Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 28 de enero de 2017

Nowa Huta - La piedra angular de Arka Pana – El Arca del Señor



“Hoy todos miran hacia Nowa Huta….Miran con los ojos del alma, con los ojos de la fe, con los ojos de la esperanza y el amor. Porque lo que está ocurriendo hoy en Nowa Huta merece esta mirada, esta comunión de fe, esperanza y amor…. Hace unos momentos he colocado la piedra angular en los cimientos de la iglesia en Nowa Huta. La piedra colocada allí ha sido bendecida por el mismo Santo Padre Pablo VI. Recuerdo bien aquel día cuando hacia el fin del Concilio Vaticano II, junto con vuestro Pastor por medio de los oficios del Primado, nos dirigimos al Santo Padre Pablo VI solicitándole una piedra angular para una iglesia a construirse en Nowa Huta. El Santo Padre atendió nuestro pedido con suma diligencia. Ordeno que se retire de la antigua Basílica de San Pedro, no la que ahora se ubica sobre el Vaticano sino la más antigua, de los tiempos del Emperador Constantino. Y fue aquella piedra, tomada de esa Basílica, que fue bendecida en presencia nuestra como la piedra angular de la iglesia en Nowa Huta.

Es un gesto que nos toca de cerca. La piedra angular es aquel elemento de la estructura que la une y la integra, y este elemento para vuestra nueva iglesia es una piedra de la Basílica de San Pedro, una piedra bendecida personalmente por el sucesor de San Pedro. Consideremos la importancia histórica del hecho que la base sobre la cual se elevara la iglesia en Nowa Huta fue la basílica de Constantino.  Es una Basílica que mira hacia los primeros tiempos del cristianismo, hacia el tiempo de los mártires, la era de aquellos que derramaron su sangre por Cristo y por Su Cruz.
Las piedras de aquella estructura antigua son testigo de aquellos tiempos: los primeros tiempos cristianos, tiempos heroicos, tiempos de altos testimonios de fe, testimonios ofrecidos no solamente en palabras y hechos, sino en vida y muerte.
Y es de esta iglesia, de estas bases, que nos llega la piedra santa para construir la iglesia de Nowa Huta. Queridos hermanos y hermanas, cuando colocamos esta piedra en las bases de nuestra iglesia hoy, he sentido que no estaba solo colocándola, no estaba solo celebrando este rito litúrgico sagrado, pero que por mis manos estaba siendo colocada por el sucesor de San Pedro mismo. Porque ese es el propósito de este obsequio. El quería expresarnos que está construyendo esta iglesia junto a nosotros que hemos estado construyéndola aquí durante más de doce años: porque la historia de la construcción de esta iglesia es larga – larga y muy significativa.
Antes que la construcción comenzara, desde el principio mismo, hemos dado testimonio (a Cristo) de nuestras peticiones, de nuestras solicitudes, nuestros esfuerzos y cuando lo fue necesario – mediante el sacrificio y sobre todo por nuestra tenacidad y paciencia. Nos encontramos aqui donde existía una pequeña capilla que no podía recibir a los miles de fieles de la parroquia, hemos estado presentes durante todo el año bajo el cielo de Dios. Sin techo sobre nuestras cabezas más que el de nuestro Cristo.
Esta es,  mis hermanos,  la historia de la construcción de la iglesia en Nowa Huta. Esta historia será testimoniada por la piedra de la basílica de Constantino, una piedra que testimonia la misma fe, perseverancia y paciencia de los primeros cristianos alrededor de las colinas del Vaticano.
Esta piedra la he colocado en nombre del Santo Padre en el lugar preparado,  donde ofrecerá testimonio de nuestra comunión con la Iglesia de Cristo a través del mundo, de nuestra comunión con la Iglesia de Cristo y de San Pedro, la Iglesia de los primeros siglos de cristiandad, la iglesia de los apóstoles y de los mártires.  Pertenecemos a esa  Iglesia,  de ella crecemos y en ella nos enraizamos! Tal como la piedra, tomada de la Basílica de Constantino sobre la colina vaticana en Roma….
Esta iglesia en este lugar habla por nosotros y de nosotros. Y le dice – debería decirse - a Dios mismo: Ellos, los hijos de esta tierra, los hijos de la tierra polaca, reunidos en su nuevo lugar de trabajo, en una ciudad industrial gigantesca cerca de Krakow,  le dice a Ti, Padre Eterno, que estas en los cielos, que Tu también estas aquí, en la tierra!  Una vez viniste a nosotros, y desde entonces te has permitido descender a la tierra en la persona de tu Hijo!  Los hijos de esta tierra quieren traerte aquí a esta tierra, Eterno Padre, en la persona de Tu Hijo. Quieren traerte así tu puedes compartir su vida, y su duro trabajo”.
Es por cierto significativo que la piedra angular para la iglesia de Nowa Huta proceda de la Basílica de Constantino. En nombre de aquel gran emperador recuerda los tiempos cuando la cristiandad encontró su reconocimiento apropiado de las autoridades civiles del estado romano. Es por eso que esta piedra nos dice tanto a nosotros de muchas maneras.  Nosotros cristianos, nosotros que profesamos a Cristo, quienes quieren crear la presencia de Dios erigiendo un templo para El, también queremos crear cosas de este mundo.   No es verdad mis queridos hermanas y hermanas que no queremos crear cosas de este mundo! O que la iglesia nos impedirá hacerlo. La Iglesia es una inspiración para nosotros, una inspiración para crear un nuevo mundo. Para crear Nowa Huta! Y si esa inspiración faltase también nos privaríamos de un factor potente requerido para construir ese tremendo taller de civilización contemporánea e industria. Unidos hoy por el signo de la Cruz, pedimos a todos: que la construcción de la iglesia en Nowa Huta pueda proseguir adecuadamente, que no deba enfrentar  obstáculos y demoras. Hablamos aquí con absoluto respeto a las autoridades, pero también con una completa conciencia de nuestro derecho  como ciudadanos, los derechos que continuamos ejerciendo por nuestro trabajo diario consciente. Y lo decimos, mis queridos hermanos y hermanas, aquí bajo el signo de la cruz, ante la cual Constantino recibió un signo diferente, el signo de la victoria: “Es en este signo saldremos victoriosos”.
(de la homilía de Karol Wojtyla del 18 de mayo de 1969 al colocar la piedra angular en la iglesia de Nowa Huta-Bienczyce).  

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