Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 29 de noviembre de 2025

La alegría del Adviento

 


Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!"

 En el Ángelus del Domingo 27 de noviembre de 1983 el Papa Juan Pablo II centraba su atención en la alegría del primer domingo de Adviento.

 Hoy, primer domingo de Adviento – decía - hemos recitado la antífona del Salmo responsorial: "¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!". Queremos añadir: "¡Qué alegría cuando nos dijeron: con María vamos al encuentro del Señor!". Como nos exhortan los liturgistas y enseña Pablo VI, el Adviento es "un tiempo especialmente apto para el culto a la Madre del Señor" (Exhortación Apostólica Marialis cultus, 4) y para una catequesis apropiada. Orientación que deseo sea "acogida y seguida en todas partes" (ib.).

La alegría es un elemento fundamental del tiempo sagrado que comienza hoy. El Adviento es tiempo de vigilancia, de oración, de conversión; y lo es, además, de ferviente, gozosa espera. El motivo es claro: el Señor está cerca (cf. Flp 4, 5), el Señor está contigo o en medio de ti, como se le anunció a María (cf. Lc 1, 28) y a la hija de Sión (cf. Sof 3, 15).

La primera palabra que se le dirige a María en el Nuevo testamento es una invitación jubilosa: ¡Exulta, alégrate! Este saludo está vinculado a la venida del Salvador. A María, antes que a nadie, se le anuncia una alegría que luego se proclamará para todo el pueblo. María participa de esta alegría en manera y medida extraordinarias.

En ella se concentra y alcanza plenitud la alegría del antiguo Israel y explota incontenible la felicidad de los tiempos mesiánicos. La alegría de la Virgen es, en particular, la del "resto" de Israel, de los pobres que esperan la salvación de Dios y experimentan su fidelidad. Para participar en esta fiesta es preciso esperar con humildad y acoger con confianza al Salvador. "Los fieles, que viven con la liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen María esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse 'vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza' para salir al encuentro del Salvador que viene" (Marialis cultus, 4).”

viernes, 28 de noviembre de 2025

Concilios Ecuménicos de la Iglesia desde su fundación hasta nuestros dias

(Concilio de Efeso - Wikipedia)

 La Iglesia ha tenido 21 Concilios Ecuménicos, sin contar el de los Apóstoles en Jerusalén.

 

1- Concilio de Nicea (año 325).. Convocado por la autoridad del Papa

San Silvestre y bajo la ejecutoria del mismo emperador Constantino.

Este Concilio condenó la herejía de Arrio que negaba la divinidad de

Jesucristo y su consustancialidad con el Padre. Ver: Homoousion.

Formuló el "símbolo niceno" o Credo.

««Creemos en un solo Dios Padre omnipotente... y en un solo Señor

Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la

sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios

verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre...»» (Denzinger

- Dz 54).

 

2- Concilio Primero de Constantinopla (año 381). En tiempo del Papa

San Dámaso, se ocupó de las herejías de los mecedonianos,

eunomianos o anomeos. Se perfeccionó el símbolo niceno, que por esto

lo llamamos el credo "niceno-constantinopolitano".

 

3- Concilio de Éfeso (año 431). Convocado por el Papa San Celestino I

y presidido por el Patriarca Cirilo de Alejandría, ese Concilio condenó la

herejía cristológica y mariológica de Nestorio y proclamó la maternidad

divina de María, La Theotokos. El símbolo de Efeso precisa que las dos

naturalezas, humana y divina de Cristo, están unidas sin confusión y

por lo tanto María es verdaderamente “Madre de Dios”.

 

4- Concilio de Calcedonia (año 451). Bajo la autoridad del Papa San

León I el Magno, este Concilio trató de las herejías de quienes negaban

a Jesucristo las naturaleza divina o la humana o las confundían. Ver:

Nestorianismo

 

5- Concilio Segundo de Constantinopla (año 553). Convocado por la

autoridad del Papa Virgilio, condenó la herejía de los "tres capítulos",

confirmando la doctrina de los concilios anteriores sobre la Trinidad, la

divinidad de Jesucristo y maternidad divina de María. Condenó el

Monofisismo

 

6- Concilio Tercero de Constantinopla (del año 680-681). Con el

Papa San Agatón, condenó solemnemente la herejía de quienes

admitían en Cristo una sola voluntad (monotelitas).

