Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 24 de octubre de 2009

Mysterium iniquitatis (3) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (a)


En la catequesis La Divina Providencia y la presencia del mal y del sufrimiento, en el marco de una serie sobre Dios el Creador del mundo , el Siervo de Dios Juan Pablo II nos regala un minucioso análisis de la relación entre la Providencia Divina y la realidad del mal, presente bajo tantas formas en la vida humana, explicando las diferencias que se presentan entre el mal físico y el mal moral y planteando preguntas para nuestra reflexión “¿podemos de cara a toda la experiencia del mal que hay en el mundo, especialmente de cara al sufrimiento de los inocentes, decir que Dios no quiere el mal?. Y si lo quiere, ¿cómo podemos creer que "Dios es amor", y tanto más que este amor no puede no ser omnipotente?” Ante estas preguntas expresa el Papa “nosotros también como Job, sentimos qué difícil es dar una respuesta. La buscamos no en nosotros sino, con humildad y confianza, en la Palabra de Dios” que “afirma de forma clara y perentoria que "la maldad no triunfa contra la sabiduría (de Dios)" (Sab 7, 30) y que Dios permite el mal en el mundo con fines más elevados, pero no quiere ese mal”.


La Divina Providencia supera el mal en Jesús redentor” pero “Cómo conciliar el mal y sufrimiento en el mundo con la verdad de la Providencia Divina”? Juan Pablo II responde “no se puede ofrecer una respuesta definitiva sin hacer referencia a Cristo”, “Cristo —el Verbo encarnado— confirma con su propia vida —en la pobreza, la humillación y la fatiga— y especialmente con su pasión y muerte, que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento; más aún, que El mismo toma sobre Sí el sufrimiento multiforme de la existencia terrena del hombre […] La respuesta definitiva a la pregunta sobre la presencia del mal y del sufrimiento la ofrece la Revelación divina en la perspectiva de la "predestinación en Cristo", es decir, en la perspectiva de la vocación del hombre a la vida eterna, a la participación en la vida del mismo Dios. Esta es precisamente la respuesta que ha ofrecido Cristo, confirmándola con su cruz y con su resurrección” “Como dice el Concilio Vaticano II: "Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad" (Gaudium et spes 22). Si descubrimos mediante la fe este poder y esta "sabiduría", nos encontramos en las sendas salvadoras de la Divina Providencia.”

Hablando de la Divina Providencia y la condición histórica del hombre de hoy a la luz del Concilio Vaticano II el Papa llama la atención que es “una vana y peligrosa ilusión construir la propia vida y hacer del mundo el reino de la propia felicidad exclusivamente con las propias fuerzas. Es la gran tentación en la que ha caído el hombre moderno, olvidando que las leyes de la naturaleza condicionan también la civilización industrial y post-industrial (cf. Gaudium et spes, 26-27). Pero es fácil ceder al deslumbramiento de una pretendida autosuficiencia en el progresivo "dominio" de las fuerzas de la naturaleza, hasta olvidarse de Dios o ponerse en su lugar” “pretensión que llega a algunos ambientes en forma de manipulación biológica, genética, psicológica... que si no está regida por los criterios de la ley moral (y consiguientemente orientada al reino de Dios) puede convertirse en el predominio del hombre sobre el hombre, con consecuencias trágicamente funestas”

Y continua reflexionando “El hombre – dice - hoy más que en cualquier otro tiempo es particularmente sensible a la grandeza y a la autonomía de su tarea de investigador y dominador de las fuerzas de la naturaleza… Sin embargo hay que hacer notar que existe un grave obstáculo en el desarrollo y en el progreso del mundo. Este está constituido por el pecado y por la cerrazón que supone, es decir, por el mal moral. De esta situación da amplia cuenta la Constitución conciliar "Gaudium et spes".

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