Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 22 de octubre de 2026

22 de octubre memoria liturgica de San Juan Pablo II

 




Hoy 22 de octubre,   celebramos la memoria litúrgica de San Juan Pablo II;  recordamos también la fecha de  inicio de su pontificado y la fuerza y potencia  de sus palabras en la homilia en la Santa Misa   

¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!

¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!

¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!

Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!

 

En esta fecha tan especial - como todos los años - no podría agregar nada más que un infinito e insondable GRACIAS, gracias por todo lo vivido y que me ha sido dado – un don extraordinario - durante estos últimos años a partir de la partida de nuestro querido santo. Parecería extraño, pero fue así que a partir de la partida se me abrió todo un mundo y todo se fue dando de manera extraña, casi inconcebible. Mi viaje a Roma en 2005, mis primeros contactos con el sitio oficial de la Causa de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II con la traducción de la Oración al esloveno – primer eslabón –   mi colaboración con la revista, las valiosas amistades forjadas  y tantos momentos y experiencias.  

Todo,  o casi todo ha sido volcado en este blog (y en mis otros dos: Encíclicas  – ya terminando con la ultima;  y Pensamientos  

Causa Beatificacion y Canonización JPII

Diario Canonización 

Diario Roma beatifiación 

1 de mayo 2011 

 

 

 

viernes, 21 de octubre de 2022

22 de octubre 1978: Un obispo romano, hijo de Polonia

 


“El nuevo Obispo de Roma comienza hoy solemnemente su ministerio y la misión de Pedro. Efectivamente, en esta ciudad desplegó y cumplió Pedro la misión que le había confiado el Señor.

El Señor se dirigió a él diciendo: «...Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas adonde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras« (Jn 21, 18).

¡Pedro vino a Roma!

¿Qué fue lo que le guió y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.

Según una antigua tradición (que ha tenido magnífica expresión literaria en una novela de Henryk Sienkiewicz), durante la persecución de Nerón, Pedro quería abandonar Roma. Pero el Señor intervino, le salió al encuentro. Pedro se dirigió a El preguntándole: «Quo vadis, Domine?: ¿Dónde vas, Señor?». Y el Señor le respondió enseguida: «Voy a Roma para ser crucificado por segunda vez». Pedro volvió a Roma y permaneció aquí hasta su crucifixión.

Sí, hermanos e hijos, Roma es la Sede de Pedro. A lo largo de los siglos le han sucedido siempre en esta sede nuevos Obispos. Hoy, un nuevo Obispo sube a la Cátedra Romana de Pedro, un Obispo lleno de temblor, consciente de su indignidad. ¡Y, cómo no temblar ante la grandeza de tal llamada y ante la misión universal de esta Sede Romana!

A la Sede de Pedro en Roma sube hoy un Obispo que no es romano. Un Obispo que es hijo de Polonia. Pero desde este momento, también él se hace romano. Si, ¡romano! También porque es hijo de una nación cuya historia, desde sus primeros albores, y cuyas milenarias tradiciones están marcadas por un vínculo vivo, fuerte, jamás interrumpido, sentido y siempre vivido, con la Sede de Pedro; una nación que ha permanecido siempre fiel a esta Sede de Roma. ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable!”

(Juan Pablo II  de la Homilia en el comienzo de su pontificado, 22 de octubre 1978)


44 años de aquel «Non abbiate paura»« No tengáis miedo»

 


El 22 de octubre de 1978 comenzaba su pontificado un nuevo Obispo venido del Este, que había escogido llamarse Juan Pablo II  y en esta fecha celebramos ahora su memoria litúrgica:

“ un Obispo lleno de temblor, consciente de su indignidad. ¡Y, cómo no temblar ante la grandeza de tal llamada y ante la misión universal de esta Sede Romana! – decía en su homilía - A la Sede de Pedro en Roma sube hoy un Obispo que no es romano. Un Obispo que es hijo de Polonia. Pero desde este momento, también él se hace romano. Si, ¡romano! También porque es hijo de una nación cuya historia, desde sus primeros albores, y cuyas milenarias tradiciones están marcadas por un vínculo vivo, fuerte, jamás interrumpido, sentido y siempre vivido, con la Sede de Pedro; una nación que ha permanecido siempre fiel a esta Sede de Roma. ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable!”
“¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!

¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!

¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo”

(de su homilía)

 El 24 de abril de 2005 volvíamos a escuchar en la Plaza San Pedro esas mismas palabras proféticas en el solemne inicio del ministerio petrino de su sucesor

el Santo Padre Benedicto XVI : 

“En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el Papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la Plaza de San Pedro. Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces:

“¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”

El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe. Sí, él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa” ….

 

“No tengáis miedo de Cristo!

Él no quita nada, y lo da todo.

Quien se da a él, recibe el ciento por uno.

Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”

(de la homilia Santo Padre Benedicto XVI)

 

San Juan Pablo II ruega por nosotros y por la paz en el mundo entero!!

viernes, 22 de octubre de 2021

22 de octubre 1978 – Un Papa polaco entre nosotros

 


Cuando Roma, pero también algunas diócesis de Italia y del mundo se aprestaban a festejar por primera vez la memoria litúrgica de Juan Pablo II mediante conferencias, exposición de reliquias y celebraciones eucarísticas – como algunas de las iniciativas promovidas a fin de brindar la oportunidad de recordar, en agradecimiento orante, el gran don del Papa “venido de lejos” como lo recuerda Mons. Alberto Maria Careggio, Obispo de Ventimiglia-Sanremo, mi amiga italiana la prof. Carmela Randone anotaba estas reflexiones:

“Juan Pablo II no ha sido solamente un gran Papa, un fino intelectual, un poeta y filosofo de una profundidad infrecuente. En Juan Pablo II el hombre contemporáneo, a menudo extraviado y frágil, veía un padre, un amigo, un hermano siempre dispuesto a donarse en nombre del Amor que rodeaba toda su existencia, cada instante, cada gesto, cada palabra. Para Juan Pablo II Dios no era objeto de estudio, de análisis exegético o teológico, sino una experiencia viva, real, que abarcaba todo su ser, su vida de hombre, sacerdote, obispo, pontífice. Lo recuerdan a menudo cuantos han estado cerca de él: Juan Pablo II no desviaba jamás su mirada de aquel Misterio en el cual estaba enteramente inmerso, en una identificación común a los místicos, místicos santos. Vivía en la dimensión del Misterio, “respiraba” el Misterio.


Todo su ser enteramente en Dios no lo distraía, no lo abstraía de lo humano de donde extraía la grandeza y la belleza que proceden del hombre en su condición de imagen de Dios Creador, del Dios Amor.


En cierto sentido, cuando en 1962 le decía a los jóvenes universitarios de Cracovia que «Cristo no nos aleja de nosotros mismos. Cristo no anula a ninguno de nosotros. No nos menosprecia»! no proponía la tesis conclusiva de estudios teológico – académicos o de análisis eclesiológico, que fueran a formar parte de ensayos exitosos. No, aquella frase contenía en si algo mucho más profundo y verdadero. El había sufrido la pérdida de sus seres más queridos (en su ordenación no habían estado presentes ni sus padres ni su hermano, muerto años antes); debió afrontar el drama de la ocupación alemana y la tragedia de la guerra solo; sus amigos más queridos fueron apresados y torturados. Y precisamente por todo ello, ya entonces era testimonio fiel, maestro fidedigno, como lo sería hasta el final.


El, con su vida, mas allá de sus discursos y escritos, ha hecho visible la verdad de cuanto proclamaba a los jóvenes amigos universitarios.
No ha tenido miedo de “vivir plenamente”, de ser hombre entre los hombres, consciente que la encarnación es el centro, el fulcro de nuestra fe. No ha tenido miedo de encontrarse con el hombre, el hombre real, que “vive, goza, llora y sufre”, y ello en todas las latitudes, en toda circunstancia, en toda condición.

 

Alguien hace mucho tiempo se inclinaba sobre mi/...encerrado en este abrazo – el rostro acariciado – viene luego el asombro y el silencio, el silencio sin palabras / que nada entiende, que nada juzga / y en este silencio siento la inclinación de Dios.
Así escribía Karol Wojtla

 

Vigoroso y débil, fuerte y tembloroso, con su voz potente o con un soplo de voz, toda su existencia transcurrió como respuesta a una llamada del Amor, respuesta a “aquel inclinarse de Dios” de su vivencia diaria.