 

7- Concilio Segundo de Nicea (año 787) Este Concilio, convocado por

la autoridad del Papa Adriano I, afrontó la doctrina de los iconoclastas y

definió la legitimidad del culto a las imágenes sagradas.

 

8- Concilio Cuarto de Constantinopla. Convocado por el Papa Adriano

II en el año 869 duró hasta el siguiente y tuvo como principal tema la

condenación del patriarca Focio, autor del cisma oriental.

 

9-Concilio Primero de Letrán (del año 1123-1124). Convocado por el

Papa Calixto II, fue muy accidentado por lo que duró hasta el siguiente

año. Celebrado en el tiempo de la lucha de las investiduras, se ocupó de

ellas, lo mismo que de la simonía, el celibato y el incesto.

 

10- Concilio Segundo de Letrán (año 1139). Este Concilio convocado

por le Papa Inocencio II, afrontó el delicado asunto de los falsos

pontífices, de la simonía, la usura, las falsas penitencias y los falsos

sacramentos.

 

11- Concilio Tercero de Letrán (año 1179). . Bajo el Sumo Pontífice

Alejandro III, se ocupó nuevamente de condenar la simonía.

 

12- Concilio Cuarto de Letrán (año 1215). Bajo la autoridad del Papa

Inocencio III, este Concilio condenó las herejías de los Albingenses, del

Abad Joaquín de Fiori, los Valdenses,etc.

 

13- Concilio Primero de Lyon (año 1245). Este Concilio en realidad

no abordó asuntos dogmáticos, sino problemas morales y disciplinares

de la Iglesia.

 

14- Concilio Segundo de Lyon (año 1274) Convocado por el Papa

Gregorio X, trató de unificar la Iglesia griega, separada de Roma desde

el cisma oriental.

 

15- Concilio de Viena (1311-1312). Este Concilio, convocado por

Clemente V, se ocupó de los errores de los beguardos y beguins, de

Pedro Juan Olivi. Abolió la orden de los Templarios.

 

16- Concilio de Costanza (año 1417). Fue convocado por el Papa

Martín V, sólo se clausuró cuatro años después. Condenó los errores de

Wicleff, Juan Hus, etc. Se ocupó también de los asuntos provocados por

el cisma de Occidente.

 

17- Concilio de Florencia (1431). Convocado por Eugenio IV, duró

hasta 1445. Logró la unión de los armenos y jacobitas con la Iglesia de

Roma.

 

18- Concilio Quinto de Letrán (año 1512). Convocado por León X,

tuvo como tema central la reforma de la Iglesia.

 

19- Concilio de Trento (año 1545-1563). Este Concilio fue

inicialmente convocado por Pablo III para tratar el problema de la

escisión de la Iglesia por la reforma protestante. Se ocupó de

innumerables temas doctrinales, morales, disciplinares, de acuerdo con

la problemática presentada por el protestantismo. El Decreto sobre la

justificación, el de los Sacramentos, el de la Eucaristía, el Canon de la

Sagradas Escrituras, etc., son entre otros, los más sobresalientes, amén

de infinidad de disposiciones disciplinares.

 

20- Concilio Vaticano Primero.. Convocado por el Papa Pío IX en

1869, sesionó hasta Septiembre de 1870, cuando hubo de

interrumpirse por la toma de Roma por las tropas de Garibaldi, el 20 de

Septiembre. Este Concilio afrontó los temas fundamentales de la fe y

constitución de la Iglesia. Como definiciones más famosas, se

encuentran la potestad del Romano Pontífice y su infalibilidad cuando

habla "ex cathedra".

 

21- Concilio Vaticano II (1962-1965). Convocado por Juan XXIII,

quien lo anunció desde Enero de 1959, tuvo cuatro sesiones, la primera

de las cuales presidió, en el otoño de 1962, el mismo Juan XXIII, quien

falleció el 3 de Junio de 1963. Las otras tres etapas fueron convocadas

y presididas por su sucesor, el Pontífice Pablo VI.

