Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 11 de abril de 2026

« Dios rico en misericordia »

 


I. QUIEN ME VE A MI, VE AL PADRE (cfr. Jn 14, 9)

« Dios rico en misericordia » 1 es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en sí mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer.2 A este respecto, es digno de recordar aquel momento en que Felipe, uno de los doce apóstoles, dirigiéndose a Cristo, le dijo: « Señor, muéstranos al Padre y nos basta »; Jesús le respondió: « ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me habéis conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre ».3 Estas palabras fueron pronunciadas en el discurso de despedida, al final de la cena pascual, a la que siguieron los acontecimientos de aquellos días santos, en que debía quedar corroborado de una vez para siempre el hecho de que « Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo ».4

(…)

Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como « Padre de la misericordia »,16 nos permite « verlo » especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad. Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios. Ellos son ciertamente impulsados a hacerlo por Cristo mismo, el cual, mediante su Espíritu, actúa en lo íntimo de los corazones humanos. En efecto, revelado por El, el misterio de Dios « Padre de la misericordia » constituye, en el contexto de las actuales amenazas contra el hombre, como una llamada singular dirigida a la Iglesia.

(…)

Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la « condición humana » histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral. Cabalmente el modo y el ámbito en que se manifiesta el amor es llamado « misericordia » en el lenguaje bíblico.

La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia—el atributo más estupendo del Creador y del Redentor—y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora. En este ámbito tiene un gran significado la meditación constante de la palabra de Dios, y sobre todo la participación consciente y madura en la Eucaristía y en el sacramento de la penitencia o reconciliación. La Eucaristía nos acerca siempre a aquel amor que es más fuerte que la muerte: en efecto, « cada vez que comemos de este pan o bebemos de este cáliz », no sólo anunciamos la muerte del Redentor, sino que además proclamamos su resurrección, mientras esperamos su venida en la gloria.114 

(…)

 El mundo de los hombres puede hacerse « cada vez más humano », solamente si en todas las relaciones recíprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perdón, tan esencial al evangelio. El perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado. El perdón es además la condición fundamental de la reconciliación, no sólo en la relación de Dios con el nombre, sino también en las recíprocas relaciones entre los hombres. Un mundo, del que se eliminase el perdón, sería solamente un mundo de justicia fría e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicaría sus propios derechos respecto a los demás; así los egoísmos de distintos géneros, adormecidos en el hombre, podrían transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresión de los más débiles por parte de los más fuertes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros.

(de la Encíclica Dives in Misericordia del PapaJuan Pablo II)


 

viernes, 10 de abril de 2026

La Divina Misericordia es la llave que abre las puertas

 


(vuelvo a publicar esta inolvidable homilía de Don Jozef Bart,  ordenado sacerdote el 16 de mayo de 2011 por Juan Pablo II, ahora ex Rector de la Iglesia Santo Spirito in Sassia, https://www.divinamisericordia.it/

Roma,  ex Director del Centro de Espiritualidad de la Divina Misericordia y nombrado Misionero de la Divina Misericordia por el Papa Benedicto  en 2018).

 

Traducción de la homilía de Don Jozef Bart del 16 de mayo de 2011,  Vigilia del Domingo de la Divina Misericordia y de la Ceremonia de beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II.  Soy consciente que esta homilía hay que escucharla, no leerla, porque la fuerza del espíritu de Don Bart, su convicción, contagia a quien le escucha.

No obstante aquí está traducida, de la mejor manera posible. He puesto el mayor de los cuidados por serle fiel al texto original resaltando en negrita las frases donde Don Bart pone mayor énfasis.

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Cuantos periodistas me han preguntado estos días: Padre pero que cosa es esta Divina Misericordia? Que cosa es esta Divina Misericordia? Y a la pregunta que cosa es esto, yo respondo y digo: Quien es Misericordia? Jesús! No que cosa, sino QuienJesús es Misericordia encarnada.

Y cuando nos fue dada esta imagen en estos tiempos, si en estos tiempos, porque fue en 1931 cuando el 22 de febrero inicia la maravillosa y fascinante historia de esta imagen. Yo en esta imagen represento mi Misericordia, de alguna manera la podemos tocar, la podemos invocar, y hoy la podemos celebrar públicamente y firmemente establecida gracias a Juan Pablo II, gracias a El, gracias a El. Humildemente, pero con tanta fe, con tanta convicción y sabiduría ya de niño, de joven la invocaba, le rezaba y verdaderamente podía conmoverse, no sentimentalmente, bueno esta bien también de esta manera porque somos todos humanos… conmoviéndose hasta sus fibras más íntimas el 17 de agosto del 2002 cuando, curvado allí en el Santuario de la nueva Basílica de Cracovia, al consagrar la humanidad a la Divina Misericordia decía quien hubiese pensado que aquel hombre en zuecos, que hace tanto tiempo invocaba allí a la Misericordia haría la consagración de toda la humanidad de pontífice.



Si, los designios de Dios son extraordinarios pero hace falta abrir……abrir que cosaAbrir nuestro ser a todo aquello que Dios pide de nosotros. Y créanme es fascinante la confianza de Sor Faustina en el Señor cuando dice Señor haz de mi aquello que tu quieres, haz de mi lo que tu quieres, si tu quieres que sea crucificada sobre una cruz, esta bien, si quieres que sea apedreada, esta bien, de aquí en mas quiero andar por tus caminos, según tu entendimiento. porque lo que tu quieres siempre será expresión de amor y misericordia hacia los hombres.

