Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

jueves, 11 de agosto de 2022

El coro de Santa Clara, albergue de paz y silencio

 


(….)  Uno de estos rincones y rinconcitos es una pequeña habitación llamada coro de Santa Clara. Es difícil imaginarse nada más pobre. Ha sido construida con materiales recolectados del más diverso origen. El coro está construido con maderas mal encuadradas; el altar es un plinto, posiblemente de origen no cristiano. Como nota vivaz de color no hay más que un fresco de mediocre composición que representa la crucifixión según la tradición franciscana. Una pequeña ventana, sobre cuyos vidrios se adivinan algunas descoloridas figuras, proporciona luz a la habitación. Y, sin embargo, ¡hay tanta poesía en este pequeño coro! ¡Generaciones enteras han pasado por él, se ha rezado tanto en él! Refiere una piadosa leyenda que en el corredor que lleva al coro de Santa Clara aún ahora se siente un perfume indefinido. Allí están sepultadas las primeras compañeras de la Santa. El perfume existe, y es el perfume de las dulces memorias de esta mujer a quien el espíritu franciscano debe tanto. Formada e instruida en la vida interior por tan gran maestro, sintió tan intensamente la influencia de su doctrina, que se atrevió a levantar su voz para obtener de los Papas que el voto de rigurosa pobreza, dulce herencia de su maestro, no fuera atenuado. Luchó a la cabeza de aquellos hijos del Santo que más fuertemente conservaban el espíritu de sus enseñanzas y fue el nervio de esa tradición en la que habrían de formarse hombres como San Antonio de Padua, San Buenaventura de Bagnoregio, San Bernardino de Siena, San Pascual Bailón, San Diego, San Jaime de la Marca, San Francisco Solano, San Juan de Capistrano, San Leonardo de Puerto Mauricio.

En el pequeño coro de Santa Clara, se revela a quien lo busca con espíritu de amor, el dulcísimo misterio de la pobreza, fuente de todo consuelo. Es preciso entrar allí, arrodillarse, tener en las manos el Espejo de Perfección, que según algunos doctos fue escrito por fray León, ovejuela de Dios, pero que en realidad proviene de ese grupo de hijos más allegados al maestro, de cuya doctrina fueron, a su muerte, tenaces defensores contra quienes pretendían negar a los Frailes Menores el privilegio de la pobreza. Es preciso leer los primeros capítulos: "Cómo el bienaventurado Francisco respondió a los ministros que no querían someterse a la observancia de la Regla que les había escrito" (EP 1). "Cómo el bienaventurado Francisco declaró la voluntad e intención que tuvo, desde el principio hasta el fin, acerca de la observancia de la pobreza" (EP 2). "Del novicio que deseaba tener un salterio con su licencia" (EP 4). "Del modo de guardar la pobreza en libros, camas, casas y enseres" (EP 5). "Cómo hizo salir a todos los hermanos de una casa que era llamada casa de los hermanos" (EP 6). "Cómo quiso derribar una casa que el pueblo de Asís había levantado junto a Santa María de la Porciúncula" (EP 7). "Cómo no quería morar en celda curiosa o que llamaran suya" (EP 9)... A mitad de la lectura ya no se sigue adelante; frente al misterio de la muerte se perfila más nítida la nulidad de nuestra vida, con sus molicies, con las mil exigencias que la animan; se comprende cómo debe entrarse despojado en el reino de los cielos, cómo en ésta misma vida, cuanto más atados vivimos a los intereses del mundo tanto menos comprendemos a Dios. La pobreza, no como fin de sí misma o como característica fundamental del espíritu franciscano, según alguno ha enseñado erróneamente, sino como escala maravillosa para ascender hasta Dios, como medio para poderlo amar con toda la plenitud de nuestra alma en una inmolación continuamente renovada; la pobreza, así entendida, es el medio precioso gracias al cual el divino Amigo se da a nosotros con todos los dones de su gracia e, invadiendo nuestra alma, se convierte en su dueño y Rey, confiriendo a esta pobre existencia nuestra el altísimo valor de una ofrenda indigna, pero, sin embargo, aceptada y aun buscada para el triunfo de su reino.

Una noche, mientras celebraba Misa en el pequeño coro de Santa Clara para un grupo de almas piadosas que se reunieron para ingresar en la seráfica milicia, la mano gentil de un fraile esparció en abundancia sobre el pavimento pétalos y hojas. Era invierno, pero el huerto de los frailes había conservado las rosas y el laurel para esta fiesta de fe. El aire pronto se impregnó de dulce y penetrante perfume. Un canto suave y quedo celebraba las glorias del Rey que deseó nacer pobre, que se contentó con el homenaje de pobres pastores, que al despuntar de cada día renueva en los altares el misterio de la cruz por la salvación de las almas. Con esos cantos, con esas oraciones, esas almas se consagraban a Él, ofreciéndole, junto con la juventud del cuerpo, las esperanzas del alma y los propósitos y fines de trabajo. Las palabras brotan de sus pechos en sollozos: «Prometo y hago voto de vivir durante toda mi vida según la Regla del padre San Francisco...» La palabra del sacerdote desciende sobre ellos: «Y yo, de parte del Altísimo, te prometo la vida eterna». El recuerdo de esa noche de oración me persigue. Pues bien, todo se aclara ahora en la mente; Francisco quiso que fuésemos pobres para comprender la gran lección que Nuestro Señor Jesucristo nos dio desde lo alto de la cruz: la vida ha de ser una continua ofrenda, un sacrificio de inmolación continuamente renovado.

Agustín Gemelli, O.F.M., San Damián, oasis de paz, en IdemS. Francisco de Asís y sus "Pobrecitos". Buenos Aires, Ed. Pax et Bonum, 1949, pp. 9-17.

