Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

miércoles, 23 de enero de 2013

Calendario Postulación 2013 "A Cristo se lo puede encontrar también por los caminos del mundo"

Me disculpo por la demora, pero recién me llega el calendario 2013 de la Postulación
  de la Causa de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II. El calendario fue enviado para Navidad con esta nota:
"El cristianismo es, antes que una doctrina, un "evento" es mas  es una Persona: es Jesús de Nazareth. El es el corazón de la fe cristiana. Para gozar de su intimidad, legiones de santos, monjes y ascetas lo han dejado todo. Pero a Cristo se le puede encontrar también por los caminos del mundo.


martes, 22 de enero de 2013

La indestructible comunión entre Wyszynski, cardenal primado, y Karol Wojtyla, futuro Papa


 “Desde el momento en que se anunciara su nombramiento como arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla se propuso evitar cualquier distancia entre él  y el primado en los asuntos Iglesia-Estado. Tras recibir el capelo cardenalicio, Wojtyla intensificó sus esfuerzos por seguir siendo el número dos a los ojos de la gente. Ambos cardenales tenían, por supuesto,  diferencias de estilo y análisis.  Wojtyla estaba más interesado en el marxismo como problema intelectual que Wyszynski.  No obstante, nunca existieron conflictos serios entre los dos y nos preguntamos si el cardenal Wyszynski era mentor del joven que una vez describiera, quizás algo despreciativamente, como «un poeta».



Wojtyla admiraba la pétrea firmeza de Wyszynski, su carácter incorruptible, su devoción por el deber y su perdurable compromiso con la justicia social. Criado en la tradición de Sapieha, Wojtyla quedaría naturalmente impresionado por Wyszynski como otro pater patriae en tiempos difíciles.  Al mismo tiempo Wojtyla no dudaba en hacer sus propias críticas al régimen o en seguir su programa de resistencia cultural a través de instrumentos como Tygodnik Powszechny, que a Wyszynski le resultaban en ocasiones difíciles de apreciar. La pasión de Wyszynski por un frente unificador le llevaba a veces a silenciar opiniones discrepantes de forma prematura: Wojtyla era un hombre que instintivamente trataba de mantener unidas a personas de opiniones diferentes. Wyszynski no confiaba en los intelectuales y pensaba que la depositaria del honor nacional era la fe de la gente sencilla. Wojtyla que sabía que los intelectuales podían comportarse muy mal en ocasiones,  se había comprometido a una Iglesia polaca en que hubiera espacio tanto para la inteligencia crítica como para la piedad popular. Pero, por otra parte,   el cardenal Wojtyla decidiría conscientemente, movido tanto por la lealtad como por la prudencia táctica, permanecer a la sombra del primado siempre que los dos aparecieran juntos. Karol Wojtyla era obispo a su manera e interpretaba a su modo la dinámica de la historia contemporánea; tenía su propio sentido de las tácticas apropiadas en la Iglesia local de la que era responsable.

Por otra parte en el cardenal Wyszynski se apreciaba un creciente respeto por Karol Wojtyla. El primado apreciaba el papel de Wojtyla como mediador con los intelectuales y sabía que había resultado un hábil negociador en varias crisis locales en Cracovia. También apreciaba la deferencia de Wojtyla hacia él, que además de personalmente auténtica era políticamente esencial. El primer paso de Wojtyla, al ser nombrado cardenal, había sido visitar a Wyszynski.   Wojtyla permanecería fiel a esa pauta de deferencias hacia el primado durante más de una década.

Wyszynski seria descrito a menudo en Occidente como el «partidario de la línea dura» y Wojtyla como «moderado».  Y sin embargo en los últimos años de su arzobispado en Cracovia, el régimen comunista detestaba y temía al Cardenal Wojtyla más que al primado Wyszynski. Con Wojtyla, el régimen nunca sabia que venia después. Un hombre del que esperaban que fuera un intelectual  tranquilo se había convertido en una personalidad pública carismática. Su defensa de la libertad religiosa era cada vez mas mordaz y golpeaba al régimen en su punto más vulnerable, en su afirmación de que era el autentico representante del pueblo polaco. Wojtyla era como un imán para los jóvenes y sistemáticamente se interponía entre el régimen y la juventud. Y era ecuménico en su apoyo de la disconformidad, que mostraba invitando con frecuencia a disidentes intelectuales, católicos o no, a su salón de la calle Franciszkanska.  El régimen debió de temer hallarse ante un hombre capaz de comprender la llamada del disidente Adam Michnik a un acercamiento de los intelectuales anticomunistas de tendencias izquierdistas y la Iglesia católica. Aquellos que proyectaban una interpretación política de los asuntos eclesiásticos – Wyszynski “el conservador” y Wojtyla “el moderado” – en las relaciones polacas Estado-Iglesia pasaban por alto todo lo citado. Sin embargo, el auténtico estado de las cosas no pasaba inadvertido a la policía de seguridad, ni cabe presumir, a sus señores del KGB. Les aterrorizaba que Wojtyla pudiera suceder a Wyszynski como primado. “    George Weigel “Testigo de esperanza” Plaza y Janes, 1999