Al hombre, a la humanidad extraviada e inquieta del Siglo XX e inicios del XXI,  Juan Pablo II no le ha propuesto grandes discursos, ni ofrecido exegesis o lecciones magistrales de alto vuelo...sencillamente se ha ofrecido el mismo, su existencia, su persona, su amor. El, como a menudo se dice de él, ha enseñado a vivir, a gozar de las pequeñas cosas: ha enseñado a contemplar la naturaleza, a gozar de la vida, a amar la vida, a respetarla siempre incondicionalmente; pero ante todo ha enseñado que significa donarse por entero hasta la anulación de si mismo, anulación posible solo para aquel que esta “todo en Dios”, como el maravillosa y estupendamente testimoniara. Su humanidad, su fragilidad, su debilidad, hasta la “deformación” del cuerpo rigido debido a la enfermedad, vividos en Cristo y por Cristo, se convirtieron en signo visible de lo Invisible, un signo tan potente que su mensaje lograba “hablarle” también a los corazones de los hombres que viven en el “desierto” de un mundo cada vez mas secularizado y “hostil a Dios”.


Sus “hijos” festejan hoy pidiendo a Dios, por intercesión de Juan Pablo II, la fuerza y la audacia de poder testimoniar la belleza de ser cristianos y el gozo de un “fiat” que ilumina, irradia y da sentido a nuestro vivir, gozar, amar, sufrir y morir.”

Prof. Carmela Randone

 

 

 

sábado, 22 de octubre de 2011

Beato Juan Pablo II - un 22 de octubre particular

“¡Pedro vino a Roma! ¿Qué fue lo que le guió y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.”
(22 de octubre 1978)



Al igual que Pedro, el primero de los Papas, Juan Pablo II sucesor, se sentía llamado, misteriosamente llamado por el Señor, consciente del requerimiento de su servicio a la Iglesia. También el – como Pedro – seguramente hubiese querido permanecer en su tierra, entre su gente, en aquellos años tan difíciles de la historia de Polonia. Y sin embargo no desoyó la voz del Señor – como hubiese podido?

Este primer papa eslavo, mensajero de la Divina Misericordia, que nos acompañaría a inaugurar el tercer milenio, que revolucionaría la burocracia de su propio entorno, cambiaria hábitos arraigadas pero – a su modo de ver - innecesarios, e ignoraría protocolos; que nos invitaría abierta y reiteradamente a abrir las puertas a Cristo, a no tener miedo, a sentirnos más hermanos, a promover y luchar por la dignidad y la vida, - de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural - que llamaría a las puertas y corazones de las sociedades e instituciones más poderosas e influyentes a trabajar por la paz, por la unidad, a combatir la pobreza y a compartir con los que menos tienen; este Papa eslavo que no dudó en elevar el tono de su voz en defensa de la verdad, la justicia y la caridad y que llamó a la santidad a todos los estratos sociales, sin distinción de razas o edades, invitándonos a orar y a trabajar por la unión de los cristianos, se presento ante nosotros el 22 de octubre de 1978 conquistándonos con la humildad de sus palabras y la fuerza de su espíritu.

“El nuevo Sucesor de Pedro en la Sede de Roma eleva hoy una oración fervorosa, humilde y confiada: ¡Oh Cristo! ¡Haz que yo me convierta en servidor, y lo sea, de tu única potestad! ¡Servidor de tu dulce potestad! ¡Servidor de tu potestad que no conoce ocaso! ¡Haz que yo sea un siervo! Más aún, siervo de tus siervos.
¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!
¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!
¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!”



Hoy en esta fecha tan particular lo recordamos por primera vez inscripto en el calendario litúrgico de la Iglesia como beato Juan Pablo II
y celebramos, en todo el mundo con inmenso gozo, su memoria:


“Oh Dios, rico en misericordia,que has querido que el beato Juan Pablo II, papa,guiara toda tu Iglesia,te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas,nos concedas abrir confiadamente nuestros corazonesa la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él, que vive y reina.”
Oración colecta