Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 28 de julio de 2013

25 años de la Carta apostólica Mulieris dignitatem de Juan Pablo II


El 15 de agosto próximo se cumplirán 25 años de la publicación de la Carta apostólica Mulieris dignitatem  del Beato Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer, con ocasión del Año Mariano.

Conmemorando esta publicación  y para profundizar en el magisterio de la Iglesia sobre la dignidad y la vocación de la mujer, la Fraternidad Apostólica “Santa Catalina de Siena”, comunidad de laicas consagradas de Fasta, desarrollará un ciclo de conferencias sobre sus enseñanzas el 13 de junio, el 8 de agosto, el 13 de septiembre y el 24 de octubre.

Los espacios de formación tendrán lugar en la casa de formación de la fraternidad, ubicada en Felipe Vallese 2549, entre Artigas y Bolivia, en el barrio porteño de Flores. Allí, el 13 de junio, la doctora María Cabrera hablará sobre el papel de la mujer en la nueva evangelización.

La segunda cita se concretará el 8 de agosto, cuando la licenciada María Inés Franck aborde la dimensión sociopolítica de la mujer en la cultura contemporánea.


El 13 de septiembre, en tanto, la doctora Paola del Bosco hablará sobre la mujer y la familia.

La última conferencia de este ciclo estará a cargo de la licenciada Ángela Varela, vicepresidenta del Consejo Superior de Educación Católica, que tendrá lugar el 24 de octubre y hablará sobre santa Catalina de Siena y labor evangelizadora.

Los espacios están pensados para la asistencia de público femenino como masculino. Para más información, escribir a catherinas@fasta.org.ar, o  comunicarse al (011) 15-5854-2266.+

(fuente: AICA)

miércoles, 15 de agosto de 2012

Juan Pablo II : Maria y la mujer




En la clausura del Año Mariano, el 15 de agosto de 1988,  solemnidad de la Asunción de la Virgen María,   en el decimo año de su Pontificado,  el Beato Juan Pablo firmaba su CartaApostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer y nos invitaba a reflexionar y meditar sobre la «Theotókos», su Madre, su todo, su Totus Tuus, sobre  “Aquella «plenitud de gracia» concedida a la Virgen de Nazaret, en previsión de que llegaría a ser «Theotókos», que significa al mismo tiempo la plenitud de la perfección de lo «que es característico de la mujer», de «lo que es femenino». 

Nos encontramos aquí – decía Juan Pablo II -  en cierto sentido, en el punto culminante, el arquetipo de la dignidad personal de la mujer. Cuando María, la «llena de gracia», responde a las palabras del mensajero celestial con su «fiat», siente la necesidad de expresar su relación personal ante el don que le ha sido revelado diciendo: «He aquí la esclava del Señor» (Lc 1, 38). A esta frase no se la puede privar ni disminuir de su sentido profundo, sacándola artificialmente del contexto del acontecimiento y de todo el contenido de la verdad revelada sobre Dios y sobre el hombre….. De hecho, este Hijo, que es el verdadero y consubstancial «Hijo del Altísimo», dirá muchas veces de sí mismo, especialmente en el momento culminante de su misión: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mc 10, 45)”. 

“En Muglieris Dignitatis  Juan Pablo II  nos entrega su doctrina más original e innovadora respecto de la mujer. Aquí el servir es identificado con reinar, y audazmente se le devuelve a la mujer la autenticidad de su ser, para nada relegado a posiciones subalternas, sino elevado a factor de salvación de lo humano, pues toda mujer está llamada de alguna manera, igual que María, Theotókos, madre de Dios, alumbrando en la tierra todo lo que espiritualice lo  material y haga a la vez visible concretamente lo espiritual” *(Delbosco)

En Cruzando el Umbral de la Esperanza Vittorio Messori le presentaba al Papa la pregunta:  En la Carta apostólica con el significativo título de Mulieris dignitatem («La dignidad de la mujer»), Usted ha mostrado entre otras cosas cómo el culto católico por una Mujer, María, no es en absoluto irrelevante en lo que se refiere a la cuestión femenina.