Son bien conocidos los intentos y esfuerzos del régimen y la KGB en distanciar ambos cardenales, que finalmente no tuvieron éxito y además todos sus presentimientos y temores rebalsaron los límites más audaces,  pues Karol Wojtyla no solo que no sucedió a Wyszynski (que – si bien preocupante - hubiese resultado un “mal menor”) sino que fue elegido como primer Papa eslavo a la Sede de San Pedro, un Papa que aquel 22 de octubre de 1978  decía al comenzar su pontificado  ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable! 

Inescrutable por cierto, pues si bien tardaría en establecerse el cambio y los nubarrones serían amenazantes y duraderos,  aquel día del inicio de su pontificado comenzaba a  desmoronarse el régimen comunista y el Papa polaco seria su protagonista principal.    A los pocos días – como no pudiendo encontrar las palabras para excusarse a su querida gente de tan noble elección el Papa  se dirigía a sus compatriotas :    ¿Qué os puedo decir? – preguntaba – “Todo lo que pudiera deciros sería un pálido reflejo de lo que siento en estos momentos en mi corazón y de lo que sienten vuestros corazones. Dejemos pues a un lado las palabras. Quede sólo un gran silencio ante Dios, el silencio que se convierte en plegaria.”  

Habia en esa misma carta sentidas y agradecidas palabras de privilegio para su  secreto “mentor” :  “Venerable y querido cardenal primado: Permíteme que te diga sencillamente lo que siento. No estaría sobre la Cátedra de Pedro este Papa polaco que hoy, lleno de temor de Dios pero también de confianza, inicia un nuevo pontificado, si no hubiese sido por tu fe, que no se ha arredrado ante la cárcel y los sufrimientos. Si no hubiese sido por tu heroica esperanza, tu ilimitada confianza en la Madre de la Iglesia. Si no hubiese existido Jasna Gora y todo el período que en la historia de la Iglesia en nuestra patria abarca tu ministerio de obispo y primado.”  
Indudablemente, “el designio de la Divina Providencia es inescrutable!”

domingo, 20 de enero de 2013

Juan Pablo II y su predilección por la montaña


En el hemisferio sur seguimos en plena época de vacaciones de verano. A quienes han elegido la montaña les dedico con cariño esta invitación... 




“Esta predilección por la montaña, que por su naturaleza tiende hacia el cielo, también asume un significado para nuestros días: es una invitación a elevar la mirada hacia lo alto, desde donde ―según el salmista― viene la ayuda divina: "Él me responde desde su santo monte" (Sal 3, 5).”

sábado, 19 de enero de 2013

Juan Pablo II: el Papa de la Misericordia (3)



“La Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II”
(conferencia ofrecida por el Cardenal Kazimierz Nycz durante el II Congreso Mundial de la Misericordia Divina celebrado en Cracovia enoctubre 2011) 

1.      Introducción
“Es imposible hablar de la misericordia de Dios, sin fijarnos en el objeto de la misericordia, es decir el hombre, redimido en Cristo. Tampoco es posible presentar en este artículo todos los temas de la teología de la Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II. Quiero centrarme solo en determinados aspectos, para extraer su esencia.

El complemento a la teología de la Divina Misericordia es la primera encíclica del Papa Juan Pablo II, “Redemptor Hominis”(1979) ya que en el misterio de la redención, se revela en toda su plenitud el misterio del Dios misericordioso. Otro fruto de la teología papal de la Misericordia de Dios, y también una fuente de ulterior consideración, es la Exhortación Apostólica “Reconciliatio et paenitentia” (1984). Juan Pablo II, muestra la Iglesia como una comunidad sacramental de la Divina Misericordia, y claramente enseña que el pecado en la economía de la salvación no puede ser visto como una condición, pero siempre es la oposición al misterio de la redención, que finalmente prevalecerá en Cristo.
Juan Pablo II ve el plano de la realización concreta de la misericordia de Dios en la persona del cristiano. Otras dos encíclicas “Dominumet vivificantem” (1985), y “Redemptoris Mater” (1987) coronan la teología de la Divina Misericordia, entendida como relación de amor entre Dios y el hombre. El Espíritu Santo es la fuente de la vida del Dios Misericordioso en el hombre, y Marìa es el modelo de la ralizaciòn del amor de Dios en nosotros. Queda un aspecto más, tal vez la dimensión más importante de la comrensiòn de la Divina Misericordia, explicada en la parábola de la viña de Dios: “Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto” (Lc 20,13). Dios habla como consigo mismo, para que su amor se demuestre en una luz másplena. Estas palabras revelan la naturaleza sacrificial de la misión del Hijo de Dios al mundo.

