a elaborar una nueva visión sobre la ética del amor y la responsabilidad (pidiendole prestado un titulo de su libro. 
Con las Cartas Secretas de Juan Pablo II la BBC se ahoga en un vaso de agua. Tanta fue la fiebre desatada en la prensa mundial que la blogosfera británica y americana comenzó elaborando historias con títulos pesados acerca del “documental” “Juan Pablo II se enamoro de una académica americana?” La BBC investiga; “Juan Pablo II tenía  una amante secreta”? Las cartas Wojtyła–Tymieniecka podrían haber sido la ocasión para explorar como las amistades forman a un individuo en su pensamiento y acción, avanzando mas allá del típico concepto periodístico de biografía como patografía.  Esa oportunidad fue desaprovechada.  Hubiese sido un signo de verdadera investigación periodística si Edward Stourton y la BBC se hubieran preguntado por qué ocurrió – y así también tantos otros escribas de “mente rigurosa” que se tragaron el anzuelo.


 — George Weigel is un distinguido miembro emérito del Centro de Ética y Política Publica de Washington DC, donde ejerce la cátedra William E. Simon de estudios católicos. 

(traducido del ingles de National Review)  

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