Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 4 de febrero de 2011

¿Quería Juan Pablo II que Joseph Ratzinger fuese su sucesor?




Ya tengo mi ejemplar de Benedicto XVI: Luz del mundo, el Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos, una conversación con Peter Seewald.

Impresionante y sencillo como si uno estuviese hablando con el.


Cuanta naturalidad en responder preguntas serias, graves, complicadas….
Cuánta sabiduría, sencillez, erudición todo al mismo tiempo! Me encanta...aunque no lo he leido aun todo. Naturalmente una de mis preguntas preferidas (y es una de las primeras) fue
¿Quería Juan Pablo II que usted fuese su sucesor?
Y el Papa Benedicto responde humildemente…No lo sé….pero admite que Juan Pablo II quiso que permaneciera en su cargo. (Personalmente yo diría que Juan Pablo II lo sabìa ;)

Y aunque ya hice un post con esa referencia me gustaría copiar textualmente la respuesta del Papa Benedicto:

A la pregunta entonces de Peter Sewald
¿Quería Juan Pablo II que usted fuese su sucesor?
el Santo Padre Benedicto XVI responde:
“No lo sé. Creo que lo dejó enteramente en manos de Dios.”

Y vuelve a preguntar Sewald:
De todos modos no lo relevó de su cargo. Eso podría entenderse como argumentum e silentio, como un argumento tácito a favor del candidato predilecto.

Responde el Papa:
“Él quiso que yo permaneciera en mi cargo. Eso es evidente. Cuando se acercaban mis 75 años, la edad en que se presenta la dimisión, me dijo: «No es preciso que escriba la carta, pues yo quiero seguir teniéndolo hasta el final». Era la gran benevolencia inmerecida que tuvo hacia mi desde el comienzo. Había leído mi Introducción al cristianismo. Al parecer, era una lectura importante para él. Inmediatamente después de llegar a papa se había propuesto llamarme a Roma como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Había depositado una gran confianza, una confianza muy cordial y profunda en mi persona. Por así decirlo, era como la garantía de que seguiríamos el curso correcto en la fe.”