Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 12 de mayo de 2016

Karol Wojtyla El Vaticano II y el mini concilio polaco (1 de 2)


La idea del Sínodo de Cracovia maduraría lentamente en la mente del arzobispo […] en los últimos años de la década de los setenta, mientras acababa de escribir La renovación en sus fuentes, un viaje guiado a través de los textos conciliares, el cardenal Wojtyła tomó una decisión.  La mejor forma de profundizar la puesta en práctica de Cracovia del Concilio era que la archidiócesis reviviera por entero la experiencia del Vaticano II a través de un sínodo archidiocesano, un mini concilio al nivel de la Iglesia local.
El noveno centenario del martirio de san Estanislao proporcionaría una fecha ceremonial de clausura; así pues, el sínodo finalizaría en 1979, Estanislao había sido obispo de Cracovia durante ocho años, de forma que ésa sería la duración del sínodo que se convocaría solemnemente en 1971.  Los sínodos diocesanos casi siempre eran de carácter jurídico, asambleas legislativas del clero local para proveer de estatutos legales a una Iglesia local. El de Wojtyla sería diferente, como lo había sido el Concilio Vaticano II. El suyo seria un sínodo pastoral, un esfuerzo por compartir la experiencia de la colegialidad en el concilio con los sacerdotes y la gente de la archidiócesis. Asimismo, contaría con cierta programación de planes y, aún mas importante, forjaría una comunidad cristiana. El cardenal Wojtyła quería convertir la Iglesia de Cracovia en un vibrante movimiento evangélico y apostólico. Esa era la forma de lograr que el Concilio tuviera vigencia en Cracovia, y que estuviera en sintonía con, no en contra de, la historia del catolicismo polaco que è y su gente acababan de celebrar.

Tras un año  de preparativos el sínodo fue solemnemente convocado el 8 de mayo de 1972, en la catedral del Wawel, con la asistencia de representantes de toda la archidiócesis. Durante los siete años siguientes, el sínodo fue dirigido por una comisión central, presidida por el obispo Stanislaw Smolenski y organizada por el padre Tadeusz Pieronek.  La comisión se reunió en 119 ocasiones, asumiendo constante responsabilidad del sínodo entre sus trece reuniones plenarias.  Todas las decisiones importantes del sínodo se tomaron durante esas reuniones plenarias, en las que los delegados incluían a clérigos y laicos.  A medida que se desarrollaba el sínodo, una comisión redactora inicio la tarea de preparar los documentos  sinodales. Éstos se revisaban en las reuniones plenarias, en que se votaba a favor, en contra, o a favor pero con la introducción de cambios, exactamente igual que en el Concilio II. (Una diferencia local en Cracovia era que la Comisión Central, al revisar cada enmienda, adición o corrección sugeridas, explicaba públicamente por qué aceptaba, rechazaba o modificaba la propuesta).


El Sínodo de Cracovia acabaría por producir unas cuatrocientas páginas de documentos, que cubrían cada aspecto de la vida de la Iglesia en la archidiócesis. Tales documentos, a su vez, se organizarían bajo tres encabezamientos, que reflejaban los tres «oficios› o papeles de Cristo como sacerdote, profeta y rey; tres oficios en los cuales, como enseñara Gaudium et Spes, participaba la gente de la Iglesia, Cuerpo de Cristo en el mundo.” 

George Weigel: Testigo de Esperanza (Plaza & Janés, Barcelona 1999)

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