Juan Pablo II : urge redescubrir la leyenda divina de Francisco y Clara

 


Celebramos hoy la memoria litúrgica de santaClara (Invito visitar tambien posts etiquetados Santa Clara) y es oportuno recordar la visita de Juan Pablo II realizada el  12 de marzo de 1982, con ocasión de celebrarse el VIII centenario del nacimiento de San Francisco, el papa Juan Pablo II visitaba Asís, lugar santo de Clara y Francisco.  Una jornada intensa de trabajo pastoral de día completo.  Juan Pablo II se encontró con los obispos de Italia en el convento de San Francisco; celebró la Eucaristía con ellos junto al sepulcro del Santo; se reunió con los sacerdotes, religiosos y religiosas en la catedral; visitó el monasterio de Santa Clara y, en la basílica de Santa María de los Ángeles, habló a los fieles.  

En la pagina del DirectorioFranciscano podemos leer todos los discursos pronunciados por el Santo Padre, textos tomados de  L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 21 de marzo  de 1982.

Las visita a las clarisas estaba fuera de programa y el papa, en su estilo espontaneo,  lo aclaraba ni bien comenzara su alocución: 

“Me proporciona alegría esta visita. No estaba prevista, pero un protector vuestro oculto me ha dicho: hay que ir a las clarisas. He acogido esta sugerencia porque es realmente difícil separar estos dos nombres: Francisco y Clara, estos fenómenos: Francisco y Clara, estas dos leyendas: Francisco y Clara.
Es difícil separar los nombres de Francisco y Clara. Es algo profundo, algo que no puede entenderse sino con criterios de espiritualidad franciscana, cristiana, evangélica; no puede entenderse con criterios humanos. El binomio Francisco-Clara es una realidad que sólo se entiende con categorías cristianas, espirituales, del cielo. Pero es también una realidad de esta tierra, de esta ciudad, de esta Iglesia. Todo ha tomado cuerpo aquí. No se trata sólo de espíritu; ni son ni eran espíritus puros; eran cuerpos, personas, espíritus. Pero en la tradición viva de la Iglesia, del cristianismo entero, no queda sólo la leyenda. Queda el modo en que San Francisco veía a su hermana, el modo en que ella se desposó con Cristo; se veía a sí mismo a imagen de ella, imagen de Cristo, en la que veía retratada la santidad que debía imitar; se veía a sí mismo como un hermano, un pobrecillo a imagen de la santidad de esta esposa auténtica de Cristo en la que encontraba la imagen de la Esposa perfectísima del Espíritu Santo, María Santísima. No es sólo leyenda humana, sino leyenda divina digna de contemplarse con categorías diferentes, de contemplarse en la oración. Este es el lugar a donde llegan, desde hace ocho siglos, muchos peregrinos para contemplar la leyenda divina de Clara junto a Francisco. No hay duda de que ello ha influido mucho en la vida de la Iglesia, en la historia de la espiritualidad cristiana. Ha sido uno de los momentos decisivos. La vida dedicada totalmente a Cristo por parte de Francisco y de su hermana Clara, y de tantos hermanos y hermanas de muchos lugares de Europa y del mundo, ha abierto un camino para las vocaciones. Yo mismo he vivido muchos años cerca de un monasterio de clarisas en Cracovia y conozco otros lugares de mi patria donde la tradición viva de Santa Clara y San Francisco ha encontrado siempre eco a lo largo de los siglos en la Iglesia y el mundo. Sólo quiero añadir la impresión siguiente.


No es este un discurso oficial,  es un discurso improvisado. En este momento quiero deciros solamente, queridísimas religiosas clarisas hermanas de Santa Clara, una preocupación que he manifestado a los obispos con palabras claras. A vosotras os la quiero confiar directamente: estoy preocupado y estamos preocupados los obispos de esta tierra, porque comienzan a escasear las vocaciones femeninas, las vocaciones religiosas femeninas. Parece como si la mujer contemporánea, sobre todo la joven, no sintiera esta vocación. Por tanto, os invito a orar; deseo que reproduzcáis en nuestra época el milagro de San Francisco y Santa Clara, porque la joven, la mujer contemporánea, debe volverse a hallar en esta vocación, en esta misión, en este espléndido carisma, escondido ciertamente y falto de exterioridades aparentes, pero ¡cuán profundo, cuán femenino! Esposa verdadera, el alma femenina es capaz de amor pleno e irrevocable hacia un esposo invisible. Es verdad que es invisible, pero ¡qué visible! Entre todos los esposos posibles del mundo, ciertamente Cristo es el Esposo más visible de todos los visibles; es siempre visible, pero permanece invisible y visible en el alma consagrada a Dios.”


San Francisco descubrió a Dios una vez, pero después lo volvió a descubrir teniendo a su lado a Clara. En nuestra época es necesario repetir el descubrimiento de Santa Clara, porque es importante para la vida de la Iglesia. No os imagináis lo importantes que sois para la vida de la Iglesia vosotras, escondidas, desconocidas; cuántos problemas, cuántas cosas dependen de vosotras. Es necesario redescubrir este carisma, esta vocación; urge redescubrir la leyenda divina de Francisco y Clara.

Una palabra final. El amigo mío que me ha sugerido, o más bien obligado, a venir a las clarisas -lo conocéis- me ha dicho también que Santa Clara es patrona celestial de uno de los medios de comunicación social. Por esto os encomiendo también las comunicaciones sociales. Consideradas en cuanto tales son estructuras misteriosas, diría yo, de la naturaleza, más que sobrenaturales. Como todas las cosas de la naturaleza, como todas sus estructuras, son al mismo tiempo su sujeto pasivo, capaz de asumir realidades sobrenaturales; porque si con los medios de comunicación se transmite la palabra humana, el pensamiento humano, ¿acaso no se puede transmitir la palabra divina, la palabra evangélica? ¿Por qué no podría actuar con fuerza la palabra divina a través de los medios de comunicación? «Inter mirifica», con estas palabras comienza el documento conciliar sobre los medios de comunicación social; os encomiendo este «Inter mirifica» y a las personas -algunas están presentes- que dedican sus afanes a las comunicaciones sociales.” [Selecciones de Franciscanismo, vol. XI, n. 32 (1982) 202-204; cf. texto italiano en Acta OFM 101 (1982) 216-218]

