Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

martes, 10 de marzo de 2026

Juan Manuel Burgos: La filosofia social de Karol Wojtyla

 


Resumen

Karol  Wojtyła  elaboró  una  filosofía  social  que  se  encuentra  dispersa  en  diferentes  textos  entre  los  que  destacan  el  capítulo  Participación” de Persona y acción, y el escrito: Persona: sujeto y comunidad. Wojtyła no  ofreció,  sin  embargo,  en  ningún  momento  una  visión  sistemática  de  su  pensamiento,  por  lo  que  resulta  complejo  finar  sus  posiciones  sobre  estos  temas.  El  objetivo  de  este  escrito  es  solventar  esa  carencia  presentando  de  manera  sistemática  su  filosofía  social,  posibilitando  también  de  este  modo  su valoración. Nuestro análisis ha detectado 8 puntos centrales a través de los cuales expondremos su pensamiento.

Introduccion

 

Karol  Wojtyła,  en  cuanto  filósofo,  es  conocido  sobre  todo  por  sus  escritos de antropología y ética, pero también podemos encontrar en su producción elementos de filosofía social, mucho menos conocidos, pero interesantes y valiosos. Estos escritos se inician cuando Wojtyła concluye su gran obra de antropología fundamental, Persona y acción, pues parece claro que, a partir de ese momento, consideró cerrada esta área de investigación  y  comenzó  a  sentar  los  cimientos  de  lo  que  podría  haber  sido  una filosofía  social,  que,  sin  embargo,  no  llegó  a  fructificar  de  manera  completa porque la elección al Papado impidió su desarrollo posterior. Sin embargo, si se rastrea su producción filosófica en torno a este tema, se acaba encontrando mucho más de lo que, a primera vista, podría suponerse: lo suficiente como para merecer sobradamente, como se podrá comprobar, una presentación detallada.

 

Los  documentos  centrales  en  los  que  expone  su  filosofía  social  comienzan, en concreto, en el último capítulo de Persona y acción, titulado, de forma excesivamente modesta, Apuntes para una teoría de la participación. Es cierto que este capítulo no alcanza la grandeza sistemática del  resto  de  la  obra,  pero  no  nos  enfrentamos,  en  absoluto,  con  unos  bosquejos provisionales. Muy al contrario, Wojtyła presenta en esas páginas (unas 50) las líneas fundamentales de su concepción sobre la relación entre la persona y la sociedad que, más adelante, perfeccionaría o enriquecería, pero sin aportar ninguna modificación esencial. Entre los desarrollos posteriores más importantes hay que destacar el fundamental La  persona:  sujeto  y  comunidad  (1976)4,  además  de  ¿Participación  o  alienación?. Y  podría  sumarse  probablemente  también,  aunque  en  un  contexto  teórico  diferente,  El  problema  del  constituirse  de  la  cultura  a  través de la “praxis” humana (1977). En este conjunto de textos (que alcanza unas 160 páginas) es donde se encierra el conjunto de la filosofía social de Wojtyła.

 

Alguien podría apuntarse que su reflexión social no concluye aquí, sino que continúa en los años posteriores, alcanzando su madurez y plenitud  en  sus  grandes  encíclicas  sociales  Laborem  exercens  (1981), Solicitudo  rei  socialis  (1987)  y  Centessimus  Annus  (1991),  que  tanta  repercusión alcanzaron. Esto es cierto en parte, pero también lo es que estos escritos  presentan  rasgos  muy  diferentes  que  imposibilitan  un  análisis  unitario junto con los que hemos mencionado previamente. Estos textos, en efecto: 1) son firmados por Juan Pablo II, lo que implica que no necesariamente responde al pensamiento individual del hombre Karol Wojtyła, sino a lo que el hombre Karol Wojtyła consideró que debía escribir en un documento que se dirigía a toda la Iglesia; 2) probablemente han sido el resultado de diversas manos, aunque la firma final sea la suya; y 3) son textos formalmente teológicos, puesto que forman parte de la Doctrina Social de la Iglesia y se redactan asumiendo como principio la Verdad de la Revelación cristiana. Por todas estas razones, aunque entre ambos tipos de producción intelectual hay una continuidad teórica importante (especialmente constatable en textos como Laborem exercens), no es posible realizar un análisis científico unificado. Y como este escrito lo que pretende es exponer su filosofía social, nos centramos en sus artículos de filosofía  social,  lo  que  no  impedirá,  naturalmente,  alguna  referencia  a  otros textos si lo vemos oportuno o adecuado.

