En la catequesis de hoy – nos decia el
Santo Padre - nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre
la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la Constitución
conciliar Dei
Verbum, en el capítulo sexto.* La Iglesia es
el lugar proprio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración
del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y está destinada al
pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat:
efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde
revelar su significado y manifestar su fuerza.
El Vaticano
II recuerda que «la Iglesia ha venerado
siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no
dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto
de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada
Liturgia». Además, «siempre las ha considerado y considera, juntamente con la
Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe» (Dei
Verbum, 21).
La Iglesia
nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después
del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea
General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios
en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre
de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación
postsinodal Verbum
Domini (30 de septiembre de 2010), en la
que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que
la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que
tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la
interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).
Al finalizar ofrece un breve resumen en español, que lee:
La Constitución dogmática Dei
Verbum reflexiona sobre el vínculo profundo que
existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia. La Biblia tiene su origen en el
Pueblo de Dios, y a él va dirigida; esto significa que su fuerza y su
significado se manifiestan plenamente en la vida y en la fe de la comunidad
cristiana. La Iglesia anhela que todos
sus miembros conozcan la Palabra de Dios y se alimenten de ella, para que se
encuentren con Cristo y puedan dialogar con Él. Pero, además, la Palabra de
Dios impulsa a la comunidad eclesial a salir más allá de sí misma y a ser misioneros
de la Buena Noticia hasta los confines de la tierra.
En la Iglesia se
aprende que Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne,
nuestro Salvador. Por eso, todos los fieles están llamados a acercarse con amor
y familiaridad a las Sagradas Escrituras, especialmente en la celebración de la
Eucaristía y de los otros sacramentos
* El
último capítulo de la Constitución
(Leer completo en el sitio de la santa Sede)

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