 


Una gran santidad, si verdaderamente ella ha querido convertirse en una grandisima santa y nuevamente no por casualidad, porque también Benedicto XVI ha dicho al inicio de su pontificado nada es casual, nada, todo tiene su sentido por eso nuestro único deber es cumplir en nuestro programa la voluntad de Dios. No es casual que la Iglesia la haya canonizado precisamente el 30 de abril del 2000, la primera santa del Gran Jubileo y debo decirlo, debo decir que a tantos se les ha pasado por alto esta noticia, esta verdad, estos días, estos meses cantidades interminables de libros que se imprimen en todas las lenguas sobre el papa, todo aquello que hizo, etc. etc. Pero casi ninguno, en realidad ninguno de esos libros que me fueron ofrecidos a mi – y esto también se lo he aclarado a los reporteros de la TV instalada afuera - hacen referencia a las palabras de Juan Pablo II aquel 30 de abril, porque se trataba de una frase “este segundo domingo de Pascua, a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "domingo de la Misericordia divina. Porque esta misericordia irradia precisamente de la liturgia de este segundo domingo de pascua. Todo, sin embargo confluye allí, era un inicio, precisamente un inicio, porque era un secreto oculto en el corazón de Karol Wojtyla que fue desvelando poco a poco, como siempre en modo diría sencillo, pero con tanta fe. Decía en una de las parroquias romanas: yo que provengo de Polonia, yo que provengo de la experiencia fuerte de Faustina Kowalska, he sentido, apenas electo pontífice, una propuesta en el corazón, una inspiración: tu no puedes - decía el papa a esta parroquia - no puedes no dejar al mundo los escritos, el mensaje sobre la Misericordia, y así - decía el Papa - surgió mi encíclica Dives in Misericordia. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html

Y cuando después siguió avanzando, avanzando siempre, porque también él como todos nosotros, sacerdotes, obispos, todos seguimos el camino del crecimiento, por eso oramos, hacemos nuestros retiros, nos actualizamos, también el ha pasado por su crecimiento, en este culto indudablemente, porque cuando el Papa beatificó a Faustina por cierto se maravillo y dijo es extraordinario como este Jesús Misericordioso conquista los corazones humanos. El Papa se ha maravillado, maravillado y además debo decir esto, porque ningún reportero puede decirlo en cambio yo si, pero lo digo con humildad, porque resulta que en 1999 cuando aquí en San Pedro celebramos con 40.000 fieles y mas de 200 sacerdotes una concelebración de que? De la Fiesta de la Divina Misericordia no oficial celebraba, presidía… al estar de gira por Italia todos me preguntaban el papa celebrará? Y yo les respondía pero porque preguntan si el papa celebrara si estáis por allí venid porque en la plaza San Pedro debe presidir el Papa, pero no lo ha dicho. El Papa se mostró humilde, pequeño y dijo si a esta celebración presidida por nuestro cardenal titular Fiorenzo Angelini, único cardenal romano, quien quedo por cierto sorprendido, conmovido interiormente viendo 40.000 personas y 200 sacerdotes en concelebración para celebrar la fiesta no oficial de la Divina Misericordia y cuando el Papa se asomo para el Regina Caeli - y - bien pocos lo saben o casi nadie - pero es bueno decirlo – allí en el balcón de bendiciones Urbi et Orbi estaba expuesta la imagen de la Divina Misericordia. El Papa dijo en aquel Regina Caeli hoy estamos pregustando la vigilia del año jubilar. Y cuando después de la Misa me llamó, me dijo esta es la victoria y el triunfo de la Divina Misericordia. Este es el triunfo de la Divina Misericordia.Han venido, porque verdaderamente quieren, los fieles, piden, tienen necesidad de invocar a esta Misericordia, han venido porque el mundo necesita de la Divina Misericordia y me piden que apruebe este culto, este Domingo de la Divina Misericordia y después cuando el 17 de agosto del 2002 en su ultimo viaje a Polonia - no sentimental como han escrito algunos pobres reporteros - verdaderamente. Juan Pablo II era muy bueno pero también severo y a algunos este pastor les dijo que también podía pastorear a algunos reporteros. El fue siempre apóstol en su pensamiento, nunca desubicado y porque el papa envejecía decían que iba a despedirse de los suyos. Sin embargo el fue a Polonia en su ultimo viaje porque precisamente desde allí nombro a Cracovia la capital del culto a la Divina Misericordia y precisamente de allí ha querido enviar al mundo su mensaje a la iglesia y al mundo de aquel viaje apostólico suyo llamado Dios rico en misericordia. Si, queridos hermanos desde aquel lugar el Papa dijo: hay tanto sufrimiento en el mundo y de este mundo que sufre parece alzarse el grito a la misericordia de Dios. Si, Dios ha encontrado diría yo una chispa en una simple religiosa Faustina, llamada religiosa de segundo coro, y ha encontrado un hombre fuerte un buen trabajador de su viña porque el Señor lo ha visto digno como cristiano, después como sacerdote, después como obispo y después llamándolo a guiar esta barca en un tiempo entre el 2do y el 3er milenio y el ha tenido el honroso deber de entregar a una humanidad - en situación difícil entre una guerra nuclear que podía explotar entre las dos grandes superpotencias entonces en conflicto en aquel tiempo entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, y - entre el aborto cuando fue aprobado aquí en Italia con un referéndum lo sabemos, sobre el divorcio, el aborto; las sombras que habían aparecido en la Iglesia misma, apenas asumido su pontificado - por cierto no era una situación fácil pero el en su corazón albergaba algo grande, tenia la llave como el decía para abrir las puertas de la Divina Misericordia

Con esta llave el Papa supo abrir el corazón de ateos y alejados….Por medio de esta llave hace 25 años ha sabido reunir a todas las religiones para invocar la paz y la paz no se encontrara jamás como ha recordado Faustina Kowalska en su experiencia hasta que la humanidad no encomiende con confianza a la misericordia divina. Si la Divina Misericordia era aquel lazo que atravesaba los días del Papa Wojtyla, el se aferraba todos los días a esta Misericordia - ya antes de salir aquel 16 de octubre por la tarde al balcón para asomarse a la gente - , porque lo dijo él en el 2003 cuando celebraba los 25 años de su pontificado y distribuía en la Plaza las estampas firmadas por el de la imagen que veis allí en la fachada de nuestra Iglesia: él bajo Jesús Misericordioso. Si, - decía - he tenido miedo, pero la confianza en la Divina Misericordia me ha dado la fuerza. El vio en esta Misericordia la fuerza, por eso para tender puentes antes de morir, en su ultimo libro, decía la misericordia es la fuerza para detener aquel misterio del mal que ataca a todos, ataca a sacerdotes, ataca a religiosos, ataca familias, ataca niños, a todos y hoy se posesiona también de los medios de comunicación y de las computadoras, lo sabemos, es como un tumor, y hace sufrir a tantos pero la Divina Misericordia es la fuerza, es el limite divino contra el mal.

También lo ha reiterado el Papa Benedicto con mas vigor aun en su verdad de teólogo, lo decimos con fuerza, el Papa Benedicto ha dicho que la misericordia es el limite divino contra el mal se entiende ahora y se entienden bajo esta luz las palabras fuertes inscriptas por Faustina Kowalska que dice que Satanás odia a la Divina Misericordia, la odia con todas sus fuerzas, pero el culto de la Divina Misericordia se impondrá en todas las almas no en una posesión diabólica, en una posesión misericordiosa de Dios sobre nosotros porque nosotros somos suyos, y el es nuestro por eso Abba, Padre se dirigía Jesús y nosotros nos dirigimos hoy a el Padre rico en Misericordia y también los jóvenes se han dirigido al Papa llamándolo papá, tu eres nuestro padre.

Si queridos hermanos el Papa JPII muriendo en la vigilia de la Divina Misericordia por cierto no podía entrar en el Paraíso si no fuese el Domingo de la Divina Misericordia y cuando los cardenales mañana pasen cerca de allí por el altar – donde hay un gran escrito que he visto esta mañana con palabras de Benedicto XVI sed felices de esto, sed felices quien lo ha amado, quien le ha estado cerca, porque este Papa será beato el dia de la Divina Misericordia - porque hoy, mañana con la beatificación de JPII tantos corazones recibirán una nueva luz, aquellos que aun se oponían a esta misericordia, aquello que aun dudaban, aquellos que aun tenían miedo o aquellos que reducían este culto de la divina misericordia a un culto polaco, a una devocioncita, en cambio no, en cambio no, mañana los dos pontífices Benedicto y Juan Pablo PII hablarán porque mañana todos sentiremos su voz desde el cielo que continua atrayendo almas por medio de su magisterio , el continúa y continuará hablándonos de la Divina Misericordia.

Y también su Polonia, su Polonia que gracias precisamente a su fiel secretario el cardenal Stanislaw Dziwisz su fiel secretario que ha emprendido esta gran responsabilidad a ejemplo de Juan Pablo II porque don Stanislaw ha visto en este pontífice como vibraba en su corazón la Divina Misericordia, en su vida, en su misión, en su donación de su cuerpo y su sangre por la Iglesia y por el mundo y hoy en la Capital del culto a la Divina Misericordia el cardenal Stanislaw continuara, inmediatamente después de la beatificación la gran peregrinación de la imagen de Jesús Misericordioso y de las reliquias de JPII que pasaran por todas las parroquias y diócesis para llevar esta nueva luz, para llevar esta fuerza a todos porque es tan fácil caer, es tan fácil prestarle oído a voces falsas , es tan fácil decir no la practico mas….pero si seguimos este camino nosotros no somos hijos espirituales de JPII porque el nos dijo abrid las puertas a Cristo, el nos ha pedido comprender esta misericordia y concluyo precisamente así con las ultimas palabras escritas, no dichas, dichas por Mons. Sandri, hoy cardenal, concluyo con las ultimas palabras que JPII ha preparado para la Fiesta de la Divina Misericordia el 3 de abril de 2005 y eran estas, así concluye su magisterio: Cuanto necesita el mundo de comprender y acoger la Divina Misericordia! Es un mensaje, es un testamento que el Papa nos ha dejado y con su beatificación, con su santidad nos sacude profundamente para impulsarnos precisamente a comprender esta misericordia y acogerla. Y esto queridos hermanos debe ser y yo sobre esto insistiré siempre hasta que viva, debe ser ser el fruto de esta beatificación y la futura canonización: comprender - porque no es fácil - la Divina Misericordia que se ha consumado en la Pasión, Muerte y Resurrección y como segunda parte quizás aun mas difícil acogerla e introducirla en nuestra vida.

Ahora veamos el pontificado de Juan Pablo II en la encíclica de la Divina Misericordia el papa nos dice que es un deber grave de la iglesia de toda época en todos los tiempos implorar esta Misericordia, proclamarla e introducirla en la vida. Pido esto para los sacerdotes aquí presentes, para ustedes para que podamos verdaderamente invocarla, celebrarla proclamarla y cumplirla, entonces si seremos verdaderos, auténticos apóstoles de la Divina Misericordia.    Alabado sea Jesucristo. ”

 

 


 

 

sábado, 21 de febrero de 2026

La misericordia infinita

 


“La misericordia en sí misma, en cuanto perfección de Dios infinito es también infinita. Infinita pues e inagotable es la prontitud del Padre en acoger a los hijos pródigos que vuelven a casa. Son infinitas la prontitud y la fuerza del perdón que brotan continuamente del valor admirable del sacrificio de su Hijo. No hay pecado humano que prevalezca por encima de esta fuerza y ni siquiera que la limite. Por parte del hombre puede limitarla únicamente la falta de buena voluntad, la falta de prontitud en la conversión y en la penitencia, es decir, su perdurar en la obstinación, oponiéndose a la gracia y a la verdad especialmente frente al testimonio de la cruz y de la resurrección de Cristo.

Por tanto, la Iglesia profesa y proclama la conversión. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno 117 a medida del Creador y Padre: el amor, al que « Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo » 118 es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del « reencuentro » de este Padre, rico en misericordia.

El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo « ven » así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris. Es evidente que la Iglesia profesa la misericordia de Dios, revelada en Cristo crucificado y resucitado, no sólo con la palabra de sus enseñanzas, sino, por encima de todo, con la más profunda pulsación de la vida de todo el Pueblo de Dios. Mediante este testimonio de vida, la Iglesia cumple la propia misión del Pueblo de Dios, misión que es participación y, en cierto sentido, continuación de la misión mesiánica del mismo Cristo.”

