Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 19 de enero de 2013

Juan Pablo II: el Papa de la Misericordia (3)



“La Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II”
(conferencia ofrecida por el Cardenal Kazimierz Nycz durante el II Congreso Mundial de la Misericordia Divina celebrado en Cracovia enoctubre 2011) 

1.      Introducción
“Es imposible hablar de la misericordia de Dios, sin fijarnos en el objeto de la misericordia, es decir el hombre, redimido en Cristo. Tampoco es posible presentar en este artículo todos los temas de la teología de la Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II. Quiero centrarme solo en determinados aspectos, para extraer su esencia.

El complemento a la teología de la Divina Misericordia es la primera encíclica del Papa Juan Pablo II, “Redemptor Hominis”(1979) ya que en el misterio de la redención, se revela en toda su plenitud el misterio del Dios misericordioso. Otro fruto de la teología papal de la Misericordia de Dios, y también una fuente de ulterior consideración, es la Exhortación Apostólica “Reconciliatio et paenitentia” (1984). Juan Pablo II, muestra la Iglesia como una comunidad sacramental de la Divina Misericordia, y claramente enseña que el pecado en la economía de la salvación no puede ser visto como una condición, pero siempre es la oposición al misterio de la redención, que finalmente prevalecerá en Cristo.
Juan Pablo II ve el plano de la realización concreta de la misericordia de Dios en la persona del cristiano. Otras dos encíclicas “Dominumet vivificantem” (1985), y “Redemptoris Mater” (1987) coronan la teología de la Divina Misericordia, entendida como relación de amor entre Dios y el hombre. El Espíritu Santo es la fuente de la vida del Dios Misericordioso en el hombre, y Marìa es el modelo de la ralizaciòn del amor de Dios en nosotros. Queda un aspecto más, tal vez la dimensión más importante de la comrensiòn de la Divina Misericordia, explicada en la parábola de la viña de Dios: “Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto” (Lc 20,13). Dios habla como consigo mismo, para que su amor se demuestre en una luz másplena. Estas palabras revelan la naturaleza sacrificial de la misión del Hijo de Dios al mundo.

2.      Orígenes sagrados del culto de la Divina Misericordia
En la vida humana están íntimamente relacionadas y se determinan mutuamente dos realidades: conocimiento de Dios y el conocimiento de si mismo como hombre – ambos son complementarios entre sí. Palabras conciliares (Vat II) que afirman que Cristo “en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” le permiten ver que Cristo revela a la gente el misterio de la misericordia del Padre, al mismo tiepo revela y muestra toda la profundidad de la humanidad. El misterio del hombre, de acuerdo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se muestra a la gente a través de la revelación cristiana de la persona de Jesucristo.
La enseñanza del Papa Juan Pablo II puede orientar correctamente el culto popular a la Divina Misericordia. Se trata del hecho que si nosotros podemos adorar la misericordia como un atributo de Dios uno y trino, o si debemos limitarnos a la adoración de la misericordia “encarnada” en Cristo Jesús, es decir a la adoración de Cristo, el Misericordioso – como lo sugería W. Granat, o el Misericordioso Salvador, como lo proponía el beato M. Sopocko. Santa Faustina Kowalska en los escritos sobre la Divina Misericordia siempre habla de la misericordia, “Señor”, “Dios”, “mío”, “tuyo”, y nunca se habla de la Beneficiencia, “el misericordioso” Salvador.  Por lo tanto la conclusión del análisis más profundo de las escrituras de Santa Faustina está clara: objeto de adoración en el culto de la Divina Misericordia es la misericordia misma, considerados juntos en la triple dimensión. Misericordia entendida como el mayor atributo de Dios, luego la misma misericordia que se encarnó en Cristo (Misericordia Encarnada) y la misericordia realizada por Cristo durante su vida terrenal y la gloria del cielo.
En vista de esto podemos ver, junto con Juan Pablo II; que el Cristo que encarna y manifiesta la misericordia de Dios a las personas, merece el más alto honor religioso. Las obras, acciones, actitudes y palabras de Cristo que revela a la gente el misterio del misericordioso Padre, forman parte integrante de el mismo y de su misericordia, y puede ser de alguna manera considerado bajo el nombre común de “la Divina Misericordia”. Cristo en sus obras, según Juan Pablo II revela la verdadera naturaleza de la misericordia de Dios, que tiene absoluta necesidad de reciprocidad, conmoviendo – respetando su libertad – el corazón del hombre.”

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