Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 28 de marzo de 2026

Domingo de Ramos - El misterio de la cruz y los jóvenes - sentido pleno de la vida – JMJ 2004

 


Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!" (Lc 19, 38).

”Con estas palabras, la población de Jerusalén acogió a Jesús en su entrada en la ciudad santa, aclamándolo como rey de Israel. Sin embargo, algunos días más tarde, la misma multitud lo rechazará con gritos hostiles: "¡Que lo crucifiquen, que lo crucifiquen!" (Lc 23, 21). La liturgia del domingo de Ramos nos hace revivir estos dos momentos de la última semana de la vida terrena de Jesús. Nos sumerge en aquella multitud tan voluble, que en pocos días pasó del entusiasmo alegre al desprecio homicida.

En el clima de alegría, velado de tristeza, que caracteriza el domingo de Ramos, celebramos la XIX Jornada mundial de la juventud. Este año tiene por tema: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la petición que dirigieron a los Apóstoles "algunos griegos" (Jn 12, 20) que habían acudido a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Ante la multitud que se había congregado para escucharlo, Cristo proclamó: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Así pues, esta es su respuesta: todos los que buscan al Hijo del hombre, lo verán, en la fiesta de Pascua, como verdadero Cordero inmolado por la salvación del mundo. En la cruz, Jesús muere por cada uno y cada una de nosotros. Por eso, la cruz es el signo más grande y elocuente de su amor misericordioso, el único signo de salvación para todas las generaciones y para la humanidad entera.

Hace veinte años, al concluir el Año santo de la redención, entregué a los jóvenes la gran cruz de aquel jubileo. En aquella ocasión, los exhorté a ser discípulos fieles de Cristo, Rey crucificado, que "se nos presenta como Aquel que (...) libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia" (Redemptor hominis,  Desde entonces, la cruz sigue recorriendo numerosos países, como preparación para las Jornadas mundiales de la juventud. Durante sus peregrinaciones, ha recorrido los continentes: como antorcha que pasa de mano en mano, ha sido transportada de un país a otro; se ha convertido en el signo luminoso de la confianza que impulsa a las jóvenes generaciones del tercer milenio.

Queridos jóvenes, celebrando el vigésimo aniversario del inicio de esta extraordinaria aventura espiritual, permitidme que os renueve la misma consigna de entonces: "Os confío la cruz de Cristo. Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención" (Clausura del Año jubilar de la Redención, 22 de abril de 1984: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de abril de 1984, p. 12). Ciertamente, el mensaje que la cruz comunica no es fácil de comprender en nuestra época, en la que se proponen y buscan como valores prioritarios el bienestar material y las comodidades. Pero vosotros, queridos jóvenes, ¡no tengáis miedo de proclamar en toda circunstancia el evangelio de la cruz! ¡No tengáis miedo de ir contra corriente!

"Cristo... se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó" (Flp 2, 6. 8-9). El admirable himno de la carta de san Pablo a los Filipenses acaba de recordarnos que la cruz tiene dos aspectos inseparables: es, al mismo tiempo, dolorosa y gloriosa. El sufrimiento y la humillación de la muerte de Jesús están íntimamente unidos a la exaltación y a la gloria de su resurrección. Queridos hermanos y hermanas; amadísimos jóvenes, tened siempre presente esta consoladora verdad. La pasión y la resurrección de Cristo constituyen el centro de nuestra fe y nuestro apoyo en las inevitables pruebas diarias. María, la Virgen de los Dolores y testigo silenciosa del gozo de la Resurrección, os ayude a seguir a Cristo crucificado y a descubrir en el misterio de la cruz el sentido pleno de la vida. ¡Alabado sea Jesucristo!”

 

 (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la Misa del Domingo de Ramos – XI Jornada Mundial de la Juventud- Domingo 4 de abril de 2004


 

sábado, 6 de diciembre de 2025

"Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28).

 


El próxmo lunes 8 de diciembre celebramos la solemnidad de la Inmaculada, "comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura" (Prefacio), y precede siempre al pueblo de Dios en la peregrinación de la fe hacia el reino de los cielos (cf. Lumen gentium, 58; Redemptoris Mater, 2).


En su homilía del 8 de diciembre de 2004 con ocasión del 150 aniversario e la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepcion el Papa Juan Pablo II expresaba : “La Inmaculada Concepción de la Madre del Redentor es obra sublime de la santísima Trinidad! Pío IX, en la bula Ineffabilis Deus, recuerda que el Omnipotente estableció "con el mismo decreto el origen de María y la encarnación de la divina Sabiduría" (Pii IX Pontificis Maximi Acta, Pars prima, p. 559). El "sí" de la Virgen al anuncio del ángel se sitúa en lo concreto de nuestra condición terrena, como humilde obsequio a la voluntad divina de salvar a la humanidad, no de la historia, sino en la historia. En efecto, preservada inmune de toda mancha de pecado original, la "nueva Eva" se benefició de modo singular de la obra de Cristo como perfectísimo Mediador y Redentor. Ella, la primera redimida por su Hijo, partícipa en plenitud de su santidad, ya es lo que toda la Iglesia desea y espera ser. Es el icono escatológico de la Iglesia. En la concepción inmaculada de María la Iglesia ve proyectarse, anticipada en su miembro más noble, la gracia salvadora de la Pascua. En el acontecimiento de la Encarnación encuentra indisolublemente unidos al Hijo y a la Madre: "Al que es su Señor y su Cabeza y a la que, pronunciando el primer "fiat" de la nueva alianza, prefigura su condición de esposa y madre" (Redemptoris Mater, 1).”


Al comienzo mismo de su pontificado, en el Ángelus del 8 de diciembre de 1978, Juan Pablo II recordaba las palabras del Papa Pio IX proclamando aquella Bula:
"Con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con la Nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que afirma que la Santísima Virgen María, desde el primer instante de su concepción, por gracia singular y por privilegio que le concedió el Dios Omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original, es verdad revelada por Dios y por esto debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles" (Bula Inefiabilis Deus).”


Con la definición del dogma de la Concepcion Inmaculada de la Virgen Maria culminaba “un largo proceso de reflexión eclesial, bajo el impulso del Espíritu Santo, sobre la figura de la Virgen María, que permitió conocer, de modo más profundo, las inmensas riquezas con las que fue adornada para que pudiera ser digna Madre del Hijo eterno de Dios”

 

Cuatro años después que Pio IX proclamara la doctrina de la Iglesia sobre la Inmaculada Concepción la Virgen Maria eligió a una humilde jovencita que “respiraba inocencia, sencillez, bondad" y que vio a la Virgen 18 veces en la Gruta de Massabielle, para confirmarle algo que la Iglesia sabia pero la jovencita en ese momento no comprendía “Yo soy la Inmaculada Concepcion” le dijo. En realidad la Virgen ya la había elegido casi coincidentemente con esa proclamación pues a partir de 1854 varios acontecimientos vienen a trastornar la vida de la familia de Bernardita.

 Invito visitar: Catequesis de Juan Pablo II - La Inmaculada Concepción de la Virgen María – sitio franciscano

Y mi post Yo soy la Inmaculada Concepcion

 

 


sábado, 22 de noviembre de 2025

Solemnidad de Cristo Rey – Si, Cristo, tú eres Rey

 


Al celebrar la solemnidad de Cristo, rey del Universo recordamos la homilía del Santo Padre Juan Pablo II del domingo 26 de noviembre de 2000, con ocasión del Jubileo del apostolado de los laicos, en la santa misa celebrada junto a la tumba del apóstol san Pedro. 