2.      Orígenes sagrados del culto de la Divina Misericordia
En la vida humana están íntimamente relacionadas y se determinan mutuamente dos realidades: conocimiento de Dios y el conocimiento de si mismo como hombre – ambos son complementarios entre sí. Palabras conciliares (Vat II) que afirman que Cristo “en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” le permiten ver que Cristo revela a la gente el misterio de la misericordia del Padre, al mismo tiepo revela y muestra toda la profundidad de la humanidad. El misterio del hombre, de acuerdo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se muestra a la gente a través de la revelación cristiana de la persona de Jesucristo.
La enseñanza del Papa Juan Pablo II puede orientar correctamente el culto popular a la Divina Misericordia. Se trata del hecho que si nosotros podemos adorar la misericordia como un atributo de Dios uno y trino, o si debemos limitarnos a la adoración de la misericordia “encarnada” en Cristo Jesús, es decir a la adoración de Cristo, el Misericordioso – como lo sugería W. Granat, o el Misericordioso Salvador, como lo proponía el beato M. Sopocko. Santa Faustina Kowalska en los escritos sobre la Divina Misericordia siempre habla de la misericordia, “Señor”, “Dios”, “mío”, “tuyo”, y nunca se habla de la Beneficiencia, “el misericordioso” Salvador.  Por lo tanto la conclusión del análisis más profundo de las escrituras de Santa Faustina está clara: objeto de adoración en el culto de la Divina Misericordia es la misericordia misma, considerados juntos en la triple dimensión. Misericordia entendida como el mayor atributo de Dios, luego la misma misericordia que se encarnó en Cristo (Misericordia Encarnada) y la misericordia realizada por Cristo durante su vida terrenal y la gloria del cielo.
En vista de esto podemos ver, junto con Juan Pablo II; que el Cristo que encarna y manifiesta la misericordia de Dios a las personas, merece el más alto honor religioso. Las obras, acciones, actitudes y palabras de Cristo que revela a la gente el misterio del misericordioso Padre, forman parte integrante de el mismo y de su misericordia, y puede ser de alguna manera considerado bajo el nombre común de “la Divina Misericordia”. Cristo en sus obras, según Juan Pablo II revela la verdadera naturaleza de la misericordia de Dios, que tiene absoluta necesidad de reciprocidad, conmoviendo – respetando su libertad – el corazón del hombre.”

viernes, 18 de enero de 2013

Juan Pablo II: el Papa de la Misericordia (2)


Maria conoce a fondo el misterio de la Misericordia



 “Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el « beso » dado por la misericordia a la justicia.104 Nadie como ella, María, ha acogido de corazón ese misterio: aquella dimensión verdaderamente divina de la redención, llevada a efecto en el Calvario mediante la muerte de su Hijo, junto con el sacrificio de su corazón de madre, junto con su « fiat » definitivo.

María pues es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la misericordia: Virgen de la misericordia o Madre de la divina misericordia; en cada uno de estos títulos se encierra un profundo significado teológico, porque expresan la preparación particular de su alma, de toda su personalidad, sabiendo ver primeramente a través de los complicados acontecimientos de Israel, y de todo hombre y de la humanidad entera después, aquella misericordia de la que « por todas la generaciones » 105 nos hacemos partícipes según el eterno designio de la Santísima Trinidad.”

