Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta Y v. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Y v. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de julio de 2009

“Y tu quién crees que soy yo” responde el Cardenal Vinko Puljic

“Y tu quién crees que soy yo?” responde el Cardenal Vinko Puljic
(de la Revista Tertium Millenium nr 1)

En el Gólgota unió cielo y tierra
"para mí la vida es Cristo' (Fil 1, 21). Hago mías estas palabras del Apóstol a los Gentiles y quiero dar testimonio de mi firme adhesión al Credo de la Iglesia Católica que profesa la fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre nacido de la Virgen Maria por obra del Espíritu Santo..
[…]


Al contemplar a Cristo sufriente, siempre me ha conmovido la escena de Cristo consolando a las mujeres de Jerusalén. En medio de un intenso sufrimiento encuentra fuerzas para consolar a los demás, aun aquellos que sufren menos que el. Pensar en los demás cuando nosotros mismos sufrimos y luchamos, es verdaderamente algo grande y profundamente humano. Jamás debemos encerrarnos en nuestro sufrimiento, sino estar atentos a la súplica de los demás..
El sufrimiento terreno de Cristo llega a su clímax en el Gólgota. Precisamente en aquel lugar donde fue elevado a la cruz para “unir” cielo y tierra para siempre y reconciliar definitivamente la humanidad con Dios, Jesús nos revela todo su amor por nosotros: allí ora por sus enemigos y perdona al buen ladrón, y le promete que ese mismo día estará con El en el Paraíso. Nadie puede permanecer indiferente ante tal generosidad, amor tan inmerecido, que en la oscuridad del mal enciende la antorcha de la fe para demostrar que el perdón es el fundamento del nuevo mundo al que tanto aspira nuestra humanidad herida por el pecado: un mundo nacido en la profundidad del corazón humano.
Y de manera particular me conmueve el Cristo sufriente cuando desde la Cruz entrega su Madre a su amado discípulo Juan, y por su intermedio a toda la raza humana. Misterio este que emana de la profundidad insondable del Divino Corazón y que no podemos dejar de regocijarnos al tener una Madre en el cielo, una Madre que nos ama profundamente a cada uno de nosotros.
En mi diario caminar me he encontrado con muchas personas que dicen sufrir por no sentirse amadas. A todos les recuerdo el amor que Dios nos revelo en su Hijo Jesucristo, que se convirtió en nuestro hermano y Redentor, hermano y Redentor de la humanidad.
Por mi parte siento un inmenso agradecimiento a Dios por saber que cada ser humano es amado por El y por haber vivenciado tantas veces, a la luz de la Palabra de Cristo, el significado de esta caridad divina. Por eso me permito reiterar que “La vida para mi es Cristo. El es el verdadero Camino, la Verdad y la Vida.(Cf Jn 14,6)

(Indice Tertium Millenium)