“"Tú lo dices: soy Rey" (Jn 18, 37).

 “Así respondió Jesús a Pilato en un dramático diálogo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo.

Esta fiesta, situada al final del año litúrgico, nos presenta a Jesús, Verbo eterno del Padre, como principio y fin de toda la creación, como Redentor del hombre y Señor de la historia.


En la primera lectura el profeta Daniel afirma: "Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin" (Dn 7, 14).

 ¡Sí, Cristo, tú eres Rey!

Tu realeza se manifiesta paradójicamente en la cruz, en la obediencia al designio del Padre, "que -como escribe el apóstol san Pablo- nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados" (Col 1, 13-14).

Primogénito de los que resucitan de entre los muertos, tú, Jesús, eres el Rey de la humanidad nueva, a la que has restituido su dignidad originaria.

¡Tú eres Rey!

 Pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18, 36); no es fruto de conquistas bélicas, de dominaciones políticas, de imperios económicos, de hegemonías culturales.

Tu reino es un "reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz" (cf. Prefacio de Jesucristo, Rey del universo), que se manifestará en su plenitud al final de los tiempos, cuando Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28).

La Iglesia, que ya en la tierra puede gustar las primicias del cumplimiento futuro, no deja de repetir: 

Venga tu reino!"

"Adveniat regnum tuum!" (Mt 6, 10).”

martes, 25 de octubre de 2022

Karol Wojtyla: El camino para encontrar a Dios

 


(de una homilía de Karol Wojtyla para la celebración de Reyes en 1976 que habla de  búsqueda y encuentro, mencionando con valentía los impedimentos por parte del Estado en momento críticos de régimen comunista, defendiendo los derechos de cada ser humano en ser respetado y no  discriminado por creencias religiosas.  De alguna manera muy actual en momentos en que se trata de imponer en el mundo entero ideologías que no coinciden con principios religiosos, éticos y morales de grandes  mayorías tratando de imponer y unificar ideologías ajenas a la esencia del ser humano que nada tienen que ver con la libertad de conciencia).   

 -o-

El hombre busca a Dios. Cuando lo encuentra, como los Reyes Magos, a través de la fe, lo busca en la fe, desea acercarse a él, a Aquel que ha encontrado, y alcanzar finalmente la Belén eterna

Y si aun no lo ha encontrado a través de la fe, busca la fe, busca la verdad, y así busca a Dios. Decía san Agustín. «No te buscaría, si antes no te hubiera ya encontrado » Todo hombre, antes de comenzar a buscar, de algún modo ya ha encontrado a Dios. Si no lo hubiera encontrado en un significado inicial, fundamental, no lo buscaría.

«O sabios del mundo,  oh Magos, ¿A dónde vais con tanta prisa?» He aquí el gran símbolo de este gran impulso interior del hombre, un impulso a través de la fe y hacia la fe. Un impulso que no significa caminar en el vacío, es lo que nos subraya también la celebración de hoy. (Reyes) Es un camino hacia un encuentro. El hecho de que el hombre tienda a Dios, lo busque, incluso cuando ya lo ha encontrado, constituye una verdad fundamental del hombre, una dimensión humana, una demostración de la grandeza del hombre.

Es verdad que hay hombres que dicen: «no encuentro, no sé cómo llegar, no logro encontrar». Hay hombres a los que se les ha concedido la Gracia y han encontrado, pero a menudo la desaprovechan por ligereza y la pierden. Todo ello forma parte de la verdad del alma humana, de la verdad histórica y de la verdad contemporánea sobre el hombre. Sin embargo, todo ello habla de algún modo de su grandeza. Nos dice que efectivamente ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Y precisamente por esto anda en busca de Dios, pues lleva en si su imagen y semejanza, porque no halla en ninguna otra cosa su satisfacción, su fin último, sino solo en Aquel de quien es imagen y semejanza.

(…)

Así pues, si toda esta búsqueda de Dios en la que participamos los creyentes,  los que aun sin creer buscan con corazón sincero la verdad, y los que, como he dicho, no logran encontrar el camino a pesar de desearlo ardientemente: si todo esto es propio del hombre, de su verdad, de su grandeza, es difícil – desde un punto de vista de la dignidad humana, desde un punto de vista humanístico – aceptar el ateísmo como programa político. Porque se puede comprender que el hombre busque, pero no encuentre, se puede comprender que le hombre niegue, pero no se puede comprender que se imponga al hombre «se te prohíbe creer». Si quieres ocupar un cargo, alcanzar una posición determinada, se te prohíbe creer, o por lo menos no se te permite manifestar que crees. El ateísmo como fundamento de la vida nacional es un doloroso malentendido desde le punto de vista de las premisas humanísticas. Pues hay que respetar lo que es el hombre. Esta es la primera condición de toda convivencia social y de toda igualdad entre los ciudadanos de un mismo Estado.

Si os hablo de ello es porque siento las inquietudes que existen en toda nuestra sociedad, especialmente en la sociedad de los creyentes de nuestro país, donde es sabido que creyentes constituyen una inmensa mayoría. Y a todos estos creyentes,  con razón, les preocupa que el ateísmo no se convierta, abierta o indirectamente, en el fundamento de la vida nacional. Explicita o indirectamente, definiendo el carácter de nuestra unidad nacional de modo que incluya el ateísmo.

No podemos acallar las inquietudes que turban nuestros corazones, se trata fundamentalmente de un problema de ética social. Los obispos, los sacerdotes y todos los creyentes no podemos considerar esta cuestión con indiferencia. No puede subsistir una diferencia sustancial entre lo que somos, lo que sentimos ser, y la forma como se nos define y trata. Así, no puede admitirse que un grupo de hombres, un grupo social, por mas benemérito que sea, imponga a todo el pueblo una ideología, una opinión contraria a las convicciones de la mayoría. Todos, tanto creyentes como los no creyentes, constituimos este país.  Pero no puede admitirse que sobre todos decidan los  no creyentes contra la voluntad de los creyentes.

(…)

En esto están también incluidos todos mis buenos deseos para las familias, a fin de que puedan educar a sus hijos según sus convicciones cristianas. Nosotros no queremos inmiscuirnos en lo que atañe a las familias de los ateos. Es un asunto suyo, de su conciencia. Pero ¿qué más se puede decir a los millones de familias cristianas, sino que, cuando mandan a sus hijos a la escuela, tengan la seguridad de que la escuela no les imponga una visión materialista, una ideología atea?

El principio de libertad de conciencia y de religión se debe interpretar con todas sus consecuencias. Esta verdad de la libertad de conciencia y de culto ha sido proclamada por todos: por el Concilio Vaticano II y por la Carta de los derechos humanos establecidos por la ONU, e incluso por el documento de Helsinki.  Es el derecho inviolable de la persona humana. Pero este derecho inviolable se debe considerar de modo inviolable. Toda condición de vida social, nacional, se ha de predisponer de modo que no viole este derecho, a fin de que la vida pública no cree privilegios desde arriba para unos – los no creyentes – y situaciones de inferioridad para otros – los creyentes – porque todos somos Polonia. Y todos queremos construirla, porque todos la amamos, porque es nuestra patria, porque es nuestra matriz. Y no es lícito tratar a estas inmensas multitudes de creyentes como ciudadanos de segunda clase, solo porque son creyentes.