(Dives in misericordia n.9) 

jueves, 17 de enero de 2013

Juan Pablo II el Papa de la Misericordia (1)



(imagen canonización de sor Faustina Kowalska)

“Si la encíclica Redemptor hominis ha encarnado para Juan Pablo II la declaración programática del pontificado, Dives in misericordia, del 30 de noviembre de 1980, ha sido indudablemente la encíclica «del corazón». En efecto, el humus en el que arraiga este documento es el de la tierra polaca, enlazado con las revelaciones sobre la Divina Misericordia que sor Faustina Kowalska (que vivió apenas 33 años, entre 1905 y1938) recibió directamente de Jesucristo, en los inicios del siglo XX.
Aunque no la nombró nunca en la encíclica, quizás por una prudente reserva debida a las perplejidades de la época sobre el mensaje de la misericordia de Dios (y que poco antes habían casi llevado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a condenar tal devoción), el Papa Wojtyla hizo una referencia directa a todo lo que sor Faustina hizo público a través del propio diario, hoy difundido en todas las lenguas.
La lectura de este Diario impresionó profundamente al joven don Karol. Como èl mismo dijo en el discurso del 7 de junio de 1997, «el mensaje de la Divina Misericordia lo he llevado siempre conmigo y lo amo. Es como si la historia lo hubiese escrito en la trágica experiencia de la segunda guerra mundial. En aquellos años difíciles fue una ayuda particular y una inextinguible fuente de esperanza no solamente para los habitantes de Cracovia, sino para la nación entera». Aún más emblemática es la revelación que hizo el 16 de octubre de 2003, en el veinticinco aniversario de la elección al pontificado, cuando subrayó: «Fue necesario recurrir a la Divina Misericordia para que a la pregunta: “Aceptas?” pudiese responder con confianza: “En obediencia de fe, ante Cristo mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la Iglesia, consciente de las grandes dificultades, acepto”.
En Dives in misericordia Juan Pablo II ha mostrado, en sustancia, que la misericordia divina forma parte de la estructura del cristianismo, es uno de los puntos fundamentales de la misma revelación. Así pues, se puede decir que esta encíclica se conecta con la Redemptor hominis por su dimensión cristológica, pues la afirmación de fondo es que Dios se nos ha revelado como Divina Misericordia a través de su Hijo: toda la obra de la redención – desde la encarnación hasta la muerte en cruz y la resurrección – nos revela al Padre como misericordia infinita. Wojtyla, ya desde que era arzobispo de Cracovia, había trabajado a fondo para demostrar que el mensaje de la Divina Misericordia es teológicamente correcto y bíblicamente fundamentado.  La apoteosis de su empeño por hacer resplandecer la fúlgida figura de sor Faustina llegará algún año más tarde, con la beatificación de la religiosa, el 18 de abril de 1993, y con su canonización, el 30 de abril de 2000. Además el  hecho de que haya muerto en el atardecer del sábado 2 de abril de 2005, cuando la liturgia había comenzado ya a celebrar precisamente la fiesta de la Divina Misericordia (instituida por él en el calendario, en el domingo sucesivo a la Pascua, siguiendo la explicita indicación dada por Jesús setenta años antes), es una de esas coincidencias que la fe lleva a considerar como una señal divina, un premio al «siervo bueno y fiel».
Saverio Gaeta, TotusTuus Nr 3 mayo-junio 2009

martes, 15 de enero de 2013

El pecado contra el Espíritu rechazo de la salvación


“¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿Cómo se entiende esta blasfemia? Responde Santo Tomás de Aquino que se trata de un pecado « irremisible según su naturaleza, en cuanto excluye aquellos elementos, gracias a los cuales se da la remisión de los pecados ».183
Según esta exégesis la « blasfemia » no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre rechaza aquel « convencer sobre el pecado », que proviene del Espíritu Santo y tiene un carácter salvífico, rechaza a la vez la « venida » del Paráclito aquella « venida » que se ha realizado en el misterio pascual, en la unidad mediante la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. La Sangre que « purifica de las obras muertas nuestra conciencia ».
Sabemos que un fruto de esta purificación es la remisión de los pecados. Por tanto, el que rechaza el Espíritu y la Sangre permanece en las « obras muertas », o sea en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisión, de la que el mismo Espíritu es el íntimo dispensador y que presupone la verdadera conversión obrada por él en la conciencia. Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque esta « no-remisión » está unida, como causa suya, a la « no-penitencia », es decir al rechazo radical del convertirse. Lo que significa el rechazo de acudir a las fuentes de la Redención, las cuales, sin embargo, quedan « siempre » abiertas en la economía de la salvación, en la que se realiza la misión del Espíritu Santo. El Paráclito tiene el poder infinito de sacar de estas fuentes: « recibirá de lo mío », dijo Jesús. De este modo el Espíritu completa en las almas la obra de la Redención realizada por Cristo, distribuyendo sus frutos. Ahora bien la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica un pretendido « derecho de perseverar en el mal » —en cualquier pecado— y rechaza así la Redención El hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversión y, por consiguiente, también la remisión de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida. Esta es una condición de ruina espiritual, dado que la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados”