Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 6 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II - Juan Pablo II (1)



Concilio es colegialidad :  Decia el Papa Juan Pablo II en su Audiencia general del 7 de febrero de 1979) “El Concilio es la expresión más plena de la colegialidad del ministerio episcopal en la Iglesia. “La Constitución Dogmática Lumen gentium utiliza precisamente la expresión corpus episcopale (cuerpo episcopal), cuando habla de la colegialidad de los obispos” 
Juan Pablo II hablo incansablemente de la imperiosa necesidad de colegialidad en la Iglesia. Lo reiteró en sus libros Cruzando el umbral de la esperanza (XXVI Una cualidad renovada) y en ¡Levantaos! ¡Vamos!  (3ª sección  compromiso ético y social) y le dedicó un capítulo entero a la colegialidad episcopal. Las visitas Ad limina Apostolorum y sus encuentros y contactos con los obispos eran para él  “un motivo de particular aliento”

No obstante tantas malas interpretaciones y dificultades pre, durante y post conciliares tanto la evangelización como la  “nueva evangelización” están íntimamente ligadas con la colegialidad  y el Concilio Vaticano II. Es más casi podríamos decir que su éxito en gran medida depende de ello: colegialidad y continuidad iluminada por el Espíritu Santo, algo que no siempre se tiene presente y sin embargo es fundamental.   Fortalecer, transformar, renovar el alma, darle nueva vida al espíritu de la Iglesia era y sigue siendo una tarea ciclópea, con mayor o menor grado de éxito según la época y las personas.  Las últimas etapas históricas de alguna manera se fueron dando naturalmente siempre “dirigidas” por la Providencia: la inspiración divina del Papa  Juan XXIII en llamar a un Concilio cuando se lo creía demasiado anciano  para gobernar a la Iglesia:  su desafío desbordó toda expectativa. Si bien no pudo concluirlo,  el Concilio encontró en el Papa Pablo VI un fiel continuador y maestro inspirador del beato Juan Pablo II. Para el Obispo Wojtyla,  férreo defensor del Concilio,  además fuente inspiradora para que mediante su proverbial generosidad intelectual aplicara la metodología en la Iglesia polaca: extrapoló lo vivido en el Concilio a su patria. Una tarea en general poco conocida :el  Sínodo de Cracovia. 
Para sorpresa dentro de círculos eclesiásticos y de la Curia romana misma, en febrero de 1962 el Beato Juan XXIII por inspiración divina anunciaba el Concilio Vaticano II  y el 11 de octubre del mismo año  mediante un Motu proprio fija la fecha de la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II :   algo que había estado “largo tiempo madurando en nuestra alma”. Era el pre anuncio de esta “nueva evangelización “:  “Los frutos que ardientemente deseamos de esta celebración son, sobre todo, éstos – decía - : Que la Iglesia, esposa de Cristo, pueda vigorizar aún más sus divinas energías y extender su benéfica influencia sobre las almas de los hombres en la máxima extensión”.
Durante el Concilio hubo indudablemente  momentos difíciles,  dudas,  controversias…entre obispos de todo el mundo procedentes de diferentes culturas no era de extrañar. Además Europa recién se recuperaba  de las postrimerías de una guerra que la había dejado debilitada y a occidente no le resultaba  fácil  imaginarse lo que ocurría del otro lado de la cortina ni dentro ni fuera de la Iglesia. El Concilio fue ocasión de descubrimiento, conocimiento y aceptación entre oriente y occidente, aunque las etapas fueron lentas,  se fueron dando paulatinamente y aún continúan.   Pero, sin lugar a dudas,  fue un momento en que dos polos europeos se encontraron y se encontraron de tal manera que pasados algunos años de experiencias domesticas tenaces y audaces el 16 de octubre de 1978 fue elegido un Papa “llamado de un país lejano..., lejano pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y tradición cristiana.”  Un papa eslavo : Juan Pablo II.
Tampoco faltaron incomprensiones y malas interpretaciones de este lado del Atlántico: el tercer mundo, la teología de la liberación……pero seguía vigente  el sueño del Santo Padre Pablo VI en Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975 (Encíclica sobre la Evangelización de los Pueblos) donde en brevísimas palabras resumía los objetivos del Concilio Vaticano II :   “hacer a la Iglesia del siglo XX más apta todavía para anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo.”
“Edificando sobre el trabajo del Concilio, el Papa Pablo VI dedicó los largos y con frecuencia difíciles años de su pontificado a la tarea de evangelización.  Dice Mons. James P. Keleher, Arzobispo de Kansas,  en su presentación sobre la Misión evangelizadora de la Iglesia y agrega que hay tres elementos en esta misión:  Una misión ad intra, dirigida a los católicos, una segunda: ad extra, invitando a todos, cualquiera sea su origen y condición… y una tercera a todas las culturas humanas. 
Resumiendo brevemente la “historia”  de la evangelización dice Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la esperanza . “La evangelización  no es solamente la enseñanza viva de la Iglesia, el primer anuncio de la fe (kérygma) y la instrucción, la formación en la fe (la catequesis), sino que es también todo el vasto esfuerzo de reflexión sobre la verdad revelada, que se ha expresado desde el comienzo en la obra de los Padres de Oriente y de Occidente y que, cuando hubo que confrontar esa verdad con las elucubraciones gnósticas y con las varias herejías nacientes, fue polémica.    Evangelización ha sido la actividad de los diversos concilios. Probablemente, en los primeros siglos, si no hubiese tenido lugar el encuentro con el mundo  helénico, habría bastado con el Concilio de Jerusalén, que celebraron los mismos apóstoles hacia el año 50 (cfr. Hechos de los Apóstoles, 15). Los sucesivos concilios ecuménicos surgieron de la necesidad de expresar la verdad de la fe revelada con un lenguaje comunicativo y convincente para los hombres que vivian en el ámbito de la civilización helénica. Todo esto forma parte de la historia de la evangelización, una historia que se ha desarrollado en el encuentro con la cultura de cada época. A los Padres de la Iglesia debe reconocérseles un papel fundamental en la evangelización del mundo, además de en la formación de las bases de la doctrina teológica y filosófica durante el primer milenio. Cristo había dicho: «Id y predicad por todo el mundo» (Marcos 16,15). A medida que el mundo conocido por el hombre se engrandecía, también la Iglesia afrontaba nuevas tareas de evangelización.