(…)

 «O sabios del mundo, una amenaza cruel se cierne sobre el Niño,  Herodes trama contra el » Este canto litúrgico de Epifanía anuncia una gran verdad. Sabemos que la crueldad de Herodes ya ha pasado. ¡cuántos Herodes ha habido en la historia! Sabemos que le Niño perseguido es el Señor de nuestros corazones; que la persecución que sufren sus seguidores nos une aun más íntimamente a él, pues de este modo se demuestra que él es el camino, la verdad y la vida. Porque no vino a los hombres con el poder, con el do minio, sino en un pesebre y en una cruz, y asi conquistó de una vez para siempre a cada hombre que busca la verdad y cree en el amor


(Fuente: L'Osservatore Romano)

viernes, 21 de octubre de 2022

22 de octubre 1978: Un obispo romano, hijo de Polonia

 


“El nuevo Obispo de Roma comienza hoy solemnemente su ministerio y la misión de Pedro. Efectivamente, en esta ciudad desplegó y cumplió Pedro la misión que le había confiado el Señor.

El Señor se dirigió a él diciendo: «...Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas adonde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras« (Jn 21, 18).

¡Pedro vino a Roma!

¿Qué fue lo que le guió y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.

Según una antigua tradición (que ha tenido magnífica expresión literaria en una novela de Henryk Sienkiewicz), durante la persecución de Nerón, Pedro quería abandonar Roma. Pero el Señor intervino, le salió al encuentro. Pedro se dirigió a El preguntándole: «Quo vadis, Domine?: ¿Dónde vas, Señor?». Y el Señor le respondió enseguida: «Voy a Roma para ser crucificado por segunda vez». Pedro volvió a Roma y permaneció aquí hasta su crucifixión.

Sí, hermanos e hijos, Roma es la Sede de Pedro. A lo largo de los siglos le han sucedido siempre en esta sede nuevos Obispos. Hoy, un nuevo Obispo sube a la Cátedra Romana de Pedro, un Obispo lleno de temblor, consciente de su indignidad. ¡Y, cómo no temblar ante la grandeza de tal llamada y ante la misión universal de esta Sede Romana!

A la Sede de Pedro en Roma sube hoy un Obispo que no es romano. Un Obispo que es hijo de Polonia. Pero desde este momento, también él se hace romano. Si, ¡romano! También porque es hijo de una nación cuya historia, desde sus primeros albores, y cuyas milenarias tradiciones están marcadas por un vínculo vivo, fuerte, jamás interrumpido, sentido y siempre vivido, con la Sede de Pedro; una nación que ha permanecido siempre fiel a esta Sede de Roma. ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable!”

(Juan Pablo II  de la Homilia en el comienzo de su pontificado, 22 de octubre 1978)


sábado, 17 de agosto de 2019

Karol Wojtyla: Aqui en Borek Falecki he aprendido a ser devoto de Maria



En mis frecuentes visitas a las parroquias  suelo comenzar o finalizar mi visita ante la imagen de Nuestra Señora de Jasna Gora.  Hablo como obispo,  pues para un obispo una parroquia es como su casa, al igual que para el párroco. Pero en esta parroquia quiero  hablarles no como obispo sino como parroquiano. Tan profundos son los lazos creados entre nosotros en el pasado. Por eso  -  y de modo muy particular – quiero hoy  hablar  ante ustedes como parroquiano.

 Ustedes saben que si bien nunca viví aquí he trabajado aquí. Esa enorme fábrica de productos químicos sobre la cual les  ha hablado el padre párroco, fue mi lugar de trabajo durante los cuatro años de la ocupación. Y durante esos cuatro años fue justamente aquí que nació mi vocación sacerdotal. Por eso mis lazos tan especiales con esta parroquia. Mi vocación comenzó a formarse mientras trabajaba en la cantera de piedra y terminó de madurar en esta fábrica de soda, en el predio donde se encuentra esta iglesia.  Digo “esta iglesia” pero pienso en aquella otra que ya no existe  y que vuestros hijos seguramente no podrán recordar.  Era una vieja capilla de madera, prácticamente una barraca, que servía como casa de Dios, antes que se terminara de construir esta hermosa, moderna y grande iglesia.  Como parroquiano hoy deseo saludar a Maria Santisima y deseo agradecerle  como vuestro obispo por la gracia sacerdotal que maduró justamente en esta parroquia.
Estos son los profundos lazos que me unen a ustedes. Estos lazos también me unen para siempre con nuestra Madre Santísima. Siempre que paso cerca de esta fabrica, especialmente cuando paso cerca de la Sala de calderas recuerdo el curso y los momentos decisivos de mi vida. A menudo veo ante mis ojos un pequeño librito de tapas celestes. Cuando era operario de Solvay lo llevaba siempre conmigo, junto al pedazo de pan, para el turno de la tarde o de la noche. Durante el turno de mañana era más difícil encontrar un momento para leer.  El librito se titulaba Tratado sobre la devoción a la Santísima Virgen Maria. El autor era - en aquellos tiempos era beato y fue elevado a los altares como santo -  Ludovico Maria Grignon di Monfort.  Permítanme mencionarlo el dia que Nuestra señora inicia su peregrinación en visita a vuestra parroquia.
Aquel pequeño librito de tapas celestes parecía un librito de Misa, y me sirvió de lectura durante muchos días y semanas. No solo lo leía entonces, aún lo conservo. Lo leía, en realidad desde el comienzo al final y lo volvia a empezar.   De este librito he aprendido la devoción a Nuestra Señora.   Ya  traía yo esa devoción de niño,  después como escolar, finalmente como universitario. Pero el verdadero sentido y la profundidad de esta devoción me lo ha enseñado este librito leído durante los turnos de trabajo, en esta fábrica de soda.  Lo he leído tantas veces que tanto por fuera como por dentro estaba impregnado de soda. Recuerdo muy bien aquellas manchas de soda porque justamente esas manchas son con una parte importante de toda mi vida interior. Quería recordarles esto hoy. Les recuerdo este hecho, carísimos hermanos y hermanas, pero ante todo quería recordarte a ti, Madre santísima de cuando venia aquí a la parroquia de Borek Falecki parroquia a la cual debo mi vocación, durante esa particular experiencia de trabajo manual.  Recordándolo quiero agradecértelo Madre Santísima.  Deseo además aparte de mi testimonio personal representar el testimonio de toda la  comunidad. Por eso, Madre Santísima ven a nosotros, que te acogemos en espíritu de perfecta devoción, de completa confianza en ti. Hemos puesto en tus manos nuestro pasado.  Hemos puesto en tus manos nuestro pasado una memorable tarde de aniversario del milenio de la conversión de Polonia, cuando nos visitaste en tu imagen errante. Has estado en la Catedral de Wawel y después en la procesión de Wawel a Skalka y después nuevamente de Skalka a Wawel,  allí en la pared de la capilla de Segismundo. A tu alrededor se encontraban centenares de miles, tus fieles, confesores de Cristo en esta maravillosa capital polaca. Recuerdo en aquel tiempo ante tu imagen pusimos en tus manos todo nuestro pasado. Yo he puesto en tus manos todo nuestro pasado  y  he aprendido a ser tu devoto justamente aquí en Borek Falecki. Ahora que Maria,  carísimos, sin su imagen, se encuentra entre nosotros (1), se eleva aun más la fuerza de nuestra fe. Y además se confirma nuestro acercamiento a la Santa Virgen. La ausencia de su imagen llena nuestros ánimos de desilusiones  viendo como se violan nuestros sentimientos religiosos.  No obstante en esta parroquia queremos confiarte, Madre de Cristo, todo nuestro futuro. Lo hacemos con todo nuestro esmero,  parroquia por parroquia, familia por familia, en especial porque queremos formar una base solida para el  futuro de nuestro pueblo, para el futuro de la Iglesia de Cristo en nuestra nación.  Esta base solida la encontramos en la más completa devoción a a ti, Madre de Cristo, Virgen Santísima porque es profunda nuestra veneración, nuestro amor a ti.  Un poeta polaco J. Lechon, dijo.« Porque aun aquel que en nada cree, cree en ti»   Nuestra fe es la base sobre la cual construimos y a la cual confiamos nuestro futuro.  Te confiamos aquellos que vendrán después de nosotros, para que gocen de unidad de espíritu con nosotros, para que este espíritu no se apague jamás; para que sientan dentro de si al Espíritu Santo cuya esposa eres.
Nos volvemos a ti, Madre santísima, esposa del Espíritu Santo, para que tu solicites y obtengas que el Espiritu Santo sea el Espíritu de nuestra juventud, de nuestros ancianos, de nuestros esposos, de nuestras familias; para que sea el Espíritu de nuestro trabajo, nuestras fabricas, nuestros campos y nuestras casas. Ora por nosotros y obtiene para nosotros el Espíritu Santo cuya esposa eres, o Madre de la divina gracia, Reina de Polonia, Sostén de los fieles, Madre nuestra de Jasna  Gora. Ruega por nosotros y guíanos. En tus manos está todo nuestro pasado, y en tus manos, todo nuestro futuro.  

