Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 18 de junio de 2015

Wojtyla en el Angelicum y en Francia


Wojtyla fue ordenado sacerdote por el cardenal Sapieha el 1ro de noviembre de 1946, y celebró su primera Misa el 3 de noviembre en la iglesia parroquial de San Stanislaw Kostka en Debniki.   De inmediato fue inscripto en el Angelicum, la facultad de teología de los dominicos en Roma, para su doctorado en teología.  Obtuvo su doctorado en junio de 1948 sobre el tema de la fe en el pensamiento de San Juan de la Cruz. Entre sus maestros del Angelicum estaban Massimiliano de Furstenberg, Mario Ciappi y Pierre-Paul Philippe,  con quienes el joven Wojtyla elaboró su tesis.  Pero la gran personalidad que entonces dominaba la facultad era el padre Reginald Garrigou-Lagrange, autoridad incontrovertible tanto en teología y filosofía tomistas,  y atento estudioso de San Juan de la Cruz. Wojtyla recibió de Garrigou-Lagrange un riguroso entrenamiento en la forma más tradicional del tomismo. Pero leyendo cuidadosamente su tesis doctoral podemos notar que desde que comenzara su estudio de filosofía sentía afinidad por una variedad de interpretaciones diversas del tomismo. En la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, por ejemplo, se esforzaban por  lograr una reconciliación entre  tomismo y pensamiento moderno (particularmente el de Kant).  En Francia, Maritain y Gilson le otorgaban al tomismo una dimensión existencial sosteniendo que las principales contribuciones filosofícas de Tomas eran la distinción entre esencia y existencia y su legitimación de una cierta intuición eidética en la interpretación del proceso de abstracción.(*) Estas últimas percepciones se verían reforzadas cuando, poco tiempo después de haber completado su doctorado, Wojtyla partió a Francia para estudiar la vida y métodos pastorales de la Juventud Obrera Católica.  Es probable que entonces también haya establecido estrechos contactos con el tomismo existencial en aquellos años pues encontramos abundantes rastros en su pensamiento. La influencia de Garrigou-Lagrange, no obstante fue significativa. Podría observarse de hecho que los trabajos de Wojtyla no toman posición directa y clara en las controversias intelectuales que recorren el pensamiento católico; el se limita a indicaciones y sugerencias dentro de una exploración auténticamente personal que eventualmente confluirá hacia una construcción original.

En un articulo donde habla de su experiencia enFrancia (“Mission de France”) 
Wojtyla nos brinda preciosa documentación de su situación espiritual al comenzar su misión sacerdotal y además también de su creatividad intelectual.   Como todos los polacos  sentía gran admiración por la proudcciòn intelectual del catolicismo francés. Precisamente por esa razón, quedo profundamente afectado al descubrir que Francia era solo nominalmente católica. Como era posible? Que podía hacerse?  Lo más necesario, razonaba Wojtyla, era que las riquezas de la fe debian convertirse en actitudes de vida, dándole forma a una actitud fundamental hacia la existencia.   La roca ante la cual la Iglesia francesa arriesgaba hundirse era la unidad entre cultura y vida.  Por lo tanto se presentaba la necesidad de un nuevo estilo de presencia sacerdotal y laica en el mundo.  En Polonia esta presencia alejaría a las masas de la apostasía; en Francia debia regresar a la gente a la fe.
Sería arriesgado sugerir que en estas notas Wojtyla ya formulaba los conceptos fundamentales que elaboraría en su interpretación del Concilio: como por ejemplo el concepto de auto realización de la Iglesia o el concepto del enriquecimiento de la fe. Sin embargo no caben dudas que su experiencia en Francia contribuyó a las reflexiones que más tarde le llevaría a estas conclusiones.”



 (*) Es de notar que la objeción principal que el padre Garrigou-Lagrange le hiciera al trabajo de Wojtyla se refería al hecho que él rehusara utilizar el termino Objeto en relación a Dios. Garrigou Lagrange acompañó la tesis como correlator, e hizo muchas otras observaciones que están incluidas en la edición italiana del apéndice.

Rocco Buttiglione: The thought of the man who became Pope John Paul II -Wiliam B. Erdmans Publishing Co., 1997, pag. 34/35