(de la Enciclica Dives in Misericordia, 13,  de Juan Pablo II) 

miércoles, 7 de mayo de 2025

Stanislaw Dziwisz : Los tres Papas de la Misericordia.

 Mensaje del Cardenal Stanisław Dziwisz entonces Arzobispo de Cracovia, al III Congreso Apostólico Mundial de la Misericordia (WACOM), realizado en Bogotá, Colombia 15-19.08.2014



No fue casual que también el papa Benedicto XVI comenzó su pontificado con la enciclica Deus caritas est - Dios es amor (2005)  que habla de misterio de Dios que se manifiesta a través del amor. La Misericordia de Dios que caracteriza la relación de Dios con el hombre no es solamente la señal de la presencia de Dios en el mundo contemporáneo y en el destino de la gente, sino también un amplio espacio de comunicación del hombre con el otro hombre.”

El Papa Benedicto XVI, desarrollando el pensamiento del Santo Padre Juan Pablo II contenido en la Encíclica Dives in misericordia- de Dios rico en misericordia, dibujó el programa de su pontificado en la Encíclica Dios es amor - Deus caritas est. De este modo, entró al puro centro de la fe revelada y tocó los problemas existenciales que viven hoy los cristianos.

La reflexión de Benedicto XVI sobre el tema de Dios de amor concierne nuevos aspectos del concepto de fe que son resultado del contacto de la experiencia de la fe revelada en el antiguo testamento con el pensamiento Griego. Mientras de Juan Pablo II, hablando de Dios de la misericordia manifiesta plenamente en Cristo se refería a los conceptos semíticos del amor, Benedicto XVI concentra su atención en el pensamiento heleno que, en una etapa de desarrollo de la fe, se volvió el instrumento de su expresión. 

En la Encíclica Deus caritas est el Papa Benedito XVII recuerda que el hombre desde el comienzo de su existencia trató de definir de diferentes maneras quién es Dios. Los filósofos griegos buscaban la primera causa o el principio del mundo. Reflexionaban sobre la belleza misma, la armonía de las formas y del pensamiento. Los sabios del lejano oriente -India China Japón- hablaban de la fuerza que atraviesa el cosmos entero.

El Papa Benedicto XVII subraya que la fe cristiana conduce al hombre a Dios que es amor (1 J 4,16) y que los cristianos son los hombres que “han conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros“(1 J 4,16) . El conocimiento de Dios que se revela como el amor sobrepasa el conocimiento intelectual y la experiencia estética. A su vez, establece la relación personal entre Dios y el hombre en que el amor de Dios es la respuesta al don de amor de Dios.

Dios que nos fue revelado por Jesucristo no es una idea abstracta, no es un pensamiento o la verdad, pero es amor. Los discípulos de Cristo escucharon atentamente las palabras del Maestro, inscribiendo en sus corazones a cada palabra y expresión. Parece que San Juan quien fue ese discípulo amado, trasmitió más de este misterio del Padre que Jesucristo reveló al mundo. En su Primera Carta escribió “Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 J 4,16). En esta afirmación yace la verdad de quien es Dios y quien es el hombre.

Detrás de la afirmación que Dios es amor, vienen importantes consecuencias vitales. Si Dios fuera solamente una idea perfecta, bastaría ejercitar la mente, conquistar las habilidades intelectuales y la sabiduría para conocer a Dios. Una definición similar de Dios excluiría, sin embargo, a todos los hombres que son menos capaces intelectualmente, no poseen la finura intelectual ni pueden pensar abstractamente. Dios que es amor se da a conocer a cada uno quien quiere abrirse a Él por el amor. 

La segunda consecuencia de esta verdad que Dios es amor es la necesidad de conocer a su Dios e imitarlo a Él en su comportamiento. Ser cristiano no consiste en descubrir la gran y sabia idea, sino en encontrarse con la Persona: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. (DCE 1) San Juan Evangelista dice: “Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene para nosotros” (1 J 4,16). Conocer y creer significa subeditar la vida a las exigencias de Dios y vivir de acuerdo con sus mandamientos según el modelo que Cristo dejó a sus discípulos. El encuentro con Dios y el conocimiento de su misterio lleva consigo las consecuencias existenciales.

El cristiano, subraya el Papa Benedicto XVII recibe el amor como el principio de la vida. De este modo continúa la experiencia de Israel expresada en la orden: “Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el señor es Uno. Amarás al señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 9,4-5). Simultáneamente entra en la experiencia de Cristo quien unió en un solo mandamiento el amor a Dios y al prójimo.

Según el Papa Benedicto XVII existe un solo amor de Dios al hombre y un solo amor que une al hombre con Dios. Desde la gran pasión que abarca el interior y el corazón hasta la disposición de perdón (Os 11,8-9) pasa al asombro y al éxtasis, total hundimiento en Dios y la prontitud de entregarse en sacrificio. Un amor similar fue manifiesto en su plenitud en Jesucristo-verdadero Dios y Hombre: “El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente, el misterio de la Cruz” (DCE 10). El amor en Cristo es una gran pasión que se expresa en su ira frente a los mercaderes que hicieron del Templo una plaza. Es una profunda conmoción y el llanto sobre Jerusalén; compasión para los hombres enfermos, sufridos y paralíticos. Es la disposición de dar y compartir el bien con los hambrientos y necesitados. Finalmente, asume la actitud de compartir el destino humano en la muerte y en la cruz.

El Papa Francisco, ya al inicio de su pontificado el 7 de abril de 2013, el segundo Domingo de Pascua, en su toma de posesión de la Basílica de San Juan de Letrán, invitó a toda la Iglesia a abrirse a la Divina Misericordia, a confiar en su paciencia, vivir en las llagas de su amor y del encuentro de su misericordia en los sacramentos. Aludiendo al celebrado Domingo de la Divina Misericordia decía con verdadero énfasis: “Sentiremos su ternura, tan hermosa, sentiremos su abrazo y seremos también nosotros más capaces de misericordia, de paciencia, de perdón y de amor”.