(1)   En 1966 la imagen en peregrinación es confiscada y enviada al Santuario de Jasna Gora, pero los fieles polacos siguen con las peregrinaciones con  tan solo el marco del cuadro por toda Polonia.  

(Homilia del Obispo Karol Wojtyla en Borek Falecki 8 de noviembre de 1968) 

jueves, 3 de febrero de 2011

«Lumen ad revelationem gentium» (1)


«Lumen ad revelationem gentium» Luz para iluminación de las gentes (1)
(Me disculpo…otra vez sin Internet, aun no puedo leer mi correo!)
El texto (con demora) corresponde a la festividad de ayer : Festividad de la Presentación del Señor en el Templo (primera parte de la homilía del Papa Juan Pablo II el 2 de febrero de 1979)


Así explicaba la festividad :

La liturgia de la fiesta de hoy nos recuerda en primer lugar las palabras del Profeta Malaquías: «He aquí que entrará en su templo el Señor a quien buscáis..., he aquí que viene». De hecho estas palabras se hacen realidad en este momento: entra por primera vez en su templo el que es su Señor. Se trata del templo de la Antigua Alianza que constituía la preparación de la Nueva Alianza. Dios cierra esta Nueva Alianza con su pueblo en Aquel que «ha ungido y enviado al mundo», esto es, en su Hijo. El templo de la Antigua Alianza espera al Ungido, al Mesías. Esta espera es, por así decirlo; la razón de su existencia.
Y he aquí que entra. Llevado por las manos de María y José. Entra como un niño de 40 días para cumplir las exigencias de la ley de Moisés. Lo llevan al templo como a tantos otros niños israelitas: el niño de padres pobres. Entra, pues, desapercibido y —casi en contraste con las palabras del Profeta Malaquías— nadie lo espera. «Deus absconditus: Dios escondido» (cf. Is 45, 15). Oculto en su carne humana. nacido en un establo en las cercanías de la ciudad de Belén. Sometido a la ley del rescate, como su Madre a la de la purificación.
Aunque todo parezca indicar que nadie lo espera en este momento, que nadie lo divisa, en realidad no es así. El anciano Simeón va al encuentro de María y José, toma al Niño en sus brazos y pronuncia las palabras que son eco vivo de la profecía de Isaías: «Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra: porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de los pueblos: luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 29-32; cf. Is 2, 2-5; 25, 7).
Estas palabras son la síntesis de toda la espera, la síntesis de la Antigua Alianza. El hombre que las dice no habla por sí mismo. Es Profeta: habla desde lo profundo de la revelación y de la fe de Israel. Anuncia el final del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo.”

jueves, 24 de diciembre de 2009

“Gloria a Dios” homilía del Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla – 1965 (2)


Segunda parte de la homilía del Arzobispo Karol Wojtyla “Ante el pesebre”en la Catedral de Wawel el 25 de diciembre de 1965.
"Cuando a principios de octubre de 1962 partí, como Vicario del Capitulo arquidiocesano de Cracova, para participar del Concilio, salí de aquí y aquí me habéis saludado. Al partir observaba que dejaba la tumba de San Estanislao para acercarme a la tumba de San Pedro. Resalto este hecho porque estos dos lugares se relacionan admirablemente, para nosotros se complementan una a la otra: la tumba de San Estanislao en Wawel y la tumba de San Pedro en Roma.En cierto sentido al partir de aquí me lleve conmigo toda la Iglesia de Cracovia, toda la Iglesia polaca por cuanto San Estanislao, obispo mártir, ha sido para la Iglesia polaca – a través de los siglos – Pastor y el Patrono. La he llevado para que estuviera presente en la Iglesia universal de Cristo, que se revelaba y expresaba durante el Concilio. Allá en la universalidad, en la unidad en la gran comunión de todas las Iglesias del mundo, estuvo presente nuestra Iglesia de San Estanislao. Por mi intermedio y por intermedio de los obispos nuestra Iglesia participo en la renovación de la Iglesia y en cierto modo la antigua y milenaria Iglesia de Cracovia, la Iglesia polaca, fue afirmada en la universalidad de la Iglesia de Cristo. Fue confirmada ante todas las Iglesias, las diócesis de todo el mundo, de Europa, de América, de África, de Asia, de Oceanía. Nuestra Iglesia se ha reencontrado – reconfirmándose - todos los días, durante muchos meses, siempre en contacto con los obispos del mundo entero, en unión cotidiana, en comunión cotidiana. Esta Comunión que quiere decir unión, unidad - «Communio episcoporum, communio ecclesiarum» ha sido una gran Gracia para nuestra Iglesia polaca.
Había allí en el Concilio, Obispos cuyas diócesis son mucho mas antiguas que la nuestra, pero también estaban los obispos cuyas Iglesias son mucho mas jóvenes que la nuestra. Nos encontrábamos en el medio, entre un polo y otro. Porque el cristianismo en Polonia inicio, mas o menos a mitades de la historia de la Iglesia, entre el primero y el segundo milenio.
Durante el Concilio el dialogo iniciado entre mas de dos mil obispos, constituyo la base de la renovación de la Iglesia. En nuestras experiencias, en el dialogo interno de la Iglesia, buscábamos las bases para renovar la humanidad.
Así hemos vivido nuestro Milenio, a cuyo fin nos estamos aproximando, porque estamos en el umbral del Milenio del bautismo de Polonia. La Navidad que estamos celebrando es la última del primer Milenio de este Bautismo.
Viviendo esta constante unidad entre los Obispos durante el Concilio sentimos el deseo de hablarles de nuestro Milenio, del gran Jubileo cristiano, en el espíritu de la continuidad que nos unía a ellos y a todos los hombres.
Si supierais cuan grande es la comunidad que une a todo el mundo cristiano! No solamente a las Iglesias de los países europeos, sino también a aquellas mas alejadas…
Hemos mirado también hacia nuestros vecinos, a los mas cercanos desde el punto de vista geográfico, cuya historia nos había dividido (pero también unido porque fue a través de las divisiones que nos hemos unido). Hemos pensado, hecho grandes esfuerzos poniendo mente y corazón, como hablarles de nuestro Milenio a aquellos vecinos occidentales, a los pastores y a los católicos de Alemania.
Sabemos que existen aun personas que hubiesen pretendido gritarles nuestro odio. Amados míos, como podría ser posible hacer esto después de mil años de cristianismo en Polonia, después de mil Navidades celebradas en esta tierra?
Puede darse que exista gente que hubiesen querido decirles a ellos: habéis sido y seguís siendo nuestro enemigos. Pero les pregunto a ustedes, como, en el umbral del Milenio de nuestro Bautismo, nosotros, obispos polacos, podríamos haber dicho esto?En lugar de ello, primero dijimos: «Hermanos nuestros en Cristo, Obispos de Alemania, durante siglos y especialmente en los últimos tiempos vuestro pueblo nos ha hecho tanto mal» Se puede decir que por aquel mal que nos ha hecho el pueblo alemán en cierto modo nos hemos reconciliado por ellos. Nos hemos reconciliado – en toda la verdad – hasta Auschwitz, hasta seis millones de victimas de la ultima guerra, sin ocultar ni disminuir nada. Nos hemos anticipado en la reconciliación. Y si echamos mano a ambas cartas: la nuestra a los obispos alemanes y la de los obispos alemanes a nosotros, si queremos leerla cuidadosamente, sin omitir nada, entonces podremos admitir como ellos, se han reconciliado mediante nuestra reconciliación.
Brevemente entonces les hemos dicho: les perdonamos y les pedimos perdón. Perdonamos en cuanto, estimulados por nuestra confesión ustedes también habéis confesado abiertamente.
Les pedimos nos perdonen ante todo porque en la solemne carta del Milenio, les hemos dicho muchas cosas desagradables, y cuando se dicen cosas desagradables después es necesario disculparse, en segundo lugar, por cuanto somos concientes que en las relaciones reciprocas entre personas, especialmente en el amplio espectro de largos años siempre hay algo que perdonarse.
Y entonces, amados míos, hemos vuelto a la tumba de San Estanislao. De la tumba de San Pedro, en la colina del Vaticano, a la tumba de San Estanislao en la colina de Wawel.. Traemos aquí todo el Concilio, la renovación de la Iglesia y el principio fundamental del dialogo.
Desde esta ciudad, y ya han pasado muchos años, partió otro Obispo, el primer padre Conciliar en la historia de Polonia, Vincenzo Kadŀubek Partió para el Concilio Luterano y regreso para renovar la Iglesia en Polonia. También nosotros los obispos, regresaos para renovar la Iglesia polaca en el ámbito de la Iglesia Universal. En esta tarea que tenemos por delante y para la cual hoy rogamos a Dios durante el Sacrificio eucarístico, ustedes serán nuestros colaboradores. Ayudadnos! Renovemos juntos nuestra Iglesia de San Estanislao, renovemos todos juntos, nuestra Iglesia, nuestro Pueblo y por medio de nuestra renovación, contribuiremos a renovar toda la humanidad.

