El 14 de septiembre de 1981, en el 90 aniversario de la Carta Encíclica Rerum Novarum (sobre la situación de los obreros) el Santo Padre Juan Pablo
II regalaba al mundo del trabajo humano la suya Laborem
exercens.
El mismo explica en el punto 1 de la Encíclica que
“Habiéndose cumplido, el 15 de mayo del año en curso, noventa años desde la
publicación —por obra de León XIII, el gran Pontífice de la «cuestión social»—
de aquella Encíclica de decisiva importancia, que comienza con las palabras
Rerum Novarum, deseo dedicar este documento precisamente al trabajo humano, y
más aún deseo dedicarlo al hombre en el vasto contexto de esa realidad que es
el trabajo. En efecto, si como he dicho en la Encíclica Redemptor Hominis,
publicada al principio de mi servicio en la sede romana de San Pedro, el hombre
«es el camino primero y fundamental de la Iglesia»,4 y ello
precisamente a causa del insondable misterio de la Redención en Cristo,
entonces hay que volver sin cesar a este camino y proseguirlo siempre
nuevamente en sus varios aspectos en los que se revela toda la riqueza y a la
vez toda la fatiga de la existencia humana sobre la tierra”
Con motivo del XX aniversario de la Encíclica con
ocasión de la Conferencia Internacional sobre "El trabajo, clave de la cuestión
social", organizada por el Consejo pontificio
Justicia y paz, el Santo Padre consideraba oportuno “poner de relieve la
dimensión subjetiva del trabajo, frente a las profundas transformaciones
económicas y sociales que la época actual está viviendo. En efecto – agregaba -
en este importante ámbito de la vida social, estamos atravesando una profunda
evolución, que a veces tiene las características de un cambio radical. Ha
cambiado la forma del trabajo, así como sus horarios y lugares. En los países
más industrializados el fenómeno ha cobrado tales dimensiones, que el modelo
del trabajo dependiente, realizado en grandes fábricas con horarios rígidos,
pertenece ya al pasado. Como toda gran transformación, también esta presenta
elementos de tensión y, al mismo tiempo, de complementariedad entre la
dimensión local de la economía y la dimensión global; entre la que se define
"antigua" economía y la "nueva"; entre la innovación
tecnológica y la exigencia de salvaguardar los puestos de trabajo; entre el
crecimiento económico y la compatibilidad ambiental.Sin embargo, sería un grave
error creer que las transformaciones actuales acaecen de modo determinista. El
factor decisivo, dicho de otro modo, "el árbitro" de esta compleja
fase de cambio, es una vez más el hombre, que debe seguir siendo el verdadero
protagonista de su trabajo. Puede y debe hacerse cargo de modo creativo y
responsable de las actuales transformaciones, para que contribuyan al
crecimiento de la persona, de la familia, de la sociedad en la que vive y de la
entera familia humana (cf. Laborem exercens, 10.
Por su parte el entonces cardenal Joseph
Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en su conferencia acerca de «Las catorce encíclicas del Santo Padre Juan Pablo
II» en el congreso organizado por la Universidad
Pontificia Lateranense expresaba que
“A la década 1981-1991 pertenecen las tres
encíclicas sociales: «Laborem exercens», «Sollicitudo rei socialis» y
«Centesimus annus». Las tres grandes encíclicas sociales aplican la
antropología del Papa a la problemática social de nuestro tiempo. Juan Pablo II
subraya la primacía del hombre sobre los medios de producción, la primacía del
trabajo sobre el capital y la primacía de la ética sobre la técnica. En el
centro está la dignidad del hombre, que es siempre un fin y jamás un medio. A
partir de aquí se esclarecen las grandes cuestiones actuales de la problemática
social en contraposición crítica tanto con el marxismo como con el liberalismo”.

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