Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 10 de octubre de 2009

La grandeza del sacerdote católico

(foto de Corazones de Jesus y Maria)
"Dios ve a la criatura más perfecta, a la Inmaculada (llena de gracia), la ama y así nace Jesús, Hombre-Dios, Hijo de Dios e Hijo del hombre. En Ella, pues, comienzan los grados de semejanza de los hijos de Dios y de los hombres, de los miembros de Jesús" (Escritos del padre Kolbe III, pág. 678 s.).

Celebramos hoy – en pleno año sacerdotal - un nuevo aniversario de la canonización de san Maximiliano Kolbe apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada, y ejemplo de sacerdote al que el Siervo de Dios Juan Pablo II cita en el Angelus del 17 de octubre de 1982 (una semana despues de la canonización) enlazando su recuerdo del padre Kolbe con palabras expresadas por su antecesor Pablo VI hablando de la grandeza del sacerdote:
Decía Juan Pablo II
“He querido expresarme con las palabras del Padre Kolbe porque este domingo 17 de octubre nos lleva de nuevo con el pensamiento al 17 de octubre de 1971, día en que tuvo lugar el solemne rito de su beatificación. En ese período se celebraba la II Asamblea General del Sínodo de los Obispos, que tenía como tema: "El sacerdocio ministerial y la justicia en el mundo". Pablo VI, hablando en una audiencia de aquellos días del Sínodo, recordaba la grandeza del sacerdocio católico y, como trazando el retrato del padre Kolbe, a quien se disponía a declarar "beato", observaba: "Si el sacerdote es el hombre de Dios, es 'otro Cristo', significa que una corriente de gracia ha entrado en la historia de su vida: él ha sido un llamado, un elegido, un preferido de la misericordia del Señor. Él lo ha amado de manera particular; Él lo ha señalado con un carácter especial, y así lo ha habilitado para el ejercicio de poderes divinos; Él lo ha enamorado de Sí mismo, hasta el punto de hacer madurar en él aquel acto de amor más pleno y más grande de que es capaz el corazón humano: la oblación total, perpetua y feliz de sí mismo... El ha tenido el valor de convertir su vida en un sacrificio, lo mismo que Jesús, para los otros, para todos, para nosotros" (13 de octubre de 1971).
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