“He aquí que hoy anunciamos la Cuaresma con las palabras del Profeta Joel, y la comenzamos con toda la Iglesia. Anunciamos la Cuaresma con un rito que es aún más elocuente que las palabras del Profeta. La Iglesia bendice hoy la ceniza obtenida de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año pasado, para imponerla sobre cada uno de nosotros. Inclinemos, pues, nuestras cabezas. y reconozcamos en el signo de la ceniza toda la verdad de las palabras dirigidas por Dios al primer hombre: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3, 19).
¡Sí! Recordemos esta realidad, sobre todo,
durante el tiempo de Cuaresma, al que nos introduce hoy la liturgia de la
Iglesia. Es un "tiempo fuerte". En este período las verdades divinas
deben hablar a nuestros corazones con una fuerza muy particular. Deben
encontrarse con nuestra experiencia humana, con nuestra conciencia. La primera
verdad proclamada hoy recuerda al hombre su caducidad, la muerte, que es el fin
de la vida terrena para cada uno de nosotros. La Iglesia insiste mucho hoy
sobre esta verdad, comprobada por la historia de cada hombre: Acuérdate de que
"al polvo volverás". Acuérdate de que tu vida sobre la tierra tiene
un límite.
Pero el mensaje del miércoles de ceniza no acaba
aquí. Toda la liturgia de hoy advierte: Acuérdate de aquel límite; pero al
mismo tiempo: ¡No te quedes en ese límite! La muerte no es sólo una necesidad
"natural". La muerte es un misterio. Ciertamente, entramos en el
tiempo particular en el que toda la Iglesia, más que nunca, quiere meditar
sobre la muerte como misterio del hombre en Cristo. Cristo-Hijo de Dios aceptó
la muerte como necesidad de la naturaleza, como parte inevitable de
la suerte del hombre sobre la tierra. Jesucristo aceptó la muerte como
consecuencia del pecado. Desde el principio, la muerte está unida al pecado: la
muerte del cuerpo («al polvo volverás») y la muerte del espíritu humano a causa
de la desobediencia a Dios, al Espíritu Santo. Jesucristo aceptó la muerte en
señal de obediencia a Dios, para restituir al espíritu humano el don pleno del
Espíritu Santo. Jesucristo aceptó la muerte para vencer al pecado. Jesucristo
aceptó la muerte para vencer a la muerte en la esencia misma de su misterio
perenne.
Por esto el mensaje del miércoles de ceniza se
expresa con las palabras de San Pablo: «Somos, pues, embajadores de Cristo, como
si Dios os exhortara por medio de nosotros. Por Cristo os rogamos: Reconciliaos
con Dios. A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en
El fuéramos justicia de Dios» (2Cor 5, 20-21).
¡Colaborad con El!
El significado del miércoles de ceniza no se
limita a recordarnos la muerte y el pecado; es también una fuerte llamada a
vencer el pecado, a convertirnos. Lo uno y lo otro expresan la colaboración con
Cristo. ¡Durante la Cuaresma tenemos ante los ojos toda la "economía"
divina de la gracia y de la salvación! En este tiempo de Cuaresma acordémonos
de «no recibir en vano la gracia de Dios» (2Cor 6,1)”
(dela
homilía de San Juan Pablo II Miercoles de ceniza 1979)


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