Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 5 de mayo de 2017

Breve historia del inicio de la devoción a la Divina Misericordia (4 de 4)


Los esfuerzos del padre Sopoćko aunque parecieran sin sentido – iban pasando los años y la tan esperada aprobación del culto por parte de las autoridades eclesiásticas no aparecía – continuaban motivándolo para seguir cumpliendo su rol.  Mientras tanto el culto a la Divina Misericordia se difundía cada vez más entre los fieles. En 1965 se inició el proceso de beatificación de sor Faustina. Paralelamente,  los teólogos comenzaron a interesarse por la Divina Misericordia. Por los años ´60 y ’70 se organizaron importantes conferencias dedicadas a esta verdad por todo el país.

Todo ello agregaba entusiasmo al espíritu del padre Sopoćko,  por más que  – debido a su edad – fuesen flaqueando sus fuerzas físicas. Fiel a su misión vital,  se dedicó hasta el fin de sus días con todas sus fuerzas a la causa asumiendo iniciativas adicionales en los años ’70 a pesar de su edad avanzada. En 1971 presentó a los obispos un trabajo titulado: El Espíritu de la liturgia del II Domingo de Pascua, donde demostraba, que en el Nuevo Misal romano, todas las partes variables de la Santa Misa del II Domingo de Pascua invitaban a la veneración de Dios en su Misericordia, que abraza a los fieles con los sacramentos pero ante todo con el sacramento de la penitencia.  Al año siguiente el padre Sopoćko  se dirige al Cardenal Wyszyński con la solicitud de instituir en Polonia la Fiesta de la Divina Misericordia el II Domingo de Pascua, dentro de las disposiciones litúrgicas en vigor. La solicitud es justificada con razones teológicas y litúrgicas y afianzada con la convicción personal de la inmediata exigencia de dirigirse en aquellos tiempos difíciles a la Divina Misericordia dentro de las enseñanzas eclesiásticas y de hacer conocer su obra.  Sin embargo, los obispos seguían considerando que la introducción de una fiesta separada restringiría de lleno la idea de la Misericordia de la cual hablaba toda la liturgia todos los domingos y días festivos. Ellos reconocían la dedicación y a perseverancia con la cual el padre  Sopoćko divulgaba la idea de la Divina Misericordia pero se reservaban la decisión sobre la institución de la fiesta.

Tal como podemos constatar el padre Michał  Sopoćko se dedicó a la causa de la Divina Misericordia hasta el fin de sus días.  En el extraño destino de la Providencia Misericordiosa, el mayor y más ferviente apoyo de Sor Faustina, apóstol de la Divina Misericordia se nos estaba yendo de este mundo sin haber logrado vivenciar el objetivo de su vida dentro del objetivo de su vida:  la aprobación oficial del culto a la Divina Misericordia y una fiesta para Su veneración. Los esfuerzos, la dedicación, el sufrimiento del padre Sopoćko fueron sin embargo de algún modo una auténtica semilla cuyo fruto el no pudo recoger personalmente. Al padre Sopoćko murió  como una semilla que se deja caer sobre la tierra trabajando por la causa de la Divina Misericordia y de hecho solo dentro de un par de años después de su muerte,  esta semilla dio el fruto deseado.  En 1978 fue presentado el recurso para la sentencia ante la Congregación y bien pronto se instituiría la Fiesta de la Divina Misericordia el 2do Domingo de Pascua, en todas las diócesis.   Después de algunos años de la muerte del Apóstol de la Divina Misericordia la devoción a la Misericordia fue adoptada en todo el mundo.
(traducido de Il camino di santitá di Don Michele Sopocko de D. Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008 - original publicado en Cracovia en 2002 por Wydawnictzo WAM


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