 

Fuente: Obispado Ourense 

Los 1700 años del I Concilio de Nicea y el primer viaje del Papa Leon XIV

 


“Los grandes Concilios cristológicos de Nicea y Constantinopla formularon la verdad fundamental de nuestra fe, fijada también en el Símbolo: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, consubstancial al Padre en lo que concierne a la divinidad, de nuestra misma naturaleza en lo que concierne a la humanidad.” Juan Pablo II 

En el año 325 se celebró en Nicea un sínodo que aparece, en parte, como punto final de un proceso, pero que revistió también una forma excepcional, por su alcance ecuménico. Convocado por el emperador para resolver un conflicto local que se había extendido a todas las Iglesias del imperio romano de Oriente y a muchas Iglesias occidentales, reunió a obispos de diversas regiones de Oriente y a los delegados del obispo de Roma. Por lo tanto, por primera vez, los obispos de toda la Oikoumenē se reúnen en un sínodo. Su profesión de fe y sus decisiones canónicas se promulgan como normativas para toda la Iglesia. La admirable comunión y unidad suscitadas en la Iglesia por el acontecimiento de Jesucristo se hacen visibles y eficaces de un modo nuevo, mediante una estructura de alcance universal, y el anuncio de la Buena Nueva de Cristo en toda su inmensidad recibe también un instrumento de autoridad y alcance sin precedentes:

En el Concilio de Nicea, por primera vez, a través del ejercicio sinodal del ministerio de los obispos, se expresa institucionalmente a nivel universal la ἐξουσία del Señor resucitado que guía y dirige en el Espíritu Santo el camino del Pueblo de Dios. Una experiencia similar tuvo lugar en los sucesivos concilios ecuménicos del primer milenio, a través de los cuales emergió de manera normativa la identidad de la Iglesia una y católica[158]…… El Concilio de Nicea fue el primer concilio llamado “ecuménico”, porque por primera vez fueron invitados los obispos de toda la Oikoumenē[4]. Por tanto, sus resoluciones debían tener un alcance ecuménico, es decir universal: así fueron recibidas por los creyentes y por la tradición cristiana, mediante un largo y laborioso proceso.  (Comisión Teológica Internacional Jesucristo, Hijo de Dios Salvador – 1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea 325-2025) 

Es  difícil comparar los viajes de los últimos Papas porque difieren los tiempos,  las circunstancias, sus orígenes y su propia línea, sin embargo los hechos históricos permanecen y los Papas tratan de respetar las tareas inconclusas de sus antecesores.  Seguir este viaje del Papa Leon XIV es muy emotivo porque lleva la carga, deseos y sueños de unión de todos ellos, incluido su inmediato predecesor el Papa Francisco.

Dias atrás decia el vaticanista  Andrea Tornielli Tornielli que “el primer viaje apostólico de un Papa está destinado a marcar su pontificado: así lo fue para Pablo VI quien no solo heredo sino que continuo y concluyo el ConcilioVaticano II y en enero de 1964 realizó una histórica peregrinación a Tierra Santa, abrazando al patriarca de Constantinopla, Atenágoras, siguiendo los pasos de su predecesor Juan XXIII, que había sido delegado apostolico en Turquia (1935-1944) y amaba a los turcos. 

 “Grande es nuestra emoción, profundo nuestro gozo en esta hora verdaderamente histórica en que después de siglos y de espera, las Iglesias católica y ortodoxa se hacen nuevamente presentes en la persona de sus representantes más aptos. Grande y profundo es también nuestro reconocimiento hacia vuestra beatitud, que ha querido dejar un instante su sede patriarcal para venir aquí a nuestro encuentro…”  expresaba el Papa Pablo VI en su encuentro con el Patriarca Ecumenico de Constantinopla  en 1964. 