 


 

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

George Weigel : Los filosofos de Lublin y su proyecto (2 de 2)


 

El proyecto KUL se definió por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que, gracias a un buen golpe de ironía, se había convertido en profesores de KUL porque los gobernantes estalinistas de Polonia habían expulsado a los docentes de mayor edad. Ellos fueron Jerzy Kalinowski (especialista en lógica y filosofía de la ley); Stefan Swiezawski (historiador de la filosofía y seguidor de Jacques Maritain y Étienne Gilson); el Padre Mieczyslaw Albert Krapiec, OP (especialista en la metafísica Dominica); y el padre Karol Wojtyla. Este cuarteto se vio posteriormente ampliado por los Padres Marian Kurdzialek (especialista en filosofía antigua) y Stanislaw Kaminski (especialista en epistemología). Los filósofos Lublin tenían personalidades diferentes, con intereses y especialidades académicas divergentes. Ellos, sin embargo, lograron lo que el profesor Swiezawski más tarde llamó una "colaboración rara y excepcionalmente fructífera", construida en torno a cuatro acuerdos que resultaron cruciales para el proyecto filosófico de Karol Wojtyla.

 

   a) Comenzaron con una convicción antigua — serían radicalmente realistas acerca del mundo y acerca de la capacidad humana de conocer. Los filósofos de KUL creían que si nuestro pensamiento y nuestras elecciones carecen de una atadura a la realidad, la fuerza bruta se apodera del mundo y la verdad se convierte en una función del poder, no una expresión de las cosas-como-son. Una broma de la era comunista en Polonia expresó este imperativo realista de manera que todo el mundo pudiera entender: "El jefe del partido pregunta: «¿Cuánto es 2 + 2?». El trabajador polaco responde: «¿Cuánto le gustaría que fuese?». (El significado "político" de la suposición realista de los filósofos de KUL se expresó más tarde en el famoso cartel electoral de Solidaridad que decía: «Para que Polonia sea Polonia, 2 + 2 debe ser siempre = 4»). Los seres humanos sólo puede ser libre en la verdad, y la medida de la verdad es la realidad.

 

   b) Los filósofos de KUL también acordaron un punto de partida para la moderna investigación filosófica: debería comenzar con una reflexión disciplinada sobre la persona humana y sobre la experiencia humana, más que con la cosmología. En esto había mucho en juego. Si la filosofía podría alcanzar la verdad de las cosas-como-son a través de un análisis de la experiencia humana, entonces el camino para una reconciliación entre la filosofía católica y el método científico se podría abrir, mientras que, al mismo tiempo, la modernidad podría liberarse de las arenas movedizas de pensar-sobre-pensar-sobre-pensar. La adopción de este punto de partida también fue importante en la confrontación con el marxismo. Allí, las cuestiones más serias no implicaban que se entendía mejor la física, sino ciertas cuestiones muy básicas: ¿Qué es la vocación humana? ¿Cómo construimos la historia? ¿Es la historia mejor entendida en términos materiales y políticos, o tiene una dimensión trascendente?

 

 

   c) Los filósofos de KUL también compartieron un profundo compromiso con la razón. Otros pueden haber tenido la libertad cultural, económica y política para especular sobre el supuesto absurdo de la vida. Los filósofos KUL, veteranos de la resistencia cultural contra el nazismo, no tenían ese lujo. Habían vivido a través de una brutal ocupación nazi y por lo tanto sabían lo que el irracionalismo puede hacer si anda suelto en la historia con suficiente fuerza material. Pero el compromiso de los filósofos KUL con el método de la razón se complementó con la determinación de iluminar el bien, y la capacidad humana de conocer y elegir el bien, de modo que los hombres y las mujeres pudieran, de hecho, elegir el bien.

 

   d) Por último, los filósofos KUL acordaron practicar un ecumenismo del tiempo. Si se negaban a ser encarcelados dentro de su propia conciencia, también se negaron a ser esclavos de lo contemporáneo. Ellos creían que la historia de la filosofía tenía cosas que enseñar el presente, que el pasado no se había convertido en completamente desechable por la modernidad.

 

 

   Estos eran hombres con la convicción vocacional de que las ideas no eran juguetes intelectuales, hecho ampliamente confirmado por una dura experiencia. Las ideas tenían consecuencias, para bien y para mal. Las comprensiones erróneas sobre la persona humana, sobre la comunidad humana y sobre el destino humano fueron responsables de montañas de cadáveres y de océanos de sangre en la primera mitad del siglo XX. Si la filosofía pudiese ayudar al mundo a conseguir una adquisición firme de la verdad de la condición humana, de una manera que fuese a la vez distintivamente moderna y basada en la gran tradición filosófica de Occidente, el futuro podría ser diferente.

 

   Los filósofos KUL eran una comunidad de amistad personal e intelectual de gran rareza en la vida académica, un auténtico equipo. Una vez que se le concedió el puesto de profesor en KUL en 1954, Karol Wojtyla conmutaba de Cracovia a Lublin cada dos semanas. Y virtualmente cada uno de esos viajes en los siete años siguientes, Wojtyla y sus colegas se reunían en grupo para hablar del proyecto común en el que estaban comprometidos; era una reunión de iguales que, como Juan Pablo II recordó después, creaba la "gran ventaja" para cada uno, de aprender de las distintas perspectivas y del trabajo actual de los otros.

 

   Al mismo tiempo hubo argumentos reales y diferencias intelectuales entre los filósofos de KUL, algunos de los cuales (como el Padre Krapiec) tenían personalidades combativas. El continuo interés de Karol Wojtyla en la fenomenología y sus investigaciones en desarrollo de la filosofía moderna y contemporánea alarmó a algunos de sus colegas más tradicionales, al igual que su estilo filosófico y profesoral. Tenía una manera general de hacer filosofía "sin notas al pie de página": – uno de sus primeros alumnos señaló más adelante que hacía filosofía "como un campesino" – pues estaba mucho más preocupado con la cartografía del terreno de las cosas-como-son que con la provisión de un extenso aparato académico de citas y referencias cruzadas para cada propuesta o afirmación. El Padre Wojtyla también era singularmente libre de esa "gravedad profesoral" generalmente asociada con los académicos de alto nivel en las universidades europeas.