Que puedan nuestras palabras de Pastor encender en ustedes esta renovación que depositamos ante la tumba de San Estanislao.
A los amados hermanos sacerdotes y a las religiosas! Es inmenso nuestro deseo de renovación que queremos despertar en vosotros y que iniciamos con esta concelebración! Con igual atención el Santo Padre desea que, finalizado el Concilio, entre el 1ro de enero y Pentecostés, sea celebrado en toda la Iglesia un Jubileo extraordinario, centrado en cada diócesis en su Catedral. Es por ello que debemos reunirnos mas a menudo en esta Catedral de San Estanislao en Wawel, debemos orar mas intensamente con fe particular y con sentimientos de perdón reciproco en el corazón. Aquí nos reuniremos, aquí vendremos en peregrinación, en este lugar sagrado, Iglesias de Dios vivo sobre nuestra tierra.
Venerados hermanos, capitulo metropolitano, a vuestro cuidado deseamos recomendar de manera particular este Jubileo postconciliar que debe ser el comienzo de la renovación de nuestra vida en Cristo y en Su Iglesia.
A todos ustedes aquí presentes, reunidos para revivir juntos el Misterio de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, el Misterio de la Encarnación, a vosotros todos, mis amados cracovianos les hago llegar en mi calidad de Pastor vuestro, mis augurios para que podáis vivir en la verdad. El Hijo de Dios es Verbo y el Verbo es la Verdad.
Les deseo vivir en Cristo, vivir en la Verdad y en el amor que viene de Dios."
25 de diciembre de 1965

miércoles, 23 de diciembre de 2009

“Gloria a Dios” homilía del Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla – 1965 (1)


Cuando concluía el Concilio Vaticano II estallo una grave crisis en Varsovia, por aquel proceso de “purificación de la memoria”…atacaron personalmente a Wojtyla con una carta publica, que obligaron a firmar a los trabajadores de la Solvay. Retiraron el pasaporte a Wyszynski. Y el régimen se ocupo sistemáticamente de boicotear las celebraciones de 1966 con motivo del Milenio, que trataba de recordar el aniversario del bautismo de Polonia y de la fundación del Estado nacional. Llegaron incluso a secuestrar la imagen de la Virgen Negra que era llevada en peregrinación por el país. Se prohibió la visita del Papa Pablo VI, y durante el periodo de mayor apogeo de las celebraciones, cerraron las fronteras durante mas de un mes….”

(Gian Franco Svidercoschi Historia de Karol)
Pero no lograron acobardar a la Iglesia polaca. He traducido una homilía del Arzobispo Karol Wojtyla del 25 de diciembre de 1965, “homilía ante el pesebre” que hay que leer pensando en aquel contexto, como decía Mons Rylko en su articulo Cracovia y Roma dos Iglesias hermanas En la Polonia oprimida por el comunismo, cada una de estas palabras poseía un peso y significado especial.”
Pensando en ese contexto el Arzobispo Wojtyla sin duda debía aprovechar la ocasión de una homilía de Navidad ante la presencia de tantos fieles, teniendo justamente por eso la seguridad que era también escuchado por agentes del régimen, para enfatizar sobre ciertos conceptos que quizás podrían parecer ajenos a una homilía de Navidad, p.ej. tanto enfasis en el dialogo, por otro lado tema candente en aquellos años. Es de notar a su vez el espíritu, el aliento, el orgullo de ser obispo de su pueblo, de poder haber llevado a la Iglesia polaca al Concilio, el deseo de unión con todas las iglesias y el querer compartir esa intima unión con todos los polacos y con todo el mundo.
Homilía “Ante el pesebre”

“Concluido el Concilio Vaticano II hoy estamos concelebrando la Santa Misa en la real catedral metropolitana de Wawel. Hoy, día de Navidad, concelebramos la Santa Misa delante del altar de San Estanislao, obispo y mártir, patrono de Cracovia, de nuestra Arquidiócesis y de toda Polonia. Concelebramos quiere decir celebramos esta Santa Misa nosotros, Padres conciliares de nuestra Arquidiócesis que hemos participado en el Concilio Vaticano II. Celebrando juntos la Eucaristía queremos expresar la profunda verdad del Sacerdocio de Jesucristo. Cuando un sacerdote celebra la Santa Misa solo – lo sabemos - en el momento de la Eucaristía el sustituye a Jesucristo, como instrumento suyo vivo, inteligente y consciente; nosotros en el sacerdote vemos a Cristo mismo. Cuando varios celebramos juntos, o sea concelebramos, los concelebrantes comprendemos que hay un único sacerdote que celebra el Eterno Sacrificio que es Jesucristo. Todos los sacerdotes y obispos revestidos del sacramento sacerdotal se inclinan ante la profundísima y única plenitud del sacerdocio que pertenece a Jesucristo mismo.

