Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 17 de noviembre de 2018

Las bienaventuranzas: un programa de vida hecho a la medida de los jóvenes


 “El programa evangélico de las bienaventuranzas es trascendental para la vida del cristiano y para la trayectoria de todos los hombres. Para los jóvenes y para las jóvenes es sencillamente un programa fascinante. Bien se puede decir que quien ha comprendido y se propone practicar las ocho bienaventuranzas propuestas por Jesús, ha comprendido y puede hacer realidad todo el Evangelio. En efecto, para sintonizar plena y certeramente con las bienaventuranzas, hay que captar en profundidad y en todas sus dimensiones las esencias del mensaje de Cristo, hay que aceptar sin reserva alguna el Evangelio entero.

Ciertamente el ideal que el Señor propone en las bienaventuranzas es elevado y exigente. Pero por eso mismo resulta un programa de vida hecho a la medida de los jóvenes, ya que la característica fundamental de la juventud es la generosidad, la abertura a lo sublime y a lo arduo, el compromiso concreto y decidido en cosas que valgan la pena, humana y sobrenaturalmente. La juventud está siempre en actitud de búsqueda, en marcha hacía las cumbres, hacia los ideales nobles, tratando de encontrar respuestas a los interrogantes que continuamente plantea la existencia humana y la vida espiritual. Pues bien, ¿hay acaso ideal más alto que el que nos propone Jesucristo?

Por eso yo, Peregrino de la Evangelización, siento el deber de proclamar esta tarde ante vosotros, jóvenes del Perú, que sólo en Cristo está la respuesta a las ansias más profundas de vuestro corazón, a la plenitud de todas vuestras aspiraciones; sólo en el Evangelio de las bienaventuranzas encontraréis el sentido de la vida y la luz plena sobre la dignidad y el misterio del hombre (Cfr. Gaudium et Spes, 22).”

sábado, 27 de octubre de 2018

La Iglesia ante el mundo





“Ante un mundo fragmentado y con frecuencia contrapuesto, es necesario que la Iglesia dé testimonio de fidelidad a sí misma, a su Fundador; que ayude a sanar distancias y divisiones; que sepa unir los corazones, salvando las rupturas insolidarias que anidan en el corazón de la sociedad y del hombre mismo, empezando por la fractura entre fe y vida.”
(Papa Juan Pablo II en el encuentro con los miembros del Episcopado del Peru 2 de febrero de 1985)


sábado, 2 de febrero de 2008

Juan Pablo II y Perú 1985 - Llegada


Al besar tierra peruana el 1ro de febrero de 1985 Juan Pablo II quiso manifestar su “estima profunda hacia todos sus habitantes, que desde este momento me acogen con corazón abierto”


El Santo Padre Juan Pablo II fué recibido por el entonces Arzobispo de Lima el Cardenal Juan Landazuri Ricketts, el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Mario Tagliaferri y el ex Presidente de la República, Fernando Belaúnde Terry. Era una parte difícil de su viaje apostólico, llegaba a un Peru donde tendria que abordar el tema de la teología de la liberación, aunque venia bien preparado, (ver documentos anteriores y posteriores al respecto) y del terrorismo protagonizado por el grupo maoista Sendero Luminoso, que habia creado una situación cercana a la guerra civil en la región de Ayacucho, que él no obstante no dudó en visitar y en hacer un llamado a la paz en su visita del dia 3 de febrero.
El Cardenal Landazuru recordó más tarde “Entre los hechos que más han marcado a la Iglesia en el Perú en los últimos tiempos se deben destacar las visitas del Papa Juan Pablo II. Nunca antes habían pisado tierra peruana los pies del Vicario de Cristo…. Tengo un vívido recuerdo de cuando el Santo Padre, después de bajar del avión que lo trajo hasta el Callao, en un gesto suyo característico, besó por vez primera el suelo que lo acogía. Fueron días muy intensos los que vivimos entonces”

La homilía de la Santa Misa en la Plaza de Armas de Cuzco ese mismo dia 1ro de febrero el Santo Padre se centró en el pasaje evangélico
Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros (Cf.. Io. 15, 1-17).
proclamado en la Plaza de una ciudad que hacia 450 años habia escuchado por primera vez las enseñanzas del Evangelio. Era un mensaje pleno de simbolismo, invitando a una “opción libre e irrevocable de fidelidad y amor total a Jesucristo”. Era una invitación a “buscar su gracia vivificante”, a “vivir el carisma más grande, que es la caridad (Cf.. 1 Cor. 13, 13)” , a la unidad eclesial. A los sacerdotes, religiosos y seminaristas les pedia que renovaran el optimismo, que siguieran siendo amigos de Jesús, que ejercieran con generosidad su ministerio recordando que la misión propia de la Iglesia es «revelar a Cristo al mundo, ayudar a todo hombre para que se encuentre a sí mismo en El» (IOANNIS PAULI PP. II Redemptor Hominis, 11, a ser fieles a la oración diaria, a no ceder ante el intento de secularizar la vida religiosa ni embarcarla en proyectos socio-políticos que le deben ser ajenos, ni a olvidar la responsabilidad de testimoniar la vigencia del proyecto íntegramente cristiano ante la sociedad y el mundo de hoy. Sed fieles a vuestra misión y al carisma de vuestros fundadores, en obediencia a la Iglesia.

Tambien a los laicos los invitaba a acoger la voz de Cristo en este encuentro : «La gloría de mi Padre está en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos» (Io. 15, 8). Invitaba a todas las fuerzas vivas de la Iglesia en Perú, a renovar su entrega a Cristo, y por El a trabajar sin desmayo en la elevación del hombre y en su liberación del pecado y de la injusticia.
Injertados en El, alimentados por su savia, guiados por la Madre de la esperanza, dad al hombre de hοy, sacerdotes, almas consagradas, laicos cristianos, un testimonio fecundo del amor del Padre. Contáis en ello con mí aliento y mí cordial Bendición, fué su saludo al concluir la homilía y comenzar su peregrinación por tierra peruana.

Invito visitar: