Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 14 de mayo de 2016

Karol Wojtyla El Vaticano II y el mini concilio polaco (2 de 2)


“El método sinodal del diálogo tornaba viva la experiencia del Concilio Vaticano II para decenas de miles de católicos en toda la zona de Cracovia. Al contrario que otros cuerpos eclesiásticos, el Sínodo de Cracovia no se inició redactando documentos. Ni siquiera inició proceso de esbozo alguno hasta transcurridos dos años, durante los cuales se formaron unos quinientos grupos de estudio para la lectura de los textos del Concilio Vaticano II, con el libro de Wojtyła. La Renovaciòn en sus fuentes. Esos grupos de estudio (unos cincuenta de los cuales aún se reunían en 1997) constituían el corazón y e alma del Sínodo de Cracovia. Los había de todas las formas y tamaños. Algunos se situaban en conventos de clausura, otros en el seminario, la mayoría tenían su base en parroquias. En ellos, sacerdotes y laicos, intelectuales y obreros, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes se reunían para rezar, para estudiar la doctrina del Concilio, para comparar esa doctrina con sus vidas cotidianas y para sugerir aplicaciones del pensamiento conciliar en los distintos ministerios de la archidiócesis. Esas reflexiones y recomendaciones eran llevadas a las sesiones plenarias del sínodo por representantes d los grupos de estudio.

Los grupos de estudio constituían las bases sobre las que el sínodo creaba una comunidad cristiana de acuerdo con el concepto conciliar de la Iglesia como «comunión»  (communio) de creyentes. En tales grupos, la archidiócesis se planteaba los documentos del Vaticano II orgánicamente, como un todo coherente. Cuando llegaba el momento de llevar a cabo las aplicaciones de la doctrina conciliar en el ámbito de la archidiócesis, no era necesario recurrir a expertos de fuera de ella.  La gente de la archidiócesis conocía por si misma los documentos conciliares y había aprendido a través de años de intenso esfuerzo a aplicar su doctrina a sus propias circunstancia particulares. Por tanto, el Sínodo de Cracovia ayudó a la archidiócesis a evitar muchas de las tensiones postconciliares experimentadas en otras partes de la Iglesia. En Cracovia el Concilio Vaticano II se reviviría como un acontecimiento religioso cuyo objetivo era fortalecer la vida evangélica y apostólica de la Iglesia, no como una lucha política por el poder en el seno de la burocracia eclesiástica.”


George Weigel Testigo de Esperanza (Plaza & Janés, Barcelona 1990)

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