Este Domingo de la Divina Providencia, el Papa llamó la atención a la bella realidad de la fe para nuestra vida que es la Divina Misericordia: “Un amor tan grande, tan profundo el que Dios nos tiene, un amor que no decae, que siempre aferra nuestra mano y nos sostiene, nos levanta, nos guía”. Refiriéndose al Evangelio de la Fiesta de la Misericordia y a la persona de Tomás el Apóstol quien experimentaba la Divina Misericordia, que tiene la concreta cara de Jesús resucitado, el Papa señaló que “Tomás reconoce su propia pobreza, la poca fe: «Señor mío y Dios mío»: con esta invocación simple, pero llena de fe, responde a la paciencia de Jesús. Se deja envolver por la misericordia divina, la ve ante sí, en las heridas de las manos y de los pies, en el costado abierto, y recobra la confianza: es un hombre nuevo, ya no es incrédulo sino creyente.” 

El Santo Padre Francisco indicó también a San Pedro quien negó a Jesús tres veces y quien experimenta también la Divina Misericordia: “ Pedro comprende, siente la mirada de amor de Jesús y llora. Qué hermosa es esta mirada de Jesús – cuánta ternura” – dijo el Papa y motivaba: “Hermanos y hermanas, nono perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios”.

A su vez, aludiendo al fragmento del Evangelio que habla de los discípulos de Emaús a quienes Jesús no abandona por el camino y explica pacientemente los textos que se referían a Él, el Papa subrayó que “Éste es el estilo de Dios”. “No es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar” - decía Francisco y aseguraba “Dios nos espera siempre, aun cuando nos hayamos alejado. Él no está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para abrazarnos”.

El Papa Francisco también llamó la atención más adelante que ”la paciencia de Dios debe encontrar en nosotros la valentía de volver a Él, sea cual sea el error, sea cual sea el pecado que haya en nuestra vida”. El Santo Padre aclaró: “Jesús invita a Tomás a meter su mano en las llagas de sus manos y de sus pies y en la herida de su costado. También nosotros podemos entrar en las llagas de Jesús, podemos tocarlo realmente; y esto ocurre cada vez que recibimos los sacramentos”. El Santo Padre Francisco indicó la necesidad de la valentía para confiarse a la misericordia de Jesús confiar en su paciencia esconderse siempre en las llagas de su amor.

El Papa Francisco también recordó la situación de su experiencia de pastoral personal, cuando alguien decía: ”Padre, tengo muchos pecados»; y siempre en esta situación invitaba: la invitación que he hecho siempre es: «No temas, ve con Él, te está esperando, Él hará todo». Animaba: “Dejémonos sin embargo aferrar por la propuesta de Dios, la suya es una caricia de amor. Para Dios no somos números, somos importantes, es más somos lo más importante que tiene; aun siendo pecadores, somos lo que más le importa”.

El Santo Padre Francisco confesó que en su vida personal vio varias veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia: “he visto también en muchas personas la determinación de entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre. Y he visto siempre que Dios lo ha hecho, ha acogido, consolado, lavado, amado.”

Para finalizar, el Papa Francisco llamó a abrirse a la Divina Misericordia confiar en su paciencia, el valor para regresar a su casa, para habitar en las llagas de su amor, dejándole amar, encontrar su misericordia en los sacramentos: “Sentiremos su ternura, tan hermosa, sentiremos su abrazo y seremos también nosotros más capaces de misericordia, de paciencia, de perdón y de amor”.

El Papa Francisco nos dio, igualmente, el medicamento que permite curar las llagas de los corazones quebrados que se llama la Misericordina y es la Coronilla a la Divina Misericordia. Esta oración la enseña la Santa sor Faustina que transmitió al mundo el Mensaje de la Misericordia junto con la imagen de Jesús Misericordioso y la Fiesta de la Misericordia.  (De la pagina oficial de Milosierdzie.pl)

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Invito visitar posts: Jubileo de la Misericordia: 


 

domingo, 27 de abril de 2025

Papa Francisco : “Tener vida” – Domingo de la Divina Misericordia 2024

 


En su último Ángelus para el Domingo de la Misericordia 2024 el Papa Francisco nos recordaba:

Hoy, segundo domingo de Pascua -dedicado por san Juan Pablo II a la Divina Misericordia-, el Evangelio (cfr. Jn 20,19-31) nos dice que si creemos en Jesús, el Hijo de Dios, podemos tener vida eterna en su Nombre (v. 31).

 “Tener vida”: ¿qué significa?

Todos queremos tener vida, pero existen diversos puntos de vista sobre cómo lograrlo. Por ejemplo, hay quien reduce la existencia a una carrera frenética para gozar y poseer muchas cosas: comer y beber, divertirse, acumular dinero y objetos, sentir emociones fuertes y nuevas, etc. Este es un camino que a primera vista parece atractivo, pero que no sacia el corazón. No es así como se “tiene vida”, porque siguiendo los caminos del placer y del poder no se encuentra la felicidad. De hecho, quedan sin respuesta muchos aspectos de la existencia como, por ejemplo, el amor, las experiencias inevitables del dolor, las limitaciones y la muerte. Y, además, no se hace realidad el sueño que todos tenemos en común: la esperanza de vivir para siempre, de ser amados sin fin.

Plenitud de vida

Hoy, el Evangelio dice que esta plenitud de vida, a la que cada uno de nosotros está llamado, se realiza en Jesús: es Él quien nos da la vida plena. Pero, ¿cómo acceder a ella, cómo experimentarla?

Veamos lo que les sucedió a los discípulos del Evangelio. Están atravesando el momento más trágico de su vida: después de los días de la Pasión, están encerrados en el Cenáculo, asustados y desanimados. El Resucitado se presenta en medio de ellos, y, en primer lugar, les muestra sus llagas (cfr. v. 20): son los signos del sufrimiento y del dolor, podrían suscitar sentimientos de culpa, y, sin embargo, con Jesús se convierten en canales de misericordia y perdón. Así, los discípulos ven y tocan con la mano que con Jesús la vida vence siempre, la muerte y el pecado son derrotados. Y reciben el don de su Espíritu, que les da una vida nueva, de hijos amados -vida de hijos amados-, hecha de alegría, amor y esperanza. Os pregunto: ¿tenéis esperanza? Que cada uno se pregunte: ¿cómo va mi esperanza?

