Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 22 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (2de 2)

“En realidad, la forma que el arzobispo Wojtyla emplea su tiempo prefigura la de Juan Pablo II.  Principio general, heredado del padre: el tiempo es un don, no debe desperdiciarse ni una migaja. Consecuencia: sus días están increíblemente planificados, a veces al minuto. (…) Invitado a menudo a cenar, el arzobispo regresa a veces tarde a su apartamento privado en el primer piso del palacio arzobispal.
El apartamento se compone de un pequeño ingreso, un despacho y un minúsculo dormitorio, con un modesto mobiliario que incluye una cama individual, cubierta por una frazada lisa y un cojín decorado con motivos folklóricos; una lámpara de plástico sobre el cabecero, de donde cuelga el dable con el interruptor; una mesilla y sobre ella un rosario, un termo y un vaso. Al lado de la cama, sobre el piso de madera un par de zapatos negros y unas viejas zapatillas de color indefinido. En la pared, una Virgen del Renacimiento y un paisaje polaco invernal de poco valor, con el cuadro de las ovejas que adornaba su viejo apartamento en via Kanonicza.
Sobre el sencillo escritorio, de barniz algo saltado, hay solo una lámpara con una pantalla común, una foto de Pablo VI y un tintero con una estilográfica (cargada con tinta negra), un lapicero (verde), una goma redonda y chata, clips para papel y una pequeña caja de cartulina conteniendo tarjetas de visita. (…) Y esto es todo lo que posee el sucesor del príncipe Sapieha, quien nunca hubiese dormido en una habitación que no fuese la más preciada del palacio; otros tiempos, otras usanzas. Otra personalidad, también. Pobre fue el cura Wojtyla, pobre será el arzobispo, el cardenal y finalmente el papa. Hábitos raídos, un sombrero viejo, un sobretodo gastado. Como siempre, no se preocupa mucho de su comodidad personal (…).

Circulan anécdotas que enriquecerían una hagiografía digna del cura de Ars. Se cuenta que un día, cuando aún vivía en via Kanonicza, un pobre fue a pedir una limosna. Las religiosas Marysia y Emilia, que administraban la casa, lo alejaron: «no tenemos nada más». EL obispo, enfurecido, protestó: «nada más?» abrió el armario y mostró sus caminas: «Ésta! Aquella!». Las religiosas, regañando, le entregaron las camisas al pobre.
De todas maneras, impresiona el contraste entre la vida que lleva el nuevo arzobispo de Cracovia y el lujo y los oros de «su» catedral en el castillo del Wawel. Tampoco los tesoros artísticos, custodiados en el palacio arzobispal después d ela guerra, le interesan al nuevo patrón de la casa. Karol Wojtyla no se ha sentido inclinado al arte, ni lo estará jamás. Filósofo y poeta, es decididamente un pastor, no un esteta.
Pastor y modelo de devoción. Después de las 11 de la noche, en la calle Franciszkanska, la vida parece detenerse. Los corredores están desiertos, la gran escalera en silencio. Solo una luz se filtra por la puerta de la capilla: el arzobispo está rezando.”

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II – la biografía, Baldini Castaldi Dalai editore, 2004


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