Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

martes, 7 de julio de 2026

El Totus Tuus "final" de Juan Pablo II – Renato Buzzonetti (*)

 


Aquel anuncio del solemne rito de la beatificación de Juan Pablo II  para el 1 de mayo Domingo in albis y fiesta de la Divina Misericordia, aunque esperado, me turbo profundamente.

Me he sentido personalmente comprometido por el anuncio, como si yo fuese premiado con una aureola minúscula, y al mismo tiempo, sumergido en una miríada de recuerdos, que reaparecieron vivos y presentes en mi memoria y en mi corazón.  De hecho, creo que nunca más asistiré a la glorificación eclesial de un paciente mio, que haya sido Sucesor de Pedro.

Durante algo menos de 27 años, me he visto envuelto en una experiencia profesional y espiritual única, si bien en la cotidianidad de mi servicio. EL cuidado y la preocupación por la salud de este hombre han llenado mis días y mis noches. Ciertas elecciones y decisiones, a menudo llevadas a cabo necesariamente en soledad han comprometido mi conciencia si posibilidad de apelación.

Esta misión ha involucrado mi persona y  mi familia durante casi tres decenios, los años centrales de mi vida: el teléfono móvil permanentemente encendido ha sido el símbolo electrónico.

Durante muchos años, he sido bombardeado con la pregunta ¿Cuál ha sido el momento más difícil de su servicio como medico? Para mí, por mi conciencia de médico y de cristiano, fue la conversación que tuve con Juan Pablo II la tarde del 24 de febrero de 2005.

Después de una noche tempestuosa y arriesgada, a última hora de la mañana de aquel día tenía lugar la última hospitalización de urgencia en el Policlínico A. Gemelli. Después de los chequeos indispensables, la Junta médica propone con extrema urgencia la traqueotomía electiva de protección y la consiguiente inserción de una cánula permanente.

Acompañado por el profesor amigo Rodolfo Proietti, Director del Departamento de Urgencias y Hospitalizaciones del Policlínico, entré en la habitación del Santo Padre y

le comunique la propuesta de los profesionales, a efectos de evitarle las penosísimas crisis de asfixia ya sufridas y asegurarle una respiración tranquila. Para que el consentimiento solicitado fuese informado correctamente, fue mi deber precisar que una consecuencia lamentable de la intervención sería un grave compromiso de la fonación.  En aquellos minutos, viví la consternación de sentirme casi un victimario que golpeaba a un inocente en la cruz.

El enfermo preguntó ingenuamente si la intervención podía posponerse al periodo de vacaciones, pero yo, sin rodeos, me vi obligado a enfatizar la urgencia no postergable.  El Papa se reservó la decisión: se sentía desafiado por mí a abrazar su cruz cada vez más ardua y pesada. Después de algunos minutos, envió a su Secretario para comunicar su consentimiento.

Rápidamente después de la operación qu se llevo a cabo sin mayores problemas, Juan Pablo II fue llevado a su habitación.  Pronto tomó cabal conocimiento de su nuevo estado físico y de los radicales cambios concernientes no solo a su cuerpo, sino a toda su persona y a su misma misión apostólica.

Cuan lejanas estaban las jornadas festivas y gloriosas de Toronto, de Paris, de Denver, de Buenos Aires, de Manila, de Tor Vergata y de todas las aotras Jornadas Mundiales d ela Juventud, cuando multitudes de jóvenes, convocados por le anuncio profético de Juan Pablo II, concurrían para conocer y adorar a Jesucristo, para “ver a Pedro”, y con él confirmar la propia fe o al menos confrontarse con su desafío cristiano en la experiencia concreta de una auténtica fraternidad.

El Santo Padre rápidamente comprendió que había llegado al umbral de la renuncia total a casi todas las facultades de expresión y de comunicación: su cruz se convertía en su palabra.

Entonces pidió una hoja – con mano incierta y en lengua polaca – escribió: «¿Qué me han hecho! Pero ….totus tuus!» Era su “consammatum est”. Y su médico, en aquella hora, intuyó que la traqueotomía había entrado en la historia de la Iglesia.

(artículo publicado en la revista Totus Tuus de la Postulación Nro 1,  2011, Especial Beatificación.)

 

 

(*) Renato Buzzonetti nació el 23 de agosto de 1924 en Roma y falleció el 20 de enero de 2017. Médico italiano, doctor en ciencias médicas, médico personal de Juan Pablo II

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