Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 18 de marzo de 2016

Gian Franco Svidercoschi : Breve “biografía” de Karol Wojtyla/Juan Pablo II 2 de 4


Gian Franco Svidercoschi, profundo conocedor  y estudioso de la vida y obra de Karol Wojtyla, escribió también el prologo al libro que el Papa Juan Pablo II escribiera con ocasión del quincuagésimo aniversario de su sacerdocio.  Se trata de Don y Misterio, libro que nació  como consecuencia natural de un encuentro dela Congregación para el Clero y a raíz de las reflexiones  vertidas entonces por el Papa Juan Pablo II que se referían a su sacerdocio y que el mismo admitiera  “pertenecen a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima.”  El  libro cuenta con una Introducción del Santo Padre, pero fue Gian Franco Svidercoschi quien escribió un prólogo para el libro que fuera publicado en forma impresa por Librería Editrice Vaticana en  el año  2011. El texto  puede leerse completo en el sitio de la Santa Sede,  sin el prólogo de Svidercoschi.    Por eso me permito publicarlo aquí  en 4 posts. Quien lo lea detenidamente casi no se perderá detalle de la vida de Karol Wojtyla,  “encriptada” a veces  en una sola palabra o frase. 

La herencia polaca
Esta  es la razón por la cual, al releer despus de quince años el acontecimietno de Franciszek Labus y lo que el descascarillador de la cantera de piedra dijo al joven obrero que lo ayudaba, se puede captar, aún más, otro gran mérito de este libro. Es cierto que se trata de un cuento relatado con gran simplicidad e inmediatez, un cuento que parece más vivido que “escrito” vista la manera de manifestar los pensamientos más íntimos, más escondidos e incluso los sentimientos y las emociones. Pero, al mismo tiempo, “Don y misterio” ha sabido poner de relieve la continuidad, una extraordinaria continuidad, entre el periodo de la preparación al sacerdocio, del ministerio presbiteral y episcopal y el periodo del pontificado.

No se puede comprender la figura de Juan Pablo II y su obra a la guía de la Iglesia Universal si no se considera la herencia de fe, cultura e historia, una historia a menudo trágica que ha traído de su Patria. Ni se puede entender este pontificado, sin remontarse a las raíces de la vocación de Karol Wojtyła, a las experiencias vividas, a las dificultades encaradas: la familia, ante todo, y la escena tanto religiosa como cultural y social de la Polonia de los años treinta y la búsqueda teológica y filosófica, el teatro, el trabajo y luego la guerra, la Shoah, los totalitarismos del sigloXX conocidos en primera persona, y en fin el ministerio pastoral, el episcopado, la participación en el Concilio.
Cada momento, cada acontecimietno vivido, cada elección hecha, cada gesto aprendido – como el beso a la teirra siguiendo el ejemplo del cura de Ars – tuvo su importancia, su relevancia en el crecimiento humano y espiritual de Karol Wojtyła.  Hay como un “hilo conductor” que los atraviesa todos, momentos, acontecimietnos, elecciones, gestos y parece como si confluyeran hacia un objetivo prefijado.

Es decir, cuando el arzobispo de Cracovia entró en el Cónclave, trayendo consigo mismo la memoria viva de la historia y de los acontecimientos de su Patria, parecía ya “preparado” a las grandes responsabilidades del papado y por lo tanto a introducirse de inmediato y con naturalidad en la realidad y en los problemas de todo el mundo católico.

Y de esta manera, a partir del “injerto” de las experiencias polacas sobre la dimensión universal del servicio petrino y, podríamos decir, a partir de su síntesis, procedió la que – yo personalmente por lo menos – pienso que fue la gran novedad de este pontificado como “signo de cambio”.  
Un ejemplo para todos. Los Pontífices sobre todo los de la Edad Moderna, siempre habían defendido de manera tenaz –en nombre del Evangelio – al hombre y sus derechos. Pero, quizás, nadie lo hizo con tanta fuerza, pasión y sobre todo con un conocimiento tan profundo de las amenazas contra el hombre y contra la dignidad humana, como justamente lo hizo Juan Pablo II. Un conocimiento experimentado de manera dramática, personalmente, el l de septiembre de 1939, con la ocupación alemana de Polonia que dio el banderazo a la Segunda Guerra Mundial.

Fueron estos trágicos acontecimientos que aclararon, en el joven Karol “ el sentido del sacerdocio y de su misión en el mundo”.
Al leer “Don y Misterio”, nos damos cuenta que el relato de aquellos meses y años, fue narrado con ojos horrorizados, asustados, ojos que habían conocido el horror, las atrocidades.


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