Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 19 de diciembre de 2015

El profeta Isaias el “quinto” evangelista (1 de 2)

(imagen de Wikimedia)

“A un conjunto de vaticinios y profecías de Isaías se le llama comúnmente "libro del Emmanuel" (caps. 6-12), porque destaca en él la figura de un niño maravilloso, cuyo nombre "Emmanuel" está lleno de misterio pues significa "Dios-con-nosotros". Este Niño es anunciado como signo por el Profeta Isaías al rey Acaz en un momento de gran peligro para la casa reinante y para el pueblo, cuando el rey y la nación están a punto de ser avasallados por los enemigos.
El rey se siente desanimado y no piensa dirigirse a Dios; tiene planes humanos que desea llevar a efecto. "No la pido (la señal), no quiero tentar al Señor". Entonces Dios anuncia a Acaz el castigo, pero al mismo tiempo reafirma su fidelidad a las promesas sobre la descendencia de David: "El Señor, por su cuenta, os dará una señal. Mirad, la Virgen está encinta y da a luz un hijo y le pone por nombre Emmanuel" (Is 7, 12-14).
Es un signo de salvación y prenda de liberación para los creyentes; pues se lee en el libro de Isaías: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombra y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo" (Is 9, 1-2).
"Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva al hombro el principado y es su nombre Maravilla de Consejero, Dios potente, Padre perpetuo, Príncipe de la paz" (Is 9, 5-6).
Y la profecía prosigue como en un crescendo. Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él posará el Espíritu del Señor, espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor" (Is 11, 1-2). Se trata del Espíritu del Mesías que manará de Él como de fuente inagotable sobre cuantos creen en Él (cf. Jn 7, 38). Gracias a este Espíritu, el conocimiento del Señor henchirá toda la tierra "como las aguas colman el mar" (Is 11, 9). Por esto puede captar el Profeta: "Sacaré aguas con gozo de las fuentes de la salvación" (Is, 12, 3; cf. Jn 4, 13-14).”



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