Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

domingo, 5 de febrero de 2012

Karol Wojtyla nos revela al “apóstol” Jan Tyranowski (1 de 4)


Se trata del segundo ensayo de Karol Wojtyla y fue  publicado en TygodnikPowsechny  en marzo de 1949. Era un artículo sobre Jan Tyranowski titulado “El apóstol” y contiene datos autobiográficos.   
Traduzco los trozos de ese texto, que fueron publicados  en The Making of the Pope of the Millenium – Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla,  de Adam Boniecki, MIC (Marian Press, 2000). El original en polaco fue publicado en 1983;  la traducción al  inglés -  ampliada y revisada -   en el 2000,  fue dedicada al Papa Juan Pablo II al cumplir 80 años.    

“Creemos que es necesario recordar a Jan por diversas razones. Ante todo para refrescar la memoria de aquellos que lo conocieron;  por otra parte para fomentar aplicaciones creativas en la metodología apostólica católica. Porque en aquel grupo particular,  que por una variedad de razones debió dispersarse muy pronto, Jan jugaba un papel preponderante:  fue un apóstol en todo el sentido de la palabra.  Cuando el hablo por primera vez y aun la segunda en reuniones del grupo de aprendizaje religioso, todas los jóvenes presentes lo tomaron con gran reserva.  Esto en parte se debía a la obvia diferencia de edad (Jan estaba encaneciendo pese a sus apenas 40 años) pero mucho más por su manera de presentar los temas, una forma que parecía demasiado piadosa, de catecismo, nada original.  De manera que las primeras reuniones con Jan  crearon cierta distancia entre el y nosotros, actitud que parecía potenciada justamente por aquellos que luego más se acercarían a él. Pero no debiera sorprender que nuestra primera reunión resultase, aparentemente, tan desfavorable.   Entablábamos un acercamiento entre nosotros desde polos muy diferentes, no sabiendo nada el uno del otro. Además,  como jóvenes,  sin idea alguna que en la esfera de la religión, que todos profesábamos activamente, pudiesen existir las posibilidades que Jan nos revelaba.
En este punto nuestros recuerdos necesitan un comentario acerca de la metodología misma en presentar  estas memorias sobre él,  pues no es fácil recordar a este hombre, quien no puede ser comprendido bajo la luz de una mera recopilación de  acontecimientos de su vida. Para nosotros los acontecimientos no lo definían.  Los actos externos nunca podrían abarcar todo acerca de él.   Si todo contacto con una persona nos deja una impresión general, también nuestras impresiones y juicios sobre Jan fueron formados en base a nuestro contacto con él a lo largo de varios años.  
Nuestras impresiones de Jan partían de considerar a este hombre como un caballero mayor piadoso y de una convicción personal que estábamos frente a alguien que indudablemente era santo. De tal manera nuestra experiencia interna de Jan  cubrió toda nuestras resistencia y reservas, y su personalidad quedo grabada indeleblemente en nosotros.  Es esta la personalidad que es objeto de estos recuerdos, al igual que su humanidad transfigurada de tal manera que sus palabras y hechos eran tan solo un magro reflejo de ésta, porque sus palabras y hechos debían parecer muy comunes a cualquiera que no fuese transportado a la órbita de la vida interior de Jan.  No, Jan no podría ser conocido desde afuera, el debía ser captado y vivido desde adentro.
Nuestro camino en conocer a Jan fue tanto más difícil porque el nos traía un concepto de vida totalmente desconocido para nosotros. El quería acercar a quienes lo escuchaban a esta nueva vida. El fue el apóstol y el maestro de este concepto nuevo.   Y ésta es la esencia: el fue un apóstol.  Su presencia misma, testimoniaba la verdad que proclamaba.”
  

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