En un artículo dedicado a la enseñanza paulina, titulado La evangelización y el hombreinterior,  escrito cuando aún era Arzobispo de Cracovia,  Karol Wojtyla decía que la epístola de San Pablo a los Corintios constituye un magnífico documento sobre la evangelización en los primeros tiempos…un texto que permite además identificar la problemática humana que se encuentra en la base de la obra de la Evangelización”  “La evangelización - agregaba - está siempre orientada al Reino que no es de este mundo, y que al mismo tiempo da el sentido definitivo al desarrollo del mundo y a la historia del hombre” y afirmaba que “el verdadero centro de la evangelización es fortalecer el hombre interior por medio de la fe y del amor de Cristo.”

“La Iglesia existe para evangelizar, es decir, para anunciar a todos que «Dios es amor» y hacer que cada uno se pueda encontrar con él. El segundo Sínodo plenario renovó este compromiso en la línea del concilio Vaticano II y a la luz de los signos de los tiempos, llamando a todos los creyentes a una generosa corresponsabilidad. La evangelización no es creíble si, como cristianos, no nos amamos los unos a los otros, según el mandamiento del Señor. “ (JPII Audiencia General 23 de junio de 1999 después de su viaje a Polonia – una audiencia que merece leerse completa, no tiene desperdicio. Juan Pablo II despliega allí el innegable amor que conserva por su tierra natal y los lazos que lo unen a ella) 

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