En la Bula de Convocacion del Jubileo Ordinario del año 2025 Spes non confundit  notaba el Papa Francisco los 1700 años de la celebracion del primer gran Concilio ecuménico de Nicea “Conviene recordar que, desde los tiempos apostólicos, los pastores se han reunido en asambleas en diversas ocasiones con el fin de tratar temáticas doctrinales y cuestiones disciplinares. En los primeros siglos de la fe los sínodos se multiplicaron tanto en el Oriente como en el Occidente cristianos, mostrando cuánto fuese importante custodiar la unidad del Pueblo de Dios y el anuncio fiel del Evangelio….El Concilio de Nicea tuvo la tarea de preservar la unidad, seriamente amenazada por la negación de la plena divinidad de Jesucristo y de su misma naturaleza con el Padre. Estuvieron presentes alrededor de trescientos obispos, que se reunieron en el palacio imperial el 20 de mayo del año 325, convocados por iniciativa del emperador Constantino. Después de diversos debates, todos ellos, movidos por la gracia del Espíritu, se identificaron en el Símbolo de la fe que todavía hoy profesamos en la Celebración eucarística dominical. Los padres conciliares quisieron comenzar ese Símbolo utilizando por primera vez la expresión «Creemos» [10], como testimonio de que en ese “nosotros” todas las Iglesias se reconocían en comunión, y todos los cristianos profesaban la misma fe.

El Concilio de Nicea marcó un hito en la historia de la Iglesia. La conmemoración de esa fecha invita a los cristianos a unirse en la alabanza y el agradecimiento a la Santísima Trinidad y en particular a Jesucristo, el Hijo de Dios, «de la misma naturaleza del Padre» [11], que nos ha revelado semejante misterio de amor. Pero Nicea también representa una invitación a todas las Iglesias y comunidades eclesiales a seguir avanzando en el camino hacia la unidad visible, a no cansarse de buscar formas adecuadas para corresponder plenamente a la oración de Jesús: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» ( Jn 17,21).”

Es ahora el Papa Leon XIV quien hereda realizar la 2da parte de la celebración de este aniversario: el viaje al lugar del tan deseado “encuentro”  a la Iglesia hermana de Constantinopla”, a esta  iglesia, que  en su historia bimilenaria, que se ha desarrollado desde su cuna primitiva a través de dos distintas, grandes tradiciones: las orientales y la occidental. Durante muchos siglos estas dos tradiciones manifestaron la riqueza común del Cuerpo de Cristo, completándose recíprocamente en el corazón del Pueblo de Dios y también en las instituciones jerárquicas, en los ritos litúrgicos, en la doctrina de los Padres y de los teólogos. (Juan Pablo II Ángelus 2 de diciembre de 1979)· 

 Mi elección ha tenido lugar mientras se conmemora el 1700 aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea les decia en su discurso a  las delegaciones ecumenicas e interreligiosas el 19 de mayo de este año el Papa Leon XIV al verse literalmente enfrentado a encarar este primer viaje de su pontificado,  a Türkiyey al tantos años martirizado Libano,  con peregrinación a Iznik  con motivo del 1700 aniversario del I Concilio de Nicea (el II fue en el año 787) en pos de la unidad  y de la paz; viaje que  haría  no solo para conmemorar los 1700 años del primer concilio de Nicea,  sino también para honrar el deseo de su predecesor Francisco , quien hubiera querido visitar el “País de los cedros”.

En su Carta Apostólica In Unitate Fidei  expresaba el Papa Leon  Mientras me dispongo a realizar el Viaje Apostólico a Turquía, con esta carta deseo alentar en toda la Iglesia un renovado impulso en la profesión de la fe, cuya verdad, que desde hace siglos constituye el patrimonio compartido entre los cristianos, merece ser confesada y profundizada de manera siempre nueva y actual. Al respecto, ha sido aprobado un rico documento de la Comisión Teológica Internacional: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. El 1700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea. A él remito, porque ofrece útiles perspectivas para profundizar en la importancia y actualidad no sólo teológica y eclesial, sino también cultural y social del Concilio de Nicea…el Concilio de Nicea es actual por su altísimo valor ecuménico. A este propósito, la consecución de la unidad de todos los cristianos fue uno de los objetivos principales del último Concilio, el Vaticano II[16] Treinta años atrás exactamente, san Juan Pablo II prosiguió y promovió el mensaje conciliar en la Encíclica Ut unum sint (25 de mayo de 1995). Así, con la gran conmemoración del primer Concilio de Nicea, celebramos también el aniversario de la primera encíclica ecuménica. Ella puede considerarse como un manifiesto que ha actualizado aquellas mismas bases ecuménicas puestas por el Concilio de Nicea.” (Papa Leon XIV Carta Apostólica In Unitate Fidei en el 1700 aniversariao del Concilio de Nicea) 