Hoy celebrando la Eucaristía en agradecimiento a Dios, Uno en la Santísima Trinidad, por el Concilio, queremos inclinarnos todos juntos ante la plenitud del único Sacerdocio de Cristo, con fe y amor, lo miramos a El en el Pesebre de Belén: con la misma fe y amor Lo reconocemos presente – de modo sacramental, pero igualmente eficaz y abundante de Gracia – en la Santa Misa. Inclinándonos ante el Pesebre, vemos sobre la paja al Niño Jesús, Hijo de Dios, el Enviado del Padre, el Verbo encarnado. Miramos su primer momento terreno, el inicio de Su misión. El vino, vivió entre nosotros y entre nosotros quiere quedarse. Y es precisamente de esta manera que el Concilio Vaticano II mirando a Jesús en el Pesebre de Belén, ha vuelto a descubrir mas profundamente y mas plenamente su propia razón de ser. La Iglesia se ha redescubierto a si misma y ha afirmado que su realidad proviene del Misterio de la Encarnación, del misterio del Padre que envía a su Hijo y del misterio del Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo.
La Iglesia se constituye en una continuación autentica y homogénea de la «misión» divina del Hijo y del Espíritu Santo. He aquí la esencia mas profunda de la Iglesia. La «misión» del Hijo y del Espíritu Santo que se cumplió en el tiempo, aun perdura, perdura a través de los hombres que reciben al Hijo, y que a través de la acción interior de la Gracia, se convierten ellos mismos en Cuerpo Mastico de Cristo, y juntos en pueblo de Dios.
Estas verdades si bien simples esperan ser redescubiertas, formuladas y expresadas. Por ellas la Iglesia, en el Concilio Vaticano II ha formulado y expresado su propia y sobrenatural santa sustancia. Sin embargo, en estas definiciones la Iglesia no ha agotado sus trabajos, ni terminado su tarea. El Hijo de Dios que hoy contemplamos en el Pesebre, ha sido enviado al mundo y para el mundo; entró en el mundo, forma parte viva de los seres humanos, pertenece a la humanad y con ella permanece.
De la misma manera la Iglesia entró en el mundo, pertenece a la humanidad y con ella permanece en estrecho contacto. Por eso en el Concilio Vaticano II no ha bastado definir y formular la entidad interior de la Iglesia, sino que también era necesario expresar la actitud de la Iglesia hacia el mundo.
Y a este respecto quiero decirles que tuve la fortuna de participar, de modo singular, en los trabajos de esta parte del Concilio, se trato de hecho en el así llamado Esquema XIII, definido mas tarde, como Constitución pastoral, con el titulo «La Iglesia en el mundo contemporáneo» Por lo tanto todo lo que les digo proviene de mi experiencia personal. Veo ante mis ojos todas las reuniones de las comisiones durante el invierno y la primavera y últimamente, en otoño, la reunión de todo el Concilio. De cara al mundo de hoy urgían dos problemas evidenciados de modo particular. El primero se refiere al progreso y al desarrollo en el campo técnico y en los demás ámbitos. En armonía con tal progreso debería a su vez llevarse a cabo un desarrollo del hombre interior, de su humanidad, de su personalidad, del hombre que es persona creada a imagen y semejanza de Dios. Este es el problema de fondo. En neto contraste con ello vemos, sin embargo, signos que amenazan al hombre, originados precisamente en este progreso: el primero y más importante es la amenaza que constituye la guerra con todos sus medios de destrucción, que el progreso técnico y la nueva civilización han producido.
En este punto los sentimientos del Concilio y los de toda la humanidad coinciden. Estas inspiraciones del Concilio constituyen en cierto modo la continuación del pensamiento de Juan XXIII. Recuerdo el momento cuando me convoco en 1962 al Concilio y como, precisamente en el inicio de los trabajos, se vislumbraba la amenaza de una guerra. .Entonces, gracias al Papa, - así lo han reconocido todos – esa amenaza pudo ser evitada. Juan XXIII dedico el resto de sus días a la encíclica «Paz en la tierra»La idea y los sentimientos del Papa que convocó el Concilio continuaron con su sucesor Pablo VI. La misma dirección, una personalidad diferente. Lo he podido constatar habiendo tenido la suerte de estar cerca de ambos Pontífices, durante el Concilio. Profundizando con respecto a los peligros que afronta la humanidad y particularmente el peligro de la guerra, con focos potenciales en múltiples problemas y contrastes, y profundizando al mismo tiempo el postulado del desarrollo del hombre como persona, el Papa Pablo VI juntamente con el Concilio, continuando la linea de Su predecesor, elaboraron la formula justa, un principio valido para hacer prevalecer la armonía ante los problemas de la humanidad de hoy. El nombre de esta formula es «diálogo». Podríamos decir que la palabra «dialogo», termino que conocemos y utilizamos con frecuencia es como un equivalente del termino «conversación»? Cuando dos personas hablan entre ellas decimos que se trata de un dialogo, en cambio cuando habla una sola, decimos que se trata de un monologo. Esta explicación sin embargo es superficial. Dialogo quiere decir mucho mas que una simple conversación. Un intercambio de ideas y palabras. El dialogo representa una actitud humana, que deriva del hecho que el hombre es «persona» llamado a convivir con los demás en la sociedad. El dialoga requiere no solo capacidad de hablar, sino también de escuchar: capacidad de hablar de modo tal que el otro pueda comprender y capacidad de escuchar tendiente a comprender al otro. El dialogo representa una actitud humana, propia de la persona dotada de razón social, y al mismo tiempo se trata de una actitud profundamente cristiana. Porque puede servir a distender el odio y las luchas entre los hombres. Dialogo y lucha son dos términos que se contraponen entre ellos.
Y por eso la Iglesia de hoy, por medio de su Pontífice, a través del Concilio, le dice a los hombres de todo el mundo: no basemos mas las relaciones humanas en la lucha, hagámoslo mas bien en el dialogo.
El dialogo es una expresión fundamental para la Iglesia de hoy. Podemos constatar su valor en la vida cotidiana. Sabemos que también entre dos personas, entre marido y mujer, el dialogo sirve para resolver satisfactoriamente los problemas. Si alguno de nosotros viviese en su monologo, estaría arriesgando pasar a la lucha, porque el monologo lleva a menudo a la lucha. Si pienso a mi manera, digo aquello que quiero, sin preocuparme en lo màs mìnimo que el otro me escuche o me entienda, porque tampoco yo lo siento o le comprendo, se llega fatalmente a un enfrentamiento.
Y esto ocurre en todos los niveles, superiores e inferiores.
Si la humanidad de los siglos pasados pudo, osare decir, permitirse ir a la guerra, nuestra generación no lo puede permitir más, teniendo a disposición medios tan tremendos de destrucción.
De estas consideraciones nuestras sobre el mundo y su misión en la Iglesia, se evidencia cada vez mas qué se entiende fundamentalmente por dialogo.

La Iglesia y el Concilio lo deducen no solamente de la situación cotidiana del hombre y de la sociedad, sino de manera especial del Pesebre, de la Cruz. Así Pablo VI se expresa en su primera Encíclica de 1964 que comienza con las palabras «Ecclesiam Suam». La Revelación, la Redención y la fe, la oración, toda la vida cristiana, he aquí el dialogo: el dialogo de Dios con el hombre y del hombre con Dios. Por medio de este dialogo que el Padre Eterno sostiene con el hombre por medio de su Hijo, y del Espíritu Santo, El nos enseña como hallar los métodos para dialogar los difíciles problemas humanos. Esto es precisamente lo que este Concilio ha buscado discernir y descifrar del Pesebre, de la Revelación, del Calvario, para poder luego anunciarlo a la humanidad de hoy.

