Resumen
Karol Wojtyła
elaboró una filosofía
social que se
encuentra dispersa en
diferentes textos entre
los que destacan
el capítulo “Participación”
de Persona y acción, y el escrito: Persona:
sujeto y comunidad. Wojtyła no
ofreció, sin embargo,
en ningún momento
una visión sistemática
de su pensamiento,
por lo que
resulta complejo finar
sus posiciones sobre
estos temas. El
objetivo de este
escrito es solventar
esa carencia presentando
de manera sistemática
su filosofía social,
posibilitando también de
este modo su valoración. Nuestro análisis ha detectado
8 puntos centrales a través de los cuales expondremos su pensamiento.
Introduccion
Karol Wojtyła,
en cuanto filósofo,
es conocido sobre
todo por sus
escritos de antropología y ética, pero también podemos encontrar en su
producción elementos de filosofía social, mucho menos conocidos, pero
interesantes y valiosos. Estos escritos se inician cuando Wojtyła concluye su
gran obra de antropología fundamental, Persona
y acción, pues parece claro que, a partir de ese momento, consideró cerrada
esta área de investigación y comenzó
a sentar los
cimientos de lo
que podría haber
sido una filosofía social,
que, sin embargo,
no llegó a
fructificar de manera
completa porque la elección al Papado impidió su desarrollo posterior.
Sin embargo, si se rastrea su producción filosófica en torno a este tema, se
acaba encontrando mucho más de lo que, a primera vista, podría suponerse: lo
suficiente como para merecer sobradamente, como se podrá comprobar, una
presentación detallada.
Los documentos
centrales en los
que expone su
filosofía social comienzan, en concreto, en el último capítulo
de Persona y acción, titulado, de
forma excesivamente modesta, Apuntes para
una teoría de la participación. Es cierto que este capítulo no alcanza la
grandeza sistemática del resto de
la obra, pero
no nos enfrentamos,
en absoluto, con
unos bosquejos provisionales. Muy
al contrario, Wojtyła presenta en esas páginas (unas 50) las líneas
fundamentales de su concepción sobre la relación entre la persona y la sociedad
que, más adelante, perfeccionaría o enriquecería, pero sin aportar ninguna
modificación esencial. Entre los desarrollos posteriores más importantes hay
que destacar el fundamental La persona:
sujeto y comunidad
(1976)4, además de ¿Participación o
alienación?. Y podría sumarse
probablemente también, aunque
en un contexto teórico
diferente, El problema
del constituirse de
la cultura a
través de la “praxis” humana (1977). En este conjunto de textos (que alcanza
unas 160 páginas) es donde se encierra el conjunto de la filosofía social de
Wojtyła.
Alguien podría apuntarse que su reflexión social no concluye
aquí, sino que continúa en los años posteriores, alcanzando su madurez y plenitud en
sus grandes encíclicas
sociales Laborem exercens (1981), Solicitudo rei
socialis (1987) y Centessimus
Annus (1991), que
tanta repercusión alcanzaron.
Esto es cierto en parte, pero también lo es que estos escritos presentan
rasgos muy diferentes
que imposibilitan un
análisis unitario junto con los
que hemos mencionado previamente. Estos textos, en efecto: 1) son firmados por
Juan Pablo II, lo que implica que no necesariamente responde al pensamiento
individual del hombre Karol Wojtyła, sino a lo que el hombre Karol Wojtyła
consideró que debía escribir en un documento que se dirigía a toda la Iglesia;
2) probablemente han sido el resultado de diversas manos, aunque la firma final
sea la suya; y 3) son textos formalmente teológicos, puesto que forman parte de
la Doctrina Social de la Iglesia y se redactan asumiendo como principio la Verdad
de la Revelación cristiana. Por todas estas razones, aunque entre ambos tipos
de producción intelectual hay una continuidad teórica importante (especialmente
constatable en textos como Laborem
exercens), no es posible realizar un análisis científico unificado. Y como
este escrito lo que pretende es exponer su filosofía social, nos centramos en
sus artículos de filosofía social, lo que no
impedirá, naturalmente, alguna
referencia a otros textos si lo vemos oportuno o adecuado.
.Pues bien, el análisis de sus textos filosóficos nos ha
conducido a la determinación de ocho temas centrales sobre los que basaremos
nuestra exposición en la que utilizaremos sus escritos de modo transversal y no
cronológico. Son los siguientes: 1) Primacía de la persona; 2) Valor personalista
de la acción: participación y alienación; 3) Yo-tú: la dimensión
interpersonal de la
comunidad; 4) El
nosotros: la dimensión
social de la comunidad; 5) Comunidad, sociedad y
Communio personarum; 6) La persona en la sociedad: colectivismo, totalitarismo
y personalismo; 7) El bien común: la construcción conjunta de la persona y la
comunidad; 8) Actitudes ante el bien común.
Una última
consideración. Aunque Wojtyła
es tremendamente sobrio en sus referencias sociopolíticas, es
evidente que su filosofía social no surge tan solo de un interés teórico, sino
de una necesidad existencial y
colectiva de su
país, así como
de una experiencia
personal tan rica
como trágica. Wojtyła vivió en una Polonia dominada durante años por el
nazismo y durante décadas por el comunismo. De hecho, cuando Wojtyła redacta
las principales fuentes de nuestra reflexión, Polonia todavía está sometida al
comunismo. Por eso, estas consideraciones poseen un especial valor, pues proceden
de una persona que ha vivido y sufrido los colectivismos de derecha y de
izquierda, y busca responder en estas páginas a su visión tóxica de la persona
y de la sociedad.1. Primacía de la persona El
punto central que
recorre toda la
filosofía social de
Wojtyła es su insistencia continua en la primacía de la
persona sobre la sociedad que, no parece
muy aventurado señalar,
se funda en
gran medida en su
experiencia de vida en regímenes colectivistas de derechas y de izquierda. La
reciente ola de exaltación de la relación podría considerar problemática la
afirmación que se acaba de realizar pues parecería infravalorar la relación con
respecto a la persona subsistente. Pero, independientemente de la opinión
personal que se pueda tener al respecto, no hay dudas acerca de la opinión de
Wojtyła, ya que él mismo recibió críticas por este planteamiento, y,
afortunadamente para nosotros, contamos con su respuesta explícita a esta
dificultad. De hecho, su primera “justificación” sobre este punto, por decirlo
de algún modo, aparece en el mismo comienzo del capítulo de Persona y acción que nos interesa:
Apuntes para una
teoría de la
participación. Wojtyła señala,
en efecto, que,
aunque solo ahora
se va a
ocupar explícitamente de
la relación entre
personas, pues toda
la extensa reflexión
anterior está centrada
en la persona en sí misma, no es porque la considere irrelevante o secundaria.
Y, precisa, ya la ha tenido presente al tratar de la experiencia del hombre,
con la que comienza Persona y acción.
La experiencia del ser humano, en efecto, es una experiencia interpersonal, no
una expe-riencia aislada y solipsista, es la experiencia del hombre en el mundo
y junto con los otros. Pero eso no le impide afirmar que, a pesar de todo,
hay una
prioridad de la
persona sobre la
relación y, por
ello, lo más
adecuado es hablar, primero, de la persona y, después, de sus
relaciones, que es justamente lo que él hace en Persona y acción.
Juan Manuel Burgos, Fundador y presidente de la Asociación
Española de Personalismo
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