He aquí qué hacer cada día para “tener vida”: basta con fijar la mirada en Jesús crucificado y resucitado, encontrarlo en los Sacramentos y en la oración, reconocerlo presente, creer en Él, dejarse tocar por su gracia y guiar por su ejemplo, experimentar la alegría de amar como Él. Cada encuentro con Jesús, un encuentro vivo con Él, nos permite tener más vida. Hay que buscar a Jesús, dejarse encontrar -porque Él nos busca-, abrir el corazón al encuentro con Jesús.

Pero preguntémonos: ¿creo en el poder de la resurrección de Jesús, creo que ha resucitado? ¿Creo en su victoria sobre el pecado, el miedo y la muerte? ¿Me dejo implicar en la relación con el Señor, con Jesús? ¿Y dejo que Él me empuje a amar a los hermanos y las hermanas, y a tener esperanza todos los días? Que cada uno piense en esto.

Que María nos ayude a crecer cada vez más en la fe en Jesús resucitado, para que “tengamos vida” y difundamos la alegría de la Pascua.

 

viernes, 29 de noviembre de 2024

Primer domingo de Adviento de 1978 - El primer Adviento de Juan Pablo II

 

"Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20)



En el Ángelus de su primer domingo de Adviento, como Sumo Pontífice, el Papa Juan Pablo II nos invitaba a prepararnos para la “venida” de Dios al hombre:


“Hoy es el primer domingo de Adviento. Comienza el nuevo año litúrgico: cada año, en efecto, empezando desde el primer domingo de Adviento, la Iglesia, a través del ciclo de domingos y fiestas, procura hacernos partícipes de la obra salvífica de Dios en la historia del hombre, de la humanidad y del mundo. Precisamente por este "adviento", que quiere decir "venida", Dios viene al hombre, y ésta es una dimensión fundamental de nuestra fe. Nosotros vivimos nuestra fe cuando estamos abiertos a la venida de Dios, cuando perseveramos en el Adviento. […]


Pienso sobre todo en el Adviento que se realiza en el sacramento del santo bautismo. Un hombre viene al mundo: nace como hijo de sus padres; viene al mundo con la herencia del pecado original. Los padres, conscientes de tal herencia e inspirados por la fe en la palabra de Cristo, llevan a su hijo al bautismo. Desean abrir el alma de su niño a la venida del Salvador, a su "Adviento". De esta manera el Adviento señala el comienzo de la nueva vida: en cierto sentido se le quita a ese niño el sello del pecado original y se le injerta el principio de la vida nueva, de la vida divina. Porque Cristo no viene "con las manos vacías"; nos trae la vida divina; quiere que nosotros tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10, 10)”


Ese primer domingo de adviento – 3 de diciembre de 1978- como obispo de Roma realizaba su primera visita pastoral a una parroquia romana: San Francisco Javier en la Garbatella, que habia frecuentado ya durante su permanencia en Roma como estudiante, para ayudar en la pastoral (invito ver mi entrada San Francisco Javier en la Garbatella)


Recordamos recordamos tambièn un nuevo aniversario de la publicación de la encíclica  Dives in Misericordia dada a conocer un primer domingo de adviento, el 30 de noviembre de 1980.






 

viernes, 4 de octubre de 2024

Santa Faustina “don de nuestro tiempo”

 




Del Diario de Santa Faustina

1931, 22 de febrero
“Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma*: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero.

Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.

Cuando le dije al confesor recibí como respuesta que eso se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia.

Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercase a Mi. Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas.”

* Jesús exigía que la imagen llevase, como firma, y no como inscripción estas palabras: “Jesús, en Ti confío”.

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jueves, 25 de abril de 2024

Cual es el mensaje de la Divina Misericordia? Entrevista a Don Giuseppe Bart,

 


El de la Misericordia de Dios es uno de los misterios divinos que más marcó el pontificado de Karol Wojtyla. ¿Puedes explicarnos cómo?


El Pontificado del Papa Juan Pablo II entra en el gran plan de difundir el culto a la Divina Misericordia. En su diario, Santa Faustina escribe que llegará el día en que el culto a la Divina Misericordia se apoderará de todas las almas. Por eso el Pontificado de Juan Pablo II, pero también el de Benedicto XVI y el del Papa Francisco, llevan adelante la realización de este plan de Dios para que cada alma conozca, acoja y experimente la Divina Misericordia. No es casualidad que el Papa nos haya dejado el 2 de abril de 2005, en vísperas de esta Fiesta. Además, el último mensaje dejado al mundo por Juan Pablo II fue leído el 3 de abril de 2005, apenas 24 horas después de su muerte: dijo que el mundo tiene una gran necesidad de comprender y acoger la Divina Misericordia. Incluso antes, el 17 de agosto de 2002,  en Cracovia, en su última visita apostólica a suelo polaco, el Papa expresó la esperanza de que la Divina Misericordia pudiera llegar a todos los habitantes de la tierra, y hoy estamos viviendo la realización de esta profecía. Con la entrega de la "misericordia"    el 17 de noviembre de 2013, el Papa Francisco no hace más que conducir a los hombres por el camino de la misericordia seguido por Juan Pablo II. Un camino que arrastra a muchas personas, para que muchas almas que se encuentran en las periferias existenciales, muchas personas abandonadas y enfermas puedan encontrar su refugio y su esperanza en la Misericordia Divina.




¿Cuál es el mensaje de la Divina Misericordia?


Juan Pablo II dijo que la Divina Misericordia no es debilidad sino el límite divino contra el mal. La Divina Misericordia es fuerza para los débiles, esperanza para los desesperados, salud para los enfermos. Faustina Kowalska define la Divina Misericordia como “un milagro continuo”. Además, hay que considerar que el mensaje de la Divina Misericordia se abrió al mundo inmediatamente después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, de cuyos sufrimientos también fue testigo Karol Wojtyla -primero como joven, pero también como sacerdote, obispo y cardenal después-: es claramente una señal. Cuántas personas que hoy sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial han encontrado en la Divina Misericordia una fuente de esperanza, pero también el motivo para perdonar a sus hermanos que contribuyeron a causar tantas muertes.

