Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

domingo, 21 de octubre de 2007

21 de octubre 2001 - Beatificacion del matrimonio Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini



El domingo 21 de octubre de 2001 Juan Pablo II cumplia un sueño, nacido y fortalecido en su amada Cracovia cuando, como capellán universitario, formó en la Parroquia de San Florian su Srodowisko, («grupo» o «entorno») integrado por jóvenes intelectuales comprometidos con el mensaje liberador del Evangelio, donde “todos los jueves les hablaba sobre los problemas fundamentales relacionados con la existencia de Dios y la naturaleza espiritual del alma humana” (Don y Misterio). Ahora agregaba a su férrea apuesta por la vida, su amor a los jovenes, a los matrimonios y a las familias la beatificación de un matrimonio que “ inspirándose en la palabra de Dios y en el testimonio de los santos, vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario” se habian santificado mediante el amor, habian vivido y sufrido, educado y evangelizado como tantos otros matrimonios de ayer y de hoy.
Se celebraba, por primera vez, una beatificación conjunta de un matrimonio : Luigi Beltrame Quatrocchi y Maria Corsini. El abogado, ella maestra, padres de cuatro hijos, tres de los cuales participaron en la beatificación: Filippo (padre Tarcisio). Nacido en 1906, Cesare (padre Paulino) nacido en 1909 y Enrichetta, nacida en 1914. Stefania (sor Maria Cecilia, nacida en 1908 falleció en 1993.

Asi comenzaba la homilía Juan Pablo II en la Santa Misa de Beatificación
“Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?" (Lc 18, 8).La pregunta, con la que Jesús concluye la parábola sobre la necesidad de orar "siempre sin desanimarse" (Lc 18, 1), sacude nuestra alma. Es una pregunta a la que no sigue una respuesta; en efecto, quiere interpelar a cada persona, a cada comunidad eclesial y a cada generación humana. La respuesta debe darla cada uno de nosotros. Cristo quiere recordarnos que la existencia del hombre está orientada al encuentro con Dios; pero, precisamente desde esta perspectiva, se pregunta si a su vuelta encontrará almas dispuestas a esperarlo, para entrar con él en la casa del Padre. Por eso dice a todos: "Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora" (Mt 25, 13)”….
Continuando:
…” Estos esposos vivieron, a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana, el amor conyugal y el servicio a la vida“ … ...” una demostración viva de lo que el concilio Vaticano II afirmó acerca de la llamada de todos los fieles a la santidad, especificando que los cónyuges persiguen este objetivo "propriam viam sequentes", "siguiendo su propio camino" (Lumen gentium, 41). Esta precisa indicación del Concilio se realiza plenamente hoy con la primera beatificación de una pareja de esposos: practicaron la fidelidad al Evangelio y el heroísmo de las virtudes a partir de su vivencia como esposos y padres….”
…”En su vida, como en la de tantos otros matrimonios que cumplen cada día sus obligaciones de padres, se puede contemplar la manifestación sacramental del amor de Cristo a la Iglesia. En efecto, los esposos, "cumpliendo en virtud de este sacramento especial su deber matrimonial y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, con el que toda su vida está impregnada por la fe, la esperanza y la caridad, se acercan cada vez más a su propia perfección y a su santificación mutua y, por tanto, a la glorificación de Dios en común" (Gaudium et spes, 48).
…”como todo camino de santificación, también el vuestro es difícil…”…”Buscad en la palabra de Dios la respuesta a los numerosos interrogantes que la vida diaria os plantea..”.
...”Entre los caminos de su misión, "la familia es el primero y el más importante" (Carta a las familias, 2); la Iglesia cuenta con ella, llamándola a ser "un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado" (ib., 16).
…”Queridos esposos, os animo a desempeñar plenamente vuestro papel y vuestras responsabilidades. Renovad en vosotros mismos el impulso misionero, haciendo de vuestros hogares lugares privilegiados para el anuncio y la acogida del Evangelio, en un clima de oración y en la práctica concreta de la solidaridad cristiana…”.

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