 

   Decir que la facultad de filosofía de KUL tenía desacuerdos y, en algunos aspectos, rivalidades es simplemente decir que se trataba de una facultad de hombres, no de ángeles. Lo más importante de los filósofos de KUL fue la audacia de su intención. Ellos concibieron su proyecto, en parte como respuesta a las circunstancias peculiares de su tiempo y lugar, y en parte como respuesta a las condiciones culturales generales de mediados del siglo XX. La gama de su alcance y su capacidad para arrojar luz sobre la condición humana en situaciones muy diferentes sólo entraría en el foco de la atención cuando el Profesor Dr. Karol Wojtyla, por entonces trabajando con un nombre diferente, llevó la parte más aventurera del proyecto Lublin a un audiencia cuyo número superó vastamente el número de lectores de las revistas filosóficas polacas.


 Transcrito parcialmente de la conferencia dictada en la Universidad Duquesne de Pensilvania, EE.UU.,
el 1° de diciembre del 2006, bajo el título 'Wojtyla's walk among the philosophers'
('El andar de Wojtyla entre los filósofos'). Traducido por Angel C. Correa


 

 

George Weigel : Los filosofos de Lublin y su proyecto (1 de 2)

 


La Universidad Católica de Lublin [KUL] fue fundada en 1918. Curiosamente, uno de sus parteros fue Lenin, quien permitió al Padre Idzi Radziszewski llevar de vuelta a Polonia la biblioteca de la Academia Polaca de Teología de Petrogrado, cuando el sacerdote estaba tratando de conseguir el lanzamiento de KUL. Auspiciada por la Segunda República de Polonia de entre-guerras, la universidad fue cerrada por la ocupación alemana, con numerosos profesores encarcelados, torturados o asesinados. Sus estatutos permitieron a KUL sobrevivir a la imposición del estalinismo en Polonia después de la guerra, convirtiéndose en la única universidad católica detrás de la cortina de hierro, distinción que mantuvo a lo largo de la Guerra Fría. Como dijera uno de sus mayores estudiosos, durante la Guerra Fría, la Universidad Católica de Lublin fue "el único lugar, entre Berlín y Corea del Sur, donde la filosofía era libre".

 

   Sus facultades y estudiantes desarrollaron su vida académica en una situación de constante confrontación con el régimen comunista. Entre 1953 y 1956, las facultades de derecho, ciencias sociales y educación fueron cerradas. Incluso después del deshielo político de 1956, la población estudiantil fue mantenida artificialmente baja; los graduados de KUL tuvieron dificultades para obtener puestos académicos en otras partes, y las facultades tuvieron problemas para publicar su trabajo. Estas presiones ayudaron a convertir KUL en una universidad con vocación. En un momento en que muchas figuras influyentes en la vida intelectual europea coqueteaban con el marxismo (y, a veces, más que coqueteaban), KUL defendió la dignidad de la persona humana contra un agresivo oponente ideológico, al tiempo que demostraba que la fe católica y la razón humana eran aliados en la misión de reconstruir el humanismo occidental.

 

   La Facultad de Filosofía de KUL se estableció en 1946 en respuesta a la gran hambre de filosofía evidente en la vida intelectual polaca. La guerra y el intento nazi de decapitar la cultura polaca habían creado una situación intelectual distintiva en Polonia. A comienzos del período de posguerra, las conferencias de filosofía en la reabierta Universidad Jagellónica de Cracovia fueron presentadas a audiencias que desbordaban todos los espacios. En Lublin, las conferencias sobre metafísica se dictaban en espacios sin asientos, con los estudiantes sentados en el suelo, en los pasillos y en los marcos de las ventanas de la sala de conferencias. Allí escucharon a los diferentes miembros de la facultad explorar las cuestiones filosóficas planteadas por las duras experiencias del pasado inmediato y del presente – la vida bajo la ocupación nazi y en la Polonia estalinista.

 

   Todos los que habían vivido las brutalidades de la ocupación nazi y la imposición del comunismo soviético había confrontado la antigua pregunta filosófica, "¿Qué es un ser humano?", en formas inevitablemente urgentes. ¿Por qué algunas personas actuaban como bestias mientras que otras mostraban un heroísmo notable? ¿Por qué algunas personas eran grotescamente egoístas, hasta el punto de traicionar a sus amigos, mientras que otros, noblemente abnegados, arriesgaban sus vidas por otros que apenas conocían? Los filósofos de KUL concordaron en que la única manera de penetrar esos problemas era a través de una profundización de la antropología filosófica. ¿Cómo estaba constituida esa curiosa mezcla de materia y espíritu que es la persona humana? ¿Cómo podemos explicar la diferencia de naturaleza entre los seres humanos y otras criaturas sensibles? ¿Cuál es, en todo caso, la meta de la vida? Tales perennes residentes en los jardines de la investigación filosófica adquirieron aristas especialmente agudas en KUL de finales de los 40s y principios de los 50s.

 

   Convencidos de que la crisis en la comprensión de la persona humana por parte de la modernidad estaba en la raíz de las angustias del siglo, los filósofos de KUL de ese período comenzaron a esbozar una iniciativa filosófica ambiciosa, en la que la metafísica y la antropología se reunirían en la ética. Como sub-disciplina de la filosofía, la ética, puede haber sido una sierva o criada de otras especialidades grandiosas, pero los filósofos de KUL creyeron que el problema de la ética se planteaba de una manera particularmente urgente debido a la situación política. El comunismo no era sólo una cuestión de su mala metafísica (con su afirmación reduccionista de las cosas-como-son) y su mala antropología (con su caricatura del humanismo); la política totalitaria del comunismo despojó a hombres y mujeres de su poder de elección, de su responsabilidad y, por lo tanto, de su humanidad.

