Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

lunes, 6 de julio de 2026

¡Inclinad vuestras cabezas ante Dios!

 

21 pensando que con solo tocarle el manto se curaría. 22 Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». (Matero 21,9)



El texto tomado de este Ángelus del Papa Juan Pablo corresponde al periodo de Cuaresma de 1979. Sin embargo bien vale recordarlo en estos momentos de crisis dentro de la Iglesia.

 

Inclinad vuestras cabezas ante Dios!"

(…)

La inclinación de la cabeza puede ser interpretada como un gesto de humillación y de resignación. La inclinación de la cabeza ante Dios es signo de humildad. Pero la humildad no se identifica con la humillación o resignación. No es igual que la pusilanimidad. Todo lo contrario. La humildad es sumisión creativa a la fuerza de la verdad y del amor. La humildad es rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza.

Nos lo recuerda también San Agustín que en un sermón dice así: "¿Quieres ser grande? Comienza por lo más pequeño. ¿Piensas construir un gran edificio que se eleve mucho? Piensa antes en el fundamento de la humildad" (San Agustín, Serm. 64, 2; PL 38, 441).

Quizá esta manera de pensar dista bastante de muchas manifestaciones de la mentalidad contemporánea. Frecuentemente nos dejamos fascinar por valores aparentes, por grandezas exteriores, por lo que es sensacional que agita la superficie de nuestra psique. El hombre, arrancado de su propia profundidad, viene a ser, en cierto sentido, unidimensional. Construye sus cimientos poco profundos. Y con frecuencia sufre por la destrucción de lo que ha construido en sí mismo tan superficialmente.

¡Inclinad vuestras cabezas ante Dios!

Inclinemos la cabeza: para que pueda abrazarnos la fuerza creativa de la verdad y del amor. Es la fuerza de la liberación. La fuerza, mediante la cual, el hombre se levanta, gracias a la cual, crece.

Que el Señor asegure a todos los pueblos el don inestimable de la paz

(del Ángelusdel Papa Juan Pablo II del 4 de marzo de 1979)

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