Invito visitar :

Lapagina oficial de la Santa Sede 

VaticanNews con detalles del desarrollo, ceremonias, celebraciones y comentarios de vaticanistas sobre el viaje 

Amedeo Lomonaco  : Traslos pasos de los Papas en Líbano, “País mensaje” para la paz

Conciliode Nicea, fuente y dirección de la unidad 

Discurso del Santo Padre Leon XIV a los participantes en el simposio Nicea y la Iglesia del tercer milenio: hacia la unidad católico-ortodoxa


 

sábado, 22 de noviembre de 2025

Solemnidad de Cristo Rey – Si, Cristo, tú eres Rey

 


Al celebrar la solemnidad de Cristo, rey del Universo recordamos la homilía del Santo Padre Juan Pablo II del domingo 26 de noviembre de 2000, con ocasión del Jubileo del apostolado de los laicos, en la santa misa celebrada junto a la tumba del apóstol san Pedro. 

“"Tú lo dices: soy Rey" (Jn 18, 37).

 “Así respondió Jesús a Pilato en un dramático diálogo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo.

Esta fiesta, situada al final del año litúrgico, nos presenta a Jesús, Verbo eterno del Padre, como principio y fin de toda la creación, como Redentor del hombre y Señor de la historia.


En la primera lectura el profeta Daniel afirma: "Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin" (Dn 7, 14).

 ¡Sí, Cristo, tú eres Rey!

Tu realeza se manifiesta paradójicamente en la cruz, en la obediencia al designio del Padre, "que -como escribe el apóstol san Pablo- nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados" (Col 1, 13-14).

Primogénito de los que resucitan de entre los muertos, tú, Jesús, eres el Rey de la humanidad nueva, a la que has restituido su dignidad originaria.

¡Tú eres Rey!

 Pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18, 36); no es fruto de conquistas bélicas, de dominaciones políticas, de imperios económicos, de hegemonías culturales.

Tu reino es un "reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz" (cf. Prefacio de Jesucristo, Rey del universo), que se manifestará en su plenitud al final de los tiempos, cuando Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28).

La Iglesia, que ya en la tierra puede gustar las primicias del cumplimiento futuro, no deja de repetir: 

Venga tu reino!"

"Adveniat regnum tuum!" (Mt 6, 10).”

viernes, 21 de noviembre de 2025

Joseph Ratzinger : La vocacion del teólogo – Donum Veritatis

 


Cuando el Papa Benedicto XVI aun era Prefecto de la congregación para la Doctrina de la Fe, durante el pontificado del Papa Juan Pablo II diió a conocer la Instrucción Donum Veritatis, sobre la vocación eclesial del teólogo.

El documento consta de la Introduccion  que transcribo, cuatro Capitulos y una Conclusion que también publico.

Introducción:

1. La verdad que hace libres es un don de Jesucristo (cf. Jn 8, 32). La búsqueda de la verdad es una exigencia de la naturaleza del hombre, mientras que la ignorancia lo mantiene en una condición de esclavitud. En efecto, el hombre no puede ser verdaderamente libre si no recibe una luz sobre las cuestiones centrales de su existencia y en particular sobre aquella de saber de dónde viene y a dónde va. El llega a ser libre cuando Dios se le entrega como un Amigo, según la palabra del Señor: « Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; sino que os llamo amigos, porque todo lo que he oído del Padre os lo he dado a conocer » (Jn 15, 15). La liberación de la alienación del pecado y de la muerte se realiza en el hombre cuando Cristo, que es la Verdad, se hace el « camino» para él (cf. Jn 14, 6).

