Le
agradecemos la sabiduría, el coraje y el incondicional servicio con que
acompañó a Juan Pablo II y después a Benedicto XVI desde ese lugar en la
Iglesia italiana, deseándole que pueda verse beneficiada durante muchos años
mas con su fructífero trabajo en otro espacio.
Agradecemos enormemente también su entusiasmo y el compromiso personal puesto
en la causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II.
La emotiva despedida, acompañada por numerosos sacerdotes, hombres y mujeres y
personalidades políticas, fue anticipada el sábado 21 de junio en la Basílica
de San Juan de Letrán, con ocasión del 25° aniversario de su ordenación
episcopal y los jubileos de los sacerdotes en servicio pastoral en la diócesis.
Durante el curso de la solemne Concelebración Eucarística presidida por el
mismo cardenal Ruini fue leída la
carta que le enviara el Santo Padre Benedicto XVI agradeciéndole
“las etapas de Su fructuoso ministerio episcopal” a partir de aquel 17 de enero
de 1991 cuando el Siervo de Dios Juan Pablo II lo llamó a suceder al Cardenal
Ugo Poletti”. Recuerda en esa carta el Santo Padre Benedicto XVI sus empeños
"al servicio directo del Obispo de Roma, la preparación y la celebración
de la misión ciudadana en preparación para el Gran Jubileo del 2000", cuyo
"momento culminante fue la XX Jornada Mundial de la Juventud".
El
cardenal Ruini terminaba oficialmente su servicio de Cardenal Vicario y
agradecía ese “don grandisimo” que había recibido del papa Wojtyla y le fuera
luego confirmado por el papa Ratzinger. Le dejaba a la diócesis y también a
Italia un pequeño “testamento” llamando a la fortaleza, coraje y unidad con el
Papa en su lucha ante tantos desafíos.
Gracias Cardenal Ruini por su “gran admiración” por Juan Pablo II, a quien
conociera personalmente ya en el otoño de 1984 cuando usted era obispo auxiliar
de Regio Emilia-Guastalla y Vicepresidente del Comité preparatorio del Convenio
de la Iglesia italiana que iba a tener lugar en Loreto. Leyendo sus escritos (Alla sequela di Cristo, Edizioni Cantagalli
2007,) recordamos que el Papa entonces lo invito a cenar para informarse de los
preparativos y su “fuerte emoción y extraordinaria experiencia” y tambien que
“le habian llamado especialmente su atención la profundidad de su pensamiento y
la calidad de sus análisis, la sencillez de su forma de ser, su apertura y la
voluntad de escuchar, advirtiendo al mismo tiempo que su mirada y su vida se
proyectaban hacia Dios.
GRACIAS
y
que Dios, Nuestro Señor se lo pague con creces!


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