Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 4 de abril de 2009

Un legado de esperanza

Un legado de esperanza
(una parte de la entrevista realizada por Angelo Zema, Director responsable del boletín Totus Tuus de la Postulación de la causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II
responden Joaquín Navarro-Valls, George Weigel y Mario Agnes
texto completo entrevista en Totus Tuus Nr. 6 octubre 2006)

«Siempre nos ha dado tanta esperanza».
"Así se repetía, en las horas posteriores a la muerte de Juan Pablo II….en todos los rincones del planeta… "

"La esperanza, nos ha enseñado Juan Pablo II, pasa por la cruz. Tenemos grabadas en nuestra memoria las últimas semanas de su vida y en particular algunas imágenes, aquellas que nos hablaban de todo su sufrimiento, pero también de su voluntad de no esconderlo ante los ojos del mundo. Una existencia vivida hasta el final. Las personas, - eran millones - venidas a rendirle homenaje habían comprendido plenamente esta muestra de coraje y de fe. Cual es su recuerdo personal ? Cual es la esperanza que Juan Pablo II ha dejado en su corazón ? "

Joaquín Navarro-Valls:
“Creo que una de las mayores y claras enseñanzas de Juan Pablo II ha sido ayudarnos a darle un sentido más profundo a todo aquello que bajo el nombre de “Cruz” constituye el conjunto de disgustos, frustraciones, dolores y ansiedades que todos conocemos, por ser patrimonio de toda existencia humana.
Recuerdo que un día después de una de las intervenciones quirúrgicas de urgencia de Juan Pablo II, entré a su habitación en el Policlínico Gemelli. Con gran y serena naturalidad me dijo:
« Debemos completar en nosotros aquello que falta a la Pasión de Cristo. Por cierto, agregaba, todo ha sido hecho ya, pero.....siempre es posible añadir un poco más..... » En otra ocasión, siempre en el Gemelli, después de la reducción de una luxación de hombro, dijo « He recibido este sufrimiento como un don ». En sus escritos, en sus homilías, pero sobre todo en su vida diaria, podía verse este amor por “la Cruz”.
No sé exactamente en qué momento de su vida Karol Wojtyla comenzó su devoción al Via Crucis que recitaba completo todos los viernes dondequiera se encontrase, naturalmente también durante sus viajes al exterior. Lo recuerdo haciendo solo el Via Crucis en su capilla privada del Vaticano, pero también cuando estábamos en el Valle de Aosta por unos pocos días de descanso. Y también un viernes muy temprano y de prisa en Estocolmo, antes de comenzar con una extenuante jornada de trabajo apostólico.
Y nunca podré olvidar el día anterior a su muerte.
Era viernes, 1ro de abril, Juan Pablo II sufriente en su lecho, trataba de comunicar algo que no se comprendía bien debido a la traqueotomía. Sor Tobiana, una de las religiosas que lo atendía desde hacia años, le alcanzó una hoja de papel donde el Papa escribió que quería hacer el Via Crucis. Le fueron leídas las catorce estaciones de la Pasión de Cristo. En cada una de ellas se hacia la señal de la Cruz. Al día siguiente entregaba su alma a aquel Dios que Juan Pablo II había acompañado tantas veces en Su Pasión…”.

George Weigel
“….Quizás la historia más digna de compartir, ocurrida en aquellos días proviene de un amigo, un sacerdote de Carolina del Sur, que me llamó mientras me estaba trasladando desde el estudio de la NBC de Manhattan al aeropuerto Kennedy la tarde del 2 de abril; me permito citarla como la relaté en mi libro "La elección de Dios”
« El padre Jay Scott Newman, sacerdote de la iglesia católica de Santa Maria en Greenville, Carolina del Sur, había dejado ya el presbiterio y el noticiero televisivo sobre la muerte del Papa para dirigirse a su iglesia a escuchar las confesiones del sábado por la tarde. Más tarde llamó a un amigo para comentarle que acababa de vivir “las tres horas más importantes de mi sacerdocio”. Seis personas que no se habían confesado durante los últimos 30 o 40 años habían entrado a la Iglesia de S. Maria para recibir el sacramento de la Reconciliación. Después de haberles escuchado el Padre Newman le pregunto a cada uno de ellos porque habían esperado aquel preciso momento para reconciliarse.
Y en todos los casos la respuesta había sido la misma: la muerte del Papa.
Y el padre Newman notó que habían transcurrido tan solo 4 horas de la muerte y la gracia ya se estaba expandiendo por todas partes. - ». ”

Mario Agnes
“El 2 de abril de 2005: un acontecimiento pendiente de definición, arduo y presuntuoso de calificar está por acontecer. Es el triunfo de una vida, el triunfo de una ”Presencia” que durante mas de 26 años ha encarnado entre nosotros la “Presencia” palpitante de un pedazo del corazón de Dios. Muchos caminan con paso doliente y orante. Si no nos percataramos de estos pasos la Plaza San Pedro y toda la ciudad de Roma se hallarían envueltas en un manto de silencio humano, diría meta-humano.
Aquella “Presencia” iba a comenzar su vuelo: casi como aquellas palomas que en algunos días inolvidables, a la hora del Ángelus en la plaza San Pedro - elevándose al cielo súbitamente regresaban a él, introduciéndose por la ventana de su habitación privada.
Está por comenzar el vuelo atrayendo hacia si a todos, particularmente a todos aquellos a quienes después de su segunda hospitalización en el Policlínico Gemelli había dicho : “Os he llamado, habéis venido a mi” . El advertía la presencia de la gente, y era consciente que eran los jóvenes. Atención a estas palabras: no estamos hablando de una interpretación.
El Papa todavía se hallaba en condiciones de hablar con claridad después de su segunda hospitalización. Dijo precisamente estas palabras : “Os he llamado,habèis venido a mi” Insisto, no se trata de algo interpretado o reconstruido a posteriori .
Comienza el vuelo; es un momento doloroso para todos nosotros, radiante para él.
Está también el « Totus tuus » que se renueva a la Madre celestial.
Pero es también el « Totus tuus » que se inmola en supremo y doloroso testimonio personal. Y que se vuelve aun mas concreto y apremiante para cada uno de nosotros.
Es el « Totus tuus » que se consuma en una existencia entera.
Y queda otra imagen: si la encontráis conservadla, guardadla con cuidado dentro de un libro, albergadla en vuestro corazón.
Es una imagen excepcional : el abrazo a la Cruz durante el ultimo Via Crucis del Viernes Santo, que el siguió desde su capilla privada. Un abrazo ininterrumpido con la cruz, durante todo el Via Crucis. Un abrazo -como me gusta llamarlo - “nupcial”. Ha estrechado aquella cruz para no abandonarla más. Desde el principio hasta el fin. Una imagen excepcinal. Un abrazo verdaderamente “nupcial”

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