Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 13 de enero de 2017

Stanislaw Dziwisz: Juan Pablo II Un legado polifónico de fe, esperanza y amor



“Una faceta de la fe de Karol Wojtyla fue la oración.  Yo fui testigo de sus oraciones diarias, no solo en la capilla o durante celebraciones públicas, sino también en medio de su trabajo, encuentros, viajes y temas que se sucedían a diario.   Conociendo su fe tan viva en la providencia de Dios, su fe que el destino del mundo y del hombre están en las manos de Dios, no me sorprendieron sus palabras el día del inicio de su pontificado a todas las gentes, a todas las culturas y a todos los sistemas económicos y políticos que abrieran las puertas a Cristo de par en par. Después de todo Cristo no amenaza a nadie. No le quita nada al hombre, más bien le da todo. Juan Pablo II nos legó esta verdad.
Juan Pablo II comenzó su pontificado en tiempos difíciles para el mundo. El personalmente había vivido lo que fueron dos sistemas  totalitarios e inhumanos sin Dios: el nazismo y el comunismo que dejaron heridas muy profundas en las vidas de la gente del siglo XX causando inconmensurables sufrimientos.
El Santo Padre no poseía ejercito.  Enfrentó desafíos que podrían haber originado miedo e impotencia. Y sin embargo sus armas fueron la verdad y la plena fe que Dios apoya a sus hijos, creados a su imagen y semejanza.  La elección  de Juan Pablo II creó grandes expectativas en su patria. Los países de Europa Central y del Este hallaron en él un vocero para sus aspiraciones, sus esperanzas de vivir en libertad y verdad.  No caben dudas que el Papa que llego a Roma de “un país lejano” Polonia, contribuyó enormemente para el colapso del sistema comunista.
El nos enseña que vale la pena confiarse plenamente en Dios, que vale la pena tener esperanza en El, que vale la pena construir nuestro mundo sobre valores eternos, inscriptos en la ley natural y los Evangelios.
Juan Pablo II adhirió a la lógica de los Evangelios. Una lógica de amor y misericordia.  En respuesta a las agrandes provocaciones y desafíos del mundo moderno con una cultura hedonística,  deseos materialistas de posesiones y una falsa comprensión de libertad separada de sus lazos con la verdad y las normas morales, el Santo Padre hizo un llamado a construir una civilización de amor.
El fue un férreo defensor del amor marital autentico, abierto a la vida, fundamento de toda familia. Mientras fue Obispo de Cracovia publicó un libro con el llamativo titulo de “Amor y Responsabilidad”. Su exhortación apostólica Familiaris Consortio es un importante documento referente a la toma de conciencia moderna con respecto al matrimonio y la familia.  Similarmente su Encíclica Evangelium Vitae que se refiere al matrimonio y a la familia es una Carta Magna de las enseñanzas de la Iglesia sobre la dignidad y la santidad del amor humano.  Juan Pablo II defendió la vida y reclamó el derecho de vida para el no nacido, aquellos más vulnerables y que no pueden elegir.
Es casi imposible describir en breve el legado de Juan Pablo II, una “polifonía” compuesta por muchas voces, temas, aspectos, logros, testimonios, eventos, gestos, textos, documentos, lugares e imágenes relacionadas con su pontificado.
Juan Pablo II también fue un místico. Inmerso en Dios. Delante de Dios lo contemplaba y Dios le ayudo a servir a la Iglesia y al mundo. En el santo padre oración y servicio estaban entrelazados y convertidos en uno. A través de su santidad nos invito a todos a acercarnos al ideal de santidad y nuestro llamado a la santidad. Este es su legado.