Hoy espero transmitir a ustedes uno de los conceptos y principios fundamentales de la Iglesia que se ha renovado durante el Concilio Vaticano II. La Iglesia no solo ha formulado ideas y proclamado principios. La Iglesia busca abrir el dialogo, dar el ejemplo en la solución de los problemas controvertidos. De esta manera la Iglesia entabla el dialogo con los creyentes de las demás religiones, entra en dialogo con los no creyentes, con los ateos, o al menos intenta hacerlo.Naturalmente son los primeros pasos, pero son pasos profundamente meditados, dictados por la premura por el bien del hombre y de la humanidad. No solo por el bien de la Iglesia, sino por el bien de la humanidad entera. La Iglesia inclinándose ante el Pesebre y arrodillándose ante la Cruz, es conciente que toda la humanidad ha sido redimida, que la misión del Hijo y del Espíritu Santo ha sido destinada a toda la humanidad, es conciente que su misión se dirige a toda la humanidad. Hoy les transmito esta toma de conciencia enriquecida de la Iglesia.Concelebramos nuestra Santa Misa de Navidad ante la tumba de San Estanislao, obispo y mártir. Podría parecerles extraño esta combinación de cuna-tumba pero nos encontramos aquí porque de esta tumba nace una vida. En el cuadro de la perenne realización de la actividad divina situamos también el nacimiento de la Iglesia en nuestra Patria. De este nacimiento ésta es la cuna. No digo que sea la primera, en sentido absoluto, pero de modo significativo lo es. De esta manera estamos ante la cuna de la fe de Polonia, estamos ante el Pesebre, estamos ante el símbolo del nacimiento"


domingo, 13 de diciembre de 2009

. "Alegraos. (...) El Señor está cerca" (Flp 4, 4. 5).


”Este tercer domingo de Adviento se caracteriza por la alegría: la alegría de quien espera al Señor que "está cerca", el Dios con nosotros, anunciado por los profetas. Es la "gran alegría" de la Navidad, que hoy gustamos anticipadamente; una alegría que "será de todo el pueblo", porque el Salvador ha venido y vendrá de nuevo a visitarnos desde las alturas, como sol que surge (cf. Lc 1, 78).Es la alegría de los cristianos, peregrinos en el mundo, que aguardan con esperanza la vuelta gloriosa de Cristo, quien, para venir a ayudarnos, se despojó de su gloria divina. .
Sin embargo, esta alegría que brota de la gracia divina no es superficial y efímera. Es una alegría profunda, enraizada en el corazón y capaz de impregnar toda la existencia del creyente. Se trata de una alegría que puede convivir con las dificultades, con las pruebas e incluso, aunque pueda parecer paradójico, con el dolor y la muerte. Es la alegría de la Navidad y de la Pascua, don del Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado; una alegría que nadie puede quitar a cuantos están unidos a él en la fe y en las obras (cf. Jn 16, 22-23).”

(Homilía del Santo Padre Juan Pablo II Jubileo del Mundo del espectáculo, domingo 17 de diciembre de 2000)

jueves, 9 de abril de 2009

El “tríptico” del Jueves Santo (3)


El lavatorio de los pies
4. Llegados a este punto, nuestra mirada se ensancha hacia el tercer elemento del tríptico que forma la liturgia de hoy. Se encuentra en el relato del evangelista san Juan, el cual nos presenta la escena conmovedora del lavatorio de los pies. Con ese gesto Jesús recuerda a los discípulos de todos los tiempos que la Eucaristía exige dar testimonio de ella mediante el servicio de amor hacia los hermanos. Hemos escuchado las palabras del Maestro divino: "Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros" (Jn 13, 14). Es un nuevo estilo de vida que deriva del gesto de Jesús: "Os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros" (Jn 13, 15).El lavatorio de los pies se presenta como un acto paradigmático, que en la muerte en cruz y en la resurrección de Cristo encuentra su clave de lectura y su explicitación máxima. En este acto de servicio humilde la fe de la Iglesia ve el desenlace natural de toda celebración eucarística. La auténtica participación en la misa no puede por menos de engendrar el amor fraterno tanto en cada creyente como en toda la comunidad eclesial.
de

El “tríptico” del Jueves Santo (2)


Nuevo Cordero
3. La institución de la Eucaristía se remonta así al rito pascual de la primera Alianza, que se nos describe en la página del Éxodo acaba de proclamarse: en ella se habla del cordero «sin defecto, macho, de un año» (Éxodo 12, 5) cuyo sacrificio liberaría al pueblo del exterminio: «La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora» (12, 13). “
El himno de santo Tomás comenta: «Et antiquum documentum / novo cedat ritui – abra paso la antigua Ley / al Sacrificio nuevo».
Por ello, justamente, los textos bíblicos de la Liturgia de esta tarde orientan nuestra mirada hacia el nuevo Cordero, que con la sangre derramada libremente en la cruz ha establecido una nueva y definitiva Alianza. La Eucaristía es presencia sacramental de la carne inmolada y de la sangre derramada del nuevo Cordero. En ella se ofrecen a toda la humanidad la salvación y el amor. ¿Cómo es posible no quedar fascinados por este Misterio? Hagamos nuestras las palabras de santo Tomás de Aquino: «Praestet fides supplementum sensuum defectui – Que supla la fe a los defectos de los sentidos». ¡Sí, la fe nos lleva al estupor y a la adoración!

(de la Homilía del Siervo de Dios Juan Pablo II en la Santa Misa "In Cena Domini” el Jueves Santo de 2001

El “tríptico” del Jueves Santo (1)

El Verbo encarnado
2. "Verbum caro, panem verum verbo carnem efficit El Verbo encarnado transforma, con su palabra, el verdadero pan en su carne".

Es el prodigio que nosotros, sacerdotes, tocamos cada día con nuestras manos en la santa misa. La Iglesia sigue repitiendo las palabras de Jesús, y sabe que está comprometida a hacerlo hasta el fin del mundo. En virtud de esas palabras se realiza un cambio admirable: permanecen las especies eucarísticas, pero el pan y el vino se convierten, según la feliz expresión del concilio de Trento, "verdadera, real y sustancialmente" en el Cuerpo y la Sangre del Señor.La mente queda desconcertada ante un misterio tan sublime. Numerosos interrogantes asaltan al corazón del creyente, que, a pesar de ello, encuentra paz en las palabras de Cristo. "Et si sensus deficit, ad firmandum cor sincerum sola fides sufficit Aunque fallen los sentidos, basta sólo la fe para confirmar al corazón recto". Sostenidos por esta fe, por esta luz que ilumina nuestros pasos también en la noche de la duda y la dificultad, podemos proclamar: "Tantum ergo sacramentum veneremur cernui Veneremos, pues, postrados tan gran sacramento".

domingo, 11 de enero de 2009

EL bautismo del Señor


«Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”» (Mc 1, 9-11 y par.)
«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19
).
La Iglesia celebra hoy la fiesta del Bautismo de Cristo en el Jordán .
Como de costumbre el 12 de enero de 1997, Dia del Bautismo del Señor, primer domingo despues de Epifania, SS Juan Pablo II administraba en la Capilla Sixtina el sacramento del bautismo a algunos recién nacidos: diez niñas y nueve niños, de los cuales catorce son italianos, dos polacos, uno español, uno mexicano y uno indio…. Y en su homilia explicaba los pasos de la ceremonia y su significado.

