Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 19 de marzo de 2016

San José hombre de la elección divina


«El 19 de marzo es la solemnidad de San José, el esposo de María Santísima, Madre de Cristo (…).La meditación de hoy nos prepara a la oración, a fin de que, reconociendo las grandes obras de Dios en aquel a quien confió sus misterios, busquemos en nuestra vida personal el reflejo vivo de estas obras para cumplirlas con la fidelidad, la humildad y la nobleza de corazón que fueron propias de San José.“José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 20-21).

Encontramos estas palabras en el capítulo primero del Evangelio según Mateo. Ellas –sobre todo en la segunda parte– son muy semejantes a las que escuchó Miriam, esto es, María, en el momento de la Anunciación [..] La descripción de la Anunciación se encuentra en el Evangelio según Lucas. Seguidamente Mateo hace notar de nuevo que, después de las nupcias de María con José, “antes de que viviesen juntos, se halló haber concebido María del Espíritu Santo” (Mt 1, 18). Así, pues, se realizó en María el misterio que había tenido su comienzo en el momento de la Anunciación, en el momento en que la Virgen respondió a las palabras de Gabriel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). 

A medida que el misterio de la maternidad de María se revelaba a la conciencia de José, él, “siendo justo; no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto” (Mt 1, 19). Así dice a continuación la descripción de Mateo.  Y precisamente entonces, José, esposo de María y ya su marido ante la ley, recibe su anunciación personal. Oye durante la noche las palabras que hemos citado antes, las palabras que son explicación y al mismo tiempo invitación de parte de Dios: “No temas recibir a María” (Mt 1, 20).  Dios confía a José el misterio cuyo cumplimiento habían esperado desde hacía muchas generaciones la estirpe de David y toda la casa de Israel, y le confía, a la vez, todo aquello de lo que depende la realización de este misterio en la historia del Pueblo de Dios. Desde el momento en que estas palabras llegaron a su conciencia, José se convierte en el hombre de la elección divina, el hombre de una particular confianza. Se define su puesto en la historia de la salvación. José entra en este puesto con la sencillez y humildad en las que se manifiesta la profundidad espiritual del hombre.

 (…). “Al despertar José de su sueño –leemos en Mateo–, hizo como el ángel del Señor le había mandado” (Mt 1, 24). En estas pocas palabras está todo. Toda la decisión de la vida de José y la plena característica de su santidad. Hizo. José, al que conocemos por el Evangelio, es hombre de acción. José es hombre de trabajo. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya; en cambio ha descrito sus acciones: acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el significado límpido para la realización de la promesa divina en la historia del hombre; obras llenas de la profundidad espiritual y de la sencillez madura (…). .

La meditación sobre su vida y sus obras, tan profundamente ocultas en el misterio de Cristo y, a la vez, tan sencillas y límpidas, ayude a todos a encontrar el justo valor y la belleza de la vocación de la que cada una de las familias humanas saca su fuerza espiritual y su santidad».
San Juan Pablo II, Audiencia general 19-3-1980



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