Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 8 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (2)



(la imagen es del sitio Moj Papiez)

La asi llamada “nueva evangelización” comienza “oficialmente” en Nowa Huta, pero como presentarla?   Nueva? antigua?   Ni lo uno, ni lo otro, sencillamente es continuidad y colegialidad pese a todos los embates de todos los tiempos,  la evangelización es el corazón de la Iglesia en diferentes momentos de la historia humana   yendo a las raíces mismas del cristianismo.  Sin embargo el término “nueva evangelización” fue “presentado”  como tal por el Beato Juan Pablo II,  enraizado en San Pablo, e inspirado en el  Concilio Vaticano II.   El cardenal Stanislaw Dziwisz en Mi vida con Karol cap. 23 “Una nueva evangelización”  dice:  “ Él era un hombre del Concilio. Siempre partía del Concilio para trazar las líneas de desarrollo de la vida y la misión de l Iglesia….más adelante dice “La nueva evangelización, que luego sería uno de los signos distintivos del pontificado de Juan Pablo II……era preciso regresar a las fuentes de la fe para que la misión evangelizadora volviese a ser dinámica e incisiva.  Pero además de esta obligación – que es el deber prioritario de la Iglesia y de todo cristiano, que debe evangelizar allá donde viva – existía también una especial predisposición de Karol Wojtyla que yo definiría como «frescura evangélica»”   Esa “frescura evangélica ya la había demostrado mucho antes en Cracovia, en su manera particular de ejerjcer la docencia, en su trabajo con los jóvenes, sus recorridas por la diócesis, sus “diálogos” con el poder sin claudicar de sus principios, su generosidad intelectual al compartir toda la información del Concilio con sus sacerdotes, instalando el Sínodo de Cracovia para que se extendiese a toda la Iglesia.”
“La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.
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No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización, en los albores del nuevo milenio del cristianismo en Polonia. Este nuevo comienzo lo hemos vivido juntos y lo he llevado conmigo, desde Kraków a Roma, como una reliquia.
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De la cruz en Nowa Huta ha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio. Esta iglesia lo testimonia y lo confirma. Ella ha nacido de una viva y consciente fe, y es necesario que continúe sirviendo a esta fe.”

Tal como lo confirma su secretario el Obispo Karol Wojtyla Obispo ya la traía consigo a la Sede de Pedro, solo que por algún motivo  se   “guardó” el término para anunciarlo en su patria, y nada menos que allí, en ese suburbio de Cracovia  donde “en 1949 los soviéticos decidieron construir ese “paraíso obrero”, planeado para ser un lugar sin Dios”  “Alli Karol Wojtyla  “se enfrentó al poder temporal con una fuerza divina, marcada a fuego, un espíritu casi aguerrido, que no menguaría, guiado por un obispo que sostenía que “la libertad le es dada al hombre como una tarea. No solo debe poseerla, sino también conquistarla” Y fue conquistada.(ver mis posts Nowa Huta) .
   Como decía el Santo Padre Benedicto XVI “esta ardua tarea fue uno de los ejes de su vasto magisterio”. La traía incorporada de su amada Cracovia consciente que su patria necesitaba un “aggiornamento” , una liberación de la carga que el comunismo iba dejando a su paso, y una firme puesta en marcha de los resultados del Sínodo de Obispos que el mismo había inaugurado el   8 de mayo de 1972 como “implementación local del Vaticano II…para llevar el Concilio a todas las parroquias e instituciones de su arquidiócesis, con el propósito de reproducir la experiencia del Concilio y brindar a los fieles la oportunidad de leer y analizar los documentos del Concilio”. Una expresión de  generosidad pastoral e intelectual sin límites.  Un Sìnodo cuya clausura fue luego presidida por el  Santo Padre Juan Pablo II el 22 de junio de 1983 en la Catedral de Wawel.   (de mis posts Sinodo de Cracovia) 

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