 

   Para contrarrestar tanto el materialismo comunista, como la política comunista, el pensamiento de los filósofos KUL era un humanismo completo que daba una explicación más convincente de las intuiciones morales y de las acciones morales del ser humano. Al proponer esto sin caer en las arenas movedizas de pensar-sobre-pensar-sobre-pensar, los filósofos de KUL se impusieron no pequeña tarea. En efecto, lo suyo implicaba nada menos que desafiar el sentido y dirección de la filosofía desde la Ilustración. Por otra parte, se trataba de un proyecto con un sello distintivo, pues los filósofos de KUL se propusieron afrontar la gran batalla político-filosófica en el terreno propio del marxismo — en la cuestión de la verdadera liberación de la persona humana.

Transcrito parcialmente de la conferencia dictada en la Universidad Duquesne de Pensilvania, EE.UU.,
el 1° de diciembre del 2006, bajo el título 'Wojtyla's walk among the philosophers'
('El andar de Wojtyla entre los filósofos'). Traducido por Angel C. Correa


martes, 9 de agosto de 2022

Santa Teresa Benedicta de la Cruz - Giovanni Marchesi SJ La ciencia de la cruz en Edith Stein

 


Me permití “robar” un trozo del escrito de Giovanni Marchesi S.J. titulado La ciencia de la cruz en Edith Stein,   que cubre las diferentes etapas de su conversión.   El artículo es bastante más extenso  y comienza con el anuncio del Papa Juan Pablo II nombrándola a la santa Edith Stein como una de las tres nuevas patronas del continente europeo y termina con la maduración de su convencimiento que  “Se llega a poseer una scientia Crucis únicamente cuando se experimenta hasta el fondo la cruz. Estaba convencida de esto desde el primer instante, porque he dicho de todo corazón: ave, Crux, spes unica

  “El espacio no nos permite recorrer las etapas principales de la vida y la maduración intelectual y espiritual de Edith Stein, nacida el 12 de octubre de 1891 en Breslau/Breslavia (Silesia), actualmente Polonia (con la denominación Wroclaw). Era la undécima hija de una familia hebrea sumamente religiosa, filósofa eminente formada en la escuela de Edmund Husserl. Del propio Husserl fue en primer lugar alumna en Gottinga y luego ayudante en Friburgo hasta 1921. Desde los años de los estudios universitarios, la joven Stein destacó por su larga y apasionada búsqueda de la verdad, pasando de la fenomenología de Husserl (1859-1939) a la filosofía cristiana y por consiguiente a la scientia crucis, es decir, a la consagración a Cristo, en la Iglesia Católica, hasta el martirio. El mismo Husserl, en Friburgo, después de leer la tesis doctoral de Edith Stein sobre El problema de la empatía (Einfühlung) y reconociendo que lo había precedido en el desarrollo de la segunda parte de sus Ideas, la definió como “una pequeña muchacha con grandes dotes”, otorgándole además la más alta calificación académica. En el verano de 1921, Edith Stein llega definitivamente a la fe católica, que recibió el último sello con el “martirio” en Auschwitz.

Precisamente el ambiente de estudio de Gottinga, con las frecuentaciones intelectuales y las amistades que Edith Stein pudo cultivar allí, le ofreció el primer contacto directo con las temáticas de la fe cristiana, y específicamente de la Iglesia Católica. Max Scheler y Anne Reinach, esposa del gran fenomenólogo Adolf Reinach, fueron ocasión directa para dicho contacto. En esos años, Max Scheler, que competía intelectualmente con Husserl en cuanto a la paternidad de la fenomenología, ofrecía conferencias públicas en Gottinga, a las cuales asistía Edith Stein con especial interés, además porque el filósofo abordaba el tema de laEinfühlung, en la cual ella comenzaba a interesarse dada su tesis para el doctorado. Scheler se presentaba como un puro “fenómeno de la genialidad”: “De sus grandes ojos azules emanaba el esplendor de un mundo superior. (...) Para mí, como para muchos otros, su influencia en esos años adquirió importancia incluso más allá del ámbito filosófico”; él hablaba “con insistente eficacia, con auténtica vivacidad dramática”. En ese período, Scheler practicaba el catolicismo (también los esposos Husserl habían pasado del hebraísmo al cristianismo). Escuchando las conferencias de Scheler, que expresaba muchas ideas católicas y “sabía divulgarlas haciendo uso de su brillante inteligencia y habilidad lingüística”, se abre un mundo desconocido por primera vez en la vida para la joven Edith, cada vez más interesada en la verdad. Si bien en ese momento no llegó a la fe, al procurar, como buena fenomenóloga, reflexionar sobre cada cosa con una mirada libre de prejuicios y sin “anteojeras”, comienza a interesarse en los asuntos religiosos: “Los límites de los prejuicios racionalistas, en medio de los cuales había crecido sin saberlo, cayeron, y el mundo de la fe apareció repentinamente ante mí”. La joven estudiante de filosofía se siente “paulatinamente transformada”.

El primer verdadero encuentro con la verdad cristiana, y específicamente con el misterio de la Cruz, Edith Stein lo vive con ocasión de la muerte del profesor Adolf Reinach, “el ángel bueno” que la había puesto a salvo de las dificultades interiores cuando se devanaba los sesos con el problema de la Einfühlung y que con sus consejos y reflexiones logró liberarla del tedio de la vida. En noviembre de 1917, Reinach, brazo derecho de Husserl en Gottinga, muere en Flandes, en el frente de batalla. Los amigos fenomenólogos están consternados. Para Edith Stein es un trauma, ya que con Reinach, más que un maestro, siente que ha perdido un amigo y confidente. Le produce casi temor el encuentro con la joven viuda tan duramente sometida a prueba, que le solicita poner orden en los escritos filosóficos de su marido. Al leer los Apuntes sobre una filosofía de la religión de Reinach, con hermosas páginas proyectadas hacia el catolicismo, y al constatar, con asombro, la fuerza que la joven viuda recibía de la fe cristiana, Edith Stein se siente perturbada y no está tan segura de su ateísmo. Más tarde confía: “Ése fue mi primer encuentro con la Cruz, mi primera experiencia de la fuerza divina que emana de la Cruz y se comunica a quienes la adoptan. Por primera vez me fue dado contemplar en toda su luminosa realidad la Iglesia nacida de la pasión salvadora de Cristo, en su triunfo sobre el aguijón de la muerte. Fue el instante en que se derrumbó mi incredulidad, palideció el hebraísmo y Cristo se irguió radiante ante mi mirada: ¡Cristo en el misterio de su Cruz!”.

Anteriormente, otro episodio ocasional la había impresionado especialmente. Al entrar con una amiga a la catedral de Frankfurt, observó a una mujer del pueblo arrodillada en un banco para pronunciar una breve oración, con la bolsa de las compras en las manos. “Para mí era algo totalmente nuevo. En las sinagogas y las iglesias protestantes que había visitado, la gente asistía a las funciones religiosas; ahí, en cambio, alguien había entrado en la iglesia vacía en medio de sus tareas cotidianas, como si fuera a un coloquio confidencial. Jamás pude olvidarlo”. El encuentro con la fe se vuelve difícil y problemático. En el artículo Causalidad psíquica, publicado en 1922, en el quinto volumen de la revista dirigida por Husserl, Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung, hay señales de la lucha interior que sostiene en esos años. Edith Stein parece centrada en su propia experiencia, al enfrentar de pronto la temática religiosa, que altera sus planos, cuando escribe: “Me niego por tanto aceptar la fe pura y simple y no le permito obrar con eficacia”. Más adelante, en el mismo ensayo, extenso como un libro, anota: “Existe un estado de reposo en Dios, de total aflojamiento de toda actividad espiritual, en el cual no se hacen más planes, no se toman decisiones y además de no actuar, uno entrega todo cuanto es propio del futuro a la voluntad divina y se “abandona” totalmente al “destino”. Este estado lo he vivido en parte yo misma, después de ocurrir un hecho que superó mis fuerzas absorbiendo completamente las energías espirituales de mi vida y despojándome de toda actividad. El reposo en Dios, en cuanto debilitamiento de la actividad por falta de fuerza vital, es algo totalmente nuevo y especial. El debilitamiento se caracterizaba por un silencio mortal, en cuyo lugar se presenta ahora una sensación de seguridad” y “cuando uno se abandona a este sentimiento, comienza a llenarse paulatinamente de nueva vida y siente un impulso hacia una nueva actividad, pero sin esfuerzo alguno de la voluntad”. Por último, en la segunda parte del mismo ensayo, titulada “Individuo y comunidad”, Stein parece fotografiar el camino de profunda purificación que está viviendo su alma: si en el plano interior “se produce una transformación, ésta no se considera resultado de un desarrollo, sino más bien una conversión debida a una fuerza sobrenatural o una fuerza situada fuera de la persona y fuera de todos los nexos con los cuales la misma está ligada”.

La circunstancia aparentemente casual de este repentino milagro de la gracia, que redunda en una transformación de la persona de Edith Stein, es la lectura ocasional de la Autobiografía de Santa Teresa de Avila en casa de sus grandes amigos, los esposos Conrad-Martius (verano de 1921, en Bergzabern): “Sin elegir, tomé el primer libro que cayó en mis manos. Era un gran volumen titulado Vida de Santa Teresa de Ávila escrita por ella misma. Comencé a leerlo y me absorbió de tal manera que no lo interrumpí hasta llegar al final. Al cerrarlo, tuve que confesarme a mí misma: “Ésta es la verdad”. Como dirá más tarde, desde los años intensos de estudio filosófico en Gottinga, “mi anhelo de verdad era una plegaria única”; “quien busca la verdad busca a Dios, sépalo o no”. Esa misma mañana, en Bergzabern, compra un catecismo y un pequeño misal, casi intuyendo la necesidad de conjugar en armonía la fe y la espiritualidad cristiana: la inseparabilidad entre fe y vida, entre lex credendi y lex orandi.

El 21 de enero de 1922, Edith Stein recibe el bautismo, siendo Hedwig Conrad-Martius su madrina. Era difícil comunicar en ese momento a la madre que se había convertido al catolicismo. Algunos días después, yendo a visitar a su familia, la atea convertida a la fe cristiana le dice con dulzura: “Mamá, soy católica”. En vez del esperado reproche, se produce un silencio sepulcral, que sólo se rompe con el llanto de ambas. Las dos pasan la noche en vela. Inmediatamente después de la conversión, Edith Stein aspira a entrar en el Carmelo, abandonando de inmediato la investigación científica, la carrera académica y los sueños de gloria. El vicario general de Spira, donde el 2 de febrero recibe el sacramento de la confirmación, y el sacerdote jesuita Erich Przywara, el gran filósofo de la Analogia entis, la convencen de que en ese momento no tome semejante decisión. Edith Stein entrará después al Carmelo de Lindenthal (Colonia), el 14 de octubre de 1933. En ese mismo monasterio, es bautizada en la Navidad de 1936 la hermana Rosa, católica desde hace ya algún tiempo en su disposición de ánimo. También en esa circunstancia se presentó el problema de dar a conocer el hecho a la madre, por la cual siempre conservó un tierno afecto.

“El último día que estuve en casa fue el 12 de octubre (1933), día de mi cumpleaños -escribirá Edith Stein el 18 de diciembre de 1938-, y también era una fiesta hebrea, la clausura de la fiesta de los Tabernáculos. Mi madre participó en el servicio, en la sinagoga de la escuela de los rabinos, y la acompañé porque ambas deseábamos estar juntas todo ese día”. Al regresar a pie, la madre anciana (84 años) preguntó a la hija: “¿No era hermosa la prédica?”. “Sí”. “¿Se puede entonces ser religiosos también como hebreos?”. “Por supuesto, si no se ha conocido otra cosa”. Entonces respondió desesperada: “¿Y tú porque la conociste? Nada digo en tu contra. Ciertamente habrá sido un hombre muy bueno, ¿pero por qué se hizo Dios?”. En cartas escritas en los días o meses siguientes a su entrada al Carmelo, Edith Stein señala con gran dolor la reacción negativa de la madre ante su opción de vida: “Las últimas semanas en casa y el momento de la separación fueron muy dolorosos. Fue imposible hacer que la mamá fuera un poco comprensiva. Se mantuvo en su rigidez e incomprensión y yo partí únicamente con la fe en la gracia de Dios y en la fuerza de nuestra oración”“; “Mi madre se opone aun con todas sus fuerzas a la decisión que estoy a punto de tomar. Es dura tarea presenciar el dolor y el conflicto de conciencia de una madre sin poderla ayudar con medios humanos”.

Contrariamente a lo que pensaba su madre, al convertirse a la fe católica, Edith Stein redescubrió en lo más profundo de sí misma sus raíces hebraicas, teniendo ahora conciencia de pertenecer enteramente a la estirpe de Cristo en el espíritu y la sangre. Se regocijaba interiormente al pensar que en sus venas corría la misma sangre de Jesús y María: “Usted no puede entender lo que significa para mí el hecho de que María, la Madre de Dios, haya sido hebrea”, dijo un día a otra religiosa de Echt. Sor Teresa Benedicta confiaba reflexiones análogas al sacerdote jesuita Peter Hirschmann:”No puede usted imaginar lo que significa para mí ir a la capilla en la mañana y al ver el tabernáculo y la imagen de María, decir en mi interior “Eran de nuestra sangre” “; “Usted no puede creer lo que significa para mí ser hija del pueblo elegido y pertenecer a Cristo no sólo espiritualmente, sino también por el parentesco de sangre”. San Ignacio de Loyola, en su arrojo místico, hubiera deseado nacer “judío” para poder estar más cerca del Señor o “parecerse” más a El. Ese deseo no satisfecho de Ignacio fue para Edith un don de la naturaleza y la gracia.”

 

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Edith Stein

Santa Teresa Benedicta de la Cruz

 

lunes, 8 de agosto de 2022

El mensaje de la vida… Sor Marie Simon Pierre

 


Al momento de arrodillarse ante la tumba de Juan Pablo II, su sanador, no pudo contener las lágrimas… No lo había conocido, solamente lo veía por televisión y mirándolo se imaginaba a sí misma, a medida que iba avanzando su enfermedad, la misma de Juan Pablo II.

Hacía poco que su identidad solo era conocida por la Comisión propuesta para la investigación en el proceso “Super Miro”. Su caso había sido escogido para el Proceso de Beatificación del Siervo de Dios Juan pablo II como supuesto milagro post mortem obtenido por su intercesión. El proceso había iniciado el 17 de marzo de 2006 y terminado el 30 de marzo de 2007 en Francia, en la Diócesis de Aix-En-Provence, concluyendo con la recopilación del material que luego fue entregado a la Congregación para las Causas de los Santos.

Sor Marie Simon Pierre Normand fue curada de Parkinson. Por su expreso deseo participó en  Roma en la ceremonia de clausura de la fase diocesana del Proceso. Al bajar del avión fue inmediatamente solicitada por periodistas y fotógrafos, todos al acecho de noticias y revelaciones. Pero más fuerte, aun que la curiosidad era el deseo de ver algo sobrenatural, como en las parábolas evangélicas que narran la curación del paralitico o del ciego de nacimiento: y esta es, en efecto, una historia realmente inexplicable.

A  la pregunta sobre cuál es el verdadero mensaje de su curación, Sor Marie Simon Pierre respondió: «El mensaje de la vida…»Esta religiosa es de veras una persona que emana alegría, no obstante sea algo tímida y busque ocultarse. Su figura sencilla despierta en quien se encuentra con ella una reflexión e invita a detenerse con el pensamiento, con las acciones y a “mirar a los demás…”. A quienes le pedian que se parara para intercambiar un saludo, ella accedía, sabia que la gente deseaba tocarla, besarla porque para ellos habia sido tocada por un Santo.

Sor Marie Simon Pierre pertenece a la Orden de las pequeñas Hermanas de las Maternidades Católicas y trabaja en el Hospital de la Congregación en el Sector de Maternidad.  Alli, cada vez que nace un niño la enfermera de turno toca la campanilla. Sor Marie  habla de su curación diciendo sencillamente: «He renacido a una nueva vida». Su campanilla ha sido escuchada en todo el mundo.

La carta con el testimonio de los hechos ocurridos, escrita por la Superiora General Sor Marie Marc, llego a la Postulación en los primeros días del mes de junio de 2005, aun antes de la apertura del Proceso. Y pronto aquellas palabras tan sencillas, equilibradas y llenas de humildad llamaron la atención del Postulador. A la pregunta si cuando fuera abierta la carta no tenían miedo de la reacción y del efecto del testimonio, la Superiora General respondió así: «Después  de haber despachado la carta sentí una gran paz entro de mi, mi única preocupación era si no la habíamos despachado demasiado pronto.»

Sor Marie Simon Pierre siempre vio en Juan Pablo II a un amigo suyo que la comprendía y le daba la fuerza necesaria para tirar hacia adelante, y sigue rezándole a diario.: «Utilizo palabras muy intimas y familiares y rezando le agradezco mi curación y le encomiendo a todos los enfermos, en particular a los matrimonios que no pueden tener hijos.» El carisma de la Congregación, como nos explica la Superiora General, es la dedicación a la vida, anunciar el Evangelio de la vida, según las enseñanzas de Juan Pablo II en su Encíclica Evangelium Vitae.  