(….)

El tema de la Misericordia también vuelve frecuentemente en los discursos y reflexiones del Papa Francisco: ¿es posible rastrear una similitud entre los dos Pontífices sobre este tema?


Las palabras que nos dirigió el Papa Francisco en su primera visita como Pontífice a la Basílica de Santa María la Mayor fueron “misericordia, piedad, piedad”, y en su primera misa celebrada en la parroquia de Sant'Anna, en el Vaticano, dijo que “lo mejor de la enseñanza de Jesús es la misericordia”. Y nuevamente dijo que pronunciar la palabra misericordia, hablar de misericordia cambia al hombre y cambia el mundo. El Papa Francisco conoció a Karol Wojtyla durante su visita a Argentina y comprendió la santidad de ese hombre ya durante su vida terrena. El jueves después del Miércoles de Ceniza, hablándonos a los sacerdotes romanos en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco dedicó su reflexión a la Divina Misericordia y dijo que no podemos olvidar el gran legado que dejó Juan Pablo II y que ese legado consiste también en el mensaje de Divina Misericordia que nos dejó. Él, viendo la pobreza de su Buenos Aires y del mundo entero, vio en la Divina Misericordia un medio verdaderamente eficaz para encender el corazón de todos los hombres y ayudar a los necesitados, cualquiera que fuera su fe. En estos rasgos veo una profunda unión con Juan Pablo II, porque cuando Wojtyla vino a esta iglesia de Santo Spirito en Sassia, el 23 de abril de 1995, concluyó la Santa Misa con este mensaje: llevad la Divina Misericordia a quienes sufren en el cuerpo y en el espíritu, y vemos también esta exhortación concretada en la vida cotidiana y en la enseñanza del Papa Francisco".

Son miles de fieles los que acuden en peregrinación a esta iglesia que, por iniciativa del Papa Juan Pablo II, se ha convertido en Santuario de la Divina Misericordia. ¿Qué los atrae aquí?

La Divina Misericordia - citando al propio Papa Francisco - se convierte en un hospital de campaña. Las personas que pasan por las puertas de este lugar vienen trayendo sufrimientos y enfermedades de todo tipo, en cuerpo y espíritu. Además de los enfermos, hay personas que han afrontado años de prisión, padres sufrientes que llevan en el corazón las enfermedades de sus hijos; de hecho, cerca se encuentra el hospital pediátrico Bambino Gesù, mientras que el hospital Santo Spirito en Sassia, que es el el más antiguo de Europa, está adyacente al Santuario. Vienen personas de lejos que han vivido una vida moralmente destruida, en algunos casos incluso personas que han perdido su dignidad humana y luego cristiana. Vienen porque saben que ante Jesús misericordioso pueden dejar sus ropas sucias y recibir un vestido nuevo, el de la Divina Misericordia. Por eso Jesús pidió a Santa Faustina que todas las almas tuvieran acceso a esta imagen.

 

Fuente: La Nuova Bussola Quotidiana

 

sábado, 6 de abril de 2024

"Misericordias Domini in aeternum cantabo" Domingo de la Misericordia Divina

 


"Confitemini Domino quoniam bonus, quoniam in saeculum misericordia eius", "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (Sal 118, 1). Así canta la Iglesia en la octava de Pascua, casi recogiendo de labios de Cristo estas palabras del Salmo; de labios de Cristo resucitado, que en el Cenáculo da el gran anuncio de la misericordia divina y confía su ministerio a los Apóstoles: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. (...) Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos" (Jn 20, 21-23).

Antes de pronunciar estas palabras, Jesús muestra sus manos y su costado, es decir, señala las heridas de la Pasión, sobre todo la herida de su corazón, fuente de la que brota la gran ola de misericordia que se derrama sobre la humanidad. De ese corazón sor Faustina Kowalska, la beata que a partir de ahora llamaremos santa, verá salir dos haces de luz que iluminan el mundo: "Estos dos haces ―le explicó un día Jesús mismo― representan la sangre y el agua" (Diario, Librería Editrice Vaticana, p. 132).

¡Sangre y agua! Nuestro pensamiento va al testimonio del evangelista san Juan, quien, cuando un soldado traspasó con su lanza el costado de Cristo en el Calvario, vio salir "sangre y agua" (Jn 19, 34). Y si la sangre evoca el sacrificio de la cruz y el don eucarístico, el agua, en la simbología joánica, no sólo recuerda el bautismo, sino también el don del Espíritu Santo (cf. Jn 3, 5; 4, 14; 7, 37-39).

La misericordia divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: "Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un "segundo nombre" del amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón?

Hoy es verdaderamente grande mi alegría al proponer a toda la Iglesia, como don de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de sor Faustina Kowalska. La divina Providencia unió completamente la vida de esta humilde hija de Polonia a la historia del siglo XX, el siglo que acaba de terminar. En efecto, entre la primera y la segunda guerra mundial, Cristo le confió su mensaje de misericordia. Quienes recuerdan, quienes fueron testigos y participaron en los hechos de aquellos años y en los horribles sufrimientos que produjeron a millones de hombres, saben bien cuán necesario era el mensaje de la misericordia.

Jesús dijo a sor Faustina: "La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina" (Diario, p. 132). A través de la obra de la religiosa polaca, este mensaje se ha vinculado para siempre al siglo XX, último del segundo milenio y puente hacia el tercero. No es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

(…)

Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "domingo de la Misericordia divina". A través de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia que, a la vez que reconstruye la relación de cada uno con Dios, suscita también entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos enseñó que "el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a "usar misericordia" con los demás: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7)" (Dives in misericordia, 14). Y nos señaló, además, los múltiples caminos de la misericordia, que no sólo perdona los pecados, sino que también sale al encuentro de todas las necesidades de los hombres. Jesús se inclinó sobre todas las miserias humanas, tanto materiales como espirituales.