“estos niños dentro de poco recibirán ese mismo bautismo y se convertirán en miembros vivos de la Iglesia. Ante todo, serán ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fortaleza de Cristo, que se les da para luchar contra el mal. Luego, se derramará sobre ellos el agua bendita, signo de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo, que Jesús nos hizo al morir en la cruz. Inmediatamente después recibirán una segunda y más importante unción con el «crisma», para indicar que son consagrados a imagen de Jesús, el ungido del Padre. Por último, al papá de cada uno se le entregará una vela para encenderla en el cirio pascual, símbolo de la luz de la fe que los padres los padrinos y las madrinas deberán custodiar y alimentar continuamente, con la gracia vivificante del Espíritu”
Y recordaba que “cuando Jesús sale del agua, el Espíritu Santo desciende sobre él como una paloma y, tras abrirse el cielo, desde lo alto se oye la voz del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1, 11). Por tanto, el acontecimiento del bautismo de Cristo no es sólo revelación de su filiación divina sino también, al mismo tiempo revelación de toda la santísima Trinidad: el Padre --la voz de lo alto-- revela en Jesús al Hijo unigénito consustancial con él, y todo esto se realiza en virtud del Espíritu Santo que bajo la forma de paloma desciende sobre Cristo, el consagrado del Señor”
No dejen de visitar este precioso comentario Lugar del Bautismo del Señor del blog Sacerdote en Tierra Santa.
Invito visitar mi entrada del año pasado Bautismo en la Capilla Sixtina

sábado, 20 de diciembre de 2008

Mi oración ante el Pesebre

"El reino de Dios está cerca. Estad seguros: no tardará".
(De SS Juan Pablo II Audiencia 17 de diciembre 2003)
Jesús, aquí estoy ante Ti, - ante casi el mismísimo pesebre de todos los años – de corazón casi tan niña como cuando lo era, con el mismo deseo sencillo de ser buena; ya no te traigo “pajitas” por mis buenas obras y me cuesta mas hacerlas. Pero me arrodillo ante Ti inmensamente agradecida, Niño bueno, como no habría de estarlo? Si he recibido mucho más de lo que soy capaz de comprender pues me has llevado por caminos insospechados, nunca soñados. Este debiera ser un agradecimiento inspirado en el Sermón de la Montaña , "Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura" (Mt 6, 33; también Lc 12, 31) Sin embargo, como agradecer aquello que no se ha buscado y le fue donado? Pues todo me fue dado por añadidura! Gracias!

Aquí estoy Jesús Niño, te contemplo en silencio y te pido por todos aquellos que han recibido menos o que necesitan más y por quienes no saben, no pueden o no han sabido pedir. Ayúdame a ser verdadero apóstol y mensajera de tu Palabra, haz que a imagen de San Francisco no busque tanto ser amada como amar, ser comprendida como comprender y confunde mis suplicas en un abrazo fraterno a todos mis hermanos.

Entre mis otras suplicas de hoy Te pido por toda la Iglesia, en especial por quienes se empeñan en sembrar tu Palabra, por quienes a veces con esfuerzos y robando tiempo a sus tiempos no dudan en seguirte, acompañarte y darte a conocer. Y te pido también por todos aquellos que sufren y aquellos que se sienten solos para que en Ti encuentren Paz y Amor y el consuelo que necesitan.
Desde este rincón de la Argentina te pido también por esta patria nuestra, Niño Dios,
por la paz y la unión aquí y en todo el mundo.
Para que seamos capaces de crear al menos un pequeño remanso de tu Reino en esta tierra nuestra y caminemos cada vez mas unidos hacia Ti y que
- inspirados en el misterio de tu Amor -

jueves, 22 de mayo de 2008

"Pro Pace et Iustitia Servanda"

foto Misa en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, conmemoración 2008
Nos hemos reunido hoy en esta Concelebración Eucarística en torno al altar con el propósito principal de suplicar por la paz entre dos paises que la actualmente bien conocida controversia del Atlantico austral enfrenta y divide, con dolorosas consecuencias en el presente y mas graves perspectivas aun para el futuro, si no se llegase prontamente a una solucion pacifica”. Asi comenzaba la homilía de la Santa Misa "Pro Pace et Iustitia Servanda" que el Santo Padre Juan Pablo II concelebraba (obispos argentinos y británicos) en la Basílica de San Pedro el 22 de mayo de 1982.
La Argentina estaba en guerra, en una guerra tan despareja como irracional vista la fuerza y el poder, en una guerra contra Gran Bretaña por la recuperación de las Islas Malvinas.
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» ...
(fuente : Aica)

Fue la primera visita de Juan Pablo II a la Argentina (11 y 12 de junio de 1982)

domingo, 11 de mayo de 2008

"Veni, creator Spiritus!".


"En la solemnidad de Pentecostés, desde todas las partes de la Iglesia se eleva este canto unánime: "Veni, creator Spiritus!". El Cuerpo místico de Cristo, esparcido por toda la tierra, invoca al Espíritu que le da vida, al Soplo vital que anima su ser y su obrar. Las antífonas de los salmos nos acaban de recordar cuál fue la experiencia de los discípulos en el Cenáculo: "Al llegar el día de Pentecostés, cincuenta días después de Pascua, los discípulos estaban todos reunidos en el mismo lugar" (Ant. 1); "los apóstoles vieron aparecer unas lenguas de fuego, como llamaradas, que se repartían, y se posó encima de cada uno el Espíritu Santo" (Ant. 2). Revivimos esa misma experiencia espiritual también nosotros, reunidos en esta plaza, convertida en un gran cenáculo. Y como nosotros, innumerables comunidades diocesanas y parroquiales, asociaciones, movimientos y grupos, en todas partes del mundo elevan al cielo la invocación común: "¡Ven, Espíritu Santo!"
…la celebración de esta tarde me recuerda el memorable encuentro con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades en la víspera de Pentecostés de hace seis años. Fue una extraordinaria epifanía de la unidad de la Iglesia, en la riqueza y variedad de los carismas, que el Espíritu Santo concede en abundancia…
Por eso os digo también a vosotros: "¡Abríos con docilidad a los dones del Espíritu! ¡Acoged con gratitud y obediencia los carismas que el Espíritu concede sin cesar! No olvidéis que cada carisma es otorgado para el bien común, es decir, en beneficio de toda la Iglesia" (ib., n. 5). "Veni, Sancte Spiritus!"
Primeras Visperas de la solemnidad de Pentecostés – Homilía de su Santidad Juan Pablo II – 29 de mayo 2004

En este dia tan especial que recordamos los dones del Espíritu Santo y pedimos la gracia que nos conceda sus dones sagrados, que penetre con su santa Luz en lo más íntimo del corazón de sus fieles, elevamos un pedido especial por la colectividad eslovena (mi patria de origen) que hoy peregrina al Santuario de Nuestra Señora de Lujan y por nuestra patria argentina que esta pasando por momentos difíciles para que prevalezca la sabiduría en todos nuestros actos. Que el Señor envíe su Espíritu y renueve la faz de nuestra querida tierra para que sin temores y sin miedos sepamos y podamos vivenciar su Palabra en todo momento y en cada lugar y vivir en paz con nosotros y entre nosotros, no en esa paz que es ausencia de guerra sino en la verdadera paz que nos otorga el sabernos queridos y amados por nuestro Padre.

Invito visitar