 

.Pues bien, el análisis de sus textos filosóficos nos ha conducido a la determinación de ocho temas centrales sobre los que basaremos nuestra exposición en la que utilizaremos sus escritos de modo transversal y no cronológico. Son los siguientes: 1) Primacía de la persona; 2) Valor personalista de la acción: participación y alienación; 3) Yo-tú: la dimensión interpersonal  de  la  comunidad;  4)  El  nosotros:  la  dimensión  social  de  la comunidad; 5) Comunidad, sociedad y Communio personarum; 6) La persona en la sociedad: colectivismo, totalitarismo y personalismo; 7) El bien común: la construcción conjunta de la persona y la comunidad; 8) Actitudes ante el bien común.

 

Una  última  consideración.  Aunque  Wojtyła  es  tremendamente  sobrio en sus referencias sociopolíticas, es evidente que su filosofía social no surge tan solo de un interés teórico, sino de una necesidad existencial y  colectiva  de  su  país,  así  como  de  una  experiencia  personal  tan  rica  como trágica. Wojtyła vivió en una Polonia dominada durante años por el nazismo y durante décadas por el comunismo. De hecho, cuando Wojtyła redacta las principales fuentes de nuestra reflexión, Polonia todavía está sometida al comunismo. Por eso, estas consideraciones poseen un especial valor, pues proceden de una persona que ha vivido y sufrido los colectivismos de derecha y de izquierda, y busca responder en estas páginas a su visión tóxica de la persona y de la sociedad.1. Primacía de la persona El  punto  central  que  recorre  toda  la  filosofía  social  de  Wojtyła  es  su insistencia continua en la primacía de la persona sobre la sociedad que,  no  parece  muy  aventurado  señalar,  se  funda  en  gran  medida  en  su experiencia de vida en regímenes colectivistas de derechas y de izquierda. La reciente ola de exaltación de la relación podría considerar problemática la afirmación que se acaba de realizar pues parecería infravalorar la relación con respecto a la persona subsistente. Pero, independientemente de la opinión personal que se pueda tener al respecto, no hay dudas acerca de la opinión de Wojtyła, ya que él mismo recibió críticas por este planteamiento, y, afortunadamente para nosotros, contamos con su respuesta explícita a esta dificultad. De hecho, su primera “justificación” sobre este punto, por decirlo de algún modo, aparece en el mismo comienzo del capítulo de Persona y acción que nos interesa: Apuntes  para  una  teoría  de  la  participación.  Wojtyła  señala,  en  efecto,  que,  aunque  solo  ahora  se  va  a  ocupar  explícitamente  de  la  relación  entre  personas,  pues  toda  la  extensa  reflexión  anterior  está  centrada  en la persona en sí misma, no es porque la considere irrelevante o secundaria. Y, precisa, ya la ha tenido presente al tratar de la experiencia del hombre, con la que comienza Persona y acción. La experiencia del ser humano, en efecto, es una experiencia interpersonal, no una expe-riencia aislada y solipsista, es la experiencia del hombre en el mundo y junto con los otros. Pero eso no le impide afirmar que, a pesar de todo, hay  una  prioridad  de  la  persona  sobre  la  relación  y,  por  ello,  lo  más  adecuado es hablar, primero, de la persona y, después, de sus relaciones, que es justamente lo que él hace en Persona y acción.

 

Juan Manuel Burgos, Fundador y presidente de la Asociación Española de Personalismo 

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