Y el Papa respondía:
“…. Este culto no es sólo una forma de devoción o piedad, sino también una actitud. Una actitud respecto a la mujer como tal. Todo lo que escribí sobre
el tema en la Mulieris dignitatem lo llevaba en mí desde muy joven, en
cierto sentido desde la infancia. Quizá influyó en mí también el ambiente de
la época en que fui educado, que estaba caracterizado por un gran respeto y
consideración por la mujer, especialmente por la mujer-madre”.

En la Conclusión de la Carta apostólica el Papa en nombre de la Iglesia”expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina. La Iglesia pide, al mismo tiempo, que estas inestimables «manifestaciones del Espíritu» (cf. 1 Cor 12, 4 ss.), que con grande generosidad han sido dadas a las «hijas» de la Jerusalén eterna, sean reconocidas debidamente, valorizadas, para que redunden en común beneficio de la Iglesia y de la humanidad, especialmente en nuestros días. Al meditar sobre el misterio bíblico de la «mujer», la Iglesia ora para que todas las mujeres se hallen de nuevo a sí mismas en este misterio y hallen su «vocación suprema». Que María, que «precede a toda la Iglesia en el camino de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo»,(63) nos obtenga también este «fruto» en el Año que le hemos dedicado, en el umbral del tercer milenio de la venida de Cristo.”

*La visión de la mujer en el pensamiento de Juan Pablo II – Maria Paola Scarinci de Delbosco) 

Invito visitar post Mulieris Dignitatem 20 años




viernes, 22 de julio de 2011

María de Magdala, «la apóstol de los apóstoles»

Icono de Maria Magdalena de Wikipedia



“Desde el principio de la misión de Cristo, la mujer demuestra hacia él y hacia su misterio una sensibilidad especial, que corresponde a una característica de su femineidad . Hay que decir también que esto encuentra una confirmación particular en relación con el misterio pascual; no sólo en el momento de la crucifixión sino también el día de la resurrección. Las mujeres son las primeras en llegar al sepulcro. Son las primeras que lo encuentran vacío. Son las primeras que oyen: «No está aquí, ha resucitado como lo había anunciado» (Mt 28, 6). Son las primeras en abrazarle los pies (cf. Mt 28, 9). Son igualmente las primeras en ser llamadas a anunciar esta verdad a los apóstoles (cf. Mt 28, 1-10; Lc 24, 8-11). El Evangelio de Juan (cf. también Mc 16, 9) pone de relieve el papel especial de María de Magdala. Es la primera que encuentra a Cristo resucitado. Al principio lo confunde con el guardián del jardín; lo reconoce solamente cuando él la llama por su nombre: «Jesús le dice: "María". Ella se vuelve y le dice en hebreo: "Rabbuní" —que quiere decir: "Maestro"—. Dícele Jesús: "No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras» (Jn 20, 16-18).


Por esto ha sido llamada «la apóstol de los apóstoles».(38) Antes que los apóstoles, María de Magdala fue testigo ocular de Cristo resucitado, y por esta razón fue también la primera en dar testimonio de él ante de los apóstoles. Este acontecimiento, en cierto sentido, corona todo lo que se ha dicho anteriormente sobre el hecho de que Jesús confiaba a las mujeres las verdades divinas, lo mismo que a los hombres. Puede decirse que de esta manera se han cumplido las palabras del Profeta: «Yo derramaré mi espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán» (Jl 3, 1). Al cumplirse los cincuenta días de la resurrección de Cristo, estas palabras encuentran una vez más confirmación en el cenáculo de Jerusalén, con la venida del Espíritu Santo, el Paráclito (cf. Act 2, 17).”
(Beato Juan Pablo II - Carta Apostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer)