El lunes 19 de agosto de 2013 el Papa Francisco le concedió una entrevista a Antonio Spadaro, S.J. entrevista que fue publicada completa en varios medios, originalmente en la publicación de los jesuitasen Roma, también en la revista local Criterio y en este enlace de la Santa Sede entre los Discursos del Papa Francisco del año2013.
He elegido algunos textos de esta entrevista, bastante extensa.
Muy al comienzo el Papa Francisco le confiesa que los dos pensadores franceses contemporáneos que más le
gustan son Henri de Lubac y Michel de Certeau…y “comienza a hablarme de sí y de
su elección al pontificado. Me dice que cuando comenzó a darse cuenta de que
podría llegar a ser elegido sintió que le envolvía una inexplicable y profunda
paz y consolación interior, junto con una oscuridad total que dejaba en sombras
el resto de las cosas. Y que estos sentimientos le acompañaron hasta su
elección.” reconoce el Papa que no le
agrada conceder entrevistas y que
“prefiere pensarse las cosas antes que improvisar” y sin embargo “en esta entrevista el Papa se ha
sentido libre de interrumpir lo que estaba diciendo en su respuesta a una
pregunta, para añadir algo a una respuesta anterior.” “ es una especie de flujo
volcánico de ideas que se engarzan unas con otras.”
A la
pregunta «¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?». “Se me queda mirando en silencio.
Le pregunto si es lícito hacerle esta pregunta… Hace un gesto de aceptación y
me dice: «No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador…» El Papa
sigue reflexionando, concentrado, como si no se hubiese esperado esta pregunta,
como si fuese necesario pensarla más. «Bueno, quizá podría decir que soy
despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo.
Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera
es esta: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”». Y repite: «Soy
alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque
eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero».
Porque se hizo jesuita le plantea Spadaro y el Papa responde:
«Quería algo más. Pero no sabía qué era. Había
entrado en el seminario. Me atraían los dominicos y tenía amigos dominicos.
Pero al fin he elegido la Compañía, que llegué a conocer bien…de la Compañía me
impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina.
Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su
disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho». «Y,
después, hay algo fundamental para mí: la comunidad. Había buscado desde
siempre una comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad.
Y para un
jesuita, ¿qué significa ser Papa?¿Qué significa para un jesuita haber sido elegido
Papa? ¿Qué aspecto de la espiritualidad ignaciana le ayuda más a vivir su
ministerio?» plantea Spadaro.
«El
discernimiento», responde el Papa Francisco. «El discernimiento es una de las
cosas que Ignacio ha elaborado más interiormente… Me ha impresionado siempre
una máxima con la que suele describirse la visión de Ignacio: Non
coerceri a maximo, sed contineri a minimo divinum est….: no tener límite
para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño… magnanimidad, y, a cada uno
desde la posición que ocupa, hace que pongamos siempre la vista en el
horizonte. Es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y
abierto a Dios y a los otros. Es dar su valor a las cosas pequeñas en el marco
de los grandes horizontes, los del Reino de Dios».
(,,,) El
discernimiento en el Señor me guía en mi modo de gobernar».
Después hablan sobre la Compañia de
Jesus y la identidad de ser jesuita y
los jesuitas que le han llamado la atención y la experiencia de haber sido superior y
superior provincial de la Compañía de Jesús y
consejos que le fueron dando… “No
consulte demasiado y decida” y el sin
embargo opta por “yo creo que consultar es muy importante. Los consistorios y
los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta
llegue a ser verdadera y activa…. deseo que sea una consulta real, no formal».
Cuando
toca hablar de la Iglesia el Papa responde «Una imagen de Iglesia que me
complace es la de pueblo santo, fiel a Dios. Es la definición que uso a menudo
y, por otra parte, es la de la Lumen Gentium en su número 12.
La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico: Dios, en la
historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin
pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que
Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones
interpersonales que se establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta
dinámica popular».
«El pueblo
es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través de la historia,
con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia…. la fe de todo el pueblo que camina..el
“sentir con la Iglesia” de que habla san Ignacio. «Sucede como con María: Si se
quiere saber quién es, se pregunta a los teólogos; si se quiere saber cómo se
la ama, hay que preguntar al pueblo. María, a su vez, amó a Jesús con corazón
de pueblo, como se lee en el Magníficat. Y cita después a Joseph
Malègue, escritor francés “muy de su agrado.”
«Yo veo la santidad en el pueblo de Dios, su
santidad cotidiana. »
«Esta
Iglesia con la que debemos “sentir” es la casa de todos, no una capillita en la
que cabe sólo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la
Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. Y la Iglesia es
Madre —prosigue—.».
Y después
hablan de las Iglesias jóvenes e Iglesias antiguas
Iglesias jóvenes e Iglesias antiguas
«Las
Iglesias jóvenes logran una síntesis de fe, cultura y vida en progreso
diferente de la que logran las Iglesias más antiguas. Para mí, la relación
entre las Iglesias de tradición más antigua y las más recientes se parece a la
relación que existe entre jóvenes y ancianos en una sociedad: construyen el
futuro, unos con su fuerza y los otros con su sabiduría… El riesgo está siempre
presente, es obvio; las Iglesias más jóvenes corren peligro de sentirse
autosuficientes, y las más antiguas el de querer imponer a los jóvenes sus
modelos culturales. Pero el futuro se construye unidos».
«Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia
tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas
como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es
Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado.»
Y en otro nivel pregunta Spadaro: : «¿Qué piensa
de los dicasterios romanos?».
«Los
dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: tienen que
ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son
instancias de ayuda…. «Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el
Papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles.
«Es necesario
ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia….La
Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La
mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante
que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la
dignidad.»
En cuanto al Concilio Vaticano II (y copio texto completo) comenta Spadaro
«¿Qué hizo
el Concilio Vaticano II? ¿Qué fue, en realidad?». Y agregaa Spadaro “Le dirijo esta pregunta a
la luz de las afirmaciones que acaba de hacer, imaginando una respuesta larga y
organizada. Y, sin embargo, me da la impresión de que el Papa considerase el
Concilio un hecho tan incontestable que apenas valiera la pena dedicarle mucho
tiempo corroborando su importancia.”
Responde
el Papa «El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la
cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente
del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El
trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio
a partir de una situación histórica concreta. Sí, hay líneas de hermenéutica de
continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura
del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente
irreversible. Luego están algunas cuestiones concretas, como la liturgia según
el Vetus Ordo. Pienso que la decisión del Papa Benedicto estuvo
dictada por la prudencia, procurando ayudar a algunas personas que tienen esa
sensibilidad particular. Lo que considero preocupante es el peligro de
ideologización, de instrumentalización del Vetus Ordo»
En el apartado titulado
Buscar y encontrar a Dios en todas las cosas Spadaro pregunta: «Santidad, ¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios
en todas las cosas?».
«Lo que
dije en Río tiene un valor temporal. Es verdad que tenemos la tentación de
buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro.
Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido
dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por
decirlo así, es hoy…. hay que encontrar a Dios en nuestro hoy»….«Encontrar a
Dios en todas las cosas no es un eureka empírico. En el fondo,
cuando deseamos encontrar a Dios nos gustaría constatarlo inmediatamente por
medios empíricos. Pero así no se encuentra a Dios. Se le encuentra en la brisa
ligera de Elías. Los sentidos capaces de percibir a Dios son los que Ignacio
llama “sentidos espirituales”. Ignacio quiere que abramos la sensibilidad
espiritual y así encontremos a Dios más allá de un contacto puramente empírico.
Se necesita una actitud contemplativa: es el sentimiento del que va por el
camino bueno de la comprensión y del afecto frente a las cosas y las
situaciones. Señales de que estamos en ese buen camino son la paz profunda, la
consolación espiritual, el amor de Dios y de ver todas las cosas en Dios».
(…)
«Hay que releer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos.
Abrahán, por la fe, partió sin saber a dónde iba. Todos nuestros antepasados en
la fe murieron teniendo ante los ojos los bienes prometidos, pero muy a lo
lejos... No se nos ha entregado la vida como un guión en el que ya todo
estuviera escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver… Hay
que embarcarse en la aventura de la búsqueda del encuentro y del dejarse buscar
y dejarse encontrar por Dios»
Al Papa no le gusta demasiado la palabra
“optimismo”, prefiere “esperanza” « tal como se lee en el capítulo 11 de
la Carta a los Hebreos» «y —prosigue el Papa Francisco—, la esperanza
cristiana no es un fantasma y no engaña. Es una virtud teologal y, en
definitiva, un regalo de Dios que no se puede reducir a un optimismo meramente
humano. Dios no defrauda la esperanza ni puede traicionarse a sí mismo. Dios es
todo promesa».
En cuanto a El arte y la creatividad (me encantaron las respuestas de esta parte
de su vida) el Papa Francisco dice: «He sido aficionado a autores muy
diferentes entre sí. Amo muchísimo a Dostoyevski y Hölderlin. De Hölderlin me
gusta recordar aquella poesía tan bella para el cumpleaños de su abuela ( y
recerdaa la suya) , que me ha hecho tanto bien espiritual. Es aquella que
termina con el verso Que el hombre mantenga lo que prometió el niño.
También Gerard Manley Hopkins me ha gustado
mucho».
«En
pintura admiro a Caravaggio: sus lienzos me hablan. Pero también Chagall con
su Crucifixión blanca...». «En música amo a Mozart, obviamente.
