Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 22 de octubre de 2011

Beato Juan Pablo II - un 22 de octubre particular

“¡Pedro vino a Roma! ¿Qué fue lo que le guió y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.”
(22 de octubre 1978)



Al igual que Pedro, el primero de los Papas, Juan Pablo II sucesor, se sentía llamado, misteriosamente llamado por el Señor, consciente del requerimiento de su servicio a la Iglesia. También el – como Pedro – seguramente hubiese querido permanecer en su tierra, entre su gente, en aquellos años tan difíciles de la historia de Polonia. Y sin embargo no desoyó la voz del Señor – como hubiese podido?

Este primer papa eslavo, mensajero de la Divina Misericordia, que nos acompañaría a inaugurar el tercer milenio, que revolucionaría la burocracia de su propio entorno, cambiaria hábitos arraigadas pero – a su modo de ver - innecesarios, e ignoraría protocolos; que nos invitaría abierta y reiteradamente a abrir las puertas a Cristo, a no tener miedo, a sentirnos más hermanos, a promover y luchar por la dignidad y la vida, - de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural - que llamaría a las puertas y corazones de las sociedades e instituciones más poderosas e influyentes a trabajar por la paz, por la unidad, a combatir la pobreza y a compartir con los que menos tienen; este Papa eslavo que no dudó en elevar el tono de su voz en defensa de la verdad, la justicia y la caridad y que llamó a la santidad a todos los estratos sociales, sin distinción de razas o edades, invitándonos a orar y a trabajar por la unión de los cristianos, se presento ante nosotros el 22 de octubre de 1978 conquistándonos con la humildad de sus palabras y la fuerza de su espíritu.

“El nuevo Sucesor de Pedro en la Sede de Roma eleva hoy una oración fervorosa, humilde y confiada: ¡Oh Cristo! ¡Haz que yo me convierta en servidor, y lo sea, de tu única potestad! ¡Servidor de tu dulce potestad! ¡Servidor de tu potestad que no conoce ocaso! ¡Haz que yo sea un siervo! Más aún, siervo de tus siervos.
¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!
¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!
¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!”



Hoy en esta fecha tan particular lo recordamos por primera vez inscripto en el calendario litúrgico de la Iglesia como beato Juan Pablo II
y celebramos, en todo el mundo con inmenso gozo, su memoria:


“Oh Dios, rico en misericordia,que has querido que el beato Juan Pablo II, papa,guiara toda tu Iglesia,te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas,nos concedas abrir confiadamente nuestros corazonesa la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él, que vive y reina.”
Oración colecta

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