Su mensaje de misericordia sigue llegándonos a través del gesto de sus manos tendidas hacia el hombre que sufre. Así lo vio y lo anunció a los hombres de todos los continentes sor Faustina, que, escondida en su convento de Lagiewniki, en Cracovia, hizo de su existencia un canto a la misericordia: "Misericordias Domini in aeternum cantabo".

(dela Homilia de Juan Pablo II el Domingo 30 de abril de 2000 con ocasión de la canonizaciónde la beata Maria Faustina Kowalska)

“Este es el día que hizo el Señor”

Imagen de Wikipedia Tomas el incrédulo - Caravaggio


“Todos estos días, entre el Domingo de Pascua y el segundo domingo después de Pascua, in albis, constituyen en cierto sentido el único día. La liturgia se concentra sobre un acontecimiento, sobre el único misterio. “Ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6) Cumplió la Pascua. Reveló el significado del Paso. Confirmó la verdad de sus palabras. Dijo la última palabra de su mensaje: mensaje de la Buena Nueva, del Evangelio. Dios mismo que es Padre, esto es, Dador de la Vida, Dios mismo no quiere la muerte (cf. Ez 18, 23. 32), y “creó todas las cosas para la existencia” (Sab 1, 14), ha manifestado hasta el fondo, en Él y por Él, su amor. El amor quiere decir vida.

Su resurrección es el testimonio definitivo de la Vida, esto es, del Amor.

“La muerte y la vida entablaron singular batalla. El Señor de la vida, muerto, reina vivo” (Secuencia).

“Este es el día que hizo el Señor” (Sal 117 [118], 24): “más sublime que todos, más luminoso que los demás, en el que el Señor resucitó, en el que conquistó para Sí un pueblo nuevo... mediante el espíritu de regeneración, en el que ha llenado de gozo y exultación las almas de todos” (San Agustín, Sermo 168, in Pascha X, 1; PL 39, 2070).

Este único día corresponde, en cierto modo, a todos los siete días de que habla el libro del Génesis, y que eran los días de la creación (cf. Gén 1-2). Por esto los celebramos todos en este único día. En estos días, durante la octava, celebramos el misterio de la nueva creación. Este misterio se expresa en la persona de Cristo resucitado. El mismo es ya este misterio y constituye para nosotros su anuncio, la invitación a él. La levadura. En virtud de esta invitación y de esta levadura somos todos en Jesucristo la “nueva creatura”.

“Así, pues, festejémosla, no con la vieja levadura..., sino con los ácimos de la pureza y la verdad” (1 Cor 5, 8).

 (Juan Pablo II Audiencia General  18 de abril de 1979)

Historia de la frase en el primer cuadro de Jesús Misericordioso

 


El padre Sopocko encargó el cuadro de Jesús Misericordioso a principios de 1934 en Vilna (Vilnius, Lituania), al pintor Eugeniusz Kazimirowski. El piso del padre Sopocko y el piso de Kazimirowski junto con su estudio se encontraban en el mismo edificio. Durante seis meses Sor Faustina venía al estudio del pintor para dar indicaciones y los detalles del aspecto del cuadro. El padre Sopocko se encargó personalmente que el cuadro fuera pintado exactamente según sus indicaciones. Cuando el cuadro ya estaba listo (junio de 1934) el p. Sopocko quiso asegurarse del texto que debía acompañar a la imagen y pidió a sor Faustina que lo preguntase al Señor Jesús

 Una vez el confesor (Padre Sopocko) me preguntó cómo debía ser colocada la frase, ya que todo eso no cabía en la imagen. Contesté que rezaría y que daría la respuesta la semana siguiente. Al alejarme del confesionario, y pasando cerca del Santísimo Sacramento, recibí el entendimiento interior de cómo debía ser la frase. Jesús me recordó lo que me había dicho la primera vez, es decir,

que estas tres palabras debían ser puestas en evidencia. Las palabras son: Jesús, en Ti confío” (Diario, 327

Pinta una imagen según el modelo que ves, con la frase: Jesús, en Ti confío” (Diario, 47).


Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la frase: Jesús, en Ti confío” (Diario, 327).


La misericordia : La parábola del hijo prodigo - realidad de la conversión

 


La parábola del hijo pródigo expresa de manera sencilla, pero profunda la realidad de la conversión. Esta es la expresión más concreta de la obra del amor y de la presencia de la misericordia en el mundo humano. El significado verdadero y propio de la misericordia en el mundo no consiste únicamente en la mirada, aunque sea la más penetrante y compasiva, dirigida al mal moral, físico o material: la misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre. Así entendida, constituye el contenido fundamental del mensaje mesiánico de Cristo y la fuerza constitutiva de su misión. Así entendían también y practicaban la misericordia sus discípulos y seguidores. Ella no cesó nunca de revelarse en sus corazones y en sus acciones, como una prueba singularmente creadora del amor que no se deja « vencer por el mal », sino que « vence con el bien al mal »,69

 (De la Enciclica Dives in Misericordia de Juan Pablo II)

miércoles, 12 de abril de 2023

Ten misericordia de nosotros y del mundo entero

 


Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el alma y la divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por los pecados nuestros y del mundo entero; por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero" (Diario, 476, ed. it., p. 193). De nosotros y del mundo entero... 

¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! En todos los continentes, desde lo más profundo del sufrimiento humano parece elevarse la invocación de la misericordia. Donde reinan el odio y la sed de venganza, donde la guerra causa el dolor y la muerte de los inocentes se necesita la gracia de la misericordia para calmar las mentes y los corazones, y hacer que brote la paz. Donde no se respeta la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso de Dios, a cuya luz se manifiesta el inexpresable valor de todo ser humano. Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo termine en el resplandor de la verdad.

Por eso hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús:  de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (cf. Diario, 1732, ed. it., p. 568). Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero. ¡Sed testigos de la misericordia!

Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.

Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.

Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

 

(San Juan Pablo II – Consagraciòn del Santuario de laMisericordia Divina, Cracovia,  17 deagosto de 2002)