Aquel Et Incarnatus est de su Misa en Do es insuperable: ¡te
lleva a Dios! Me encanta Mozart interpretado por Clara Haskil. Mozart me llena:
no puedo pensarlo, tengo que sentirlo. A Beethoven me gusta escucharlo, pero
prometeicamente. Y el intérprete más prometeico para mí es Furtwängler. Y
después, las Pasiones de Bach. El pasaje de Bach que me gusta mucho es el Erbarme
Dich, el llanto de Pedro de la Pasión según San Mateo. Sublime.
Después, a distinto nivel, no de la misma intimidad, me gusta Wagner. Me gusta
escucharlo, pero no siempre. La Tetralogía del anillo, dirigido por
Furtwängler en la Scala en el ’50 es lo mejor que hay. Sin olvidar Parsifal dirigido
en el ’62 por Knappertsbusch».
«Deberíamos
pasar a hablar de cine. La Strada de Fellini es quizá la
película que más me haya gustado. Me identifico con esa película, en la que hay
una referencia implícita a san Francisco. Luego creo haber visto todas las
películas de Anna Magnani y Aldo Fabrizi cuando tenía entre 10 y 12 años. Otra película
que me gustó mucho fue Roma città aperta. Mi cultura
cinematográfica se la debo sobre todo a mis padres, que nos llevaban muy a
menudo al cine».
«En
general puedo decir que me gustan los artistas trágicos, especialmente los más
clásicos. Hay una bella definición que Cervantes pone en boca del bachiller
Carrasco haciendo el elogio de la historia de Don Quijote: “Los niños la traen
en las manos, los jóvenes la leen, los adultos la entienden, los viejos la
elogian”. Esta puede ser para mí una buena definición de lo que son los
clásicos».
Comenta
luego Spadaro reflexionando sobre su entrevista:
Me doy
cuenta de que me han absorbido todas estas citas del Papa y de que desearía
entrar en su vida por la puerta de sus preferencias artísticas. Sería, imagino,
un largo itinerario. Incluiría el cine, desde el neorrealismo italiano al Festín
de Babette. Me vienen a la cabeza otros autores y otras obras que él ha
citado en otras ocasiones, quizá menores o peor conocidas o de carácter local,
del Martín Fierro de José Hernández a la poesía de Nino Costa,
a El gran éxodo de Luigi Orsenigo. Pienso también en Joseph
Malègue y José María Pemán. Y obviamente en Dante y Borges, pero también en
Leopoldo Marechal, el autor de Adán Buenosayres, El banquete de Severo
Arcángelo y Megafón o la guerra. Pienso en Borges porque Bergoglio,
entonces profesor de literatura a los veintiocho años en el Colegio de la
Inmaculada Concepción de Santa Fe, lo conoció personalmente. Bergoglio enseñaba
en los dos últimos años del liceo cuando inició a sus alumnos en la escritura
creativa. Yo mismo he tenido una experiencia parecida a la suya cuando tenía su
edad, en el Istituto Massimo de Roma, fundando BombaCarta, y se la
cuento. Y luego el Papa habla de su experiencia cuando era profesor de
literatura.
«Entonces,
Santo Padre, para la vida de una persona ¿es importante la creatividad?», le
pregunto. Se ríe y me responde: «¡Para un jesuita es enormemente importante! Un
jesuita debe ser creativo».
Hablan
luego de la revista de los jesuitas La
Civiltá Cattolica (presente y futuro) y Cómo se entiende el hombre a sí
mismo y como orar. El Papa responde:
«Rezo el
Oficio todas las mañanas. Me gusta rezar con los Salmos. Después,
inmediatamente, celebro la misa. Rezo el Rosario. Lo que verdaderamente
prefiero es la Adoración vespertina, incluso cuando me distraigo pensando en
otras cosas o cuando llego a dormirme rezando. Por la tarde, por tanto, entre
las siete y las ocho, estoy ante el Santísimo en una hora de adoración…y en
otros momentos de la jornada…La oración es para mí siempre una oración
“memoriosa”, llena de memoria, de recuerdos, incluso de memoria de mi historia
o de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia o en una parroquia concreta. Para
mí, se trata de la memoria de que habla san Ignacio en la primera Semana de
los Ejercicios, en el encuentro misericordioso con Cristo
Crucificado. Y me pregunto: “¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo?
¿Qué debo hacer por Cristo?”. Es la memoria de la que habla también Ignacio en
la Contemplación para alcanzar amor, cuando nos pide que traigamos a la memoria
los beneficios recibidos. Pero, sobre todo, sé que el Señor me tiene en su
memoria. Yo puedo olvidarme de Él, pero yo sé que Él jamás se olvida de mí. La
memoria funda radicalmente el corazón del jesuita: es la memoria de la gracia,
la memoria de la que se habla en el Deuteronomio, la memoria de las
acciones de Dios que están en la base de la alianza entre Dios y su pueblo.
Esta es la memoria que me hace hijo y que me hace también ser padre».
Fuente:
pagina oficial de la Santa Sede


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