Aleksandra Zapotocny para la revista TotusTuus de la Postulacion. Publicado en Totus Tuus Nr 5 mayo 2007

 

lunes, 1 de agosto de 2022

San Alfonso Maria de Ligorio – Oración y gracia

 


En la Carta Apostolica Spiritus Domini con motivo del II Centenario de la muerte de San Alfonso Maria de Ligorio el Papa Juan Pablo II señalaba que “La estructura de la espiritualidad alfonsiana podría reducirse a estos dos elementos: la oración y la gracia. Para San Alfonso, la oración no es un ejercicio primariamente ascético; es una exigencia radical de la naturaleza correlativa a la dinámica misma de la salvación. Y es evidente que este planteamiento hace comprender la importancia que la plegaria asume en la práctica de la vida cristiana como "el gran medio de la salvación". Al igual que la obra moral y dogmática, también la producción espiritual de San Alfonso, y en medida mayor, nace del apostolado y lo integra.

En su alocución al Consejo General de los Redentoristasel 6 de diciembre de 1979 el Papa Juan Pablo II les llamaba la atención sobre “la oportunidad de dar nuevo impulso a las misiones tradicionales, las cuales —como he dicho también en el reciente Documento sobre la catequesis— se manifiestan, si son llevadas de acuerdo con criterios conformes a la mentalidad moderna, como un instrumento insustituible para la renovación periódica y vigorosa de la vida cristiana (cf. Exhort. Apost. Catechesi tradendae, 47). San Alfonso, como bien sabéis, ponía en ellas grandísima confianza.”  Ponía además de relieve “el servicio de las  almas más abandonadas en un trabajo conjunto pues “La evangelización no ha sido confiada a cada uno en particular, sino a la Iglesia (cf. Mc 16, 15 par.) y por lo tanto es esencial que se lleve a cabo en plena sintonía con las orientaciones de quienes han recibido de Cristo la tarea de "apacentar" la grey de los fieles”.    Pero aclaraba el Papa que  “queda fuera de duda que, cuando se trata de la conversión de las almas, cualquiera sea el proyecto programático, cualquiera el desplegamiento de fuerzas, por muy imponente que sea, no tienen relevancia alguna, si no interviene la acción de Aquel "que da el crecimiento" (1 Cor 3, 7). Con todo, esta acción transformadora de la gracia es impetrada de ordinario por la santidad de vida del que anuncia el Evangelio. Sólo cuando el evangelizador es también un testigo, su palabra hace brecha en los corazones. Vuestro fundador ha confirmado esto muchas veces en sus escritos y demostró esto de modo inequívoco con el ejemplo de su vida”

En su discurso del 6 de febrero de 1981 a los participantes en el Congreso Nacional Italiano sobre el tema Misiones al pueblo para los años 80 Juan Pablo II incluía a San Alfonso Maria de Ligorio entre los “intrépidos e infatigables  grandes Padres,  grandes Santos, a los cuales es necesario hacer referencia constantemente si queremos, realmente, iluminar y salvar a los hermanos.

Al celebrarse la memoria litúrgica del Santo el papa Benedicto XVI en su Catequesis desde Castelgandolfo en un breve bosquejo delineaba la biografia del Santo como “Obispo y Doctor de Iglesia, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, redentoristas, patrono de los estudiosos de teología moral y de los confesores. San Alfonso es uno de los santos más populares del siglo XVIII, por su estilo sencillo e inmediato y por su doctrina sobre el sacramento de la Penitencia: en un período de gran rigorismo, fruto de la influencia jansenista, él recomendaba a los confesores de administrar este Sacramento manifestando el abrazo gozoso de Dios Padre que en su misericordia infinita no se cansa de recibir al hijo arrepentido.” 

Por otra parte subrayaba Benedicto XVI que la celebraciòn era una “ocasión para detenernos en las enseñanzas de San Alfonso sobre la oración, más que nunca preciosas llenas de inspiración espiritual. Data del año 1759 su tratado El gran medio de la Oración, que él consideraba el más útil entre todos sus escritos. En efecto, describe a la oración como «el medio necesario y seguro para obtener la salvación y todas las gracias de las cuales tenemos necesidad para conseguirla» (introducción). En esta frase está sintetizado el modo Alfonsiano de entender la oración.” «Quien ora se salva, quien no ora se condena». Como comentario de esta frase lapidaria, añadía: «Sin oración cosa muy difícil es que nos podamos salvar; tan difícil que, es del todo imposible… con la oración, la salvación es segura y fácil» (II, Conclusión). Y aún dice: «Pensemos que, si no rezamos, ninguna excusa podremos alegar, porque Dios a todos da la gracia de orar... si no nos salvamos, culpa nuestra será. Y la causa de nuestra infinita desgracia será una sola: que no hemos rezado» (ibíd.). Diciendo por lo tanto que la oración es un medio necesario, San Alfonso quería hacer comprender que en cada situación de la vida no se puede prescindir de orar, en especial en el momento de la prueba y en las dificultades. Siempre debemos llamar confiadamente a la puerta del Señor, sabiendo que en todo Él cuida de sus hijos, de nosotros. Por esto, estamos invitados a no temer de acudir a Él y presentarle confiados nuestras peticiones, con la certeza de obtener aquello de lo cual tenemos necesidad.

“Los Redentoristas viven en comunidades misioneras, siempre se muestran acogedores y entregados a la oración como Maria de Nazareth. A través de misiones, de retiros, del ministerio parroquial, del apostolado ecuménico, del ministerio de la reconciliación y con la enseñanza de la teología moral, proclaman el amor de Dios nuestro Padre que, en Jesús, "ha vivido entre nosotros" para convertirse en profunda misericordia y en Palabra de Vida que nutre el corazón humano y da sentido a la vida a fin de que se viva en la máxima libertad y en solidaridad con los demás. Y así como Alfonso, también los Redentoristas practican una clara opción por los pobres, afirmando su dignidad y su grandeza ante Dios, convencidos de que la Buena Nueva del Señor se dirige a ellos de modo especial. Hoy, los Redentoristas son alrededor de 5.500; trabajan en 77 países de los cinco continentes, ayudados por muchos hombres y mujeres que colaboran en su misión; todos juntos forman la gran Familia redentorista. "Nuestra Señoradel Perpetuo Socorro"  es el icono misionero de la Congregación. (de lapagina oficial de los Redentoristas)