En la fe cristiana están intrínsecamente ligados el conocimiento y la vida, la verdad y la existencia. La verdad ofrecida en la revelación de Dios sobrepasa ciertamente las capacidades de conocimiento del hombre, pero no se opone a la razón humana. Más bien la penetra, la eleva y reclama la responsabilidad de cada uno (cf. 1 P 3, 15). Por esta razón desde el comienzo de la iglesia la « norma de la doctrina » (Rm 6, 17) ha estado vinculada, con el bautismo, al ingreso en el misterio de Cristo. El servicio a la doctrina, que implica la búsqueda creyente de la comprensión de la fe es decir, la teología, constituye por lo tanto una exigencia a la cual la Iglesia no puede renunciar.

En todas las épocas la teología es importante para que la Iglesia pueda responder al designio de Dios que quiere que: « todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad » (1 Tm 2, 4). En los momentos de grandes cambios espirituales y culturales es todavía más importante, pero está también expuesta a riesgos, porque debe esforzarse en « permanecer » en la verdad (cf. Jn 8, 31) y tener en cuenta, al mismo tiempo, los nuevos problemas que se presentan al espíritu humano. En nuestro siglo, particularmente durante la preparación y realización del Concilio Vaticano II , la teología ha contribuido mucho a una más profunda « comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas »[1], pero ha conocido también y conoce todavía momentos de crisis y de tensión.

La Congregación para la doctrina de la fe, por consiguiente, considera oportuno dirigir a los obispos de la Iglesia católica, y a través de ellos a los teólogos, la presente instrucción que se propone iluminar la misión de la teología en la iglesia. Después de considerar la verdad como don de Dios a su pueblo (I), describirá la función de los teólogos (II), se detendrá en la misión particular de los pastores (III), y, finalmente, propondrá algunas indicaciones acerca de la justa relación entre unos y otros (IV). De esta manera quiere servir al progreso en el conocimiento de la verdad (cf. Col 1, 10), que nos introduce en la libertad por la cual Cristo murió y resucitó (cf. Ga 5, 1).


 

I.                   La verdad, don de Dios a su pueblo

II.                La vocación del teólogo

III.              El magisteio de los pastores

IV.             Magisterio y teología  

 

y una Conclusión que lee:

42. La Virgen María, Madre e imagen perfecta de la Iglesia, desde los comienzos del Nuevo Testamento ha sido proclamada bienaventurada, debido a su adhesión de fe inmediata y sin vacilaciones a la palabra de Dios (cf. Lc l, 38. 45), que conservaba y meditaba permanentemente en su corazón (cf. Lc 2, 19. 51). Ella se ha convertido así en modelo y apoyo para todo el pueblo de Dios confiado a su cuidado maternal. Le muestra el camino de la acogida y del servicio a la Palabra y, al mismo tiempo, el fin último que jamás debe perderse de vista: el anuncio a todos los hombres y la realización de la salvación traída al mundo por su Hijo Jesucristo. 

Al concluir esta instrucción, la Congregación para la doctrina de la fe invita encarecidamente a los obispos a mantener y desarrollar relaciones de confianza con los teólogos, compartiendo un espíritu de acogida y de servicio a la Palabra y en comunión de caridad, en cuyo contexto se podrán superar más fácilmente algunos obstáculos inherentes a la condición humana en la tierra. De este modo todos podrán estar cada vez más al servicio de la Palabra y al servicio del pueblo de Dios, para que este último, perseverando en la doctrina de la verdad y de la libertad escuchada desde el principio, permanezca también en el Hijo y en el Padre y obtenga la vida eterna, realización de la Promesa (cf. 1 Jn 2, 24-25).

El Sumo Pontífice Juan Pablo II durante la audiencia concedida al infrascripto Prefecto, ha aprobado esta Instrucción, acordada en reunión ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado su publicación.

 

Catequesis del Papa Francisco sobre la oración

 



"La oración es el aliento de la fe, es su expresión más adecuada. Como un grito que sale del corazón de los que creen y se confían a Dios", decía el Papa Francisco al iniciar esta serie de 38 catequesis que comenzaron el pasado 6 de mayo de 2020. Repasando pasajes y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, actualiza el significado y la vivencia de rezar.

A continuación, la recopilación de catequesis ordenadas cronológicamente:

6 de mayo de 2020: 1. El misterio de la oración

13 de mayo de 2020: 2. La oración del cristiano

20 de mayo de 2020: 3. El misterio de la creación

27 de mayo de 2020: 4. La oración de los justos

3 de junio de 2020: 5. La oración de Abraham

10 de junio de 2020: 6. La oración de Jacob

17 de junio de 2020: 7. La oración de Moisés

24 de junio de 2020: 8. La oración de David

7 de octubre de 2020: 9. La oración de Elías

14 de octubre de 2020: 10. La oración de los Salmos (1)

21 de octubre de 2020: 11. La oración de los Salmos (2)

28 de octubre de 2020: 12. Jesús hombre de oración

4 de noviembre de 2020: 13. Jesús, maestro de oración

11 de noviembre de 2020: 14. La oración perseverante

18 de noviembre de 2020: 15. La Virgen María, mujer de oración

25 de noviembre de 2020: 16. La oración de la Iglesia naciente

2 de diciembre de 2020: 17. La bendición

9 de diciembre de 2020: 18. La oración de súplica

16 de diciembre de 2020: 19. La oración de intercesión

30 de diciembre de 2020: 20. La oración de acción de gracias

Fuente: Humanitas, Chile, para consultar sobre el año 2021 (18 catequesis mas)


 

Pio XII: El saber sacerdotal debe ir junto con la convicción sacerdotal.

 


Preparando otro trabajo me encuentro con la biografia del Papa Pio XII y entre los documentos parte de los  consejos a los seminaristas de entonces,  de la diócesis de Bonn,  que no tiene desperdicio y no ha perdido vigencia y lo incluyo en este blog,  en parte,  para dar a conocer la valiosa biografía escrita por Mons. Vives:

Su concepción del sacerdocio la expresó en Alemania en 1926, al dirigirse a los seminaristas de la diócesis de Bonn de esta manera:

“Vosotros queréis llegar a ser sacerdote: La posición de un conductor e intermediario sobrenatural, para la que el oficio sacerdotal lo destina, requiere dos cosas: el saber sacerdotal y la convicción sacerdotal.”

“Construid por medio de un profundizado estudio de la filosofia y de su historia, y ante todo por medio de una absoluta comprensión de la Philosophia perennis, la filosofia escolástica, los fundamentos para una defensa sólida y eficaz de las bases de nuestra fe.”

“Llenad por medio de serios estudios de la Escritura, y de los antepasados vuestros corazones y mentes con toda la riqueza y deslumbrante belleza de la doctrina católica.”

“Aprended por el estudio de la historia de la Iglesia y del derecho canónico comprensión de las tareas gigantescas de la Iglesia en el pasado y en el presente.”

“Y sobre todo, conceded a la investigación especulativa de las verdades de la fe el sitio de honor que le corresponde en el programa de estudio entero. Alberto el Grande, el maestro de Santo Tomás, y León XIII el exitoso restaurador del estudio escolástico, deben ser en este camino vuestro guía y vuestro ideal.”

“Si vosotros seguís estos ejemplos, lograréis entonces también lo que constituye el último y más profundo Arcanum (*) de toda actividad sacerdotal: una síntesis armónica, basada en lo sobrenatural, realizada en Dios, del saber y de la fe.”

“El saber sacerdotal debe ir junto con la convicción sacerdotal.”

“Sólo allí, donde la brillante llama de la ciencia se une al tranquilo fuego divino de verdadera piedad, de una fe humilde y valiente fidelidad hacia la Iglesia y el Papa, crece aquel cariño apostólico, que da al sacerdocio contenido y consagración y le posibilita para ganar nuevas victorias para e1 Evangelio de la Cruz.”

Fuente: Monseñor FranciscoVives Estevez : Pio XII su vida y documentos pontificios

(*) secreto, misterio